Helenismo es un término que designó a partir del siglo IV un género de vida civilizado que, gracias a la educación, se ofrecía a todas las personas, fueran griegos o bárbaros, aunque no todos pudieran acceder a él al mismo tiempo ni en un mismo grado. Bajo estos términos subyace la idea de que la diversidad humana no nace de la raza o de la sangre, sino del hecho de participar en una cierta forma de vida civilizada que se adquiere mediante la educación.
"Helenismo" fue una denominación introducida en la historiografía contemporánea por J. G. Droyssen en su obra Geschichte des Hellenismus (Historia del helenismo), editada entre 1836 y 1843; con este término, quería Droyssen indicar la significación propia y unitaria del periodo cultural iniciado con la muerte de Alejandro Magno. A partir de esta obra, "helenismo" es un término que hace referencia al periodo de la civilización griega y, más tarde, a la grecorromana, que comienza con la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) y finaliza con la batalla de Leucopetra (146), aunque convencionalmente se extiende hasta la victoria de Octavio Augusto sobre Marco Antonio en la batalla de Actium el año 31 a.C., la conquista de Alejandría y la constitución de Roma como capital política y cultural de Occidente. Suelen admitirse, dentro de esta etapa de casi trescientos años, varios períodos: el primero va desde el 323 hasta el 280 a.C., y corresponde a la desintegración del imperio conquistado por Alejandro y la fijación territorial de las nuevas monarquías; el segundo se extiende del 280 al 168 a.C.: se corresponde con el apogeo de la civilización helenística, cuando varios reinos compiten en esplendor cultural, y concluye con la amenaza del poder conquistador de Roma, que se extiende a todo el Mediterráneo; la tercera etapa, del 160 al año 30, es una época de un sometimiento cada vez mayor al Imperio Romano y de un empobrecimiento progresivo de lo griego, al tiempo que despunta una mayor influencia cultural de Oriente.
"Helenismo" fue una denominación introducida en la historiografía contemporánea por J. G. Droyssen en su obra Geschichte des Hellenismus (Historia del helenismo), editada entre 1836 y 1843; con este término, quería Droyssen indicar la significación propia y unitaria del periodo cultural iniciado con la muerte de Alejandro Magno. A partir de esta obra, "helenismo" es un término que hace referencia al periodo de la civilización griega y, más tarde, a la grecorromana, que comienza con la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) y finaliza con la batalla de Leucopetra (146), aunque convencionalmente se extiende hasta la victoria de Octavio Augusto sobre Marco Antonio en la batalla de Actium el año 31 a.C., la conquista de Alejandría y la constitución de Roma como capital política y cultural de Occidente. Suelen admitirse, dentro de esta etapa de casi trescientos años, varios períodos: el primero va desde el 323 hasta el 280 a.C., y corresponde a la desintegración del imperio conquistado por Alejandro y la fijación territorial de las nuevas monarquías; el segundo se extiende del 280 al 168 a.C.: se corresponde con el apogeo de la civilización helenística, cuando varios reinos compiten en esplendor cultural, y concluye con la amenaza del poder conquistador de Roma, que se extiende a todo el Mediterráneo; la tercera etapa, del 160 al año 30, es una época de un sometimiento cada vez mayor al Imperio Romano y de un empobrecimiento progresivo de lo griego, al tiempo que despunta una mayor influencia cultural de Oriente.
Geográficamente pequeña y dispersa, la Grecia antigua había basado su desarrollo histórico en la polis o ciudad-estado. Una vez desaparecida la vieja monarquía, las nuevas póleis se convirtieron en unidades político-económicas de carácter autónomo, muchas de ellas sobre un territorio muy reducido. La vida política se articuló desde entonces en torno al polites, es decir, al ciudadano en plenitud de derechos civiles que asumía la dirección de la vida pública. En el plano económico, la aspiración de cada polis consistía en llegar a ser autárquica. Con frecuencia, los recelos entre las póleis acabaron estallando en conflictos armados. A veces, sin embargo, la concordia pacífica u homónoia y el ideal panhelénico se plasmaron en alianzas contra el enemigo común, el Imperio Persa. En sus mejores momentos, como con la democracia ateniense de los siglos V y IV a.C., la polis fue el símbolo de la civilización griega y modelo para otros pueblos, en cuanto que todas las magistraturas civiles y los estrategas militares eran elegidos por la Asamblea y debían rendir cuentas de su gestión ante los ciudadanos de Atenas.
