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La Historia de la Geografía

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La Geografía es la ciencia que tiene por objeto la descripción y explicación de los fenómenos físicos y humanos que se generan sobre la superficie de la Tierra; se diferencia así entre sus dos ramas principales, la Geografía Física y la Geografía Humana. Es una ciencia que versa sobre “ecología humana” y ha nacido como una auténtica disciplina de síntesis, situándose en el cruce de caminos entre las ciencias de la Tierra y las ciencias humanas clásicas, con los efectos negativos que de este hecho se derivan. La Geografía Física, por ejemplo, recurre a diversas disciplinas, como pueden ser la Geomorfología, la Edafología, la Biogeografía o la Climatología, entre otras.

Trata sobre la organización del espacio terrestre por el hombre desde diversos puntos de vista como son el del hábitat, el de la población, el de la producción o el de los transportes, entre otros.

El término “Geografía” destaca entonces por su carácter polisémico. Hace referencia a una disciplina académica e identifica, además, el objeto principal de estudio de dicha disciplina con un significado similar a territorio o espacio. Dicho término se emplea pues para mencionar un tipo especial de saber y cultura sobre el espacio. Esa mencionada polisemia ha contribuido de manera importante a la confusión que ha acompañado desde antiguo al nacimiento y desarrollo de esta ciencia; confusión, principalmente, referida a la profundidad histórica de este saber ya que el carácter milenario que se le ha otorgado, arraigado a la cultura y herencia griega, viene a chocar de manera importante contra la breve historia de su vivencia como auténtica disciplina científica moderna a la que también se conoce con el nombre de Geografía y que surgió ya entrado el siglo XIX en la Escuela francesa. La Geografía se muestra entonces como un gran cajón de sastre en el que conviven los viajes, las exploraciones, la descripción de lugares, su ubicación, la elaboración de cartografías especializadas, etc.

El objeto geográfico

Varias han sido las cuestiones y fenómenos que han acompañado a la Geografía a lo largo de su más que compleja evolución y que, por tanto, han pasado a conformar una parte esencial de ésta; es lo que se conoce como “objeto geográfico”. Se trata de todo una serie o conjunto de conceptos claves como son el Medio y el Espacio, ambos en relación estrecha con el hombre. La definición de la noción de espacio geográfico ha sido una de las bases fundamentales para los geógrafos ya que facilitaba, al mismo tiempo, la posibilidad de definir y delimitar la propia razón de ser de la Geografía como ciencia.

Dicho espacio geográfico se ha visto siempre desde multitud de puntos de vista así como de diversas perspectivas epistemológicas a lo largo de su historia; así se habla y se estudian sitios, lugares, paisajes, regiones, territorios, etc., aunque teniendo en cuenta la percepción espacial. Desde la Antigüedad, la principal finalidad de la Geografía era la representación gráfica del espacio (hoy, campo básico de la Cartografía). Sin embargo, como el espacio no se ha visto siempre desde el mismo punto de vista sino que la visión sobre el mismo ha ido evolucionando de manera progresiva (hecho que ha posibilitado la aparición de una amplia gama de perspectivas en cuanto al hecho básico de su concepción), han surgido, así, perspectivas completamente opuestas en lo referente a la definición y entendimiento del objeto geográfico.

Originariamente, el espacio no es más que una mera noción ligada a lo que hoy conocemos como “dimensión espacial”. Únicamente a posteriori, y gracias a la mediación de la cultura y del ámbito social, se llega a comportar como un concepto. Así, el espacio conlleva e implica otros conceptos de gran importancia como son el de extensión, distancia e incluso separación, y presupone cierta ordenación u organización, aunque realmente el espacio geográfico siempre ha aparecido influido por su necesaria identificación con lo natural, es decir, con la Naturaleza. De esta manera, el medio geográfico se relaciona y se identifica con el entorno o ambiente en el que conviven los seres humanos; este medio se encuadra dentro de las relaciones hombre-Naturaleza, hecho que se convertiría en el eje central del entendimiento del espacio (medio natural = paisaje). A su vez, este concepto caló muy hondo en el nacimiento y evolución de la Geografía moderna y acabó por convertirse en sinónimo de “medio físico”, a pesar de que el factor cultural nunca dejó de ser esencial.



