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Definición de Papel

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 (Del cat. paper, y éste del lat. papyrus ‘papiro’); sust. m.

1. Hoja delgada y flexible fabricada con pasta de fibras vegetales (que sirve especialmente para escribir en su superficie o envolver objetos): este libro está hecho con papel de primerísima calidad.
2. [Por metonimia] Trozo de este material de distintas dimensiones: te dejé una nota escrita en un papel.
3. [Por extensión] Documento escrito o impreso en una hoja de este material: alguien ha estado revolviendo en mis papeles privados; le llegó un papel del ayuntamiento en el que le reclamaban el pago de una multa.
4. Dinero en billetes: sólo aceptamos el pago en papel, no en cheque.
5. Conjunto de las entradas que se ponen a la venta para un espectáculo público (especialmente de carácter deportivo): todo el papel se agotó a las pocas horas de abrirse las taquillas.
6. Conjunto de los valores que se negocian en la bolsa.
7. Parte de una obra teatral o cinematográfica que representa cada actor: recibió un “Oscar” por su papel en aquella maravillosa película. [Por extensión] Personaje interpretado por un actor en una obra de este tipo: siempre hacía el papel de malo en películas de acción.
8. [Por extensión figurativa] Función que desempeña una persona en un determinado aspecto de la vida: el intermediario de la ONU tuvo un papel fundamental en la firma del acuerdo de paz.
9. (sust. pl.) [Uso familiar] Documentos que acreditan la identidad de una persona, su estado social o la pertenencia de bienes materiales: ¿podría ver los papeles del camión?
10. (sust. pl.) [Uso familiar] Prensa diaria: la noticia aparecía en grandes titulares en todos los papeles.
11. (sust. pl.) [Uso familiar] Carantoñas o halagos.

Modismos
Embadurnar (o embarrar, o emborronar, o manchar) papel. [Uso figurado y familiar] Escribir cosas inútiles o despreciables.
Hacer buen (o mal) papel. [Uso figurado] Estar o salir lucida o desairadamente en algún acto o negocio.
Hacer el papel de algo. [Uso figurado] Fingir o representar algo diestramente.
Hacer su papel alguien o algo. [Uso figurado] Cumplir con su cargo o ministerio o ser de provecho para una cosa.
Papel mojado. [Uso figurado] El de poca importancia o que prueba poco para un asunto. 2. [Uso figurado y familiar] Cualquier cosa inútil o inconsistente.
Papel moneda. [Economía] El que sustituye al dinero en metálico y tiene curso como tal. Véase Billete de banco.
Papel picado. [América] Confetti, pedacitos de papel de colores.
Perder los papeles. [Uso figurado y familiar] Perder una persona el control sobre sí misma.
Tener buenos papeles. [Uso figurado] 1. Tener una persona instrumentos legales y certificaciones que prueban su nobleza o sus méritos. 2. Tener razón o justificación en lo que propone o disputa.
Traer los papeles mojados. [Uso figurado y familiar] Ser falsas o sin fundamento las noticias que da una persona.

Sinónimos
Hoja, lámina, pliego, página, impreso, cuartilla, plana, folio, octavilla, billete, boleto, papeleta, tarjeta, documento, volante, cartulina, pergamino, dinero, acción, título, envoltorio, identificación, licencia, carné, credencial, título, rol, personaje, caracterización, función, labor, tarea, cometido.

 (1) [Tecnología]

Hoja delgada realizada a partir de fibras de celulosa afieltradas y apelmazadas; actualmente se obtiene también a partir de otros tipos de fibra derivadas del vidrio y de polímeros sintéticos. Las dos sustancias fundamentales que constituyen el papel son la celulosa, que le proporciona cuerpo y resistencia, y la pasta de madera o algunas pastas semiquímicas, que le dan la opacidad y morbidez.

Hasta el siglo XVIII, el papel se obtuvo a partir de trapos de lino y cáñamo, pero a partir de este momento se comenzó a emplear como materia prima la celulosa de la madera y en esta época además se inventaron las máquinas continuas para la fabricación de papel; dos hechos que hicieron que el precio del papel disminuyera considerablemente, lo que permitió su difusión. En el siglo XIX el rendimiento de la celulosa con los tratamientos de sosa cáustica era pequeño en comparación al que se obtiene actualmente.

De las fibras celulósicas de la madera se obtienen diferentes tipos de pasta de papel, que tienen distintas propiedades y aplicaciones:

- Pasta mecánica: se fabrica a partir de maderas exentas de resinas. La pasta obtenida contiene todas las sustancias de la madera, por lo que no se utilizan para obtener papel de clase fina; la coloración se blanquea mediante agua de cloro, lo que permite su uso en papel para prensa y cartones.