La debilidad de la polis fue continua debido a problemas económicos internos, como la reducción alarmante de la producción minera, el empobrecimiento de los artesanos ante la irrupción en el mercado de mano de obra esclava y la desaparición progresiva de los pequeños agricultores, forzados a emigrar para sobrevivir. Pero fue Filipo II quien por medios diplomáticos explotó hábilmente la desunión y debilidad de las ciudades-estado y, posteriormente, las aplastó con la fuerza de su gran ejército. Así quedó abierto el camino para el sueño del rey macedonio: la conquista de Oriente. La realización del sueño imperial de Filipo correspondería, sin embargo, a su hijo Alejandro.
Alejandro, al mando de un ejército de 40.000 hombres, comenzó destruyendo las bases persas en el Mediterráneo oriental, se adentró en Mesopotamia, penetró más tarde en Persia donde derrotó a Darío y ocupó las ciudades de Babilonia, Susa, Persépolis y Ecbatana, hasta llegar a la India. Las fronteras del nuevo Imperio abarcaron entonces desde el mar Caspio y el Turquestán hasta el Alto Nilo, y desde el océano Índico al Mediterráneo. Grecia quedó inevitablemente empequeñecida y empobrecida tras la conquista. La emigración, la pobreza y el desarraigo social fueron hasta tal punto parte de la vida cotidiana que muchos podrían haber dicho, como Diógenes el Cínico, estos versos de un poeta anónimo: "sin ciudad, sin hogar, privado de patria, pobre, vagabundo, intentando sobrevivir día a día".
Cuando en el año 323 a.C. murió Alejandro Magno, con sólo 32 años de edad, su vasto imperio empezó pronto a agitarse con enfrentamientos cada vez más profundos dentro del círculo de poder macedonio, que culminaron con la formación de las monarquías bajo las dinastías de los sucesores: los Diádocos. Ellas se repartieron el inmenso territorio conquistado por Alejandro. Así se instauró en Egipto la dinastía de los Ptolomeos; en Siria y la zona del Eúfrates imperaron los Seléucidas; los Atálidas dominaron Pérgamo y el Asia Menor, mientras que en Macedonia y en Grecia se establecieron los descendientes de Antígono. Estas monarquías basaron su poder en un sólido ejército mercenario y en una amplia burocracia estatal, con la desaparición de toda participación del ciudadano en la vida pública. En ellas no había lugar para leyes democráticamente elaboradas, sino únicamente para los edictos reales. Además, los monarcas helenísticos legitimaron religiosamente su poder absoluto instaurando el culto al rey. De este modo, todo este periodo constituyó una profunda revolución que trastornó el régimen social y las ideas y costumbres antiguas. Con él desapareció la polis tradicional, que había inspirado la República de Platón y la Política de Aristóteles, y Grecia quedó convertida en simple provincia de un vasto imperio. En los nuevos centros de poder político desapareció el sentido de vinculación a la metrópoli, que siempre había caracterizado las colonias griegas, y, al ampliarse el horizonte geográfico, se difundió el sentido del ecumenismo y el cosmopolitismo.
