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Definición de Adivinanza [Definition of]

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 {f.} Adivinación y efecto de adivinar.

 Composición, por lo general en verso, que propone con palabras deliberadamente ambiguas y oscuras una pregunta que ofrece en sí misma indicios suficientes para llegar a una respuesta o solución ingeniosa.

La palabra española adivinanza deriva del latín divinare, acción propia de una divinidad o divus, que consiste en prever o presagiar cosas o acontecimientos. Tiene los paralelos de endevinalla en catalán, devinette en francés, indovinello en italiano y adivinhação en portugués. También de riddle en inglés y de Rätsel en alemán.

Conceptos relacionados: adivinanza, enigma, acertijo y rompecabezas

En general, puede decirse que la palabra y el concepto de adivinanza constituyen una subcategoría (la de carácter poético-tradicional) del género del enigma, que se puede definir, en términos generales, como la proposición (en forma poética, prosística o iconográfica, y de carácter tradicional o culto) cuyo enunciado expresa, mediante metáforas, paradojas y un tipo de lenguaje más o menos simbólico y artístico, alguna característica o condición de un objeto cuyo nombre y condición deben averiguarse.

Existen diversas categorías de enigmas:

a) las adivinanzas: proposiciones enigmáticas en verso, con un elevado nivel de elaboración formal y de complejidad significativa, y transmisión fundamentalmente oral y tradicional.

b) los acertijos: proposiciones enigmáticas en prosa, con un nivel de elaboración formal y significativo menor que el de la adivinanza, y carácter oral y tradicional.

c) los enigmas cultos: proposiciones enigmáticas en verso, prosa, figurativos, o híbridos, elevado nivel de elaboración formal y de complejidad significativa, y transmisión fundamentalmente escrita y culta.

d) los rompecabezas textuales, gráficos y poéticos: proposiciones enigmáticas caracterizadas por una desestructuración discursiva de sus textos o iconos, que precisan una reorganización para que pueda leerse o captarse su mensaje. Entre sus modalidades están el acróstico, el anagrama, el metagrama, el antípodo, el logogrifo, la charada, el calambur, el palíndromo, las palabras cruzadas, el laberinto, el engaño matemático, el engaño geométrico, el quiz o quid, el test, el puzzle, la ilusión óptica, el caligrama, el jeroglífico, el criptograma, los enigmas papirofléxicos, los emblemas, etc.

Poética de las adivinanzas

La definición y caracterización literaria de las adivinanzas, como la de todo repertorio de literatura oral y tradicional, hay que hacerla en términos de inevitables ambigüedad e imprecisión. Pero, en general, puede afirmarse que una adivinanza es una expresión

a) poética: con un tipo de rima o de ritmo, y de recursos como el paralelismo, el estrofismo, los efectos sonoros, etc., que la separan del discurso prosístico.

b) breve: porque la concisión y concentración significativa funciona en ella como recurso poético.

c) dialogada: porque se articula como un juego de pregunta/respuesta en torno a su referente.

d) oscura, ambigua y paradójica: porque oculta y adorna su referente mediante los recursos retóricos de la obscuritas, de la ambiguitas y de la paradoja.

e) simbólica: porque ofrece información sobre las cualidades simbólicas del referente utilizando recursos como la analogía, la metáfora, la metonimia, la sinécdoque, etc.

La función e importancia de todos estos rasgos han sido objeto de reflexión y de discusión entre los especialistas. Mientras que para el gran estudioso de los enigmas clásicos Heinrich Lausberg la definición esencial de la adivinanza va unida a su naturaleza intrínsecamente analógica, para otros, como Archer Taylor, una adivinanza en el sentido estricto del término es la que se propone sobre la base de dos elementos descriptivos contrapuestos (uno positivo y otro negativo), y sobre el contraste de dos sentidos diferentes (uno literal y otro figurado o metafórico). Para los lingüistas estructuralistas como R. Georges, A. Dundes y Elli Köngäs-Maranda, y para los cultivadores de la semiótica como Tzvetan Todorov, el enigma es una unidad estructural formada por dos partes esenciales: la imagen y la respuesta. Y para los antropólogos, las adivinanzas son medios de comprensión y relación del sujeto con su entorno, y de aprendizaje y endoculturación intelectual y social. En la actualidad, parece consolidarse la tendencia a considerar las adivinanzas no sólo como textos lingüístico-literarios, sino también como unidades de referencialización de la situación y del contexto social en que surgen.

