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Las Campañas Militares de Simón Bolivar [Military Campaigns of Simon Bolivar]

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La vida pública de Bolívar comienza a partir del 19 de abril de 1810. La Junta de Caracas que ha depuesto al capitán general español lo designa para presidir la misión que, junto con Luis Lopez Méndez y Andrés Bello como Secretario, se dirige a Londres a explicar la situación y a buscar apoyo del gobierno británico. Es una empresa difícil por la equívoca situación oficial de la Junta, que aparece ostensiblemente como defensora del rey legítimo Fernando VII contra la usurpación francesa y por la cooperación de las fuerzas inglesas en la resistencia española. Es la primera vez que Venezuela actúa por su cuenta ante una potencia extranjera, lográndose la comprensión del Gabinete de Londres y contactos con personajes influyentes. Bolívar se encuentra por primera vez con el precursor Francisco de Miranda y lo incita a regresar a Venezuela.

Para diciembre está de nuevo en Caracas. Junto con Miranda y otros patriotas coopera en las actividades de la Sociedad Patriótica, que es el centro más activo de propaganda de las ideas de independencia y república. El 3 de julio de 1811 pronuncia allí su primer discurso de relieve. Se incorpora como oficial a las fuerzas que dirige el general Miranda contra la insurrección que ha surgido en Valencia (julio-agosto de 1811) y comienza una época de intensa actividad. Por fin, tras la caída de la primera república de Venezuela y la Capitulación de Miranda logra escapar a Curazao el 27 de agosto y en octubre se traslada a Cartagena de Indias. Se dirige entonces al congreso de la Nueva Granada ofreciendo sus servicios, con lo que asocia la suerte de Venezuela a la de Colombia. En el escrito que le dirige asoman por primera vez conceptos que van a convertirse luego en convicciones fundamentales de Bolívar: la necesidad de un gobierno centralizado y fuerte, la hostilidad hacia los ideólogos partidarios de instituciones inadecuadas, la conciencia de la necesidad de la estrecha unión entre la Nueva Granada y Venezuela y la concepción de la independencia como un proyecto continental. Al servicio de la Nueva Granada entra en acción militar en 1812. Tras actuar en el Bajo Magdalena inicia en 1814 la llamada Campaña Admirable. En tres meses de operación despliega sus condiciones de jefe militar: la rapidez de decisión, la celeridad de los movimientos y la gran energía aparecen como rasgos de su carácter. Es entonces cuando lanza la Proclama de Guerra a Muerte en Trujillo, que da un sentido nacional a la lucha y separa definitivamente a los venezolanos de los españoles. En agosto entra en Caracas como general victorioso y jefe de la nueva situación política. Es ya capitán general de los ejércitos de Nueva Granada y Venezuela, y la Municipalidad le da el título de Libertador en octubre de 1813 y el empleo de capitán general. Pero a la inviabilidad institucional del régimen recién constituido se suma la aparición del caudillo realista José Tomás Boves en los llanos. Al frente de los llaneros, en una guerra profundamente adaptada a su medio y carácter, invaden el centro del país, asolan los pueblos y derrotan a las fuerzas patriotas. A veces Bolívar logra una victoria que parece cambiar la situación, como en Araure, pero las consecuencias duran poco en aquel estado de disolución general. Finalmente, los independentistas abandonan Caracas y emigran hacia oriente. Con las reliquias del ejército patriota, que ha logrado llegar hasta Nueva Granada, Bolívar toma de nuevo el mando del gobierno neogranadino.

