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La Independencia de América del Sur – Las Guerras de independencia hispanoamericanas

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La Independencia de Ámerica del Sur fue un proceso de desmembramiento del imperio colonial español que dio lugar al nacimiento de muchos de los estados americanos actuales.

Las primeras Independencias del Nuevo Mundo fueron las de Estados Unidos y Haití. El imperio británico tenía en las llamadas Trece colonias uno de sus núcleos fundamentales. Fue la necesidad de hacer que los anglonorteamericanos pagaran por su propia defensa, mucho más costosa tras la victoriosa Guerra de los Siete Años (1757-1763) contra Francia y España, lo que llevó a una subida de impuestos cuya consecuencia fue la ruptura del pacto colonial entre el rey y sus súbditos coloniales. Así, una revuelta antifiscal se dotó de contenido político, mientras peligrosas ideas de representatividad popular enconaron el conflicto y produjeron a largo plazo la independencia de los Estados Unidos de América. La rebelión se convirtió en guerra, y con la inapreciable ayuda de Francia y España, los colonos norteamericanos lograron independizarse en 1781, promulgaron una constitución y establecieron un sistema político moderno. Se trataba de un peligrosísimo precedente.

A partir de 1789, la isla de Haití se vió envuelta en conflictos políticos derivados de la Revolución Francesa. La radicalización social inherente a un sistema brutalmente esclavista precipitó los conflictos interétnicos, que solo se resolvieron en 1804, con la definitiva independencia de la isla, que quedó completamente arrasada. El caso de la América Española fue distinto. Confluyeron en su proceso independentista tensiones sociales y étnicas seculares, la fuerza del criollismo, la influencia de ideologías revolucionarias y las desventuras de una coyuntura política en la cual la metrópoli, regida por el despotismo ministerial de Manuel Godoy, rompió las vinculaciones de la legitimidad monárquica en sus dominios americanos. Entre 1808 y 1810, al igual que en la península, una serie de juntas fueron haciéndose cargo del poder como reacción ante el vacío institucional y la posibilidad de un dominio francés, que hubiera implicado una calamidad económica y una revolución social. Las oligarquías criollas se enfrentaron así a la posibilidad y la necesidad de lograr, por fin, un poder político del que habían sido desplazadas en las últimas décadas del siglo XVIII por las políticas reformistas.

Mediante cabildos abiertos, las oligarquías criollas dieron golpes de Estado que depusieron a los gobernantes españoles y asumieron el gobierno en nombre del deseado Fernando VII. Entre 1810 y 1814 tuvieron lugar distintos movimientos revolucionarios, con resultados contrapuestos. En el Río de la Plata y Chile, pese a las conspiraciones realistas, los independentistas, que pronto se identificaron como tales, lograron mantenerse en el poder y organizar un ejército que, bajo el mando del general San Martín, se convertirá en uno de los instrumentos de la victoria continental sobre la metrópoli española. Tras la pacificación del Río de la Plata a comienzos de 1817, San Martín cruzó los Andes, y logró la victoria de Maipú sobre los realistas. Tras la liberación de Chile, la empresa sanmartiniana debía continuar con la marcha hacia el Perú, lo que implicaba el concurso de fuerzas navales. Barcos y hombres fueron reclutados en Estados Unidos y Gran Bretaña con ese fin. En agosto de 1820, San Martín desembarcó en Perú, donde las disensiones internas de los realistas, decididos a crear un Perú independiente y monárquico, acabaron por favorecer la independencia. San Martín entró en Lima en julio de 1821. Un año después se entrevistó en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil con el otro gran protagonista de la Independencia, Simón Bolívar. Éste había logrado sellar la Independencia de Venezuela en la batalla de Carabobo (1821) y la de Colombia en la de Boyacá (1819). Por fin, en 1825, en el territorio ocupado por el antiguo Alto Perú, nacía bajo el mando de Antonio José de Sucre la república de Bolivia.

En Venezuela, tras la deposición del intendente español en 1810, se había establecido la Primera República, que desapareció en 1811, víctima de la inflación, las disensiones internas y las catástrofes militares. Dos veces lograron los realistas recuperar el país, pese a lo cual en 1816 llegó de la península para reforzarlos un ejército al mando del veterano de la guerra peninsular Pablo Morillo. En 1817 Bolívar se dio cuenta de que para triunfar debía ampliar la base social de los partidarios de la Independencia, por lo que prometió liberar a los esclavos y se atrajo a los llaneros, que se convirtieron en una formidable fuerza de combate. Tras una guerra devastadora, los realistas fueron derrotados. Como consecuencia, Bolívar cruzó los Andes y se dirigió a la capital virreinal, Santafé de Bogotá, que ocupó poco después. En 1821 los problemas de Bolívar estaban ya más relacionados con la creación de nuevas instituciones que con la victoria en la guerra, que era solamente una cuestión de tiempo.

La Independencia de México fue atípica. Comenzó con la revolución indígena y mestiza de Hidalgo y Morelos, que consolidó el conservadurismo de los grupos dirigentes. En 1821, cuando triunfaron en España los liberales, el temor a cambios políticos forzó a los patricios mexicanos, temerosos de cambios sociales, a la emancipación de España, sin menoscabo de la existencia de sentimientos patrióticos y nacionalistas en sectores importantes de la población. En 1830 solo Puerto Rico y Cuba permanecían bajo la soberanía española. Habrá que esperar a la guerra hispano-norteamericana de 1898 para que concluya el largo proceso independentista en el antiguo imperio español.

Fuente: Wiki, Espasa, Britannica

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