Breda – Geografía e Historia


Breda es una ciudad del suroeste de los Países Bajos. Administrativamente es un municipio (gemeente) de la provincia de Brabante Septentrional (Noordbrabant provincie). La ciudad se encuentra al suroeste de Rotterdam, cerca de la frontera con Bélgica. Se ubica entre la confluencias de los ríos Merk y Aa. A mediados de la década de los noventa del siglo XX su población era de 126.700 habitantes.

Historia

En el siglo XI, el núcleo urbano era feudo del Sacro Imperio Romano Germánico y contaba con una sede episcopal. El primer señor conocido del mismo fue Enrique I, entre 1098 y 1125. Posteriormente pasó a ser propiedad directa de los duques de Brabante, dentro del ducado de Brabante. El primer poseedor de la ciudad miembro de esa familia fue Godofredo I, entre 1125 y 1170. En 1252 los duques concedieron al núcleo de población una serie de privilegios municipales. La ciudad se mantuvo en manos de esta estirpe hasta 1404, cuando pasó a ser propiedad de la casa de Nassau debido a que fue vendida. Esta casa nobiliaria convirtió a la ciudad en su sede, lo que hizo aumentar su importancia en el siglo XV y la convirtió en centro de equilibrio de los intereses holandeses, españoles y franceses en los Paises Bajos.



Entre 1531 y 1536 se fortificó la ciudad por parte del conde Enrique III de Nassau, quien también restauró un castillo anterior erigido en 1350 por Juan I, quien a su vez aprovechó una fortaleza cuya existencia se remonta hasta al menos 1190. En el año 1566 se firmó en ella el denominado Compromiso de Breda, manifiesto contra el legítimo gobierno español que fue firmado por dos mil nobles holandeses. En este Compromiso se quería limitar loa capacidad de gobierno de la región así como evitar la introducción de los tribunales inquisitoriales por parte de la Iglesia. La ciudad, en rebeldía, fue ocupada en 1568 por tropas españolas al mando del Duque de Alba; en 1590 Mauricio de Nassau se la arrebató a los españoles; en 1625 fue reconquistada nuevamente por tropas hispanas al mando de Ambrosio Spínola; en 1637 volvió a manos holandesas tras su conquista por las tropas de Federico Enrique de Orange. La paz de Westfalia firmada en 1648 determinó su definitiva posesión por Holanda.

En 1660 la ciudad fue el destino de destierro del rey Carlos II de Inglaterra, y allí proclamó la conocida como Declaración de Breda, texto redactado por su consejero Eduerdo Hyde. En él se manifestaba, el 4 de abril, las condiciones para aceptar el acceso al trono de Inglaterra. Entre las mismas estaba la promesa de amnistía para los antiguos enemigos, tolerancia religiosa, libertad de conciencia, así como el traspaso de tierras posesión de la corona a manos privadas. En cada caso, se dejaba la decisión final en manos del Parlamento. Además, el monarca se comprometía a pagar el sueldo del ejército. A cambio, Carlos manifestaba su intención de mantener los derechos de la monarquía y participar, en asociación con las dos cámaras del Parlamento, la de los Lores y la de los Comunes, en los grandes asuntos de estado. La declaración fue aceptada por el Parlamento y en mayo Carlos fue proclamado rey.

Posteriormente, el 31 de julio de 1667, se firmó también en Breda el denominado Tratado de Breda entre Inglaterra, por un lado, y Holanda, Dinamarca y Francia por otro. Este tratado finalizaba, de manera incompleta, la segunda guerra naval anglo-holandesa, desarrollada entre 1665 y 1667. Los holandeses habían logrado cierta ventaja militar, pero estaban preocupados por el expansionismo francés de Luis XIV, que había invadido los Paises Bajos españoles en el marco de las Guerras de Devolución. El tratado modificó las Actas de Navegación inglesas a favor de los holandeses, permitiéndoles llevar mercancías inglesas en sus barcos por el Rin; además se aceptaron principios comerciales holandeses, como la definición de contrabando. A cambio Inglaterra obtuvo el territorio de Nueva Holanda (Nueva Amsterdam –tras el tratado Nueva York– y Nueva Jersey) así como ciertos puntos comerciales costeros holandeses en África, y recobró además pequeñas posesiones antillanas ocupadas por los franceses. Holanda retenía Surinam en Sudamérica y Francia retenía la Guayana francesa y recobraba Acadia de los ingleses. En 1696 Guillermo de Orange, que era rey de Inglaterra, realizó nuevamente obras en el castillo de la ciudad.

Durante la revolución francesa, la ciudad fue tomada por el general francés Charles Dumouriez en 1793, y aunque fue obligado a abandonarla fue ocupada de nuevo por el general Charles Pichegrú en 1795, permaneciendo en manos francesas hasta 1813, cuando su guarnición salió a enfrentarse a tropas rusas y los ciudadanos de la misma cerraron las puertas para evitar su regreso. Durante la Segunda Guerra Mundial la ciudad fue duramente bombardeada y ocupada por tropas alemanas en 1940 y fue liberada por tropas británicas el 21 de octubre de 1944.


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