En el campo del adivinancero hispánico, una original e importante caracterización formal es la que ha propuesto Andrea Varricchio, en Towards a Linguistic Classification of Spanish Language Riddles (Hacia una clasificación lingüística de las adivinanzas de la lengua española) (1984), basada en la tipologización internacional de Pepicello y Green. Según esta clasificación, las adivinanzas españolas pueden estar basadas en relaciones de tipo fonológico, morfológico, sintáctico y literario entre sus referentes literales y simbólicos.

Otra cuestión de poética importante en relación con las adivinanzas es la de su relación con otros géneros literarios. Como es habitual en el terreno de la literatura tradicional, la posibilidad de trasvase entre repertorios diversos explica que haya poemas que pueden emplearse indistintamente como adivinanzas, como canciones o como refranes. En los cantos de desafío de muchas culturas, incluida la española, la competición entre dos cantores suele basarse en la resolución de adivinanzas. En toda una tipología de canciones tanto cortesanas antiguas como folclóricas antiguas y modernas, el recurso llamado de “defraudación” cumplía también en realidad funciones adivinancísticas. G. B. Milner publicó en 1970 un estudio clásico sobre el tema de la interrelación entre adivinanzas y proverbios. Y, en el campo de la cuentística, numerosos críticos han establecido una tipología de “cuentos de adivinanzas” que engloba a todos aquellos relatos tradicionales cuyo núcleo argumental gira en torno a la resolución de enigmas.

Función de las adivinanzas

La función de las adivinanzas puede ser de tipo:

a) religioso: en algunas sociedades primitivas, las adivinanzas parece que han llegado a cumplir una función mítica o religiosa. Determinadas prerrogativas sacerdotales de realizar interpretaciones o predicciones de tipo oracular, sibilino o hermético parecen estrechamente relacionadas con la práctica de los enigmas y adivinanzas. La proposición y solución de adivinanzas forman parte, por otro lado, de numerosos mitos antiguos y de leyendas y cuentos folclóricos modernos, que remiten a un trasfondo mítico-religioso arcaico.

b) sexual o de agregación: en la mayoría de las sociedades primitivas o tradicionales, las adivinanzas han estado muy ligadas a referentes y a dobles sentidos de tipo sexual. En algunas sociedades no está bien vista la propuesta de adivinanzas entre personas que no pueden mantener relaciones sexuales. Las mujeres tuareg del norte de África, por ejemplo, tienen vedado solucionar enigmas planteados por su hermano. Lo normal es que las adivinanzas hayan tenido funciones agregadoras y se hayan empleado como rituales de seducción entre sexos. En algunas regiones de Rusia, el novio había de superar una prueba enigmística planteada por sus futuros cuñados. Multitud de cuentos y de leyendas extendidos por todo el mundo se basan todavía en la conocida trama de la propuesta de una peligrosa adivinanza al héroe que quiera casarse con una princesa.

c) pedagógico, endoculturador y socializador: en las sociedades primitivas o tradicionales contemporáneas, los antropólogos han constatado que las adivinanzas han jugado el papel de elementos pedagógicos, endoculturadores y socializadores, ya que transmiten y enseñan significados y valores que comparte todo el grupo social. Prácticamente todo el repertorio adivinancístico de los pueblos de cultura tradicional se refiere a los objetos más cercanos y funcionales para la vida del individuo y del grupo (el cuerpo, la indumentaria, la vivienda, los animales, las plantas, la cosmología y meteorología, el entorno ecológico) o a los conceptos socioculturales más importantes y operativos en la vida del grupo (el género, la edad, el parentesco, los ritos de tránsito, el calendario festivo, las técnicas, industrias y enseñanzas aprendidas). Las adivinanzas contribuyen, en consecuencia, a reforzar en el plano simbólico, metafórico y artístico, los vínculos comunitarios y los procesos de aprendizaje.