Historia y evolución del saber geográfico

La historia reciente de esta disciplina siempre ha destacado por su más que persistente intento de dotarle del rango de ciencia. De una manera progresiva la Geografía se ha ido convirtiendo en una verdadera ciencia en la que confluyen todos aquellos diversos conocimientos, técnicas, prácticas y posibles saberes que aparecen íntimamente relacionados al espacio terrestre. Comprende cualquier conocimiento que verse sobre el saber de la superficie de la Tierra, identificando a la vez un tipo de saber originario y universal; supone un acertado acercamiento físico y humano a la compleja realidad espacial y/o territorial.

El surgimiento del saber geográfico

Desde la Antigüedad, todas las sociedades han promovido el desarrollo de su propia “cultura del espacio”. Orientarse, ubicar los diversos territorios, ordenarlos, describirlos, establecer las relaciones entre los elementos que constituyen un territorio, de los recursos presentes en él, etc., han sido prácticas que han ido progresivamente condicionando una imagen del espacio, aunque en la mayoría de las ocasiones se ha hecho de manera más bien espontánea.

Así, de este modo espontáneo, nació en la época griega clásica la denominada “imaginación” del espacio, campo del conocimiento al que no se tardó en llamar Geografía. A partir de entonces se comenzó a elaborar una terminología más o menos específica, se enumeraron ideas e hipótesis, etc. Dicha cultura y dichas propuestas fueron el inicial fundamento de la representación del mundo que descansa desde hace más de dos mil años en la cultura de Occidente. Todo ello gracias a que los griegos desarrollaron su pasión por conocer; trataron de dar forma, indagar, analizar y reflexionar sobre toda una serie de hechos íntimamente relacionados con la Tierra. Descubrieron así el Macrocosmos (el universo) y el Microcosmos (el hombre y su entorno), a pesar de que identificaban la emergente Geografía con la Cartografía, ya que partía de la búsqueda de las auténticas dimensiones de la Tierra y de que recurría al cálculo matemático y al saber astronómico.



La Geografía clásica

Es durante el siglo XV cuando aparece el cambio básico en las condiciones de desarrollo del conocimiento geográfico en el continente europeo. Dicho cambio llegó de la mano de dos hechos fundamentales: la recuperación de la tradición geográfica antigua (en donde destacaron las obras de Ptolomeo) y la incipiente actividad viajera y exploradora de los europeos (que también puede ser calificada como “geográfica”).

Dichos viajes, sobre todo por el desarrollo de la navegación, impulsaron el desarrollo del saber instrumental cartográfico y la escisión, así, del puramente geográfico. Se produjo entonces la esperada recuperación del término Geografía, aunque aún tardó un poco en abandonar su equivalencia con la Topografía, a la par que la Cartografía dejó de ser un arte para convertirse en ciencia. Posteriormente, llegaron años de gran confusión y de falta de definición de la concepción geográfica. Bajo el concepto de Geografía aparecían confundidos todo un conjunto de campos del saber que oscilaron entre la Topografía y la Cosmografía, y así el carácter de saber aún indefinido, de permanente confusión y la completa ausencia de método así como de concepción constituyeron los principios básicos de las obras geográficas en estos siglos.

El nacimiento de la Geografía como ciencia y la aparición de la Geografía moderna

La Geografía con base científica se inició a principios del siglo XIX, y fue totalmente diferente a la del siglo XVIII; es a partir de entonces cuando se inicia la tradición geográfica moderna. El paso de un siglo a otro estuvo caracterizado por la presencia de importantes acontecimientos políticos que supusieron el fin de una etapa y el comienzo de otra; entre ellos destacan la Revolución Francesa, la Revolución Industrial, el fin del Antiguo Régimen y el nacimiento del liberalismo económico. Todas estas transformaciones no tardaron mucho en incidir en el saber científico, que también sufrió importantes procesos de modificación. El conocimiento como tal sufre ciertas modificaciones ligadas a tres hechos fundamentales:

-comienza a manifestarse un renaciente y nuevo interés por el factor tiempo, por la sucesión-secuencia temporal de los acontecimientos. Es decir, aparece un nuevo interés por lo que hoy llamamos “cronología”, y aparece en este contexto el concepto de evolución.

-comienza un nuevo interés por el hombre como tal, así como por su estrecha relación con la Naturaleza, es decir, con su entorno natural.

-a finales del siglo XVIII surge el Romanticismo, que suponía la aparición de una nueva forma de concebir el conocimiento: para los científicos del siglo XVIII conocer algo era analizarlo, descomponer ese todo en partes y analizarlas y estudiarlas por separado, mientras que en el siglo XIX conocer algo es conocer la unidad que conforman esas cosas, ya que la realidad no es más que el conjunto de las relaciones existentes entre las partes. El Romanticismo concibe a la Naturaleza (y, por extensión, al mundo) como un ser vivo más que ha de entenderse como un auténtico organismo y no como un mecanismo.

