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Definición de Antropología filosófica

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 Rama de la antropología que estudia la idea y la esencia ontológica, ética y metafísica del hombre a partir de los datos aportados por las otras ramas de la antropología (físico-biológica, socio-cultural, psicológica, etc.) y por las demás ciencias humanas.

Desde la antigüedad, todas las escuelas filosóficas han tenido una parte o una dimensión antropológica fundamental. De hecho, fue Aristóteles el primero que empleó la palabra “antropología” con el sentido de “ciencia del hombre”. Para el pensamiento griego, el hombre se distinguía ante todo por la posesión de logos, es decir, de capacidad racional y lógica, mientras que para el pensamiento cristiano, se caracterizaba por la posesión de alma, es decir, por su dimensión espiritual. Ya en el Renacimiento, el hombre pasó a ser definitivamente considerado como una suma de ambas dimensiones, la racional y la espiritual. En los siglos posteriores, la cuestión de qué es el hombre siguió desplazando (en una dirección cada vez más materialista y menos idealista) las cuestiones de Dios y del alma que habían dominado toda la filosofía medieval.

Los primeros sistematizadores propiamente dichos del pensamiento antropo-filosófico fueron, en cualquier caso, I. Kant y L. Feuerbach, que convirtieron esta cuestión en el centro de sus teorías. Feuerbach llegó a defender, frente a las especulaciones idealistas, que la “filosofía primera” era la “filosofía del hombre” o antropología, y que el hombre era el sujeto material y además el objeto y condición de cualquier conocimiento. Las teorías de Feuerbach ejercieron una evidente influencia en las obras (sobre todo en las primeras) de K. Marx, que generarían a su vez abundantes reflexiones que se engloban dentro de lo que se ha dado en llamar antropología o humanismo marxista; también influyeron decisivamente en W. Dilthey y en su monumental tratado de carácter historicista titulado Einleitung in die Geisteswissenschaften. Versuch einer Grundlegung für das Studium der Gesellschaft und der Geschichte (Introducción a las ciencias del espíritu. Intento de una fundamentación para el estudio de la sociedad y de la historia), de 1883.

En el siglo XX, la antropología filosófica ha experimentado un considerable cultivo, sobre todo en el ámbito germánico y, posteriormente, en el francés. M. Scheler, autor de títulos fundamentales como Vom Ewigen in Menschen (De lo eterno en el hombre) (1921) y Die Stellung des Menschen im Kosmos (El puesto del hombre en el cosmos) (1928), profundizó en la dimensión fenomenológica, subjetiva e interna del ser humano; el neokantiano E. Cassirer fue autor de una compleja teoría sobre la dimensión de “animal symbolicum” o simbolizante del hombre, y sobre el carácter esencial de sus capacidades lingüísticas, culturales, artísticas y religiosas, que expuso en obras como Zur Logik der Kulturwissenschaft (La lógica de la ciencia de la cultura) (1942); M. Heidegger elaboró una de las más influyentes antropologías filosóficas (de orientación existencialista e histórico-temporal) en Sein und Zeit (Ser y tiempo) (1927); J. P. Sartre enmarcó el estudio del hombre dentro de su personal teoría existencialista, en obras como L’existentialisme est un humanime (1946); y M. Foucault, influido por el marxismo, por Nietzsche y por los estudios etnológicos, contempló al hombre en su condición de ser alienado que no crea, sino que es el resultado de valores, signos y estructuras.

El objetivo principal de la antropología filosófica ha sido siempre la formulación de una teoría general sobre la esencia del ser humano que articule su consideración desde el punto de vista físico-biológico con los rasgos que le hacen diferente de cualquier otro ser del universo: el espíritu, la racionalidad, el lenguaje, la cultura, el institucionalismo, la técnica y la historia. Cada filósofo, guiado por sus propios intereses y valores, ha tendido a centrarse en uno u otro rasgo, con el resultado de que puede haber tantas teorías antropo-filosóficas como formas de pensamiento filosófico propiamente dicho.

Este relativismo, combinado con las dimensiones subjetivas, fenomenológicas y metafísicas que inevitablemente deben tener la mayoría de las reflexiones de la antropología filosófica, ha despertado abundantes críticas y llevado a muchos antropólogos científicos (como Claudio Esteva Fabregat en 1973) a negar a la antropología filosófica el carácter de ciencia positiva. A esta misma polémica cuestión han dedicado profundos estudios J. Choza, en Antropología positiva y antropología filosófica (1985) y J. San Martín, en El sentido de la filosofía del hombre: el lugar de la antropología filosófica en la filosofía y en la ciencia (1988). Hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que otros especialistas, sobre todo del dominio alemán, sí que siguen intentando hacer sistematizaciones globales, rigurosas y positivas de la disciplina.

En España, la antropología filosófica ha sido cultivada en el marco particular de cada trayectoria filosófica personal, y, en general, con orientaciones marcadamente fenomenológicas y metafísicas, por J. Ortega y Gasset, en títulos como El hombre y la gente (1949-1950), y posteriormente, por pensadores de la talla de X. Zubiri, autor de Sobre la esencia (1962), J. D. García Bacca, que escribió una Antropología filosófica contemporánea (Diez conferencias) (1955 y 1982), P. Laín Entralgo, autor de Antropología de la esperanza (1978), J. Ferrater Mora, autor de El ser y la muerte. Bosquejo de filosofía integracionista (1962) y de El ser y el sentido (1967), y J. Marías, autor de El tema del hombre (1968) y Antropología metafísica (1970), entre otros títulos.

J. M. Pedrosa.

Temas relacionados.

Hombre.

Bibliografía.

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PLESSNER, H.: Philosophische Anthropologie, Francfort, 1970.
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KAMLAH, W.: Philosophische Anthropologie, Munich, 1973.
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PRIOBÓ GONZÁLEZ, M.: Psicodinamismo evolutivo de la personalidad: contribución a una antropología filosófica, Barcelona, 1991.

Antropología filosófica

Fuente: Britannica

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