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Definición de Ahorro energético [Definition of]

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 [Tecnología y Economía]

La energía es imprescindible para la vida. Consumir energía es sinónimo de actividad, de transformación y de progreso, siempre que ese consumo esté ajustado a nuestras necesidades y trate de aprovechar al máximo las posibilidades contenidas en la energía.

La mayoría de los países preocupados por el ahorro de energía ha comenzado actuando sobre el sector de la industria, que suele representar el mayor porcentaje del consumo total de energía, y que presenta la ventaja de que dicho consumo se concentra en pocas unidades empresariales en las que el proceso de innovación tecnológica y de sustitución de equipos forma parte, además, de su actividad cotidiana. Otros sectores, como el de transporte y el de edificios y viviendas, presentan, sin embargo, la complejidad de que el consumo de energía se lleva a cabo en infinidad de centros dispersos sobre los que resulta muy difícil acceder, incluso, por la vía de las reglamentaciones legales y en los que las posibilidades de actuación se basan por tanto, en proporcionar información a los consumidores para que éstos adopten una actitud responsable frente al ahorro de energía.

Se trata, sobre todo, de dar información al consumidor doméstico de la energía con el fin de provocar una mayor demanda de calidad y eficiencia.

La magnitud del problema de la conservación de la energía, sus consecuencias sobre la economía y sobre la protección del medio ambiente, hacen que ningún sector del consumo pueda considerarse más importante que los demás a la hora de ahorrar energía.

Medidas de ahorro en el hogar

Aunque en los hogares españoles apenas se consume la mitad de la energía que en los países de la comunidad, en éstos, dicho consumo se mantiene constante desde hace 20 años, mientras que en España se ha duplicado en ese mismo período y ha crecido casi entre un 30% entre los años 1985 y 1992, que corresponden a una fase de fuerte crecimiento económico.

Un principio esencial para el ahorro de energía, por tanto, será conocer cómo funciona el equipamiento de los hogares, los tipos de energía que se consumen y el distinto aprovechamiento que se puede sacar de ellos. El gas es, por ejemplo, el combustible más limpio, por lo que su uso es muy recomendable para evitar la contaminación en grandes ciudades.

Algunas medidas de tipo general son:

Identificar los distintos espacios de la casa, así como el uso de energía que se desea realizar en ellos. No todas las habitaciones requieren la misma luz, ni todas las horas del día el mismo nivel de calefacción. Por tanto, se han de apagar las luces y la calefacción cuando no se necesiten, cerrar la llave de paso, evitar dejar encendido el piloto de los calentadores y bajar lo antes posible el nivel de encendido de las placas u hornos eléctricos.

Intentar aislar la casa: se ahorrará calefacción en invierno y gasto de refrigeración en verano. Instalar doble acristalamiento en las ventanas, utilizar burletes que mejoren el cierre de las puertas y ventanas y usar persianas, cortinas y parasoles no sólo para protegerse de la luz, sino también para evitar fugas de energía.

Reservar el uso de la energía eléctrica para funciones en las que resulte insustituible: la iluminación y los electrodomésticos. Para las necesidades de calor en el hogar, como la calefacción, el agua caliente o la cocina, intentar el empleo de combustibles que proporcionan el calor directamente sin tener que pasar por una transformación previa en la que se desperdicia buena parte de su poder calorífico.

Cuando se necesita equipar la casa con nuevos electrodomésticos o sustituir alguna bombilla que se haya fundido, hay que poner mucha atención en el consumo de energía que pueden representar los nuevos aparatos. Los nuevos modelos de electrodomésticos pueden llegar a suponer, respecto a los antiguos, un ahorro del hasta el 80% de energía.

