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La Edad del Bronce

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La Edad del Bronce es un periodo histórico de difícil datación, iniciado en Próximo Oriente hacia el 3500 a. C. que pervivió, según el momento de su penetración y de los diferentes estadios culturales, hasta el 800 a. C.

Concepto de la Edad del Bronce

Los primeros especialistas en el campo de la Prehistoria, firmes defensores de la idea de que el ser humano logró diferenciarse del resto de seres vivos a través del uso de la tecnología, decidieron separar los distintos grados de evolución humana a través de las llamadas Edades (“sistema de las Tres Edades” de Thomsen), por lo que el concepto de Edad del Bronce se adoptó con la intención de separar a los grupos que utilizaban las nuevas técnicas metalúrgicas, de los grupos propiamente neolíticos. El dominio de la metalurgia ha sido considerado tradicionalmente como uno de los grandes avances de la humanidad, puesto que los instrumentos metálicos, gracias a su mayor resistencia y durabilidad, permitían abandonar el uso de los útiles de piedra, que por regla general se deterioraban con facilidad. Por tanto el empleo de la metalurgia requería un alto grado de especialización y supuso que por primera vez en la historia se generalizaran los intercambios comerciales, debido a las dificultades que existían para encontrar componentes metálicos.

La metalurgia no se inició con el bronce, puesto que se trata de una aleación, bien de cobre y plomo o bien de cobre y estaño, que requiere un paso previo de experimentación, así desde el 5000 a. C se puede atestiguar en amplias zonas de Oriente Próximo el uso del cobre como materia prima para la fabricación de objetos, aunque aproximadamente desde el 7000 a. C. se habían fabricado algunos útiles con cobre batido en zonas de Anatolia suroriental (Cayönü). La generalización de estas técnicas provocó, en opinión de muchos especialistas, que antiguas poblaciones dedicadas fundamentalmente a la agricultura se transformaran en comunidades urbanas bien estructuradas, cuyos artesanos buscaban un producto metálico que fuese lo suficientemente flexible para trabajarlo con facilidad y que a su vez fuera resistente.

Por tanto el uso del bronce de forma generalizada hizo que los pueblos que primero desarrollaron esta aleación pudieran fabricar mejores útiles y sobre todo mejores armas, las cuales les permitieron expansionarse por territorios menos desarrollados en este sentido. Pero poco a poco el uso del bronce se fue generalizando, ya que las comunidades vecinas a estos primitivos centros de fabricación, fueron asimilando las técnicas nuevas al sentirse amenazadas, aunque hay que destacar que no fue esta la única forma de expansión, ya que los intercambios comerciales y culturales pudieron favorecer el flujo de ideas, lo cual tuvo como consecuencia que muchas comunidades pasaran directamente del uso de la piedra al bronce sin emplear previamente el cobre.

Periodización y estado actual de las investigaciones

El hecho de que la Edad del Bronce se desarrollara en momentos diferentes tanto en el tiempo como en el espacio, complica enormemente el problema de la periodización. Así existen diferentes perspectivas a la hora de establecer la cronología de este periodo, en función del método utilizado por cada investigador. El positivismo clásico estableció desde sus inicios una periodización apoyada fundamentalmente en el registro arqueológico. De este modo a medida que se fueron dando a conocer los distintos hallazgos se fueron elaborando distintas tipologías de útiles, las cuales dieron como resultado que se establecieran importantes sincronías entre las diferentes culturas. Pero las generalizaciones, con el paso de los años, han impedido que se puedan verificar muchas de las conclusiones obtenidas en el registro arqueológico, aunque estas teorías, en contrapartida, han sido capaces de elaborar un modelo histórico-cultural bastante completo. Dentro del positivismo hay que destacar el modelo tipológico elaborado por V. Gordon Childe, para el ámbito europeo, en el cual estableció una división tripartita, calificada por algunos estudiosos como prototipo de realismo antiteórico. También para el caso europeo nos encontramos con la periodización llevada a cabo por Evans, el cual especializándose en el área del Egeo, realizó múltiples divisiones y subdivisiones tripartitas que en ocasiones han sido utilizadas para otras zonas del continente.

El modelo convencionalista por su parte, establece que la periodización no debe tener un valor por sí misma, sino que debe tratarse de un punto de referencia válido para el investigador, ya que de este modo, éste puede utilizar como base una cronología establecida a priori y centrarse en la construcción de modelos hipotéticos. Pero este modelo necesita que se establezca un ámbito de investigación limitado, ya que por sus propias características impide la generalización, así con el fin de ampliar su campo de acción se ha recurrido al uso de las dataciones absolutas con carbono 14.

Por regla general se tiende a utilizar la clasificación clásica que divide la Edad del Bronce en tres periodos consecutivos, Bronce Inicial; Medio y Final; aunque debido al gran número de culturas que se han descubierto, cada vez es más complicado completar estos periodos y acoplarse a estas subdivisiones, puesto que es frecuente que determinadas piezas, que se han considerado como típicas de un periodo en particular, aparezcan y desaparezcan en el mismo horizonte cultural. Así se tiende a estudiar la Edad de Bronce en zonas geográficas concretas, puesto que a pesar de que se encuentran muchas similitudes entre las diferentes culturas, es muy complicado realizar generalizaciones validas para los diferentes puntos del planeta. De este modo, en opinión de los expertos, el uso del bronce sí bien supuso una evolución importante, no cambió sustancialmente los modos de vida preexistentes, sino que las repercusiones comenzaron a detectarse con el paso del tiempo, aunque como es lógico, los ritmos de cambio fueron variables dependiendo de las distintas sociedades.

Edad del Bronce en África

La Edad del Bronce no se inició en el continente africano hasta épocas plenamente históricas, incluso en culturas altamente desarrolladas como es el caso del Egipto faraónico. En muchas regiones incluso se ha documentado que la metalurgia del bronce es posterior al uso del hierro, por lo que se ha demostrado que muchos grupos humanos abandonaron el uso de los instrumentos de piedra sin necesidad de utilizar previamente el bronce.