Como hechos culturales que son, las adivinanzas se insertan dentro de complejos rituales y sociales. Las personas del pueblo dogon de la India únicamente dicen adivinanzas cuando no existe el peligro de lluvia, con el fin de no excitar a los dioses de la tormenta. Numerosas sociedades tradicionales respetaban la periodización de los momentos reservados o tabuados para contar adivinanzas u otras expresiones del repertorio oral. En las comunidades campesinas tradicionales de España, la propuesta de adivinanzas solía hacerse en los descansos de las faenas agrícolas o en las veladas nocturnas durante el invierno. En la actualidad, las adivinanzas son ampliamente utilizadas en el terreno de la pedagogía como medio de instrucción y endoculturación (al tiempo que de diversión) de los niños.

Historia de las adivinanzas

Las adivinanzas tienen arraigo en todas las sociedades conocidas del mundo. Constituyen un repertorio universal que refleja una capacidad mental innata y propia del hombre, y que responde a una profunda necesidad de relacionar simbólica y metafóricamente elementos distintos de la naturaleza, y de conocer e interpretar esa relación. En consonancia con ello, las adivinanzas están consideradas como un repertorio literario-tradicional de gran antigüedad, cuyo nacimiento va unido posiblemente al momento en que el hombre comenzó a desarrollar la capacidad simbólica que va íntimamente unida al lenguaje.

En la literatura védica de la India antigua se documentan ya numerosas adivinanzas. En un himno del primer libro del Rig-Veda (ca. 1000 a. C.), cincuenta y dos versos corresponden a enigmas de tipo cosmológico. También aparecen los enigmas insertos en el monumental Mahabharata (ca. 400 a.C.-ca. 400 d.C.), igual que están presentes en el Libro de los muertos egipcio. Según tradiciones muy arcaicas, los antiguos reyes de Egipto y de Mesopotamia rivalizaban por demostrar su capacidad para resolver enigmas, que se intercambiaban mediante emisarios, con la obligación de pagar multas o tributos cuando no eran resueltos. En los relatos bíblicos de Isaías, Jeremías y Ezequiel, así como en el de Ester, está también presente este repertorio. Justamente célebres e interesantes son también las que propuso la reina de Saba al rey judío Salomón.

El género de los enigmas se documenta igualmente en la cultura griega clásica. Se sabe que en las fiestas llamadas Symposion se intercambiaban todo tipo de proposiciones enigmísticas, hasta el extremo de que en ocasiones se celebraban concursos que el pueblo seguía con expectación. Según una tradición muy antigua, de la que se hizo eco Plutarco (ca. 50-ca.125), la muerte de Homero fue consecuencia de su incapacidad para resolver un enigma que le había sido planteado por unos pescadores de Ios. Sófocles, en su célebre tragedia Edipo rey (ca. 425 a. C.), recreó un enigma sin duda antiquísimo y tradicional, el que la esfinge planteaba a los viajeros a los que finalmente devoraba si no lo resolvían, y cuya formulación básica (“¿Cuál es el animal que al alba camina con cuatro patas, al mediodía con dos y a la tarde con tres? (El hombre a lo largo de su infancia, edad adulta y vejez)” sigue viva en la tradición oral de muchos pueblos. Aristóteles (384-322 a.C.), por su parte, consideró que los enigmas eran expresiones metafóricas relacionadas particularmente con los fenómenos naturales.

La práctica de proponer enigmas y adivinanzas fue muy conocida en la antigua Roma. Petronio (24-66) y Ausonio (siglo I) se declararon repetidamente admiradores de ellas. Quintiliano (ca. 30-ca. 96) explicó hasta qué punto agradaban a Virgilio (70-19 a. C.) (que incluyó alguna en las Bucólicas) y a Cicerón (106 a.C.-43 a.C.). Y el mismo Quintiliano, en sus Institutiones oratoriae (Tratado de oratoria), dio una definición célebre y precisa de ellas: “allegoria, quae est obscurior, aenigma dicitur”. Hay datos de aquella época que vinculan la propuesta de enigmas a los “cantos amebeos”, antecesores de los cantos de desafío e invectiva documentados en el folclore de épocas más tardías (incluso en la actualidad), que siguen haciendo uso frecuente de las adivinanzas como recurso de competencia poética.

