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Las Guerras Mitridáticas

El origen de la guerra fue una disputa entre Mitrídates VI, rey del Ponto y Nicomedes IV, rey de Bitinia, por el control de Capadocia, una provincia de la antigua Asia, en la actual Turquía.

Primera Guerra Mitridática 90 a. C. – 85 a. C.

Fue la primera de las tres guerras que tuvieron lugar en Grecia y Asia Menor entre Mitrídates VI, rey del Ponto, y la República de Roma.

El gobernador romano de Asía Manio Aquilio exigió una indemnización para el rey Nicomedes, a la que Mitrídates contestó que él mismo era acreedor de Roma, pues había sobornado a numerosos senadores y no pensaba pagarla. Es entonces cuando Roma incitó a Nicomedes, rey de Bitinia, a invadir el Ponto. Mitrídates por su parte instaló a su hijo como rey de Capadocia en 89 a. C. Estos hechos motivaron el inicio de las hostilidades con Roma. Manio Aquilio se puso al frente del ejército romano de Asia y de Cilicia y de la flota romana que se encontraba en Bizancio. Mitrídates formó un ejército de 300.000 hombres, 130 carros de guerra, 300 navíos, hoplitas griegos, escitas y jinetes armenios. Dividió el ejército en dos cuerpos: el primero enviado al noroeste contra Aquilio y los bitinios; el segundo contra la provincia romana de Asia y Cilicia. En 88 a. C., Mitrídates respondió al ataque de Nicomedes con un potente contraataque. Su comandante, Arquelao, derrotó al ejército bitinio en la Batalla del río Amnias y al ejército romano al mando de Aquilio en la Batalla del Monte Scorobas. El general romano Aquilio fue entregado por la ciudad de Mitilene y ajusticiado, mientras la flota romana del Mar Negro simplemente se rindió. El Ponto pasó a controlar Capadocia, Bitinia y la provincia romana de Asia. La mayoría de las ciudades griegas de Asia Menor, pertenecientes al antiguo Reino de Pérgamo, como la propia Pérgamo, Éfeso y Mileto, recibieron a Mitrídates como un libertador de la explotación romana.

Busto de Mitrídates VI. Su invasión de la provincia romana de Asia en el 89 a. C. y, sobre todo, su masacre de empresarios italianos al año siguiente, le convirtieron en el enemigo público número uno de la República.

Territorios iniciales en 281 a. C.
Conquistas desde el 281 a. C hasta 200 a. C. (color naranja mas oscuro)
Territorios conquistados durante el silgo II a. C.
Conquistas durante la Primera Guerra Mitridática
Reino de Armenia aliado del Ponto


De todas las regiones y aliados griegos, solamente los rodios mantuvieron su fidelidad a Roma, lo que provocó que los pónticos emprendiesen la guerra contra ellos, tanto por mar como por tierra, pero sin conseguir doblegar ni romper la voluntad de Rodas. En una de las batallas navales contra los rodios, Mitrídates estuvo cerca de ser capturado. Después de fracasar en sus planes de invadir Rodas, escribió a todas las ciudades griegas de Asia instruyéndolas para que asesinaran a cualquier ciudadano romano que hubiese en Asia. Según las fuentes históricas, alrededor de 80.000 personas fueron ejecutadas en unas jornadas conocidas como las “Vísperas asiáticas”.

En el año 88 a. C., tras la rápida y exitosa expansión del Ponto, gran parte de la Grecia continental que estaba igualmente explotada por Roma apoyó a Mitrídates VI. Roma contraatacó enviando a Lucio Cornelio Sila que logró recuperar Beocia, cercar El Pireo y Atenas. Mientras tanto los altos costes de la guerra, que fueron soportados por las ciudades griegas de Asía, motivaron revueltas contra el poder póntico en ciudades costeras como Colofón, Esmirna y Éfeso (87 a. C.). Paralelamente, en la ciudad de Roma, el partido popular se adueñó del Senado, tras el retorno de Cayo Mario desde África propiciado por Lucio Cornelio Cinna. Lo que dejó a Sila en una situación precaria al ser éste un conservador contrario a los populares. Los populares iniciaron la persecución y asesinato sistemático de los seguidores de Sila, ensañándose con sus familiares directos, sus amigos y sus propiedades. Mientras, en Grecia, Sila tomó Atenas en el 86 a. C., se enfrentó a las fuerzas pónticas en Queronea y Orcómeno, derrotándolas ambas veces. Ese mismo año Roma, gobernada dictatorialmente por Cinna, envió un ejército a Grecia contra el Ponto y contra Sila. El ejército enviado por el senado estaba al mando del cónsul Lucio Valerio Flaco y del legado Cayo Flavio Fimbria. Valerio fue posteriormente asesinado por dos de sus hombres, por lo que todo el mando recayó en Fimbria. Fimbria cruzó a Bitinia con la ayuda de la ciudad de Bizancio y conquistó algunas ciudades por acuerdo y capturó a otras por la fuerza. Los pónticos se enfrentaron al ejército Romano de Fimbria liderados por el príncipe Mitrídates, hijo de Mitrídates VI, acompañado por los generales Taxiles, Diofanto y Menandro. Se enfrentaron a Fimbria con una gran fuerza, pero sufrieron una derrota aplastante a causa de un ataque nocturno por los romanos, logrando escapar junto con la caballería a Pérgamo. Después de esta derrota gran parte de las ciudades griegas volvieron a alinearse en el bando romano.

