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Biografía de Conferencia de Potsdam (1945)

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 Tercera y última gran conferencia, después de la de Teherán y Yalta, que mantuvieron los jefes de gobierno del llamado grupo de los Tres Grandes (la URSS, Reino Unido y los Estados Unidos de América), en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, llevada a cabo entre los días 17 de julio y 2 de agosto del año 1945. El encuentro se celebró en el palacio de Cecilienhof, antigua sede de los emperadores alemanes, ubicado en la pequeña localidad de Potsdam, a 25 kilómetros de Berlín. Por parte norteamericana asistió el presidente Harry S. Truman y su secretario de Estado, James Byrnes; Josep Stalin , en representación de la URSS, acompañado de su ministro de Asuntos Exteriores, Vyricheslav Molotov; y, en representación de Reino Unido, su primer ministro Winston Churchill, reemplazado en el transcurso de la cumbre por el nuevo jefe de Gobierno, Clement Richard Atlee.

El objetivo primordial de la reunión fue poner en vigor las medidas acordadas anteriormente en la Conferencia de Yalta, es decir, elaborar el nuevo orden que debía imperar en el mundo tras la finalización de la guerra. En Potsdam se acordaron las siguientes medidas: el reconocimiento de la soberanía de Polonia sobre la zona alemana al este de la línea Oder-Neisse; la anexión por parte de la URSS de Königsberg (que pasó a llamarse Kaliningrado), y el norte de la Prusia oriental; la expulsión de los alemanes de todas las áreas no alemanas (Polonia, Checoslovaquia y Hungría); la división de Alemania en cuatro zonas de ocupación militar, administradas por las tres grandes potencias aliadas más Francia, y el establecimiento de un Consejo de Control integrado por los cuatro estados para resolver las cuestiones que afectaran a todo el país, en especial el desarme total del armamento alemán y la preparación de Alemania para vivir en democracia; la creación de un Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de los Cinco Grandes (los tres aliados más Francia y China, potencias con derecho a voto en las futuras Naciones Unidas) para elaborar los tratados de paz con Alemania y sus satélites en la guerra (Italia, Rumanía, Bulgaria, Hungría y Finlandia); la separación de Austria y Alemania; la creación de un Tribunal Militar internacional encargado de juzgar los crímenes de guerra; y, por último, el envío de un ultimátum, conocido con el nombre de Declaración de Potsdam, el 26 de julio, por parte de las delegaciones norteamericana e inglesa a Japón, en el que le exigían su rendición incondicional en la guerra, y al que finalmente se adhirió Stalin.

El fin de la guerra

A mediados del verano del año 1945, el triunfo aliado estaba prácticamente consumado. En mayo, tras las últimas y desesperadas operaciones militares alemanas y el suicidio de Adolf Hitler, el Gobierno alemán, encabezado por el almirante Karl Dönitz, capituló en bloque y presentó una rendición total; a ello se sumó la derrota japonesa en el Pacífico, a pesar de la feroz resistencia de este país. La ONU había comenzado su andadura política y diplomática. Junto a estos logros, comenzaron a producirse los primeros síntomas de resquebrajamiento de la coalición vencedora: en Polonia la situación política era confusa y tanto Londres como Washington temían por el futuro de la Europa oriental ante el incumplimiento soviético de la Declaración sobre la Europa LIberada. En vista de que el clima creado en Teherán y Yalta estaba diluyéndose por momentos, sustituido por un grado elevado de desconfianza entre los Tres Grandes, fue necesaria, una vez acabada la guerra en Europa, la convocatoria de una tercera gran conferencia entre los Tres Grandes capaz de establecer entre ellos unos acuerdos duraderos y claros.