Los egipcios comenzaron a utilizar la metalurgia del cobre y el oro durante el denominado periodo Arcaico (3000 a. C.), aunque se ha documentado la presencia de instrumentos de cobre ya durante el Neolítico. Pero a pesar de que los egipcios dominaron perfectamente las técnicas para trabajar estos metales, muchos estudios han probado que no se abandonó la utilización de instrumentos de piedra, como ocurrió en otros puntos del planeta, hasta mucho después de la aparición del bronce. Este comportamiento tan peculiar se ha explicado por dos motivos: el primero de ellos está relacionado con la gran abundancia de sílex y rocas calcáreas que existe en los acantilados que rodean al valle del Nilo, así la piedra fue un material barato y fácil de encontrar. El segundo motivo por el que se conservó el uso de la piedra fue porque gran parte del ritual religioso, que tan importante era para los egipcios, se realizaba con instrumentos de este material, por lo que esto contribuyó a que se conservaran intactas las técnicas ancestrales de la talla de la piedra en general y del sílex en particular. No hay duda de que estos factores contribuyeron a que los inicios de la Edad del Bronce fueran más tardíos en esta región, que otras zonas del Mediterráneo que tenían un desarrollo social y cultural similar al del antiguo Egipto. Así la civilización egipcia no se incorporó plenamente a la Edad del Bronce hasta comienzos del llamado Imperio Medio (2060-1785), aunque muchos autores han señalado que el bronce no desplazó totalmente al cobre, puesto que a pesar de que este material era más sensible al desgaste, era más fácil de obtener que el estaño y el plomo, minerales necesarios para fabricar la mencionada aleación.

Inseparable a la historia de Egipto por su proximidad, es la historia de los pueblos que habitaban en la llamada región de Nubia. Estos territorios fueron un importante centro de difusión cultural, ya que conectaron el centro del continente africano con el mundo Mediterráneo. Los antiguos egipcios mantuvieron frecuentes contactos con los nubios desde épocas muy tempranas, puesto que en esta zona existían importantes yacimientos auríferos, por este motivo muy pronto fueron codiciadas estas tierras, pero no fue hasta el inicio del Imperio Medio, concretamente en la XII Dinastía (1994-1786 a. C.); cuando los faraones procedieron a su ocupación. La mencionada invasión de Nubia provocó que estas gentes asimilaran como propios muchos de los modos de vida del Egipto faraónico, pero esta asimilación política y cultural no implicó que no se desarrollaran culturas originales, las cuales fueron muy importantes al final de este periodo. En este sentido destaca la cultura que se desarrolló en la ciudad de Kerma (1730-1580 a. C.), capital del reino de Kush, donde se han podido encontrar además de grandes cantidades de objetos de oro, debido a la riqueza que de este mineral existe en la zona; numerosos objetos de plata y bronce de gran calidad, aunque parece que estos últimos fueron importados de otras regiones.

Por lo que respecta al resto de África hay que tener en cuenta las notables diferencias sociales, económicas y culturales que se pueden detectar en las distintas comunidades. Así aunque la cultura egipcia se desarrolló en este continente, los modos de vida del resto de grupos humanos no alcanzaron estadios culturales tan desarrollados hasta muchos siglos después. Los egipcios ya en su época fueron conscientes de la existencia de este desfase, por lo que en ocasiones adoptaron actitudes beligerantes con los pueblos vecinos, los cuales atraídos por las enormes riquezas atacaron constantemente sus fronteras. Así muchos de los grupos que habían permanecido en el desierto del Sahara durante el Neolítico fueron concentrándose progresivamente en las márgenes del mencionado desierto, donde las condiciones de vida eran menos duras, de este modo algunos de estos grupos fueron incorporando, por su proximidad a la frontera egipcia, muchos aspectos de su cultura material, entre los que podemos destacar el empleo de objetos de bronce, aunque la mayoría de autores afirman que en general no existió una industria metalúrgica muy desarrollada.

Tradicionalmente se ha considerado que en el Norte de África la Edad de los Metales no se inició, hasta la llegada de los fenicios. Pero las últimas investigaciones han aportado datos concluyentes negando esta afirmación. De este modo se ha podido constatar que existieron intercambios comerciales con la Península Ibérica y con otras zonas del Mediterráneo desde épocas anteriores a la colonización, que explican por ejemplo la presencia de vasos campaniformes en Ceuta y Tetuán; de la misma manera que permiten asegurar que desde el 1500 a. C. eran conocidos los objetos de bronce, aunque hay que señalar que nunca existió una industria local capaz de satisfacer la demanda interior, puesto que en el Norte de África no hay yacimientos de estaño. A pesar de todo se ha podido encontrar notables influencias culturales típicas de la Edad del Bronce, como los megalitos de Argelia y Túnez, similares a los construidos en Cerdeña (nuragas), y tipos cerámicos como la denominada alfarería Kabila, la cual tiene muchas similitudes con la cerámica de la Cultura de Castelluccio. Por tanto hay que destacar que esta zona tuvo una presencia destacada en los circuitos comerciales del Mediterráneo antes de la fundación de la ciudad de Cartago.

Por último hay que señalar que en el África Subsahariana no se conoció la metalurgia del bronce hasta fechas relativamente recientes. De este modo aunque se han encontrado vestigios del uso del cobre en algunas regiones de Mauritania y Níger, se puede afirmar que la mayoría de los grupos humanos que residieron estas zonas abandonaron el uso de los instrumentos de piedra cuando conocieron la metalurgia del hierro. Llegados a este punto hay que tener en cuenta que la incorporación de los instrumentos metálicos no se produjo de forma uniforme, como prueba el hecho de que en el año 1000 d. C. muchas poblaciones conservaran intactos sus modos de vida prehistóricos, así dependiendo del grado de desarrollo de las diferentes sociedades y de los contactos que mantuvieran con el exterior, se abandonaron los antiguos útiles de piedra más o menos rápidamente.

Edad del Bronce en Asia

Todos los autores coinciden en señalar que los inicios de la metalurgia se produjeron en el continente asiático, donde desde principios del VII Milenio a. C. se han encontrado indicios del uso del cobre batido en algunos yacimientos de Anatolia. Así por regla general se ha asociado el nacimiento de la metalurgia con el nacimiento de los primeros asentamientos urbanos, pero hay que señalar que no siempre el desarrollo urbanístico coincidió con el desarrollo de la metalurgia, ya que las primeras ciudades aparecieron al calor de la revolución Neolítica en la zona Sirio-Palestina entre el X y el VIII Milenio a. C. Es concretamente en la zona del Próximo Oriente donde más rápidamente se generalizó el uso del cobre y donde más rápido evolucionaron las técnicas metalúrgicas, de este modo se ha documentado que el bronce apareció en la zona de Mesopotamia aproximadamente en el IV Milenio a. C, durante el periodo de apogeo de Uruk (3750-3200 a. C.).