Symphosius, poeta latino de origen africano que llegó a ser conocido como “el maestro de los enigmas”, compiló, en el siglo IV, la primera recopilación de adivinanzas que conocemos. Sus cien enigmas fueron muy populares durante toda la Edad Media, y continuaron reeditándose hasta bien entrado el Renacimiento. La propuesta de enigmas está también asociada a nombres como los de San Bonifacio, Veda el Venerable, y al arzobispo Tatwine de Canterbury, que las usó en el siglo VIII para estimular la memorización de las preposiciones y de los casos latinos. Poco antes, en el siglo VII, el monje italiano Tullius de Bobbio puso por escrito sesenta y dos adivinanzas que combinaban lo popular y lo literario. A finales del siglo VIII o a comienzos del IX era anotado en otro manuscrito italiano el célebre Indovinello veronese, adivinanza escrita en una mezcla de latín y de italiano, que todavía cuenta con paralelos en diversas tradiciones folclóricas modernas. A finales del siglo X, Leofric, obispo de Exeter, en Inglaterra, reunió en el célebre Exeter Book (El libro de Exeter) la que es quizás la más importante colección de enigmas de toda la Edad Media. La mayoría de sus ejemplos fueron, sin embargo, tomados de colecciones y autores anteriores.

En el mismo primer milenio de la era cristiana, el Talmud hebreo, el Corán árabe, los cuentos de Las mil y una noches protagonizados por la princesa Turandot (que condenaba a muerte a quien no contestase a sus tres adivinanzas), y la poesía de autores árabes como Al-Hariri (siglo XI) o de hebreos como Dunash ben Labrat o Yehudá Haleví, siguieron incluyendo abundantes y poéticos enigmas.

En la Europa cristiana, en el tránsito al segundo milenio, se consolidó la moda y amplió la documentación de lo que algunos críticos han denominado “adivinanzas de monje” propias de los monasterios. Y comenzaron a documentarse, igualmente, las “adivinanzas de corte”, ya que entre los trovadores cundió la moda de desafiarse con enigmas. Entre quienes propusieron su resolución o contendieron poéticamente a propósito de ellos figuran nombres tan importantes dentro de la literatura trovadoresca como Guilhem de Peitieu, Giraut de Bornelh, Raimbaut d’Aurenga y Raimbaut de Vaqueiras.

En la literatura medieval española, son clásicas las adivinanzas de Tarsiana, propuestas en el Libro de Apolonio (ca. 1250), y también las de La donzella Teodor, antiquísimo relato oriental conocido en España desde el siglo XIII, que presenta a una esclava que obtiene la libertad gracias a que responde a todos los enigmas que le plantea una asamblea de sabios. En el siglo XV se consolida en España la moda de los enigmas cortesanos, tal como ha puesto de relieve Keith Whinnom: “en España, a partir del Cancionero de Baena, encontramos una variedad [de enigmas] interesante, pues la mayoría tienen la forma de la pregunta y respuesta, género poético muy difundido en el que la pregunta no tiene que ser necesariamente una adivinanza. La respuesta suele ser, aunque no siempre, de otro poeta, que según las reglas del juego, está obligado a contestar empleando las mismas rimas. En el Cancionero general, en la sección de preguntas y respuestas (ff. 150v-160r), entre las muchas preguntas que sólo plantean algún problema sentimental, por ejemplo, si es peor el dolor de la ausencia de la amada o el del amor no correspondido, encontramos verdaderas adivinanzas, que en las respuestas tienen soluciones tales como «un reloj», «el trigo», «el tiempo», «la llave de una ballesta»”. Enigmas de este tipo fueron compuestos o se atribuyeron a Francisco Imperial, Alfonso Álvarez de Villasandino, Juan de Mena, el Marqués de Santillana, y a los mejores representantes de la poesía cancioneril. En Cataluña, por la misma época, Joan Berenguer de Masdovelles de escribió unas coplas llamadas adivinatives.