La Conferencia de Potsdam: la rúbrica de la victoria aliada

Aunque la Conferencia de Potsdam ha despertado menos estudios y análisis entre los especialistas que la Conferencia de Yalta, no obstante contenía, por las cuestiones que se trataron y las deliberaciones finales, muchos más elementos que ésta para ser considerada como la verdadera Conferencia de la Paz, sobre todo por dos motivos: el primero, porque en Potsdam sí hubo acuerdos concretos; y, en segundo lugar, porque ésta se celebró cuando la guerra ya estaba acabada (naturalmente en Europa y a Europa se refieren los protocolos), y fue allí donde se ratificó la victoria final de los aliados. Pero en su contra, Potsdam alentó un espíritu de revancha y rencor por parte de los vencedores, al igual que se produjo en el Tratado de Versalles (1919), circunstancia que no dejó de empañar las deliberaciones de éstos y que afectó al resultado de las mismas, por ejemplo el establecimiento de la bipolarización del mundo y los primeros gérmenes de la futura Guerra Fría.

Cambios sustanciales de los protagonistas.

Aunque entre la Conferencia de Yalta y la de Potsdam apenas distaban cinco meses, las deliberaciones de esta última fueron muy distintas porque los participantes y el personal político (asesores, agregados, etc), habían variado ostensiblemente. A excepción de la delegación soviética, encabezada por Josep Stalin y su fiel ministro de Exteriores Molotov, las delegaciones norteamericana y británica llevaron distintos líderes con respecto a la de Yalta.

Por parte norteamericana, el presidente Roosevelt había fallecido el 12 de abril de ese mismo año, sin poder ver culminadas sus dos grandes ambiciones: el final de la guerra y la creación de las Naciones Unidas. Fue sustituido, tal como preveía en estos casos la Constitución norteamericana, por su vicepresidente Harry Solomon Truman, quien estaba dotado de cierto olfato político pero insuficiente a todas luces en cuestiones de política exterior, lo cual fue aprovechado por Josep Stalin, mucho más curtido en tales lides.

La segunda ausencia importante correspondió a la delegación británica. A los pocos días de iniciarse la conferencia, los ciudadanos del Reino Unido fueron llamados a las urnas en el momento internacional más inoportuno. El resultado fue sorprendente, pues los electores británicos, olvidados de la grandeza de Churchill en los momentos decisivos de la guerra, volvieron la espalda al primer ministro y dieron el triunfo al laborista Clement Atlee. Churchill, que ya había previsto la posible derrota de su partido, había llevado con él a Potsdam al dirigente laborista para, en el momento en que se conocieran los resultados, en caso de perder, dejarle al frente de la delegación británica. La política de Atlee en Potsdam no se diferenció mucho de la de su predecesor, pero debido a su profundo desconocimiento de la realidad imperante y del poco prestigio que atesoraba como político, el único que se benefició de tan precipitado cambio volvió a ser el líder soviético Josep Stalin.

La realidad de la bipolarización

Los indicios apuntados en Teherán y Yalta (debate a dos bandas entre la URSS y Estados Unidos, con olvido deliberado de Inglaterra) se hicieron realidad en Potsdam, más aún cuando los recuerdos de la heroica resistencia británica o de los triunfos del VIII Ejército del mariscal Montgomery quedaban muy lejos en la memoria colectiva, sustituidos por los últimos compases de la guerra marcados por la potencia material de los Estados Unidos y por la avalancha del Ejército Rojo sobre Alemania. Potsdam se encargó de hacer notar una realidad política y militar incuestionable: sobraban los terceros en discordia (Francia, Reino Unido y China), por lo que, a partir de ese momento, las decisiones importantes correrían a cargo de los Dos Grandes. En Teherán y Yalta se había esbozado la posición de los Cinco Grandes en el futuro Consejo de Seguridad de la ONU, pero esa denominación de grandeza sólo encajaba realmente en dos países, los auténticos directores de la orquesta de la política internacional: la URSS y los Estados Unidos de América. Potsdam lo único que hizo fue sancionar “oficialmente” la bipolarización del mundo.

La Conferencia de Potsdam: los acuerdos

La cuestión alemana

Los aliados renunciaron al principio de desmembramiento que se había propuesto en Yalta. Pero Alemania fue dividida en cuatro zonas administrativas ocupadas por los norteamericanos, al sur, por los franceses, al sudoeste, por los ingleses, al noroeste, y por los soviéticos, al este; se estableció un Consejo de Control aliado, con sede en Berlín.

El Consejo de Control asumió las siguientes competencias.