Durante las primeras fases del Bronce Antiguo en el Próximo Oriente, podemos observar como las primitivas estructuras urbanas se fueron transformando en organizaciones territoriales ampliamente jerarquizadas. De este modo se puede apreciar como se fue consolidando el poder político-militar, completamente disociado de la religión; y como la cultura alcanzó un alto grado de desarrollo. Pero la situación cambió a finales del III Milenio a. C., ya que se ha detectado en los distintos yacimientos la aparición de importantes niveles de destrucción, que podrían estar motivados por los numerosos conflictos sociales, que se iniciaron con la llegada de nuevos grupos humanos, los cuales en la mayor parte de los casos no se encontraban ni social ni culturalmente tan desarrollados. Estos hechos pueden explicar como en muchos territorios de Siria, Palestina, Mesopotamia y Anatolia se produjo el estancamiento de importantes ciudades, e incluso se puede detectar como la cultura material experimentó un importante retroceso. La situación cambió notablemente a principios del II Milenio a. C., ya que se inició una nueva fase transicional en la que algunos pueblos adquirieron gran importancia, como es el caso de los Amoritas. Así tras la destrucción se produjo el renacimiento de muchos establecimientos urbanos, que si bien en principio no estuvieron tan densamente poblados como en fases anteriores, poco a poco fueron recuperando su antiguo esplendor, como demuestra que se produjera el nacimiento de nuevos poderes, como la III dinastía de Ur en Mesopotamia. Pero no hay que olvidar que hubo zonas que quedaron profundamente marcadas por la destrucción, como por ejemplo el Imperio Acadio, el cual desapareció en manos de los Guti.

La aparición de nuevas culturas y la integración del sustrato cultural precedente marcaron la transición entre Bronce Antiguo y el Bronce Medio. Se inició de este modo una etapa caracterizada por la gran estabilidad política, que propició un gran desarrollo de las actividades económicas y culturales. Llegados a este punto nos encontramos con que se desarrollaron importantes ciudades en todo el Próximo Oriente, como Babilonia y Asiria en Mesopotamia; Alepo y Ebla en Siria, o las ciudades palestinas; así también aparecieron importantes principados independientes en Anatolia.

En Mesopotamia los efectos de la crisis del III Milenio a. C. se superaron casi totalmente tras la caída de la III Dinastía de Ur, cuando nuevos gobernantes de procedencia amorita tomaron el relevo y surgieron, como nuevas ciudades hegemónicas de este periodo, Isin y Larsa. Los enfrentamientos entre las distintas ciudades fueron continuos, pero en ningún caso afectaron radicalmente a la cultura material, ya que, por el contrario, se puede percibir un gran proceso de asimilación cultural, que se incrementó con la llegada de nuevos pueblos. Esta época de claro desarrolló se truncó aproximadamente en el siglo XVIII a. C., momento en el que se produjo la aparición de nuevas dinastías en Babilonia, que trajeron consigo nuevas formas de gobierno, las cuales cristalizaran con la implantación de la denominada Dinastía Cassita. Posteriormente durante la época Paleobabilonica, la ciudad de Babilonia fue perdiendo poco a poco la hegemonía política y económica, este proceso que se inició tras la muerte de Hammurabi; actuó en favor de la ciudad de Mari, la cual mantuvo importantes contactos comerciales con el occidente del Próximo Oriente.

Siria y Palestina presentan por su parte, una situación bastante compleja durante el Bronce Medio, puesto que se pueden establecer notables diferencias entre los asentamientos costeros y los del interior. De este modo la llegada de diferentes pueblos provocó que se produjeran notables cambios en la organización social y política en periodos muy cortos de tiempo, por lo que en ocasiones éstos debieron de ser traumáticos y provocaron notables tensiones entre los diferentes grupos. A pesar de todo hay que tener en cuenta que debido a su proximidad, los intercambios entre las ciudades costeras y del interior debieron ser frecuentes, por lo que muchos aspectos de la vida cotidiana de estas gentes tuvieron que ser semejantes. En el caso particular de Siria hay que destacar la creación de nuevos tipos arquitectónicos, los cuales fueron empleados en los palacios y en los llamados templos paleosirios. Es evidente que se abandonaron los modelos mesopotámicos y se crearon unas construcciones nuevas y originales, aunque algunos autores han afirmado que en cierta medida la cultura egipcia tuvo una gran influencia en estos territorios. Palestina por su parte, vivió un momento de esplendor durante el Bronce Medio II. Esta región estuvo plenamente integrada en los circuitos comerciales del Mediterráneo Oriental, por lo que las influencias de Egipto debieron ser muy importantes. De este modo mientras en Siria se abrió un periodo de decadencia en el Bronce Medio III, momento en el que la mayoría de las ciudades fueron abandonadas; en Palestina se ha podido documentar la construcción de nuevos templos, lo cual es un claro indicio, del buen momento económico del que disfrutaban la mayoría de las ciudades de este territorio.

Por lo que respecta a Anatolia hay que destacar que durante el Bronce Medio se produjo la construcción de numerosos principados independientes. Dicha organización ha determinado que se puedan establecer diferentes áreas culturales en este amplio territorio. En Anatolia Occidental podemos destacar como principal centro de poder la ciudad de Beycesultan, la cual intentó mantener en todo momento su independencia con respecto a las regiones del este. Las ciudades costeras jugaron un papel muy importante durante este periodo, puesto que se incorporaron a los circuitos comerciales que se desarrollaron en el Egeo, así intentaron salvaguardar su independencia con respecto a otras ciudades de su entorno, aunque, como ha demostrado la arqueología, gran parte del tiempo fueron controladas por la mencionada ciudad de Beycesultan. Por su parte en Anatolia Central, si en un principio lo más destacable fue el nacimiento de los llamados Karum Capadocios y los numerosos contactos comerciales que se mantuvieron con las ciudades asirias, desde mediados del siglo XVIII a. C. cobró especial protagonismo un nuevo poder, el Imperio Hitita.