- Pasta química: es la celulosa que se obtiene al eliminar la lignina de la madera mediante un proceso químico, bien alcalino o bien ácido. El método alcalino emplea la sosa cáustica o el sulfato alcalino para solubilizar la lignina y es el método más utilizado. La calidad de la pasta depende de las temperaturas y tiempos del proceso y por supuesto de la calidad de la materia prima, son pastas de gran resistencia y muy útiles para la fabricación de todo tipo de papel, en especial para envolver. El método ácido emplea una disolución de bisulfato de cal con exceso de SO2 libre para convertir la lignina en producto soluble en medio ácido, pastas de gran calidad y pureza.

- Pastas mixtas: se obtienen con tratamiento químico y mecánico, el químico para debilitar la unión de la lignina y la celulosa, y el mecánico para la separación. La pasta obtenida se emplea en la fabricación de papel y tableros para la construcción.

Después de la obtención de las pastas es necesario llevar a cabo diversos tratamientos, y en función de cual de ellos se elija se obtendrán pastas con distintas cualidades. Su objeto es purificar la pasta, separando y cortando las fibras por tamaños (tamizado) y blanqueando la pasta (decolorar, sin degradar la celulosa) y después realizando la limpieza y la criba de la masa.

La fabricación a partir de la pasta de celulosa, consiste en transformar la pasta diluida de las fibras en una lámina, de tal forma que las fibras se entrecrucen y superpongan en varias capas hasta alcanzar el espesor deseado. Todo ello se realiza en máquinas especiales, continuas, donde se somete a la pasta a procesos de mezcla, dilución, dosificación y depuración; y después de salir de la máquina se le somete a las operaciones de estucado y acabado.

Las características del papel más importantes y que hay que considerar en función del uso que de él vaya a hacerse son:

- propiedades mecánicas: resistencia a la tracción, al alargamiento, a la presión, a la rotura y al plegado.

- propiedades físicas: granaje (peso en g/m²), espesor, rigidez, absorbencia, alisado, porosidad, impermeabilidad y grado de humedad.

- propiedades químicas: pH, grado de encolado y concentración de cenizas.

- propiedades morfológicas: tipo de fibra.

- propiedades estéticas: grado de limpieza, transparencia uniforme, doble cara (defecto a causa del aspecto diferente que puede tener cada cara de una hoja), grado de blanco.

- propiedades funcionales: descamación (abrasión superficial de las fibras), espolvoreo (pérdida de las cargas en forma de polvo), imprimibilidad (capacidad de impresión), higroexpansibilidad (estabilidad dimensional del papel cuando cambia el grado de humedad ambiental).

Se utiliza como vehículo en la escritura (véase el apartado Escritura: soportes, materiales, técnicas), embalajes, construcción y paneles.

Tipos de papel

Según el material, la forma, el tamaño y la función, se distinguen diferentes clases de papel:

• Papel ahuesado. El fabricado con pasta que imita el color del hueso.

• Papel atlántico. Folio de grandes dimensiones con el que se forma una hoja de cada pliego, como el usado en los atlas geográficos.

• Papel biblia. El que es muy delgado pero resistente y de buena calidad, propio para imprimir obras muy extensas.

• Papel blanco (o en blanco). El que no está escrito ni impreso, por contraposición al que lo está.

• Papel canson. El grueso y pajizo usado para dibujar en tinta china.

• Papel carbón. El fino y entintado por una de sus caras que sirve para la obtención de copias a mano o a máquina.

• Papel cebolla. El de escribir, muy delgado, que suele emplearse para copias.

• Papel celo. Cinta de celulosa o plástico, adhesiva por uno de sus lados, que se emplea para pegar.

• Papel celofán. El que es transparente e impermeable, y se usa en envolturas.

• Papel comercial. El de cartas de tamaño holandesa, rayado con pauta estrecha.

• Papel continuo. El que se hace a máquina en piezas de mucha longitud.

• Papel cuadriculado. El que lleva impresas rayas que forman cuadros uniformes.

• Papel cuché. El muy satinado y barnizado que se emplea principalmente en revistas y obras que llevan grabados o fotograbados.

• Papel de acuarela. El que es grueso y granuloso, usado para pintar con acuarelas.

• Papel de aluminio (o de plata, o de estaño). Lámina muy fina de aluminio o estaño aleado, utilizada para envolver alimentos y en la fabricación de condensadores eléctricos.

• Papel de Armenia. El impregnado con sustancias aromáticas, que produce un olor semejante al incienso cuando se quema.

• Papel de barba (o de barbas). El de tina, que no está recortado por los bordes.

• Papel de calcar (o de calco). 1. Véase papel carbón. 2. El translúcido o apergaminado, a través del cual pueden verse los dibujos originales para ser calcados.

• Papel de caña. El de embalar, satinado por una cara y verjurado.

