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Definición de Billete de banco

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 [Economía] Título al portador a la vista y sin devengo de intereses que conllevaba la promesa de un banco de pagar la suma indicada al portador si éste así lo exigía.

El funcionamiento del billete se basaba en que una persona, al depositar metales preciosos en el banco, podía o bien retirar el metal o llevar consigo un billete de banco que se convertía en oro a su presentación. En cualquier caso, como el billete era bien aceptado para los pagos, no hacía falta presentarlo para su conversión en ningún momento. Bajo este principio se elaboraron dos modificaciones. En la primera, algunos bancos emitieron billetes que no se encontraban directamente respaldados por metal. En este caso se confiaba en que no todos los depositantes pidieran la conversión en el mismo momento, aunque las reservas de metales preciosos siempre debían guardar una relación con la cantidad de papel moneda emitido. Además, esta modificación permitía prestar dinero con dichos depósitos y ofrecer un interés al cliente por dejar su dinero en el banco. En casos extremos, como el de los assignats franceses durante la Revolución y los greenbacks estadounidenses, no existía posibilidad de conversión. La segunda modificación partió de la emisión de billetes por parte de los bancos, que terminó en un monopolio estatal de emisión. De esta forma, los bancos comerciales elaboran el proceso anterior al mantener una relación entre las reservas monetarias y las cantidades depositadas conocida como coeficiente de encaje.

Uno de los mayores peligros al que deben estar atentos los bancos emisores es el de la falsificación de billetes, ya que resulta en extremo fácil en comparación con la falsificación de las monedas. En consecuencia, los emisores tuvieron que aguzar el ingenio para crear barreras contra la falsificación, con la utilización de papeles especiales, dibujos especialmente complicados casi imposibles de copiar y marcas de agua en el papel, con la utilización de métodos ópticos como fibras sensibles a la luz ultravioleta o con métodos magnéticos, entre otras.

Primeros vales bancarios

En la Baja Edad Media tuvieron lugar una serie de innovaciones en el campo monetario en Italia y los Países Bajos. Estas nuevas formas bancarias estaban unidas a la orientación comercial de ambas zonas y en cierto modo reinventaron prácticas que ya se habían dado en la Roma Imperial. La aparición de estas instituciones dio lugar a la posibilidad de realizar transferencias entre distintas ciudades, a través de las casas de banca italianas.

La primera innovación correspondió a las emisiones de billetes por parte de los bancos, en los que éstos se comprometían a pagar al portador una determinada cantidad de oro o plata. Los billetes, en este caso, se fundamentaban en la promesa de abonar una cantidad a su presentación en el establecimiento a cualquier persona. Asimismo, comenzaron a circular los cheques. Éstos incluían una orden de pago a un banco con cargo a la cuenta del deudor que se debía hacer efectiva a la presentación del beneficiario. El siguiente paso lógico incluyó la presentación al portador del cheque, por lo que se perdía el carácter nominal de éste. De esta forma, el cheque empezó a ser admitido en el pago de deudas y comenzó a cubrir alguna de la funciones propias del dinero pero a través de un papel representativo de la cantidad. Por último, también se empezaron a utilizar los giros, es decir, a trasvasar dinero de una cuenta a otra según las órdenes de los clientes, sin que existiera realmente trasporte real de dinero físico.

La trascendencia de estas innovaciones no se encontraba tanto en la comodidad del sistema como en el respaldo que significaba por parte del banco. Por lo tanto, se podía negociar con dicho papel como si se estuviera haciendo con dinero en metálico y todo el mundo aceptaba dicho papel en una transacción, a pesar de que el valor intrínseco fuera prácticamente nulo. Había, entonces, trasvase de valor desde el dinero metálico a un simple papel. Nacía de esta forma una nueva moneda independiente de su valor intrínseco, ya fuera a través de promesas de pago o de papel moneda.

Primeros billetes

La introducción del primer papel moneda de la historia tuvo lugar en la ciudad china de Chengdu, durante la dinastía Song. En la Inglaterra del siglo XVII se produjo un hecho trascendental para el desarrollo del dinero; diversos orfebres libraron cartas de pago en las que se comprometían a pagar en monedas la suma indicada en un documento a una persona determinada. Estas cartas actuaban como certificados de los depósitos.

Poco tiempo más tarde esos documentos pasaron a ser valederos, es decir, podían ser convertidos en dinero por el portador del documento, sin importar quién. En consecuencia, empezaron a circular con frecuencia y a ser aceptados para pagos. Cuando se fundó el Banco de Inglaterra tenía entre sus principales funciones la emisión de billetes y en 1750 ya era el principal emisor de papel moneda del país, que era aceptado con normalidad. La aceptación venía dada por la convertibilidad automática de dichos billetes en oro.