El Renacimiento no hizo sino estimular la moda por los enigmas y las adivinanzas. En Italia, sobresalieron las de Donato Bramante (1444-1514) y Leonardo da Vinci (1452-1519), así como las del cultivado humanista cardenal Pietro Bembo (1470-1547), quien mostró gran afición por la composición de adivinanzas obscenas. Más tarde serían célebres las del propio Galileo Galilei (1564-1642), autor de un hermoso enigma en forma de soneto que tiene como solución el propio enigma “Monstro son io più strano, è più difforme / che l’Arpia, la Sirena, o la Chimera…” Por la misma época, en Francia se publicaron colecciones tan importantes como Les adevineaux amoureaux (Las adivinanzas amorosas) y Demandes joyeuses en manière de quodlibets (Preguntas graciosas a modo de quodlibets) en el siglo XV, los Aenigmes françoises avec les exposicions d’icelles (Enigmas franceses con las exposiciones de los mismos) y Odes, énigmes et épigrammes (Odas, enigmas y epigramas) en el XVI, y el Recueil des énigmes de ce temps (Colección de enigmas de este tiempo) (1655) del abad Cotin, en el siglo XVII. En Inglaterra, el siglo XVI fue el de la publicación de Hundred Merry Riddles (Cien adivinanzas alegres) y The Holme Riddles, o de la célebre colección de John Norton, The Riddles of Heraclitus and Democritus (Las adivinanzas de Heráclito y Demócrito) (1598). El mismo William Shakespeare (1564-1616) gustó de incluir enigmas en obras tales como A Midsummer Night’s Dream (El sueño de una noche de verano), Romeo and Juliet (Romeo y Julieta), Hamlet, Macbeth.
En España, la documentación de adivinanzas fue frecuente en el Renacimiento y en el Barroco. Joan de Timoneda (1520-1583) incluyó alguna en su Flor de enamorados (1562). Y Sebastián de Horozco (1510-1580), en su Teatro Universal de Proverbios (ca. 1560-1580) glosó otras. En 1580 se editaron en París los Quarenta aenigmas en lengua espannola firmados por un tal Alexandro Sylvano, que también fue conocido como Alexandre Sylvain y como Alexander van den Bussche. Y Miguel de Cervantes (1547-1616) llegó a dar de ellas una célebre definición: “Es muy oscura y es clara, / tiene mil contrariedades, / encúbrenos las verdades / y al cabo nos las declara. / Nace a veces de donaire, / otras de altas fantasías, / y suele engendrar porfías / aunque trate cosas de aire”. Margit Frenk ha reunido las adivinanzas más tradicionales de los Siglos de Oro españoles en un capítulo de “Adivinanzas” de su monumental Corpus de la antigua lírica popular hispánica (1987). En el Manuscrito 3884 de la Biblioteca Nacional de Madrid hay anotados también setenta enigmas, la mayoría de ellos eróticos, y de estilo algo más culto. Y, finalmente, de 1618 son los Proverbios morales y consejos cristianos […] y enigmas philosóphicas, naturales y morales con sus comentos de Cristóbal Pérez de Herrera.

Durante el siglo XVIII, que se caracterizó por su rechazo de los géneros literario-tradicionales en general, se mantuvo sin embargo el interés y se consolidó la documentación de la literatura enigmística, especialmente de la más culta. Entre 1672 y 1825 apareció el periódico Mercure de France (El Mercurio de Francia), que publicó numerosísimos enigmas. Cuando, en 1760, dio cabida en sus páginas a uno que no tenía solución posible, el escándalo fue tan excepcional que un noble airado llegó a retar en duelo al autor de la broma. Entre los cultivadores ilustrados del enigma en el siglo XVIII francés figuraron el gran filósofo Voltaire (1694-1778), quien los incluyó en Zagig ou la destinée (Zadig o el destino), o los editó como colaboración al Magasin énigmatique (Revista enigmática), etc. Décadas después, el gran Victor Hugo (1802-1885) siguió proponiendo enigmas, algunos de los cuales tenían como solución su propio nombre, a sus lectores. También la Ilustración italiana estimuló la creación de adivinanzas. Justamente célebres fueron las recopiladas en la colección de Enimmi di Moderno Autore (Enigmas de autor moderno) (1797), o las que entre 1821 y 1831 se publicaron en el periódico milanés Aguzzaingegno (Aguzaingenio), dedicado casi monográficamente a este género, que seguiría apareciendo con el nombre de Nuovo Sciaradista (Nuevo charadista) entre 1832 y 1840, y que luego tendría también otros continuadores.