• Papel de culebrilla. Papel fino de escribir, usado en los siglos XVI y XVII, llamado así por la figura que representaba su filigrana.

• Papel de cúrcuma. El impregnado en la tinta de cúrcuma, que sirve como reactivo para reconocer los álcalis.

• Papel de China. El que se fabrica con la parte interior de la corteza de la caña del bambú, y por su fibra larga es muy consistente, a pesar de su extremada delgadez.

• Papel de estracilla. El más fino que el de estraza.

• Papel de estraza (o de añafea). Papel muy basto, áspero, sin cola y sin blanquear.

• Papel de filtro. El poroso y sin cola, hecho con trapos de algodón lavados con ácidos diluidos, y que se usa para filtrar.

• Papel de fumar. El que se usa para liar cigarrillos.

• Papel de gelatina. El preparado en hojas para sacar copias con multicopista.

• Papel del Estado. Diferentes documentos que emite el Estado reconociendo créditos, sean o no reembolsados o amortizables, a favor de sus tenedores.

• Papel de lija. Hoja de papel fuerte, con vidrio molido, arena cuarzosa o polvos de esmeril, encolados en una de sus caras, que se emplea en lugar de la piel de lija.

• Papel de luto. El que, en señal de duelo, se usa con orla negra.

• Papel de marca. El de tina, del tamaño que tiene ordinariamente el papel sellado.

• Papel de marca mayor. El de tina, de longitud y latitud dobles que el de marca, que ordinariamente sirve para estampar mapas y libros grandes.

• Papel de marquilla (o romaní). 1. El de tina, de tamaño medio entre el de marca y el de marca mayor. 2. El de tina, grueso, lustroso y muy blanco, que se emplea ordinariamente para dibujar.

• Papel de música. El rayado con pentagramas para escribir música.

• Papel de pagos. Hoja timbrada que expende la Hacienda, para hacer pagos al Estado. El valor, el número y la clase se repiten en la parte superior, que se une al expediente respectivo, y en la inferior, que se devuelve al interesado como comprobante.

• Papel de seda. El muy fino, transparente y flexible que se asemeja en algo a la tela de seda.

• Papel de tina (o de mano). El de hilo que se hace en molde pliego a pliego.

• Papel de tornasol. El impregnado en la tintura de tornasol, que sirve como reactivo para reconocer los ácidos.

• Papel en rama. El que ya ha sido impreso, pero no cortado ni encuadernado.

• Papel estucado. El opaco y muy liso propio para la impresión de fotograbados de trama fina.

• Papel florete. El de primera suerte, así llamado por ser más blanco y lustroso.

• Papel higiénico. El de celulosa, destinado al uso en el retrete.

• Papel japonés. El fabricado con la parte interior de la corteza del moral hecha pasta, a la cual se añade una pequeña porción de harina de arroz. Es satinado, de grueso regular, fibra larga, flexible y de color amarillento.

• Papel milimetrado. El que tiene dibujadas cuadrículas de milímetros, usado para el dibujo.

• Papel moneda. El que por autoridad pública substituye al dinero en metálico y tiene curso como tal.

• Papel offset. El de baja calidad, flexible y de grano fino, usado para imprimir anuncios, carteles, páginas en color u otras cosas.

• Papel pautado. El que tiene pauta para aprender a escribir, o pentagrama para la música.

• Papel pintado. El de varios colores y dibujos, que se emplea como adorno en las paredes de las habitaciones y con otros usos.

• Papel pluma. El fabricado con pasta muy ligera y esponjosa.

• Papel quebrado (o costero). El que se rompe, mancha o arruga durante la fabricación, del cual se forman las costeras.

• Papel rayado. El que, después de recortado en pliegos, recibe rayas sutiles de lápiz o tinta pálida, a fin de escribir sobre ellas.

• Papel reciclado. Aquel que, mediante un proceso industrial previo, puede volver a ser utilizado.

• Papel secante. El esponjoso y sin cola, que se emplea para enjugar lo escrito a fin de que no se emborrone.

• Papel sellado. El que tiene estampadas las armas de la nación, con el precio de cada pliego, y clase, como impuesto de timbre, y sirve para formalizar documentos y para otros usos oficiales.

• Papel tela. Tejido de algodón, muy fino, engomado por las dos caras y transparente, que se emplea para calcar dibujos.

• Papel timbrado. 1. El que se usa para extender documentos oficiales. 2. El que se usa en cartas que llevan impreso el nombre, la dirección y otras informaciones de una persona o entidad.

• Papel vegetal. El satinado y transparente que usan los dibujantes, arquitectos, etc.

• Papel vergé (o vergueteado, o verjurado). El que lleva una filigrana de rayitas o puntizones muy menudos y otros más separados que los cortan perpendicularmente.

