Hace apenas una semana un grupo de investigadores anunció a bombo y platillo un descubrimiento inaudito. Nada más y nada menos que el Arca de Noé. Se encontraría, según ellos, bajo el hielo del Monte Ararat, en Turquía, y consistiría en una nave de cerca de unos 7,5 metros de ancho y 37,5 metros de longitud. Este anuncio, cierto o no, vuelve a poner de relieve una incógnita que lleva vigente miles de años: ¿Existió realmente el Diluvio Universal? Por extraño que parezca, en esta ocasión religión y ciencia llegan a alcanzar un mínimo punto de encuentro.
«Porque pasados aun siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice», anunció Dios, molesto con los hombres por su maldad, a Noé, según asegura el Génesis en su capítulo 7. «Fue el diluvio cuarenta días sobre la Tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevo sobre la Tierra. Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra (...) y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes», continúa el primer libro de la Biblia. Pero el mito del Diluvio Universal, originario de la civilización Sumeria, ha sido común a casi todas las creencias de la historia. Egipcios, judíos, musulmanes, hindúes, mayas...
La comunidad científica jamás ha dado por verídica la hazaña de Noé ni tampoco que se produjera una lluvia de semejantes proporciones, aunque una amplia parte de ella sí que considera probable una gran inundación en la Antigüedad que diera lugar a la leyenda. Según la NASA, esta pudo tener su origen en un meteorito. Este habría hecho explosión sobre la capa de hielo que cubría Norteamérica, derritiéndolo y causando una serie de tsunamis que hubieran afectado a determinadas partes del globo.
«Porque pasados aun siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice», anunció Dios, molesto con los hombres por su maldad, a Noé, según asegura el Génesis en su capítulo 7. «Fue el diluvio cuarenta días sobre la Tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevo sobre la Tierra. Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra (...) y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes», continúa el primer libro de la Biblia. Pero el mito del Diluvio Universal, originario de la civilización Sumeria, ha sido común a casi todas las creencias de la historia. Egipcios, judíos, musulmanes, hindúes, mayas...
La comunidad científica jamás ha dado por verídica la hazaña de Noé ni tampoco que se produjera una lluvia de semejantes proporciones, aunque una amplia parte de ella sí que considera probable una gran inundación en la Antigüedad que diera lugar a la leyenda. Según la NASA, esta pudo tener su origen en un meteorito. Este habría hecho explosión sobre la capa de hielo que cubría Norteamérica, derritiéndolo y causando una serie de tsunamis que hubieran afectado a determinadas partes del globo.
La teoría más compartida ha sido formulada por los geólogos marinos William Ryan y Walter Pitman. Sostienen en su libro «El diluvio de Noé» que el fenómeno se habría producido hace 7.500 años en lo que hoy conocemos como Mar Negro, en aquel tiempo un lago de agua dulce de mucho menor tamaño y habitado en sus orillas. De algún modo, el Mediterráneo se habría abierto paso a través del Estrecho del Bósforo, haciendo crecer el caudal del Mar Negro a un ritmo de entre 15 y 30 centímetros por día.
Basan su teoría en el hallazgo tanto de fósiles de moluscos de agua dulce como salada contemporáneos en un mismo espacio, algo imposible de explicar. «La temible inundación se convirtió en una historia fundamental para advertir y aterrorizar a las generaciones jóvenes, en un acontecimiento tan profundamente traumático que su recuerdo duró por más de mil años, transmitido por la tradición oral, antes de que fuera inscrito en cerámica», afirman Ryan y Pitman.

Otras hipótesis señalan como causa probable una intensa actividad sísmica en la zona del Mediterráneo, que hubiese originado igualmente una serie de tsunamis que golpearon la costa con violencia. En cualquier caso, la ciencia, a diferencia de la religión, circunscribe el diluvio a determinadas zonas concretas. Nunca le da el carácter de «universal».
La posibilidad de que ocurra un fenómeno semejante al que defiende la ciencia no es tan lejana como parece, con la salvedad de que esta vez sí sería general y afectaría a miles de millones de personas. La causa no es otra que el calentamiento global y la fusión de los casquetes polares. La crecida de los océanos podría sumergir en las profundidades marinas a cientos de ciudades en todo el mundo, transformando la civilización tal y como la conocemos.

«Y murió toda carne que se mueve sobre la Tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la Tierra, murió», concluye el Génesis.
Fuente: ABC
domingo, diciembre 18, 2011
Jose

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1 comentarios:
A ver, me gustaría criticar brevemente este asunto. Como se dice al inicio, se ignora si esto puede ser cierto o no. En otros tiempos, algunos que se ponían una piel de cabra encima y llevaban un bastón, se autocalificaban como profetas. Hoy, cualquiera que tenga conexión a Internet, se puede autocalificar como investigador. Muchas tradiciones, en efecto, registran algo parecido; pero sus lecturas no pueden tomarse de manera literal; sobre todo si consideramos que en el origen de esos textos todavía no existía el pensamiento sistemático ni científico. Intentar fusionar teorías científicas con el pensamiento simbólico es muy peligroso si no se conocen los sistemas en los que se desenvuelven (por cierto, se cita a la tradición islámica como otra en la que este mito aparece y no es correcto; si el Islam dice algo sobre esto es porque lo recoge de la tradición hebrea... la cual lo recogió de otras anteriores). No sería la primera vez que la recurrencia de este asunto aparece; hace muchos años hasta se llegó a publicar una fotografía de la cima del Ararat en la que, al modo de un OVNI, podía distinguirse claramente la "huella" del Arca... atribuyéndole categoría de "prueba científica". Con el tiempo quedó en nada.
Si consideramos la tradición, el asunto del diluvio, como el de la esclavitud, se reduce a lo siguiente en un tiempo presente: Si no sabes que estás en medio del diluvio, es que te estás ahogando en él. Ahora y no antes. Muchos tiempos verbales utilizados no necesariamente nos remiten a un pasado, sino a un presente y a un futuro. Cuando en el Sinaí se dice: "Yo soy el que soy", en realidad lo que se dice es "Yo seré lo que yo seré". Todavía no es, lo sería cuando te lo encuentres. Lo mismo sucede con "hágase la luz"; no se hizo... se hará, &c. Si no sabes que estás en Egipto, que además no era Egipto, es que estás en Egipto.
Así que, esta entrada, podría tener una buena intención; pero no estaría tan seguro de los "investigadores" que se citan... que a saber realmente lo que buscarían...
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