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El Mapa de Hernán Cortés, o de Nuremberg 1524, de Tenochtitlan y el Golfo de México

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A nuestro mapa no lo dibujó Cortés metido de cartógrafo repentino, ni uno de los ayudantes semi-iletrados del capitán extremeño, ni mucho menos un indígena especialista en la arquitectura del Gótico. Fue probablemente una mano alemana, enfebrecida por los relatos que le llegaban a Europa desde el otro lado del mar océano: vastos imperios habitados por hombres semidesnudos, ciudades empedradas con lingotes de oro, templos gigantescos como montañas, en cuya cúspide te horadaban las entrañas con un cuchillo de obsidiana, con el pretexto de sacarte el corazón para ofrecérselo a los dioses. Leo muy divertido que un especialista en cartografía antigua ha analizado detalladamente las trece embarcaciones que aparecen “de cabeza” en el mapa, y ha podido identificar los rasgos característicos de las “chalanas” (llamadas “Zillen” en alemán) que se utilizaban comúnmente para navegar por el Danubio en el siglo XVI.

En fin, que esto merece una explicación. Y lo amerita el mapa, que por lo demás parece ser la primera representación “cartográfica” de una ciudad americana. Se trata, en todo caso, de un mapa fundamental para la historia de la cartografía de la Ciudad de Méjico. Y cualquiera que tenga el más elemental sentido de la estética debe concluir que se trata de un objeto magnífico. A reserva de “desmenuzarlo” en los siguientes párrafos, he aquí el enlace que permite apreciarlo en todo su esplendor.


Antes de entrar al tema debo mencionar la fuente más importante de la información contenida en esta página. En mis correrías por la red me tropecé con un excelente ensayo de Konrad Tyrakowski, profesor de la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt, presentado al 49vo. Congreso Internacional de Americanistas celebrado del 7 al 11 de julio de 1997 en la ciudad de Quito, Ecuador, durante el Coloquio de Historia Urbana de las Américas. En estos casos, en que la controversia estalla fácilmente por quítame allá estas pajas, resulta siempre muy recomendable tener el respaldo de un profesor alemán, bigotón y canoso, de esos que se pasan treinta años estudiando un tema obscuro, para luego reventarnos una intrincada tesis descrita en treinta y tantos tomos retacados de notas de pie de página. El ensayo a que me refiero no ocupa una treintena de volúmenes y apenas tiene pies de página, pero se basa en las investigaciones de varias docenas de especialistas en la materia y hace una referencia pasajera, muy oportuna y muy bienvenida, a nuestro Octavio Paz. El ensayo de marras se titula “El plano urbano de México-Tenochtitlán en el momento de la conquista. Análisis cartográfico-urbanístico del llamado ‘Plano de Cortés’”, y puede leerse in extenso al hacer click aquí.


Comencemos por dejar de llamarle “El mapa de Cortés” o “El plano de Cortés”. Se le conoce también como “El mapa de Nurenberg”, nombre que me parece más afortunado porque fue en esa ciudad alemana donde, en el año de 1524, se publicó un libro en latín, bajo el título de Praeclara Ferdinandi – Cortesii de Nova maris Oceani Hyspania Narratio… Este volumen contenía la traducción de la segunda y tercera cartas de relación que D. Hernán Cortés le envió a su Majestad el rey Carlos I de España y V de Alemania, y que como todos sabemos fueron escritas no en latín, sino en español del siglo XVI.

Hasta donde sabemos, la edición original de este librito alemán debió ser extremadamente limitada. Sólo se conservan once ejemplares en diversas bibliotecas europeas: tres en la Biblioteca Nazionale Marciana (Venecia, Italia), dos en la Universitätsbibliothek de Munich (Alemania), dos en la Österreichische Nationalbibliothek (Viena, Austria), una en la Biblioteca Colombina del Archivo de Indias (Sevilla, España), una en la Studienbibliothek de Dillingen (Alemania), una en la Universitätsbibliothek de Erlangen-Nurenberg (Alemania) y una más en la Stadtbibliothek de Augsburgo (Alemania). Sabemos que existió otra copia en la Staatsbibliothek de Munich (Alemania), pero este ejemplar ha desaparecido. De esos once (o doce) ejemplares europeos, sólo cuatro tienen como apéndice copias del mapa: dos de ellos se encuentran en Viena, uno en Munich y el último (al parecer) es el ejemplar de Sevilla.

