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Definición de Chile: Geografía

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 El territorio de Chile se reparte entre el continente americano, la Antártida y las islas del Pacífico y se extiende predominantemente en sentido N-S, en tanto que su amplitud o anchura E-O es escasa. Esta franja de terreno larga y angosta tiene como eje central en su zona N el meridiano 70° de longitud O, que se desplaza paulatinamente hacia el O hasta que su eje central pasa a ser el meridiano de los 74° de longitud O. Su punto extremo septentrional se encuentra a 17° 30’ de latitud S, a unos 10 km al N de Visviri, y su punto extremo meridional son las islas Diego Ramírez, ubicadas a 56° 30’ de latitud S.

También forman parte del territorio chileno las islas oceánicas de San Félix y San Ambrosio (26° 30’ de latitud S, 80° de longitud O, aproximadamente); el archipiélago de Juan Fernández, compuesto por las islas Robinson Crusoe (33° 30’ de latitud S, 79° de longitud O), Alejandro Selkirk (33° 30’ de latitud S, 80° 46’ de longitud O) y el islote Santa Clara, y las islas mas orientales de la Polinesia: isla de Pascua (27° de latitud S, 109° 30’ de longitud O) y, cercana a ella, la pequeña isla Sala y Gómez (26° 30′ de latitud S, 105° 30’ de longitud O). En el continente antártico, Chile proclama su soberanía sobre el sector que se extiende hasta el polo S y que se prolonga entre los meridianos 53° y 90° de longitud O (véase Territorio Antártico Chileno).

Principales características y situación geográfica

Chile, considerado sólo en su parte continental y americana, es el país más largo y angosto del mundo; sus puntos extremos septentrional y meridional se encuentran a una distancia en torno a los 4.300 km, en tanto que su extensión E-O tiene una longitud media de 177 km (el ancho máximo es de 360 km en la latitud de Mejillones y el mínimo de 90 km en Illapel). En lo referente al sistema de coordenadas geográficas, el territorio chileno se sitúa en el cuadrante sudoccidental del mundo y, a su vez, su parte americana se encuentra al SO de América del Sur.

Si se considera la distribución de las tierras emergidas, las cuales se encuentran en su mayor parte en el hemisferio N, así como la gran extensión del océano Pacífico, la ubicación de Chile lo convierte en uno de los países mas distantes del resto del mundo. Su situación en el hemisferio S lo aleja de las tierras del hemisferio opuesto, sobre el que descansan Europa, Asia y América del Norte, mientras que el océano Pacífico lo aleja, a su vez, de Australia, aunque es necesario destacar que la isla de Pascua constituye un punto de acercamiento de gran importancia, ya que por su ubicación se transforma en un verdadero puente entre el territorio americano y los países de Oceanía. En el ámbito sudamericano, su ubicación geográfica y la distribución del resto del países también le otorgan un destacable carácter periférico.

Límites

Los limites de Chile han experimentado en el transcurso del tiempo un notorio cambio y las causas de estos cambios se encuentran en el hecho de que la Corona española no definió con claridad absoluta los confines de sus colonias así como a la particular geografía del territorio. El límite septentrional del territorio de Chile en el continente americano corre desde el mar hasta la cordillera: es la llamada Línea de la Concordia, que separa Chile y Perú. El límite oriental separa Chile de Bolivia y Argentina y, en rasgos generales, corre desde el extremo septentrional hasta el paralelo 52° de latitud S por la divisoria de aguas de la cordillera de los Andes. A partir de este paralelo y hasta el extremo meridional, el límite sigue diferentes direcciones, de acuerdo a los tratados vigentes. Al O y S, el límite del territorio americano es de carácter marítimo y viene marcado por la extensión de la jurisdicción sobre las aguas del mar. Los límites del territorio oceánico están determinados por la extensión de las correspondientes jurisdicciones marítimas alrededor de las islas de Pascua, Sala y Gómez, San Félix, San Ambrosio y archipiélagos de Juan Fernández. Finalmente, el territorio de Chile en la Antártica está delimitado por el polo Sur geográfico y los meridianos 53° y 90° de longitud O.

De esta manera, Chile limita al N con Perú y Bolivia, al E con Argentina, al O con el océano Pacífico y, finalmente, al S con el Continente Antártico.

Geografía Física

Chile aparece como el séptimo país sudamericano por tamaño, con una superficie continental de 756.945 km2 o lo que es lo mismo, más del doble que la de Italia y casi una vez y media la de España. Se halla constituido por un total de 13 regiones, incluyendo la Región Metropolitana donde se encuentra su capital y tiene, además, 1.250.000 km2 en el continente Antártico, donde se ubican sus principales bases de investigación científica. Chile cuenta, a su vez, con un territorio insular con más de 2.000 islas, repartidas en su mayoría al sur del país y a 3.700 km de distancia de su litoral, en el océano Pacífico, se encuentra la Isla de Pascua, siendo ésta su posesión más lejana. La superficie total de Chile es de 2.000.626 km2. Todas estas características condicionan la aparición y el desarrollo de un relieve muy heterogéneo y en el que la estructura geológica ha jugado un papel decisivo en la conformación actual del medio físico de Chile.

Síntesis geológica

La estructura geológica chilena es relativamente reciente y compleja, considerando los diferentes procesos que han intervenido en su formación. Así, las rocas más antiguas de Chile corresponden a formaciones prepaleozoicas y paleozoicas (600-300 millones de años) encontradas en la Cordillera de la Costa entre Taltal (II Región de Antofagasta) y Chañaral (III Región de Atacama), una pequeña franja en Tongoy (IV Región de Coquimbo) y entre Navidad (VI Región del Libertad General Bernardo O’Higgins) y Concepción (VIII Región del Biobío). Estas formaciones están compuestas por pizarras arcillosas, filitas, micacitas y gneises, en el caso de las prepaleozoicas, y calizas, pizarras y cuarcitas en el de las paleozoicas.

El territorio chileno a finales de la Era Primaria (230 millones de años) estaba ocupado en gran parte por el mar, y las cumbres más elevadas sobresalían dando una visión de islas. En consecuencia, el territorio correspondía con una gran depresión submarina, denominada geosinclinal andino, donde se fueron acumulando los sedimentos que más tarde constituirían la Cordillera de los Andes. En el extremo austral existía otra depresión, conocida como geosinclinal de Magallanes; en los bordes de estas depresiones se producían erupciones volcánicas frecuentes, las cuales arrojaban materiales que una vez consolidados eran destruidos y acarreados hasta el mar por los cursos de agua. Al término de la Era Mesozoica (65 millones de años) tuvo lugar la orogénesis andina, con el plegamiento de los sedimentos acumulados en el geosinclinal más los materiales volcánicos, surgiendo así la Cordillera de los Andes.

En la Era Cenozoica (65 millones de años) se formo una gran planicie producto del desgaste de los materiales plegados, la cual posteriormente fue levantada a más de 3.000 m de altura en el norte y en el centro del país; a 2.000 m en las cercanías de Chiloé (X Región de Los Lagos), y a 500 m cerca de Punta Arenas (XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena). Al mismo tiempo del plegamiento se produjeron intrusiones de roca plutónica a gran escala, que conformarían el batolito andino. Estas rocas intrusivas se encuentran a lo largo de todo el país, en forma de cerros, cumbres aisladas y cordones montañosos cordilleranos. Así, durante el Terciario, en el sector costero del territorio chileno se produjeron importantes movimientos de ascenso y descenso de bloques que originaron la llegada de diversas transgresiones y regresiones marinas. En el N del país se produjo la efusión de grandes cantidades de materiales volcánicos, conocida como formación riolítica que se prolonga especialmente en la puna de Atacama (véase desierto de Atacama) y los cordones más occidentales de la cordillera andina. Allí se formaron cuencas endorreicas que posteriormente se rellenaron constituyendo lo que hoy se conoce como los salares. A la par se produjo una fuerte fracturación del sector continental que llevó a cabo la delimitación definitiva de las cordilleras de los Andes y la Costa, las cuales por hundimiento del bloque central dieron origen a la Depresión Intermedia.

En el Cuaternario, finalmente, la actividad tectónica se agudizó, dando forma a la actual fisonomía del país. La Depresión Intermedia quedó claramente definida, en tanto que la cordillera de los Andes siguió su proceso de solevantamiento y la cordillera de la Costa adquirió su actual configuración, generándose terrazas marinas y planicies litorales. En este período, el vulcanismo fue de menor intensidad que en el Terciario y estuvo presente en casi todo el país, a excepción de los cordones transversales entre los ríos Copiapó y Aconcagua. Durante el Cuaternario, además de los procesos volcánicos y tectónicos, se produjo un importante modelado del territorio por efecto de las continuas glaciaciones; este proceso se generó por el avance del hielo desde los dominios más elevados de la cordillera de los Andes hacia las partes más bajas, provocando un desgaste del relieve andino y la sedimentación en la Depresión Intermedia de los materiales erosionados. La acción de las glaciaciones se manifiesta más claramente en el S del país, donde se represaron las aguas producto de los depósitos morrénicos acumulados en las partes más bajas, dando origen a los actuales lagos.

Unidades de relieve

Los procesos volcánicos y tectónicos durante el Terciario y el modelado posterior del relieve en el Cuaternario, dieron origen al desarrollo y diferenciación de cuatro unidades geomorfológicas principales en Chile: la Planicie Litoral, la cordillera de la Costa, la Depresión Intermedia y, finalmente, la cordillera de los Andes; todas ellas presentan una clara orientación meridiana, es decir, N-S.

Planicie Litoral

Las planicies litorales se extienden entre el mar y la Cordillera de la Costa en sentido O-E, y de N a S desde el límite septentrional del país hasta el Canal de Chacao (X región de los Lagos). En el sector septentrional, las planicies litorales son interrumpidas por el farallón costero hasta aproximadamente la latitud de Taltal (II Región de Antofagasta), para seguir en forma ininterrumpida hasta su límite sur. Éstas se presentan en forma de terrazas cuyo número de escalones y ancho varía a lo largo de su extensión. Es así como el sector de Arica (I Región de Tarapacá), localizado en el N, tiene una antigua plataforma de abrasión marina de aproximadamente unos 3 km de ancho, mientras en el S de Mejillones (II Región de Antofagasta) se distinguen hasta nueve escalones con un ancho máximo de 5 km cada uno. El desarrollo más amplio de las planicies litorales se da en la costa de Carrizalillo (III Región de Atacama) y en el sector de la Serena (IV Región de Coquimbo), donde llegan a alcanzar un ancho máximo de 30 km y alturas de hasta 110 m. Al sur del río Aconcagua (V Región de Valparaíso) las planicies alcanzan alturas de hasta 200 m y anchos cercanos a los 20 km, y han sido profundamente disectadas por las quebradas que desembocan en el mar.

En el sector de la bahía de Corral (X Región de los Lagos), por su parte, se encuentra una gran terraza de unos 200 m de altura que se proyecta valle arriba hacia Valdivia y se compone principalmente de arenas fluviales. Estas características se mantienen hasta la provincia de Llanquihue, en la misma región, constituyendo el extremo meridional de esta unidad. Sin embargo, es posible encontrar pequeñas planicies en el borde occidental de Isla Grande de Chiloé.

Cordillera de la Costa

Esta unidad geomorfológica se ubica frente al litoral chileno y se extiende desde el Cerro Camaraca (949 m), a unos 20 km al S de Arica (I Región de Tarapacá), hasta el Cerro Tres Montes (762 m), en la península de Taitao (XI Región de Aisén). Alcanza una longitud de unos 3.000 km y un ancho promedio de 30 a 50 km.

La formación de la cordillera de la Costa se inició en el Cretácico Medio como producto de los movimientos tectónicos del ciclo andino, y más que un elemento estructural homogéneo es producto de diversos elementos originados a través del tiempo geológico. Debido a éste y otros factores es posible subdividirlas en tres sectores: norte, central y sur.

- Sector norte, se caracteriza por la presencia de bloques dislocados producto de fallas y movimientos basculares que dan origen a depresiones interiores. En este sector la cordillera de la Costa alcanza un ancho promedio de 50 km y se presenta como una cadena abrupta y en contacto directo con el mar, con una altitud máxima de 3.030 m en Sierra Vicuña Mackenna (II Región de Antofagasta).

- Sector central, se extiende desde la III Región de Atacama (26° de latitud S) hasta el límite norte de la VIII Región de Biobío. Está compuesta de areniscas y pizarras mesozoicas de carácter continental sobre las cuales se superponen rocas porfíricas. Hacia el S de este sector, la cordillera se caracteriza por su modelado accidentado y está cortada por valles de ríos andinos que desembocan en el mar y entre los que se hallan los cursos fluviales del Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí, Choapa y Aconcagua. En efecto, el relieve es confuso e irregular, y está surcado de cordones, cerros y valles; destaca la presencia de un sistema transversal de cerros que unen la alta cordillera andina con la cordillera de la Costa. La altitud en este sector supera los 2.200 m sobre el nivel del mar frente a Valparaíso (V Región de Valparaíso), y hacia el S del río Maipo (V Región de Valparaíso y Región Metropolitana de Santiago) comienza a descender, superando ocasionalmente los 1.000 m de altura.