En 8 meses de actividad sin tregua libera a Santa Fe de Bogotá, baja por el Magdalena y llega a Cartagena, donde le niegan la ayuda que pide para marchar a libertar a Venezuela. El 8 de mayo de 1815 se embarca para Jamaica en busca de auxilios para intentar una nueva campaña. En Kingston, el 6 de septiembre, publica su Carta de Jamaica, en la que describe la situación y augura el futuro del continente. A continuación se dirige a Haití, donde se reúne con numerosos patriotas que han huído. Consigue el apoyo del gobernante del sur de Haití, Alejandro Petión, para preparar una nueva campaña. Con la experiencia acumulada en la larga e infortunada lucha, con una visión más completa del problema social, que se le agudiza con lo que ha conocido del pasado de Haití y con la insistencia de Petión en la necesidad de justicia para los negros, concibe una acción de más contenido popular y revolucionario que pueda lograr el apoyo popular necesario en las luchas de independencia. Finalmente, la expedición llamada de Los Cayos parte hacia el continente el 31 de marzo de 1816. Llega a Margarita el 3 de mayo y se le admite como jefe supremo, prometiendo convocar un congreso para restablecer el Estado. El 18 de diciembre de 1816 se embarca finalmente en la segunda expedición que parte de Haití, llamada “Expedición de Jacmel” por haber salido de ese puerto. Igual que había ocurrido en la anterior, en esta final y definitiva tentativa para crear una sólida base de operaciones y un gobierno estable en Tierra Firme, Bolívar tropezará con serias dificultades. El ejército expedicionario español del general Pablo Morillo, llegado en mayo de 1815, había dominado casi todo el territorio venezolano y sometido también a la Nueva Granada hacia mediados de 1816. Ante esa situación Bolívar debe resolver previamente cuestiones fundamentales y antes que todo el reconocimiento de su jefatura suprema. La toma de Guayana le asegura una base inexpugnable de operaciones con el interior y el Orinoco. Prepara planes de campaña, organiza el ejército, intenta operaciones sobre el centro y se preocupa por darle profundidad y contenido a la revolución. Inicia también la publicación del Correo del Orinoco en Angostura, que se convierte en la conciencia doctrinaria y el mejor instrumento de propaganda revolucionaria. En febrero de 1819 se instala el Congreso de Angostura, con el objetivo de sentar las bases institucionales del nuevo Estado. Inmediatamente después de constituido el Estado con sus autoridades, de ser elegido Presidente y de presentar un proyecto de Constitución, Bolívar parte para el Apure y de manera rápida y sorpresiva inicia la campaña que, a través de los Andes, lo llevará a enfrentar sorpresivamente las tropas que había dejado Morillo en el virreinato y a derrotarlas decisivamente en Boyacá en agosto de 1819.

Libertada la Nueva Granada, se convierte en la base para la realización de vastos planes dirigidos a la independencia de los territorios del sur; el 17 de diciembre de 1819 en Angostura proclama la República de Colombia y es elegido presidente. Con el inmenso prestigio y los recursos que le ha dado la victoria de Boyacá, se desplaza incesantemente para organizar política y militarmente la nueva situación, mientras convoca un Congreso en el Rosario de Cúcuta para la organización constitucional del nuevo Estado. En junio de 1821 obtiene, en la sabana de Carabobo, la victoria que sella la independencia de Venezuela. Pero no han cesado las dificultades. Las tendencias anárquicas y regionales son grandes y en el Congreso de Cúcuta aparece nuevamente el propósito de los ideólogos más liberales de crear una federación débil y casi nominal. Aunque el Congreso lo elige presidente y vicepresidente al general Francisco de Paula Santander, la estructura del nuevo Estado presentaba serias trabas para su funcionamiento. Venezuela, al igual que los otros países, quedaba dividida en departamentos no vinculados los unos con los otros, que dependían directamente de la capital en Bogotá. En ella quedaba el vicepresidente Santander en el ejercicio de todas las atribuciones ejecutivas, junto a los órganos centrales del gobierno, mientras Bolívar, como presidente en campaña, revestido de poderes especiales para ella, se dirigía al sur. Se configuran así tres escenarios diferentes. Venezuela, la retaguardia, mal incorporada a la nueva administración y con resistencias visibles; la Nueva Granada, con el asiento del gobierno y muchos obstáculos para centralizar y regularizar la administración, y el sur, en el Ecuador y más tarde en el Perú, con Bolívar a la cabeza del ejército en una lejana y costosa campaña. La campaña del sur lo llevará hasta la parte central de la costa Pacífica y los Andes, en una realidad geográfica y social muy diferente. Bolívar tropieza con la desesperada y tenaz resistencia de los realistas de Pasto, que amparados en su áspero terreno oponen una gran resistencia. En el Perú se encuentran ya las fuerzas argentinas, chilenas y peruanas que comanda el general José de San Martín.

Después de alcanzar la libertad de Chile, han logrado invadir la costa del Perú y llegar a Lima. El virrey, con el grueso de sus fuerzas, se repliega a la sierra, donde cuenta con recursos de toda especie para amenazar la frágil independencia proclamada en Lima. Bolívar regresa a Lima y, consciente de la gravedad de la situación, deja a Sucre como su representante y se retira a Trujillo, en el norte del Perú. En medio de la anarquía, del fracaso de algunas tentativas de acción guerrera y de turbias componendas para buscar un arreglo con España, la situación se plantea en términos extremos. No parece haber otra posibilidad de derrotar las fuerzas españolas que la que ofrece Bolívar. Para la campaña que se le presenta no cuenta con los refuerzos de Bogotá. Con la cooperación de Sucre y el apoyo de los restos de las fuerzas argentinas, chilenas y peruanas que se le han sumado, emprende una de sus más difíciles y aventuradas empresas militares. En su avance a través de los Andes derrota en la pampa de Junín el 6 de agosto de 1824, al ejército de operaciones de la sierra que manda el general español José de Canterac. Es la batalla que, junto a la de Ayacucho de julio de 1824, sella la independencia peruana. La victoria es total y definitiva. Ha concluido con ese triunfo la larga guerra de 14 años que Bolívar ha encabezado para independizar de España sus posesiones americanas.

