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Biografía de Adán y Eva [Biography of]

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 Los primeros capítulos de la Biblia, en dos relatos distintos, presentan a Adán y Eva como los primeros humanos creados por Dios, antecesores de todos los hombres. El relato más antiguo, en Génesis 2, 7, lo expone de esta manera: “Entonces formó Dios al hombre (Adán) del polvo del suelo, e insuflando en sus narices aliento de vida, quedó constituido el hombre como alma viviente”. El nombre de Adán puede aplicarse a una persona concreta o al género humano en general. El texto explica su conexión: ese nombre, en hebreo ‘adam, tiene relación con ‘adamah ‘polvo de la tierra’, sustancia de la que está hecho. En cuanto a la mujer, el mismo texto dice poco después que Dios considera que “no es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda similar a él” (v. 18). Por ello, “infundió un sopor sobre el hombre, que se durmió; entonces le tomó una de las costillas, cerrando con carne su espacio. Luego Dios transformó en mujer la costilla que había tomado del hombre y la condujo al hombre” (vv. 21-22). El hombre, que según el mismo texto había dado nombre a todos los seres de la creación, da a la mujer el nombre genérico de “varona” (‘issah), femenino de su propio nombre genérico de “varón” (‘is) (v. 23). Más adelante, se ofrece una interpretación popular del origen del nombre de la primera mujer: “El hombre denominó a su mujer con el nombre de Eva [Hawwah] por haber sido ella madre de todo viviente [hay]” (Gé 3, 20).

El texto del primer capítulo del mismo libro del Génesis ofrece una reflexión teológica escrita varios siglos más tarde, según la cual la creación de la primera pareja humana tiene lugar el último día, el sexto, después de estar ya creados todos los demás seres sobre la tierra: “Entonces dijo Dios: ‘Hagamos al hombre a imagen nuestra, a nuestra semejanza, para que domine en los peces del mar y en las aves del cielo, y en los ganados, y en todas las bestias salvajes, y en todos los reptiles que reptan sobre la tierra’. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó” (Gé 1, 26-27).

El primero de los relatos mencionados atribuye a Adán y Eva, puestos por Dios en el paraíso, el primer pecado, la desobediencia del mandato divino de no comer del fruto de un árbol del vergel, con las correspondientes maldiciones y castigos divinos y la expulsión del paraíso (cap. 3). En los capítulos siguientes de la Biblia, se presenta a todos los hombres como descendencia directa de la primera pareja, Adán y Eva, padres de Caín, Abel y Set (cap. 4).

Los relatos bíblicos tienen como marco las literaturas de Oriente Próximo, Mesopotamia y Egipto, en las que se conocen numerosas exposiciones míticas o legendarias sobre el origen de la humanidad. Los elementos comunes son numerosos, si bien los autores bíblicos ofrecen su reflexión teológica peculiar, subrayando el monoteísmo, la idéntica categoría de todos los seres humanos y la igualdad esencial del hombre y la mujer.

Esta presentación de los primeros antecesores del género humano ha dado lugar a una extensísima literatura, a ampliaciones, representaciones y manifestaciones artísticas de todo tipo, y a no pocas discusiones. Entre estas últimas se pueden destacar las mantenidas hace ya algunos años entre los partidarios de entender de modo literal e histórico los textos mencionados, y los defensores de otras teorías científicas, como la evolución, sobre el origen de la humanidad; la interpretación historicista y extremadamente literalista, que aún tratan de mantener algunos, difícilmente puede compaginarse hoy con lo que conocemos sobre el carácter y el entorno de estos textos.