Ahorrar el agua. Disponer de agua ya sea fría o caliente significa un gran gasto de energía. De forma particular, es importante ahorrar energía en el consumo de agua caliente. Quemar un combustible en una central térmica para obtener electricidad significa perder un 70% del poder calorífico contenido en este combustible, en esta transformación. Por eso, cuando lo que se necesita es calor, lo mejor es utilizar siempre energía que proporcione este calor directamente sin tener que recurrir a su transformación. Para obtener agua caliente existen dos tipos de sistemas: los que calientan agua a medida que se va consumiendo haciéndola pasar por un calentador y aquellos que calientan previamente el agua y la almacenan en un termo o acumulador, a partir del cual se va produciendo el consumo. Si las necesidades son de pequeñas cantidades de agua caliente, es preferible extraerla de un termo acumulador en vez de dar lugar a continuos encendidos en un calentador, pero si no se va a necesitar el agua más que en momentos determinados al día, no se debe tener un termo funcionando las 24 horas, y por tanto es mejor el otro sistema. Por otra parte, se ha de evitar abrir el grifo de agua caliente sólo durante unos segundos, ya que se obliga a las tuberías que se llenen de agua caliente que luego va a ser desaprovechada desperdiciando por tanto el calor y la energía.

Las basuras domésticas tienen una enorme importancia tanto desde el punto de vista de conservación del medio ambiente como en lo relativo al ahorro de energía. La civilización industrial originó de forma paralela un proceso de concentración de la población alrededor de los centros de producción y especialmente en las grandes ciudades y éste fue el origen del problema de las basuras domésticas. El consumismo y la necesidad de sustituir continuamente bienes viejos por “la novedad” han hecho que muchos califiquen a esta sociedad como la sociedad del despilfarro. La energía está presente en todas las actividades humanas y en todos los procesos de producción y consumo de bienes; cada vez que se adquiere un producto se paga la energía necesaria para su fabricación, envasado, traslado y conservación en el punto de consumo. La primera relación entre el problema de las basuras y el ahorro de energía consiste precisamente en que cada uno de los consumidores compare la utilidad exacta de un producto con el coste energético que le supone poder disponer de él.

La clave para abordar sistemáticamente este problema ha sido acuñada por expertos internacionales con las “tres R”: Reducir, Reutilizar, Reciclar.

Reducir el volumen de las basuras domésticas dependen, sobre todo, de la actitud de los consumidores; reducir las basuras consiste en tratar de rechazar los distintos tipos de envases o empaquetados cuando no cumplan una función imprescindible.

Reutilizar los productos antes de que se conviertan en residuos consiste en intentar sacarles todo su partido: cajas, cascos y botellas pueden resultar de gran utilidad en el hogar. El mejor ejemplo es la utilización de la modesta bolsa de la compra que evita la fabricación de bolsas de papel, cartón o plástico y la eliminación de residuos.

Reciclar las basuras consiste en devolver al ciclo productivo los materiales presentes en los residuos para que después de un tratamiento puedan incorporarse al mismo proceso consiguiendo un considerable ahorro de materias primas y energía. Los materiales más fáciles de reciclar en el estado actual de la técnica son el papel y el vidrio, y en segundo término, los metales. Experimentalmente, se están realizando sistemas de reciclado de plásticos y envases tetra-brick. Aunque para el reciclado es imprescindible la colaboración de la industria y una reorientación profunda de los servicios municipales encargados de la recogida de basuras, el papel del consumidor sigue constituyendo una pieza esencial. El reciclado exige una separación clara de los distintos materiales presentes en los residuos, pero si estos han sido previamente introducidos en una única bolsa de basura, las posibilidades técnicas de separar los materiales para luego reaprovecharlos son muy limitadas.

Véase Tratamiento de residuos urbanos e industriales.

Utilización de las energías renovables

Las energías renovables son aquellas que están presentes de forma potencial en la naturaleza y que permiten su aprovechamiento mediante algunas técnicas de adaptación, pero sin necesidad de ser repuestas continuamente y, por tanto, con unas posibilidades de utilización prácticamente inagotables. Es por ello que su utilización constituye una medida de ahorro de otras energías convencionales.

