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Mapa Político de Europa: Geografía, Economía y Demografía

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Europa se encuentra situado entre los 35°59′ y los 71°10′ de latitud N y los 9°26′ de longitud O y 40°14′ de longitud E; limita al N con el océano Glacial Artico, el mar Báltico y el mar del Norte; al E con Asia, de la que le separan los montes Urales, el mar Caspio y el mar Negro (el estrecho del Bósforo, en Turquía, es considerado como la frontera meridional entre Europa y Asia); al S con el mar Negro y el mar Mediterráneo (el estrecho de Gibraltar, con 14 km, es el punto de mayor aproximación entre Europa y Africa), y al O con el océano Atlántico.

Si nos atenemos a criterios estrictamente geográficos, no cabría considerar como incluidas en el continente europeo a las islas Canarias (España) y la de Chipre; las primeras se encuentran frente a las costas africanas de Mauritania, y la segunda se ubica en el Mediterráneo oriental, cerca de las costas asiáticas de Turquía y Siria. No obstante, su historia, cultura y población son europeas (las Canarias pertenecen a España; Chipre es un Estado independiente, aunque los chipriotas son en su mayoría griegos, si bien en el norte de la isla hay una importante comunidad turca), por lo cual se ha optado por abordar su estudio dentro del continente que nos atañe.

Medio físico


Regiones fisiográficas

Europa es considerada tradicionalmente como uno de los cinco continentes, aunque en realidad se trata del apéndice occidental de la gran masa continental de Eurasia, de la que ocupa una quinta parte. La frontera entre Europa y Asia (a la que pertenecen las cuatro partes restantes del bloque eusoasiático) se fija de modo convencional, y de norte a sur, en los montes Urales, costa noroccidental del mar Caspio, cordillera del Cáucaso, y costa norte y oeste del mar Negro. Asia y Europa se aproximan por el sur en los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, entre los cuales se forma el mar de Mármara, cuyas orillas pertenecen a un sólo país (Turquía), pero a dos continentes. El punto más septentrional de la masa continental es el cabo Norte (Noruega), y el más meridional, la punta de Tarifa (España); el más oriental se encuentra en las estribaciones de los Urales (costa del mar de Kara, en Rusia), mientras que el más occidental es el Cabo da Roca (Portugal). Estos límites varían si se tienen en cuenta los territorios insulares adyacentes: el septentrional sería una de las islas integrantes de la Tierra de Francisco José (Rusia), que puede incluírse en Europa, ya que está ubicada en su mayor parte al O del meridiano que marca el límite con Asia. El meridional estaría en la isla Gávdhos, al S de Creta (Grecia). Por último, el occidental vendría marcado por el cabo Staalbjerg-Huk (Islandia).

El territorio europeo está caracterizado por la interacción entre el mar y la tierra, que provoca la aparición de varias penínsulas grandes como la Escandinava, Ibérica e Itálica, así como otras más pequeñas, como las de Kola, Jutlandia y Bretaña. Esta irregularidad explica la considerable longitud del litoral costero en comparación con la superficie continental: en apenas diez millones y medio de km² hay más de 32.000 km de costas, que se convierten en 80.000 si se incluyen sus numerosos accidentes. Estos son especialmente abundantes en la costa atlántica (fiordos noruegos, lochs escoceses, rías del norte de España), así como en la costa del Adriático (litoral dálmata), Egeo y Jónico (cabos, golfos e islas griegas). A los citados mares mediterráneos se une el Tirreno, que junto a los del Atlántico (mar Cantábrico, mar del Norte, mar Báltico y mar de Noruega) y el océano Glacial Artico (mar Blanco) conforman los mares territoriales europeos. Además de las islas anteriormente mencionadas, hay otros archipiélagos menores: Gotland, Öland, Aland, Svalbard, Faroes, Shetland, Hebridas, Frisias e islas bálticas en el Atlántico, y las islas del Tirreno, Adriático, Jónico y Egeo en el Mediterráneo.

