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El Descubrimiento y la Conquista de Colombia

El primer contacto europeo con tierras pertenecientes a la actual Colombia tuvo lugar en 1502, en el curso del cuarto y último viaje de Cristóbal Colón. El objetivo de este viaje, realizado a iniciativa de los Reyes Católicos, era encontrar un paso del océano Atlántico al Pacífico que permitiese alcanzar las islas de la Especiería o Maluco. Acompañaban al almirante su hermano Bartolomé y su hijo menor, Hernando Colón, de trece años, quien realizó la labor de cronista. El viaje fue de extraordinaria dureza y llevó a los expedicionarios a través de la mayor parte de la costa centroamericana; solamente el trayecto entre el cabo Honduras y el de Gracias a Dios (unas sesenta leguas), llevó casi mes y medio entre tormentas y trombas de agua. En la costa de Panamá se perdieron dos navíos; a la postre, no hallaron ni oro ni el ansiado paso hacia las especias. El fracaso los obligó a desistir y el 1 de mayo de 1503 la expedición puso rumbo a La Española.

Tras este primer contacto, los años que siguieron fueron de inmovilidad con relación a las nuevas tierras descubiertas, que no serían objeto de tentativas colonizadoras. Las razones para ello fueron varias: en primer lugar la dureza del medio natural y la hostilidad de los naturales, pero, ante todo, fue determinante el que los intereses españoles se jugasen en otros espacios del Nuevo Mundo: hasta 1513 la actividad se centraba en el ámbito antillano; en ese mismo año, Vasco Núñez de Balboa alcanzó el mar del Sur, con lo que las miradas de todos se desplazaron hacia las costas panameñas. Y en Castilla del Oro, en 1519, se iniciaba la gran empresa de Hernán Cortés en México, alejando nuevamente los intereses hispánicos del área colombiana.

En consecuencia, las costas colombianas y venezolanas no fueron objeto de un esfuerzo sistemático de dominio y población hasta época muy tardía, prácticamente los años finales de la década de los treinta, cuando comenzaron a definirse en este espacio dos sectores: uno oriental, centrado sobre la península de Paria y la isla Margarita, y otro occidental, sobre la desembocadura del río Magdalena y el golfo de Urabá.


El retraso en la colonización del territorio no significó que en los años previos no se llevasen a cabo algunas expediciones más o menos afortunadas, que permitieron un mejor conocimiento del terreno y definieron las líneas de penetración que culminaron con el control, la población y la institucionalización del Nuevo Reino de Granada. Ya en 1509, una reducida expedición compuesta por algo más de doscientos españoles llegados de la Península, mas algunos otros reclutados en La Española, alcanzaron la región de la actual Cartagena, con el objetivo de encontrar metales preciosos en el traspaís. Fruto de esta expedición fue la fundación de Urabá en un extremo del golfo del mismo nombre y, en el otro extremo, de Santa María la Antigua del Darién. Estas primeras fundaciones permitieron la llegada de nuevos colonos, que se fueron estableciendo entre la laguna de Chiriquí y Santa Marta. De este núcleo inicial partirían los hombres que alcanzaron tres años más tarde las costas del Pacífico encabezados por Núñez de Balboa. En el año de 1500 se firmó la capitulación de Rodrigo de Bastidas sobre todo el territorio conquistado en tierra firme, la costa caribeña, que en 1508 se dividió entre Alonso de Ojeda (Nueva Andalucía) y Diego de Nicuesa (Castilla del Oro).

A partir de estos primeros núcleos de poblamiento se definieron en los años siguientes tres líneas de penetración hacia el interior que partieron de tres ciudades, de este a oeste, Santa Ana de Coro, Santa Marta y Cartagena de Indias. Un trío de flechas de avance español que se internaron en el territorio colombiano hasta enlazar con las líneas que partían de Perú por el sur.

El control del territorio

Santa Marta, fundada por Rodrigo de Bastidas en 1525, fue el punto de partida de la más importante de estas líneas expansivas, la que, encabezada por el licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, condujo al descubrimiento y conquista del altiplano de Cundinamarca, donde fundaría Santa Fe de Bogotá, núcleo de la cultura chibcha y punto de encuentro de las corrientes expansivas españolas procedentes del norte y del sur. Si bien la actual capital se denomina Santafé de Bogotá, parece que la grafía inicial fue Santa Fe. La expedición de Quesada, cuyos aspectos institucionales trataremos más adelante, tuvo como principal objetivo enlazar los territorios de la costa colombiana con el recién conquistado núcleo peruano. Se inició la expedición en la primavera de 1536 y la ruta a seguir hacia el interior vino marcada por el cauce del río Magdalena.

