La Colonización e Independencia de Canadá


El asentamiento europeo en Canadá, modelado bajo las prerrogativas del comercio de pieles (en especial de castor), se produjo a finales del siglo XVI y principios del XVII. Samuel Champlain, explorador idealista y apasionado, estableció la primera colonia en nombre de Francia en Canadá y la bautizó con el nombre de Acadia en 1605 (dio lugar así a la leyenda utópica de la vida ideal en Acadia, descrita por H. W. Longfellow, entre otros), y fundó Quebec en 1608 (nótese que, durante algunos periodos de tiempo, Canadá fue denominada Quebec por los franceses, nombre que entró en desuso a finales del siglo XVIII). Las actividades de Champlain se centraron en gran medida en la regulación del comercio de pieles. Aliado de los hurones (del francés hure, 'jabalí', por el aspecto de su cabellera medio cortada), luchó ferozmente contra los iroqueses. También durante su vida fue testigo de la aparición de los famosos coureurs de bois, trampistas y comerciantes que formaron la espina dorsal del sistema de colonización y comercio. Las actividades de éstos se prolongaron hasta 1750, momento en el que se iniciaron las luchas entre Francia e Inglaterra (esta última hasta entonces había ignorado Canadá por completo) por los intereses económicos.

Los esfuerzos franceses por convertir a las poblaciones indígenas surgieron ya en época de Champlain. Primero fueron llevados cuatro misioneros franciscanos, a los que se unieron después los jesuitas (entre ellos los renombrados Brébeuf, de Noue y Regnault), que habrían de dejar una impronta especial en el carácter de la población francófona (católica y tradicional). Con respecto a la colonización progresiva de Canadá desde el siglo XVI, las crónicas hablan del modo de vida diferente de los coureurs de bois (trampero y comerciante) y los habitants, colonos asentados permanentemente en las orillas del San Lorenzo, fundamentalmente granjeros. También se habla del aumento del nivel de vida de la población (hacia 1630, los asentamientos de Quebec y Montreal eran muy fructíferos) y de la importancia que el clero francés ostentaba en la vida política y social (la importancia del obispo Laval, hacia 1700, fue proverbial).


La rivalidad anglo-francesa en Canadá constituye buena parte de la idiosincrasia propia del país. Los hermanos Kirke impidieron el comercio de pieles para Francia al bloquear el río San Lorenzo en 1627. William Alexander reclamó para Escocia el gobierno de Acadia, que finalmente fue devuelta a Francia por el tratado de Saint Germain-en-Laye. La colonia de Nueva Francia pasó en 1663 a ser oficialmente protectorado de Francia, con una asamblea formada por un gobierno, el superior de los jesuitas y el gobernador de Montreal. Jean Baptiste Colbert, ministro de finanzas, intentó hacer de Nueva Francia una provincia con un gobierno similar al de Francia; el conde de Frontenac, anticlerical acérrimo, también contribuyó a la creación de un gobierno fuerte y centralizado. En 1660, dos coureurs de bois, Médard de Groseilliers y Pierre Radisson, descontentos con las medidas restrictivas de Colbert (que no permitían a los comerciantes de pieles expandirse al oeste y los limitaban a los asentamientos de Montreal, Quebec, Trois Rivères y Tadousac), huyeron a Nueva Inglaterra, y de allí a Gran Bretaña, persuadiendo a un grupo de comerciantes de Londres que crearon la Hudson's Bay Company (1670), con derechos comerciales exclusivos sobre los territorios que desembocaban sobre la Bahía de Hudson. Hasta entonces los territorios de soberanía británica habían sido prácticamente olvidados por la metrópoli.

El dominio británico y la independencia

La rivalidad entre Francia e Inglaterra, con luchas y escaramuzas numerosas, se zanjó en 1713 (al final de la Guerra de la reina Ana) con la firma del Tratado de Utrecht, que declaraba la Acadia y la Bahía de Hudson como británicas y permitía el comercio con las tribus iroquesas. Tras varias décadas de relativa calma y prosperidad para ambos bandos, las disputas se reiniciaron en 1744 y en 1759, cuando Wolfe derrotó a Montcalm en la ciudad de Quebec. En 1763, por el Tratado de París, Inglaterra obtuvo soberanía sobre las tierras francesas en Canadá (tras los intentos franceses de expansión por el Ohio y el Mississippi, lo que llevó a la Indian War, o Guerra de los Siete Años). El gobernador sir Guy Carleton, político brillante, decidió asegurarse el apaciguamiento de las iras francesas (el 99% de la población blanca de Canadá hacia 1770 era francófona) y firmó una ley en 1774 que aseguró a los franceses protección cultural, política y económica.