Con todo, sus enemigos políticos logran que en Santa Fe de Bogotá le retiren los poderes extraordinarios como presidente en campaña y hasta el mando del ejército. Lo que Bolívar concibe entonces es la formación de una nueva unidad política que supere las tendencias regionalistas por medio de la confederación de un grupo de países americanos que comprenda a México, Centroamérica, Colombia, el Perú, el Alto Perú, que pronto se convertirá en Bolivia, y Chile, que pueda constituir una nueva concentración de poder en el mundo y contrapesar la amenaza de la Santa Alianza en Europa y los nuevos y crecientes centros de poder que se anuncian en el futuro en Estados Unidos y Brasil. Con este fin convoca desde Lima el 7 de diciembre de 1824 el Congreso de Panamá, que se reunirá en 1826. Los hombres que alcanzan el poder local a la sombra de la guerra sienten la autoridad de Bolívar como un estorbo. Las primeras y más alarmantes señales de resquebrajamiento de la Gran Colombia aparecen en Venezuela el mismo año en que el Congreso de Panamá debía marcar la consolidación de sus ideales unitarios. Los descontentos con la unión colombiana rodean a Páez, cuya autoridad ha crecido de manera avasalladora en Venezuela, y aprovechan un incidente surgido con el gobierno de Bogotá para llevar la situación a un grave punto de ruptura. En la Nueva Granada también se ha ido formando un núcleo de resistencia antibolivariana en torno al vicepresidente Santander. Aunque están en contra de la constitución, al mismo tiempo esperan que Bolívar aplaste la insubordinación de Páez en Venezuela. Bolívar, que había podido soñar con la posibilidad de retirarse después de completada la etapa militar de la Independencia, se encuentra más atado que nunca a la obligación de gobernar. Regresa a Bogotá, donde encuentra abiertas señales de discordia y división y vuelve a Venezuela, después de años de ausencia. Será la última visita a su tierra natal. Con el enorme peso de su autoridad y en una delicada mezcla de firmeza y tolerancia logra apaciguar a Páez y evitar la ruptura y acaso la guerra civil. Allí se inicia la etapa final de su vida, la más trágica e ingrata, en la que verá inexorablemente avanzar la destrucción del gran propósito que lo había movido y en la que tendrá que enfrentarse a hombres que invocaban contra él los mismos principios por los que había luchado toda su vida. Ante el clamor por la reforma de la Constitución, convoca una Convención en Ocaña en 1828. Lejos de alcanzarse una reconciliación entre las facciones, surge abiertamente una violenta agrupación antibolivariana que no vacila en calificarlo de tirano y de obstáculo a la felicidad de los pueblos. Disuelta la convención y enfrentado abierta y solapadamente con los seguidores de Santander, Bolívar regresa a Bogotá para asumir la Dictadura. Decreta entonces un estatuto con el propósito de defender la estructura política, por lo que es acusado de reaccionario.

El 25 de septiembre de 1828 están a punto de asesinarlo; Bolívar aparece abatido y derrotado. Las fatigas de los largos años de combate y las viejas dolencias descuidadas muestran sus huellas. En el Perú hay una rebelión, Bolivia es invadida y José de La Mar provoca un pronunciamiento separatista en Guayaquil. En Pasto, José María Obando y José Hilario López se levantan contra el gobierno. Bolívar tiene que ponerse de nuevo a la cabeza de las tropas y dirigirse hacia Guayaquil. Antes de su llegada el mariscal Sucre, que había renunciado a la presidencia boliviana inflige en Tarquí, el 27 de febrero de 1829, una completa derrota a la invasión peruana. Entre tanto ha circulado desde el consejo de gobierno de Bogotá la noticia de negociaciones para el establecimiento de una monarquía en Colombia como solución a los insolubles problemas de estabilidad. Bolívar, que ha manifestado reiteradamente su voluntad de separarse de toda autoridad no patrocina la idea, pero el rumor mal intencionado aprovecha la coyuntura para atribuirle la intención de coronarse. El panorama de descomposición parece completarse sin atisbo de salida alguna. Para 1830 se ha convocado un Congreso constituyente en Bogotá que decida el porvenir de la República. Bolívar aparece resuelto a no continuar en el poder y a no intervenir en las decisiones de la asamblea. Por fin, renuncia ante el Congreso y se retira a Cartagena. El Congreso reunido en Venezuela, bajo la tutela de Páez, proclama la separación definitiva. Aunque el libertador piensa marcharse a Europa a cuidar su maltrecha salud, no lo podrá lograr. El 1 de diciembre se encuentra en Santa Marta, donde muere el 17 de diciembre de 1830 en la quinta de San Pedro Alejandrino.

Fuente: Wiki, Espasa, Britannica

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