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Definición de Bushido

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 (Del jap. bushi ‘samurái’ y do ‘modo, conducta’); sust. m.

1. Código de honor y valores morales por el que se regía la casta militar de los samuráis japoneses.

 [Historia militar] Código Bushido.

Con el término bushido se designa el código de honor y de comportamiento social que debían observar los guerreros y nobles samuráis japoneses, desarrollado en plena época feudal, entre los períodos Heian y Tokugawa (en torno al siglo XII de la era cristiana), basado en los principios de lealtad, sacrificio, justicia, valor, modestia y honor, y fuertemente influenciado por tres religiones -budismo, confucianismo y shintoísmo- y una escuela de pensamiento, el zen. El término bushido, que literalmente significa ‘vía del guerrero’, se compone de dos palabras: bushi, que significa ‘guerrero’, y designaba a aquéllos que formaban parte de las buke o familias de tradición guerrera, por oposición a las honke o familias nobles, y la sílaba -do que, como sucede en los términos aiki-do o ju-do, significa ‘camino’ o ‘vía’.

La palabra bushido se documenta por primera vez en el idioma japonés en las obras de los siglos XVI y XVII, entre las cuales fueron famosas, por ejemplo, Dokukodo, cuya autoría se atribuye al célebre samurái Musashi Miyamoto (1584-1645), los libros de Toji Mototada (1539-1600), del filósofo confuciano Soko Yamaga (1622-1685) o del discípulo de éste, Yuzan Daidoji, quien proporciona una información más detallada del bushido que la que puede encontrarse en series de ensayos como las Cien leyes de Takeda Shingen. Se considera que el primer código escrito es el Buke Sho-hatto (Regla de las familias guerreras), recogido en 1615 por orden del shogun Tokugawa Ieyasu; posterior a éste es Hagakure (Escondido bajo las hojas) una obra sobre artes marciales y el espíritu del bushido, escrita hacia 1716 por el samurái Yamamoto Tsunetono. Sin embargo, algunos estudiosos europeos sostienen que tanto el término como su significado son invenciones del período Meiji, nacidas con objeto de reforzar la identidad nipona, hasta entonces inexistente. En Occidente, la palabra bushido se generalizó a partir de la publicación, en 1905, de una obra de Inazo Nitobe (1862-1933), titulada precisamente así, Bushido, motivo por el cual se consideró, erróneamente, inventor del término a este autor.

El bushido, que podría definirse como la caballerosidad japonesa, nació para suceder al Kyubano-Michi (‘Vía del arco y del caballo’) y estaba destinado en principio a regir las relaciones entre los estamentos sociales que había en Japón durante los setecientos años que duró el shogunado: los bushi (guerreros), los daimyos (señores feudales, jefes de clan o de provincias), el shogun y la gente del pueblo (campesinos, artesanos y comerciantes). No obstante, sus pautas de conducta quedaron tan arraigadas que, a pesar de que en 1868 el emperador Meiji abolió el feudalismo y suprimió la clase de los samuráis en sus intentos de conducir al Japón a una nueva era tecnológica, muchos de los principios éticos y de conducta que establece esta norma se mantuvieron en la vida social de la sociedad japonesa, al extremo de que la palabra bushido se ha incorporado a algunas lenguas occidentales para designar el espíritu nacional japonés.

Orígenes e influencias

El código de valores de bushido se formó a partir de la combinación de tres religiones -el confucianismo, el shintoísmo y el budismo- y de la escuela de pensamiento zen. El bushido aprendió del budismo a no temer al peligro ni a la muerte, pues educó a los samuráis en la creencia de que existe otra vida en la tierra después de la muerte, en la cual participarán tras su reencarnación. Ese nivel de conciencia superior, en el que es posible conocerse hasta lo absoluto y así ignorar la muerte, se alcanza a través de la meditación zen. Las doctrinas shintoístas dieron al bushido el sentido de la lealtad a los antepasados y la familia imperial, lealtad que hacía que los samuráis pusieran su vida -en su sentido más literal- al servicio del emperador o de su daimyo (‘señor’). Esta misma lealtad, como es lógico, también determinó un marcado sentido patriótico hacia la tierra, a la que se alimenta, llegado el caso, con la propia vida, en justa correspondencia por los dones que ofrece (muy posiblemente sea ésta la razón que explica la afición de los samuráis por la agricultura). Por último, el confucianismo marcó los cinco tipos de relaciones con el mundo de los hombres, el entorno y la familia: entre señor y sirviente, padre e hijo, marido y esposa, hermano mayor y hermano pequeño y entre amigo y amigo, y la manera en que el samurái debe acogerse a ellas.

