El 28 de junio de 1914, el heredero del trono austro-húngaro, Francisco Fernando de Habsburgo, cae bajo los disparos de un nacionalista eslavo en Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, provincia recién anexionada al Imperio. El episodio, el casus belli que determina el estallido de la Primera Guerra Mundial, no es en sí mismo más grave que otros episodios o atentados a miembros de las familias reales de los que Europa había sido testigo desde finales del siglo XIX. Sin embargo Viena atribuye a la vecina Serbia, que desde mucho tiempo atrás alimenta la oposición contra Austria de las poblaciones eslavas sometidas a los Habsburgo, la responsabilidad del asesinato. La acusación es un pretexto, porque el atentado ha tenido lugar en territorio del imperio, los autores materiales son súbditos austriacos y las pruebas de una implicación efectiva de Serbia solamente se obtendrán cuando termine la guerra.
No obstante, para Austria es la ocasión de conseguir una solución radical -ya sea política o militar- del problema serbio: acabar con ese nido revolucionario que desde la frontera oriental amenaza la unidad del imperio. Y aunque Viena sigue manifestando ciertas dudas en dar los pasos que pueden conducir a la guerra, ahí está su aliada Berlín.
No obstante, para Austria es la ocasión de conseguir una solución radical -ya sea política o militar- del problema serbio: acabar con ese nido revolucionario que desde la frontera oriental amenaza la unidad del imperio. Y aunque Viena sigue manifestando ciertas dudas en dar los pasos que pueden conducir a la guerra, ahí está su aliada Berlín.

De este modo el Imperio Austro-húngaro del anciano Francisco José se deja arrastrar por la Alemania del joven Guillermo II como si se tratara de un pulso entre ambos. Tras un primer momento de incertidumbre, el 23 de julio de 1914, Viena presenta a Serbia un ultimátum de inaceptables condiciones para un Estado soberano. Se pretende de Belgrado la disolución de todas las organizaciones políticas y patrióticas, la prohibición de cualquier forma de propaganda antiaustriaca y la participación de funcionarios imperiales en las investigaciones gubernamentales en territorio serbio sobre las responsabilidades del acto terrorista. Fortalecida por- el apoyo ruso, Serbia rechaza las condiciones y ordena la movilización general. Incitado por Alemania, el Imperio Austro-húngaro responde con la declaración de guerra. Es el 28 de julio. El mecanismo de las alianzas lleva a Berlín, Moscú, Londres y París a coaliciones enfrentadas, y en la primera semana de agosto Europa se precipita hacia la guerra.

El conflicto desatado por el atentado de Sarajevo se convierte en un acontecimiento histórico sin precedentes por su extensión (alrededor de 20 países implicados), su enorme despliegue de esfuerzo militar y la movilización de hombres y recursos (70 millones de soldados), por- la dimensión del sacrificio (9 millones de militares muertos y 1 millón de civiles). Es la primera guerra a gran escala.
martes, octubre 25, 2011
Jose
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