La mayor parte del territorio europeo es una gran llanura, que anticipa las vastas planicies asiáticas, y la altitud media del continente es apenas de 340 m, la más baja del mundo. Las mayores altitudes se alcanzan en los Alpes, donde se encuentra el Mont Blanc, con 4.807 m, que tradicionalmente ha sido considerado como el punto más elevado del continente. Sin embargo, la montaña más elevada es el Elbrus (5.642 m), situada en el Cáucaso ruso, en la frontera natural con Asia. En contrapartida, existen depresiones como la del norte del mar Caspio, donde se alcanzan los 28 m bajo el nivel del mar. También se desciende bajo esa cota en la costa noroccidental del Atlántico (Bélgica y Países Bajos). El continente puede dividirse en cuatro regiones naturales. La más occidental es la Europa atlántica, en la que se alternan macizos montañosos de formas suaves (cadena Penina, Alpes escandinavos, macizo Armoricano) con planicies (cuenca de París, llanura flamenca, llanura inglesa). El clima oceánico uniformiza una región que se caracteriza por sus variados paisajes. La más extensa de las cuatro es la Gran LLanura Europea, que se prolonga desde la costa atlántica hasta los Urales, y en la que hay algunas cadenas montañosas de poca altura y antiquísimo origen geológico, como el macizo de las Ardenas, el de Bohemia o el Esquistoso Renano. Se continúa en territorio ruso, donde alcanza sus mayores dimensiones y la máxima uniformidad paisajística. Al sur de la Gran Llanura aparecen las montañas de más reciente formación, levantadas durante el plegamiento alpino: de oeste a este aparecen la Cordillera Cantábrica, los Pirineos, los Alpes, los Balcanes y los Cárpatos, y al otro lado del mar Negro se encuentra el Cáucaso. Al sur de las grandes montañas se extiende la Europa mediterránea, de relieve muy variado, en la que se alternan montañas, como los sistemas Central y Bético españoles y los Apeninos italianos con mesetas y llanuras litorales.
Al igual que sucede en la Europa Atlántica, el clima unifica un paisaje de gran diversidad.

Hidrografía

La hidrografía europea cuenta en la vertiente atlántica con ríos caudalosos y de tranquilo discurrir, lo que facilita la navegación a través de ellos y los ha convertido en arterias vitales desde el punto de vista de la economía y el desarrollo urbano. Fluyen desde el corazón del continente hasta los mares territoriales, y pueden citarse los siguientes: Vístula y Oder (desembocan en el mar Báltico), Rin, Elba y Weser (mar del Norte) en Europa Central; Támesis en la isla de Gran Bretaña; Sena, Loira, y Garona en la Europa Atlántica, y Duero, Tajo y Guadalquivir en la península Ibérica. A la vertiente mediterránea pertenecen el Ebro, Ródano y Po, mientras que en el mar Negro desemboca el Danubio, el río más internacional del mundo, que fluye desde el centro de Europa hacia el este, y recorre Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Serbia, Bulgaria y Rumanía. También vierten al mar Negro el Dniester, Dnieper y Don. En el mar Caspio desembocan el Ural, fronterizo con Asia, y el Volga, el río más largo de Europa, que discurre de norte a sur por territorio ruso.

Los lagos abundan, sobre todo, en la península escandinava (Suecia y, principalmente, Finlandia), Polonia y regiones montañosas de Austria, Suiza e Italia. Sin embargo, los de mayor extensión están todos en el norte de la Rusia europea, Ladoga y Onega.

Clima

El clima europeo viene determinado por la acción moderadora de los mares que bañan el continente. La corriente cálida del golfo y los vientos oceánicos del oeste permiten que toda la cornisa atlántica tenga un clima suave, con inviernos moderadamente fríos y veranos suaves, así como precipitaciones abundantes durante todo el año. Las cordilleras alpinas impiden el paso de las corrientes atlánticas hacia el sur, lo que explica las características climáticas de la Europa Mediterránea, en la cual la influencia marina se traduce en veranos calurosos y de fuertes sequías, e inviernos suaves en los cuales se concentran las precipitaciones, que son menos abundantes que en el norte. Al este de Europa Central desaparece progresivamente la influencia marina, y el clima se torna plenamente continental, con gran oscilación térmica y precipitaciones menos frecuentes, así como inviernos de gran rigurosidad y veranos tórridos. En zonas de montaña se da un clima alpino, y al norte del Círculo Polar Artico aparece el dominio de los hielos perpetuos, donde el extremo rigor climático dificulta notablemente el asentamiento humano.