Las derrotas pónticas y los cambios políticos habidos en Roma propiciaron una situación desfavorable tanto para Sila como para Mitrídates. Esta coincidencia motivó que los dos hombres se entrevistasen para firmar el tratado de paz de Dárdanos en el 85 a. C., por el cual el Ponto entregó a Sila 70 navíos, 2.000 talentos y renunció a sus posesiones sobre Capadocia y Bitinia.


Segunda Guerra Mitridática 83 a. C.– 82 a. C.

Fue una de las tres Guerras Mitridáticas que enfrentaron al Ponto con la República de Roma. La segunda de estas guerras tuvo lugar entre el rey Mitrídates VI y el general Lucio Licinio Murena.

Al finalizar la Primera Guerra Mitridática, Sila dejó a Mitrídates el control de su reinado pese a haber sido derrotado. Murena se quedó en Asia al mando de dos legiones que durante la guerra habían formado parte del contingente dirigido por Cayo Flavio Fimbria. Murena acusó a Mitrídates de estar rearmando sus ejércitos e invadió el Ponto. Cuando fue derrotado por Mitrídates, Murena decidió que lo más sabio era obedecer las órdenes de Sila y dejar al rey y su reino en paz.

Tercera Guerra Mitridática (75 a. C.-65 a. C.)

Fue una de las tres Guerras Mitridáticas que enfrentaron a Mitrídates VI, rey del Ponto, con la República de Roma. Los romanos ganaron la guerra y Mitrídates se suicidó, finalizando de ese modo la amenaza del Reino del Ponto y sometiendo al Reino de Armenia.

La Guerra final en el Ponto

Mitrídates VI fue durante mucho tiempo una espina clavada en el costado de Roma, provocando dos guerras contra la República a lo largo del siglo I a. C. Como consecuencia del caos que se apoderó de Roma tras el terror provocado por las dictaduras de Mario y Sila, la República estaba en un completo desorden.

Al lanzar un ataque al mismo tiempo que se producía la revuelta de Sertorio y esta se extendía por Hispania, Mitrídates no encontró inicialmente ninguna resistencia. El Senado finalmente reaccionó enviando al cónsul Lucio Licinio Luculo a hacer frente a la amenaza del ejército del Ponto. El otro general de que disponía Roma, Pompeyo, se encontraba en la Galia, marchando hacia Hispania para ayudar a aplastar la rebelión dirigida por el general Sertorio.

Al llegar a su destino, Luculo se reunió con diversas legiones que habían estado combatiendo por Asia Menor, y marchó contra Mitrídates moviéndose hacia oriente y penetrando en Armenia, reino aliado del Ponto, llegando a someter la capital tras la Batalla de Tigranocerta. Las veteranas legiones romanas demostraron ser muy superiores en combate al ejército que dirigía Mitrídates, compuesto en su mayor parte de armamento desfasado como los carros, que eran incapaces de penetrar en las lineas romanas. Avanzando profundamente en Armenia, Luculo persiguió a Mitrídates y su aliado Tigranes el Grande implacablemente, dejándose llevar por los acontecimientos. Pero en el 69 a. C., mientras arrasaba el Cáucaso, comenzaron a crearse ejércitos enemigos nuevos y frescos detrás de su avance al mismo tiempo que sus soldados, muchos de ellos sirviendo en las legiones bastantes más de los veinte años de servicio obligatorio, comenzaron a amotinarse como consecuencia de las duras condiciones de marcha a las que eran sometidos.

En Roma, el Senado decidió reemplazar a Luculo por el victorioso Pompeyo, con la esperanza de que este lograse concluir la guerra de manera decisiva y permanente. Pompeyo llegó al poco tiempo al este con sus propias legiones de veteranos y penetró en Armenia derrotando a la débil resistencia que encontró a su paso.

El ejército de Mitrídates ya no existía más allá de su nombre, mientras sus aliados armenios estaban completamente desorganizados. Finalmente, Pompeyo conquistó la capital de Armenia y Mitrídates huyó al Caucaso con la esperanza de reorganizar un ejército nuevo y seguir la guerra contra Roma, pero pasados dos años asumió su completa derrota y se suicidó, poniendo fin de ese modo a la tercera y última de las Guerras Mitridáticas.

Fuente: http://rtranabasis.foroactivo.com

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