- Sector sur, se extiende desde el río Biobío (VIII Región de Biobío) hasta la península de Taitao y está constituido principalmente por rocas metamórficas paleozoicas y/o precámbricas con algunos materiales sedimentarios continentales y marinos, todos ellos procedentes del Terciario. La altura es un rasgo importante; supera ocasionalmente los 1.000 m de la Cordillera de Nahuelbuta, donde aparece el Parque Nacional homónimo (VIII Región del Biobío). Sin embargo, al S de esta formación vuelve a perder altura y es cortada por valles fluviales originados por los ríos Toltén, Valdivia, Bueno y Maullín. En la isla Grande de Chiloé, por ejemplo, la mayor altitud se encuentra en la Cordillera de Piuchén, que sólo alcanza 500 m.

Depresión Intermedia

Al igual que sucede en la cordillera de los Andes, en Chile el relieve desciende gradualmente desde el extremo N hacia el S; se trata de un graben tectónico escoltado al E por la cordillera de los Andes y al O por la cordillera de la Costa. Su hundimiento data del Mioceno y se prolonga hasta fecha reciente. La depresión se integra en las cordilleras vecinas manteniendo una relación equivalente de altitudes; mientras más altas las cordilleras, más alto es el piso superficial de la depresión. Además, constituye el nivel de base obligado para los sedimentos que se desplazan desde las elevaciones montañosas más próximas, afectadas por la erosión de los principales agentes climáticos; esto indica que la depresión es el receptáculo donde, a lo largo del Terciario y Cuaternario y hasta la actualidad, han venido a parar los productos residuales de las actividades volcánicas, glaciales y fluviales, que han modelado la cordillera de los Andes, en particular, y la cordillera de la Costa, en un nivel más secundario.

De esta manera, desde el punto de vista de los recursos hídricos, la Depresión Intermedia ha actuado como una trampa ya que ha ido almacenando en su interior los principales recursos hidrológicos procedentes de la cordillera andina. En general, los recursos hídricos hacia el N de los 33° de latitud S, son de características geológicas, y hoy día se encuentran fuertemente afectados por la actividad de las fallas de orientación E-O que, al activarse, dejan escurrir hacia el océano grandes cantidades de aguas de circulación subterránea.

De esta manera, la Depresión Intermedia se extiende desde el borde septentrional del país hasta Puerto Montt (X Región de Los Lagos), aunque está interrumpida por los cordones transversales entre los ríos Copiapó y Aconcagua. Debido a la acción estructural a que ha sido sometida, la depresión no es uniforme a lo largo de toda su extensión sino que presenta tres dominios con unas características bien diferenciadas:

- Sector norte, se extiende desde el límite con Perú hasta aproximadamente el río Huasco (III Región de Atacama); se caracteriza por estar conformado por pampas o extensiones planas de grandes dimensiones, como la Pampa del Tamarugal, al N del río Loa, y por planicies con frecuentes cordones montañosos oblicuos y transversales al S del mismo río, en el desierto de Atacama.

- Sector central, este dominio corresponde a los valles transversales, desde el río Copiapó en el N (III Región de Atacama) hasta el cordón de Chacabuco en el S (Región Metropolitana de Santiago), donde las características típicas de la Depresión Intermedia sólo aparecen en sectores pequeños y aislados. En su lugar, el relieve adopta la forma de cordones transversales, entre los que se reconocen varias fallas de distinta orientación que no han permitido formar grandes depresiones.

- Sector sur, se extiende a lo largo de 1.000 km desde el cordón de Chacabuco hasta Puerto Montt, y se caracteriza por la presencia de rasgos morfológicos variados y de sedimentaciones de diverso origen. En la parte septentrional, entre los 33° y 34° 30’ de latitud S, se presenta en forma de cuencas como las de Santiago (Región Metropolitana de Santiago) y Rancagua (VI Región del Libertador General Bernardo O’Higgins), rellenadas principalmente por sedimentos de origen glacial, fluvial y volcánico. Desde Curicó (VII Región del Maule) hasta el río Biobío (VIII Región del Biobío), el sector presenta materiales principalmente de origen fluvio-volcánico, fluvio-glacial y fluviales, abriéndose como una extensa llanura aluvial de anchura variable entre los 45 y los 100 km. Al S del río Biobío la depresión adquiere la forma de una planicie ondulada, con suaves lomas de hasta 400 m de altitud, y al S del Toltén se presenta como una planicie sedimentaria que finaliza en la provincia de Llanquihue (X Región de Los Lagos) y se confunde hacia el E con la planicie costera.

La Depresión Intermedia, como rasgo estructural, se extiende aún más al S de Puerto Montt, ya que se sumerge en el Seno de Reloncaví, los golfos de Ancud y Corcovao, los canales de Moraleda y Elefantes, y la laguna San Rafael, alcanzando su punto culminante en el golfo de Penas.

Cordillera de los Andes

Esta cordillera constituye el principal rasgo orográfico del país y a pesar de ello, sus características morfológicas, composición litológica y edad no son homogéneos por lo que también aquí es posible distinguir tres sectores con características perfectamente diferenciadas:

- Sector norte, que se extiende desde el límite con el Perú hasta el salar de Maricunga (III Región de Atacama). En este sector la cordillera andina se presenta como un gran plano inclinado que asciende desde los 2.400 m hasta las altas mesetas situadas en torno a los 4.000 m de altura sobre el nivel del mar. Su máxima altitud está dada por cumbres en torno a los 6.000 m, como los volcanes Parinacotá (6.342 m) y Llullaillaco (6.739 m). Durante el Terciario, este sector presentó un activo vulcanismo, por lo que aparecieron densos espesores de materiales piroclásticos, inundando y sepultando estructuras preexistentes de las cuales sólo quedan a la vista las cumbres más altas, como la Sierra de Moreno, al N de la ciudad de Calama (II Región de Antofagasta). Otro rasgo característico es su extrema aridez, provocada por la presencia de unas precipitaciones poco frecuentes y de una alta evaporación, que se refleja en una vegetación prácticamente nula que sólo florece cuando las precipitaciones logran superar los 200 mm/año.

- Sector central, se extiende desde el salar de Maricunga hasta el lago Todos los Santos (X Región de los Lagos). Está constituida por materiales de formación porfídica y son usuales los afloramientos de rocas pertenecientes al batolito del Terciario Superior y Cuaternario. Su altitud disminuye paulatinamente hacia el S, y las cumbres más elevadas están en la III región de Coquimbo y la Región Metropolitana de Santiago: superan los 6.000 m los cerros Las Tórtolas (6.323 m), Olivares (6.250 m) y Tupungato (6.570 m), entre otros. Al S de este sector, en la VII Región del Maule, la altitud no supera los 4.000 m, y entre las cumbres más elevadas destacan los cerros Las Gualas (3.122 m) y Azul (3.810 m). El vulcanismo es otro rasgo importante de la cordillera andina en este sector, que no muestra vestigios de actividad moderna en la zona de los cordones transversales; ésta se da más bien a partir de la Región Metropolitana de Santiago y hacia el S, y se caracteriza por una gran distribución de volcanes entre los cuales destacan el Tupungatito (5.682 m), San José (5.856 m), Tinguiririca (4.625 m), Descabezado Grande (3.830 m), Chillán (3.212 m), Antuco (2.985 m), Villarrica (2.840 m), Putehue (2.240 m) y Osorno (2.650 m). Todas estas formaciones volcánicas están acompañadas generalmente de campos de lava y cenizas.

- Sector sur, se extiende desde el lago Todos los Santos hasta el extremo más austral del continente (56° de latitud S). Este sector se caracteriza por la composición compleja de sus materiales constitutivos, que abarcan sedimentos metamórficos, rocas del batolito, y porciones aisladas de las formaciones porfídicas del Secundario (véase pórfido) y riolíticas del Terciario.

Divisiones geomorfológicas de Chile

Las cuatro macroformas que estructuran y dan carácter distintivo al relieve chileno, es decir, la cordillera de los Andes, la depresión Intermedia, la cordillera de la Costa y las Planicies Litorales, han sido sistematizadas por el profesor Reinaldo Börgel en su obra Geomorfología (1984). Para su sistematización toma en cuenta las peculiares características que muestran las formas del relieve, así como los materiales y procesos que han intervenido en su formación y bajo esta perspectiva, reconoce cinco grandes agrupaciones.

Región septentrional de las pampas desérticas y cordilleras prealtiplánicas

Esta región geomorfológica abarca una superficie de 291.100 km2 y su límite septentrional es la línea fronteriza entre Chile y Perú; al E, la frontera Chile-Bolivia y Chile-Argentina; al O, el océano Pacífico; y, finalmente, al S, una sinuosa línea inmediatamente al N del río Elqui; corresponde a las regiones de Tarapacá, Antofagasta y Atacama y tiene una serie muy variada de unidades micro-regionales que, en general, muestran una disposición O-E, y las principales son las siguientes: el farallón costero, la planicie litoral, los llanos de sedimentación continental, la cordillera de la Costa y sus depresiones internas, la gran pampa central desértica, los pediplanos y los sistemas de pedimentos, la precordillera andina, la gran fosa de los salares prealtiplánicos, y el altiplano chileno.

Se caracteriza por la presencia de macroformas bien definidas, tal y como sucede en con la cordillera de la Costa, la cordillera de los Andes y la depresión Intermedia. No obstante, dentro de ellas le dan carácter a esta unidad geomorfológica las pampas desérticas y las cordilleras prealtiplánicas; las primeras se localizan entre los relieves costeros al O y la precordillera andina al E y su altura y modelado irregular le confieren la característica de una meseta inclinada de N a S, en la que se pueden distinguir las pampitas, la Pampa del Tamarugal, el desierto de Atacama, la pampa ondulada central y la pampa transicional. Por su parte, las segundas se localizan al E de los salares prealtiplánicos y tienen una disposición más o menos irregular; se distinguen, sin embargo, los cordones septentrionales al N del volcán Licancabur y los meridionales al S de éste. Sin embargo, se caracterizan por alcanzar una importante altura, por su carácter volcánico, por la presencia de nieves y hielos en sus cumbres y, finalmente, por constituir un verdadero biombo climático para las masas de aire que provienen de la cuenca amazónica (véase Amazonía).

Región de las planicies litorales y cuencas del sistema montañoso andino-costero

Esta región geomorfológica se desarrolla entre el río Elqui, al N, y el río Aconcagua, al S, y cubre una superficie de 25.700 km2, aproximadamente. Comprende las regiones de Valparaíso y Coquimbo, y sus unidades microrregionales son las planicies costeras, los llanos de sedimentación fluvial o aluvial, los cordones transversales del sistema montañoso andino-costero, los sistemas transversales del tronco maestro andino y las cuencas transicionales semiáridas. Esta región geomorfológica se caracteriza porque las grandes macroformas del relieve chileno se reducen sólo a dos, las grandes llanuras litorales fluviales y marinas, o ambas a la vez, en la costa, y una región montañosa interior en donde la cordillera de la Costa y la cordillera de los Andes se sobreponen. En esta región, la Depresión Intermedia se presenta sólo a pedazos, en forma de cuencas o corredores longitudinales.

Las planicies litorales adquieren un amplio desarrollo, logrando su mayor envergadura en las desembocaduras de los ríos así como en las quebradas más importantes, hecho que viene a resaltar la clara interacción continental-marina. De acuerdo a su origen, es posible distinguir planicies marinas y fluvio-marinas, y de acuerdo a su altitud y desarrollo, cabe diferenciar las planicies marinas bajas y el planalto marino. Por su parte, el sistema montañoso andino-costero ocupa una faja interna de unos 50 km de anchura media, logrando penetrar en profundidad hasta un punto en el cual los ríos más importantes de la región se unen conformando un extenso y único valle principal; estos cordones tienen altitudes comprendidas entre los 600 y los 1.000 m, y su alineación E-O es consecuencia directa de la acción erosiva de quebradas y ríos.

Región central de las cuencas y del llano fluvio-glacio-volcánico

Esta región geomorfológica se extiende entre el río Aconcagua, al N, y el río Biobío, al S. Se estima que cubre aproximadamente unos 76.500 km2. Las principales unidades morfológicas de carácter subregional son la planicie costera marina, los llanos de sedimentación fluvial, la cordillera de la Costa, las cuencas graníticas marginales, la depresión Intermedia y la precordillera.

