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El Tratado de Verdún (843) – El Reparto del Imperio Carolingio

El Tratado de Verdún fue un acuerdo de repartición firmado el día 10 de agosto del año 843, en la localidad francesa de Verdún, enclavada en la Lorena y a orillas del río Mosa, entre Lotario, Carlos II y Luis el Germánico Luis el Germanico, Rey de Germania, hijos del emperador franco Luis el PiadosoLuis I, Rey de los francos y Emperador de Occidente (Ludovico Pío), por el cual se repartieron los territorios del imperio carolingio a la muerte de éste.

El Tratado de Verdún (843) - El Reparto del Imperio Carolingio
El Imperio de Carlo Magno

En el año 839 se convocó la asamblea de Worms, por la que Luis el Piadoso estableció una nueva división del imperio entre sus tres hijos. Lotario, el primogénito, recibió Italia, las tierras del río Mosa, del Saona y el Ródano. Carlos el Calvo adquirió los territorios situados a poniente de esos ríos, incluyendo la rica región de la Provenza. Por último, Luis el Germánico permaneció al frente de Baviera, notablemente perjudicado por este nuevo tratado que reducía considerablemente gran parte de sus territorios occidentales.

El Reino de Carlos el Calvo
El Reino de Carlos el Calvo

Al año siguiente, en el 840, el emperador Luis el Piadoso murió, por lo que se entabló una lucha encarnizada entre los hermanos por hacerse con la mayor parte de la impresionante herencia carolingia. Lotario, aprovechándose de su posición privilegiada sobre sus dos hermanos, olvidó lo pactado un año antes, actuando en calidad de Emperador y tratando de apoderarse de todos aquellos territorios que sus dos hermanos no podían defender. Lotario se apoyó en su título de Emperador, conferido por su padre en el año 817, para reclamar toda la herencia paterna. Se estableció en Reims, territorio que pertenecía a Carlos el Calvo por el anterior reparto, y desde allí invadió las comarcas del río Mosa y del Sena, para dirigirse después a los condados del Sena y del Loira. Lotario también atacó las posesiones de otro hermano, Luis el Germánico, quien nunca había reconocido lo pactado en Worms. Luis no pudo evitar que su hermano mayor se apoderase de varias zonas importantes de la Germania, como Worms, la región de la Alsacia, y la rica ciudad de Maguncia. Lotario se casó con la sobrina del poderoso conde Adalardo con el objeto de conseguir la adhesión de los principales miembros de la aristocracia, sin los cuales le era imposible enfrentarse con garantías a sus hermanos.

El Reino de Lotario I
El Reino de Lotario I

La actitud de Lotario trajo consigo la necesaria alianza de Luis y Carlos. En junio del año 841, ambos hermanos se enfrentaron, en la localidad de Fontenay, cerca de Auxerre, a los ejércitos de Lotario, considerándose la batalla, por parte de ambos ejércitos, como si de un “Juicio de Dios” se tratara. Lotario fue derrotado en una dura batalla, lo que provocó que gran parte de la aristocracia se pasase al bando de los vencedores. Lotario, aunque derrotado, continuó manteniendo su misma política expansionista y reivindicativa, lo que trajo consigo que Luis y Carlos firmaran, en el año 842, el Juramento de Estrasburgo. En este juramento, ambos hermanos juraron públicamente, en ambas lenguas (románica y germánica) sostener sin desfallecimiento a su compañero y no concertar trato alguno con Lotario sino de acuerdo con el otro. Seguidamente, cada representante de los ejércitos hizo lo mismo, quedándose también comprometidos por los compromisos adquiridos por sus soberanos. La alianza no se concertó sólo entre dos reyes, sino también entre sus “fideles”
La Expansión del Reino de los Francos
La Expansión del Reino de los Francos

Lotario, en un principio, rechazó los ofrecimientos de entablar negociaciones que sus hermanos le hacían. Las tropas de Carlos, reforzadas con nuevos contingentes, y las de Luis se aprestaron a invadir Aquitania. Lotario se tuvo que replegar, forzado a llegar a un acuerdo con sus hermanos ante la nueva y adversa situación. Lotario intentó un último esfuerzo diplomático para salvar, cuando menos, una parte de lo que ocupaba con sus tropas. El 15 de junio del año 842, los tres hermanos se entrevistaron en los alrededores de Macón, donde establecieron unas bases previas de acuerdo para la definitiva reunión y firma del tratado del año siguiente en Verdún, no sin antes pasar todo un año de agrias disputas y de múltiples conferencias entre los delegados copartícipes. Por fin, el 10 de agosto del año 843, se firmó el tratado definitivo entre los tres hermanos, que configuró un mapa político y territorial de Europa destinado a permanecer en vigor durante bastante tiempo.

