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Definición de Sastrería

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 (De sastre); sust. f.

1. Oficio de sastre: mi familia se dedica a la sastrería desde finales del siglo pasado.
2. Taller del sastre: estaré todo el día trabajando en la sastrería, pero vendré a la hora de cenar.
3. Tienda de ropa a medida: el traje del novio lleva la firma de una de las sastrerías más prestigiosas de Madrid.

Sinónimos
Confección, modistería, costura.

 (1)[Técnica] Sastrería

Las primeras agujas con ojo de que se tiene noticia corresponden al período paleolítico -hace cuarenta mil años- y están fabricadas con marfil de mamut, colmillos de foca o huesos de reno. Con hablar de la existencia de sastres en aquella época se cometería un colosal anacronismo, pero lo que revela el dato es que, para vestirse, el hombre primitivo ya tuvo la necesidad de unir piezas (pieles), es decir, coserlas, y de darles forma, por muy rudimentarios que fueran los medios. De las pieles de los animales, se pasó al empleo del lino como material indumentario y a otro tipo de tejidos. Consta en pinturas, relieves y estatuarios que a lo largo de la historia de las antiguas civilizaciones el traje estuvo presente como un objeto de distinción social al que se le dedicaba adecuada atención. La gente se vestía no sólo para preservarse del frío, sino para dar prueba de su posición en la sociedad. El traje, más o menos ajustado o drapeado, requirió a continuación manos artesanas que lo confecionaran y que abastecieran la demanda.

En puridad, un sastre es el que tiene por oficio modelar un tejido de forma que se ajuste a las hechuras del cuerpo sin dificultarle el movimiento. Etimológicamente, la palabra ‘sastre’ procede del latín sartor, que señalaba al trabajador aplicado en restaurar los indumentos. El verdadero sastre era el ‘cortador’, el que conseguía que las túnicas luciesen la gracia del pliegue facilitando la movilidad cuanto se pudiera. Se sabe que por aquel entonces se realizaban estudios geométricos de las proporciones corporales para conferir a las prendas el mayor ajuste posible.

Las invasiones bárbaras trajeron consigo novedades en la forma de vestir: los bárbaros venían con más ropas de abrigo, algunas desconocidas, como las calzas, y otras inimaginables, como las cotas de malla, ya que estos pueblos sabían trabajar el metal con maestría. Otro adelanto considerable fue la llegada de la seda procedente de China, que por su finura y delicadeza permitió nuevos aderezos entre las clases económicas más favorecidas.

Las técnicas sartoriales también progresaban con los tiempos. En la Edad Media -en el paso del siglo XIII al XIV- se formaron los primeros gremios de sastres, como ocurrió en las demás ocupaciones artesanas. Reglamentos y leyes acotaban poco a poco el oficio. Para ser sastre, los gremios debían aprobar al aspirante y concederle la licencia, y quienes lo conseguían se hacían titular sastres examinados. El corte del vestido era común y el material debía ponerlo el cliente, con lo que el sastre se limitaba a la confección. Esto dio pie a triquiñuelas picarescas con las que los sastres quedaban provistos de los retazos de tela que conseguían sisar. El oficio de la sastrería cayó en el desprestigio popular. La mala fama de los sastres se extendió; el pueblo llano se mofaba de ellos y la literatura se sumó al vilipendio. Miguel de Cervantes, en la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, introduce un chiste popular protagonizado por un sastre taimado. Por su parte, Francisco de Quevedo tampoco desaprovecha la oportunidad, y en El buscón convierte en sastres remendones a todo un gremio de pícaros, con la provechosa particularidad de que deja constancia de algunos de los intrumentos que usaba un sastre del siglo XVII: “una caja con hilo negro y blanco, seda, cordel y aguja, dedal, paño, lienzo, raso y otros retacillos y un cuchillo”. En otros países europeos, encontrarse con un sastre por la calle era señal de mal augurio.

Tal estado de cosas cambió en el siglo XVIII. Las costumbres se fueron haciendo más liberales; cada vez eran menos los férreos edictos reales en lo que hacía a las convenciones del vestir. Se desechó el corte común. Ahora se prefería la originalidad, distinguirse del resto en aras de la elegancia. Los sastres se convirtieron lentamente en modistos, pensaban e ideaban modelos para su clientela. Un maestro sastre, además de la confección en sí, debía tener conocimientos en geometría y en aritmética, manejo del compás incluido. La sastrería inglesa era la más imitada; Inglaterra se convirtió en el faro de la moda por la calidad de su corte y de su confección. Sus patrones clásicos todavía hoy gozan de gran reputación, aunque los ejes de la moda se han desplazado a Francia y a Italia.

Con la Revolución Industrial y la invención de la máquina de coser en 1840, el oficio del sastre sufrió importantes modificaciones. Se crearon grandes cadenas de producción, en las que cada obrero estaba encargado de una parte del trabajo: cortador, costurera, planchadora, solapera, etc. El diseñador inglés Worth es uno de los personajes determinantes en la consideración del arte de la sastrería. En 1845 se trasladó a París, donde abrió un próspero negocio de modas. Su habilidad para el negocio (fue el primero que se propuso vender trajes ya confeccionados) y sus grandes aptitudes como reformador de la vestimenta femenina con sus brillantes modelos hicieron él un hombre genial de su tiempo.

Si bien actualmente siguen existiendo talleres donde se hacen los trajes a medida por encargo, se tiene por sastre al industrial que se dedica a la confección de ropa al por mayor, con lo que, partiendo de unos patrones estándar, el cliente acude a los establecimientos para comprar la ropa que mejor se adapte a su talla. Lo normal resulta que en la producción industrial intervengan varios profesionales especializados, llamados pieceros. El cortador es el agente fundamental en el momento de la producción; suele trabajar en el taller del sastre y no es raro que el propio sastre corte o haya sido cortador en sus inicios.

La sastrería se haya dividida actualmente en dos ramos bien diferenciados: el sastre modisto y el sastre confeccionador, esto es, el fabricante, el que lleva a la práctica la ropa ideada por el modisto. Las casas de moda han alcanzado una consideración social elevadísima. La propiedad con que visten al hombre y a la mujer para cualquier actividad de la vida cotidiana, la búsqueda de constante inspiración, el ritmo vertiginoso de creación y la influencia ejercida sobre las costumbres de la gente son algunas de las cualidades que casi les confiere el rango de artistas de la moda.

Bibliografía
LAVER, James, Breve historia del traje y la moda, Madrid, Cátedra (Ensayos de Arte), 1988.
O’HARA, Georgina, Enciclopedia de la moda, Barcelona, Ediciones Destino, 1989.

JUAN LÁZARO

SASTRERÍA

Fuente: Britannica

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