Flora y fauna

En el desolado norte del continente domina la tundra, compuesta fundamentalmente de musgo, líquenes y plantas muy resistentes al frío. Más al sur dominan los bosques de pinos, abetos, haya, roble y olmo, que se conservan casi íntegros en la península Escandinava y el norte de Rusia. Sin embargo, en el resto de Europa ha disminuido notablemente la cubierta arbórea, debido a la intensa explotación económica de los bosques y el intento de ganar tierras para el cultivo. Se han repoblado numerosas zonas, con el fin de atajar el descenso de la cubierta arbórea. En las regiones montañosas predominan las coníferas, y en la Europa Mediterránea la vegetación característica es el bosque de encinas castaños o alcornoque, que se caracteriza por su adaptación a las prolongadas sequías. En esta región la deforestación provocada por la presión demográfica y los incendios forestales se ha convertido en un grave problema ecológico, y ha ocasionado la aparición de una vegetación arbustiva en la que predominan especies como la jara, espliego y romero, que tampoco es inmune a la progresiva desertización.

La fauna también ha sufrido las consecuencias de la intensa explotación del terreno, de tal manera que el número de grandes mamíferos, como el oso, el alce, el ciervo y el lobo, se ha reducido considerablemente. Tan sólo en las regiones menos densamente pobladas de Escandinavia y Rusia se conserva una población abundante. Entre los pequeños mamíferos abundan el conejo, la liebre, la ardilla, la comadreja, el hurón y el zorro, y en cuanto a las aves, cabe citar algunas especies autóctonas del continente, como el halcón, águila, ruiseñor, búho, pinzón, cigüeña o gorrión.

Población

Demografía

El crecimiento anual medio de Europa es el más bajo del mundo, y hay varios países cuya población desciende de año en año. Este estancamiento demográfico es el punto culminante de un proceso que arrancó con la Revolución Industrial en el siglo pasado, y que supuso el paulatino descenso de las tablas de natalidad y mortalidad. Todo ello configura una sociedad en la que aumenta el porcentaje de población mayor de 65 años y disminuye el de jóvenes menores de 20, lo que puede originar un desequilibrio entre las clases activas y pasivas, y comprometer en un futuro las prestaciones sociales de carácter público, que en Europa (sobre todo en Escandinavia y los países de Europa centrooccidental) han alcanzado su máximo desarrollo. La esperanza media de vida de los europeos supera con creces los 70 años (más de 75 en varios países), lo que contrasta con los apenas 60 años del continente europeo y muestra el elevado nivel de vida que, en general, disfrutan los europeos. No obstante, países como Albania o los antiguos miembros del bloque soviético están aún están lejos del grado de desarrollo alcanzado en Europa occidental, lo que se refleja en su mayor dinamismo demográfico y otros indicadores del nivel económico y cultural (porcentaje de población universitaria, producto interior bruto por habitante o número de médicos por habitante). Europa ha sido tradicionalmente un foco de emigración hacia Australia, Estados Unidos o Sudamérica, pero en las últimas décadas se ha invertido la tendencia y se ha convertido en receptor de inmigrantes procedentes de África, Oriente Próximo, Sudamérica y el Indostán. Los movimientos de población intercontinentales también han sufrido modificaciones en los dos últimos decenios: la caída del comunismo en Europa oriental ha traído consigo grandes oleadas de emigrantes de estos países hacia las potencias económicas occidentales, a la vez que se ha reducido el flujo procedente de la Europa mediterránea.

