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Biografía de Helvia (ca. 20 a.C-?)

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 Matrona hispanorromana, nacida en la localidad bética de Urgavo (en el territorio ocupado en la actualidad por el pueblo jiennense de Arjona) alrededor del año 20 a.C., y fallecida en fecha y lugar desconocidos (tal vez en Roma, durante la primera mitad del siglo I d.C.). Universalmente conocida por haber sido la madre del filósofo cordobés Lucio Anneo Séneca, dedicó toda su vida al cuidado y la administración de los bienes familiares y, muy especialmente, al apoyo de las carreras políticas de sus vástagos. Las noticias relativas a ella que han llegado hasta nuestros días proceden fundamentalmente de la famosa epístola consolatoria que le envío su hijo (Ad Helviam matrem de consolatione, o Consolatio ad Helviam) con motivo del período de destierro a Córcega al que fue condenado el filósofo. Por vía de esta misiva, se sabe también que la matrona de la Bética no era ajena al ejercicio de la especulación filosófica, ya que una de las fuentes de consuelo y entretenimiento que le sugiere su hijo es la entrega a dicha actividad intelectual.

Nacida en el seno de una familia relevante en la esfera política de su ciudad natal -su padre era un magistrado local-, se ignora la fecha exacta en que vino al mundo, aunque es fácil ubicar su nacimiento unos veinte años antes del comienzo de la era cristiana, habida cuenta de que alumbró su segundo hijo, el ya citado Lucio Anneo Séneca, muy cerca del momento en que la Iglesia situó después el nacimiento de Cristo. Considerando, pues, que las mujeres romanas de su tiempo contraían nupcias poco después de haber alcanzado la pubertad (es decir, alrededor de los catorce o quince años de edad), y teniendo en cuenta que los estudiosos de la vida y obra del filósofo estoico ubican su venida al mundo entre el año 4 a.C. y el 1 d.C., cabe admitir la propuesta del nacimiento de Helvia en torno al año 20 a.C., y suponer que se unió en matrimonio poco antes del año 5 a.C.

En cualquier caso, vino al mundo en el seno de una familia rica e influyente en la que se crió como hija única, ya que su madre falleció a consecuencia del parto. Contó, empero, con el cariño y la protección de una hermanastra mayor que, nacida probablemente de un matrimonio anterior de su progenitora o de su madrastra, se comportó con la propia Helvia (y después con los hijos de ésta, a tenor de lo relatado por su sobrino Séneca) como si de una madre se tratara. Merced al apoyo de este importante figura femenina durante los primeros años de su infancia, logró superar las tensiones en su relación con la nueva esposa de su padre, aunque el pudor, la austeridad y el respeto ciego a la autoridad que constituyeron la base de su educación -común, por lo demás, a la de todas las mujeres de su época- evitaron males mayores. Por lo demás, su prematura salida de la casa paterna -propiciada por la celeridad con que se concertó su matrimonio- impide profundizar en el conocimiento de los vínculos familiares de Helvia con su padre y su madrastra.

Casó, en efecto, alrededor de la fecha propuesta en párrafos anteriores, con el celebérrimo rétor Marco Anneo Séneca, un hombre que superaba su edad en más de treinta años, pues había nacido hacia el 55 a.C. Perteneciente a una de las capas sociales más elevadas de la jerarquía romana -era ecuestre o caballero, es decir, el segundo rango en importancia, después del de senador-, este orador y profesor de retórica residía en Córdoba, su ciudad natal, en donde comenzó a vivir Helvia a raíz de su enlace conyugal. A pesar de la diferencia de edad entre los contrayentes, el matrimonio entre Séneca “el Viejo” y Helvia fue desde sus inicios tan bien avenido como fecundo: dos hijos parió la mujer de Urgavo en poco tiempo (Lucio Anneo Novato y Lucio Anneo Séneca), y, muchos años después, concibió un tercer vástago (Lucio Anneo Mela, el futuro padre del poeta Lucano), cuyo nombre y existencia corroboran la afirmación del filósofo estoico a la hora de atribuir a su madre una prolongada fertilidad. Se supone, por ello, que Helvia y el rétor tuvieron muchos más hijos, aunque sólo se conoce el nombre de los tres citados.