Tyrakowski ha destacado, como un detalle curioso, que la clase de papel utilizado en la impresión del mapa es diferente al papel en que se imprimió el libro, y que el tipo de letra tampoco coincide con el del volumen. A nuestro académico teutón eso no le inmuta: para cualquier efecto práctico, debe considerarse que ambos elementos forman una unidad.

Ahora bien, uno de los dos ejemplares vieneses, el conservado en la Colección de Mapas de la Biblioteca Nacional Austriaca, está coloreado. El plano no está impreso en papel, como los demás, sino en cuero fino. En opinión de Tyrakowski, “la finura de la estampa y el acabado de la pintura en colores verde, rojo, ocre, azul claro y oscuro, gris y aúreo demuestran que este original suntuosamente elaborado pertenecía a la biblioteca del Emperador”. Nuestro experto levanta el dedo y señala que esa copia debe ser “el original” del mapa.

Por otra parte, todo parece indicar que existe un ejemplar más, con un mapa también coloreado, del que Tyrakowski no estaba enterado (o por lo menos seguro). Se encuentra en la Biblioteca Newberry, de Chicago (Estados Unidos). De hecho, la mayor parte de los sitios web que mencionan este mapa suelen referirse a esa institución estadounidense como la depositaria “del mapa original”.


Por cierto, durante algún tiempo se pensó que existía una copia más en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de Méjico, pero ahora sabemos que desafortunadamente se trata de una copia facsímil elaborada en el siglo XIX.

El análisis de Tyrakowski excede por mucho los objetivos de este sitio web. Sin embargo, me sirvo de su texto para identificar algunos elementos del mapa, y volveré a invocar su opinión aquí y allá. El mapa de Nurenberg mide 310 x 465 mm. Se trata en realidad de dos mapas representados en la misma foja: a la izquierda aparece un pequeño mapa del litoral del Golfo de Méjico, y a la derecha un mapa más grande que representa la ciudad de Méjico-Tenochtitlán, rodeada por el lago y por las comunidades ribereñas.

El mapa del Golfo

Vale la pena destacar primero que ambos elementos del mapa se encuentran “invertidos” o “de cabeza”: es decir, que el texto latino se lee en un sentido, pero los rótulos o leyendas de la toponimia del mapa aparecen en el sentido opuesto (“al revés”).

Tyrakowski afirma que la única manera de entender el mapa consistiría en hacerlo girar 180 grados. Esto es parcialmente cierto, en lo que hace al mapita del Golfo. Sin embargo, el mapa de la ciudad tendría que girar en realidad 90 grados a la izquierda, si lo que queremos es tener el norte “hacia arriba”, según la práctica común a la que nos hemos acostumbrado en la cartografía moderna, pero que de ninguna manera era obligatoria en la cartografía antigua.

En efecto, en lo que hace al mapa más pequeño que representa el litoral del Golfo de Méjico, el norte está “hacia abajo” y el sur “hacia arriba”. Nos llama la atención de inmediatamente el hecho de que Yucatán aparezca representado en este mapa como si fuera una isla, en vez de una península. Este detalle parece reforzar mi creencia de que el autor del mapa no pertenecía al mundo hispánico, ni había visitado América. A esas alturas (1524) los españoles sabían perfectamente que Yucatán estaba unida al continente, porque habían recorrido la costa y porque el mismo Cortés había emprendido su expedición terrestre a las “Higüeras” (Hibueras, Honduras). Por lo demás, el dibujante del mapa ha incluido más arriba (es decir, al Sur), la “Punta de las Higueras” (sic), lo que sería la costa norte y occidente de Honduras.


El cartógrafo ha dibujado (“apretujado” sería el término correcto) los ríos más importantes que desembocan en el Golfo, incluyendo de manera destacada el río Pánuco. También ha incluido la desembocadura del Misisipí (esa es la ortografía correcta en castellano). Finalmente, a la izquierda podemos apreciar dos elementos cartográficos que nos resultan conocidos: la península de la Florida (cuya silueta está desde luego totalmente desfigurada) y la “Puncta de Cuba”, el extremo occidental de la isla, que apunta hacia la entrada del Golfo.


