El Futuro y los Proyectos de la Fundación Vicente Ferrer


Hijo de un hombre considerado un santo en España y un dios en la India, Moncho Ferrer afronta su labor en la Fundación Vicente Ferrer (FVF) como algo natural. El ex jesuita Vicente Ferrer y Anne Perry lograron que en Anantapur, en el estado indio de Andhra Pradesh, la esperanza no fuese tan remota, ni el hambre tan acuciante, ni las enfermedades tan mortales. Ni leer tan difícil. Moncho recoge el testigo del milagro de Anantapur y, junto a su madre, Anne, se plantea nuevos horizontes. Siempre hay más niñas que escolarizar, casas que levantar y pueblos que sacar de la pobreza absoluta.

«No puedo hacer otra cosa», afirma sin titubeos este hombre de 39 años, que se expresa en un español con acento. El hijo de Vicente Ferrer y la inglesa Anne Perry se siente indio, aunque su piel sea blanca. Anantapur es su casa; y la población, su gente. Nunca fue presionado para seguir los pasos paternos, pero él lo siente como su destino. «Es natural, tras nacer en la India y criarme en la Fundación. Lo he respirado, vivido... Aquí soy útil y tengo un propósito», afirma el cooperante, que transmite la misma serenidad que su padre.


Nacido en 1971 en la Fundación, Moncho salió de la India a los 18 años por primera vez en 1989, cuando fue a Inglaterra para estudiar Relaciones Internacionales. En 1997 regresó a Anantapur y comenzó a trabajar en la FVF. Poco después se casó por el rito hindú con Vishala. Hoy es padre de dos niñas de nueve y cinco años.

Cuando en junio de 2009 Ferrer falleció, miles de personas peregrinaron al Campus de la FVF para despedir al hombre que les llevó la esperanza. Muchos preguntaban angustiados qué iba a ocurrir. ¿Todo seguiría igual? Más de dos años después todo continúa igual, pero más grande. En este tiempo se ha llegado a 755 nuevos pueblos. Se han levantado 103 escuelas, 8.631 viviendas y un hospital pediátrico. Además, 388 intocables han accedido a la Universidad becados, 2.205 mujeres se han formado en diferentes oficios, 5.990 mujeres han establecido negocios con créditos...

La dirección de la organización de 2.381 trabajadores está en manos de Anne, «la otra mitad de la FVF», y Moncho. Si el peso estratégico recae sobre Anne (es así desde hace años), Moncho dirige las áreas de vivienda, ecología, educación, cultura y deportes. Y sobre todo las nuevas actuaciones, una responsabilidad que le lleva a donde más le gusta: la carretera.


Moncho, al igual que su padre, prefiere estar sobre el terreno. «Me gustan las personas, las caras y las sonrisas, no los papeles. Aunque, por supuesto, es importante planificar y administrar todo el trabajo». Y comparte la filosofía paterna de «llegar a la máxima gente posible». La carretera y esta filosofía le han llevado a Nallamala, un bosque habitado por la tribu de los chenchu, que malviven en la extrema pobreza.

Mientras se construye un templo a Vicente Ferrer —solo la madre Teresa y otros pocos mortales han alcanzado tal honor en la India—, Moncho asegura que la comparación con su padre no supone un peso negativo: «Él decía que nada es imposible. Y su vida y su trabajo son un ejemplo de ello. Nada es imposible».

Fuente: ABC


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