Preceptos del bushido

El bushido es, en sí, una regla mental muy estricta que cubre todos los aspectos de la vida de los samuráis. Se sustenta en el entrenamiento y la disciplina y se manifiesta en tres niveles de maestría: físico, psíquico y espiritual. Establece una serie de leyes internas y una etiqueta que deben cumplir estos aristócratas guerreros todos los días de su vida, basadas en conceptos tales como el honor y la lealtad, la indiferencia al dolor, el sentido del deber y la justicia, el desapego por lo material, el absoluto control de las emociones y una ética insobornable.

El fin de estas reglas básicas era enseñar al samurái a vivir como un guerrero en tiempo de paz. Así pues, había de estar siempre presto para el combate, pues por encima de todo era un guerrero: ya estuviera cultivando trigo o durmiendo, debía llevar siempre su espada encima. Tampoco podía mostrar los propios sentimientos, pues un samurái no se perdonaría nunca haber causado la compasión de los demás; sólo le estaba permitido llorar en el caso de que muriera la propia madre. El desapego por las cosas materiales alcanzaba, desde luego, al dinero, del que se pensaba que ensuciaba a su poseedor; un samurái no se avergonzaría de ser pobre (de hecho, los samurái ricos fueron raras excepciones), aunque sí de parecerlo, razón por la cual cuidaban extremadamente su apariencia (este último aspecto se mantiene hoy día en muchos maestros de artes marciales que se ganan la vida mediante un oficio pues no cobran por su docencia).

Pero, por encima de los anteriores, el bushido se sustenta sobre dos principios básicos. El primero es que todo samurái “debe siempre, ante todo, tener presente el hecho de que un día ha de morir”, pues la existencia humana y, muy especialmente, la del guerrero, es del todo impermanente. No en balde es la frágil flor del cerezo -que apenas dura unas horas- el símbolo de la vida del samurái. Se podría decir que el bushido enseña la manera de morir, pero eso sería reducir el concepto a su explicación simplista. El bushido en realidad enseña a un samurái a imaginar la escena de su muerte cada noche antes de dormir; después de varios años de este entrenamiento, lo cierto es que desde el punto de vista mental el samurái está muerto, algo que le confiere un enorme poder, pues un hombre muerto no tiene miedo de nada. Esto no significa que no valore su muerte; es más, dado que vivir es prepararse para morir, la muerte de un samurái debe ser consecuencia de un acto valeroso que perpetúe su nombre entre las generaciones venideras. Sería una terrible desgracia para él que una flecha le alcanzara casualmente en el campo de batalla. Por otra parte, un samurái elegirá morir antes que ver su nombre desacreditado (la muerte no es eterna, el deshonor sí), lo cual podía ocurrir si era tachado de cobarde o si transgredía alguna de las normas del bushido. La única forma de recuperar el honor perdido para el infractor era recurrir al harakiri o suicidio ritual.

El segundo principio es el de la lealtad y la fidelidad más estrictas a las disposiciones de los gobernantes del país, los daimyos, pero sobre todo a las del emperador. Sólo había una lealtad superior a la del samurái, y era la del daimyo hacia sus súbditos.

El antes citado Nitobe definió así las siete virtudes que debían poseer los bushi: el sentido de la justicia y de la honestidad, el valor y el desprecio de la muerte, la simpatía hacia todos, la educación y el respeto a la etiqueta, la sinceridad y el respeto de la palabra dada, la lealtad absoluta hacia los superiores y, finalmente, la defensa del honor del nombre y del clan, lo que se resumía en deber (giri), resolución (shiki), generosidad (ansha), firmeza de alma (fudo), magnanimidad (doryo) y humanidad (ninyo). Todos estos factores hacían del bushido un código muy simple. Sin embargo, a pesar de su falta de sofisticación, o precisamente por esto, el bushido alimentó a toda una nación a través de los siglos, y a través de guerras civiles, bombas atómicas e invasiones.

Formación en el bushido

El samurái podía permitirse cualquier cosa, pues se hallaba a la cabeza de las tres castas sociales, pero debía ser siempre justo y considerado y no cometer ningún abuso de poder, como excederse en el cobro de impuestos o en los castigos. La justicia era uno de los máximos valores del código samurái y una de las virtudes supremas. Era importante diferenciar entre justo e injusto, ya que la tendencia natural del hombre es seguir el segundo camino, mucho más placentero. El bushido establecía que, en tiempos de paz, los samuráis debían poner su fuerza al servicio de los débiles y su sabiduría debía actuar como maestra de los ignorantes. Existe, de hecho, una expresión del bushido, “Bushi no Nasake” (cuya traducción sería ‘ternura del guerrero’), que expresa la necesidad de que los hombres más fuertes y más valientes sean también mostrarse accesibles a sentimientos tales como la compasión, la dulzura o la justicia hacia todos los seres.