Las planicies litorales determinan una faja costera en la que están presentes, tanto planicies de abrasión, debido a la acción destructora del mar sobre las rocas, como de sedimentación marina o fluvio-marina, por efecto del depósito de material que deja el mar o un río en conjunto con el mar, respectivamente. La cordillera de la Costa, por su parte, se encuentra fuertemente meteorizada, es decir desintegrada y descompuesta; no obstante, se levanta con gran energía y aspecto de muro en el sector septentrional, pero se deprime rápidamente hacia el S, de tal suerte que al sur del río Maule se presenta como una serie de suaves lomajes enmarcando unos cerros más elevados. Además, dentro de la Cordillera de la Costa aparecen algunas cuencas graníticas y otras de relleno aluvial, que le confieren un carácter muy particular.

La Depresión Intermedia es la que ofrece el rasgo distintivo a esta región, dado que en su parte N, están presentes las cuencas del llano central de origen tectónico y relleno sedimentario fluvio-glacio-volcánico, es decir formado por el aporte de material de los ríos, glaciares y volcanes, respectivamente. En su parte central y meridional se encuentra el llano central longitudinal, también de origen tectónico con relleno similar y organización lacustre de los materiales. Es, además, en la Depresión Intermedia donde quedan inscritas las grandes cuencas de Santiago y Rancagua; la primera con una extensión de 80 km de N a S y 35 km de anchura media de E-O y, la segunda, con 60 km en su eje N-S y unos 30 km de anchura media en sentido E-O. La Cordillera de los Andes, finalmente, se extiende en un pequeño sector de esta región geomorfológica y se caracteriza por una fuerte retención de nieve y de agua en estado sólido, que se mantiene a causa del frío de altura. En esta región la cordillera se prolonga a lo largo de 600 km aproximadamente y se halla limitada por el cerro Juncal al N y por el volcán Llaima por el S; presenta, además, una anchura media que oscila entre los 60 y los 90 km. Dicho volcán se encuentra inmerso dentro del perímetro del Parque Nacional Conguillio.

Región central lacustre y del llano glacio-volcánico

Esta región geomorfológica se extiende desde el río Biobío, al N, hasta el canal del Chacao, al S, y cubre una superficie estimada de 76.467 km2. Las unidades morfológicas de carácter subregional que en ella se distinguen son la planicie litoral de sedimentación marina y/o fluvio-marina, los llanos de sedimentación fluvial, la cordillera de la Costa, el llano central con cuencas de ablación y conos de solifluxión periglacial, la precordillera sedimentaria en paños aislados, la subregión lacustre de barrera morrénica y, finalmente, la cordillera volcánica activa.

Esta región se caracteriza por un avanzado descenso del continente, tanto de la cordillera andina como del llano central y la cordillera de la Costa. En este sector, el llano central se desplaza hacia el O confundiéndose con el litoral mismo, dado que el relieve de la cordillera de la Costa en este dominio se presenta reducido a suaves colinas. Otra característica notable es que en esta región se hacen presentes las cuencas lacustres, testimonio de un doble origen: tectónico y glacial; es decir, por efecto de hundimiento o levantamiento de la corteza terrestre a causa de la energía interna, o a consecuencia de la acción de los hielos (esencialmente del deshielo), respectivamente. El curioso alineamiento N-S de estas cuencas se halla enmarcado por importantes volcanes como telón de fondo. Finalmente, un clima más húmedo, sin estación seca a lo largo del año, determina una topografía más quebrada y amena que la que caracterizó a las regiones anteriores; aparecen ríos encajados, fuertes ondulaciones en el llano central y una cordillera interior salpicada de lagos y valles amplios, con paredes rectas donde escurren cascadas y torrentes.

Región patagónica y polar del inlandsis antártico

Esta región geomorfológica comprende dos sectores claramente definidos: el primero se extiende desde el golfo de Ancud, en el N, hasta las islas Diego Ramírez, en el S, en lo que sería el sector patagónico (véase Patagonia), y el segundo corresponde a la Antártica (el inlandsis antártico).

La región patagónica es un verdadero laberinto de montañas, ventisqueros, islas y canales en un eje N-S estimado en unos 1.600 km de longitud, con anchos variables E-O que oscilan desde los 300 km frente a Taitao, 100 km entre Palena y el Pacífico, hasta los 480 km registrados entre Punta Dungeness y la isla Diego de Almagro. Las unidades microrregionales posibles de distinguir son la planicie litoral de Chiloé e islas adyacentes, la cordillera de la Costa (afectada por la tectónica de hundimiento), el llano central (también afectado por la tectónica de hundimiento), las cordilleras patagónicas del Pacífico, los ventisqueros patagónicos del Pacífico, las cordilleras patagónicas orientales, las cordilleras patagónicas insulares y las tierras bajas de la estepa fría magallánica. Los rasgos más característicos de esta región geomorfológica son la fragmentación como consecuencia de la tectónica de hundimiento y, posteriormente, las secuencias climáticas de hielo y deshielo. La tectónica de hundimiento, por su parte, ha creado las principales formas del paisaje, las intrusiones y otros accidentes geológicos mientras que el dominio de la morfología glacial ha quedado de manifiesto en las formas lacustres, en las cuencas fluviales, en las cumbres de las cordilleras e, incluso, en el área peninsular del Pacífico.

La subregión polar del inlandsis antártico es poco conocida desde el punto de vista geomorfológico y es posible distinguir cuatro zonas principales: la meseta central antártica, los cordones andinos antárticos, la zona peninsular antártica y la zona insular antártica. La primera corresponde al territorio situado en torno al polo sur mientras que los cordones andinos antárticos corresponden a una serie de abrasiones montañosas dispuestas en sentido N-S y que alcanzan hasta las inmediaciones del paralelo 68º de latitud S. Todas estas alineaciones orientan la prolongación peninsular del continente antártico hacia la llamada tierra de O’Higgins. La zona peninsular antártica corresponde a una gran cordillera intensamente anegada por los hielos, de las cuales sobresalen algunas partes rocosas eminentes. La península es disimétrica en cuanto a su morfología litoral ya que hacia el mar de Weddell la costa es baja, mientras que hacia el mar de Bellingshausen la costa es abrupta y no da lugar a la formación de la planicie helada. Finalmente, el sector peninsular de la Tierra de O’Higgins aparece escoltado, tanto en su fachada occidental como oriental, por todo un alineamiento de islas que, por su evidente compromiso geomorfológico con el continente, se incluyen en esta región.

Hidrografía

La hidrografía de Chile presenta características claramente singulares según la región natural que se estudie y dichas condiciones se relacionan de manera esencial con diversos factores, tales como el clima y el relieve, que influyen y determinan aspectos tan importantes como el régimen o el caudal de un curso fluvial.

Aguas oceánicas y características del relieve submarino

El accidente submarino más relevante es una gran cordillera meso-oceánica; se trata de un levantamiento tectónico submarino que avanza por el fondo oceánico del Pacífico, desde Acapulco (México) en el N, hasta el Mar de Ross, en el dominio Antártico, en dirección N-S y en forma casi paralela al continente sudamericano, según el meridiano de los 109º de longitud O. Esta cordillera submarina recibe diversas denominaciones entre las que destacan las de Albatros, Gran Dorsal Pacífico-Antártica, Cordillera del Pacífico Oriental o Cordillera Isla de Pascua; presenta, además, varias dislocaciones, fracturas y dos grandes estribaciones.

Así, a la altura de la isla de Pascua se desprenden de ella dos relieves subsidiarios. Uno formado por una sucesión de volcanes submarinos, denominado cordón Nazca, tiene por exponente principal las islas de Sala y Gómez, San Félix y San Ambrosio. El otro relieve positivo se conoce con los nombres de dorsal de Chile o levantamiento occidental chileno, el cual, partiendo desde el mismo punto, llega al continente frente a la península de Taitao. De esta forma, se pueden distinguir en el mar chileno tres subcuencas: la del Perú, que se extiende entre las islas Galápagos por el N hasta el cordón Nazca; desde este último hasta la dorsal de Chile se ubica la subcuenca de Chile, e inmediatamente al S de ésta, la subcuenca austral chilena, que llega hasta la Antártida y comprende el mar de Bellinghausen. El límite oriental de estas depresiones se encuentra en la fosa marginal chileno-peruana. Este relieve oceánico está condicionado por la tectónica de placas, hecho que explica la importancia de la sismicidad en Chile. El territorio nacional, por lo tanto, se encuentra en relación a tres placas diferentes y de distintos tamaños: la placa de Nazca, la placa Sudamericana y la placa Antártica.

La plataforma continental es especialmente estrecha en todo el continente sudamericano; en Chile, por su parte, es extremadamente angosta en la parte septentrional y central del país, y su mayor extensión se localiza en la zona del golfo de Arauco. Hay partes donde sus dimensiones no sobrepasan los 15 km a pesar de que a lo largo del litoral se encuentra una zona deprimida cuya profundidades superan los 4.000 m; se trata de una fosa oceánica en la que se pueden distinguir tres sectores: la fosa chileno-peruana, que se extiende desde El Callao (Perú) hasta Antofagasta, la fosa de Bartholomew, entre Antofagasta y Caldera, y las profundidades de Richards, situadas entre Coquimbo y Valparaíso.

Corrientes marinas

Las corrientes marinas u oceánicas definen desplazamientos horizontales y/o verticales de una masa de agua como resultado directo de la homogeneización de discrepancias permanentes u ocasionales en las condiciones fisicoquímicas inherentes a los diversos ámbitos oceánicos; en el caso de las costas de Chile destaca la llegada e influencia de las siguientes corrientes:

- Contracorriente superficial del Perú, ésta se desplaza en forma superficial y presenta un movimiento N-S; procede de las costas del Perú y afecta especialmente al N del país. Sus aguas son de mayor temperatura, al proceder de latitudes bajas, lo cual se manifiesta de manera preferente en el litoral. La corriente de los vientos del O se origina entre los 40° y 50° de latitud S y tiene dirección O-E. Es fría, debido a la latitud en que se genera. De ella, al enfrentarse con el continente sudamericano, se desprenden dos corrientes superficiales, la de Humboldt y la de la Patagonia.

La corriente de Humboldt se deja sentir a partir de la isla de Chiloé y a partir de ésta, hacia el N. Es una corriente superficial y litoral, aunque en la parte septentrional se sitúa al O de la contracorriente del Perú; proviene de las latitudes medias y presenta unas aguas bastante frías, hecho que explica su alta concentración en oxígeno y, por lo tanto, de la riqueza planctónica del área costera chilena. La Corriente de la Patagonia, por su parte, deriva de la corriente de los vientos del O, la cual al encontrarse con el territorio austral se desvía hacia el S, influenciando toda la zona archipielágica chilena con sus aguas frías.
(Para más información véase el artículo Corriente de Perú).

- Corriente de Gunther, se trata de una corriente cálida que proviene del N y que se desplaza en forma subsuperficial; tiene origen tropical y aporta, por consiguiente, aguas con bajos contenidos en oxígeno y muy apegadas a las costas. Se encuentra inmediatamente bajo la de Humboldt y su influencia se deja sentir hasta la latitud de Talcahuano.

A partir de Valparaíso y hacia el N, en zonas muy próximas al litoral se producen las llamadas surgencias, que se definen como afloramientos de aguas profundas hacia las capas superficiales del océano. Estos afloramientos tienen su origen en los efectos combinados de los vientos, las corrientes marinas y el relieve costero. La importancia de estas surgencias radica en el hecho de que, al aportar agua de mayor profundidad, la temperatura de las mismas es menor, lo cual le confiere mayor posibilidad de oxígeno y riqueza biótica, por lo cual se constituyen en zonas de pesca con mayores perspectivas. También estas surgencias tienen directa relación con las neblinas costeras, las cuales se presentan con mayores densidades y contenido de agua en sus sectores de presencia.

El fenómeno de El niño

Llamado así por presentarse generalmente en Navidad; se trata de un proceso de recalentamiento gradual y paulatino que sufren las aguas del mar cada cierto espacio de tiempo. Se cree que las causas se hallan en la circulación general de la atmósfera a nivel planetario, y sus efectos se dejan sentir desde las islas Galápagos hacia el S, aunque se ha detectado su influencia hasta más allá de Valparaíso. Este fenómeno viene acompañado de lluvias torrenciales en las costas del Norte Grande, marea roja y precipitaciones altiplánicas especialmente intensas. Así, las condiciones oceanográficas varían considerablemente, encontrándose temperaturas altas en las aguas marinas, marejadas y presencia de dinoflagelados o medusas en grandes cantidades.
(Para más información véase Corriente de El Niño).