1) La creación de un Tribunal militar internacional, con sede en la ciudad de Nuremberg, para detener y juzgar a todos los alemanes que tuvieron algún tipo de responsabilidad en la elaboración o ejecución de medidas que originaron atrocidades contra la comunidad judía, gitana y otras minorías. También se entablaron procesos contra los cerca de seis millones de antiguos miembros del partido nazi.

2) El establecimiento de las bases mínimas para extirpar las raíces del nazismo y levantar un nuevo sistema política basado en los principios de la democracia, de la justicia y de la igualdad de derechos para todos los individuos.

3) La supresión de la excesiva concentración de poder económico en cárteles y el sometimiento de la economía alemana a un estricto control, así como a la determinación de las reparaciones de guerra que Alemania debía pagar a los contendientes aliados. A este respecto, la URSS se llevó la mejor parte, ya que se benefició del desmontaje de las fábricas y equipos de guerra existentes en su zona de ocupación. Además, había de recibir de las zonas occidentales el 25% de la producción metalúrgica, química e industrial que no fuese necesaria para la economía de paz alemana. El monto total de las reparaciones de guerra, de acuerdo al criterio de Stalin en Yalta, ascendió a la suma de 20.000 millones de dólares, repartidos de la siguiente forma: 50% para la URSS, por ser el país que más pérdidas sufrió; 14% para el Reino Unido; 12,5% para Estados Unidos; 10% para Francia, y el resto, sin especificar. Para finalizar con la medidas económicas, el Consejo estableció una drástica reducción de la producción industrial alemana y confiscó los bienes alemanes en el extranjero.

4) Restablecer la autonomía local, descentralizando casi todo el poder político alemán, lo que significaba la recuperación de los viejos Länder.

5) Garantizar las libertades alemanas en función de las necesidades imperantes de la seguridad militar.

Las fronteras polacas

La URSS se había apropiado de hecho de la mayor parte de la Prusia oriental, alcanzando la misma frontera de Polonia, que quedaba establecida en la llamada línea Curzon. Además, los soviéticos también lograron anexionarse Rutenia, a expensas de Checoslovaquia, y la Besarabia-Bucovina, a expensas de Rumanía. Por su parte, Polonia recuperó por el oeste lo que por el este le había arrebatado la URSS; esto es, amplios territorios hasta la demarcación fronteriza establecida por la línea de los ríos Oder y Neisse. Tanto Inglaterra como los Estados Unidos no tuvieron más remedio que aceptar la situación de hecho, aunque como contrapartida lograron implicar a Stalin para que se adhiriera al contenido de la Declaración de Potsdam en contra de Japón, país que todavía no se había rendido. Alemania perdió en dichas anexiones un 25% de su antiguo territorio.

Stalin aprovechó las discusiones sobre Polonia para pedir a los anglo-norteamericanos libertad de movimientos en los asuntos de la Europa del este, a la par que éste se comprometía a no inmiscuirse en los problemas políticos surgidos en Europa occidental. La bipolarización ya estaba en marcha.

Otros acuerdos

Los aliados eximieron a Austria de cualquier tipo de responsabilidad en la guerra, pero fue separada de Alemania y sometida a la autoridad de una comisión aliada, con sede en Viena, encargada del restablecimiento de la situación política anterior a la guerra.

Se determinó el abandonó inmediato de las tropas de ocupación británicas y soviéticas acantonadas en Irán desde el año 1941. Josep Stalin, cuyo objetivo era establecer una República Soviética en el Azerbaiján, no evacuó el territorio hasta el año 1946, fecha en la que cesó su apoyo a la causa independentista.

Las deliberaciones sobre la ocupación de los Estrechos (Bósforo y Dardanelos) se dejaron para la posterior celebración de una conferencia turco-soviética que debía revisar los acuerdos tomados en la Convención de Montreux, celebrada en 1936, favorables a la URSS.

Respecto a Marruecos, los aliados establecieron la retirada de las tropas de Tánger, incorporada desde el año 1940 al Marruecos español, para imponer en la zona un estatuto internacional con la participación de representantes norteamericanos y soviéticos.

