Atlas & Maps

Definición de Balneario, -ria[Definition of]

0

 (Del lat. balnearius, -a, -um); adj. de dos terminaciones.

1. Relativo a los baños públicos de carácter medicinal. (Ú. m. c. sust. m.: establecimiento público en el que se pueden tomar estos baños medicinales: los médicos le recomendaron que permaneciera unas semanas en un balneario para recuperar fuerzas).
2. (sust. m.) [Por extensión] Establecimiento público en el que existen aguas minerales, aunque no se administren en forma de baño.

Sinónimos
(1) Balneoterapia, baños, caldas, hidroterapia, hidrotermal, termas.

 (1) [Arquitectura]

Establecimiento de baños en el que se aprovecha la acción terapéutica y las características curativas de las aguas minerales o fuentes termales de un manantial, cuyas aguas deben haber sido declaradas de utilidad pública para que el citado establecimiento tenga la consideración legal de balneario. Originalmente, el balneario se configura como un lugar de baño, como tipología de edificio, por tanto, apenas se va a diferenciar con éstos, aunque desde siempre el balneario ha tenido el matiz de lugar curativo y ha ofrecido hospedaje a la persona que acude a él. Puede ofrecer servicios relacionados con el cuidado y la curación de enfermedades, y también con otras actividades lúdicas, para lo cual cuenta con instalaciones diversas como hotel, cocina, dispensario, jardín, etc. El balneario es centro terapéutico y lugar de vacaciones; en él se pueden pasar unos días de descanso y puesta en forma o disfrutar de una estancia mas larga. Para que tenga la consideración legal de balneario, sus aguas deben haber sido declaradas de utilidad pública.

Concepto y carácter del balneario

En su evolución, el concepto de balneario se hace cada vez más complejo hasta conformarse, realmente, como una institución ambigua e incluso contradictoria; esta ambigüedad o contradicción nace de las diferentes funciones que ha ido asumiendo a lo largo de su desarrollo. El balneario es, ante todo, un lugar curativo, un centro generador de salud y de reposo, pero la amplia duración de los tratamientos de cura hace de él un lugar de albergue, un establecimiento donde retirarse estacionalmente; de aquí, cuando surge el concepto de veraneo, el balneario adquiere una connotación de lugar de recreo, de ocio y de diversión, donde la relación social se convierte en el aspecto dominante.

La ambigüedad y la contradicción del balneario se manifiesta en su propia esencia; está dentro del ámbito de lo necesario, ya que es un lugar de curación, de purificación del cuerpo y del espíritu; y está dentro del ámbito de lo superfluo, del ocio, de lo frívolo, de la exhibición de la condición social. Esta multiplicidad ha sido recogida y recreada por literatos como Maupassant, Hesse, Mansfield o Ibsen, o mostrada con toda su magia por cineastas como Resnais y Mikhalkov, en películas como El año pasado en Marienbad u Ojos Negros.

La complejidad funcional que ha ido asumiendo el balneario en su evolución determina la producción de una tipología edificatoria, múltiple, variada, rica y sutil, que traspasa con mucho los límites de la simple arquitectura para incluirse dentro de la experimentación urbanística, hasta conseguir el desarrollo de una tipología de ciudad concreta, que tiene una perfecta plasmación en el territorio y una actuación sobre el mismo, al tiempo que sirve de soporte para desarrollar diversos estilos arquitectónicos.

El balneario, analizado dentro de los múltiples aspectos mencionados, y en su forma más pura, ofrece un ideal de vida en el cual se integran con la misma fuerza el cuidado de la salud y la idea de ociosidad, como escapatoria de la vida cotidiana; un ideal de vida ligado a una disciplina, ya que la eficacia de la curación de las aguas depende de la organización de un auténtico sistema de vida, de una vida comunitaria, metódica y controlada, en medio de un entorno apacible que contribuirá, igualmente, a la curación, pero en la que la relación social, la diversión, la exhibición y el lujo van totalmente emparejados.

La ciudad-balneario, creada, pensada y edificada sobre el encanto de los lugares donde está emplazada, entretejida de leyendas sobre la magia de las propiedades curativas de sus aguas, y rodeada de la fascinación de ser lugar de encuentro de la más alta sociedad, responde a un estricto programa urbanístico en el que todos los elementos están planificados para satisfacer las necesidades curativas y sociales demandadas, un programa urbanístico integrador y unitario, destinado al ocio, la diversión, la exhibición, la relación social, la salud, la curación, el reposo y el alejamiento de lo cotidiano, una ciudad en sí misma.

El mundo antiguo

El baño nace como manifestación de un rito de purificación y regeneración, el baño en el sentido mítico de retorno a un estado anterior de pureza natural, más que como una manifestación física de la necesidad de limpieza. Desde nuestros orígenes, se han vinculado los lugares sagrados con manantiales, lagunas o fuentes minero-medicinales y, desde siempre, se han convertido en lugares de culto, de rituales, de mitos. El agua a través de la ingestión, inmersión o ablución se ha incluido en todas las religiones como elemento de regeneración y purificación que limpia toda mancha. La razón es fácil de encontrar: el agua es uno de los cuatro elementos fundamentales de la naturaleza, junto al fuego, la tierra y el aire.
En la Edad Antigua, el baño resume una serie de prácticas a través del aprovechamiento de las propiedades medicinales de las aguas (de las que en un principio predominó el baño), de regeneración a través de la higiene, sumada al ejercicio físico y más tarde al espiritual, y la de la curación en un tiempo en el que la farmacopea estaba por desarrollar. Por ello la imagen que primero acude a nuestra mente es la del balneario como sinónimo de baño.

En el mundo prerromano se crearon lugares sagrados en torno a las fuentes; surgieron incluso unas criaturas, las ninfas, divinidades del agua y custodias de las fuentes En la mitología celta, Borvo, Bormo o Bormanus fueron dioses de las aguas termales que dieron sus nombres a varios balnearios: Bourboule, Bourbonne, Bourbon-Lacy o Archambault.

Es en la Grecia clásica cuando la arquitectura surge como consecuencia de las funciones que los santuarios ejercen a través de los rituales de curación; se proyectan complejos sistemas para la implantación de los edificios. De los antiguos balnearios hablan Heródoto, Galeno e Hipócrates, que ofrecen, desde el punto de vista médico, referencias sobre el valor terapéutico de las fuentes medicinales, principal remedio curativo durante mil años según Plinio. Hipócrates consideró el agua como el mejor medio para restablecer el equilibrio orgánico, pero fue Heródoto quien estableció los principios básicos de los tratamientos, fijó las técnicas de administración, las zonas del cuerpo a tratar y la duración de las curas; de acuerdo con sus ideas, el plazo de tiempo necesario para que las aguas tuvieran efecto en el organismo era de veintiún días.