En Alemania, fueron el pre y el romanticismo los movimientos culturales que reivindicaron el género de las adivinanzas. Poetas y críticos tan importantes como Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), Johann Gottfried von Herder (1744-1803), Friedrich Gottlieb von Klopstock (1724-1803) y Jakob Grimm (1785-1863) se interesaron por ellas, y Johann Peter Hebel (1760-1826) llegó hasta a crear en Karlsruhe una ‘Academia de las charadas y de los enigmas’. En su obra Turandot (1801), Friedrich von Schiller (1759-1805) sustituyó por otras las adivinanzas antiguas del relato oriental que inspiró su obra. En el célebre relato fantástico Alice’s Adventures in Wonderland (Alicia en el País de las maravillas) de Charles Lutwidge Dodgson, cuyo seudónimo era Lewis Carroll (1832-1898), las adivinanzas juegan también un papel importante.

En la España de los siglos XVIII y XIX, las adivinanzas y los enigmas fueron entretenimientos favoritos tanto del público vulgar como de las élites letradas. Numerosos pliegos sueltos los difundieron entre los primeros, y entre los segundos estuvieron de moda libritos que reunían las modalidades más cultas, como ejemplifica por ejemplo la Nueva colección de emblemas, enigmas, charadas y epigramas escrita en varias clases de verso para el uso de los aficionados publicada en Cádiz en 1835.

A mediados del siglo XIX, tras las primeras euforias idealistas del Romanticismo, comienza a consolidarse, tanto en España como en el resto de Europa, un movimiento de recolección y reivindicación del folclore con métodos y objetivos que pudieran llamarse ya modernos y científicos. Empiezan, en consecuencia, a aflorar colecciones de adivinanzas (igual que de canciones, romances o cuentos) tomadas de viva voz del pueblo sin intervención ni retoques cultos. En Francia, esta actividad tendría como hito importante las Devinettes ou enigmes populaires en France (1887) de Eugène Rolland. En el ámbito español, la precursora colección de Cuentos, adivinanzas y refranes populares (1877) de Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero) abrió el camino a la Colección de enigmas y adivinanzas en forma de diccionario (1880) de Antonio Machado y Álvarez “Demófilo”, que a su vez sería modelo de una serie de obras posteriores como la Enigmística popular (1922) de Valeri Serra i Boldú, el Diccionari d’endevinalles (1934) y los Enigmes populars (1934) de Joan Amades.

En el siglo XX, la adivinanza tradicional ha sido objeto de renovada atención y de frecuentes recolecciones por parte de numerosos especialistas. Numerosos antropólogos, empezando por el gran patriarca de la antropología norteamericana del siglo XX, Franz Boas (1858-1942), o lingüistas tan importantes como el francés de origen búlgaro Tveztan Todorov, por ejemplo, han estudiado sus funciones y sentidos culturales, lingüísticos o mentales. James Joyce (1882-1941), en The Finnegan’s Wake, Boris Vian (1920-1959), Julio Cortázar (1914-1984), Guillermo Cabrera Infante (1929) en Tres tristes tigres (1967), Juan José Arreola (1918) en Palindromía (1971), y muchos otros escritores, las han mantenido vivas en el terreno de la creación literaria. Filólogos comparativistas como Archer Taylor en English Riddles from Oral Tradition (Adivinanzas inglesas de tradición oral) (1951), y Vernam Hull y Archer Taylor en A Collection of Irish Riddles (Una colección de adivinanzas irlandesas) (1955) han establecido sólidas bases para su filiación y estudio multilingüístico y multicultural, siguiendo pautas y métodos inspirados en el estudio comparativo de los cuentos y de las baladas. Tales métodos y objetivos fueron trasladadas con éxito a la tradición hispánica por Stanley L. Robe, en su trascendental recopilación de Hispanic Riddles from Panama Collected from Oral Tradition (Adivinanzas hispánicas de Panamá recogidas de la tradición oral) (Berkeley, 1963).

En la actualidad, el estudio de las adivinanzas parece orientarse, a nivel internacional, en dos direcciones preferentes: en la del comparatismo literario-tradicional, en la de la prospección simbólico-lingüística, y en la de la funcionalidad antropológica. Por desgracia, en el mundo hispánico no se ha desarrollado todavía una escuela científica sólida de estudios sobre las adivinanzas, y las labores que se están realizando se limitan prácticamente, a despecho de la extraordinaria riqueza e interés del repertorio de esta área específica, a la simple recolección etnográfica.

J. M. Pedrosa.

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Temas relacionados

Adivinancero.
Adivinación.
Acertijo.
Acertijero.
Enigma.
Enigmística.
Cosicosa.
Cosadiella.

Adivinanza

Fuente: Britannica

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