El segundo elemento, el más grande, es el “mapa circular” de la Ciudad de Méjico (“Temixtitan”). Aunque la toponimia está “de cabeza”, como acertadamente señala Tyrakowski, lo que vemos “hacia arriba” no es el sur (como ocurre con el mapa del Golfo), sino el occidente. El poblado ribereño que aparece en el ángulo inferior derecho está rotulado como “Tefqua”, y ha sido identificado como Texcoco; el poblado que aparece en el ángulo superior derecho es “Atacuba” (Tacuba). Todos sabemos que Texcoco se encuentra en realidad al oriente de la ciudad, mientras que Tacuba se encuentra al occidente.

Hay otros tres elementos del mapa que delatan la ubicación de los puntos cardinales. En la parte superior del mapa se muestra un canal de agua procedente de un manantial, que es transportado desde tierra firme hacia la isla por medio de una “calzada”. Todos sabemos que la isla donde se construyó Tenochtitlán carecía de fuentes de agua potable propias, y que los aztecas construyeron una especie de acueducto o canal para transportar el agua desde el Bosque de Chapultepec. Se piensa comúnmente que la ubicación de este canal coincidiría aproximadamente con la actual Avenida Chapultepec, donde los españoles construyeron su propio acueducto varios años después. La inscripción en latín que se advierte en la parte superior del mapa (“de cabeza”) reza “Ex isto Fluuio Conducut Aquam in Ciuitatem”. Exigente como todo profesor alemán que se respete, Tyrakowski señala este error del rotulista como una muestra de que no hablaba latín correctamente. El académico le corrige: “Ex isto fluvio conducant aquam in civitatem”, es decir “De este río llevan agua a la ciudad”. En conclusión, el “bosque” que se aprecia en la parte superior del mapa no es otro que el de Chapultepec, que como todos sabemos se encuentra al occidente de la ciudad.

El segundo detalle del mapa que nos sirve para fijar su orientación es esa especie de “bahía” que aparece a la izquierda del mapa. Se trata en realidad del Lago de Xochimilco, que estaba separado del Lago de Méjico. Xochimilco se encuentra desde luego al sur de la Ciudad de Méjico.

Por último, es preciso señalar el “dique” dibujado en la parte inferior del mapa, cerca de la zona que hemos identificado como Texcoco. La inscripción latina dice: “Aggeres ad tutelam domorum a Lacus fluctibz” (que debió ser en realidad “Aggeres ad tutelam domorum a lacus fluctibus”.) Tyrakowski ha traducido esta frase como “diques para asegurar las casas en contra de las subidas del lago”. Yo prefiero pensar que “ad tutelam” significa “proteger” más que “asegurar”, ya que estos dos términos no son necesariamente sinónimos. Me conformo con traducir “diques para proteger las casas en contra de las subidas del lago”.

Sabemos que en los tiempos del primer Moctezuma (el llamado “Ilhuicamina”), aztecas y texcocanos construyeron un gran dique para prevenir las inundaciones de la ciudad. La albarrada tenía aproximadamente 12 kilómetros de largo y 6 metros de ancho, y cruzaba el lago “de norte a sur”, desde lo que hoy es la Villa de Guadalupe hasta Iztapalapa. Su construcción tuvo como resultado que aumentó la salinidad del Lago de Texcoco y disminuyó la del Lago de Méjico. En nuestro plano, el dique va “de derecha a izquierda”, por lo que obviamente el norte se encontraría a la derecha y el sur a la izquierda.

No es ocioso el ejercicio de determinar la orientación correcta del Mapa de Nurenberg. El mapa desató cierta controversia entre los especialistas porque hay “errores de emplazamiento”, de los cuales el más notorio es el dibujo del Templo Mayor, en el centro de la isla, que no sigue la orientación de estos otros detalles que he mencionado hasta el momento. Sabemos, sin que quede lugar a dudas, que los indígenas construyeron su enorme templo “mirando al occidente”. Así lo consigna la tradición oral y escrita, y así quedó plenamente confirmado cuando se realizaron las excavaciones del Templo Mayor a finales de la década de los 1970s y principios de los 1980s. Sin embargo, el mapa representa al templo “hacia abajo”, es decir, como si mirara al oriente.


Este y otros errores similares han provocado que expertos como Tyrakowski manifiesten “cierta desconfianza” hacia el plano. Estas inexactitudes son en realidad pistas que pueden ayudarnos a determinar, si no la identidad del autor (lo cual es desde luego imposible), por lo menos el origen y la nacionalidad del mismo, y quizá su método de elaboración.