No fue ésta la única referencia a España, ya que, a propósito de la creación de la ONU, los Tres Grandes firmaron en Potsdam una cláusula por la que “no apoyarán la candidatura del presidente del Gobierno español. Este Gobierno, establecido con el apoyo de las potencias del Eje, no posee las calificaciones requeridas para justificar esta admisión”.

La Declaración de Potsdam

Aunque en los documentos y papeles finales emanados de la Conferencia de Potsdam no se hacía referencia alguna a Japón, lo cierto es que la guerra en el Extremo Oriente centró buena parte de las reuniones de ésta. Los japoneses, a pesar de las sucesivas derrotas y de su cada vez más notorio agotamiento, seguían resistiendo las ofensivas continuas de las fuerzas americanas. El 26 de julio, Estados Unidos y Reino Unido, respaldados por China y posteriormente la URSS, lanzaron un ultimátum a Japón en el que exigían su rendición incondicional. El ultimátum implicaba el desmantelamiento del Imperio japonés y el establecimiento de un Gobierno provisional de paz. En el caso de que no se aceptaran las condiciones, los aliados amenazaban con la destrucción total del país.

Japón, desconocedora total de que tal amenaza estaba relacionada con la recién creada bomba atómica, hizo caso omiso a tales advertencias, máxime cuando la Declaración de Potsdam mantenía una postura ambigua respecto a la figura del emperador japonés, al que los japoneses veneraban como a un semidiós. Las exigencias aliadas acabaron por sublevar los ánimos de los círculos más radicales de Japón, que aún conservaban cierta influencia en el Ejército nipón y, al mismo tiempo, ponía en entredicho a los partidarios moderados de la paz al pedir únicamente la preservación de la posición del emperador.

El rechazo japonés precipitó los acontecimientos: el 6 de agosto fue lanzada sobre la ciudad de Hiroshima la primera bomba atómica, que se cobró la escalofriante cifra de 71.000 muertos; el día 9, la acción se volvió a repetir sobre la ciudad de Nagasaki, con cerca de 80.000 víctimas mortales. El 14 de agosto, Japón aceptaba la rendición absoluta. Se puso así fin a la Segunda Guerra Mundial.

Tal como había prometido Stalin en Yalta, la URSS entró en guerra contra Japón, el 8 de agosto, tres meses después de la rendición definitiva de Alemania. La suerte favoreció extraordinariamente a la URSS, puesto que, con el lanzamiento de las dos bombas atómicas americanas y la consiguiente rendición japonesa, apenas tuvieron que realizar esfuerzo alguno en su guerra contra Oriente. Pero, de derecho, habían participado en la victoria y podían reclamar todas las ventajas territoriales firmadas en Yalta y refrendadas en Potsdam.

El legado de la Conferencia de Potsdam

En Potsdam, más que resolver las cuestiones prioritarias originadas por la Segunda Guerra Mundial, se acentuaron dos graves problemas como consecuencia de tres remedos de negociación que prepararon el camino para que los aliados de la Segunda Guerra Mundial se convirtieran, poco a poco, en rivales de un nuevo periodo complicado y difícil: la Guerra Fría. El primero de ellos fue la progresiva influencia de la URSS sobre los países de la Europa oriental (se perfiló en los primeros momentos de la postguerra lo que más tarde se llamaría El Telón de Acero). El segundo aludía a la instalación, no sólo en Europa, sino en todo el mundo, de dos grandes bloques (uno de influencia anglo-norteamericana y el otro comunista-soviético). La propia división de Alemania constataba esta última realidad, a lo que había que añadir como nueva dificultad y germen de fricciones futuras el hecho de que el Gobierno francés no reconociera los acuerdos finales de Potsdam, habida cuenta de que había sido excluida de dicha conferencia por la presión soviética, a pesar de las inútiles insistencias por parte de Churchill. La conferencia sancionó, por último, la tremenda transformación étnica, geográfica, ideológica e incluso económica de los países del centroeste europeo.

Temas relacionados

Guerra Fría.
Segunda Guerra Mundial.

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Conferencia de Potsdam (1945)

Fuente: Britannica

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