El fundamento último de todas las energías renovables es el efecto térmico del sol que da lugar a la regeneración de la materia orgánica, el viento, la lluvia o el calor cuyo aprovechamiento energético constituye la base de las energías conocidas como biomasa, eólica, minihidráulica, solar y geotérmica. Esta última, aunque de diferentes características a las anteriores, está considerada en los organismos internacionales como una energía renovable, dado su carácter de generación continua y, por tanto, teóricamente inagotable.

Las energías renovables evitan los perjuicios sobre el medio ambiente que traen consigo la utilización del resto de las energías convencionales: residuos y emisiones contaminantes producidas por la combustión.

Su uso no está reservado exclusivamente a las empresas; existen un buen número de aplicaciones que pueden tener lugar en la propia vivienda:

La energía renovable más sencilla es la que se aprovecha directamente sin nigua transformación; también se la conoce con el nombre de energía solar pasiva y da lugar a la arquitectura bioclimática: se trata de aprovechar ciertos usos que ya existían en las viviendas tradicionales, de modo que se eviten gastos en calefacción, aire acondicionado e iluminación.

Son prácticas sencillas: abrir ventanales en fachadas orientadas al sur para aprovechar radiaciones solares y construir algunos muros con cámaras de aire. Si la vivienda está por construir un buen diseño climático que conjugue las ventajas de orientación de la casa y de los nuevos materiales térmicos, puede conseguir ahorros de hasta el 70% de energía necesaria para la climatización posterior, con un aumento de costes de construcción del 15%. Si la vivienda ya está construida se pueden cerrar con dobles acristalamientos ventanas, balcones, porches, etc.

La energía solar activa se clasifica en energía solar térmica y energía solar fotovoltaica. La energía solar térmica puede ser de alta, media y baja temperatura. La primera está aún en fase de experimentación (una de las centrales más avanzadas se encuentra en Tabernes, Almería) y trata de conseguir vapor concentrando, mediante espejos, los rayos solares en un punto; la de media temperatura utiliza captadores parabólicos para la radiación solar; la solar de baja temperatura (inferior a 90º) es la que más interesa para uso doméstico ya que permite la obtención de agua caliente para el hogar sin tener que consumir ningún tipo de energía convencional. Esto se lleva a cabo mediante la instalación de paneles en el tejado de la vivienda y es el tipo de energía renovable más desarrollada actualmente en todo el mundo.

La energía solar fotovoltaica supone la transformación de la radiación solar en electricidad mediante paneles construidos con materiales especiales (silicio). Actualmente, su empleo implica altos costes, pero tiene un enorme interés para el abastecimiento de energía eléctrica a viviendas aisladas de la red de suministro general, así como determinadas instalaciones de carácter permanente, como pueden ser algunos indicadores de tráfico, de información urbana, sistemas de iluminación nocturna, etc.

Los residuos de madera, la paja o el estiércol, hoy en día, pueden ser utilizados como combustible, después de someterse a un proceso industrial de trituración y compactación en pequeños aglomerados o pellets. Esto constituye el aprovechamiento de la energía denominada biomasa. Las calderas de carbón pueden ser fácilmente adaptadas para la utilización de biomasa como combustible, con la ventaja medioambiental de evitar la emisión de productos de azufre como los que dependen del carbón.

El tipo de energía renovable con un futuro más prometedor es la eólica, que aprovecha la fuerza del viento. España está entre los primeros países del mundo en el desarrollo de esta energía (el parque de Tarifa es la mayor de las instalaciones eólicas actualmente existentes en Europa). Estas instalaciones se utilizan en España para la producción de electricidad que luego se coloca en la red general de suministro. En algunos países europeos son más frecuentes las pequeñas instalaciones para el autosuministro de energía en las viviendas o en las explotaciones agrícolas, aunque en este caso los costes de instalación y de suministro resultan proporcionalmente elevados.