Dos autores renovaron de manera esencial el pensamiento geográfico, Humboldt y Ritter; éstos fueron plenamente conscientes de que tenían que convertirse en los fundadores de la “nueva geografía”. Ambos estuvieron muy influidos por la teoría romántica del conocimiento. Dentro de la vertiente de la Geografía humana destacaron Eliseé Reclus, Piotr Kropotkin y Friedrich Ratzel, todos ellos a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX.

La Geografía moderna no se formó de manera rápida como disciplina formada y definida completamente en todos sus componentes, objetivos y objeto. Se trata de un fenómeno resultante de un lento y continuo proceso de construcción que apareció en la segunda mitad del siglo XIX y que llegó hasta el primer tercio del XX. Dicho proceso se inició en el campo de las ciencias de la Naturaleza. Aparece como un espacio de confluencia e interconexión de todos aquellos saberes que tenían en común varios componentes esenciales: su vinculación con la distribución y ordenación territorial, la clasificación física en el espacio, etc. Desde este punto de vista, la Geografía moderna (es decir, aquella que nació como verdadera ciencia en el siglo XIX) forma parte de una cultura que aparece arraigada e identificada con esa experiencia griega, aunque los griegos denominaran Geografía a la representación del mundo (hoy mucho más cerca de lo que se conoce como Cartografía), y dentro de ella de la Tierra. Sin embargo, dicha Geografía moderna se muestra, dentro del campo general de las ciencias modernas, como una disciplina de explicación. El paso existente entre representación y explicación es el verdadero elemento sustancial y aparece ligado muy estrechamente con la aparición de nuevas perspectivas intelectuales y científicas.

Sin embargo, el hecho de que la Geografía se consolidara como disciplina universitaria ha sido el causante de que se considere a ésta como una fundamental. La decisión partió del Ministerio de Educación de Prusia, que se propuso que todas las universidades alemanas contaran con una cátedra especializada en Geografía. La primera de esas cátedras modernas de Geografía en Alemania la ocupó F. Von Richthofen, prestigioso geólogo, en el año 1873. Este proceso de favorecer la presencia de esta disciplina en las universidades resultó bastante más tardío en los países anglosajones.

Así pues, la formación de una comunidad científica, la definición de un campo de conocimiento y la posterior elaboración de un fundamento objetivo para el mismo han constituido los elementos más importantes para el nacimiento de la Geografía moderna. Ésta fue, en sus comienzos, una disciplina algo difusa que apareció como un vasto campo de conocimientos de predominante orientación física, cuyo único nexo de unión era el conocido como “principio de la extensión”, es decir, delimitar la extensión de los fenómenos que se generan sobre la superficie terrestre.

La orientación predominantemente física condicionó que esa incipiente generación de geógrafos se viera influenciada de manera esencial por todo un amplio conjunto de estudiosos de formación naturalista. Así, la primera oleada de geógrafos universitarios llegó caracterizada por la disparidad de sus procedencias, entre las que destacan la de los geólogos F. von Richthofen y O. Peschel, el físico W. M. Davis, el físico y meteorólogo Hann, el zoólogo Ratzel, el médico Passarge y el historiador del mundo antiguo Vidal de la Blache, entre otros muchos.

En este originario marco geográfico, la creación de la denominada Geografía renovada exigió un esfuerzo importante en múltiples direcciones. La primera necesidad que se encontró fue el de constituir su objeto de estudio, siempre bajo presupuestos metodológicos de características completamente científicas.

Los fundamentos de la Geografía moderna

Varios han sido los pilares que han influido en el nacimiento y evolución de la Geografía moderna: el entendimiento de la Naturaleza como una realidad completamente geográfica, como un “todo” ordenado que surge como fruto de las necesarias relaciones entre sus partes, por un lado; la idea del hombre como parte de dicha Naturaleza, con la que se relaciona permanentemente y con la que se producen relaciones tanto materiales como inmateriales, por otro; y el hecho de que para entender la realidad geográfica deba existir un doble camino de conocimiento, el explicativo y el comprensivo, por último.

Ramas geográficas: la diversidad del saber geográfico

En tiempos recientes se ha tendido a ir hacia unos caminos que muestran la presencia de todo un conjunto de saberes y disciplinas que aparecen enlazadas bajo una concepción y denominación más o menos común. De este hecho se deriva la presencia de importantes solapamientos con otras disciplinas científicas y conlleva que el tan famoso problema de la unidad de la Geografía siga siendo actual. Un ejemplo claro lo encontramos en la diferenciación clásica entre Geografía física y Geografía humana, así como en la posterior aparición de la Geografía regional.