Los más destacados balnearios de la antigüedad griega se encuentran adscritos a los templos y son el de Epidauro y el de Asklépeion de Pérgamo; el primero se consolida en los siglos IV-III a.C. y el segundo alcanza su esplendor en la época helenística. Ambos, de similar planta, presentan el mismo complejo de arquitecturas derivadas de función de santuario y de lugar de ritual de curación a través de las aguas; edificios que se convertirán casi en una constate en la ciudad balnearia, en la que se recupera la salud al tiempo que se regenera el espíritu, son: el templo, la fuente, los baños, el hospedaje, el museo y el teatro, que en Epidauro alcanza una importancia singular. Pero sobre todo estos centros presentan ya la que será la gran característica de los balnearios modernos, mundos cerrados en los que todo giraba en torno al ritual de curación, donde el culto religioso y los cuidados médicos eran inseparables.

El mundo romano consagra definitivamente el baño como servicio público, y es en este mundo donde se establece una cierta distinción entre los balnearios, baños públicos, y las thermae, baños de agua caliente. Sin embargo, en ambos casos se mezclan, complementándose, las funciones curativas e higiénicas con las culturales, de ocio y de relación social. Las termas imperiales, que conservan como núcleo central los espacios de baño, se completan con espacios de relación, paseo y reunión, además de teatros y bibliotecas; se convierten así en verdaderos focos y centros de vida comunitaria que, además, reflejan la grandeza del carácter romano, pues los emperadores quisieron reflejar su magnificencia en las grandes termas imperiales. Agripa estableció setenta y, siguiendo su ejemplo, sus sucesores, en el afán de ser agradables a la plebe, fundaron cerca de 800 por los barrios de Roma.

El esquema básico de una terma o baño romano consiste en el núcleo central del baño, dividido en tres habitaciones de temperaturas ascendentes, el baño frío o frigidarium, el baño templado o tepidarium, y el baño caliente o caldarium, salas auxiliares como el vestuario o apodyterium, la sauna o laconium y la palestra o lugar al aire libre para realizar ejercicios. Con el tiempo, a este esquema básico se le fueron añadiendo elementos como la biblioteca, la sala de conversación, etc. Sus elementos básicos son heredados por el hamman del mundo árabe y llegan sin variación hasta nuestros días.

Pero el mundo romano, al introducir el concepto de baño como servicio público, lo que consigue establecer es, prácticamente, una paridad entre el baño público, destinado a la higiene, y el balneario, destinado a la curación; íntimamente relacionados, desarrollan una evolución paralela, de ahí que en muchos casos se confunden, hasta el siglo XVIII en el que los dos conceptos se separan y se diferencian claramente.

La Edad Media y Edad Moderna

Los pueblos bárbaros hicieron suya la tradición del balneario grecolatino y a pesar de la decadencia progresiva de la vida urbana mantuvieron vivo su espíritu, como muestra el empeño que tuvieron por restaurar las termas de Caracalla. Tanto Carlomagno como los califas musulmanes se empeñaron en conservar en buen estado las termas de origen romano y explotaron las construidas bajo su dominio. En España, en cambio, la situación fue contradictoria. El baño, aceptado en principio por los cristianos, fue rechazado más tarde al considerarlo propio de la cultura musulmana. La iglesia prohibió mediante sucesivos decretos el uso de los baños públicos y las fuentes termales por considerarlos lesivos para la moral y las buenas costumbres, y ni siquiera se tuvieron en cuenta sus virtudes medicinales. El Fuero de Teruel del siglo XII y posteriormente el de Cáceres, el de Cuenca y el de Sepúlveda, ya en el siglo XIV, establecieron reglas restrictivas sobre los baños. El rey Alfonso VI de Castilla llegó a prohibir a sus soldados usar los baños porque “relajaban y enervaban [debilitaban] el vigor de su ejército”.

La España musulmana estaba llena de alhamas (topónimo árabe que significa ‘baño’), lugares bendecidos por el don del termalismo. Los árabes sofisticaron la cultura del agua, desconocida por los pobladores anteriores de la Península. Había alhamas asociadas a playas, en la costa o en riberas de ríos. No hay que olvidar que la purificación diaria y obligatoria se cuenta entre los preceptos del Corán, de modo que los baños eran un servicio público gratuito y los hamman se contaban por miles. En Córdoba, en tiempos de Abd-al-Rahman III había más de trescientos baños, y su número llegó a seiscientos en el gobierno de Almanzor. La fundación de nuevas ciudades o pueblos se acompañaba también del establecimiento de los baños públicos, con una o más alhamas o hamman. Los mozárabes, población musulmana que vivía en territorio cristiano, disponía también de baños, aunque el avance de la reconquista cristiana afectó su permanencia. En 1108, después de la batalla de Uclés, muchas estaciones termales fueron derribadas y el declive de la dominación musulmana llevó consigo su desaparición. En el resto de la Europa Medieval el fenómeno del termalismo se vivió con menor intensidad que en la Península Ibérica, aunque hay que destacar el balneario de Karlovy-Vary o Karlsbad, en la actual Chequia, que adquirió su propia leyenda cuando en 1358 el emperador Carlos IV encontró allí un ciervo herido que sanó por la acción beneficiosa de sus aguas.

El Renacimiento marcó un cambio de tendencia, ya que difundió el estudio y uso de las aguas minerales como recurso terapéutico. Paracelso escribió en 1535 un tratado balneológico en el que detalló el uso curativo del agua en los balnearios. Pero los factores culturales siguieron siendo fundamentales: en España, se prohibieron definitivamente los baños en 1568, mientras que en Francia la tendencia fue opuesta. En 1605, durante la época de Enrique IV, se creó la superintendencia de las aguas minerales, que fue la primera organización oficial del termalismo francés. En Portugal apareció una nueva ciudad balnearia, Caldas da Rainha, urbe levantada y planificada con el apoyo de los reyes, que actuaron como promotores y mecenas.

La Ilustración

El Siglo de las Luces es el siglo de emergencia del balneario. Éste se convierte en un servicio necesario, por lo que las instalaciones balnearias experimentan un gran auge: se consolidan y modernizan las antiguas, se crean nuevos balnearios y aparecen las ciudades-balneario de nueva planta.