Aguas continentales

La gran variedad de elementos geográficos que presenta el relieve de Chile permite, a su vez, una amplia gama de cuencas hidrográficas, hecho que permite distinguir con claridad la presencia de cinco zonas o unidades heterogéneas entre sí. Indudablemente, el hecho de que el país sea el más largo del mundo en sentido latitudinal y la presencia de la cordillera de los Andes, con altitudes que sobrepasan los 6.000 m en su parte septentrional y un promedio de 2.000 m en la Región de Los Lagos, hacen que haya una gran variedad de climas que, en definitiva, condicionan la escorrentía superficial y, junto a la topografía singular, permiten la presencia de una característica variedad hidrográfica.

De acuerdo a las características físicas de las cuencas que componen el territorio, se puede decir que la primera zona, la del Norte Grande, es la que tiene menor cantidad de ríos andinos; la segunda, la del Norte Chico, se conoce como zona de los valles transversales y en ésta, los mayores escurrimientos se dan esporádicamente a través de un sector montañoso continuo. La tercera zona, la central-norte del país, tiene seis cuencas andinas con tramas de drenaje dendrítico típicas y a través de ellas corren torrentosos cursos de agua con régimen mixto, es decir, nival y pluvial. La cuarta zona se caracteriza por presentar una serie de cuerpos lacustres y ríos tranquilos de gruesos caudales y, finalmente, la quinta zona hidrográfica, los ríos de la Patagonia, que cuenta con cursos fluviales caudalosos, torrentosos y de trama dendrítica; además, posee una gran profusión de lagos en forma de fiordos interiores que desaguan en estuarios y/o senos; sus aguas son subutilizadas debido a la escasa población que habita en estos territorios.

Así, atendiendo a las características físicas de las cuencas, a los regímenes de escorrentía y de gasto de los ríos y a los caudales comprometidos, se puede dividir el país en las siguientes zonas hidrográficas mayores, según Niemeyer y Cereceda (1984).

Ríos de régimen esporádico en la zona árida de Chile

Esta zona se localiza en la parte septentrional de Chile y comprende las regiones de Tarapacá, Antofagasta y el altiplano de Atacama. Cubre una extensión superficial aproximada de 198.376 km2 y los rasgos que la distinguen son la extrema aridez que impera prácticamente en todo su territorio y, como consecuencia, la intermitencia de los caudales de los ríos. Las precipitaciones son escasas; sólo en la alta cordillera se registran lluvias de verano, las cuales recargan los ríos del área, cuyas cuencas están condicionadas por los rasgos geomorfológicos de manera que sólo algunos logran llevar desaguar en el mar, mientras el resto queda cautivo en numerosas cuencas cerradas, es decir, endorreicas. Estos ríos se caracterizan por presentar un régimen pluvial, siendo la única zona de Chile donde la crecida por lluvias se da en verano. De acuerdo a la naturaleza de las cuencas, su alimentación y su lugar de recarga, las hoyas hidrográficas de esta zona se pueden clasificar de la siguiente manera:

- Cuencas exorreicas, corresponde a las cuencas que llegan a desaguar sobre el océano Pacífico y se trata de unos 50.295 km2 que equivalen al 25% del total zonal. En esta desértica unidad se encuentra la hoya andina más grande de Chile, el río Loa, que se extiende sobre un área aproximada de 33.570 km2. El Loa nace en la alta cordillera, en la falda norte del volcán Miño, y, paradójicamente, es también el río mas largo del país ya que logra atravesar el desierto en un recorrido de 440 km de longitud y desagua al mar un caudal de sólo 300 l/s (0,3 m3/s), ya que a su paso por los resecos terrenos de la Depresión Intermedia la mayor parte de sus aguas se evaporan o se infiltran, o son ocupadas para el regadío de algunos oasis, como el Losana, Chiuchiu, Calama y Quillagua.

Cinco ríos preandinos ocupan la parte más septentrional del país; son el río Lluta, el único que lleva agua en forma permanente; el río San José, la quebrada de Azapa, la quebrada de Víctor, la quebrada de Camarones y, finalmente, la quebrada de Tana o Camiña. En líneas generales, estos ríos han excavado profundos valles y deben salvar una pendiente importante entre sus lugares de nacimiento y su desembocadura en el mar como consecuencia de la constitución geológica y geomorfológica existente, única en el país. No todos los recursos hidrológicos de esta zona pueden ser utilizados, debido a que presentan una alta contaminación por sales; ésto implica que existan en la región serios problemas para el riego de los campos de cultivos, de tal modo que algunas veces sólo se pueden cultivar especies altamente tolerantes, tal y como sucede con la alfalfa y el maíz.

- Cuencas endorreicas, agrupa a todas aquellas cuencas fluviales que no alcanzan a desaguar sobre el mar o el océano. En Chile, salvo una pequeña excepción en la Patagonia, sólo se encuentran cuencas cerradas en el Norte Grande y, en parte, en el Norte Chico. El mayor número de éstas se localiza en el altiplano, donde la topografía montañosa posibilita la formación de cuencas rodeadas por cordones serranos continuos que no permiten el desagüe más que hacia el centro de tales depresiones. Se las encuentra de variados tamaños, siendo la mayor de la Puna la de Pedernales, con 4.900 km2; le sigue la de Maricunga y ambas se encuentran ubicadas en la Región de Atacama y cuentan con unas bases de equilibrio constituidas por grandes salares y lagunas remanentes. Las cuencas encerradas de mayor importancia, tanto por su tamaño como por la potencialidad que encierran, son las que descansan sobre las elevaciones intermedias; destacan las de la pampa del Tamarugal y las del salar de Atacama. La pampa del Tamarugal es la cuenca endorreica más extensa de Chile, ya que cubre una superficie de 18.440 km2 y se desarrolla a lo largo de aproximadamente 220 km. La cuenca del salar de Atacama, finalmente, se prolonga por aproximadamente unos 15.620 km2 y su mayor longitud en sentido N-S es de 210 km; su base de equilibrio es el salar propiamente dicho, en el cual subsisten algunas pequeñas lagunas.

- Cuencas arreicas., se trata de cuencas actualmente inactivas aunque funcionaron gracias a la mayor pluviosidad de épocas pasadas, probablemente vinculada a glaciaciones del Cuaternario. Éstas hoy día sólo tienen escorrentía superficial en excepcionales años de lluvias en los dominios de la cordillera de la Costa y del litoral; tal es el caso de las cuencas de los salares Grande y del Sonoral, Mejillones y el Carmen y las quebradas de la Negra, Taltal y Pan de Azúcar, entre otras menores.

Ríos en torrente de régimen mixto en la zona semiárida

A partir de la Región de Atacama impera un franco exorreísmo que se mantiene hasta la parte más austral de Chile; se caracteriza esta segunda zona hidrográfica por presentar una condición de semiaridez que determina cierta escorrentía superficial en los 115.952 km2 que ocupa. Administrativamente, corresponde a parte de la Región de Atacama y a las regiones de Coquimbo y Valparaíso; comprende las cuencas hidrográficas ubicadas entre los ríos Salado y Aconcagua, ambos incluidos. Geográficamente, presenta un relieve montañoso e irregular ya que forma un sólo bloque que engrana las cordilleras de los Andes y de la Costa. Además, es cortado de oriente a poniente por una serie de valles tectónicos por donde escurren las aguas hacia su base de equilibrio, que es el mar. Es quizás la única parte del país donde no hay manifestaciones volcánicas actuales y la cordillera andina se presenta maciza, a la par que aglutina a las alturas máximas del país. Este hecho, unido a la estrechez del territorio, condiciona que el movimiento de las aguas en superficie sea en forma de torrentes. La apreciable altitud permite, a su vez, que los ríos nazcan en ventisqueros, como es el caso del Copiapó.

Así se puede hablar de cuencas exorreicas andinas, entre las que aparecen las cuencas de los ríos Salado, Copiapó y Huasco, Elqui, Limarí y Choapa, Petorca y la Ligua y Aconcagua así como preandinas, entre las que destacan las de Quebradas, Algarrobal, Chañaral de Aceitunas y Los Choros, Esteros, Lagunillas, Conchalí y Pupió, Quilimarí.

El Limarí y el Aconcagua son los únicos ríos de esta zona que cuentan con centrales hidroeléctricas: Los Molles y Los Quilos. Sus aguas se aprovechan además para el riego de extensos campos agrícolas y para el consumo doméstico e industrial de ciudades tan importantes como Valparaíso y Viña del Mar, entre otras. Uno de los rasgos mas sobresalientes de los ríos de esta zona es la gran variabilidad anual de sus gastos; las cuencas preandinas carecen de recursos superficiales permanentes debido a que sus cabeceras se encuentran en áreas precordilleranas, en las cuales las precipitaciones son débiles y no hay recarga nival. Las cuencas costeras son de corto desarrollo y sólo llevan agua durante el período de lluvias y en muy escasa cantidad. Sólo en años excepcionales de precipitaciones abundantes se activan, y suelen constituir una amenaza tanto para algunos poblados como para los paños de cultivo en que se aprovechan.

Ríos en torrente de régimen mixto en la zona subhúmeda

La tercera zona hidrográfica se desarrolla entre las hoyas de los ríos Maipo y Biobío, ambas inclusive. Cubre una superficie de 110.451 km2 de la zona central, es decir, el 15,3% de la superficie chilena sudamericana. El relieve del área, con la cordillera de los Andes, la depresión Intermedia y la cordillera de la Costa, condiciona que la mayoría de las cuencas tengan redes de drenaje de tipo dendrítico. Sólo el río Itata y algunos afluentes del Biobío presentan redes paralelas determinadas por la geomorfología. Al igual que en la zona anterior, la gran altitud de la cordillera andina, que en su parte más septentrional sobrepasa los 5.000 m, así como la relativa estrechez del territorio, condicionan que la escorrentía tenga unas características de torrente. Además, dichas alturas mantienen una cubierta nival durante los meses de invierno y primavera, lo que determina que el régimen de los ríos sea mixto. En general, los tributarios de los cursos superiores son preferentemente de tipo nival, y los de los cursos medio e inferior, pluvial. En esta zona hidrográfica se encuentran seis cuencas andinas de importantes superficies; la mayor de ellas, la del Biobío, es la tercera en tamaño del país, con 24.029 km2. No hay cuencas preandinas y las costeras son numerosas pero poseen un recorrido muy breve.

En cuanto a las cuencas exorreicas sobresalen las de los ríos Maipo (Yeso, Volcán, Colorado, Mapocho, Punague), Rapel (Cachapoal, Tinguiririca), Mataquito (Teno, Lontué), Itata (Ñuble, Cholguan, Huépil, Diguillán), Maule (Melado, Loncomilla, Longaví, Perquilauquén, Claro), Biobío (Laja, Duqueco, Bureo, Vergara). Mientras, las cuencas costeras destacan por la presencia de los esteros de Casablanca, San Jerónimo, del Rosario, de Cartagena, Yali, Nilahue y Paredones, y ríos Huenchullami, Reloca, Chanco, Cobquecura, Rafael, Lirquén, Andalién.

Los ríos presentan cauces de extensos recorridos y la longitud del río principal y sus afluentes formativos suelen ser de envergadura; de hecho, aquí se encuentra el segundo río mas largo de Chile, el Biobío, con 407 km de longitud total (le sigue el Maipo, con 250 km). En el ámbito cordillerano los cauces son de tipo torrencial, mientras que por la depresión Intermedia discurren de forma más tranquila ya que discurren sobre los depósitos de su llanura de inundación. Otra característica importante de esta zona hidrográfica es que la mayor parte de la energía hidroeléctrica se produce aquí; el 94% de toda la hidroelectricidad chilena se produce en 18 centrales, entre las cuales destacan las de Colbun-Machicura, El Toro, Antuco y Rapel. No cabe duda que es la cuenca del Biobío la que aporta la mayor cantidad de energía, además de ser potencialmente la que cuenta con mejores condiciones para futuras centrales.

Ríos tranquilos con regulación lacustre en la zona húmeda

Desde la cuenca del Imperial, inmediatamente al S del Biobío, y hasta la isla de Chiloé, se suceden toda una serie de cuencas que tienen intercaladas lagunas y lagos en sus cursos. La geomorfología, junto a la pluviosidad, son los factores más determinantes de las características hidrográficas ya que en esta zona el relieve es muy similar al de la zona anterior, salvo que la cordillera andina disminuye en altura y la Costera es especialmente alta y maciza en la parte septentrional. El relieve andino, predominantemente de origen volcánico, ha sido modelado por la acción de los hielos cuaternarios, dejando valles en forma de artesa que son ocupados en la actualidad por las aguas de los ríos andinos. En la mayoría de los ríos principales o sus afluentes, las morrenas o sedimentos glaciales han producido diques que crearon lagos o lagunas generalmente rodeados por escarpadas laderas de montañas cubiertas por bosques hidrófilos. Estos suelos volcánicos y lacustres, así como los depósitos lacustres y glaciares, los valles encajonados y la cubierta vegetal densa, condicionan la presencia de ríos con aguas claras y cristalinas.