Medio urbano y rural

Europa es el continente más densamente poblado, ya que alcanza los 67 h/km². La población se distribuye de forma irregular a lo largo de la masa continental, aunque su exigua extensión no permite la existencia de vastas áreas despobladas, como sucede en otros continentes (desierto del Sahara en Africa, Siberia en Asia, Canadá septentrional en América del Norte, Amazonas en América el Sur o desierto australiano en Oceanía). Las mayores densidades de población se dan en una banda que parte del Reino Unido, atraviesa Europa centroccidental (Países Bajos, Bélgica, oeste de Alemania y norte de Francia) y llega hasta el norte de Italia. Se trata de la región más industrializada y de mayor prosperidad económica. Hay otras áreas muy densamente pobladas, como las islas danesas, la zona de influencia de Moscú o Estambul, la Silesia centroeuropea, el País Vasco o la periferia de Madrid y Barcelona. En cambio, las regiones septentrionales de clima extremo en Rusia, Noruega, Suecia y Finlandia están escasamente ocupadas, y al norte del Círculo Polar Artico los asentamientos humanos se reducen a ciudades portuarias de pequeño tamaño, como Murmansk (Rusia) o Narvik (Noruega), y a núcleos rurales aislados. El grado de urbanización de Europa es también el más elevado del mundo, aunque existen diferencias entre las regiones antes mencionadas con mayor densidad de población y la Europa mediterránea, balcánica y oriental, en las que el porcentaje de población rural es mayor. Las ciudades más pobladas del continente son París, con casi diez millones de habitantes en su zona de influencia; Moscú, que supera los nueve millones; Londres, que se aproxima a los siete; Estambul, con casi seis; San Petersburgo, con más de cinco; Atenas, que rebasa los tres millones, y Madrid, que también los alcanza.

Por encima de los dos millones están Lisboa y algunas ciudades del este de Europa, como Kiev, Bucarest y Budapest, y por debajo de esa cifra hay un amplio elenco de núcleos urbanos destacados: Barcelona, Milán, Birmingham, Marsella, Belgrado, Amsterdam, Munich, Oporto, Praga, Varsovia, Belgrado y Sofía son algunos ejemplos.

Etnografía

La variedad del medio físico europeo ha contribuido históricamente a la aparición de culturas diferenciadas en un marco espacial muy reducido. A pesar de que los europeos son en su totalidad de raza blanca (caucasianos) y pueden subdividirse en dos grupos, nórdicos y mediterráneos, existe un gran número de pueblos con lengua y cultura propia. Esta multiplicidad se aprecia sobre todo en Europa oriental, donde los conflictos interétnicos han sido una constante en la presente década. La desintegración de la Unión Soviética provocó el estallido de tensiones que habían permanecido larvadas durante más de medio siglo: estones, letones, lituanos, ucranianos, moldavos, y bielorrusos han conseguido la creación en suc respectivos territorios de estados independientes, de manera que los rusos han pasado en ellos a ser minoritarios, lo que ha sido fuente de tensiones y conflictos en varios de los nuevos países (algunos ejemplos son la constitución de la República rusa de Transdniestria, que pretende segregarse de Moldavia, o las aspiraciones independentistas de Crimea respecto a Ucrania, así como el creciente descontento de la minoría rusa en Letonia). Sin embargo, el enfrentamiento más dramático se ha dado en la antigua Yugoslavia, en la que croatas, eslovenos y bosnios han conseguido la independencia tras cruentos enfrentamientos con los serbios, que en Bosnia aún no habían finalizado al comienzo de 1995. Tan sólo los macedonios han conseguido acceder pacíficamente a la soberanía, aunque no están a salvo de futuras tensiones en una región tan convulsa como los Balcanes. Europa occidental no escapa a la problemática de las minorías étnicas: la violencia en el Ulster o el País Vasco es un fenómeno complejo en el que la cuestión étnica juega un papel importante; aquélla se hace más evidente en el creciente rechazo de algunos sectores hacia los emigrantes africanos, asiáticos o sudamericanos, cuyo número crece constantemente, en las grandes urbes del continente.

Lengua y religión

Las lenguas continentales pertenecen en su mayoría a la familia lingüística indoeuropea y se subdividen en cuatro grupos: eslavo (ruso, bielorruso, polaco, ucraniano, serbocroata, checo, eslovaco, búlgaro, macedonio, esloveno y lusaciano), germánico (inglés, alemán, neerlandés, sueco, danés, noruego, frisón, islandés y faroés) y latino (castellano, francés, italiano, portugués, rumano, moldavo, catalán, gallego y romanche). Fuera de estos tres grupos están otras lenguas indoeuropeas, como el griego, albanés, gaélico, letón, lituano y caló. A familias distintas de la indoeuropea pertenecen las lenguas uralianas (húngaro, finés, estoniano), altaicas (turco), y camito-semíticas (maltés). El vasco, hablado en una amplia región repartida entre España y Francia, tiene la singularidad de no estar emparentado en apariencia con ninguna familia lingüística del mundo.

