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Definición de Paz de Augsburgo

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 Acuerdo firmado por Fernando de Austria y los príncipes protestantes alemanes, el 25 de septiembre de 1555, por el cual el hermano del emperador Carlos V reconocía la libertad religiosa de los mencionados príncipes.

Contexto histórico

Desde que Carlos V fue proclamo emperador, el 26 de junio de 1519, intentó por todos los medios restaurar en sus nuevos territorios la fe católica y sobre todo afianzar su autoridad, encontrándose desde un principio con la oposición de los príncipes protestantes alemanes. Así a pesar de que éste llevó a cabo la promulgación del Edicto de Worms, con la intención de frenar el auge del protestantismo, la Reforma continuó extendiéndose por todos los territorios que componían el Imperio, circunstancia que propició el nacimiento de la Liga Católica de Dessau y de su contraria, la Liga Protestante de Torgau.

De este modo Carlos V convencido de sus posibilidades, se negó a reconocer los acuerdos alcanzados en la Dieta de Espira, celebrada en 1526, y gracias a su tenacidad nuevamente logró imponer su criterio en esta misma ciudad en el año 1529, restaurando el citado Edicto. Pero los problemas con los protestantes se iban a reproducir a lo largo de todo su mandato como emperador, motivo por el cual se convenció de que era necesario encontrar una solución negociada al conflicto. Así en la Dieta de Augsburgo de 1530 Carlos intentó reconciliar todas las posturas, pero se negó a reconocer la llamada Confesio Augustana, motivo por el cual quedó reactivado nuevamente el Edicto de Worms, decisión que provocó el nacimiento, en 1531, de la Liga de Esmalkalda y la formación de las iglesias territoriales protestantes.

El peligro que suponía la llegada de los turcos, abrió un nuevo periodo de negociaciones entre los protestantes y el emperador, como se puso de manifiesto con la firma de la paz de Nuremberg (1532), y supuso además que se iniciaran por todo el imperio importantes controversias religiosas como la de Worms y la de Ratisbona. No obstante la vía negociadora volvió agotarse una vez que los protestantes se negaron a participar en las sesiones del Concilio de Trento, acontecimiento que provocó que Carlos V decidiera utilizar la fuerza y se enfrentara a los miembros de la Liga de Esmalkalda en la famosa Batalla de Mühlberg, en la cual obtuvo una aplastante victoria. No obstante en el ánimo de Carlos estaba acabar con el problema religioso, motivo por el cual una vez finalizada la guerra con los protestantes de Esmalkalda dictó el Iterim de Augsburgo (1548), el cual apenas tuvo vigencia, ya que tuvo que ser derogado por las protestas que suscitó tanto en católicos como en protestantes, por el Tratado de Passau (1552).

Firma de la paz de Augsburgo

A pesar de que durante los años que Carlos V había ostentado el poder en el Imperio se habían radicalizado las diferencias entre los príncipes protestantes y católicos, todos ellos eran conscientes de la imposibilidad de aniquilar por completo al enemigo, motivo por el cual tras la firma del Tratado de Passau habían intentado limar sus diferencias para conseguir acabar con los actos de bandidaje y sobre todo para conservar intacto su poder político, que se había visto limitado por muchas de las decisiones del emperador. De este modo unidos por el bien de sus intereses de grupo intentaron negociar nuevamente para resolver sus diferencias religiosas, sin la necesidad de que Carlos participara en estos acuerdos, aunque en un primer momento decidieron aplazar cualquier tipo de reunión a la espera de encontrar una coyuntura favorable.

