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Biografía de Zamudio, Adela (1854-1928)

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 Poetisa, novelista, dramaturga y pedagoga boliviana, nacida en Cochabamba el 11 de octubre de 1854, y fallecida en su lugar de origen el 2 de junio de 1928. Autora de una variada producción literaria en la que sobresale, por su hondura reflexiva, una veta poética caracterizada por la sencillez en el decir, la habilidad en la versificación y la integridad moral, está considerada como una de las voces más destacadas de la literatura boliviana de todos los tiempos. En reconocimiento a los valores éticos y estéticos de su obra, así como al tesón que puso a la hora de procurarse una formación intelectual que en su época se negaba a las mujeres, el día 11 de octubre de todos los años, en recuerdo de la fecha de su nacimiento, se conmemora en su país natal el “Día de la Mujer Boliviana”.

Impulsada desde su temprana juventud por una señalada vocación literaria, con apenas quince años Adela Zamudio se dio a conocer como poetisa por medio de la publicación, en los medios de comunicación locales, del poema titulado “Dos rosas”, que apareció firmado por el pseudónimo de “Soledad”. A pesar de esta precocidad creativa, aún habrían de trascurrir casi dos decenios desde la difusión de aquel poema inicial hasta la publicación del primer volumen de versos que dio a la imprenta Adela Zamudio, un poemario presentado bajo el título de Ensayos poéticos (Buenos Aires; Imprenta y Litografía de Jacobo Pausser, 1887). La aparición de esta opera prima de la escritora de Cochabamba mereció el elogio unánime de críticos y lectores, lo que contribuyó decisivamente a que su autora cobrara seguridad y confianza en lo referente a los resultados de un voluntarioso proceso de aprendizaje cultural y literario que, hasta el momento, había transcurrido por cauces autodidácticos.

La excelente acogida dispensada a Ensayos literarios le valió a Adela Zamudio, al margen de otros honores y distinciones, su designación como “Socia de Honor” del Círculo Literario de La Paz en 1888, circunstancia que por sí misma llevaba aparejado el reconocimiento público de su valía como escritora. Alentada por este creciente prestigio, en 1890 la autora de Cochabamba dio a la imprenta, en la ciudad que le había visto nacer, un juguete dramático titulado Violeta o La Princesa Azul, obra compuesta en los escasos ratos libres de que disponía Adela Zamudio en su esforzado empeño por alcanzar una formación académica y un nivel cultural que le permitiesen ejercer la profesión de maestra. Finalmente, en aquel mismo años de 1890 logró ingresar en el magisterio profesional, al ser admitida como maestra en la Escuela San Alberto, de Cochabamba. A partir de entonces, comenzó a desplegar una fecunda actividad pedagógica que, en tan solo un lustro, la condujo hasta la dirección del Liceo de Señoritas, en el que desarrolló a lo largo de toda su vida una valiente y decidida preocupación docente orientada a la eliminación de las trabas y los prejuicios reaccionarios que lastraban el aprendizaje académico y la formación espiritual de las jóvenes bolivianas.

En efecto, en su valerosa defensa del derecho de las mujeres a recibir una esmerada formación, Adela Zamudio reclamó la necesidad de introducir el laicismo en los programas educativos nacionales, al tiempo que se significaba por algunas propuestas tan audaces en su época como la invitación al matrimonio civil y la separación de los poderes de la Iglesia Católica y del Estado. Estas ideas, plasmadas no sólo en las aulas del Liceo de Señoritas, sino también en varios artículos y ensayos pedagógicos que publicó en diferentes medios, la arrastraron hacia algunas sonadas polémicas sostenidas contra los elementos más reaccionarios del conservadurismo religioso y político boliviano, entre los que significó, por su virulento enfrentamiento con Adela Zamudio, el padre Pierini, promotor de un movimiento ultraconservador que, bajo el nombre de “Liga de las señoras católicas”, pretendía defender los arcaicos privilegios legales y fiscales de la Iglesia Católica en el sistema educativo del país. En medio de esta agria polémica, la combativa escritora de Cochabamba llegó a estampar textos tan audaces como el que a continuación se transcribe: “Yo profeso la moral humana, la inmutable, la que aquilata la virtud donde se encuentre, humilde y desconocida, y condena el error sea quien fuere el potentado que ha caído en él”.