En Europa predominan las religiones cristianas: el norte y noroeste es protestante, el este y sudeste es ortodoxo, y el sur y sudoeste es mayoritariamente católico. La religión musulmana es la más importante en Turquía, Albania y Bosnia-Herzegovina, y la judía cuenta con importantes comunidades en las grandes capitales de Europa occidental, aunque su número era muy inferior al existente al comenzar al Segunda Guerra Mundial, que supuso el exterminio de la mayor parte de los judíos europeos.

Economía

Perspectiva general

Europa ha estado a la cabeza de la economía mundial durante varios siglos. En ella se sentaron las bases de la moderna organización económica, que nació con la Revolución Industrial, iniciada en el Reino Unido en el siglo XIX y expandida a todo el mundo. También en Europa se produjeron los avances técnicos y científicos que contribuyeron a la consolidación de aquélla y permitieron pasar de una economía agraria a un modelo de desarrollo basado en la industria. Sin embargo, el siglo XX ha visto desaparecer el liderazgo europeo, que ha sido sustituido por la pujanza de las nuevas superpotencias económicas, Estados Unidos y Japón. La pérdida de la hegemonía europea se vio confirmada tras la Segunda Guerra Mundial, que supuso la destrucción de las estructuras productivas de un continente que sólo pudo rehacerse con la ayuda norteamericana. El conflicto bélico supuso también la división política en dos bloques, el capitalista occidental y el comunista oriental. En éste, agrupado en torno a la Unión Soviética, se puso en marcha un modelo económico altamente centralizado y basado en una rígida planificación, cuyo fracaso se hizo patente al producirse el derrumbamiento de las estructuras del poder comunista a finales de los ochenta. La transición en los países ex-comunistas hacia una economía de mercado ha exigido grandes sacrificios sociales, y ha revelado el contraste existente entre Europa occidental y oriental. El triunfo político sobre el comunismo no puede esconder los graves desequilibrios y las enormes desigualdades que ensombrecen la aparente opulencia de los países occidentales, en muchos de los cuales existen bolsas de pobreza y marginación que se concentran en la periferia de las grandes urbes industriales. El paro y las dificultades de integración de los inmigrantes, cuyo número se prevé que aumente en los próximos años, son problemas de difícil solución. Europa ha intentado hacer frente a la supremacía económica de Estados Unidos y Japón mediante la integración económica y política de sus diferentes estados, con vistas a crear un gran mercado a nivel continental. Así, la Comunidad Económica Europea se ha convertido en 1994 en la Unión Europea, que aspira a englobar a los países ex-comunistas y agrupa a quince países de Europa occidental entre los cuales se han eliminado las trabas a la libre circulación de personas y capitales. Otras organizaciones económicas en Europa son la EFTA (Asociación Europea de Libre Comercio) y la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico; también cuenta con miembros no europeos). Por último, cabe hablar de la progresiva terciarización de la economía, que es un fenómeno continental, aunque no se desarrolló a la misma velocidad en todos los países.

Agricultura, ganadería, pesca y recursos forestales

La aportación de la agricultura al producto europeo bruto es reducida en comparación a la de la industria y el sector de los servicios. No obstante, la agricultura europea es altamente competitiva, y cuenta con elevados rendimientos gracias a la mecanización y la adecuada racionalización de los cultivos (aunque también en este sector existen grandes desequilibrios regionales). En general, la agricultura europea es de tipo mixto, con varios cultivos y producciones animales en una misma región. Tan sólo las vastas tierras de la Rusia europea se dedican al monocultivo de cereales, que, por otra parte, ocupan la mayor superficie de suelo cultivado en el continente. Destaca en especial el trigo, que es el principal producto de las fértiles “tierras negras” de Ucrania, uno de los mayores graneros del planeta. También es notable la producción de cebada, centeno, maíz, patatas, legumbres y remolacha azucarera. En la Europa mediterránea domina el policultivo de vid, cítricos, olivos y cereales. La ganadería es más importante en Europa occidental (Suiza, Holanda, Escandinavia), en la que se obtiene una considerable producción de leche y carne, y existe una cabaña ganadera altamente diversificada. La agricultura domina en el este y sur, donde aún se mantienen formas tradicionales de explotación de bajo rendimiento, que contrastan con las modernas y altamente rentables explotaciones de Escandinavia y Europa centroccidental.