Los ríos en esta región presentan un régimen netamente pluvial a causa de la mayor cantidad de precipitaciones a medida que se avanza hacia el sur, a su mejor reparto a lo largo del año, etc. Si bien se cuenta con un gran potencial hidroeléctrico en esta zona, sólo se genera energía en las centrales de Pullinque y Pilmaiquén, en las cuencas de los ríos Valdivia y Bueno. Los ríos costeros adquieren mayor importancia, particularmente por los gastos que presentan. Los ríos que nacen en la cordillera de Nahuelbuta (1.500 m) son más caudalosos ya que el edificio montañoso hace de biombo climático y condiciona una mayor pluviosidad en su área occidental (1.500 mm/año). En esta zona aparece por primera vez en Chile el fenómeno de una cuenca transandina, es decir, una hoya que tiene sus nacientes más allá de los Andes y tras atravesar la cordillera por un portezuelo viene a desembocar al Pacífico; es el caso del río Valdivia.

Estas cuencas exorreicas se pueden clasificar entre Andinas (Toltén, Bueno y Petrohué), Preandinas (Imperial, Maullín y Chamiza),Trasandinas (Valdivia) y, finalmente, Costeras, grupo que aglutina a todo un conjunto de ríos cortos pero caudalosos.

Ríos caudalosos transandinos y campos de hielo en la Patagonia chilena

A partir de la latitud de Puerto Montt, la fisonomía de Chile se transforma radicalmente. La larga y angosta faja de tierra con costas de tipo paralelo cambia da paso a un territorio desmembrado que se caracteriza por presentar dos sectores claramente diferenciados: al E, una franja de anchura variable vertebrada a lo largo de la cordillera de los Andes, que aquí no constituye límite con Argentina, si no que en algunas partes se encuentra prácticamente al centro de esta unidad; y otro sector, al O constituido por una serie de islas y algunos archipiélagos de variados tamaños y características morfológicas.

Los mayores ríos se encuentran en la franja occidental y se hallan condicionados por los Andes; esta cordillera, por su altura, actúa de biombo climático, dejando el lado que enfrenta al mar con un clima extremadamente lluvioso, y allende las montañas, un área de clima relativamente seco. Asimismo, por estar esta zona ubicada en latitudes altas, el macizo andino presenta frecuentemente en sus cumbres nieves eternas o ventisqueros. Por lo tanto, se caracteriza por presentar grandes ríos cuyos valles son de origen glacial y sus caudales de envergadura y de régimen mixto: glacial, nival y pluvial.

En las regiones de Aisén y Magallanes predominan, sobre todo en esta última, sectores de mesetas, relativamente altas, cubiertas por grandes capas de hielo que se conocen con los nombres de Campo de Hielo Norte, Campo de Hielo Sur y Campos de Hielo de Tierra del Fuego. De ellos se desprenden ventisqueros que vienen a alimentar a los grandes ríos patagónicos aunque también pueden caer directamente a los fiordos, que son valles excavados por la acción de los hielos y ocupados posteriormente por las aguas del mar. Destaca el ventisquero San Rafael, puesto aparece como la zona que presenta el mayor número de dominios lacustres, todos ellos de origen glaciar.

El potencial energético de los ríos de la Patagonia es enorme; se han realizado estudios para su aprovechamiento, y se estima que con sus aguas se podrían abastecer la demanda actual, e incluso duplicarla; pero paradójicamente, sólo hay una central que genera 4 mw en la cuenca de Aisén. Tampoco se utilizan estas aguas para riego, por lo que su mayor utilización es para navegación y la exploración turística.

La Patagonia chilena cuenta, a su vez, con cuencas exorreicas y endorreicas; en el caso de las endorreicas sólo destaca Laguna Blanca y en lo referente a las exorreicas, éstas se hallan subdivididas en andinas (Cochamó, Vodudahue, Riñihue, Corcovado, Bravo, etc.), transandinas (Puelo, Yelcho, Palena, Cisne, Aisén, Baker, Pascua, Serrano y Gallegos) y costeras.

Clima

En la determinación de los diferentes climas que se registran en Chile juega un papel fundamental el comportamiento de los factores climáticos. En efecto, mientras en los demás países andinos se observa una variación térmica determinada por la altitud y cercanía o lejanía al mar, en Chile cobra mayor importancia el desarrollo latitudinal del territorio; es decir, el clima va mostrando sus diferentes variedades a medida que se avanza de N a S.

Principales elementos climáticos

Proximidad al océano y corriente de Humboldt

En Chile, a partir de la latitud de Valdivia y hacia el N, las corrientes marinas comienzan a cobrar importancia, ya que sus aguas son anormalmente frías como consecuencia de la presencia de la corriente de Humboldt o del Perú, conformante de la circulación general del Pacífico Sur; se trata de una corriente superficial a la que se agregan fenómenos de surgencia de aguas frías a lo largo de la costa. La presencia de esta corriente modera las temperaturas del dominio más septentrional de Chile, hecho que confiere gran homogeneidad térmica a la zona costera del país en general. La presencia de sectores de esta corriente con una mayor frialdad en sus aguas (una frialdad asociada a los flujos de aire procedentes del sur), permite la generación de importantes neblinas. Además, en aquellos lugares donde la cordillera de la Costa pierde continuidad, las masas de aire húmedo procedentes del mar penetran hacia el interior, y su presencia es perceptible hasta unos 100 km tierra adentro y lo mismo sucede a lo largo de los grandes valles de los ríos.

La presencia del mar a lo largo de todo el territorio, por tanto, es vital en los rasgos climáticos que aquí se dan, esencialmente en su aspecto moderador o regulador de la temperatura tanto en sus variaciones diarias como estacionales. De hecho, la vertiente occidental de ambas cordilleras nota con mayor intensidad la influencia marítima que la oriental.

Relieve

El relieve juega un importante papel en lo referente a la pluviosidad ya que con la altitud descienden las temperaturas y aumenta la humedad del aire. Por lo general, en las laderas de barlovento tiende a llover más y a presentar una mayor humedad atmosférica ya que se encuentra expuesta a los vientos dominantes mientras que las de sotavento se encuentran resguardadas frente a éstos (véase Efecto Föehn). Un buen ejemplo de esto son las camanchacas de la costa del norte del territorio, donde los vientos cargados de humedad son interceptados por la cordillera de la Costa y elevados hasta que se condensa la humedad. En contraposición, el interior del norte esta sometido a una masa de aire superior, seca y estable.

En cuanto a la temperatura, ésta se manifiesta en menor o mayor grado según la altitud (la temperatura tiende a descender unos 0,65 ºC por cada 100 m de ascenso) y la forma del relieve, que además altera la incidencia de los rayos solares en sus vertientes, así como también determina la duración de la insolación diaria; todos estos rasgos están presentes en Chile. De hecho, la insolación es mayor en el límite septentrional, para disminuir paulatinamente hacia el S. No obstante, Chile presenta homogeneidad térmica a lo largo de todo el territorio, ya que hay un predominio franco de los climas templados. La influencia del relieve en los vientos es marcada ya que, por ejemplo, la cordillera de los Andes se constituye como un muro o barrera que frena la llegada de las influencias continentales provenientes del lado boliviano-argentino; a su vez, la cordillera de la Costa hace lo propio con las influencias marítimas. Sin embargo, en este último caso por obstrucción directa canaliza los vientos de la depresión Intermedia, permitiendo que los vientos del S sean una constante, en lugar de ser los del SO.

Presión atmosférica y vientos

La localización de los centros de alta y baja presión determina el régimen de vientos más o menos permanentes que barren el territorio (véase presión atmosférica y viento). Existe un centro permanente de altas presiones, denominado anticiclón del pacífico, que se ubica en el océano, frente al N del país, y que se desplaza entre los 25° (invierno) y 35° (verano) de latitud sur a través del meridiano 90º de longitud O. En él se generan masas de aire que se dirigen al continente. Hacia el S, sin embargo, la presión disminuye con constancia hasta los 70° de latitud S, donde se ubica un centro de bajas presiones denominado vaguada circumpolar. Otro sistema que tiene incidencia en Chile es el de la baja presión continental.

Así, la ubicación de estos centros, en especial del anticiclón de Pacífico, determina la dirección de los vientos y las zonas del territorio que barren, ya que las masas de aire se dirigen de las altas a las bajas presiones.

Temperaturas

Las temperaturas registradas a lo largo del territorio, en términos generales, disminuyen paulatinamente de N a S y mientras que en el sur de África el promedio anual es de 18,7 °C, en Navarino es de 5,9 °C, lo que significa que existe una diferencia de 12,8 °C en casi 37° de latitud; esta misma situación se mantiene hacia el polo Sur. No obstante, existe una anomalía térmica latitudinal, al no corresponder los valores de temperaturas registradas en la costa y en los respectivos promedios hemisféricos. Entre los 20° y los 30° de latitud S se da una diferencia de 2,8 °C por debajo de lo normal, situación que viene motivada por los efectos de la corriente fría de Humboldt. Entre los 50° y los 60° de latitud S, a su vez, la diferencia es de 4,6 °C sobre lo normal, lo cual se justifica por la carencia de tierras en estas latitudes. En resumen, el extremo septentrional del país presenta temperaturas más bajas que lo normal para el hemisferio, y el extremo meridional, temperaturas más altas.

Precipitaciones

La circulación general de la atmósfera adquiere también una importancia capital en la distribución de las precipitaciones, dando origen a una región con escasa o nula presencia de agua en el llamado Norte Grande, una región lluviosa en el extremo sur y una de transición en el centro del país, con un régimen de verano seco e invierno húmedo.

En contraposición con la homogeneidad térmica, la precipitación presenta una extraordinaria variación espacial. En la zona norte se encuentran los lugares más secos del planeta, mientras que en el sur del territorio hay sectores donde se superan los 5.000 mm/año. Desde el límite septentrional del país y hasta los 27° de latitud S, las precipitaciones registradas alcanzan valores inferiores a los 50 mm, demarcando de esta manera una extensa región con características desérticas y al sur de la latitud indicada, la precipitación empieza a aumentar en forma gradual hasta alcanzar valores relativamente importantes en la región insular del territorio.

Clasificación climática de Chile

De los diversos sistemas de clasificación, el de Wladimir Köppen es sin lugar a dudas el más difundido; dicha clasificación ha sido modificada a lo largo del tiempo y adaptada a las condiciones locales, aunque en su esencia misma se mantiene inalterada y para el caso de la clasificación climática de Chile se usará la de este autor aunque con variantes menores.

Climas áridos

Estos climas tienen como característica primordial la escasez de precipitaciones; se localizan desde el extremo N de Chile hasta las proximidades del valle del río Aconcagua (32° 50’ de latitud S) y en ellos es posible distinguir al menos dos variedades: los áridos o desérticos y los semiáridos o de estepa.

Climas áridos subtropicales

Destaca la presencia de climas desérticos con nublados abundantes o desértico costero, que se localizan en la costa, es decir, desde el límite con el Perú hasta el N de la Serena. Presentan alta humedad relativa, escasas precipitaciones, baja oscilación térmica, alta nubosidad y neblinas costeras (o camanchacas). Las lluvias aumentan hacia el sur hasta unos 100 mm anuales. Por su parte, los climas desérticos normales se extienden por la depresión Intermedia, desde su borde septentrional hasta Copiapó, y se caracteriza por la falta casi absoluta de humedad y precipitaciones, así como por la alta oscilación térmica diaria.

Además, aparece un típico clima desértico marginal bajo, que se prolonga desde Copiapó hasta la Serena, es decir, por todo el centro del país. Se dan algunas precipitaciones, y la oscilación térmica anual es baja y la diaria alta. La pluviosidad, entre 24 y 100 mm/año, muestra que se trata de la transición de las zonas desérticas absolutas a las zonas de matorrales. Además, se encuentra un clima desértico marginal de altura, clima que se extiende desde el límite N hasta los 28º de latitud S, más allá de los 3.000 m de altura. Se caracteriza por las bajas temperaturas por efecto de la altura y las escasas precipitaciones en verano, que van descendiendo hacia el S y más allá de los 24º S las precipitaciones son casi nulas. Finalmente, aparece un clima desértico frío, propio de la franja terrestre comprendida entre el límite norte hasta la latitud de la Serena, entre los 2.000 y 3.000 m de altura; presenta bajas temperaturas y escasas precipitaciones (60 mm/año) con una leve concentración en invierno.

Climas semiáridos cálidos o estepáricos cálidos

Destacan las modalidades del clima semiárido con nublados abundantes o estepárico cálido costero, que se da por toda la costa, desde el N de la Serena hasta Zapallar; registra una abundante humedad atmosférica, que penetra hacia el interior por los valles transversales así como a través del avance de las neblinas costeras, que en algunos lugares mantienen asociaciones boscosas o bosques relictos (Fray Jorge, Talinay), propios de la latitud de Valdivia. La oscilación térmica es baja y presenta una media anual de 15 °C; mientras, las precipitaciones invernales no logran superar los 120 mm anuales.