• Papel vitela. El liso y sin grano, de gran calidad, cuya superficie permite la reproducción detallada de los dibujos más finos.

• Papel volante. Impreso de muy reducida extensión, cuyos ejemplares se venden o distribuyen con facilidad.

 [Artes decorativas] Papel pintado

Papel decorativo con el que se recubren las paredes interiores de edificios y viviendas.

El papel pintado se ha fabricado a semejanza de las telas decorativas, tapices, pieles y paneles de madera que cubrían los muros de las viviendas y protegían a sus moradores. Puede ser liso, de colores, en relieve, con todo tipo de estampados o dibujos y estar recubierto de lana de borra o polvo de tela. Antiguamente se estampaba a mano, pero en la actualidad se imprime a máquina y en serie. Buena parte de su éxito se explica por estar fabricado así y ser asequible y fácil de instalar, mantener y renovar.

Historia

El origen de los papeles pintados se remonta a la tradición oriental, y procede del uso del papel como revestimiento o forro, del estuco empleado para recubrir las paredes de cajas, armarios y alacenas, y de los biombos y puertas japoneses realizados con paneles de papel de arroz para separar espacios y tamizar la luz. La historia del papel pintado es fiel reflejo del desarrollo y de la evolución de la imprenta como una de las técnicas de estampación de tiras de papel, que influye en el diseño y la fabricación de telas. El diseño de papeles pintados ha seguido diferentes estilos, aunque siempre ha pretendido imitar tejidos y adornos bordados o estampados, con un fin decorativo y funcional.

Los primeros papeles pintados se estamparon en impresoras tipográficas con las mismas técnicas de ilustración que las utilizadas para libros y otras publicaciones. La impresión se hacía con trozos de madera grabada o con plantillas de estarcir; entonces destacaron los motivos heráldicos o florales. El color se aplicaba a mano, con tinta negra, aunque alguna vez se utilizó la roja. La impresión se hacía preferentemente sobre papel. También se utilizaron telas y cuero.

En Europa, sobre todo en Francia e Inglaterra, el papel pintado se utilizó a partir del siglo XIV para la decoración interior, recubrir paredes y reemplazar los costosos tapices y colgaduras murales. Más tarde, se utilizó en grandes cantidades para hacer decoraciones efímeras y engalanar edificios para celebraciones, fiestas y ceremonias fúnebres, entre otros acontecimientos sociales y populares. En cambio, en la vida privada se utilizaba todavía en pequeñas proporciones. Los papeles estaban aceitados o barnizados con trementina, y se empleaban para cerrar ventanas, a modo de marco o bastidor de papel, para recubrir el interior de estuches, joyeros o cofres, o bien acabados en dorado para decorar muebles.

Desde el siglo XVI existió en Europa una gran demanda de papel pintado y en Francia se fundó en 1599 un gremio de empapeladores. El papel se ponía sobre los muros, en lugar de los tapices, aunque éstos todavía recubrían las paredes de las antecámaras o antesalas. Estos papeles se fabricaban por los dominottieros que pulían chapas de estarcir y adornaban las planchas resultantes con dibujos. Las primeras decoraciones eran estampaciones xilográficas, con motivos heráldicos o florales, en color negro y con el fondo blanco.

En el siglo XVII la tradición del papel pintado se mejoró y perfeccionó, y surgió el papel en rollo. Este modo de prepararlo tuvo su origen en la idea de pegar los papeles juntos y seguidos para después imprimirlos. En 1688, el parisiense J. Papillon puso de moda la decoración con papel pintado al tener la idea de juntar dibujos para hacer composiciones murales de escenas completas, con paisajes y monumentos. Por otra parte, a mediados del siglo XVIII Michel Papillon, grabador sobre madera, editor e hijo del anterior, decidió imprimir el libro Tratado histórico y práctico de los grabados con madera, donde describió algunos detalles de los métodos empleados en su fabricación y producción. En él señala que su padre fue el inventor de la colocación repetitiva de papel pintado en la pared como si fuera un estampado; él mismo participó poco después en la creación de las ilustraciones de la Enciclopedia dirigida por Diderot.