Mención aparte merece los cambios que se detectaron en los ritos funerarios, en los primeros estadios del Bronce Medio. Hay que tener en cuenta que en Mesopotamia, Siria y Palestina se abandonaron las practicas de inhumación colectiva y comenzaron a extenderse las inhumaciones individuales, tanto primarias como secundarias, en tumbas de cámara excavadas en la roca con pozo de acceso, sobre las cuales se han establecido diversas tipologías atendiendo a los ajuares que contenían y a su morfología. Así a pesar de las notables diferencias que podemos encontrar en estos enterramientos, hay que señalar que en todos los casos las necrópolis se encontraban fuera del área habitada. Por lo que respecta a Asia Occidental se han encontrado enterramientos en pithoi, tanto en el interior como en el exterior de las ciudades; y en algunos puntos de Anatolia y Palestina han aparecido enterramientos en cistas. Durante el Bronce Medio II, especialmente en sus estadios finales, en Palestina se ha podido evidenciar una fuerte tendencia a practicar las inhumaciones colectivas en lugares alejados de los asentamientos. Pese a que se continuaron conservando los ritos funerarios de tradición anterior, muchos autores han querido ver en este cambio la asimilación de ciertos comportamientos propios del Mediterráneo Oriental.

La transición del Bronce Medio al denominado Bronce Final o Reciente se produjo en el próximo Oriente en un momento de profunda inestabilidad social y política. Así a mediados del siglo XVI a. C. se sucedieron los enfrentamientos entre las diferentes potencias, las cuales pretendían imponerse sobre las demás por los enormes beneficios económicos que había en juego y sobre todo por razones políticas y militares. El Imperio Hitita, los reinos Cassita de Babilonia y Hurrita de Mitanni y la XVIII Dinastía de Egipto, mantuvieron relaciones muy complejas en los momentos iniciales de este periodo, ya en muchas ocasiones se sucedieron las declaraciones de amistad, que sirvieron para formar alianzas contra terceros, y las declaraciones de guerra. En este sentido hay que destacar los numerosos enfrentamientos que mantuvieron Hititas y Egipcios, los imperios de mayor envergadura.

Durante el Bronce Reciente se produjo un notable incremento de las relaciones comerciales con el Mediterráneo. Ha quedado registrada la presencia de comerciantes de la ciudad de Micenas en Anatolia, Siria y Palestina. El comercio interior también se desarrolló notablemente, gracias a la domesticación del camello, y fue precisamente este incipiente comercio el origen de las disputas entre Hititas, Hurritas y Cassitas. De este modo, a pesar de los numerosos enfrentamientos, nos encontramos con que en los primeros estadios del Bronce Reciente se dio un periodo de bonanza económica, que se vio truncado en el siglo XIII a. C. por la aparición de los llamados Pueblos del Mar, los cuales parece que llegaron a estas zonas en sucesivas oleadas. Pero hay que destacar, que a pesar del enorme impacto que produjeron las invasiones de estos pueblos, en el registro arqueológico no se han detectado cambios sustanciales en las tradiciones locales, de este modo Anatolia Central, Mitanni y Babilonia mantuvieron intactas sus líneas de evolución. Por lo que respecta a las ciudades de Asía Menor, en Troya, si bien en un principio se puede hablar de una continuidad muy acusada, la llegada de los invasores, posiblemente procedentes de Europa Continental, provocó la destrucción de la ciudad (Troya VI) y tras su reconstrucción (Troya VII) se puede observar un cambio sustancial en los elementos de la cultura material. La otra ciudad importante de este territorio Beycesultan por el contrario, continuó conservando sus antiguas tradiciones, e incluso se ha afirmado que en un momento concreto se intentó recuperar las antiguas tradiciones, sobre todo en materia religiosa.

Pero que se intentara mantener las antiguas tradiciones, no quiere decir que no nos encontremos con importantes cambios culturales. Así, en lo que respecta a los ritos funerarios de algunas regiones comenzó a introducirse el rito de incineración, que en Anatolia tuvo una larga tradición, así en Troya VI se ha excavado una necrópolis a extramuros de la ciudad en la que se practicó solamente este rito funerario; en Siria la necrópolis de Hama, es un ejemplo claro del cambio que se experimentan los enterramientos. En Palestina por el contrario se aprecia que se mantuvieron fielmente las tradiciones en lo que se refiere a enterramientos, aunque se han encontrado algunas tumbas donde se practicó la incineración, éstas debieron pertenecer a gentes originarias de otras regiones.

Es necesario tener en cuneta que los numerosos conflictos internos primero y la amenaza de los Pueblos del Mar después, propició que se produjeran importantes cambios en la organización de los distintos ejércitos, de este modo en Mesopotamia el ejército babilonio se organizó a partir de una verdadera casta militar, compuesta por los soldados veteranos, los hijos de éstos y aparte los llamados soldados del rey, que sólo se incorporaban a filas en caso de necesidad. La arquitectura militar también se desarrolló notablemente en este periodo, ya que se hizo necesario construir poderosas fortificaciones capaces de soportar los frecuentes enfrentamientos con los enemigos. Fue en las ciudades Hititas de Anatolia donde más progresos se alcancen en este sentido.

Finalmente hay que señalar que el inicio de la Edad del Hierro estuvo marcado en el Próximo Oriente por la aparición de numerosos conflictos políticos y sociales. Entre el año 1200 y 1000 a. C. los instrumentos de bronce fueron relegados a un segundo plano en favor de los instrumentos de hierro, los cuales permitieron aumentar el campo de acción del uso de los metales y sobre todo aumentar la cantidad de trabajo realizado. Pero no hay que olvidar que en la mayor parte de los casos, el hierro se dio a conocer por estar presente en el armamento de las poblaciones que irrumpieron en este territorio, por lo que la incorporación de este metal no fue una evolución a través de la experimentación, sino que se produjo en la mayor parte de los casos de un modo traumático.