Todos estos cambios responden a diversas causas; por una parte, causas ideológicas, la vuelta al mundo grecorromano y el retorno a la naturaleza a través del ideario desarrollado por Rousseau, asientan una filosofía que hace precisa la reconciliación del hombre con el mundo natural; la ciudad balneario supone la plasmación de esta reconciliación; se crea una auténtica ciudad en medio de la naturaleza. Por otra, el renacer del balneario responde a los avances científicos conseguidos en el siglo XVIII; todavía no se ha producido un desarrollo suficiente de la farmacopea, por lo que el agua minero-medicinal sigue siendo un elemento de curación importante; pero lo que sí se ha conseguido es la realización de los primeros análisis de las aguas y el establecimiento de unas reglas terapéuticas concretas dependiendo de las enfermedades; se ha conseguido establecer un científico régimen de curación según las enfermedades. En este régimen no sólo el agua es importante, sino también los cuidados y el entorno en el que el paciente se encuentre: el balneario como instalación pasa a ser considerado un elemento de curación desapareciendo la distinción entre agua e instalaciones. A partir de este momento, el balneario, como un todo, será el elemento que permita la recuperación de la salud.

Por otra parte, el siglo XVIII inaugura una serie de actitudes sociales que tendrá su auténtico desarrollo en el siglo XIX y que va a producir el florecimiento pleno de las instalaciones balnearias. Se inaugura el concepto de veraneo, es decir trasladarse a un lugar alejado del cotidiano para pasar la temporada de verano; el balneario se presenta como el lugar idóneo donde gastar ese tiempo de ocio, y retomando el carácter grecorromano se convierte en un lugar, por excelencia, de relación social, de diversión e incluso de generación de cultura. El balneario adquiere cada vez con mayor fuerza un carácter frívolo; se convierte cada vez más en espacio de representación social, donde lo secundario es la curación y lo que interesa es la manifestación de la posición social. La ciudad de las aguas se convierte en lugar de encuentro de la fortuna, la nobleza y la elegancia.

Como ya se ha indicado, es en este siglo XVIII cuando se inician las labores de consolidación y modernización de antiguas fuentes termales explotadas desde la época griega o romana. Este es el caso de las paradigmáticas estaciones termales de Bath en Inglaterra, Baden-Baden en Alemania, y Karlovy Vary (Carlsbad, en alemán) en la región de Bohemia. La leyenda fundacional de Bath contaba que el príncipe Bladud, leproso y repudiado por su padre, encontró a unos cerdos revolcándose en el lodo y, tras hacer él lo mismo, se curó de su terrible enfermedad. La realidad es que había sido una importante zona termal romana, que fue olvidada durante largo tiempo, hasta que en la Edad Media aparecen su piscina y su fuente rodeadas de posadas y hospitales para pobres, es decir, se conocían y se explotaban sus propiedades curativas. Las transformaciones del siglo XVIII y la atracción que Bath producía en la realeza inglesa determinaron su modernización; en 1702, Beau Nash, árbitro de la elegancia del momento, decidió como debía ser la estructura y se encargaron las obras de transformación de la ciudad al prestigioso arquitecto John Wood, que desarrolló la primera ciudad-balneario como tal, con una serie de conjuntos urbanos formados por los baños, viviendas unifamiliares, hoteles, y todo tipo de instalaciones para la diversión. Bath se convirtió en una ciudad de placer y curación donde la realeza, la aristocracia y la clase media acudían a relajarse y a divertirse. Creció muy rápidamente, al extremo de que en 1746 recibía 510 visitantes, y en 1800 acogió 5.431. Tan desbordante crecimiento fue la causa de su propia decadencia; la ciudad había crecido demasiado deprisa, era excesivamente grande y dejó de ser un lugar exclusivo. Se convirtió al fin en una ciudad para el retiro, carente de estímulo e invadida por la nostalgia. La única novedad urbanística reseñable fue la construcción entre 1771 y 1773 de una pequeña estructura que permitía el baño en un lugar cubierto, una innovación que a lo largo del siglo siguiente se haría inseparable del espacio arquitectónico de los balnearios. Una trayectoria similar tuvo Baden-Baden, aunque su resurgir fue más tardío, mientras que Karlovy Vary tuvo un inicio temprano, como se vio anteriormente.

Spa (literalmente salus per acqua) el lugar cuya agua hacía recuperar la salud, recibió frecuentes visitas del zar de todas las Rusias Pedro el Grande, y se convirtió en otro polo de atracción de la moda balnearia en la Europa dieciochesca. Spa acabó por convertirse en una verdadera imagen de marca, por lo que muchos balnearios pasaron a ser denominados simplemente Spa, en la suposición de que ofrecían tratamientos y condiciones similares a las del balneario belga. Otros balnearios con menos renombre internacional pero igualmente visitados fueron Bad-Gastein, Bad-Homburg o Aix-le-Bains, muy reconocido en el período napoleónico. En España, las aguas del manantial de Beteta fueron declaradas de utilidad pública en 1790; el famoso polemista y escritor Juan Pablo Forner les dedicó un escrito.

Además de la recuperación de estos lugares, aparecieron ciudades balneario ex novo como Marienbad y Frantîskovy, ambas en Bohemia, que son ejemplo del enorme interés y esfuerzo invertido en la construcción y desarrollo de estos centros balnearios, ya que originalmente las fuentes termales de ambas se encontraban situadas en lugares pantanosos que fue necesario desecar y convertir en lugares amenos donde poder construir y explotar las instalaciones balnearias.

En España, aunque el desarrollo de los balnearios no llegó a alcanzar la importancia de otros países, se inició, en el siglo XVIII, la mejora de infraestructuras e instalaciones de las zonas balnearias existentes. El mejor ejemplo lo constituye la actuación de Carlos III en Trillo, donde se realizó una auténtica fundación real junto a la vieja villa de baño existente, que ya poseía un reconocido prestigio curativo. Al iniciarse el siglo XIX se dictaron los primeros Decretos que regularon la vida balnearia y en 1816 se creó el Cuerpo de Médicos de Baños. Fernando VII creó en 1817 los Baños Reales de Sacedón y encargó el diseño urbano de “La Isabela” a Antonio López Aguado, que realizó una ciudad balnearia acorde con las pautas académicas del momento.

Siglo XIX

A partir de mediados del siglo XIX y sobre todo en los últimos años del mismo es cuando realmente se produjo el momento de mayor esplendor de los balnearios y su gran transformación, la que se venía apuntando desde el siglo XVIII y mediante la cual los balnearios pasan de ser estrictamente casas de baños para convertirse en ciudades termales. Las instalaciones se hacen cada vez más complejas y ya no se construye un edificio polivalente, sino un conjunto de edificios planificados, una auténtica ciudad donde todos los elementos están relacionados a través de un esquema organizativo basado en la vida del bañista, sometido a un horario y a unas actividades fijas, en las que cada vez se concede mayor importancia a las actividades de carácter lúdico, frente a las de carácter curativo.