El Clima semiárido templado con lluvias invernales o estepárico cálido interior, finalmente, se ubica al E del anterior, es decir, en la zona de los valles transversales del Norte Chico. Presenta similares características, con mayor amplitud térmica y unas precipitaciones invernales que alcanzan los 200 mm anuales.

Climas templados

Gran parte del territorio chileno se encuentra bajo el dominio exclusivo de los climas templados; éstos, por su parte, extienden su radio de acción e influencia desde los 32º 50’ S hasta los 56º latitud S, o sea, desde las proximidades de Santiago por el N hasta el cabo de Hornos por el S. Sin embargo, destaca la presencia de importantes variedades del clima templado a todo lo largo y ancho del país, con la sola excepción de los fríos de la alta cordillera y el semiárido más austral. La variedad de estos climas templados se produce porque se consideran como tales todos aquellos en que la temperatura media del mes más frío oscila entre los 18º y los -3 ºC. En el dominio templado es posible diferenciar dos grupos principales, los climas templados con lluvias invernales y los climas templados lluviosos.

Climas templados con lluvias invernales

Este clima, a su vez, cuenta con importantes variaciones a un nivel más regional, aparecen así los climas templado cálido con lluvias invernales y gran nubosidad, templado cálido con lluvias invernales y gran humedad atmosférica, templado cálido con lluvias invernales o templado mediterráneo y, finalmente, el templado frío con lluvias invernales.

El clima templado cálido con lluvias invernales y gran nubosidad se ubica en la costa y se prolonga desde Zapallar hasta los 34º de latitud S, por el archipiélago de Juan Fernández. Es la última región hacia el S donde se presenta la típica nubosidad provocada por el anticiclón del Pacífico; presenta baja oscilación térmica anual (6 a 7 ºC), frecuencia de días nublados, precipitaciones invernales de 450 mm, con 7 a 8 meses secos. El clima templado cálido con lluvias invernales y gran humedad atmosférica, por su parte, se ubica al sur del anterior en una estrecha franja costera que alcanza la ciudad portuaria de Lebu. La nubosidad atmosférica es esporádica, la amplitud térmica moderada, la humedad relativa del aire elevada y las precipitaciones son de más de 800 mm anuales a la par que tienden a concentrarse entre los meses de abril y noviembre.

El clima templado cálido con lluvias invernales o templado mediterráneo ocupa la depresión Intermedia, entre el norte de Santiago y los 38º de latitud S. Las precipitaciones oscilan entre los 400 y los 750 mm; suelen aparecer concentradas durante el invierno a la par que aparece una estación seca que se prolonga entre unos 7 u 8 meses. En el dominio de este clima las precipitaciones aumentan hacia el S y, además, de O a E. A la altura de Talca, por ejemplo, la estación seca es de seis meses. La amplitud térmica es marcada, ya que la influencia del mar se encuentra muy atenuada por la presencia de la cordillera de la Costa. Finalmente, el clima templado frío con lluvias invernales, que se ubica al E del anterior, en una angosta franja precordillerana y en cuyos dominios la temperatura media no sobrepasa los 10 ºC; aparece una amplitud térmica elevada y unas precipitaciones que rondan los 1.000 mm/año, intensamente concentradas a lo largo del invierno.

Climas templados lluviosos

Los climas templados caracterizados por la presencia de unas mayores precipitaciones también muestran claras diferencias regionales; así, aparecen los climas templado cálido lluvioso con influencia mediterránea o templado oceánico, templado lluvioso, templado frío lluvioso con influencia mediterránea y, finalmente, el templado frío lluvioso sin estación seca o de tundra.

Así, el clima templado cálido lluvioso con influencia mediterránea o templado oceánico se extiende desde el paralelo 38º de latitud S hasta Puerto Montt y se prolonga tanto por la Depresión Intermedia como por la costa. Llueve a lo largo de todo el año, pero las precipitaciones son notablemente inferiores a lo largo de la estación estival; así, el total de precipitaciones va desde los 1.100 mm/año registrados en Temuco hasta los 2.500 mm anuales medidos en la zona de Valdivia. La temperatura media, por su parte, es de unos 12 °C. Mientras, el clima templado lluvioso propiamente dicho comprende desde Puerto Montt hasta el paralelo 49º de latitud S y presenta lluvias todo el año, repartidas de manera homogénea a lo largo de los doce meses del año hasta sumar más de 2.000 mm anuales. La temperatura media es de unos 10 ºC y aparece una baja oscilación térmica.

El clima templado frío lluvioso con influencia mediterránea se prolonga desde los 36º de latitud S (Chillán) hasta los 40º S, en las proximidades del lago Ranco y destaca como una franja esencialmente precordillerana. La altura provoca un descenso de las temperaturas (media de unos 8 a 9 ºC) y un aumento de las precipitaciones, que comienzan a ser preferentemente nivosas (1.800 mm/año). De esta manera, llueve a lo largo de todo el año con gran concentración en invierno y aparece una elevada amplitud térmica. Finalmente, el clima templado frío lluvioso sin estación seca o de tundra se desarrolla en las islas del sur de Chile, más allá de la península de Taitao y en algunos lugares precordilleranos. Sus principales características son la presencia de una gran pluviosidad, homogéneamente repartida a lo largo de todo el año a pesar de mostrar importantes máximos en los meses de marzo y abril; además, todos los meses tienen una temperatura media inferior a los 10 ºC (la temperatura media de unos 6 o 7 ºC).

Climas fríos

Se diferencia entre el clima frío por efecto de la altura y el clima frío de características polares. Así, el clima frío de altura se ubica en todos aquellos puntos cordilleranos donde la altura no permite que ningún mes tenga una temperatura superior a los 0 ºC y donde existen importantes dominios enmarcados por la presencia de nieves eternas; son las zonas de campos de hielos glaciares del sur. Mientras, el clima frío polar se ubica en el Territorio Antártico Chileno, es decir, entre los 53 y los 90º de longitud O. Las temperaturas, por su parte, son bajísimas y las precipitaciones sólidas.

Otros

En Chile se dan también otros climas de regiones muy particulares como es el clima tropical lluvioso, concentrado en la isla de Pascua, único lugar en Chile donde existe un clima cálido tropical; presenta una escasa amplitud térmica, precipitaciones abundantes durante todo el año y una temperatura media anual de 21 ºC. Luego se encuentra el clima semiárido frío con lluvias invernales o estepárico frío, que se presenta en las pampas patagónicas al oriente de la cordillera, en el extremo S de Chile y que se caracteriza por ser seco y frío así como por presentar unas precipitaciones anuales entre 250 y 420 mm. En algunas localidades las lluvias son invernales y en otras se reparten equitativamente entre los meses, con una leve disminución de las mismas durante la primavera. La temperatura media anual es de 7 ºC y presenta una amplitud térmica de 9 ºC; sólo los meses de diciembre, enero y febrero tienen temperaturas medias superiores a los 10 ºC.

Suelos

El desarrollo de los suelos en Chile se halla asociado a diversos factores, entre los que se encuentran los geológicos, los geomorfológicos, los climáticos, etc. Destaca, sin embargo, la intensa actividad volcánica que está presente en todas las acciones del modelado del paisaje natural. De esta manera y debido a las condiciones montañosas de Chile, que presenta fuertes pendientes entre los relieves de la cordillera de los Andes y el nivel de base del océano Pacífico, la tendencia general en los suelos es a presentar poco desarrollo en sus perfiles y, por lo tanto, dominan los suelos jóvenes ya que cuentan con una breve evolución.

El material que ha originado estos suelos es variado y su origen corresponde a procesos de meteorización de rocas antiguas, procesos que favorecen el desarrollo de suelos in situ; a depósitos de cenizas volcánicas, que pueden agruparse dando lugar a densas e importantes formaciones de loess; a depósitos glaciales, fluvioglaciales o aluviales (véase suelo aluvial), que dan lugar a la aparición de suelos más jóvenes.
(Para más información véase el artículo Suelo).

Suelos del Norte Grande

La región del Norte Grande presenta tres tipos de suelos fundamentales:

- Los suelos pardo-rojizos o aridosoles, se ubican en la franja litoral junto a la desembocadura de los escasos cursos de agua existentes (ríos y quebradas) y se caracterizan por presentar influencia de neblinas costeras o camanchacas, lo que permite el desarrollo de una limitada capa vegetal herbácea que convive con especies esencialmente xerófitas.

- Los suelos desérticos rojos o entisoles, se sitúan en los dominios de la depresión Intermedia, desde Tarapacá hasta el valle del río Copiapó; debido a las altas temperaturas y a la falta de agua, son suelos pobres y desprovistos de materia orgánica (véase humus). Sin embargo, en los oasis y valles locales (Lluta, Azapa, Camarones) se realiza una limitada actividad agrícola, destinada a la plantación y a la explotación de cítricos y olivos.

- Los suelos grises o molisoles, se localizan en el altiplano o puna y están constantemente afectados por la oscilación térmica diaria y por las precipitaciones estivales convectivas, que aportan al suelo unos 200 mm de precipitación anual. Poseen escasa materia orgánica y abundan, en cambio, los elementos minerales. La vegetación local está claramente estratificada, encontrándose los siguientes pisos vegetacionales: tolar (3.000-3500 m), estepa andina (3.900 m), llareta (4.500-5.000 m).

Suelos de transición del Norte Chico

Los suelos propiamente de transición entre el Norte Grande y el Norte Chico muestran, como mínimo, dos tipos de suelos claramente diferenciados:

- Los suelos de praderas o mollisoles, se localizan en la franja costera que se prolonga desde La Serena a Horcón. Su color es pardo a causa del alto porcentaje de humedad y es el asiente de una típica vegetación compuesta de arbustos y hierbas mesófitas, bien adaptadas a la salinidad y a la sequedad. No obstante, es posible encontrar sectores de bosques de relictos, cuya existencia se debe a la influencia de neblinas costeras que son atrapadas por el follaje de los árboles.

- Los suelos pardo-cálcicos o alfisoles, se hallan ubicados en la depresión Intermedia, y descansan entre Coquimbo y el río Aconcagua. Son suelos fértiles debido al aporte de la humedad marina que penetra a través de los valles y cuenta con una vegetación compuesta de plantas perennes y especies xerófitas. La zona de cordones transversales, además, presenta unas óptimas condiciones para el desarrollo de la fruticultura.

Suelos de la zona central

El dominio central del Chile, por su parte, es el más protegido frente a la influencia marina y presenta unos suelos caracterizados por su potencialidad agrícola y por ser el asiento de densas masas boscosas. Aparecen un total de tres tipos de suelos principales:

- Los suelos pardos no cálcicos o inceptisoles, localizados en la depresión Intermedia, entre los cursos fluviales del Aconcagua e Imperial. Poseen un grado de fertilidad mayor, asociado a un aumento de las precipitaciones, lo cual permite el desarrollo de una próspera agricultura, especialmente en el valle longitudinal central.

- Los suelos pardos forestales, ubicados en la precordillera, se extienden desde Illapel a Temuco y se caracterizan por la llegada de abundantes precipitaciones, lo cual permite el desarrollo de una vegetación boscosa en la que destacan especies como el quillay, el litre, el belloto, el molle, el maitén, el maqui, el canelo y el roble.

- Los suelos de pradera o mollisoles, ubicados en la franja costera, desde el Aconcagua hasta la Séptima Región. Presenta características de humedad concordantes con la situación climática a la par que las especies vegetales típicas son la chamisa, la doca, el boldo y, finalmente, el litre.

Suelos húmedos de la zona sur

Las características climáticas reinantes en Chile condicionan el incremento de las precipitaciones en sentido N-S, es decir, las lluvias son mucho más abundantes en el dominio meridional del país que en el N, sector caracterizado por una intensa aridez. La llegada de importantes precipitaciones también condiciona el desarrollo edáfico, que en esta zona presenta tres tipos principales de suelos:

- Los suelos pardos rojizos, se prolongan desde los 39º de latitud S (Toltén) hasta el Canal del Chacao; son suelos de relieves altos, de color rojo claro muy degradado por la erosión; de acuerdo a lo anterior, sólo pueden ser utilizados para la forestación.

- Los suelos de cenizas volcánicas, que sobresalen por su gran diversidad; destacan, en primer lugar los trumao, que se extienden desde Talca hacia el S y al pie de la cordillera andina aunque también se encuentran en Chiloé y Aysén. Es un suelo rico en materias orgánicas de color oscuro y/o pardo oscuro. Por otro lado, se encuentran los ñadi, que se ubican en la Depresión Intermedia y, principalmente, en las regiones más planas.