El samurái debía poseer, además, una exquisita educación y un amplio conocimiento de las cosas. Antiguamente los jóvenes guerreros eran enviados al combate a la edad de quince o dieciséis años, así que su formación militar comenzaba a los doce o trece años, sin tiempo para cultivarse intelectualmente, lo que los convertía casi en analfabetos. Posteriormente esto cambió y antes de ser iniciados en la carrera de las armas, a los siete u ocho años, los niños eran introducidos en los Cuatro Libros y en el arte de la caligrafía. Cuando cumplían quince años se les enseñaba el tiro con arco, la equitación, el manejo de la espada, el jujitsu y otras artes militares.

Ordenanzas del bushido

Las ordenanzas del bushido estaban divididas en dos secciones: las de los oficiales y las de los soldados, y éstas a su vez contemplan las del ejército por un lado, y las de los asuntos de batalla por otro.

Los oficiales tenían la obligación de estar siempre limpios, debían lavarse las manos y los pies por la mañana y por la noche, y bañarse diariamente. Tenían también que arreglarse el cabello cada día y llevar completamente afeitada la parte superior de la frente. Siempre debían llevar la ropa ceremonial adecuada para la ocasión y portar sus dos espadas (daisho) y el abanico (gumpai) en su cinturón. Todos sus actos -tanto en tiempo de paz como de guerra- estaban regidos por una rigurosa etiqueta, desde recibir a un amigo, coger una taza de té o un cuenco de arroz, e incluso dormir, pues los dedos de los pies no debían apuntar nunca en la dirección en la que se encontrara su señor. Tampoco debían estar nunca desocupados, así pues, si se encontraban fuera de servicio empleaban su tiempo en el estudio de la historia, el zen, el arte de preparar el té, la pintura, la talla de estatuas o la práctica de la caligrafía, disciplinas útiles para perfeccionar el dominio de la espada. No obstante, los samuráis no opinaban como Confucio en que el hombre sólo alcanza la perfección sólo mediante el desarrollo intelectual, la lectura o la composición de poemas; antes al contrario, había que hacer hincapié en el adiestramiento en la disciplina castrense que evitaba cometer errores o ser tomado por sorpresa.

Los soldados, por su parte, debían conocer todo lo referente al arte militar, el uso de la lanza, el tiro con arco y ballesta y el ejercicio de hacer vallas. Un inspector del ejército tenía que saberlo todo sobre cómo actuar según el número de enemigos o cuál era el mejor lugar para establecer un campamento. Los asuntos de batalla se referían a la manera de dirigir el ejército cuando entra en batalla y cómo conducirlo a la victoria, lo cual llevaba aparejado el conocimiento de las artes de logística, estrategia, comunicaciones e inteligencia, aunque no las técnicas de combate cuerpo a cuerpo.

El bushido en la actualidad

Durante las caóticas luchas intestinas de los siglos XV y XVI, la ética militar se distorsionó un tanto. Llegó un momento en el que cualquiera que blandiese una espada podía ser considerado un samurái si su técnica era lo suficientemente buena, al margen de que dominase o no el significado interno del bushido (el ‘camino’). Con la Restauración Meiij, cuando ya el tiempo de los samuráis había pasado y se sucedían los cambios en el Japón, se hizo patente que había que establecer un nuevo Camino que medulara la fuerza de la nación japonesa. Con la Segunda Guerra Mundial surgió un nuevo tipo de samurái, condicionado a buscar su Camino en medio de la creciente modernización del país y a buscar otro tipo de señor al que ofrecer sus servicios. Las grandes compañías (zaibatsu), nacidas al calor de la industrialización ocuparon bien este puesto, pues desempeñaban más el papel de una familia que de una empresa, lo cual generaba un sentimiento de lealtad -germen del anciano bushido- hacia los jefes inquebrantable, sentimiento que perdura en nuestros días. También ocurre a la inversa: ser injusto o cometer un error con los subordinados acarrea el deshonor más absoluto sobre el que lo hace y sobre su compañía, pues los japoneses de nuestros días otorgan el mismo carácter a los negocios que sus abuelos dieron a la guerra y, de forma subyacente a las apariencias, todo combate es un combate sagrado.

Temas relacionados

Samurái.
Ronin.

Bibliografía

YUZAN Daidoji. El código del Samuray. El espíritu del Bushido japonés y la vía del guerrero (versión de A. L. Sadler) (Madrid: Edaf, 1998 [col. Arca de la Sabiduría]).
EIJI Yoshikawa. Musashi. (vol. 4. El código bushido) (Barcelona: Ediciones Martínez Roca, S.A, 1994).
FRÉDÉRIC, Louis. Diccionario ilustrado de las artes marciales. (Madrid: Editorial Eyras, S.A., 1989) (trad. José Ramón Blanco Sánchez y Lucía Pan de Soraluce Casani).

Bushido

Fuente: Britannica

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