Fuera del marco geográfico de Próximo Oriente asiático nos encontramos con que el inicio de la Edad del Bronce en China estuvo marcado desde sus comienzos, por las notables transformaciones que se operaron tanto en la cultura material, como en la organización social y política. En opinión de la mayoría de los investigadores en este periodo se produjo el nacimiento de la llamada Alta Cultura China, la cual se desarrollo entre el III y el II Milenio a. C. De este modo se pueden apreciar notables cambios en la organización social, que tendió hacia una fuerte jerarquización y sedentarización; por otro lado se pueden atestiguar importantes cambios en la economía, los cuales sentaron las bases para la consecución de una progresiva especialización; y por último hay que destacar importantes cambios culturales que tuvieron en la aparición de los primeros documentos escritos su máxima expresión. Todo parece indicar que el uso del bronce se generalizó muy rápidamente en amplias zonas del territorio chino, aunque destacó especialmente la cuenca del río Amarillo, la cual se convirtió en un gran foco de atracción de las migraciones internas. Algunos historiadores han afirmado que la gran movilidad de la población y las influencias que se recibieron del exterior, sobre todo de los pueblos indoeuropeos, fueron cruciales para entender el gran desarrollo que conoció la metalurgia del bronce en tan poco tiempo. Finalmente hay que señalar que gracias a los documentos escritos que se han conservado, podemos constatar en este periodo el nacimiento de las primeras dinastías, aunque en ocasiones los datos de los que disponemos se mueven entre la realidad histórica y la leyenda, se han encontrado listados de monarcas, que nos hablan de la progresiva feudalización de la zona. Así en este contexto habría que destacar por su importancia las tres primeras dinastías, la dinastía Xia; la dinastía Shang y la dinastía Zhou.

Por último dentro del contexto asiático, hay que hacer referencia a los orígenes de la civilización India, los cuales están íntimamente relacionados con la incorporación a la cultura material de la metalurgia bronce. Así en las inmediaciones del Indo, aproximadamente en el 3000 a. C. nació la llamada Civilización de Harappa. Dicha cultura, partiendo de rasgos puramente Neolíticos, pudo evolucionar hasta integrarse en la Edad de los Metales, gracias sobre todo a las aportaciones culturales que recibió de grupos indoeuropeos entre el 1500 y el 1200 a. C y a los numeroso contactos comerciales que mantuvo con algunas zonas del Próximo Oriente. Pero a pesar de la importancia de este periodo, cuna del sistema de castas, del budismo y del jainismo, se disponen de muy pocos datos que puedan ofrecer una visión totalizadora del conjunto.

Edad del Bronce en Europa

Todos los datos parecen indicar que la Edad del Bronce dio comienzo en Europa en los últimos años del III Milenio a. C., aunque podemos encontrar notables diferencias regionales, ya que mientras en el continente se continuaba utilizando el cobre para la elaboración de útiles, en el Egeo, desde finales del IV Milenio y principios del III a. C., encontramos sociedades plenamente integradas en la Edad del Bronce.

De este modo en el Egeo, a partir de una cultura plenamente neolítica; se han encontrado las primeras manifestaciones relacionadas con la Edad del Bronce en Europa, aunque hay que tener en cuenta que las transformaciones en la economía, la cultura y la sociedad no se produjeron de forma brusca, sino que fueron cambios paulatinos de escasa significación en los primeros momentos. De este modo en la llamada Edad del Bronce Inicial o Antiguo (3200 a. C.- 2200 a. C.) apenas podemos encontrar diferencias entre las distintas culturas que se desarrollaron en el territorio, puesto que se percibe la continuidad del sustrato anterior. Nos encontramos con un poblamiento disperso, en el cual se puede observar la continuidad de los asentamientos neolíticos, aunque aparecen nuevas poblaciones, donde en algunos casos se incorporan bastiones defensivos, lo que indica un mayor grado planificación urbanística. Se puede apreciar un retroceso en la fabricación de objetos de piedra, aunque se han encontrado cuchillos, dientes de hoz y puntas de flecha elaboradas con sílex, debido a que se produjo un aumento importante de los útiles metálicos, sobre todo desde la adopción definitiva del bronce. En cuanto a la economía, se trataba de sociedades dedicadas a la agricultura y la ganadería, donde se empezó a desarrollar una tendencia cada vez más clara hacia la especialización. En los enterramientos encontramos algunas diferencias, así mientras que en Creta aparecen sepulturas circulares, como las de Messara; en las Islas Cícladas nos encontramos con inhumaciones en fosas y en algunos casos en lugares de habitación; y por lo que respecta a Grecia continental, aparecen inhumaciones colectivas en cuevas artificiales. Diferencias se pueden encontrar también en la cerámica, ya que en Creta por estos años se desarrollan la cerámica pintada del tipo Koumasa y Vassiliki; en las Islas Cícladas encontramos cerámicas impresas e incisas y por último en Grecia apareció la cerámica de engobe rojo.

El Bronce Medio en el Egeo supuso la individualización de los diferentes pueblos que habitaban en la zona, así a finales del Bronce Antiguo las invasiones indoeuropeas pudieron romper el frágil equilibrio del territorio. En las Islas Cícladas se aprecian dos influencias bien definidas, por un lado del noroeste del Egeo y por otro de Creta. Se produjeron cambios significativos en el poblamiento, ya que los nuevos hábitats se construyeron en lugares estratégicos con planta rectangular; se generalizó la inhumación en fosas, donde han aparecido ajuares relativamente ricos; la agricultura y la ganadería continuaron siendo las actividades principales, y los intercambios comerciales debieron ser importantes. Por último hay que destacar algunos de los tipos cerámicos del denominado Cicládico Medio, como el vaso de plato, el cuenco cicládico carenado con un asa, o la copa con pedestal.

En Grecia Continental se desarrolló el denominado Heládico Medio, caracterizado por la llegada en el II Milenio a. C. de los pueblos aqueos, aquí se generalizaron las casas con ábside, adosadas entre sí formando una potente muralla defensiva; y los enterramientos en los mismos lugares de habitación. Hay que destacar la incorporación del torno de alfarero, ya que tuvo como resultado la fabricación de los vasos de tipo minio, en rojo, gris o negro; y una cerámica amarilla decorada con pintura mate. Finalmente en la isla de Creta se desarrolló el denominado Minoico Medio (2100 a. C. al 1600 a. C). Durante este periodo se realizó la construcción de los primeros palacios y podemos percibir, estudiando los restos de las ciudades, no sólo la aparición de nuevos tipos de hábitats y la expansión territorial, sino también que se consolidó una estructura social bien definida y profundamente jerarquizada; la elite controlaba la mayor parte de la producción, sobre todo las actividades relacionadas con el comercio. Desde el punto de vista cultural hay que señalar la aparición de la escritura como hito fundamental, así, se han clasificado los diferentes tipos escritura como: jeroglífica cretense, lineal A y lineal B. Por lo que respecta a la cerámica aparecieron los llamados vasos de nido de pájaro y con la incorporación del torno rápido aparece la cerámica de cáscara de huevo.