Durante la segunda mitad del siglo XIX éstos van perdiendo su carácter de ghetto social. Ahora son utilizados por las minorías aristócratas y burguesas, por industriales, comerciantes y profesionales liberales, que acuden a ellos espoleados por las noticias aparecidas en libros de viajes, guías, topografías médicas y demás publicaciones periódicas. Hay que resaltar que el concepto de salud había cambiado. Mientras para el romántico la hipocondría llevaba al enfermo a huir de los requerimientos productivos y adentrarse en un reposo que se suponía ocioso, el burgués recurre a la preocupación sanitaria y a la prescripción facultativa para justificar su presencia en el campo o su estancia en un balneario para tomar las aguas.

Para muchos visitantes la cura no es más que un pretexto, el curista se irá convirtiendo en turista. El tratamiento solía durar unas cuatro semanas; los enfermos leves permanecían de 15 a 20 días. Este tiempo de descanso vincula a los baños otros requerimientos y actividades, como el paseo, la gimnasia, las distracciones y la mejora del régimen alimenticio. La burguesía decimonónica, entusiasmada por las propiedades curativas que la ciencia médica atribuía a las aguas y deseosa de hallar un lugar propio de ocio y veraneo, encuentra en el balneario una de sus instituciones predilectas. En esta época, el baño cotidiano deja de ser una extravagancia. Los avances en la industrialización y la difusión de ideas relacionadas con el cuidado del cuerpo acabaron por difundir su práctica. De hecho, aunque el balneario sólo estuvo al alcance de las clases acomodadas, el higienismo hizo del popular baño público una institución similar.

Las décadas finales del siglo XIX marcaron el apogeo de la hidroterapia. Los establecimientos balnearios movilizaban entonces a millares de enfermos que iban a tomar las aguas minero-medicinales y buscaban el alivio de sus padecimientos. Los balnearios, casi desiertos en invierno, se convierten en centros de salud, recreo, encuentro y placer en verano. Las grandes novedades de esta etapa fueron la aparición de la talasoterapia (el tratamiento con aguas marinas) y la difusión de los baños de mar.

Hasta la Primera Guerra Mundial se viven los años de mayor esplendor; príncipes y aristócratas rivalizan por brillar en las ciudades balnearias. Las crónicas cuentan el auge de Bad Ischl, lugar que frecuentó el emperador Francisco José, o Baden-Baden, preferido por Guillermo I y por la reina Victoria, así como Aix-le-Bains, considerado hacía 1890 el balneario más elegante del mundo, o Karlsbad, lugar de encuentro de artistas como Schumann, Paganini, Brahms, Liszt, etc.

En España, aun dentro del menor desarrollo que ofrecen los establecimientos termales, la importancia social y económica del balneario hacen de él, igualmente, un centro de experimentación arquitectónica. Nombres de arquitectos destacados aparecen vinculados a la construcción de balnearios, López Aguado en La Isabela, auténtica estación termal, Isidro González Velázquez en el balneario de Hervideros de Fuensanta, Ventura Rodríguez en Caldas de Oviedo, Martín de Saracíbar en Arechavaleta, y Grasés Riera en Cestona.

Paradójicamente, el balneario de fines del siglo XIX no logró salir de sus referencias clasistas para convertirse en una institución característica del turismo de masas. Los nuevos y rápidos avances en la medicina y las nuevas costumbres turísticas, sobre todo la expansión del turismo de masas, acaban relegando a los balnearios al olvido, al menos como lugar social de veraneo. De hecho, tras la Segunda Guerra Mundial la búsqueda compulsiva de nuevas experiencias en las vacaciones acabó con el atractivo de los balnearios, que fueron cayendo lenta y lastimosamente en el olvido. La instalación termal perdió su interés como lugar de curación y de placer y se convirtió en una institución caduca. En los años cincuenta, el balneario era ya un paraíso perdido; la vieja ciudad de las aguas estaba condenada a desaparecer, se encontraba fuera del tiempo.

Sólo los balnearios urbanos, que atraían a nostálgicos y a clientes provenientes de las clases populares, lograban abrir sus puertas año tras año. A menudo, en los años sesenta, encontraremos balnearios radicados en poblaciones cabeceras de comarca, donde el paisano acudía en busca de la asistencia médica que no encontraba en su pueblo, junto a quienes procedían de la ciudad y alquilaban en las cercanías módicos pisos amueblados para tomar las aguas en familia.

La mala gestión de dueños y administradores, la falta de infraestructura y la decadencia o ruina de los edificios habían llevado a un callejón sin salida a los balnearios a principios de los años setenta. Su oportunidad de sobrevivir ha llegado de la mano del agotamiento del modelo de turismo masivo, la difusión de la ecología, la aparición de una cultura del ocio distinta, el culto a la imagen corporal y la potenciación de modas que conllevan un retorno a la naturaleza. El balneario de fin del milenio, que goza de buena salud y aún mejores perspectivas, ofrece a sus clientes tranquilidad y relajación y diluye la tensión física y psicológica de nuestro ritmo de vida.

La ciudad balnearia

El concepto de ciudad de las aguas aparece en el Segundo Imperio y nace referido a Vichy, ciudad que se convierte en modelo para otras muchas de la época. En ella se plasman de forma precisa todos los ingredientes de la ciudad balneario. Además de la zona de baños, cuenta con una importante zona de recreo, la galería Napoleón III y el parque Allier, a lo que se añadirán el gran casino, construido a finales del siglo XIX, el teatro de estilo Art Nouveau, la sala de conciertos, diversos restaurantes, etc.

Siguiendo el modelo de Vichy, se puede entender el balneario como una ciudad, un microcosmos organizado, en el que se dan una multiplicidad de actividades y relaciones sociales que pueden considerarse como un universo individualizado. En él se superponen, a la función de bañarse, otras como vivir, reposar, comer, pasear, divertirse, etc., y es en este momento, a mediados del siglo XIX, cuando la individualización de las funciones produce la aparición de edificios diferenciados para cada una de ellas, cuando se realiza una planificación del territorio y, por tanto, cuando se produce el nacimiento de la ciudad de las aguas o de la villa termal.

La ciudad balneario se presenta así como un centro urbano perfectamente estructurado con una numerosa población y una rica economía, caracterizada por la estacionalidad de sus funciones, y que tiene una fuerte incidencia sobre el territorio circundante y su área comarcal.