Los bosques abundan en el norte del continente, y se extienden desde Noruega a la Rusia europea. Debido a ello, los países escandinavos y Rusia son los que cuentan con una industria maderera más desarrollada, y los mayores productores de celulosa y pulpa de madera. La pesca también es una actividad fundamental en los países nórdicos, y en especial en Islandia y Noruega, que son junto al Reino Unido, Rusia, Polonia y España las principales potencias pesqueras.

Minería, industria y energía

La existencia de abundantes yacimientos de carbón fue clave en el desarrollo económico de áreas como las Midlands británicas, la cuenca del Ruhr o la Silesia centroeuropea, en las que la actividad minera se convirtió en un factor dinamizador de primer orden, lo que explica la elevada densidad de población de estas regiones. Sin embargo, la crisis de las cuencas carboníferas es irreversible, y la producción disminuye constantemente, debido a factores como el agotamiento de los yacimientos, el aumento en los costes de extracción o el estancamiento de los precios en el mercado. El hierro es una producción minera destacada en Ucrania (Krivoi Rog), Francia (Lorena) y el norte de Suecia (Laponia), mientras que el gas natural y el petróleo del mar del Norte han aumentado su importancia en los últimos años. También abundan en la Rusia europea, y sobre todo en la región del Volga.

La industria fue el motor del desarrollo económico y el cambio social en el siglo pasado, y ha constituido el sector más importante en la economía europea hasta épocas muy recientes. Actualmente el terciario se ha convertido en el sector cabecero de la economía europea, aunque la industria conserva su pujanza en regiones como las Midlands británicas, en las que comenzó la Revolución Industrial, la Renania alemana, la Silesia centroeuropea, el norte de Francia e Italia, el Randstand holandés, la cuenca ucraniana del Donets y el área de influencia de Moscú. El sur y el este del continente (con las mencionadas excepciones), son las regiones menos industrializadas y, en general, menos desarrolladas. En todos los sectores industriales se alcanza una producción destacada en el conjunto mundial: siderurgia, construcciones mecánicas (naval, automovilístico, maquinaria industrial), químico, textil, electrónico o aeronáutico.

Las principales fuentes de energía son el carbón, el lignito, el petróleo y el gas natural. La producción hidroeléctrica supone un porcentaje elevado de la electricidad, generada en los países escandinavos, Austria, Italia y España, cuya geografía abrupta permite el aprovechamiento energético de los cursos fluviales. Las centrales nucleares son importantes en el Reino Unido, Francia, Bélgica, Alemania y los países de la antigua Unión Soviética, cuyas instalaciones carecen de las reformas necesarias para su modernización.

Sector terciario y finanzas

El sector de los servicios emplea hoy en día al grueso de la población activa y aporta la mayor parte del producto interior bruto. El comercio es una actividad de gran tradición en Europa centroccidental, y actualmente se ha intensificado gracias a la creación del Mercado Unico Europeo. También el comercio intercontinental alcanza un gran volumen; los países más destacados en este sentido son Gran Bretaña, Francia, Italia, los Países Bajos y sobre todo Alemania, la mayor potencia comercial del mundo. El puerto de Rotterdam es el de mayor volumen de intercambios del mundo, y el río Rin centraliza el tráfico de mercancías desde las industriosas regiones de Renania. Los países del este que formaban parte del desaparecido COMECON (Consejo de Asistencia Mutua Económica), el equivalente de la Comunidad Económica Europea en la Europa comunista, han intensificado sus relaciones con los países occidentales, aunque siguen dependiendo de las importaciones de productos energéticos procedentes de Rusia.