El Reino de Luis el Germánico

Las cláusulas de este tratado, cuyo texto no se ha conservado, fueron las siguientes. El conjunto de los variados territorios que componían el Imperio se repartió en tres zonas, más o menos, equivalentes. A Luis el Germánico le correspondieron los países germánicos y sus anexos al norte de los Alpes y al este del río Rin, además de los condados de Espira, Worms y Maguncia, así como todo el país de los alamanes y la Recia (Grisones y Engadina). Para Carlos el Calvo se entregaron, de norte a sur, las regiones situadas al oeste del río Escalda, luego todos los territorios occidentales a partir de una línea que llegaba a la comarca meridional de Cambray y la de Sedán, para pasar al valle superior del Marne, la meseta de Longres, el Saona y, finalmente, hasta el pequeño Ródano. Para Lotario quedaron todos los territorios comprendidos entre el reino germánico del este y el reino francés del oeste, juntamente con la península italiana; es decir, de norte a sur, todos los territorios comprendidos desde el norte de Frisia, las tierras del Mosa, ampliándose hasta el río Escalda, buena parte de la Borgoña hasta el río Ródano, Provenza y, por supuesto, la península italiana, donde reinaba desde tiempo atrás.

A la hora de firmar el tratado se tuvieron en cuenta dos consideraciones por parte de los firmantes: en primer lugar, se dejó muy claro que la partición del imperio sería irrevocable, con todos sus territorios indivisos y con su propia idiosincrasia cultural; y, en segundo lugar, que todo el Imperio repartido entre los hermanos formaba parte del antiguo reino franco, por lo que las partes divididas fueron designadas con el nombre de Francia Orientalis (Luis el Germánico), Francia Meridionalis (Lotario), y Francia Occidentalis (Carlos el Calvo), y por lo tanto, los tres hermanos podían ostentar, por igual, el título de Reges Francorum (reyes de los francos).

Uno de los problemas más complejos de resolver fue el de la distribución de los “fideles”, puesto que todo reparto de territorio se enfrentaba con la espinosa cuestión de la transferencia de obediencias. Cada rey tenía su propia clientela que, en un momento u otro, le habían prestado juramento de fidelidad y a los que había que dar satisfacción distribuyéndoles cargos y dignidades. Esta situación hizo que fieles pertenecientes a un reino, en lo territorial, fueran vasallos del otro rey, como pasó con los obispados de Maguncia, Worms y Spira, que estando en la orilla occidental del río Rin (territorio de Lotario) pertenecían al reino de Luis en función del apoyo y del juramento de obediencia hacia este monarca.

Antes de separarse, los tres hermanos juraron solemnemente la paz sobre las bases territoriales que acababan de establecerse en el Tratado de Verdún, haciendo lo propio también los “fideles”. El documento fue remitido inmediatamente al Sumo Pontífice, para que éste lo validara.

Con el Tratado de Verdún parecía que se había establecido un período de confraternidad entre los tres hermanos, pero tan sólo fue una realidad aparente, pues se inauguró una época de tensiones, más o menos larvadas y encubiertas, que no llegaron a culminar en un enfrentamiento abierto hasta el año 855. En ese año murió Lotario, que repartió su reino entre sus tres hijos, como era costumbre entre los francos, lo que provocó la total desmembración de esta parte del Imperio, de la que se aprovecharon Carlos y Luis. Los territorios que recibió Lotario en el Tratado de Verdún estaban incrustados entre los de sus dos hermanos, sin posibilidad de expansionarse. Lotario, al dividir su encajonado reino entre sus tres hijos, firmó, sin ser consciente de ello, la defunción de su efímero reino.

Fuente: National Geographic

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