En esta planificación se incluyen la fijación y el mantenimiento del orden social. El balneario como institución que proporciona salud también es visitado por las clases bajas, pero los espacios están perfectamente delimitados, las clases altas ocupan los espacios de privilegio o simbólicos delimitados por el parque termal, mientras que las clases bajas ocupan los espacios marginales; normalmente había en todos los balnearios un edificio de baño independiente para pobres.

Además, en este siglo XIX la ciudad balneario diversifica sus funciones, incluyendo un nuevo factor, que en muchos casos incluso ha sobrevivido al propio balneario, la explotación de las industrias de transformación asociadas, como las embotelladoras de agua y los talleres de cosméticos, de los cuales los más importantes han sido Vichy y La Toja. Estas nuevas actividades determinan la aparición de edificios anejos a los del propio balneario, con una actividad y un personal complementario.

El balneario en sus aspectos arquitectónicos y urbanísticos

El lugar del balneario es determinante: habrá un balneario donde haya una fuente mineral con unas cualidades probadas. La conversión de un manantial natural en un balneario es un proceso artificioso en el que interviene de manera decisiva la mano del hombre, por una parte, diseñando la arquitectura que cobija el agua y, por otra, modelando el entorno a su entera satisfacción, modificándolo o potenciándolo según los casos, buscando un puesto a la arquitectura en esa naturaleza. En la medida en que el balneario se independiza de la ciudad presenta una caracterización espacial más definida, consecuencia de la autonomía alcanzada, y que se manifiesta en una mayor complejidad como resultado de las distintas funciones que tiene que asumir.

A cada función del balneario le corresponde un edificio y la arquitectura empleada en ellos responde, en líneas generales, a unas características muy concretas, debido no a la adopción de un estilo arquitectónico determinado para la construcción de las arquitecturas balnearias, sino a que el mayor esfuerzo constructor se va a producir en una época determinada, en el cambio del siglo, en apenas cincuenta años, hecho que determina la adopción de los estilos arquitectónicos reinantes en ese momento para las construcciones balnearias. El balneario permeable a cualquier insinuación de la moda absorbe diversas tendencias que pugnan en ese cambio de siglo, el eclecticismo junto al pintoresquismo y la eclosión de las arquitecturas vernáculas, serán los estilos dominantes en estas ciudades de las aguas.

Las construcciones balnearias contaban ya con una rica tradición. Hay que recordar la magnífica ciudad de Bath, planificada y construida siguiendo la sobriedad de los planteamientos neoclasicista del arquitecto John Wood, que la dotaron en su momento de una elegante belleza, todavía hoy admirada, y en la cual se siguieron experimentaciones no sólo arquitectónicas sino urbanísticas que supusieron un impulso importante en el desarrollo de la planificación urbana de Gran Bretaña; o la importancia de las ideas de tratadistas franceses como Claude Nicolas Ledoux, que propone una imagen concreta en la utópica ciudad industrial de las Salinas de Arc-et-Senans, donde deja construido un edificio de planta circular, junto al bosque de Chaux; o la importancia de Durand que, en su Compendio de lecciones de arquitectura, fija las bases del desarrollo de una estación termal “[…] además de los diferentes objetos relativos a los baños, habrá que hacer entrar en la composición general de un establecimiento así, cuerpos de edificios destinados al alojamiento, un templo, una sala de espectáculos, salas de baile, de conciertos, de juegos, cocinas, establo, cocheras y otras dependencias […]; quedaban trazados así, en época temprana, los componentes básicos que deben constituir un establecimiento termal.

Sin embargo, la arquitectura balnearia se define más claramente, como se ha señalado con anterioridad, a partir del Segundo Imperio en Francia, con el desarrollo de la ciudad de Vichy y bajo la influencia de l’École de Beaux Arts, que se va liberando cada vez más de las ataduras impuestas por el clasicismo. Francia se convierte en el modelo indiscutible de los balnearios y el eclecticismo es el estilo arquitectónico protagonista de sus edificios. Este estilo casaba bien con la trivialización de la enfermedad y la frivolización de la curación que se produjo en la Belle Époque; la necesidad de exhibir una belleza aunque sólo sea aparente encuentra en el eclecticismo una respuesta adecuada. El eclecticismo, como estilo dominante, junto a los historicismos y, en casos, al Art Nouveau, serán las magníficas formas que doten de una imagen a la ciudad de las aguas.

Las edificaciones

Es en este momento cuando se introduce un factor nuevo en el tratamiento del fenómeno balneario: la planificación; ya nada queda reservado al azar, el balneario es concebido, diseñado, sometido a un plan. El balneario no sólo es arquitectura, sino urbanismo.

Espacios terapéuticos

Los baños

Edificios centrales y básicos en los balnearios. Son los primeros que sufren una reconstrucción y remodelación. En ellos se van a plasmar las enseñanzas academicistas que se traducirán en esquemas geométricamente muy simples, que permiten la perfecta diferenciación entre espacios de uso estrictamente privado y espacios de uso comunitario. La idea del edificio de los baños irá evolucionando desde el siglo XVIII hasta la mitad del siglo XIX; en los primeros años del desarrollo termal el edificio de los baños es el edificio por excelencia de un balneario y, en gran medida, se concibe como un edificio polivalente en el que incluso se puede cubrir la necesidad de alojamiento; pero, por encima de cualquier otra, la función de baños es la primordial. A mediados del siglo XIX, cuando la ciudad de las aguas o estación termal llega a su máximo desarrollo, el edificio de los baños desaparece como tal y su función se incluye en la planta sótano de los lujosos hoteles que se construyen; la función recreativa domina, incluso arquitectónicamente, al resto de las funciones de un balneario. Éste es el modelo que se desarrolla, entre otros, en el balneario de La Toja, donde los baños se encuentran en la planta sótano del Gran Hotel, o en la importante cadena de balnearios que se extienden por toda la ciudad de Budapest, que en realidad se trata de verdaderos palacios-hoteles en los que se reúne el lujo de las construcciones imperiales, y en sus sótanos magníficas instalaciones balnearias.

La piscina

Normalmente se incluye dentro de las instalaciones de los baños, aunque en los modernos balnearios se muestra como un complemento obligado del veraneo y, por tanto, se separa claramente de las instalaciones terapéuticas.

La buvette (por su carácter mixto, se tratará en el apartado de espacios de relación).