Las dificultades para remontar el río aconsejaron dividir la expedición en dos grupos, uno fluvial y otro terrestre, seccionado este último en ocho compañías (que mandaron respectivamente Juan de Céspedes, Pedro Fernández de Valenzuela, Lázaro Fonte, Juan de San Martín, Antonio de Lebrija, Juan del Junco, Gonzalo Suárez Rendón y Juan de Madrid) y un escuadrón de caballos al mando de Hernán Jiménez de Quesada, hermano de Gonzalo. La ruta terrestre debía avanzar hasta la cabecera del río César o Valledupar, siguiendo una ruta descubierta años atrás por Álvarez Palomino y por Vadillo. El punto de encuentro de los dos grupos fue la localidad indígena de Zampollón, situada a unos 500 kilómetros de la desembocadura del Magdalena. La expedición terrestre avanzó rodeando la Sierra Nevada por la vertiente oriental y llegó sin mayores problemas al punto de encuentro. La expedición fluvial debió rehacerse tras un primer intento frustrado, y finalmente ambos grupos se encontraron en Zampollón en agosto de 1536. Se inició entonces la segunda etapa del viaje, la más penosa, en la que la hueste quedó reducida a una tercera parte de sus efectivos iniciales. Al final de esta etapa se alcanzó la zona bautizada como Barrancas Bermejas. En este punto y ante las dificultades que ofrecía seguir remontando el río, Quesada decidió efectuar una serie de exploraciones en el entorno, fruto de las cuales fueron las primeras noticias acerca de las poblaciones indígenas de la altiplanicie. Tales noticias obligaron a Quesada a cambiar el objetivo de la expedición, abandonar el proyecto de alcanzar el Perú e intentar el contacto con la alta cultura indígena de la que habían oído hablar. Esta tercera y última fase de la expedición de Quesada se inició a finales de diciembre de 1536, con apenas 170 hombres, y permitió alcanzar las tierras dominadas por la cultura chibcha. La dominación del solar de los chibchas culminó con la fundación por Quesada de Santa Fe de Bogotá. En este punto confluyeron las otras dos expediciones emprendidas en la búsqueda del mítico El Dorado: la de Sebastián de Belalcázar, fundador de Quito, que alcanzó el altiplano de Bogotá partiendo desde esta ciudad, y la de Nicolás de Federmann, procedente de Coro, en Venezuela. Se plantearon entonces algunos interrogantes acerca de quiénes estuvieron presentes en la fundación de Santa Fe. Todo parece indicar que frente a la visión romántica de los tres descubridores confluyendo casi simultáneamente, la realidad fue que en la fundación de la actual capital colombiana estuvieron presentes Jiménez de Quesada y Federmann, pero no Belalcázar, quien habría llegado con posterioridad. En cualquier caso fue en ese momento cuando se inició la disputa jurisdiccional entre los tres caudillos, coincidiendo con la apertura de una nueva fase, en la que las tareas de descubrimiento y conquista cedieron paso a la organización territorial.

Tras la fundación de Santa Fe, Quesada, Belalcázar y Federmann regresaron a España para reclamar sus derechos. A cargo de la hueste de Gonzalo Jiménez de Quesada se quedó su hermano Hernán. Ninguno de ellos logró hacer efectivas sus reclamaciones. Federmann obtuvo una gran cantidad de dinero y Belalcázar la gobernación de Popayán. Mayores dificultades surgieron a Quesada cuando fue acusado en la Corte de ocultar parte del botín conseguido. Esta circunstancia le obligó a seguir a Carlos V a través de Europa en demanda de justicia, hasta lograr un tardío reconocimiento que le permitió regresar a Santa Fe en abril de 1550, once años después de su partida, formando parte de la comitiva que iba con el mandato de establecer la Real Audiencia, en la que, a pesar de no tener puesto efectivo, ejerció un preeminente cargo como consejero.

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