La característica principal del helenismo fue la enorme expansión de lo griego como elemento civilizador. Los soldados, funcionarios administrativos y negociantes que se asentaban en Asia y Egipto intentaron trasplantar las instituciones sociales de la Grecia continental. Una cultura común (arte, religión, literatura, filosofía y ciencia), es decir, un modo de comprender el mundo modificado por diferentes influencias en lugares distintos, y, sobre todo, un lenguaje común, koiné diálektos, sirvieron a la expansión del espíritu griego. El griego fue la lengua portadora de las ideas y los modos civilizadores de Grecia, que las tropas de Alejandro sembraron por todo el amplio espacio geográfico conquistado. Alejandro fue verdaderamente revolucionario al procurar la fusión de lo griego y lo bárbaro en una unidad civilizadora superior y al tratar de superar las habituales barreras de raza y de tradiciones locales hermanándolas armónicamente en una comunidad superior, con los ideales de la paideía helénica. Como decía Eratóstenes, "mientras que algunos aconsejaban a Alejandro tratar a los griegos como amigos y a los bárbaros como enemigos, él hizo algo mejor al dividir a los hombres en buenos y malos, es decir, según se dejasen o no guiar por las prescripciones de la ley, por las reglas de la educación y por las enseñanzas de los filósofos".
Pero, aunque lo griego fuera el elemento dominante en el periodo helenístico, no hay que olvidar que esta época está también caracterizada por la receptibilidad de la cultura griega hacia otras culturas: "El elemento griego no se limitó a dar, sino que también recibió: especialmente su religión se amplió por el acceso a nuevas ideas y cultos orientales, y llegó incluso a transformarse por esa vía, mientras que, a la inversa, muchos orientales se asimilaban al mundo espiritual helénico. Ese recíproco dar y recibir no habría sido posible sin un instrumento de comunicación universal, que fue el 'lenguaje griego internacional', la llamada koiné, la lengua común. Con ella podían comunicarse los hombres en Gades o en Massilia con la misma facilidad que en Damasco o en Babilonia. En las cortes de los reyes partos y de los príncipes hindúes se representan tragedias griegas, y la comunidad judía de Alejandría hace traducir al griego sus escrituras sagradas porque no entiende ya el texto hebreo (es la versión llamada 'de los Setenta'). También los escritos del Nuevo Testamento están redactados en griego. Con la ayuda de esta lengua todo el mundo podía asimilar la educación griega mediante la lectura de los poetas helénicos y de los demás escritores, o asistiendo a las escuelas de retórica o de filosofía que existían en muchas ciudades. Pues griego era ya, como dijera Isócrates, no sólo aquel que fuera heleno por su origen, sino también todo el que participara de la educación helénica" (W. Nestle: Historia del espíritu griego, pág. 243).
La fusión entre civilización griega y mundo oriental que caracteriza al período helenístico encuentra en la ciudad de Alejandría su símbolo por excelencia. Fundada por el propio Alejandro Magno en el delta del Nilo, se convirtió durante el reinado de los Ptolomeos en el primer puerto del Mediterráneo y en rival de Atenas por su contribución a la ciencia y al arte. Con sus más de 500.000 habitantes, esta gran urbe mediterránea elevó la cultura helenística a su máximo esplendor: bajo dirección peripatética se creó el mayor centro científico de la antigüedad, el Museo, que albergaría a los astrónomos, matemáticos, ingenieros, médicos y geógrafos más famosos de la época, como Euclides, Arquímedes de Siracusa, Eratóstenes de Cirene y Aristarco de Samos; en ella se levantó la más grande biblioteca del mundo antiguo, con la que sólo podía rivalizar la de Pérgamo; allí, gramáticos y eruditos iniciarían la publicación de ediciones anotadas de textos clásicos, de diccionarios y traducciones. Entre éstas últimas la más importante fue la versión en griego koiné de la Biblia, conocida como la "traducción de los Setenta", realizada por judíos alejandrinos helenizados. A la vieja simpatía de los griegos por Egipto, en la que se mezclaba su admiración hacia una cultura milenaria y el gusto por lo exótico, y de la que dan testimonio, entre otros, Herodoto, Platón y Aristóteles, se añadía ahora su orgullo por verse reflejados ellos mismos en los mejores logros alejandrinos.
martes, enero 24, 2012
Jose

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1 comentarios:
Felicidades por el blog. A los aficionados y amantes de la historia os invito a conocer la colección Breve Historia y su facebook, donde ahora sortean dos de sus títulos.
Un saludo,
https://www.facebook.com/brevehistoria
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