Espacios de alojamiento

El hotel

Es la segunda edificación en importancia en una estación balnearia. En principio responde a la necesidad de alojamiento que tienen las personas que acuden al balneario, sin embargo, como él, sufre una evolución importante y cuando el balneario adquiere ese carácter de lugar de veraneo, de diversión y de ocio, deja de ser un simple lugar de recreo para convertirse, por una parte, en el símbolo del propio balneario; en él se centrarán todo los esfuerzos por hacer del balneario un lugar de moda: se le dotará de magníficos salones, de confortables habitaciones y de inmejorables condiciones de higiene y comodidad; por otra, su fachada adquiere un carácter de representatividad, que la convierte en muchas ocasiones en la imagen del balneario.

Pero los balnearios no contarán con un único hotel, sino con varios de diversas categorías, aunque el principal, el que en España se denomina por excelencia Gran Hotel, será el que adquiera estas funciones de representatividad. En él serán decisivos el número y la capacidad de sus salones, que determinaran su capacidad para entretener y retener a sus huéspedes. Los dos grandes salones principales serán el comedor y el salón de fiestas, los salones menores estarán destinados a biblioteca, sala de prensa, cuartos de estar, de juegos, etc. Igualmente el hotel contará con pequeños locales comerciales.

Será en estos magníficos edificios donde por encima de cualquier otro estilo se utilice el eclecticismo en su construcción.

Las villas

Dentro de los locales de alojamiento, existe la modalidad de las villas, que esencialmente son alojamientos individuales. Son urbanizaciones con viviendas unifamiliares o pequeñas residencias que participan de las instalaciones balnearias. En las estaciones europeas esta forma de alojamiento, sobre todo en Francia, fue muy importante; en España su importancia fue menor, aunque en algunas estaciones españolas como en Baños de Montemayor tuvieron una cierta incidencia.

Espacios de recreo

El casino

Es el ámbito de la diversión por excelencia, donde se concentra el lujo y el refinamiento social, referencia obligada dentro del establecimiento termal. En España no tendrá el carácter del Gran Casino, lugar de lujo y de juego, sino que será ante todo lugar de reunión, de ocio y, muchas veces, salón literario y político.

Por su carácter frívolo, en los edificios destinados a casinos es donde se produce una mayor experimentación arquitectónica, donde se lleva a sus máximas consecuencias el eclecticismo y donde los historicismos se muestran más imaginativos.

El teatro, la sala de conciertos, etc., no son instalaciones obligadas en un balneario, pero suelen existir dentro del ámbito recreativo, bien con edificios propios o bien en los salones de los hoteles. El más representativo de los edificios destinados a estos fines es el teatro de la estación termal de Vichy, construido en un magnífico Art Nouveau.

Espacios de relación

Los paseos-galería

Son arquitecturas abiertas, galerías cubiertas necesarias para unir los diferentes edificios del balneario, los baños con los hoteles o con la buvette. Se convierten en los espacios de relación por excelencia, por donde transcurren innumerables paseos diarios, unos provocados por la necesidad de cumplir con el tratamiento establecido, y otros como una actividad más propia del balneario, el paseo como forma indiscutible de relación.

Los paseos-galería tendrán una faceta frívola y otra funcional, como áreas de circulación y de ordenación de la vida del balneario; su arquitectura estará muy cuidada; emblema de la estación termal, estará muy unida a la naciente arquitectura del hierro.

La buvette

La fuente, el lugar donde se acude a beber el agua curativa, es, como los paseos-galería, una zona de arquitectura abierta, un área de relación por excelencia. Normalmente está unida al edificio de alojamiento mediante el paseo-galería, ya que acudir a la buvette es una de las actividades que los bañistas deben realizar varias veces al día. Presenta diferentes repertorios formales; muy habitual es la planta octogonal y el tratamiento en dos niveles, uno inferior, donde está la fuente, y una galería superior, donde se mata el tiempo paseando. La entrada de luz es fundamental.

La capilla

Es una pieza indiscutible en los balnearios españoles; en ella se celebran servicios religiosos diariamente. Se trata siempre de edificios historicistas de pequeñas dimensiones y una sola nave.

El entorno

La naturaleza es un elemento esencial del balneario, es el soporte de todas las instalaciones, y el que dota al balneario de uno de sus caracteres y atractivos esencial, ser un lugar donde el hombre se reconcilia con la naturaleza, una vuelta a la atmósfera campestre que ha perdido en la ciudad.

El entorno de un balneario siempre será natural, de naturaleza domesticada, compuesto de bosques convertidos en parques, de orillas de ríos transformadas en cuidadas alamedas, y de jardines con estanques, puentes o pajareras.

El parque

El parque responde al concepto de naturaleza que es propio de la esencia del balneario, el entorno apacible que propicia la curación y la salud. Será un elemento igualmente planificado, como cualquier otra instalación del balneario, ya que va ser el soporte sobre el que el resto de las instalaciones quedarán ubicadas y relacionadas entre sí. En los balnearios se construirán auténticos jardines, diseñados a la francesa o a la inglesa; incluso los que se encuentran en el interior de núcleos urbanos contarán con amplias zonas ajardinadas. Estos jardines, diseñados cuidadosamente, se dispondrán en función de los principales ejes de circulación mediante los cuales, al igual que los paseos-galería, se pueda cumplir con uno de los rituales propios del balneario y de su vida social, el paseo, obligado para cumplimentar los ritos curativos, o como medio para propiciar el encuentro.

Estos parques y jardines aparecen salpicados de unas arquitecturas que tienen un carácter abierto y público como los palcos de música, las folies clásicas, los cenadores, los miradores, las glorietas de los paseos-galerías, etc.

Los palcos de música

Son sin duda uno de los elementos básicos de ocio que se pueden encontrar en el balneario. Pueden estar ubicados en el interior del hotel o al aire libre, en medio de los parques, siguiendo la costumbre decimonónica de que todas la alamedas y paseos contarán por un palco de música. Su desarrollo va a ser el mismo que el de los palcos de las alamedas, como pintorescos escenarios, normalmente construidos con estructuras de hierro.

El río

Por las especiales condiciones geológicas en las que surgen los manantiales, el río va a ser un elemento presenta en cualquier balneario, aunque no siempre se encuentra incorporado al desarrollo del parque.

El lago

El otro de los elementos característicos se concibe como un complemento a la actividad lúdica, en ellos se rema, y en algunos casos participan como elemento terapéutico en la cura, ya que sus aguas pueden ser de los mismos manantiales del balneario.

Tomar las aguas

El cliente del balneario acude a él para realizar un tratamiento termal, bañarse y reposar. Su situación no es voluntaria, depende de la localización y cualidades del manantial que lo alimenta. Hipócrates señaló “el médico cura, sólo la naturaleza sana”. La enfermedad, que constituye un desequilibrio entre la persona y el mundo externo, hace que sea necesario realizar un rito purificativo de inmersión en las aguas como parte del proceso de curación, que simboliza y comporta regeneración, fertilidad y nuevo nacimiento por el poder sagrado del agua.