De este modo, aunque se había acordado en 1552 que se celebraría una Dieta en la cual quedarían zanjadas las diferencias religiosas, no fue posible convocar a todos los príncipes debido a la inquietud que provocaron las actividades de forajidos como el marqués Alberto de Branderburgo. Así hasta que éste no fue expulsado de Alemania, en el mes de junio de 1554, Fernando de Austria no estuvo en disposición de ordenar a los príncipes que acudieran a la Dieta Augsburgo, la cual debía iniciar sus sesiones el 13 de noviembre de ese mismo año. No obstante la desconfianza que provocaba la autoridad del futuro emperador, impidió que la mencionada Dieta diera comienzo hasta el 5 de febrero de 1555. Este contratiempo no fue más que el principio, puesto que las sesiones se iniciaron contando con la presencia de un reducido número de participantes, entre los que podríamos destacar: a los obispos de Augsburgo y Eichstadt; al archiduque Carlos, los duques de Baviera y Wurttemberg y al marqués de Baden. Por tanto no cabe duda sobre que la autoridad de Fernando estaba siendo seriamente cuestionada, sobre todo por los protestantes que habían llegado a un acuerdo previo en Naumburgo, actitud que quedó claramente reflejada para el futuro emperador cuando en contra de su voluntad se abordó el problema religioso, puesto que éste pretendía que los representantes de los diferentes Estados resolvieran este conflicto a través de un concilio como se había hecho anteriormente, durante los años en que Carlos V había sido el dueño absoluto del Imperio. Pero a pesar de éste claro desafío era imposible para los príncipes protestantes imponer su voluntad, como habían hecho en la Dieta celebrada en esta misma ciudad en el año 1530, motivo por el cual relajaron sus posiciones para poder llegar a un acuerdo con los católicos sin necesidad de que se produjera una nueva ruptura.

En general los debates que se llevaron a cabo en Augsburgo tuvieron como base los acuerdos alcanzados en Espira en 1544 y sobre todo los principios esbozados en Passau, en los cuales quedaba reconocida la religión protestante como un movimiento religioso separado del catolicismo, aunque lógicamente ambas religiones tenían importantes puntos en común en los que era necesario insistir con el fin de alcanzar un acuerdo.

La principal diferencia de esta Dieta con respecto a las celebradas anteriormente, se encontraba en el hecho de que los teólogos tuvieron una participación limitada, siendo los juristas los encargados asumir la responsabilidad de conducir los debates. De este modo, como se expresa en la obra dirigida por el profesor Jover Zamora, todos los príncipes estaban de acuerdo con el principio de que era necesario mantener la unidad religiosa aunque dicha unidad sólo debía afectar a los diferentes Estados y nunca debía hacerse extensible a todo el Imperio, como era el deseo del emperador y de su hermano. De este modo tras sucesivas discusiones, se adoptó como fórmula para alcanzar la paz que cada príncipe pudiera imponer en sus Estados su religión, decisión que dejó en entredicho la autoridad del emperador y que marcó desde entonces la vida política de Alemania, ya que desde este momento cada príncipe se convirtió no sólo en el dueño absoluto de los destinos de sus súbditos sino también en el dueño de sus almas.

Además de adoptar dicha fórmula, en los acuerdos alcanzados en Augsburgo se estableció que el catolicismo y luteranismo quedaban equiparados. Esta paridad no incluía a otras manifestaciones religiosas como el calvinismo, a pesar de que ésta había surgido al calor de los movimientos reformadores que habían nacido en el propio seno de la Iglesia Católica. Por tanto este hecho confirma que con la paz de Augsburgo no se pretendía que en el Imperio se convirtiera en un lugar donde imperara la tolerancia religiosa, ya que por el contrario esta relativa tolerancia sólo se hacía extensible a los príncipes luteranos y católicos, quedando excluidos no sólo los miembros de otras sectas reformadas sino también el pueblo, que se veía obligado bien a adoptar la religión de su señor o a abandonar sus lugares de residencia para pasar a estar bajo la autoridad de otro príncipe que tuviera su misma religión.

A pesar de todo, podemos encontrar vestigios de tolerancia religiosa en las ciudades imperiales, especialmente en las del sur, donde la presencia de Carlos V había hecho posible que se extendieran los principios que propugnaba el Iterim, circunstancia que favoreció que en algunos gobiernos municipales nos encontremos con la presencia tanto de protestantes como católicos, aunque la paz de Augsburgo inició la decadencia de las citadas corporaciones.