En 1914, cuando la aguerrida pedagoga contaba ya sesenta años de edad, ese vigor impulsivo que había alentado sus ideas liberales mantenía intacta toda su capacidad de enfrentamiento contra los sectores reaccionarios que seguían oponiéndose al desarrollo intelectual y humano de las mujeres. En dicho año, Adela Zamudio dio a la imprenta un polémico artículo en el que, bajo el título de “Temas pedagógicos”, hacía patente la repulsa e indignación que le causaba el hecho de que las jóvenes educandas bolivianas, al alcanzar el tercer grado de la Escuela Primaria, se vieran obligadas a suspender su formación académica, pues los programas educativos vigentes no contemplaban la posibilidad de que accedieran a los cursos superiores. Este talante combativo que mantuvo hasta el final de sus días -y que quedó perfectamente reflejado en su creación literaria-, la convirtió en una de las figuras más representativas de la pedagogía boliviana de su época; en homenaje y agradecimiento a sus desvelos, el Liceo de Señoritas que dirigió durante tantos años fue bautizado, tras la desaparición de la escritora de Cochabamba, con el nombre de “Liceo Adela Zamudio”.

Al tiempo que desplegaba esta infatigable labor pedagógica, la briosa escritora iba pergeñando una brillante producción literaria que, puesta de relieve a través de algunos cuentos y poemas sueltos publicados en periódicos y revistas, no volvió a pasar por los tórculos de las imprentas hasta 1906, fecha en la que apareció en Cochabamba El castillo negro, una breve pieza teatral dirigida al público infantil. En 1913 vio la luz su novela epistolar Íntimas (La Paz; Imprenta Velarde, 1913), primera muestra, en formato de libro autónomo, de una capacidad narrativa que Zamudio ya había demostrado con la publicación en diversos medios de comunicación de varios cuentos y novelas cortas. Entre los primeros, recogidos a los quince años de su muerte en una recopilación presentada por Gustavo Adolfo Otero bajo el título de Cuentos breves (La Paz; Ed. La Paz, 1943), figuran algunas piezas tan emblemáticas de la narrativa breve boliviana como los relatos alegóricos “La razón y la fuerza” y “El diamante”; los cuentos fantásticos “Vértigo”, “La felicidad” y “El desconocido”; o las narraciones costumbristas “Rendón y Rondín”, “Violín y guitarra” y “El velo de la Purísima”. En líneas generales, los cuentos de Adela Zamudio se inscriben ya en la más pura tradición romántica, ya en la posterior estética realista, pero siempre dentro de una finalidad testimonial que busca reflejar sobre el papel hechos y situaciones de la vida cotidiana, incluso en aquellos relatos más tocados por la vena imaginativa y fantástica que a veces sale a relucir en la prosa de la autora.

Idéntico proceso de rescate editorial experimentaron las novelle de Adela Zamudio, recopiladas por Luis Taborga bajo el título genérico de Novelas cortas (La Paz; Ed. La Paz, 1943). Entre ellas, cabe recordar las tituladas La madrastra, La fundación y Noche de fiesta. A pesar de que la escritora de Cochabamba se consideraba mejor dotada para el cultivo de la narrativa que para el ejercicio de la creación poética, lo cierto es que su obra en prosa no mereció, en su tiempo, el mismo reconocimiento otorgado a su producción lírica, circunstancia que tal vez explique por qué Adela Zamudio no siguió adelante en su propósito -anunciado en varias ocasiones- de escribir otra novela extensa.

Respecto a su aplaudida creación poética, es necesario añadir que a la ya lejana aparición de Ensayos poéticos se sumó, veintisiete años después, la publicación de Ráfagas (París; Librería P. Ollendorff, 1914), un poemario en el que Adela Zamudio recogió sus nuevas composiciones líricas, algunas de ellas (como los celebérrimos poemas “¿Quo Vadis?” y “Nacer hombre”) ya publicadas en periódicos y revistas literarias. La salida a la calle de Ráfagas confirmó la buena impresión transmitida, mucho tiempo atrás, por su primer volumen de versos, a pesar de que los cauces por los que discurría a la sazón la lírica hispanoamericana, ya plenamente influida por las novedosas aportaciones de Rubén Darío y otros grandes poetas modernistas del momento, no eran los más apropiados para contener, al mismo tiempo, las secuelas románticas presentes en el quehacer poético de Zamudio.