En el denominado Bronce Reciente, hay que destacar el protagonismo que en este periodo adquirió la Grecia Micénica, cuyo mejor exponente fue, en el Heládico Reciente, la consolidación de la ciudad de Micenas. Así aunque este no fue el único motor de cambio en la zona, hay que destacar el gran desarrollo que adquirieron los enterramientos en fosa, y sobre todo el alto grado de jerarquización que se produjo en la sociedad, con la aparición de las residencias principescas. Han aparecido múltiples objetos de adorno personal, sobre todo en los ajuares funerarios, lo cual da muestra que estos adornos eran un síntoma claro del prestigio y condición de la persona que utilizaba estos objetos en su vida cotidiana. Se produjo además un aumento importante de la riqueza y de la población, por otro lado hay que señalar que en estos años se intensificaron las relaciones con otros puntos del Mediterráneo. Durante el Minoico Reciente (1500 a. C.) se produjo el apogeo de la civilización palacial, la reconstrucción de los palacios supuso pues una nueva época de esplendor, como prueba la aparición de los famosos frescos cretenses y el desarrollo que alcanzaron las llamadas artes menores. Además de en la sociedad, también se puede apreciar la aparición de notables cambios en la economía, que aunque basada fundamentalmente en la agricultura y la ganadería, tuvo en la actividad metalúrgica un importante factor, así la necesidad de importar materias primas para la fabricación de objetos metálicos trajo consigo que se afianzaran las relaciones comerciales con Oriente y con Egipto. Finalmente hay que tener en cuenta que la influencia que tuvo la cultura Micénica en las Islas Cícladas tuvo como consecuencia la práctica asimilación cultural de esta región. El final de la Edad del Bronce en el Egeo estuvo marcado por la destrucción de los segundos palacios y por el inicio en Grecia continental de la llamada Edad Oscura, lo cual plantea notables problemas para establecer una secuencia entre el fin de éstas culturas y el inicio de la Edad del Hierro.

Como se comentó con anterioridad la Edad del Bronce en el resto de Europa fue mucho más tardía, por este motivo teniendo en cuenta la ubicación geográfica de las distintas culturas y el momento en que se asimiló la metalurgia del bronce podemos encontrarnos notables variantes regionales.

En el centro de Europa podemos destacar dos culturas que se desarrollaron en el Bronce Antiguo, Unetice o Anjetitz (1800- S. XV a. C.) y Otmani. El grupo cultural denominado Unetice tuvo un origen confuso puesto que se formó a partir de la unión de varios pueblos. La explotación de las numerosas minas de cobre permitió a estos pueblos desarrollar la metalurgia y debido a su privilegiada situación, controlaron las rutas comerciales del ámbar y el oro, las cuales conectaban el Báltico con la Grecia Micénica. Además del comercio completaban su economía con la cría de cerdos, bueyes y caballos. Por su parte el grupo Otmani tuvo un carácter eminentemente guerrero, como prueban las poderosas fortificaciones de sus asentamientos y el gran número de armas que han aparecido en estos yacimientos. Estos pueblos basaron su economía fundamentalmente en la agricultura y en la cría de bueyes y caballos, lo cual además de darles gran movilidad les permitió usar el carro de cuatro ruedas. En un primer periodo sus enterramientos fueron de inhumación, aunque en el equivalente al Bronce Medio; Otmani Tardío, se detecta un cambio en los ritos funerarios y comienza a aparecer la incineración.

Durante el Bronce Medio aparece la llamada Cultura de los Túmulos, la cual se extendió desde el Rin hasta los Cárpatos y desde los Alpes al Báltico. Esta cultura debe su nombre a los ritos funerarios que practicaban, así se trata de sepulturas de inhumación individual, sobre el que se colocaba un montículo de tierra. La Cultura de los Túmulos debido al gran territorio que abarcó, ha sido subdividida en diferentes grupos, así nos encontramos con el Grupo Danubiano, que mantiene en los enterramientos la tradición de las hachas de combate húngaras; el Grupo de Baviera, que mantuvo también notables influencias húngaras y fabricaron espadas con empuñaduras macizas; el Grupo del Norte de Alemania, con influencias del norte de Europa, se caracterizan por la utilización de ataúdes de madera; y por último el llamado Grupo Herciniano del Palatinado y Franconia, que destaca por su peculiar cerámica y por los alfileres que empleaban para sujetar la ropa.

Por último el Bronce Final supone la aparición de la llamada Cultura de los Campos de Urnas (1250-750 a. C.). Esta cultura provocó notables cambios en la zona, sobre todo por lo que respecta a la población, la cual sufrió un espectacular aumento.

Los inicios de la Edad del Bronce en el norte de Europa fueron contemporáneos a la aparición del Bronce en el centro del continente. Estos grupos continuaron conservando sus modos culturales de forma invariable hasta aproximadamente el 1600 a. C., momento en que cayeron bajo la influencia de Unetice. Nos encontramos con una región en la que no abundan los metales, por lo que sus contactos con otros pueblos europeos determinaron su incorporación a la Edad del Bronce, estos contactos fueron continuos debido a que el norte de Europa fue un gran centro exportador de ámbar. Durante el Bronce Medio se puede observar como se ha consolidado la industria metalúrgica, gracias al comercio del ámbar, lo cual determinó que el norte de Europa se convirtiera poco a poco en un importante foco metalúrgico, que recibió importantes influencias de las gentes de la Cultura de los Túmulos. Finalmente en esta zona, en el llamado el Bronce Final, es posible detectar un fuerte crecimiento de la población, que se ha atribuido sobre todo a la intensificación del cultivo de cereales y al aumento de los intercambios comerciales. Poco a poco se fue imponiendo el rito de incineración y se puede afirmar que alrededor del año 1000 a. C. estaba totalmente asimilado. Hay que destacar además la gran cantidad de objetos de bronce que se han encontrado y la existencia de talleres especializados en la fabricación de vasos y objetos de orfebrería, sobre todo en oro.