En Inglaterra el papel pintado también había logrado un gran éxito comercial, y en consecuencia se había creado un gremio de expertos dibujantes, grabadores en madera, barnizadores y maquinistas que reproducían todo tipo de dibujos y estampaciones, y preparaban el papel, lo satinaban e imprimían. Eran muy apreciados el papel “flocado”, el veteado y los que imitaban tejidos como el terciopelo y se trataban para forrar cajas. Las fabricas inglesas, en especial las de Londres, desarrollaron un tipo de industria especializada y en esta etapa exportaron a todo el mundo grandes cantidades de papel pintado. Sus diseños imitaban mármol, repujados, tapices, bordados irlandeses y damascos floreados y rameados. Claramente, el papel era un buen sustituto de las tapicerías, las telas pintadas, el cuero y los paneles de madera. Muchos de ellos se decoraban mediante estarcido y se coloreaban a mano utilizando múltiples colores. Al mismo tiempo, aparecieron los papeles de colores, con dibujos floreados y de chinerías, que desterraron a los estampados anteriores en blanco y negro. Los operarios trabajaban con piezas de tela de algodón o lana que tenían unas medidas de unos 10 m de largo por 50 cm de ancho; esta hacía posible las impresiones repetitivas.

También se comerciaba con papeles procedentes de China, pintados o impresos, coloreados a mano, que representaban escenas murales continuadas. La Compañía de las Indias holandesa importaba a Europa grandes cantidades de papel pintado; con el se tapizaban biombos, contraventanas, pantallas de chimeneas y paredes. También había papeles de menos coste, con motivos más pequeños y apiñados, y de un colorido más pobre, a veces de un fondo en un solo tono y con el dibujo en negro. Se utilizaban para forrar cajones, baúles y otras piezas de pequeñas proporciones.

En 1759, en Inglaterra había papeles llamados de “tundizno” imitando tejidos persas, terciopelos de Utrecht y damascos; todos ellos eran empleados como tapices o adornos de cortinas y pantallas. En 1760, J.B. Jackson introdujo el empapelado mediante las llamadas “print rooms” o habitaciones impresas, en las que sobre un fondo liso de papel coloreado en azul grisáceo, “papeles azules”, se pegaban estampas. Incluso se pusieron de moda los papeles de tacto aterciopelado que imitaban tapicerías al fijar polvo o pelusa de lana, aunque en este momento todavía resultaba una técnica de estampación costosa dada la laboriosidad del proceso. En España, hacia 1770 se abrieron las primeras fábricas de papel pintado en Pastrana y Madrid.

Hacia fin de siglo, la supremacía francesa en el diseño y fabricación de papeles pintados como revestimiento de las paredes era absoluta. Destacaba especialmente la fábrica de tapices de Réveillon, que perfeccionó el proceso de impresión de colores al aplicar procedimientos de estampación indianos. A ello había que añadir la colaboración de pintores renombrados como Cietti, Lavalée-Poussin, Huet y Boucher hijo. Esta fábrica se convirtió en 1784 en manufactura real. Al año siguiente Christophe-Philippe Oberkampf inventó la primera máquina para imprimir el papel de pared. Los motivos eran tradicionales, narraban historias mitológicas, imitaban tapices, boiseries, angelotes, consolas con jarrones, recreaban paisajes y formas arquitectónicas como columnas, capitales, molduras o vaciados y paneles figurativos y abstractos de gran tamaño. Con la llegada de la Revolución Francesa se quemó la fábrica y los talleres se arruinaron, pero la moda del papel pintado continuó, si bien los motivos fundamentales pasaron a ser los patrióticos.

A comienzos del siglo XIX se dieron importantes cambios, ligados a la introducción de la maquinaria industrial. Thomas Bell y otros inventores perfeccionaron la máquina de imprimir e introdujeron un sistema de estampación más duradero, con colores al óleo. Esto aumentó la variedad y oferta. También fue importante la reconversión de la máquina de imprimir percal para imprimir papel pintado. Era una máquina rotatoria que estampaba más de 20 colores a gran velocidad; debido a su rapidez había que mantener constantemente y en buen estado los rodillos para que la impresión fuera continua y de buena calidad. Al imprimir con bloques de madera había que dejar que pasara un tiempo entre la aplicación de un color y otro para que éste quedase completamente seco. En cambio, con la máquina de imprimir color, caía simultáneamente uno sobre otro al girar, y para secar se usaban rodillos con fijadores. El mismo cuidado se puso en la preparación de los diseños, la mezcla de colores y la presentación del producto terminado.