La Revolución Americana de 1776 se produjo en un contexto de rivalidades entre legitimistas, franceses y revolucionarios con el precedente de la decisión del Congreso Continental Americano de invadir Canadá en 1775. El resultado fue que los colonos del norte se aliaron con la metrópoli (pues pensaron que de ello se seguirían más beneficios económicos), los franceses perdieron la oportunidad de la alianza entre Francia y los independentistas, y 60.000 legitimistas, en su mayoría del estado de Nueva York, pasaron a Nueva Escocia: los Estados Unidos de América y el futuro Canadá serían ya para siempre dos tierras diferentes (la mayoría de los leales ingleses se estableció en la Bahía de Fundy y fundó New Brunswick en 1784). El aumento de población anglófona determinó un aumento de la rivalidad (anteriormente un tanto sofocada) anglo-francesa. En 1791 se llevó a cabo la reforma de la ley constitucional y con posterioridad se establecieron las provincias del Alto Canadá y Bajo Canadá (Ontario y Quebec actuales aproximadamente). En 1812 los estadounidenses intentaron invadir Canadá por segunda vez, aunque la batalla de Queenston Heights formalizó el derecho de Canadá a seguir siendo inglés. Tras la guerra de 1812 en el Alto y Bajo Canadá, comenzó la época de las rebeliones, generadas por un descontento hacia la política del Consejo (entre los líderes disidentes figuran el patriote Luois Joseph Papineau y William Lyon Mackenzie). Gran Bretaña nombró a lord Durham (Jack el Radical) gobernador de las cinco colonias canadienses. Lord Durham redactó un informe en el que favorecía el etnocentrismo unificador como solución a los problemas económicos y políticos, lo que trajo como consecuencia el llamado Gobierno Responsable, la unificación de las colonias en una legislatura conjunta con representación igual. Esto significó un paso hacia la confederación unitaria, de la que se habló incesantemente durante las décadas de 1850 y 1860.

El miedo segregacionista engendrado por la Guerra Civil estadounidense llevó a la firma, el 1 de julio de 1867, por el Acta de la América del Norte británica de un nuevo estatuto de unión, denominada en adelante Dominio de Canadá (que incluía Nova Scotia, New Brunswick, Quebec y Ontario): por primera vez las diferentes unidades geográficas canadienses se unían en una sola y sellaban así el nacimiento del país tal como hoy lo conocemos (el nombre de Dominio entró paulatinamente en desuso con posterioridad). De ese modo, Canadá adquirió su independencia de la Gran Bretaña de manera pacífica, pero no rompió completamente con la metrópoli, cuyo monarca está representado por un gobernador general. El país pertenece con plenitud de derechos a la Commonwealth Británica

Sir John Macdonald fue el primer ministro del Dominio canadiense. Bajo su mandato se hubo de hacer frente a dos rebeliones de los métis ('mestizos'), agricultores de origen francés asentados en las praderas, ambas comandadas por Louis Riel y que se saldaron con la muerte de éste. De 1874 data la importante marcha hacia el oeste de la Policía Montada (1.440 km), saldada entre otros éxitos con la firma de un acuerdo con la Confederación de los Pies Negros (entonces en el sur de Alberta y Saskatchewan), que, de no haber ocurrido, podría haber dado un giro diferente a la revolución de los métis (destaquemos los relatos que de la expedición se conservan, hoy recogidos por David Cruise y Alison Griffiths, The Great Adventure, 1997).

El segundo punto negro en la carrera de Macdonald fue la construcción del ferrocarril del Pacífico (algo de todo punto necesario para unir de manera rápida todas las provincias). Éste se pensó construir con la ayuda de Hugh Allan (magnate montrealino con socios americanos en el proyecto). La campaña política de Macdonald en las siguientes elecciones estuvo financiada ilegalmente por Allan y, descubierto, se vio obligado a dimitir. El fin de siglo vio las presidencias ministeriales de Alexander Mackenzie, Macdonald, John Abbot, J. Thompson, Macenzie Dowell y Charles Tupper. Canadá parecía dispuesta a afrontar con optimismo el reto del nuevo siglo.

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