- Los suelos pardos o ultisoles, se localizan en Osorno y Llanquihue; son ricos en humus y presentan un color oscuro o negro. La humedad aportada por la llegada de una mayor cantidad de precipitaciones permite el desarrollo de una vegetación densa y boscosa.

Suelos de la zona austral

El dominio más meridional del territorio chileno se caracteriza por la presencia de suelos de tundra, podsólicos o de pradera fría a causa de las extremas condiciones climáticas.

- Los suelos de pradera alpina o podzólicos, se ubican entre los 48 y 51º de latitud S y se extienden sobre las orillas de numerosas islas y fiordos; son ricos en humus, lo que, asociado a las precipitaciones abundantes, permite la existencia y el desarrollo de diversas especies vegetales, tales como el coihue, ñire, canelo y el ciprés de las Guaytecas.

- Los suelos de pradera fría, se sitúan en dos sectores: región oriental de Chiloé y Aysén, y sector austral de la región de Magallanes. Son aptos para la ganadería, ya que la vegetación local característica (mallines) se usa como forraje.

- Los suelos de tundra, se encuentran en las partes centrales de las islas australes y también en las cercanías de la Antártida. La vegetación de líquenes, hongos y musgos en cojín es característica de esta región (véase tundra).

Flora

La flora se define como el conjunto de especies vegetales que se encuentran en un lugar determinado y este concepto implica considerar como elemento florístico a un grupo de especies que comparten una distribución geográfica y probablemente un origen común, y permite la caracterización y delimitación espacial de especies (véase Biogeografía).

Asimismo, se entiende por vegetación, la estructura o modo en que las especies vegetales ocupan el espacio disponible, y es también el aspecto propio que presentan las agrupaciones de plantas como componentes de un paisaje. Una región vegetacional se define por la conjunción de un cúmulo de factores ambientales, geológicos, geomorfológicos, climáticos, edáficos y evolutivos, cuyo efecto usualmente determina los modos de vida característicos de los organismos en un ambiente determinado. Debido a los rasgos particulares que adquieren los sistemas ecológicos y los complejos ambientales en que se asientan, una región puede ser dividida en subregiones y éstas a su vez en unidades menores. Una comunidad o asociación vegetal es una agrupación local de especies vegetales que resulta de condiciones específicas del ambiente (se caracteriza por la presencia de una especie o un grupo de especies típicas) y habitualmente, la comunidad es denominada por sus dos especies más representativas.

Clasificación de la vegetación natural

Chile es un país que por su extensión longitudinal N-S, por su heterogeneidad en el relieve y por las diversas variaciones climáticas que presenta, cuenta con una rica y diversa flora natural. En el N del país, sin embargo, la cubierta vegetal son formaciones de cactáceas ya que el dominio desértico va ganando terreno. La vegetación aumenta hacia latitudes más meridionales gracias, en gran parte, al incremento de las precipitaciones y de la humedad, características que permiten el desarrollo de diversos arbustos y árboles de hojas resistentes, es decir, esclerófilos, tal y como sucede en el caso del litre, el guayacan y el peumo. Más al S se hallan el roble, el avellano, la araucaria y el alerce, entre otros. Una parte importante de la flora de Chile se halla en graves peligros de extinción y de todo ésto se deduce la existencia de diversas regiones claramente diferenciables desde el punto de vista florístico.

Región del desierto

Constituye la parte más austral del desierto costero del Pacífico de América del Sur aunque tiene como límite occidental el litoral oceánico, es principalmente un desierto interior con una altitud media aproximada de 1.500 m sobre el nivel del mar. Abarca los abruptos acantilados costeros, las serranías de la cordillera de la Costa, las grandes depresiones interiores y las laderas occidentales de la cordillera de los Andes. Además, por sus características ecológicas distintivas es posible reconocer en el desierto cuatro subregiones:

Subregión del desierto absoluto

Corresponde al territorio en que las precipitaciones son insignificantes y el aporte hídrico proviene de la presencia de napas freáticas o de aluviones ocasionales que descienden de los Andes. La vida vegetal está ausente en gran parte de su extensión, salvo en condiciones muy particulares, y la rara vegetación presente está muy alterada por la influencia humana (una comunidad vegetal típica es la de brea-grama salada). Otras agrupaciones vegetales de origen antrópico se encuentran en los grandes valles y quebradas del desierto, donde se presentan gran cantidad de especies de plantas introducidas con comportamiento de malezas, que son tanto de origen tropical como mediterráneo, mientras que los restos de la vegetación natural sólo se hallan en los sectores intermedios de las grandes quebradas.

Una vegetación particular, que en el pasado ocupaba una mayor extensión, es la de los bosques espinosos, cuya forma más actual corresponde principalmente a plantaciones de tamarugos (Prosopis juliflora) y algarrobo blanco. En ambientes con influencias favorables para el desarrollo de la vida vegetal, como son los macizos montañosos costeros con altitudes de hasta 3.000 m, se presentan pequeñas comunidades de cachiyuyo-calpiche. Hacia el límite sur de su territorio, finalmente, donde destaca la influencia de precipitaciones ocasionales, se hallan comunidades de cuerno de cabra-añañuca y otras propias del denominado desierto florido.

Subregión del desierto andino

Es el piso vegetacional superior del desierto y está ubicado en las laderas occidentales de la cordillera de los Andes, entre unas altitudes de 1.800 a 3.500 m; presenta condiciones ambientales más que favorables para el desarrollo vegetal debido al efecto ecológico de la altitud y a las influencias marginales de las precipitaciones que ocurren en la alta cordillera, destacando las cactáceas en su fisonomía. Una de las comunidades típicas es la de los quiscos candelabros, que se extiende ralamente por las laderas rocosas medias de la precordillera. En el mismo ambiente, pero más hacia el S, el paisaje está dominado por comunidades de cactus cavul, especie que suele alcanzar tamaños considerables.

El carácter más típico corresponde a las áreas con influencia de los grandes aluviones, en los que se dan comunidades de ojalar-malvilla y cachiyuyo-oreganillo. En sectores de mayor altitud se encuentran comunidades propias de la estepa alto-andina, que se caracteriza por la presencia de arbustos xerófitos bajos y extensas superficies sin ninguna vida vegetal (comunidades representativas son las de rica-petaloxa y allaval-cauchal). El desierto andino abarca también la gran cuenca del Salar de Atacama y sus alrededores, que presentan grandes extensiones sin vegetación, si bien existen comunidades esteparias desarrolladas que se encuentran dominadas por especies del género Atriplex. Una comunidad arbórea de cierto desarrollo, que se encuentra en la parte baja del cauce de las quebradas y en los oasis, es la de algarrobo blanco-chañar, que comparte los sectores cultivados y cuyas características son debidas casi totalmente a la influencia humana.

Subregión del desierto costero

Se extiende en forma muy irregular a lo largo de la costa oceánica, desde el nivel del mar hasta aproximadamente unos 1.500 m de altitud, y la vida vegetal presenta un desarrollo excepcional debido a la acción favorable de frecuentes neblinas costeras. Su fisonomía mas característica se encuentra en Paposo (II Región de Antofagasta). La vegetación, a menudo abundante y con endemismos notables, puede describirse a través de dos agrupaciones: una que crece en las laderas bajo la influencia directa de las neblinas y otra que ocupa las quebradas y aguadas (las cactáceas columnares y las globosas son siempre dominantes). La comunidad más representativa es la de lechero-rumpa, que se sitúa en los sectores altos de acantilados costeros, en laderas sujetas a la acción de la neblina y en los roqueríos de las cumbres cercanas al mar. Otra agrupación típica, la de copiapoa-sosa, se presenta sobre sustratos arenosos en la base de los acantilados y las cercanías del mar, y en sitios con fuentes de agua se halla la comunidad de hierba del salitre-grama salada (ambas son especies de amplia distribución).

Subregión del desierto florido

Sus características están determinadas por la influencia de precipitaciones irregulares durante el invierno; se ubica en extensas llanuras arenosas y su fisonomía consiste en una cobertura rala de arbustos bajos, además de numerosas plantas geófitas y efímeras que surgen con las precipitaciones. Comunidades vegetales típicas del desierto florido, propias de grandes extensiones llanas y arenosas, son las de suspiro-hierba rosilla, cuerno de cabra-añañuca y coronilla-suspiro del campo.

La vegetación del desierto florido también puede encontrarse en los sectores montañosos intermedios, muchas veces como comunidades vegetales de matorrales fuertemente raleadas por la sobreexplotación. Uno de los grupos más característicos es el de algarrobilla-pacul, que presenta numerosas especies arbustivas xerófitas y suculentas caracterizadas por su excepcionalidad y alto endemismo.

Región de la estepa alto-andina

Es la vegetación que se desarrolla en los territorios áridos de la cordillera de los Andes. Las formas de vida vegetales se pueden agrupar en tres tipos biológicos fundamentales: las plantas pulvinadas y en cojín o llaretas, las gramíneas en mechón o pastos duros (conocidos también como coirones) y los arbustos bajos de follaje reducido o tolas. Durante la estación favorable a menudo se presenta un denso tapiz de plantas anuales de breve existencia.

A partir de las características ecológicas resultantes del gradiente latitudinal y la acción del relieve y del clima, es posible distinguir dos subregiones.

Subregión del altiplano y la puna

Se trata de la estepa alto-andina, con un relieve de altiplanicies con más de 4.000 m de altitud. El altiplano (véase altiplano andino) está sujeto a un régimen climático de influencias tropicales de lluvias de verano, que más hacia el S, en la puna, sólo constituyen una influencia marginal.

La comunidad vegetal más típica está formada por los pajonales, con paja brava-huailla, que aparece en extensas superficies cubiertas por gramíneas ubicadas en los grandes llanos arenosos de mayor altitud. Otras agrupaciones características son los tolares, con tola-paja brava y ampliamente distribuidos en lugares de altitud media, y los llaretales, en los que domina esta forma de vida pulvinada (llareta). Una agrupación vegetal que recibe el nombre genérico de bofedal, dominada por paquial, está constituida por un complejo florístico y vegetacional que se encuentra ubicado en los cursos de agua. Una comunidad arbórea alto-andina es la de los queñuales, con queñoa-checal, cuyo dosel superior puede alcanzar varios metros de altura; la explotación de especies leñosas para su uso como combustible ha modificado fuertemente su estructura.

El paisaje vegetal de la puna presenta arbustos bajos esparcidos entre la estepa de gramíneas en mechón, en la que hay grandes extensiones sin vegetación. Sus comunidades vegetales características tienen una amplia distribución: paja iro-pizaca, con un claro dominio de gramíneas en mechón y presente en sectores llanos y arenosos; pizacas-tola vaca, tola-lampayo, muy frecuente en el territorio norte y, finalmente, el coirón amargo, que es característico de los sectores más altos de la cordillera de los Andes y señala generalmente el límite altitudinal de la vegetación.

Subregión de los Andes mediterráneos

Las estepas alto-andinas de los Andes mediterráneos se caracterizan como unidad natural por dos factores físicos principales: se trata de un territorio con precipitaciones invernales en un gradiente que aumenta de N a S, y presenta un relieve abrupto y montañoso, con laderas rocosas intensamente escarpadas. La zonación altitudinal de las comunidades vegetales es marcada a pesar de que la forma de vida dominante son las plantas bajas, herbáceas o arbustivas, de carácter pulvinado, aunque en muchos lugares predominan las gramíneas en mechón, también denominadas coirones.

A mayor altitud, la agrupación de llaretas-llaretina está ampliamente distribuida, y en ella dominan las especies de crecimiento compacto, es decir, en cojín. La comunidad vegetal típica y más ampliamente distribuida es la de neneo-chuquiraga, una estepa de arbustos bajos, a menudo espinosos, asociados a hierbas de florecimiento estival. En sectores de mejores condiciones ambientales existe una mayor presencia del hábito arbustivo, con especies como la chuquiraga-guindillo.

En las faldas de las laderas, donde destaca la presencia de una fuerte participación de los elementos esclerófilos, la comunidad más característica es la del duraznillo-horizonte, con el aspecto de un matorral bajo y relativamente denso. A veces la fisonomía del paisaje vegetal alcanza un porte arbóreo, con frajel-guindillo, agrupación de distribución amplia y en la cual a menudo participa el ciprés de la cordillera, el quillay o el coirón de vega-junquillo, una de las agrupaciones más importantes en lugares húmedos o vegas que son característicos en toda la extensión de los Andes mediterráneos.