La técnica de impresión evolucionó y se difundieron los procesos mecánicos con planchas grabadas que estampaban dibujos florales y rayas, que fueron muy bien acogidos en Francia e Inglaterra. En 1810 destacaron los industriales Jean Zuber e Isidore Leroy que crearon el papel pintado panorámico. Zuber realizó impresiones con rodillo de cuero grabando en hueco y en 1842 Leroy empleó un cilindro en relieve. En 1840, con el movimiento de las artes decorativas, devino una revolución en el diseño de papel pintado. Los ingleses inventaron la máquina de imprenta con cilindros de grabado y los rollos continuos de papel, para incrementar la producción. La calidad del diseño disminuyó al reducirse el costo en la fabricación y aumentarse la demanda. Destacó una firma de impresores de Lancashire que desarrolló unas máquinas de imprimir y el novedoso trabajo de William Morris, que mejoró los diseños basándose en temas medievales. Morris, entre 1851 y 1862, produjo papel pintado de estilo inglés, de formas naturales, estilizadas y con colores suaves. Los trabajos de ambos coexistieron con los de estilo gótico y rococó de A.W.N. Pugin, Owen Jones y James Huntington, pintados al final de 1860. En todo caso, durante este período el interés estaba puesto más en mejorar la producción que el diseño. En consecuencia, se abarató el coste de impresión y el uso de papel pintado se hizo más asequible, con lo que se popularizó su utilización. El final de siglo estuvo marcado por una etapa de cierto declive debido a la repetición, el adornamiento y la disminución de la calidad. En cuanto a España, la primera fábrica española de papeles pintados surgió en Barcelona en 1840, y a partir de 1860 la casa Engelhard de Manheim distribuyó papeles pintados decorados con tundinzo, que fueron tratados de manera semejante a los papeles de encuadernar, y se terminaban con un fondo satinado. Así se pudieron apreciar en la gran exhibición de aquella ciudad de 1851.

En el siglo XX, la industria del papel pintado, que hasta entonces había tenido un constante desarrollo, tuvo pocos progresos. En Alemania y Francia, se difundieron los trabajos de Crane y Morris, y las nuevas decoraciones de Eugène Grasset y Héctor Guimard. En Inglaterra continuó la moda del papel pintado y después de la Segunda Guerra Mundial surgieron nuevos métodos productivos, la impresión en pantallas y con fotograbados. En 1951 los papeles pintados ingleses eran considerados los mejores. En Alemania, tras la segunda guerra mundial, los papeles pintados se inspiraron en diseños de la Bauhaus. Desde 1950, el diseño de papeles pintados pareció renacer, y se fabricó más que en cualquier otra época y de mejor calidad. Los papeles eran lavables, y venían ya cortados y listos para ser colocados. Se realizaban todo tipo de imitaciones o reproducciones de maderas, mármoles, pieles de animales, piedras, ladrillo, cuero o azulejos, entre otros materiales. El rollo tipo tenía unas medidas de 10 m de largo por 53 cm de ancho.

En el último tercio del siglo, los fabricantes mejoraron aún más la resistencia del papel de pared y simplificaron los métodos de instalación, renovación, resistencia al vapor y otros factores, e incluso introdujeron la posibilidad del lavado. La dificultad y la larga labor de desempapelamiento de una pared, sobre todo cuando había varias capas, se fue simplificando y el papel ya se eliminaba con facilidad. Estas mejoras estuvieron motivadas en parte por la desaparición del artesanado y la difusión de hábitos manuales en la población, que así podía ocuparse por sí misma de los trabajos de empapelado de su vivienda.

Hacia finales del siglo XX, el mercado del papel pintado tuvo una profunda crisis, ya que dejaron de estar de moda las paredes empapeladas y la demanda cayó. En la actualidad el papel pintado tiene una gran variedad de texturas y colores; con él se decoran techos, paredes y cualquier tipo de objetos, y también sirve de persiana y de pantalla para lámparas si es tensado en un bastidor y convenientemente tratado.

Materiales

El papel pintado se puede imprimir con colores al temple o al óleo. Los utilizados como revestimiento se fabrican tiñendo toda la masa de pasta de papel con color. No se estampa solo la superficie. En general, son papeles lisos, de colores planos o con dibujos de colores brillantes. Los mejores se imprimen a mano mediante bloques de madera de grabado; en el caso de que éstos sean muy grandes el operario se ayuda con una cárcola y una o varias poleas para levantarlos. La madera se tinta apretando los bloques contra un fieltro empapado en el color que se vaya a utilizar. Una vez secado el primer color, se aplica el siguiente y así sucesivamente, hasta terminar con todos los colores que lleve el dibujo. Aunque el proceso es lento, se consigue un mejor estampado, con líneas definidas y mayor exactitud de tonos. Los colores impresos a mano son más consistentes que los estampados a máquina. Otras veces, los dibujos, cortados en hojas de zinc, se estampan mediante el proceso conocido como estarcido. Las hojas se colocan encima del papel y el color se extiende con una brocha sobre los huecos que deja la plantilla. Aunque la producción a máquina abarata los costes del papel pintado, los realizados a mano, siguiendo la tradición oriental, tienen otros acabados y belleza. Para estampar el papel se le hace girar alrededor de un gran tambor que tiene unos cilindros de impresión con unos rodillos cargados de tinta de distintos colores. Cada cilindro tiene la parte del dibujo que va a imprimir y su color correspondiente.