El siguiente experimento en torno a un banco de emisión y a los billetes de banco se debió a John Law, que obtuvo de Felipe de Orleáns —regente de Luis XV— la concesión para la creación de un banco con un capital de seis millones de libras. El banco, además, estaba autorizado para la emisión de billetes, que se aceptaban para el pago de impuestos. Asimismo, concedía préstamos que en su mayoría se destinaron a financiar las arcas públicas. El banco amplió sus operaciones, se extendió por toda Francia y empezó a emitir billetes que no tenían respaldo en sus reservas, sino en los supuestos beneficios generados por la compañía del Mississippi. Esta empresa, que pretendía colonizar esa parte del globo, era supuestamente financiada por el banco. La inexistencia de tal proyecto y la falta de respaldo de los billetes desembocaron, tras una burbuja financiera, en una quiebra fraudulenta.

Precisamente bajo el reinado de un Borbón, Carlos III, se emitió el primer papel moneda español, unos vales reales de 600 pesos utilizados para ayudar en América a las colonias que, tras la lucha con Inglaterra, darían lugar en el siglo XVIII a los Estados Unidos de América.

Uno de los primeros papeles moneda emitidos del que ya no existía convertibilidad se imprimió en los estados americanos que luchaban contra la metrópoli británica, en la Guerra de Independencia durante 1775. Estos primeros billetes, así como los assisgnats de la Revolución Francesa, fueron un completo fracaso ya que la cobertura para su valor era garantizada por los bienes nacionales de ambos estados. Dichos bienes difícilmente podían hacer frente a la riada de papel moneda que se tuvo que imprimir para afrontar los pagos de las guerras, en las que se vieron envueltos ambos estados. En el caso francés muy pronto dejaron de ser aceptados al perdieron su valor.

Otros casos de emisiones fiduciarias también en el siglo XIX fueron las emisiones de Catalina II de Rusia respaldados por tierras y también las emisiones estadounidenses contra tabaco, tierras y otros activos ante la escasez de metales preciosos en aquellas tierras.

Los monopolios de emisión

Pronto los bancos fueron apartados de la labor de emitir papel moneda y quedó esa función en manos del Estado, que a su vez normalmente delegaba la tarea en un banco central. En España este papel lo cumplió el Banco de España a partir de 1874.

En Inglaterra, el papel lo asumió el Banco de Inglaterra, que dispuso de una regulación particular a partir de 1844. Según esta norma, los billetes que emitía el Banco de Inglaterra debían estar respaldados por oro y plata. De otra forma, cada vez que entraba metal precioso en sus arcas se autorizaba la emisión de nuevos billetes por ese valor, que garantizaba la emisión. En ese mismo aspecto, se permitía la emisión fiduciaria, con base en la obligaciones del Estado. De esta forma, los pagos podían ser realizados únicamente con billetes, que se comportaban igual que si se estuvieran haciendo en moneda metálica. Así, la balanza exterior del país determinaba en último término la cantidad de dinero en circulación, ya que si había mayor cantidad de metales, mayor sería el número de billetes y, a la inversa, si se exportaba metal se destruían billetes.

Las emisiones de billetes de banco convertibles en oro se mantuvieron mientras perduró el patrón oro de pagos internacionales. Con la Primera Guerra Mundial se recurrió a la aceptación forzosa de los billetes y los mismos pasaron a no ser convertibles. Aunque el sistema se reimplantó en una segunda versión, el paso a las emisiones fiduciarias de billetes de banco era ya un hecho. Así, a partir de 1931, en Inglaterra no se permite la conversión de los billetes frente al Banco de Inglaterra.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las emisiones de billetes se realizaban dentro del patrón dólar, en el que el respaldo consistía o bien en oro o bien en la divisa estadounidense. Esta situación varió a partir del decreto de no convertibilidad del dólar en 1971, por el que las divisas quedaron en flotación libre.

Desde ese momento el respaldo de las monedas se concentró en una serie de activos de los bancos centrales. De esta manera, los billetes son en la actualidad un pasivo para el banco central que lo emite y un activo para el público que lo posee. Son además de aceptación forzosa y tienen plena capacidad liberatoria de deudas.

En el plano internacional se han formado varias áreas monetarias en torno a las monedas más fuertes. El dólar americano, tras la Segunda Guerra Mundial, fue la moneda más sólida y potente del mundo. A la moneda estadounidense, en su camino, le acompañaron dos monedas de países de un gran dinamismo económico en la segunda mitad del siglo, el marco alemán y el yen japonés. Otra de las monedas fuertes es, aunque todavía no existe físicamente, el euro, la moneda de la Unión Europea que sustituye a las monedas nacionales de los países miembros.

Temas relacionados

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Patrón oro.

Enlaces en Internet

http://www.fnmt.es/; Página oficial de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre española (en castellano).

Billete de banco

Fuente: Britannica

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