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Biografía de Nueve semanas y media (Película, 1986)

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 Película estadounidense del año 1986. Título original: 9 ½ Weeks.

Sinopsis

Elizabeth es una galerista que aún no ha superado su divorcio. Solitaria e independiente, vuelca todas sus fuerzas en el trabajo y ve con nostalgia cómo una de sus compañeras comienza a salir con su ex marido. Un día, en un rastrillo, conoce a John, un misterioso hombre de negocios que le devuelve la curiosidad por las relaciones. Poco a poco, John la va introduciendo en un juego en el que él domina todos los movimientos y ella está a su merced. Mientras se trata de algo sexual, ella va aceptando las reglas, pero a partir de cierto momento, Elizabeth se empieza a encontrar completamente anulada.

Comentario

El caso de Nueve semanas y media es perfecto para explicar el cine como fenómeno de masas, o mejor dicho, el sexo en el cine como espectáculo de masas. También justifica el temor de actores y directores ante la posibilidad de que el montaje definitivo del material tenga muy poco que ver con el trabajo que ellos realizaron -los actores se sintieron engañados-. En esta ocasión todas las normas éticas parecieron transgredirse, pero la película aún sirve para ilustrar otra relación natural que anima al cine a poner frente a los ojos aquello que la imaginación leyó.

Efectivamente, Nueve semanas y media es una adaptación, tomando la palabra en su sentido literal: se adaptó un texto erótico a las necesidades de una época en la que la televisión ganaba territorio al cine por sus formas más directas, por su rapidez, por el reinado del vídeo-clip. Y aquí es donde Adrian Lyne no podría sentirse jamás engañado. El comercio que se ha llevado a cabo con el material de sus películas tenía -haciendo un repaso de su experiencia en televisión y vídeo- su beneplácito. No olvidemos el poder de la mecardotecnia ni de aquellos productos diseñados para un consumo adulto ávido de historias que insinúen, cuando llega el cansancio de lo explícitamente pornográfico. No olvidemos tampoco que la banda sonora de una película tiene dos misiones: potenciar la imagen y situarse a ser posible en el número uno de ventas. Si algo es reprochable en el conjunto de la película es la dificultad de establecer si la música existe para apoyar la imagen o es la imagen la que somete a las exigencias de los clips.

Entre medias, se sitúan los protagonistas que se recrearon como símbolos sexuales de la época. A ambos les cayó como una losa. Mickey Rourke se deshizo completamente de aquella imagen castigándose el físico. Kim Basinger la explotó durante mucho tiempo, hasta que la edad la fue convirtiendo lentamente en actriz para desembocar con mucha dignidad en L. A. Confidential. Nueve semanas y media es la historia de una película dentro y fuera de la pantalla, que es mucho más que lo que docenas de productos de calidad han conseguido. Fue la primera del filón de Lyne y la que mejor resultado le dio. La pregunta es si se produjo un efecto placebo sobre el público o si realmente ganó su lugar por méritos propios.

Nueve semanas y media se publicitó como la película más explícitamente sexual desde El último tango en París y superando a El imperio de los sentidos. Lo cierto es que era el primer film norteamericano producido para el gran público que hablaba de una pasión destructora y sadomasoquista. O al menos así figuraba en el guión. Para Rourke el problema residió en que cuando el rodaje comenzó había demasiados neuróticos en el equipo, empeñados en convertir aquello en una película de gran calibre. Por un lado estaban los defensores de una exploración profunda en los aspectos de la relación, ya fueran sexuales o espirituales. Por otros, los productores, que se dedicaron plenamente al lado comercial del proyecto. Y ocurrió así porque era una adaptación literaria. La historia de Elizabeth McNeil era una fruta jugosa; existían muchas posibilidades de enfocarla. Todos los ingredientes estaban allí; se barajaron todos y al final la historia resultó simple, pero efectiva.

Algunos han definido a Lyne como un fotógrafo al que le habían dado la oportunidad de hacer muchas otras cosas. Exactamente lo que hace en Nueve semanas y media es conjugar tres factores: la tensión erótica que se establece entre los actores, una iluminación maestra que le permite convertir lo puramente visual en algo asible y una fantástica banda sonora a cuyo ritmo la historia se convierte inexorablemente en un vídeo-clip. Quizá si el proyecto se hubiera llevado a cabo tal y como estaba planteado desde el principio, la película no habría tenido tanto éxito.

Analizar los motivos por los que Nueve semanas y media queda en el recuerdo del público por encima del resto de la filmografía de Lyne y de otras muchas películas del género, nos lleva a encontrarnos con las bases del erotismo que en esta ocasión no sólo se aplican al sexo. El aspecto psicológico de la relación entre John y Elizabeth, quedó perdido a instancias de los productores, pero queda insinuado. Más que las escenas en el callejón, a contraluz o en la cocina, impacta la posibilidad de la humillación, de la pérdida de identidad al atravesar los límites del juego. Y todo eso sin perder de vista que la estética que se había diseñado para la historia era tan importante como el tema. La casa de John, funcional, fría, parece despersonalizada, pero no es cierto. No hay nada cálido en ella que hable de algo íntimo del personaje, lo que se corresponde exactamente con su carácter. Prueba de ello es que para el primer encuentro amoroso no lleva a Elizabeth a su apartamento, sino a un lugar más acogedor.

La composición minuciosa de los escenarios habla del modo en que Lyne se sirve de estos para contar la historia. De algún modo lo que rodea a los personajes sustituye a ciertos aspectos narrativos. Si el hilo argumental se centra en los personajes, el espectador es invitado a deducir todo lo demás del entorno, de los objetos e incluso de los otros personajes que funcionan igualmente como pistas. Así la compañera de Elizabeth no existe como persona, sino como mero indicador de que Elizabeth ha perdido definitivamente su pasado. La mujer que John paga para hacer un número erótico con Elizabeth no es mas que un elemento representativo del tipo de relación que existe entre ellos dos.

Al final de la película queda el aliciente de la elucubración. La experimentación en la que se embarcan los protagonistas describe una carambola y va golpeando sucesivamente en la homosexualidad, el sadomasoquismo, la prostitución y poco más, pero estimula la imaginación del espectador.

Ficha técnico-artística:

Nacionalidad: USA.
Producción: Anthony Rufus Isaacs, Sidney Kimmel, Zalman King.
Dirección: Adrian Lyne.
Guión: Sarah Kernochan, Zalman King, Patricia Louisianna Knop y Elizabeth McNeill (novela).
Montaje: Caroline Biggerstall, Tom Rolf, Mark Winitsky.
Fotografía: Peter Biziou.
Música: Jack Nitzsche.
Intérpretes: Mickey Rourke, Kim Basinger, Margaret Whitton, David Margulies.
Duración: 112 min.
Procedimiento: color.

CME

NUEVE SEMANAS Y MEDIA (PELÍCULA, 1986)

Fuente: Britannica

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