El sector financiero ha alcanzado una gran pujanza en países como los Países Bajos, Reino Unido, Francia, Alemania y sobre todo Suiza, donde radican algunas de las más poderosas entidades crediticias del mundo. Las divisas de los países que forman la Unión Europea forman parte del SME (Sistema Monetario Europeo), del que recientemente han salido la lira italiana y la libra esterlina británica. Se trata de un primer paso hacia la futura Unión Económica y Monetaria, y consiste, básicamente, en la integración de las divisas en una banda común de fluctuación, de manera que si alguna de ellas se sale de la banda los bancos centrales de los demás países deben intervenir para estabilizar su cotización. El marco se ha consolidado en los últimos tiempos como la moneda más fuerte del continente, y las decisiones del Bundesbank, el banco emisor alemán, tienen una gran repercusión en los mercados europeos. Los mercados de valores más importantes son las bolsas de Milán, Frankfurt, Londres, París y Amsterdam, cuyo volumen de negocios sólo es superado por las de Nueva York y Londres.

El turismo es una actividad terciaria de capital importancia en los países mediterráneos, y sobre todo en Italia y España (esta última es la principal potencia turística del mundo), en las que se combina a la perfección el atractivo paisajístico y cultural con el clima benigno y la existencia de importantes infraestructuras para el ocio. La guerra en la antigua Yugoslavia y el auge del fundamentalismo en el Magreb y otros países árabes ha provocado que desaparezca la competencia en este sector.

Transporte y comunicaciones

Las infraestructuras de transporte están, en general, muy desarrolladas, salvo en países de economía débil, como los estados ex-soviéticos, o medio físico hostil, como Escandinavia. La red de carreteras alcanza la mayor densidad en Europa centroccidental: Alemania, Países Bajos, Bélgica y Francia. El ferrocarril ha perdido importancia frente a la carretera en el transporte de viajeros, aunque continúa siendo fundamental en cuanto al tráfico de mercancías. En lo referente al transporte marítimo hay que destacar las poderosas flotas mercantes de Grecia, Gran Bretaña, Italia, Francia, Noruega y Rusia, así como los puertos de Rotterdam, Marsella, Hamburgo, Londres, Amberes, Gotemburgo, Gdansk o Bilbao. Algunos ríos son importantes arterias de comunicación, como el mencionado Rin o el Elba, Sena, Volga, Danubio, Dnieper y Escalda. Por último, hay que hacer mención a algunas de las principales compañías aéreas del continente, como Lufthansa (Alemania), British Airways (Reino Unido), Air France (Francia) o Swissair (Suiza). Los aeropuertos más importantes son los de Heathrow (Londres), Orly (París), Schipol (Amsterdam), Fiumicino (Roma) y Barajas (Madrid).

Sistemas políticos y organizaciones supranacionales

El final de la Segunda Guerra Mundial supuso la llegada de la democracia parlamentaria a los países que habían sido derrotados en la contienda bélica, Alemania e Italia. Este sistema político estaba fuertemente arraigado en la Europa sajona y escandinava, y a partir de los cincuenta, y tras la división de Europa en dos bloques antagónicos, se generalizó en el occidente continental, con la excepción de España, Portugal y Grecia, en las cuales la dictadura de corte militar no dio paso a la democracia multipartidista hasta bien entrada la década de los setenta. La república es la forma de estado más extendida, si bien en varios estados se mantiene la institución monárquica, aunque desprovista de poder político y limitada a la función de simbolizar la unidad del estado. Ejemplo de lo anterior son el Reino Unido (la monarquía más antigua del mundo), España, Bélgica, Países Bajos, Suecia, Noruega y Dinamarca, además de pequeños estados como Luxemburgo, Liechtenstein o Mónaco. En estos países y en las repúblicas puede establecerse una división en función de las facultades asumidas por el titular del ejecutivo y sus relaciones con el legislativo, de manera que existen sistemas presidencialistas, como el francés o el finlandés, y plenamente parlamentarios, que son los más extendidos en el continente. Por otra parte, las llamadas “democracias populares” del este de Europa, agrupadas en torno a la Unión Soviética (o expresamente segregadas del bloque prosoviético, como Albania y Yugoslavia), se han derrumbado al final de la década de los ochenta y han dejado paso a democracias basadas en el modelo occidental. Algunos estados han desaparecido, como la propia Unión Soviética o Yugoslavia, fragmentadas en varias repúblicas, o la República Democrática Alemana, absorbida por la República Federal Alemana. Otros se han escindido, como Checoslovaquia, que se dividió a principios de 1993 en dos Estados, la República Checa y Eslovaquia.