La utilización de las aguas como elemento con poderes curativos se puede realizar a través de la ingestión, inmersión o simple ablución. El baño, que se realiza mojando el cuerpo con agua u otra sustancia acuosa, como barro, fango e incluso leche, constituye el ritual idóneo para aprovechar sus propiedades curativas. La práctica del baño es muy antigua. En el antiguo Egipto existían salas especiales para bañarse, y tanto en Grecia como en Roma había baños que combinaban el vapor, la limpieza de la piel y el masaje. Los primeros baños públicos se construyeron en el siglo XII. En los siglos XIV y XV había algunas casas públicas para baños, donde se instalaban juntos hombres y mujeres. En el XVI, tomar baños era una práctica difundida; algunas personas permanecían sumergidas en las aguas días enteros por motivos de salud. Como señalamos, desde finales del siglo XIX se difunde la práctica habitual del baño y se reserva en la casa un espacio para practicarlo.

En los balnearios se suelen practicar los distintos tipos de baños. El baño turco es el más importante, proviene de la Edad Media y combina exposiciones en aire caliente, vapor de aire, masajes y, finalmente, un baño o ducha de agua fría. Cuando se practica, se está en continuo movimiento; se usa para reducir peso, limpieza o purificación de la piel y relajación. Realmente, es una combinación de masajes con productos cosméticos. El baño también puede ser termal, de burbujas, de inmersión, de vapor, de ojos o termal con hidromasaje, y la ducha puede ser circular, lumbar, a chorros, filiforme, nasal, escocesa, vitel, de masaje, de tres columnas, de kneipp, de contraste, faríngea y de vichy. Los chorros pueden ser a presión, a las manos (maniluvios) o a los pies (pediluvios). El masaje aplicado durante los tratamientos puede ser manual, hidromasaje, terapeútico, con fisioterapia, subacuático, de mesoterapia (anticelulítico), quiromasaje, presoterapia, hidrocinesiterapia o de reflexología. Las inhalaciones se hacen con aerosoles, vaporizaciones, pulverizaciones faríngeas, inhalaciones de gas, natural o balsámicas, nebulizadores y ionozón-badd. En cuanto a la sauna, es de dos tipos, natural y finlandesa. Las aplicaciones de lodo también tienen varios tipos, parafangos, lodoterapia, arcilla y fangoterapia. Finalmente, en el gimnasio se realizan ejercicios diversos, tratamientos de onda corta, electroterapia, tracción cervical, cura hidropónica y con rayos infrarrojos y láser.

T. Nieto Taberné

Características y usos de las aguas

Las aguas minerales no se pueden considerar sin más como potables. Han de ser declaradas de utilidad pública, y se necesita autorización para extraerlas, utilizarlas y embotellarlas. La solicitud para hacerlo es cumplimentada por los propietarios de las aguas que, además, deberán añadir un plano del terreno y de las edificaciones que existan o se proyecten edificar. A continuación se efectúa un análisis químico y bacteriológico, cualitativo y cuantitativo, junto con una memoria histórico-científica por duplicado, cuyo expediente se dirigirá a la autoridad que corresponda. Las aguas que sólo cuentan con autorización para ser comercializadas en botellas no pueden ser utilizadas por los enfermos en el lugar donde emergen.

Tanto los precios del agua como de los servicios que se prestan en un balneario pueden señalarse libremente por sus propietarios, pero deberán estar expuestos al público, al igual que los de las aguas embotelladas.

Según su composición, las aguas pueden ser: sulfatadas, magnésicas, bicarbonatadas, cálcicas, ferruginosas, radiactivas, cloruradas, alcalinas, hipertónicas, nitrogenadas, sódicas, potásicas, oligometálicas, hipotónicas, sulfhídricas, silico-carbonatadas y fluoradas.

Sus aplicaciones medicinales son muy extensas, ya que cada clase de agua tiene un efecto fisiológico. En el caso de tratamientos del aparato respiratorio, se utilizan para curar enfisemas, bronquitis crónica, alérgica y de fumador, asma bronquial e infantil, sinusitis, faringitis, laringitis, catarros alérgicos, rinitis y afecciones respiratorias en general. En los tratamientos del aparato locomotor sirven para combatir el reúma, artritis, artrosis, ciática y úlceras varicosas, así como en la curación de traumas diversos. En los tratamientos musculares se aplican en los casos de tendinitis, contracturas musculares, secuelas postraumáticas y neuritis. En los tratamientos de la piel, las aguas son útiles para combatir la psoriasis, urticarias, eczemas, acné, celulitis y otras afecciones dermatológicas. En el caso del aparato digestivo, las aguas se indican para los trastornos del metabolismo, estreñimiento, dispepsias, riñón y vías urinarias, cistitis, hígado, litiasis renal, ureteral y vesical, gota y anemias ferruginosas. También son útiles en la lucha contra la obesidad, las curas de adelgazamiento y los tratamientos de belleza. Asimismo, se recomienda el tratamiento en trastornos del sistema nervioso (ansiedad y agotamiento), enfermedades del sistema circulatorio, como arteriopatías periféricas, y trastornos ginecológicos.

Las aguas sódicas son estimulantes; las sulfuradas tienen una acción beneficiosa sobre la piel, el aparato respiratorio y el locomotor; las ferruginosas, ricas en hierro, favorecen la regeneración de la sangre, mejoran la anemia, actúan en las enfermedades de la piel y colaboran en regímenes adelgazantes; las radiactivas producen efectos sedantes y analgésicos para combatir ansiedades y depresiones; las sulfatadas tienen efectos laxantes y diuréticos; las bicarbonatadas resuelven problemas del aparato digestivo, y las carbónicas, que estimulan el apetito y favorecen el buen funcionamiento del aparato circulatorio, se emplean en curas de adelgazamiento, tratamientos de belleza y contra la celulitis.

La administración de las aguas termales puede ser por vía interna o externa. En el primer caso el médico del balneario indicará la dosis que el paciente debe ingerir y después se suele recomendar un paseo. El uso externo se realiza mediante baños, chorros, duchas, inhalaciones y aerosoles.

Las aguas minerales de consumo masivo, que nacen en las profundidades de la tierra y están relacionadas con filones metálicos y fallas volcánicas, se han convertido en el producto más popular de la cultura de balneario. Se dividen en los siguientes grupos: aguas cloruradas de fuerte mineralización, que son frías y no gaseosas; de media mineralización, similares a las anteriores, y de débil mineralización, que son termales, iso o hipotónicas y de elevada radiactividad.