La metalurgia del bronce no penetró hasta el II milenio a. C. en el Mediterráneo Occidental, e incluso en algunas regiones ésta no se conoció hasta el I milenio a. C. Así algunos pueblos continuaron viviendo según sus modos de vida tradicionales durante muchos siglos, lo cual produjo un enorme desfase entre esta parte del Mediterráneo y el Egeo.

El caso de la península Itálica merece una atención especial, ya que mientras en el norte y en las costas del Adriático se produjo una ruptura clara con el sustrato anterior en el Bronce Inicial, en la zona meridional y en las costas del Tirreno se continuó utilizando la metalurgia del cobre. Nos encontramos con la aparición de grupos como el Asciano, Ritranpasone y el grupo denominado Polada. Los ascianos fueron un pueblo dedicado fundamentalmente al pastoreo, del que se conocen muy pocos datos, ya que tan sólo se ha encontrado un enterramiento en una cueva artificial. Del segundo grupo, Ritranpasone, tampoco se disponen de muchos datos, ya que tan solo se han encontrado algunas sepulturas individuales y un enterramiento colectivo en cueva.

En el Bronce Medio del norte de Italia nació la llamada Cultura de las Terramaras. Estas gentes vivían en palafitos y fundamentalmente se dedicaban a la agricultura y la ganadería, aunque poseían una pequeña industria metalúrgica de carácter local, que muy pronto creó nuevos tipos de armas. Pero la cultura más destacable de esta zona, es la llamada Cultura Apenínica, la cual se convirtió en la cultura predominante en la península Itálica; dedicados fundamentalmente al pastoreo, todo parece indicar que fueron pueblos seminómadas, ya que utilizaban como hábitat abrigos y cuevas de las montañas, aunque también se han encontrado hábitats en zonas llanas. Durante el Bronce Final, las excavaciones arqueológicas han demostrado que se continuaron conservando las antiguas costumbres, pero se fueron haciendo cada vez más evidentes las influencias externas, como es el caso de la zona sur, donde los intercambios con los comerciantes griegos estuvieron muy extendidos. También se han encontrado vestigios de contactos con Europa central, como prueba la adopción de ritos funerarios propios de la cultura de Campos de Urnas.

Por lo que respecta a la Francia mediterránea, tan sólo en el sur se produjo la penetración de nuevos modos de vida, sobre todo tras el comienzo de la civilización de los llamados Campos de Urnas, así nos encontramos con la llamada Civilización del Ródano y con los grupos de Provenza y Languedoc. La Civilización del Ródano localizó fundamentalmente en el valle del mencionado río; se trató de una cultura que, a pesar de conservar gran parte de sus modos tradicionales de vida, entro en contacto con grupos centroeuropeos y en fases intermedias recibió fuertes influjos de Unetice. Los grupos de Provenza y Languedoc conservaron las tradiciones mediterráneas y mantuvieron frecuentes contactos, aunque de forma tardía, con el Egeo sobre todo de tipo comercial con Micenas.

En la Península Ibérica nos encontramos con que en el II milenio a. C. pervivió un sustrato plenamente neolítico, donde se produjo desde fechas muy tempranas el uso de la metalurgia del cobre, así, teniendo en cuenta la gran diversidad geográfica, se ha estructurado el estudio de la Edad del Bronce en diferentes áreas, puesto que se dieron tanto manifestaciones propias del Bronce en el Mediterráneo, como del Bronce Atlántico.

Por último en la zona mediterránea hay que tener en cuenta las culturas que se desarrollaron en las diferentes islas. De este modo el inicio de la Edad del Bronce en la isla de Malta estuvo marcado por la llegada de gentes que introdujeron, además del rito de incineración en los enterramientos (Necrópolis de Tarxien), una cerámica incisa muy brillante y unas figurillas de arcilla muy estilizadas. Durante el Bronce Medio y Final se produjo una cierta continuidad en la cultura material, aunque tuvieron lugar algunas modificaciones en el tipo de hábitat y apareció la cerámica pintada.

Durante el Bronce Inicial en Sicilia se desarrolló la denominada Cultura de Castelluccio en la mitad occidental de la isla, donde se han encontrado placas de hueso, cerámica pintada sobre fondos amarillos y rojos, y vestigios de metalurgia del cobre. Posteriormente, durante el Bronce Medio, se produjo un cambio en la cultura material con la aparición de la Cultura de Thapsos, que se extendió por toda la isla. Los estudios llevados a cabo han detectado la aparición de importantes asentamientos, los cuales son ejemplos característicos de los primeros estadios del urbanismo; los enterramientos, en cuevas artificiales, fueron de inhumación de carácter colectivo, además se han encontrado espadas de bronce, y cerámica realizada a mano. Por último, en el Bronce Final se desarrolló la Cultura Pantálica, donde en un primer momento se abandonaron las poblaciones costeras y se construyeron otras nuevas en las montañas, las cuales posteriormente se fortificaron. Por lo que respecta a la cultura material se ha documentado el uso del torno, con la aparición de una cerámica roja brillante, y han aparecido espadas de bronce con empuñadura en forma de T.

Las islas Eolias, debido a su estratégica posición, fueron un importante centro de intercambios comerciales durante toda la Edad del Bronce. En estas islas se ha documentado la aparición de distintas culturas, siendo la más representativa del Bronce Inicial la denominada Capo Graziano, la cual pervivió hasta la aparición de la denominada cultura de Milazzo, ya en el Bronce Medio. En dicha cultura se han encontrado evidencias del uso de la metalurgia y de una fuerte presencia tanto de comerciantes de Micenas como de Egipto. Durante el Bronce Final se produjo una importante ruptura con el sustrato anterior, ya que la llegada de gentes de la Italia apenínica determinó la aparición de la llamada Cultura Ausoniana.