Zanjados estos problemas quedaba por resolver la cuestión los principados eclesiásticos, especialmente aquellos con derecho a voto en la elección imperial, Colonia, Maguncia y Tréveris, ya que si se secularizaban dichos principados, como deseaban los luteranos, se abría la posibilidad de que se produjera el nacimiento de un Imperio protestante, eventualidad que no estaban dispuestos a aceptar los príncipes católicos. Así ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo entre ambas partes, se decidió recurrir al arbitraje de Fernando de Austria, el cual sentenció que en el caso de que algún arzobispo decidiera abandonar la fe católica perdería automáticamente su dignidad eclesiástica, además del dominio territorial que le confería su condición de príncipe. Con el fin de apaciguar a los protestantes reconoció en privado el derecho de éstos a continuar practicando su religión bajo la autoridad de estos señores eclesiásticos, reconocimiento del que no tuvo constancia el Tribunal del Imperio dado que no fue del dominio público.

De este modo tras largas conversaciones, la Dieta de Augsburgo concluyó sus sesiones con la firma el 25 de septiembre de 1555 de un tratado de paz por el cual se alcanzaba la esperada concordia religiosa entre católicos y protestantes, pero en la que además se hacía patente el triunfo de la autoridad de los príncipes frente al emperador. Así podemos afirmar que la paz de Augsburgo ha marcado tradicionalmente el final del mandato de Carlos V como emperador, aunque éste no estampó su firma junto a la de los príncipes y la de su hermano, que no tomó la corona imperial hasta el 14 de marzo de 1558.

Conclusión

Carlos V debido a las fuertes presiones a las que estuvo sometido durante los últimos años de su gobierno se vio obligado a renunciar a su idea de crear un imperio bimembre, dirigido por su hijo, el futuro Felipe II, ya que los electores alemanes, especialmente aquellos que habían abrazado el protestantismo, se negaron a aceptar que el título de emperador se convirtiera en hereditario y sobre todo que éste recayera nuevamente en manos de un rey de España. Por este motivo eligieron como rey de romanos a Fernando de Austria. De este modo el emperador, sintiendo que sus planes habían fracasado y cansado por los años de continuas luchas, decidió dejar el poder en manos de su hermano para retirarse a Bruselas el 6 de febrero de 1553. No obstante, antes de marchar Carlos V se sintió incapaz de negociar nuevamente con los príncipes protestantes, motivo por el cual quedó sin resolver del grave problema religioso que existía en Alemania, el cual fue resuelto dos años después por el todavía rey de romanos, tras la firma de la paz de Augsburgo. Pero dicha paz, a pesar de que ponía fin a los enfrentamientos entre protestantes y católicos en Alemania, tuvo como consecuencia que el Sacro Imperio Romano Germánico perdiera su universalidad, ya que desde ese momento cada príncipe tuvo libertad para imponer su religión en sus Estados. Esto era muy significativo en un imperio que carecía de unidad política, puesto que a partir de este momento se hicieron más patentes las diferencias, por no mencionar que Roma se negó a aceptar que los emperadores fueran elegidos por príncipes protestantes, motivo por el cual desde ese momento ningún papa reconoció la teórica superioridad del Imperio sobre el resto de reinos, siendo Carlos V el último emperador en ser ungido por un pontífice.

Bibliografía

FERNÁNDEZ ALVAREZ, M. Carlos V, el César y el hombre. (Madrid, Espasa-Calpe, 2001).
JOVER ZAMORA, J. M. Historia de España Menéndez Pidal. La España de Carlos V. El hombre, la política española, la política europea. (Madrid, Espasa-Calpe, 1991).
LYNCH, J. Historia de España. Los Austrias (1516-1598). (Barcelona, Crítica, 1992).

CGS

PAZ DE AUGSBURGO

Fuente: Britannica

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