Las aguas sulfatadas pueden ser sódicas y magnésicas, que son purgantes y laxantes, se utilizan en síndromes de intoxicación alimenticia o medicamentosa, dermopatías y prurito; las sulfatadas cálcicas y sulfatadobicarbonatadas cálcicas se indican en gastritis y dispepsias gastrointestinales, afecciones intestinales, hepatopatías y afecciones de las vías biliares, actúan por acción diurética y favorecen la eliminación del ácido úrico; las sulfatadas cloruradas se indican para las afecciones del aparato digestivo, como gastritis crónicas y afecciones hepatobiliares; las bicarbonatadas sódicas se indican en las afecciones gástricas por hiperclorhidria e hipermotilidad, dispepsias, úlceras duodenales, diarreas, enfermedades hepáticas y afecciones renales; las cálcicas mejoran la digestión; las bicarbonatadas sulfatadas se emplean en intoxicaciones hepáticas y estreñimiento, mientras que las bicarbonatadas cloruradas se recomiendan en reumatismos; las sulfuradas en afecciones de las vías respiratorias, dermatosis, reumatismos, afecciones hepáticas y enterohepáticas, procesos ginecológicos, secuelas de intervenciones quirúrgicas y traumatismos; las radiactivas tienen efectos calmantes, antialérgicos, antiespasmódicos y descongestionantes y son beneficiosas en afecciones circulatorias, del aparato respiratorio y digestivo; y finalmente las ferruginosas están indicadas para casos de anemias, trastornos hepato-biliares y reumatismos.

Balnearios actuales

En España, los establecimientos de aguas termales dependían del Ministerio de la Gobernación y en particular del gobernador de la provincia y del alcalde del pueblo en que se encontraran situados, pero en la actualidad dependen de las comunidades autónomas. La ANET (Asociación Nacional de Estaciones Termales) agrupa los balnearios españoles según la región en la que se encuentren; cabe destacar los de Alhama de Granada y Lanjarón en Andalucía; en Aragón, Alhama de Aragón, Baños de Benasque, Panticosa y Sicilia; en Cantabria, Puente Viesgo y Caldas de Besaya; en Castilla-La Mancha, Solán de Cabras y Tus; en Castilla-León, Corconte y Palacio de las Salinas; en Cataluña, Vichy Catalán y Termes Montbrió; en Extremadura, El Raposo y Montemayor; en Galicia, Lugo y Villa Termal; en Murcia, Archena; en Navarra, Baños de Fitero, en el País Vasco, Cestona; en La Rioja, Arnedillo; y en la Comunidad Valenciana, Chulilla y Hervideros.

Ya fuera de España, hay que citar Terme di Saturnia, entre Roma y Siena, una antigua villa rodeada de manantiales de agua caliente y piscinas, con cascadas y jardines con grandes macizos de flores; Le Sport, que se encuentra situado junto al mar, en la isla de Santa Lucía (Antillas Británicas), cuyo estilo recuerda la arquitectura de inspiracion árabe; Tettuccio in Montecatini, entre Pisa y Florencia, que fue construido en 1920 sobre las ruinas de una terma del siglo XVIII, con estilo Art Nouveau en el café, librería, sala de escritura y jardines; Chems Le Tazarkount, a dos horas de Marrakech; The Oriental Hotel Spa en Bangkok, junto al río Chao Phraya, con terrazas, jardines y piscinas rodeando las habitaciones y suites; Stobo Castle Health Spa en Peeblesshire (Escocia), rodeado de colinas, lagos y castillos medievales; el Rancho La Puerta en Kuchuma (Baja California, México), un moderno hotel al estilo colonial español; o el Hôtel Royal-Hotel Ermitage en la región francesa de Evian o Chiva-som en la isla de Hua Hin, en Tailandia, un lugar lleno de palmeras rodeado de un magnífico lago y de jardines tropicales.

En la España actual, los manantiales minero-medicinales son muy abundantes, cerca de dos mil, pero el rendimiento que se obtiene de ellos debe aumentar. En 1963 había 360 establecimientos con aguas minero-medicinales declarados, pero sólo 160 estaban activos. En Portugal hay 400 estaciones termales; de las 100 que están legalizadas sólo 43 están en funcionamiento. Sin embargo, el número de establecimientos hoteleros de lujo que ofrecen servicios balnearios va creciendo. Aparece aquí un concepto hostelero que vincula el balneario al hotel de lujo con la terapia salus per acqua (Spa), dirigida por equipos médicos, especialistas en estética, preparación física y medicina natural. La moda balnearia también ha recuperado últimamente la talasoterapia, con tratamientos basados en el aprovechamiento del agua, el lodo y las algas marinas.

M. Fernández del Pino

Temas relacionados

Balneoterapia.

Enlaces en Internet

http://www.balnearios.org; Asociación Española de Estaciones Termales.
http://www.lhw.com; The Oriental Hotel Spa, Bangkok, Tailandia.
http://www.spafinders.com; Información general sobre balnearios del mundo.
http://www.webevian.com; Balneario de Evian, Francia.
http://www.primahotels.com; Hotel Royal-Hotel Ermitage, Evian, Francia.
http://www.slh.com; Balneario de Chiva-som, Tailandia.
http://www.termedisaturnia.it; Balneario de Terme di Saturnia, Italia.

Bibliografía

ANET. Balnearios de España (Madrid: Asociación Nacional de Estaciones Termales, 1999).
BACHELARD, G. El agua y los sueños. (México: 1988).
CASTILLO CAMPOS, M. J. DEL. Historia del balneario de Mondáriz hasta 1936 (Madrid: 1992).
GIL DE ARRIBA, C. Casas para baños de ola y balnearios marítimos en el Litoral Montanés (Santander: Fundación Marcelino Botín, 1994).
GISBERT CORTÉS, J. J. Miscelánea histórica del balneario de Benimafull (1830-1940) (Alicante: Diputación de Alicante, 1994).
LEBOREIRO AMARO, María Asunción. El Balneario, la ciudad ensimismada. (Santiago de Compostela: Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia, 1998).
MERCÉ HOSPITAL, José María. La arquitectura en el ciclo natural del agua. (Madrid: Universidad Politécnica de Madrid. Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Tesis Doctoral, 1987).
PERUCHO, Joan. Historias secretas de balnearios. (Barcelona: 1987).

T. Nieto Taberné / M. Fernández del Pino

Balneario, -ria

Fuente: Britannica

So, what do you think ?