Por su parte en las islas de Córcega y Cerdeña durante gran parte del Bronce Inicial perduraron los modos de vida de tradición neolítica, basados en una economía fundamentalmente pastoril. Durante el Bronce Medio apareció la denominada Cultura Núragica en Cerdeña, la cual estuvo caracterizada por las llamadas nuragas o construcciones defensivas de tipo megalítico, en forma de torre troncocónica; las cuales perduraron hasta el Bronce Final. En Córcega se desarrolló la denominada Cultura Torreana, caracterizada por la construcción de torres con un marcado carácter religioso, asociadas con frecuencia a los menhires. Durante el Bronce Final todo parece indicar que esta cultura se estancó, puesto que no se produjo un cambio sustancial en los modos de vida.

Para concluir hay que hacer referencia al denominado Bronce Atlántico, el cual se desarrolló desde la zona del Báltico hasta el sur de la Península Ibérica. Se trata de una zona muy rica en minerales, por lo que una de las características principales de estas culturas fue la aparición de importantes depósitos de objetos metálicos, desde fechas muy tempranas, en los diferentes yacimientos.

Durante el Bronce Antiguo nos encontramos con la aparición de numerosas culturas, entre las que cabría destacar la denominada Cultura Armoricana y la de Wessex. La primera de ellas, la Armoricana, tuvo sus orígenes en torno al 1900-1800 a. C., momento en el que se produjo la llegada a Bretaña de pueblos denominados por algunos autores como protovikingos, ya que procedían del Mar de Norte. Estos pueblos debieron ejercer una posición dominadora frente a los antiguos pobladores, como lo evidencian las tumbas que han sido encontradas. Los ajuares funerarios de estas gentes fueron muy ricos y en ellos se pueden encontrar desde puñales de bronce hasta joyas de oro y plata, pasando por adornos de ámbar. Muy importantes fueron además los contactos con el exterior, sobre todo con las Islas Británicas y la Península Ibérica. Desde mediados del siglo XVI a. C. se puede percibir un paulatino empobrecimiento en las distintas manifestaciones de la cultura material, así esta cultura fue asimilada por la Cultura de los Túmulos aproximadamente en el 1400 a. C. Por su parte la denominada Cultura de Wessex se desarrolló en el sur de Inglaterra. En ella se puede observar también el predominio de una nobleza guerrera, la cual dominó a través del uso de la fuerza a la sociedad indígena preexistente. Fueron frecuentes también los contactos con el exterior, se han encontrado evidencias de que se produjeron importantes intercambios con zonas del centro de Europa, con la Península Ibérica y probablemente también con poblaciones del Mediterráneo.

Las distintas culturas que se desarrollaron en la denominada Europa Atlántica mantuvieron una cierta continuidad durante el Bronce Medio, momento en el que se desarrolló con fuerza la metalurgia del bronce, ya que nos encontramos en una zona donde se encuentran alojadas grandes cantidades de estaño. A pesar de esta continuidad, comenzaron a hacerse evidentes las diferencias regionales, dependiendo de la localización geográfica se fueron desarrollando diferentes tipos de instrumentos metálicos. Por otro lado los ritos funerarios también constituyeron un fuerte elemento diferenciador entre las distintas culturas, así, en muchas regiones, las ricas tumbas de la nobleza fueron sustituidas por túmulos, donde han aparecido ajuares mucho más pobres; las regiones que no asimilaron la Cultura de los Túmulos constituyeron un importante foco donde se desarrollaron tipos culturales únicos, como es el caso de las hachas de talón sin anillas, de bordes paralelos, con filo estrecho y nervio central, fabricadas en Normandía; o las puntas de lanza de tipo Saint-Brandan, de Bretaña. En este periodo hay que destacar, además de las manifestaciones culturales de la Francia Atlántica, el desarrollo que tuvo la metalurgia del bronce en los Países Bajos y sobre todo en las Islas Británicas.

Durante el Bronce Final fueron notables las influencias que recibió la Europa Atlántica de la Cultura de los Campos de Urnas. Como en el periodo anterior, podemos encontrar notables diferencias regionales a pesar de los múltiples elementos comunes. Así aparecieron nuevos sistemas de fundición, como la aleación de bronce tripartita, de cobre, estaño y plomo; que da lugar a la fabricación de nuevos tipos de armas y herramientas, que por regla general están inspirados en modelos centroeuropeos. Así los elementos metálicos, alojados en llamados depósitos de bronce, constituyen la principal fuente de información para el estudio de este periodo, ya que apenas se han encontrado asentamientos y enterramientos de esta época. La economía de estos grupos estaba basada fundamentalmente en la agricultura de cereales y leguminosas, complementada con la ganadería, de trashumancia y de estabulación. Debido a sus particularidades, como en el periodo anterior, se han diferenciado tres regiones: la Francia Atlántica, los Países Bajos y las Islas Británicas.

El Bronce Final francés se encuentra subdividido en tres etapas. Así se ha asimilado el Bronce Final I a la denominada Cultura Rosnöe, donde se han encontrado depósitos que incluyen navajas de afeitar con hoja oval, martillos, hachas de talón con anillas laterales y como elemento más característico las espadas de “tipo Rosnöe”, que tienen como peculiaridad una lengüeta trapezoidal más estrecha que el talón. La segunda etapa es la denominada Saint Brieuc des Iffs (1100 a. C.), cultura que comprende una docena de depósitos donde el elemento más característico es la espada pistiliforme. Finalmente nos encontramos en el Bronce Final III con el horizonte cultural de las llamadas espadas de lengua de carpa, las cuales han aparecido en múltiples depósitos, y se pueden encontrar desde la Península Ibérica hasta el norte de Alemania.

En los Países Bajos a pesar de la notable influencia que tuvo la cultura de los Campos de Urnas, encontramos amplias regiones donde se aparecen enterramientos de tipo tumular, en los que se han encontrado ajuares metálicos de tipos anteriores.

Por lo que respecta a las Islas Británicas se han encontrado algunos lugares de habitación, caracterizados por ser cabañas circulares con basamento de piedra, en los cuales se ha podido constatar la gran importancia que tuvo la agricultura y la ganadería para estos grupos humanos. Además se puede apreciar el gran desarrollo de la metalurgia del bronce, la cual pervivió hasta la llegada de los primeros instrumentos de hierro, que provenían, en la mayor parte de los casos, del centro de Europa y del Mediterráneo.

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