La escisión entre Geografía física y Geografía humana

La fundación de la Geografía moderna dio lugar en el siglo XIX a la escisión entre dos campos fundamentales, el de Geografía física y el de la Geografía humana, término este último introducido por J. Brunes a principios del siglo XX (1910), aunque se encuentra un claro antecedente en la Antropogeografía de F. Ratzel (1882). La Geografía física quedó englobada dentro del gran conjunto de las Ciencias de la Tierra y la Geografía Humana en el campo de las Ciencias sociales.

Los primeros geógrafos aparecieron íntimamente relacionados con diversas disciplinas ligadas tanto a las ciencias naturales como a las físicas. De esta manera, el núcleo esencial de la “concepción geográfica” era la definición del medio geográfico como un medio físico, y así se estudiaban, se analizaban y se explicaban suelos, vegetación, clima, etc. La Geografía Física se configura de este modo como una morfología de la superficie terrestre, es decir, se constituye como una mera fisiografía (lo que hoy se denomina Geomorfología). Durante mucho tiempo, la Geografía Física se entendió como la descripción y posterior explicación física de la superficie de la Tierra, y para dicha tarea se empleaban conocimientos de diversas disciplinas como eran la Geología, la Climatología, la Biogeografía o la Hidrogeografía, entre otras. Poco a poco quedó entendida como una simple prolongación de la Geología y se instauró como concepto clave el de Geosistema, entendido como una unidad de paisaje en relación con todos los elementos que la conforman, ya sean bióticos como abióticos.

La Geografía humana, por su parte, nació con la Geografía moderna y engloba múltiples disciplinas como la Geopolítica, la Geografía de la población, Geografía rural, Geografía urbana, Geografía estadística, Geografía social y la Geografía histórica, entre otras. Esta nueva orientación se planteaba como una ciencia dirigida esencialmente al estudio de las relaciones Hombre-Medio. Su posterior evolución hizo que simplemente se encargara de los hechos humanos (fenómenos sociales), así como la Geografía física lo hacía con los hechos y fenómenos naturales.

Geografía regional

La Geografía regional nació en el siglo XX, ligada de manera más que esencial al estudio de la “región”. El concepto de región geográfica identifica una porción de la superficie terrestre claramente delimitada y diferenciada del entorno más próximo. Así, el punto de partida es el necesario reconocimiento de dicha región (en los primeros años, fundamentalmente física, ya que se llegaría a conocer como “región natural”) como un objeto de la Geografía. Se trata de una geografía meramente descriptiva en torno a dichas unidades de carácter espacial, por lo que para algunos aparece muy ligada con la primera geografía, es decir, con aquella que también denominaban corografía. El trabajo de multitud de geógrafos se centró en un intento de dar un claro contenido al concepto de región e ir más allá de la labor meramente delimitadora. Según Casas Torres “la misión de los geógrafos […] no es crear regiones, sino descubrir y deslindar, hasta donde se pueda, las que realmente existen […] las reales, las geográficas”.

Esta Geografía se entendía como una aproximación a los lugares bajo la orientación básica de Vidal de la Blache. A pesar de ello no tardó en convertirse en un trabajo rutinario, puesto que las síntesis geográficas regionales acabaron por convertirse en una mera amalgama de estudios “universales”, es decir, en un simple inventario de los hechos físicos y humanos que condicionaban el paisaje de cada región. Así, la confusión y la inseguridad de los propios geógrafos regionales terminó por desembocar en la denominada “crisis de la Geografía regional”. Una prueba clara de ello es que en España, por ejemplo, las monografías regionales dejaron de ser un objeto de investigación en la década de los años setenta del siglo XX. El posterior resurgimiento llegó de la mano de los estudios económicos (“región funcional”) y del auge de los planes de ordenación territorial.

Finalmente, mencionar que el conocimiento geográfico siempre se ha hecho eco tanto del desarrollo general de las ciencias como de los problemas políticos y sociales; en el primer caso se desarrolló la conocida Geografía analítica, que se fundamentó básicamente en las teorías y en los modelos matemáticos (así nació la Geografía coremática, que entendía y contemplaba el espacio como una dimensión esencialmente geométrica) y en el segundo caso, la Geografía radical, también conocida como la “geografía del compromiso político”, en cuyo seno surgió una geografía de corte marxista.

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