La obtención de electricidad mediante la energía minihidráulica (pequeñas turbinas situadas en los ríos o al pie de los embalses) está muy extendida por todo el mundo y tiene un desarrollo tecnológico completamente demostrado.

Ahorro de energía en la compra del equipamiento doméstico

El momento en el que el consumidor se decide a comprar un electrodoméstico, un vehículo, etc., tiene mucha importancia en la evolución del consumo de energía doméstico. El consumidor deberá tener en cuenta el consumo de energía que van a suponer estos nuevos aparatos como una razón de primera importancia a la hora de decidir su compra.

La Comunidad Europea aprobó a finales de 1992 una directiva de inminente aplicación en España, por la que se establece con carácter obligatorio una Certificación Energética que asegura que los electrodomésticos y las lámparas que se vendan en cualquiera de los países miembros lleven incorporada una etiqueta (específica y diferente de cualquier otra) en la que el comprador pueda leer claramente el consumo de energía que va a tener ese aparato.

Además de esta certificación, algunos aparatos podrán incorporar la llamada “Etiqueta Ecológica”, igualmente aprobada por la Comunidad Europea en 1992, aunque todavía pendiente de desarrollos reglamentarios y que se aplicará con carácter voluntario por parte de aquellas marcas que la soliciten, como sinónimo de una especial distinción de sus productos. La concesión de la Etiqueta Ecológica tendrá en cuenta, entre otros factores (relacionados con la conservación del medio ambiente), el consumo de energía que supone cualquier producto, tanto en las diferentes fases de su fabricación como en el envasado e incluso en lo referido a su eliminación.

A la hora de comprar un electrodoméstico (de consumo normal) hay una idea fundamental que hay que tener en cuenta y es que el gasto de energía que va a hacer un electrodoméstico a lo largo de su vida útil, se estima entre 1,5 – 2 veces el precio que se ha pagado por él. Es decir, suele compensar pagar un poco más por un electrodoméstico de menor consumo ya que se rentabiliza con el gasto de energía.

Algunos datos que se deben tener en cuenta sobre ciertos equipos domésticos son:

Frigoríficos: están agrupados en diferentes categorías de enfriamiento; para la misma capacidad y enfriamiento, los consumos pueden llegar a ser el doble entre un modelo y otro.

Lavadoras: la lavadora (al igual que el lavaplatos) consume un 90 % de energía al calentar el agua y sólo el 10% para mover el tambor; para conseguir ahorros de electricidad es importante lavar en frío. Las lavadoras de carga frontal gastan normalmente menos energía y agua que las de carga superior.

Aparatos acondicionadores: enfrían el aire al igual que los frigoríficos. Al evaporarse una sustancia absorbe el calor de la habitación, calor que se expulsa fuera al condensarse a líquido tras ser comprimida. El condensador debe de estar fuera de la habitación que se desea refrigerar. Los acondicionadores utilizan la electricidad para mover el motor del compresor y los motores de los ventiladores del aire que circula por el condensador y el evaporador. El freón es la sustancia que lleva el calor del evaporador al condensador. En condiciones normales es un gas que escapa a la atmósfera y es el principal causante de la destrucción de la capa de ozono que protege a la tierra de las radiaciones ultravioletas. Existe un acuerdo internacional para dejar de fabricar equipos que utilicen esta sustancia.

Antes de decidir la compra hay que consultar y comparar consumos de los distintos modelos, teniendo en cuenta que para producir una frigoría, algunos equipos consumen hasta un 50% más que los otros y que para la mayoría de las personas 25º son suficientes para sentirse confortables dentro del hogar.

Temas relacionados

Consumo de energía.
Energía alternativa.

Bibliografía

El mundo de la electricidad. UNESA
FARRINGTON, D.: Uso directo de la energía solar. H. Blume Ediciones.
Mundo Científico. Números 85 Y 97. Ed. Fintanbla S.A.

Ahorro energético

Fuente: Britannica

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