Tras la caída del Telón de Acero y la desaparición de la Unión Soviética, los países del este han debido acometer paralelamente a la reforma económica una renovación de sus instituciones, lo cual explica la actual inestabilidad que preside la vida política de muchos de ellos. Este hecho es más evidente en los países que han accedido a la independencia tras la guerra de Yugoslavia, que supuso su desaparición y la independencia de Croacia, Eslovenia, Macedonia, Bosnia y Serbia y Montenegro (que constituyeron la República Federal de Yugoslavia y después la comunidad estatal confederada de Serbia y Montenegro). La desaparición de la Unión Soviética trajo consigo la aparición en la escena internacional de Estonia, Letonia, Lituania, Bielorrusia, Moldavia, Ucrania y Rusia (a las que hay que añadir las repúblicas asiáticas). El final de la Guerra Fría no sólo ha supuesto un cambio político interno en los países ex-comunistas, sino que ha variado el panorama de las relaciones intereuropeas, ya que aquéllos han manifestado su voluntad de incorporarse a las instituciones supranacionales económicas, políticas y militares del bloque occidental.

La principal organización política del continente es la Unión Europea, surgida tras la ratificación por parte de los miembros de la CEE (Comunidad Económica Europea) de su tratado constitutivo (Tratado de Maastricht), y que nació oficialmente el primero de noviembre de 1993. Su objetivo es lograr la integración económica de sus miembros y poner las bases para una futura unión política, para lo cual se han puesto en marcha una serie de complejos procesos unificadores de gradual implantación (armonización fiscal, libre circulación de personas y capitales, sistema monetario europeo, ciudadanía europea, etc.). El esquema institucional de la Unión Europea es complicado, aunque puede sintetizarse citando sus principales organismos: la Comisión Europea sería el ejecutivo; el Consejo de Ministros establece las líneas maestras de la política común, y el Parlamento Europeo representa a los ciudadanos de la Unión, controla a la Comisión y comparte con el Consejo el poder decisorio en varias cuestiones (antes de la constitución de la Unión Europea era un órgano meramente consultivo). Los miembros de la Unión Europea son quince: Alemania, Italia, Francia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Grecia, España, Portugal, Suecia, Austria y Finlandia. Los tres últimos han entrado a formar parte de la organización el primero de Enero de 1995, tras la última ampliación, y se prevé que en un futuro se incorporen varios países del este.

Otras organizaciones de ámbito continental son el Consejo de Europa, que contaba con 32 miembros a principios de 1994 y del que ya formaban parte algunos países de Europa oriental (otros son candidatos oficiales a la adhesión), y el Acuerdo Europeo de Libre Cambio (AELC), al que pertenecen varios países que decidieron participar en el proceso de integración económica sin incorporarse a las instituciones comunitarias (Suiza, Noruega Liechtenstein e Islandia), y que forman con los miembros de la Unión Europea el Espacio Económico Europeo (EEE). La OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos) excede del ámbito europeo, ya que entre sus 25 miembros están Japón, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. En el terreno de lo militar hay que citar a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), que también es de ámbito supracontinental, ya que la componen Estados Unidos, Canadá y 14 países europeos (Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos, Turquía, Italia, Luxemburgo, Islandia, Portugal, Dinamarca, España, Grecia y Noruega). La otra organización militar es la UEO (Unión Europea Occidental), de la que son miembros de pleno derecho diez países europeos de la OTAN (Noruega, Turquía e Islandia son miembros asociados, y Dinamarca e Irlanda son observadores). Por último, hay que hacer mención a organizaciones regionales de carácter económico como el Consejo del Mar Báltico, la Cooperación Económica del Mar Negro o el Grupo de Visegrad. Los países europeos y asiáticos que pertenecían a la Unión Soviética forman parte de la CEI (Comunidad de Estados Independientes), con la excepción de las repúblicas bálticas: Estonia, Letonia y Lituania.

Fuente: Espasa, Wiki

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