Tipos y evolución

Existen diversos tipos de papel pintado en función del modo de estampación y fabricación. Los hay pintados, impresos y de lana de borra, de polvo o pelusa. El papel pintado también se realiza todavía a mano o a máquina con diseños impresos. Según el método tradicional, el diseño es dibujado o impreso, en tinta negra, y se hacen inscripciones con las que se identifican los motivos añadidos para darles color. El contorno se rellena con pigmentos terrosos, mezclados con colas o gomas, de origen animal, que se utilizan como si fueran temperas; los adornos se añaden después. A los adornos de flores o frutas se les pueden añadir después vidrios de colores para darles reflejos. El papel estampado se imprime a mano con bloques de madera, la forma más común de estampar papel de pared. Los bloques se componían de láminas, de tres o cuatro maderas, dos de madera blanca como pino o álamo y otra de madera de árbol frutal como manzano o peral, de veta fina, adecuada para esculpir y utilizar la superficie como molde de impresión. El dibujo se tallaba en relieve y las líneas y puntos más delicados se representaban con tiras y puntos de cobre incrustados en el bloque. El dibujo del papel se marcaba mediante pequeños alfileres de bronce colocados a los lados del bloque. En los siglos XVI y XVII se utilizaba un bloque mojado en tinta, con el que se imprimía sobre el papel mediante la colocación de un peso. El papel se despegaba y se dejaba secar. A finales del siglo XVII se introdujeron piezas de papel pintado, engomadas, con la superficie coloreada a lo largo de todo el rollo y con diferentes terminaciones según se pasara un rodillo redondo, si se quería una terminación suave, o bien un cepillado. Esta última terminación también podía tener otros acabados si se añadían polvos de mica, que proporcionaban una superficie de terminación lustrosa, o un barniz para avivar los colores, o acabados irisados con colores metalizados.

Otro tipo provenía de las impresiones multicolores al temple; en ellas, los dibujos se dividían por colores y para cada tonalidad se utilizaba un nuevo bloque. El tamaño y el grosor se daban con el rodillo para imprimir; cualquier falta o carencia de color en alguna zona se retocaba después a mano. También se hicieron estampaciones con plantillas de cuero o de tejido aceitado, al óleo, y se añadían acuarelas a los bloques de madera para imprimirlos a continuación sobre el papel. Entre los trabajos realizados destacaron las impresiones realizadas por la firma francesa Pavillon, que mejoró la técnica utilizando acuarelas con tinta lavada. Las plantillas se utilizaron también para estampar grandes dibujos para los que se empleaba más de un bloque. En el siglo XIX se estamparon frescos mediante plantillas, aunque también surgió el proceso de estampación mecanizada de papel de pared. Mediante este se estamparon papeles de grandes dimensiones y de tacto rugoso, para lo que se utilizaron cepillos que reemplazaron a las técnicas manuales empleadas hasta entonces. En la industria francesa, por ejemplo, era común utilizar un rodillo cilíndrico que permitía colocar rollos de papel continuo; el proceso era similar al de la estampación de telas. Hacia 1830 destacaron, sobretodo, las estampaciones a rayas para las que se utilizaron cilindros de latón. En 1839 Potter Ross de Darwen tenían máquinas a vapor que al girar movían los rodillos con los que se imprimía el papel pintado. En el siglo XX la impresión con bloques de madera era cada vez más inusual, aunque continuó utilizándose en papeles pintados de lujo como los producidos por compañías como Arthur Sanderson e hijos que utilizaban bloques que habían comprado en 1925 a Jeffrey Co. de la Wall Paper Manufacturers Ltd.

El segundo tipo de papel pintado es el estampado con lana de borra, o el polvo o pelusa de la lana. Esta técnica de estampación surgió en la Edad Media y consistía en fijar la pelusa de la lana esquilada sobre las telas y lonas con las que luego se hacían las colgaduras con las que se adornaban las paredes. Fue una técnica muy utilizada a finales del siglo XVI en Holanda. A finales también de la segunda mitad del siglo XVII, las técnicas de fabricación de papel mejoraron bastante; se fabricó un papel que imitaba terciopelo o tapicerías, al conseguir que se adhirieran los trozos de lana esquilada al papel pintado. El resultado fue un papel lo suficientemente fuerte como para cubrir total o parcialmente las paredes de las habitaciones. En el siglo XVIII, en Inglaterra, se copió y desarrolló la técnica de impresión francesa; el proceso consistió primero en moler el papel con acuarela para después dejarlo secar. En 1750 se imprimieron sobre un paño bloques de colores con temperas o bien se hacía un dibujo sencillo para después rellenarlo con la pelusa de la lana. El diseño elegido para rellenarlo de polvo de lana era estampado con unas plantillas o bloques, y el producto adhesivo utilizado se sometía a un lento proceso de secado. Este adhesivo se preparaba con una mezcla de aceite, de tierra o barniz de litargirio de color blanco plomizo de tal manera que el polvo de lana se esparcía a mano. A continuación el estampado se fijaba al papel al comprimirlo sobre un tablero para mejorar la duración del adhesivo y quitar el exceso de pelusa de lana; después se dejaba secar y se cepillaba con lo que se mejoraba la adhesión y se conseguía que brillase. La tierra sedimentada se dejaba secar como si fuera un barniz compuesto de aceite de trementina, resinas y gomas o algún tipo de pegamento; incluso, a veces, este se pigmentaba.