No es descabellado suponer que un cartógrafo alemán, desde luego anónimo, pudo leer los textos correspondientes a la segunda y tercera Cartas de Relación, y extraer de dicha lectura los conocimientos que le permitieron dibujar el mapa. Esto explicaría las chalanas danubianas, los torreones en las riberas del lago y hasta las mezquitas.

Sin embargo, algunos especialistas han señalado que el dibujante debió contar con algún recurso adicional, otra fuente de información, porque el mapa contiene elementos que no fueron mencionados en los textos de Cortés. Estos especialistas han sugerido la posibilidad de que el conquistador hubiera enviado al rey, como apéndice de la Segunda Carta, alguna clase de dibujo o mapa; eso parece quedar claro por una referencia que hizo al dique, en el texto de la Tercera Carta de Relación. ¿Sería posible que ese dibujo hipotético, o una copia contemporánea, hubiera caído en manos del editor del libro alemán? ¿Habrá servido de modelo de este Mapa de Nurenberg? El misterio no será resuelto fácilmente. De haber existido ese boceto… ¿En dónde se encuentra ahora? ¿Acaso fue destruido en algún momento a lo largo de estos últimos quinientos años de convulsiones europeas?

El centro del mapa lo ocupa el recinto del Templo Mayor, que contiene el error mencionado anteriormente. También parece contener la representación de un tzompantli, o “muralla de cráneos”, que los aztecas solían crear con los restos de sus víctimas. El dibujante agregó las frases “Templum ubi sacrificant” (“Templo donde se sacrifica”) y “Capita sacrificatorum” (Cabezas de los sacrificados).

El ángulo inferior izquierdo del recinto muestra un elemento que desde luego llama nuestra atención: un pequeño cuadrado dividido en ocho sectores, a manera de corralitos, en cada uno de los cuales aparecen figuras de animales. Se trata de la “Doms aimalium” (quiso decir Domus animalium), o Casa de los Animales; en otras palabras, el famosísimo zoológico de Moctezuma Xocoyotzin. En ese mismo ángulo está la construcción identificada como “Doms D. Mutezuma”; es decir, la “Domus Domini Muctezumae” o Casa del Señor Moctezuma, el palacio del emperador de los aztecas.

El mapa muestra demás una plaza menor, ligeramente a la derecha y hacia arriba (es decir, en dirección norte-noroccidente), la cual podría representar la plaza de Tlaltelolco, aquel mercado majestuoso que tanto impresionó a los cronistas de la conquista española.

Es placentero encontrar un mapa que no conocemos y recorrerlo con la vista, tratando de identificar rasgos de los lugares que nos resultan familiares. También resulta muy satisfactorio “deducir” la identidad de algunos de esos rasgos, con base en el análisis de otros que hemos identificado previamente. Por ejemplo, Tyrakowski acierta al destacar que las “piedras” que aparecen en el ángulo superior derecho representan el Pedregal de San Ángel, y que las del ángulo inferior derecho ocuparían el lugar del Cerro de la Estrella.

Por otra parte, la pequeña isla que se aprecia en medio del Lago de Texcoco (es decir, en la parte inferior del mapa, debajo del “dique”) debe ser el Cerro del Peñón, en las inmediaciones de lo que hoy es el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de Méjico. Por cierto, pocos saben que ese cerro es en realidad un volcán extinto, cuyo poderío geotérmico permitía mantener las fuentes termales que solían existir en sus immediaciones, y que le dieron el nombre de Peñón de los Baños.

Hemos identificado anteriormente Tacuba y Texcoco. ¿Cuáles son las otras poblaciones costeras? La que ostenta la bandera de los Habsburgo es Coyoacán, a la sazón convertida en la capital “de facto” tras la conquista, porque Cortés y sus hombres se asentaron originalmente en ese lugar. De manera que Coyoacán queda representada en el mapa entre Chapultepec y el Pedregal de San Ángel.

Desde luego es sencillo identificar a Iztapalapa, por el rótulo con el nombre (que aparece también “de cabeza”). Sólo queda por identificar las dos poblaciones que aparecen a la derecha del mapa, y que lógicamente deben ser Azcapotzalco y probablemente Tepeyac. Por lo demás, el dibujante acierta al identificar la “chinampa” como el método utilizado por los aztecas para extender el territorio habitado de su ciudad capital. En este sentido, el valor histórico y estético de este dibujo es verdaderamente admirable.

Fuente: www.melancholiaborealis.ca

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