Cabe referir, aquí, la fórmula jurídica bajo la cual se celebró el matrimonio entre Helvia y Marco Anneo Séneca, denominada sine manu, que mantenía la tutela de la mujer bajo el dominio paterno. Este régimen matrimonial, que confería una indudable independencia de la mujer respecto a su esposo, permitió a Helvia concentrarse en la administración de sus propios bienes; sin embargo, la entera libertad para disponer a su antojo de su patrimonio le llegó a raíz del nacimiento de su tercer hijo, ya que, por aquellos años, el emperador Augusto había decidido promover la natalidad mediante la adopción de una serie de medidas que incluían, entre otras disposiciones, el denominado ius trium liberorum, un derecho que liberaba de cualquier clase de tutela (ya fuera paterna o marital) a las mujeres con más de tres hijos. A partir de entonces, Helvia y el resto de las mujeres romanas que se encontraban en su misma situación pudieron ocuparse libremente de sus negocios y patrimonios sin necesitar la autorización o mediación de ninguna figura masculina.

Al parecer, la consagración de Helvia al cuidado de su familia fue decisiva a la hora de facilitarle la formación cultural que, según era tradición, se le había negado en su infancia. El ejemplo de Séneca “el Viejo” condujo pronto a sus dos hijos mayores por el sendero de los estudios humanísticos, con especial predilección por las artes retóricas que constituían la especialidad de su padre, la creación poética y la reflexión filosófica. Así las cosas, cuando el joven Séneca comenzó a adentrarse en el estudio de la filosofía bajo la tutela de sus maestros Soción y Atalo, su madre mostró una inquieta preocupación intelectual que, al tiempo que la llevaba a interesarse por los progresos en la educación de su hijo, la impulsó también a iniciarse en el conocimiento de la materia impartida por los susodichos maestros. Según contaría, muchos años después, el ya respetado filósofo, la asombrosa capacidad intelectual que exhibió Helvia en estas primeras lecciones que tomaba en su vida fue pronto interrumpida por la severidad de su marido, quien, de acuerdo con la ya mencionada tradición romana de negar el acceso de la mujer a la cultura, prohibió a su esposa que continuara adentrándose en el conocimiento de la filosofía.

Privada, pues, de esta ocupación, Helvia se vio relegada a la labor doméstica de atender la administración del patrimonio familiar, lo que incluía el seguimiento financiero de las carreras políticas de sus hijos. Por aquel tiempo, la progresión de un romano con aspiraciones en la vida pública suponía la adquisición de una serie de honores que no sólo estaban reservados a las clases privilegiadas (y, dentro de ellas, como ya se ha indicado, sólo a la población masculina), sino también a los poseedores de grandes fortunas; a través de cuantiosos préstamos y ayudas solicitados a familiares y amigos, estos miembros de los estamentos superiores de la jerarquía social iban pasando de las magistraturas (o cargos públicos) locales hasta -llegado el caso- las altas instancias del poder en la capital del Imperio. De nuevo conviene recurrir al testimonio del propio Séneca para constatar que, durante esta etapa de las carreras de sus dos hijos mayores, Helvia se convirtió en la mejor administradora de las fortunas que dieron lugar a sus respectivos progresos, sin que por ello recurriera luego a la influencia ejercida sobre sus vástagos para reclamar la porción de poder que la sociedad romana negaba a las mujeres (práctica, por lo demás, habitual en numerosas matronas romanas, incluidas las de la familia imperial).