La tradición judía desarrolló en diversas direcciones los materiales referentes a Adán y Eva. El proceso comenzó muy pronto, en la literatura llamada pseudoepigráfica o intertestamentaria y en la encontrada en Qumran: Jubileos, 2 Henoc, 4 Esdras, 2 y 3 Baruk, etc. Se tiende a subrayar la dignidad conferida por Dios a Adán antes de la caída, su gran belleza y tamaño, así como las nefastas consecuencias de su pecado. La serpiente que hizo caer a Eva se relaciona con el Demonio. Entre los libros que más atención dedican al tema destaca el Apocalipsis de Moisés, en griego, que cuenta detalles de la vida de Adán y Eva tras ser expulsados del Paraíso, incluyendo un viaje de Eva y Set al mismo jardín en busca de remedio para la enfermedad de Adán; no consiguen el aceite medicinal, y Adán muere. Tras su muerte, los ángeles suplican que sea perdonado, Dios se compadece de él y ordena que lo lleven al tercer cielo, en espera de la resurrección; la obra concluye con la muerte y sepultura de Eva. El Libro de Adán y Eva, en latín, relacionado sin duda con el anterior, ofrece también visiones propias, como un segundo engaño de Satán a Eva, tras lo cual explica su propia caída; Eva aparece como la gran culpable, en contraste con la inocencia de Adán; Adán hace penitencia en el Jordán y es perdonado. El Testamento de Adán, escrito en siriaco, con materiales judíos y cristianos, incluye en una de sus secciones la profecía en la que Adán predice el futuro de la humanidad y sostiene que Dios le habría convertido en un dios a no ser por la caída.

La literatura gnóstica judía conoce un Apocalipsis de Adán, encontrado en 1946 en Nag Hammadi (Egipto), escrito en copto, que contiene una revelación hecha por Adán a su hijo Set para que la transmita a sus descendientes: se trata de una especie de testamento con la información sobre los hechos futuros que ha aprendido al comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Adán y Eva son en su origen un único ser andrógino, que más adelante se separa en dos, perdiendo su gloria originaria; la caída es un hundirse en la ignorancia por efecto de la separación. Los ecos de esa concepción del andrógino llegan a la interpretación del pasaje que hace el gran exegeta francés Rashi en el siglo XI. El Adán gnóstico describe en este tratado la aparición de un personaje celeste, el Iluminador del Conocimiento, que redimirá las almas de los descendientes de Noé.

En la primera literatura cristiana, Pablo establece el contraste total entre Adán y Jesús: por el primero “entró el pecado en el mundo, y a través del pecado, la muerte” (Ro 5, 12); pero “si por la ofensa de uno, por uno solo, reinó la muerte, con mucha más razón por uno solo, Jesucristo, reinarán en la vida los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia” (Ro 5, 17); “como todos mueren asociados a Adán, así también todos volverán a la vida asociados a Cristo” (1C 15, 22). En 1 Tim 2, 13 s., se justifica la preeminencia masculina subrayando que Adán fue creado primero y que la que se dejó engañar fue la mujer. Los padres de la Iglesia conceden atención especial a las repercusiones del “pecado original” sobre la naturaleza humana y la necesidad de redención.

También el Corán presta atención especial a la figura de Adán (2,28-39), “el elegido de Dios”, que, aunque creado de barro arcilloso y maleable (15, 26), fue el primero de los profetas que “recibió palabras de su Señor” y al que Dios enseñó los nombres de todos los seres para que se los hiciera saber a los mismos ángeles. Cuando Dios anuncia a los ángeles su intención de establecer un “sucesor” en la tierra, despierta entre ellos ciertas suspicacias. Tras su creación, los ángeles se inclinan ante él (como rey suyo) por mandato divino, pero Iblis (Satán) se niega, siendo ésta la causa de su caída. Tras la expulsión del paraíso hizo penitencia 200 años en la isla de Sarandib, después de los cuales el ángel Gabriel le llevó cerca de la Meca para que se encontrara con su mujer. Ciertas tradiciones afirman que fue él quien edificó la Caaba.

En la Edad Media, los cabalistas judíos elaboran a partir de su figura el concepto del Adam qadmon u “hombre primordial”, reflejo del macrocosmos divino, que a veces representa a la totalidad de las emanaciones divinas, y que serviría de modelo para la creación del Adán físico. Antes de su pecado, el cuerpo de Adán era espiritual, pero su armonía originaria quedó destruida por el pecado, el “corte de los brotes”, que consistió en separar una de las sefirot o emanaciones divinas de todas las demás, rompiendo así los canales de comunicación entre el mundo inferior y el superior.

Bibliografía

Díez Macho, A., ed., Apócrifos del Antiguo Testamento, Madrid, Cristiandad, 1982-84.
Scholem, G., Desarrollo histórico e ideas básicas de la Cábala, Barcelona, Riopiedras, 1994.

Adán y Eva

Fuente: Britannica

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