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El Proceso de la División Celular [The Process of Cell Division]

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La división celular es el proceso mediante el cual una célula se divide en dos o más células hijas, entre las cuales se reparte el material genético de la célula originaria.

La supervivencia de una especie, considerada como un todo, requiere que los individuos que la forman produzcan otros, para reemplazar a los que van desapareciendo con la muerte, lo cual se consigue mediante el proceso reproductor.

En 1856 se produjo el postulado de Wirchow: omnis cellula ex cellula, es decir, toda célula procede de otra célula. La reproducción celular es por tanto un fenómeno imprescindible para que las células se perpetúen. Una vez han llegado a cierto momento de su vida, las células adquieren aptitud para multiplicarse generando otras semejantes a sus progenitoras.

La reproducción celular se reduce siempre a un proceso de división, mediante el cual la célula se parte en varios trozos (generalmente dos) cada uno de los cuales aumenta de tamaño hasta alcanzar el propio de la que le ha dado origen.

Durante la multiplicación, la célula que se divide, llamada célula madre, desaparece como individuo y en su lugar aparecen dos o más células hijas. Esto mismo ocurre en los organismos unicelulares. No así en los pluricelulares, en los que el proceso reproductor no supone su desaparición como tales individuos.

Según la forma de llevarse a cabo, la división celular se distinguen tres modalidades: bipartición, gemación y división múltiple.

La bipartición se caracteriza porque la célula madre da lugar a dos células hijas aproximadamente del mismo tamaño, al recibir cada una de ellas la misma cantidad de materia nuclear y citoplasmática. Es el procedimiento más corriente de división celular.

La gemación se presenta cuando sobre la célula madre aparece una prominencia o “yema” que se desprende por estrangulación. Se originan así también dos células hijas, pero de diferente tamaño, si bien tal diferencia obedece a la desigual distribución del citoplasma, pero no del núcleo que queda por igual en ambas. La gemación se presenta con bastante frecuencia en algunos organismos unicelulares (levaduras, por ejemplo).

La división múltiple tiene lugar cuando una célula divide repetidamente su núcleo. Cada trozo nuclear se rodea de una porción de citoplasma que se aísla del resto por formación de una membrana, quedando así formadas dentro de la célula madre una serie de células hijas que son liberadas al romperse la membrana de aquélla. La formación de esporas en los protozoos es un buen ejemplo de este tipo de reproducción celular.

Los diferentes tipos de multiplicación que se acaban de describir no son más que aspectos accesorios del proceso íntimo de la reproducción de la célula, que en el fondo es semejante para todas y que tiene como denominador común, de una parte, la división del núcleo y de otra la del citoplasma; fenómenos ambos independientes, como lo demuestra la existencia de células plurinucleadas.

Los fenómenos íntimos de la división celular pueden reducirse a dos modelos: la división directa o amitosis y la indirecta o mitosis.

La división directa o amitosis es la menos frecuente y tiene una importancia secundaria, pues queda reducida a células muy especializadas. Consiste en que el núcleo, sin modificar sensiblemente su estructura, se alarga, se estrecha en el centro y por fin se parte en dos. En algunos casos el citoplasma sigue la misma suerte y se forman dos células hijas; en otros no se segmenta, quedando así constituida una célula con dos o más núcleos formando un plasmodio.

La división indirecta o mitosis es el procedimiento más corriente de división celular y durante el mismo, a diferencia de lo que ocurre con la amitosis, en el núcleo tienen lugar profundos y complicados cambios estructurales. El citoplasma aparentemente parece representar un papel pasivo, no obstante se observan también en él algunos signos de actividad y modificaciones en la estructura. El hecho fundamental de la mitosis es que las células hijas reciben el mismo número de cromosomas que poseía la célula madre que las ha originado. La mitosis logra mantener la constancia numérica de los cromosomas y las dos series haploides de los mismos completas. Con fines descriptivos se distinguen en la mitosis cuatro fases o etapas: profase, metafase, anafase y telofase.

Una de las principales características del ADN es su poder de autoduplicación. Estrechamente relacionada con esta capacidad está la escisión longitudinal de los cromosomas durante la mitosis para formar cada uno de ellos dos cromátidas. Durante mucho tiempo se creyó que la formación de las cromátidas obedecía a una partición longitudinal de los cromosomas. Actualmente, se sabe que no se trata de una partición, sino de una duplicación del cromosoma. De acuerdo con este punto de vista, la formación de las cromátidas no es más que el resultado del fenómeno de autoduplicación del ADN.

Una molécula de ADN, al autoduplicarse, forma dos semejantes a ella. Cada una de tales moléculas corresponde a una cromátida. Esto explica que las cromátidas procedentes de la división tengan carácter de cromosomas completos, lo cual está de acuerdo con la integridad de la molécula de ADN a través de sucesivas generaciones.

Cabe ahora preguntarse en qué momento se autoduplica el ADN para que un cromosoma dé lugar a dos cromátidas. Las investigaciones llevadas a cabo parecen demostrar que dicho fenómeno tiene lugar durante el período de reposo celular, es decir, antes de iniciarse la profase. Como consecuencia de todo esto, durante la mitosis no solamente se consigue mantener la constancia numérica de los cromosomas, sino también que en las células hijas se conserve idéntica la estructura molecular del ADN de la célula madre. De esta manera dicha estructura se transmite completa de una generación celular a la siguiente.

En la reproducción sexual, todo ser vivo que se forma como consecuencia de ella tiene su origen en la fusión de dos células reproductoras o gametos, una procedente del padre y otra de la madre. Si tales células poseyesen el número diploide (2n) de cromosomas propio a la especie a la que pertenecen, resulta obvio que al reunirse y formar un nuevo ser, éste tendría en sus células un número doble de cromosomas que sus progenitores. Se deduce de ello, que al formarse en un organismo las células reproductoras o gametos, no pueden hacerlo por una mitosis normal, sino que debe existir algún mecanismo que permita que dichas células solamente reciban la mitad de los cromosomas, pero no una mitad cualquiera, sino precisamente una serie haploide (n). Esto se consigue merced a un tipo de división celular que se conoce con el nombre de meiosis o división reduccional.

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