La longeva existencia de Séneca “el Viejo” permitió a Helvia vivir felizmente al lado del rétor durante gran parte de su vida. La muerte de su esposo, acaecida entre los años 37 y 41 del siglo I, condujo de nuevo a la matrona al lado de su padre, al que abandonó poco después para viajar hasta Roma y reunirse allí con su hijo Séneca, de cuya compañía no gozaba desde que los ascensos de éste le condujeron hasta la capital del Imperio. Comenzó allí, a partir de su llegada a finales del año 41, una nueva etapa en la vida de Helvia, ahora sujeta a las tensiones políticas de la gran urbe y marcada por una serie de desgracias personales. Así, al poco tiempo de haberse instalado en Roma junto a Séneca vivió, al lado de éste, la dolorosa pérdida de uno de los hijos del filósofo, y sólo unos días después recibió la noticia del destierro a Córcega que se veía obligado a emprender su hijo, acusado por la emperatriz Mesalina de haber mantenido relaciones adúlteras con Julia Livila, la hermana de Calígula y sobrina del emperador Claudio.

Sola en Roma, sin el apoyo de ninguno de sus otros dos hijos, Helvia se refugió en el amparo de aquella hermanastra mayor que, durante su infancia, había sido como una madre para ella. Durante casi toda su edad adulta, ambas mujeres habían permanecidos separadas, ya que el nombramiento de Cayo Galerio -el esposo de esta hermanastra de Helvia- como prefecto de Egipto obligó a su mejor compañera de infancia a trasladarse al norte de África, en donde residió por espacio de dieciséis años. Había sido precisamente ella quien sacara de Córdoba al joven Séneca, primero para recobrarle de sus graves dolencias pulmonares con el clima seco y cálido de Egipto, y luego para conducirlo hasta Roma y consagrarse allí, cuando ya estaba viuda, a la promoción política de su sobrino, al que pronto logró situar en la dignidad de cuestor. De ahí que el propio filósofo no ahorrase palabras de elogio tanto para su madre como para esta tía, y de ahí que ambas mujeres, al reencontrarse en Roma, reanudaran de inmediato, en plena vejez, los lazos de afecto que habían establecido en su lejana infancia.

Poco más se sabe de la vida de Helvia, ya que su hijo no volvió a hacer referencia alguna a su persona en cuantos textos escribió a raíz de su vuelta del destierro (el castigo le fue levantado por la nueva emperatriz Agripina, hermana de Livila y madre del futuro emperador Nerón, de quien el propio Séneca fue preceptor). Quedan, con todo, algunas noticias referidas a su vejez, que la siguen situando en Roma rodeada de nietos, como Novatila (hija de Novato) y Marco (posiblemente, el gran poeta Marco Anneo Lucano, hijo de Mela y de esposa Acilia). Precisamente fue esta nuera de Helvia, Acilia, quien mayor trato tuvo con la vieja matrona en sus últimos años de existencia; con ella había hecho el viaje desde Hispania hasta Roma, y a su lado se mantuvo en la capital del Imperio durante los peores momentos (destierro de Séneca y otras dificultades familiares).

Temas relacionados

España, Historia de (03): 218 a.C.-415 d.C.
Imperio Romano.

Bibliografía

CASTILLO, Carmen. “Los senadores béticos. Relaciones familiares y sociales”, en Epigrafia e ordine senatorio (1982), pp. 465-519).
HEMELRIJK, Emily A. Matrona docta. Educated women in the Roman elite from Cornelia to Julia Domna. (Londres: Routledge, 1995).
MIRÓN PÉREZ, María Dolores. “Helvia”, en Mujeres en la Historia de España (Madrid: Planeta, 2000), pp. 48-53.
SÉNECA, Lucio Anneo. Consolación a Helvia. Cartas a Lucilo (Barcelona: Salvat, 1971).
————–. Diálogos. Consolaciones a Marcia, a su madre Helvia y a Polibio (Madrid: Gredos, 1996).
VASSILEIOU, Alain. “Le grand-père maternel de Sénèque dans une inscription d’Urgavo”, en Revue Philologique, nº 47 (1973), pp. 299-303.

JR.

HELVIA (CA. 20 A.C-?)

Fuente: Britannica

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