El proceso se modificó cuando los rollos de papel se empezaron a estampar con adhesivo; unos dos metros de papel se extendían al mismo tiempo sobre una caja con polvo de lana, se tamizaba sobre el papel y se agitaba la base con las manos y con dos barras para asegurar la uniforme distribución del adhesivo. A continuación, el papel se colgaba y se dejaba secar verticalmente, quitando después el exceso de lana de borra.

La firma Woollams Co, de Londres, introdujo la estampación con lana de borra alta o en relieve; era un proceso que combinaba los gogrados, tipo de repujado realizado en papel, con el polvo de lana adherido, moldeado sobre el papel y sometido a un proceso de baja presión aplicado con un calentador o estufa que se paraba al dejar de imprimir o estampar. Ya en el siglo XX, las máquinas han evolucionado de tal manera que dentro del proceso completo de estampación la fase en la que se extendían los polvos de lana esquilada sobre el papel preparado con adhesivos se perfeccionó, al aplicase la lana esquilada mediante un sistema electrostático.

Clases de diseños

Aunque las posibilidades gráficas plasmadas en el papel pintado son infinitas, existen tipos predominantes, como el panorámico, el flocado y el muaré. El papel pintado panorámico tuvo una enorme difusión hasta mediados del siglo XIX y formó parte de la moda de decorar habitaciones con papel impreso imitando paisajes naturales, urbanos u otras escenas. Recubría toda una pared y se caracterizó por su diseño pictórico no repetitivo. Destacaron principalmente los papeles panorámicos de J. Zuber, de 1804, realizados en Francia, con vistas de Suiza, y los de J. Dufour, que se exportaron a Gran Bretaña y Estados Unidos. Hay otros también muy conocidos, como los que narran la historia de Pablo y Virginia, la conquista del Perú, escenas mitológicas o vistas de Italia.

El papel conocido como flocado se usó a comienzos del siglo XVII y sobre todo en el siglo XVIII, en Francia e Inglaterra, para revestir paredes y en sustitución, por su bajo coste, de las colgaduras de terciopelo cortado. Era un papel pintado o estarcido, con dibujos realizados sobre un papel adhesivo o una tela impresa, que tenía un proceso de secado lento y sobre el que se había aplicado pelusa o polvo de lana, de modo que los dibujos quedaban en relieve al pegarse estos restos de lana, que además proporcionaban un tacto aterciopelado. En cambio, el papel muaré era una variedad de papel pintado que se caracterizaba porque imitaba el dibujo de las aguas que hace el tejido de seda del mismo nombre.

Además de estos diseños de papel pintado, se han fabricado también rulos de papel de tamaños inferiores al tradicional para preparar cenefas, zócalos y centros y darles un uso decorativo, de división en la decoración de una pared entre un fondo de pintura o madera, o a modo de complemento.

Conservación

El mantenimiento en perfecto estado del papel pintado de las paredes requiere ciertos cuidados, porque es fácil que se deteriore con el paso del tiempo al acumularse polvo, suciedad, humedad, por daño accidental, por acción de la luz, defectos de las paredes, acción de insectos y deterioro de la goma con la que se fija el papel, entre otros motivos. En el caso de que el papel esté sucio, se pueden emplear algunos remedios caseros. Si aparecen rayas sutiles o pequeñas manchas se pueden limpiar borrándolas con una goma o bien con un trapo humedecido con agua y jabón neutro y secándolo a continuación con un secador de pelo para que no se quede mojado y no se produzcan otras manchas. En el caso de que el papel sea lavable, la superficie se limpiará con una esponja o cepillo, mojados en agua y jabón neutro, y se secará a continuación con un trapo.

Bibliografía

CHOUZOR, H. y FOLLOT, C.: Histoire du Papier Peint en France. (Paris, 1935).
FLEMING, J. y HONOUR, H.: Diccionario de las artes decorativas. (Madrid, Alianza Editorial, S.A., 1987).
GREYSMITH, B.: Wallpaper. (Londres, 1976).
MALTESE, C.: Las técnicas artísticas (Manuales Arte Cátedra). (Madrid, Ediciones Cátedra, S.A.,1990).

María Fernández-del Pino

PAPEL

Fuente: Britannica

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