En efecto, la poetisa de Cochabamba se mantuvo fiel en todo momento a una estética romántica que hunde sus raíces en los grandes maestros europeos como Lord Byron, Alphonse de Lamartine, Alfred de Musset, José de Espronceda, José Zorrilla y Gustavo Adolfo Bécquer. En esta línea, su poesía muestra, en el plano formal, una extraordinaria capacidad versificadora que no impide, en el nivel del contenido, el desahogo de la radical rebeldía de que hizo gala Zamudio en sus actuaciones públicas y en el resto de sus escritos literarios y pedagógicos. Así, la vehemente poetisa ejerce, a través de sus versos, un agudo análisis de la realidad circundante, del que luego desprende amargas reflexiones acerca de los prejuicios morales, el conservadurismo de la sociedad, la impostura política, la hipocresía del clero (“La Roma en que tus mártires supieron / en horribles suplicios perecer, / es hoy lo que los Césares quisieron: / emporio de elegancia y de placer”), y, en definitiva, de cuantas trabas sociales, culturales y espirituales se oponen al desarrollo libre de la conciencia humana. Sabedora de que el alcance y el valor de su palabra poética, generados desde este franco ejercicio de sinceridad, no habrían de desaparecer después de su muerte, dejó escrito en un epitafio que aún perdura labrado sobre su tumba: “Vuelo a morar en ignorada estrella / libre ya del suplicio de la vida; / allá os espero; hasta seguir mi huella, / lloradme ausente, pero no perdida”.

A tenor de estos versos, no es de extrañar que la producción poética de Adela Zamudio haya sido considerada por la crítica literaria hispanoamericana como la más plena y perdurable del romanticismo boliviano, enriquecida por un talante sobrio y ascético muy semejante al utilizado por los poetas españoles de la Generación del 98, y singularmente alejado del colorido plástico, la sonoridad musical y la sensualidad metafórica de la corriente modernista que triunfaba cuando la poetisa publicó sus versos. Siempre contra corriente, en su famoso poema “Nacer hombre” se atrevió a intentar reproducir las celebérrimas redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz (“Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón, / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis”), el tono irónico manejado, en su dureza implacable, constituye un auténtico manifiesto feminista orientado a denunciar el sometimiento en que vivía la población femenina y a clamar por su derecho a la equiparación civil y política con el hombre. Además de otros famosos poemas de la autora ya citados en este artículo (como “¿Quo Vadis?” y “Mi epitafio”), resulta obligado recordar aquí los títulos de otras espléndidas composiciones como “Tristeza” y, muy especialmente, “Loca de hierro”, un extenso poema narrativo en el que Adela Zamudio hizo gala de su enorme capacidad literaria a la hora de crear personajes y combinar algunos registros genéricos tan distintos entre sí como la narración de los hechos y el diálogo dramático. Tanta importancia llegó a cobrar su figura y su obra, que en 1926, dos años antes de su desaparición, el gobierno boliviano convocó un acto solemne en el que la poetisa fue coronada de forma oficial, en reconocimiento a los valores humanos y literarios difundidos por la escritora.

También en 1943, como ocurriera con sus cuentos y novelas breves, apareció una recopilación de la labor lírica de Adela Zamudio, prologada por Gregorio Reynolds en un volumen titulado Peregrinando (La Paz; Ed. La Paz, 1943). Cuando estaba a punto de cumplirse el medio siglo transcurrido desde el fallecimiento de la autora de Cochabamba, salió de la imprenta una muestra antológica de su quehacer literario, presentada por Eduardo Ocampo Moscoso bajo el título de Adela Zamudio. Antología (Cochabamba; Ed. Canelas, 1977).

Bibliografía.

- AGUIRRE LAVAYÉN, Joaquín. Adela Zamudio, Guerrillera del Parnaso (Cochabamba; Ed. Los Amigos del Libro, 1980).

- BARNADAS, JOSÉ M. y COY, Juan José. Realidad socio-histórica y expresión literaria en Bolivia. Introducción general y bibliografía (Cochabamba; Los Amigos del Libro, 1977).

- GUZMÁN, Augusto. Adela Zamudio. Estudio biográfico (La Paz; Ed. Juventud, 1972).

————–, La novela en Bolivia; proceso 1847-1954 (La Paz; Ed. Juventud, 1955).

————–, Panorama de la novela en Bolivia (proceso 1834-1973) (La Paz; Ed. Juventud, 1973).

————–, Poetas y escritores de Bolivia (La Paz; Los Amigos del Libro, 1975).

- QUIRÓS, Juan. Índice de la poesía boliviana contemporánea (La Paz; Ed. Juventud, 1964).

Temas relacionados.

Bolivia: Literatura.
Educación.
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Poesía.
Romanticismo.

J. R. Fernández de Cano.

ZAMUDIO, ADELA (1854-1928)

Fuente: Britannica

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