Región del matorral y del bosque esclerófilo

Es propia de la zona central del país, con paisajes complejos y muy alterados (son escasas las muestras de vegetación original). Predominan los arbustos así como los arboles de hojas esclerófilas, y también diversos arbustos bajos xerófitos y suculentas, arbustos y árboles espinosos y laurifolios con gran desarrollo en altura; el predominio de una u otra forma de vida ha permitido la distinción de tres subregiones:

Subregión del matorral estepario

Es un territorio con precipitaciones bajas e irregulares en el que un intenso pastoreo, unido al desarrollo de la extracción de leña, muestra un paisaje dominado por diversas comunidades de arbustos bajos muy esparcidos, con un denso estrato de hierbas anuales. Las formas de vida principales son los arbustos bajos de hojas duras, a menudo espinosas aunque en temporadas favorables hay un gran desarrollo de un estrato herbáceo primaveral, con lo cual la fisonomía se aproxima al desierto florido, a pesar de que normalmente hay extensas áreas de suelo descubiertas.

En las áreas litorales, regiones sujetas a la influencia oceánica y con frecuentes neblinas, hay una vegetación con mayor cobertura y desarrollo; una de las comunidades más extensamente repartidas es la de palhuén (Adesmia arborea) y alcaparra, en especial sobre sustratos arenosos. También es frecuente el monte negro y el chilco blanco, mientras que la chamisilla-cardón es la comunidad vegetal característica de las terrazas litorales. En lugares favorables de las laderas bajas o en el lecho de las quebradas se presenta la comunidad subarbórea del litre y guayacán; además, en pequeñas cuencas protegidas y en las laderas de exposición S que presentan condiciones favorables se desarrollan comunidades boscosas aisladas, con molle y lilén.

Por su parte, la vegetación que ocupa los llanos y las serranías del interior no recibe influencia directa del océano, debido a lo cual la aridez de los ambientes es más acentuada; así, el rumpiato y la maravilla del campo se sitúan en las laderas rocosas de exposición N, especialmente en sectores de mayor altitud, donde a veces de encuentran grandes poblaciones de carbonillo. En los cauces pedregosos de los ríos y en las quebradas se observan, junto a los cultivos, reducidas poblaciones de algarrobo (Ceratonia siliqua) y espino.

Subregión del matorral y del bosque espinoso

Representa a una vegetación muy heterogénea y modificada por la acción humana; las formas de vida dominantes son arbustos fuertemente espinosos, a menudo de tipo suculento o caducifolio de verano. En el área septentrional (más xerófita), la vegetación actual es sólo una fracción de la original y las comunidades típicas son las de algarrobos y huingán (algarrobo y espino), que se ubican en los sectores de escasa pendiente de los grandes valles y quebradas. En las laderas bajas y pedregosas se presentan agrupaciones de espinos-huañil, o de espino-maravilla del campo y una comunidad boscosa presente en los lugares más favorables es la del quillay-guayacán.

Entre las muchas situaciones degradadas de este bosque están las agrupaciones de colliguay-palhuén, en laderas bajas, y colliguay-huañil, en sectores altos. Sobre los afloramientos rocosos se encuentra chahual-palhuén. Más hacia el S existe una vegetación de origen secundario que se ha desarrollado en el territorio de un bosque esclerófilo y sobre una topografía de cerros, la comunidad dominante en el paisaje vegetal, con aspecto de matorral denso y en la que domina el trevo-colliguay. Una agrupación con fisonomía de matorral alto, frecuente en sectores costeros, es la del boldo-trevo y otra comunidad subarbórea frecuente es la de espino-litre, ubicada preferentemente a las faldas de montes pedregosos. En quebradas y laderas sombrías se encuentra el litre-boldo, comunidad que puede formar bosques, y en lugares planos, con pendientes suaves así como en relieves de lomas aparecen importantes formaciones de espinos y maitén, agrupación heterogénea en estructura que caracteriza al paisaje vegetal en gran parte de la zona central del país.

Subregión del bosque esclerófilo

Se extiende por las laderas medias de ambas cordilleras, con una composición florística dominada por elementos arbóreos esclerófilos. Es un bosque muy intervenido, con diferentes estados regenerativos que casi siempre le otorgan aspecto de matorral. En áreas próximas a la costa, las comunidades boscosas más representativas son las de peumo-molle, litre-boldo, y palma-litre, con una distribución muy localizada. Una agrupación característica, con componentes esclerófilos y laurifolios, es la de belloto-patagua, que se encuentra junto al cauce de quebradas así como en las laderas muy húmedas. Matorrales espinosos muy abundantes en las laderas de los cerros son los de trevo-colliguay, y los de chagual-quisco, que se presentan sobre afloramientos rocosos.

En las laderas bajas y medias de la cordillera de los Andes, por su parte, las comunidades más representativas son de quillay-litre, en las laderas intermedias, y quilla-colliguay, en las laderas altas y rocosas. La agrupación boscosa de mayor desarrollo en este ambiente es la de peumo-quillay, donde ocupa valles y laderas de exposición S. Finalmente, en las quebradas y en los esteros se encuentran el lingue (Notaphoebe lingue) y chequén (véase arrayán).

Región del bosque caducifolio

Se extiende sobre las regiones de clima templado y sequía estival breve y en su distribución más septentrional ocupa posiciones montañosas sobre los 800 a 1.000 m de altitud; hacia el S, sin embargo, va progresivamente ocupando la depresión Intermedia y su característica es la presencia en el estrato arbóreo de las especies del género Nothofagus, que tienen hojas caducas de tamaño mediano. En esta región se pueden determinar tres subregiones según la posición latitudinal y la fisiografía:

Subregión del bosque caducifolio montano

En ambas cordilleras aparece en forma relicta, en altitud y de reducida extensión, con comunidades vegetales fuertemente intervenidas. La comunidad que define a este ambiente tiene en el estrato superior un dosel continuo de roble blanco (Quercus alba), con peumo (Cryptocaria alba) en una posición intermedia; el sotobosque suele ser muy poco denso. En lugares rocosos o de alta pendiente aparece la quila (Chusquea quila, Kunth), matorral con alta cobertura que da el aspecto de una población pura. En muchos sectores de la cordillera andina se encuentran reducidos rodales de ciprés de la cordillera-litrecillo, y en los niveles altitudinales inferiores son frecuentes los componentes esclerófilos, como el quillay-litre. En valles húmedos y en las laderas de poca pendiente expuestas al sur se encuentra el roble-lingue. Una comunidad escasa que se da junto a cursos de agua es la de coihue-mañío de hojas largas y en las condiciones ambientales más favorables se encuentra el raulí-canelo, masa boscosa de gran riqueza florística pero de presencia poco habitual.

En la cordillera de la Costa, por su parte, la vegetación natural se manifiesta especialmente en los bosques de hualo, distribuidos en las cumbres, laderas y quebradas más próximas al litoral. Entre sus comunidades características están el hualo-corcolen, que ocupa las condiciones ambientales menos favorables, y el hualo-avellano, que representa la fase más húmeda y de mayor desarrollo; dicha comunidad se distribuye por el cauce de las quebradas y en las laderas de exposición S mientras que en los sectores más degradados se encuentra la agrupación litre-corcolén.

Subregión del bosque caducifolio del llano

Aparecen bosques de hoja caduca que se distribuyen en situaciones bajas y ocupan la Depresión Central y los relieves montañosos de poca altitud; se trata del área geográfica típica del roble. Las comunidades arbóreas más características son las de roble-lingue, frecuente en laderas orientales de la cordillera de la Costa, y DE roble-laurel, ampliamente repartida sobre los lomas de origen morrénico que se distribuyen a los pies de la cordillera andina. En valles y laderas húmedas es frecuente la asociación boscosa de roble-coihue, y en sectores sombríos con condiciones ambientales favorables, las masas arbóreas laurifolias de olivillo-laurel. Una comunidad de carácter invasor es la de lluvia de oro-retamillo, y otra agrupación invasora, muy frecuente, es la zarzamora-espinillo, que se presenta como masas puras sobre terrenos rozados o quemados y suele aparecer al borde de los caminos. En sectores más áridos es frecuente la comunidad de roble-peumo, y en las quebradas húmedas se encuentra el roble-mañíu de hojas largas, frecuente pero de distribución local.

Subregión del bosque caducifolio andino

El bosque caducifolio andino aparece en las estribaciones de la cordillera de los Andes, que presentan mayor precipitación y temperaturas más bajas que los ambientes de la depresión Central; se trata de bosques densos con un dosel muy alto, jalonados por especies laurifoliadas como el raulí (Nothofagus procera). En el área norte se encuentran bosques de roble-raulí, con estructura poco estratificada y con un sotobosque muy denso. Una comunidad frecuente en los niveles altitudinales superiores, en valles y laderas sombrías, es la de coihue-chaura, y hacia su límite meridional son los bosques de raulí y coihue los que dominan mientras se distribuyen a lo largo de un estrecho piso altitudinal de situaciones ecológicas más húmedas y frías. En lugares húmedos y con mayor desarrollo del sustrato, en especial lugares de altitud media, es frecuente el ciohue-tepa, y en las laderas bajas se puede contemplar el olivillo-laurel.

Región del bosque laurifolio

Se distingue por la presencia de grandes árboles perennifolios de hojas en general grandes, brillantes y de color verde oscuro. La fisonomía es la de un bosque denso de estratificación compleja, casi una selva, cuya área geográfica es reducida y fragmentada. Se considera que la vegetación del archipiélago de Juan Fernández pertenece a esta región vegetacional, debido al parentesco biogeográfico y a la similitud de sus ambientes ecológicos. Esta región está formada por dos subregiones, claramente diferenciadas:

Subregión del bosque laurifolio de Valdivia

Se encuentra preferentemente en tierras bajas y en las laderas de ambas cordilleras. En sus comunidades destacan especies como el olivillo (Phillyrea angustifolia), el ulmo (Eucryphia cordifolia), la tepa y el tineo. Hay matices locales a causa de un gradiente climático progresivamente más lluvioso y frío hacia el S, lo cual provoca una mayor abundancia de especies coníferas como el mañíu o el alerce, y la participación de coihue (Nothofagus dombeyi) de Chiloé, como elemento importante en las comunidades boscosas. Hay también una variación importante en los pisos altitudinales superiores, donde interviene como limitante de importancia las bajas temperaturas invernales y la ocurrencia periódica de fenómenos catastróficos debido al activo vulcanismo.

Una de las comunidades más características y frecuentes es la de olivillo-ulmo, que ocupa preferentemente el piso altitudinal inferior. Otra agrupación boscosa es la del ulmo-tineo, muy frecuente en el sector más austral, en especial en los pisos altitudinales medios. Son también frecuentes los bosques con coihue-tepa, relativamente más hidrófilos, y de tepa-arrayán, en lugares donde el dosel superior del bosque ha sido intervenido. En sectores más húmedos y bajos se encuentran densas agrupaciones pantanosas de petro y arrayán, mientras que el área más austral de este ambiente es ocupado por poblaciones de tepú (Tepualia stepularis).

Subregión del bosque laurifolio de Juan Fernández

El mosaico vegetacional del archipiélago de Juan Fernández es muy heterogéneo debido al relieve, las alteraciones provocadas por el hombre y las condiciones ambientales diferentes de cada una de sus islas. A causa de un clima oceánico lluvioso con una baja amplitud térmica, su vegetación es la de un bosque laurifolio (véase laurisilva). La comunidad que mejor resume la composición florística de los bosques de montaña baja y media de la isla de Masatierra es la de lumilla-canelo. En el bosque o matorral denso de montaña alta o media domina la agrupación de cuminia-corcolén mientras que en los lugares expuestos así como en los grandes claros de bosque es frecuente una comunidad de pastos dominada por las gramíneas en mechón, como la flechilla y el polipogon. Por el relieve de la isla Masafuera, el paisaje vegetal muestra una marcada estratificación altitudinal; la comunidad que representa la composición general del bosque de montaña baja y media en la isla es la de naranjillo-luma mientras que en los lugares abiertos se encuentran diversas agrupaciones, como la de coironcillo-flechilla.

Región del bosque andino-patagónico

Es el territorio cubierto con bosques de la cordillera andina sur y austral y el paisaje vegetal está dominado por la lenga, especie caducifolia de hojas pequeñas, presente en varias de las comunidades de este ambiente. Se pueden identificar dos subregiones en esta región:

Subregión de las cordilleras de la Araucanía

Son bosques alto-montañosos cuya característica principal es la presencia de la araucaria como árbol dominante. La distribución de las comunidades vegetales está definida por la precipitación y el relieve, con excepción de la cordillera de Nahuelbuta, que es un verdadero vestigio de los eventos biogeográficos del pasado. La comunidad más característica y ampliamente distribuida es el bosque de araucarias y lenga, en el nivel altitudinal superior, sujeto a precipitaciones nivales. Otra agrupación boscosa es la de araucaria y coihue, en los sectores medios de las laderas occidentales de la cordillera de los Andes, donde las precipitaciones tienen una mayor influencia. Hacia las laderas orientales más áridas se encuentran bosquetes de araucaria-coirón, insertos en un paisaje de características esteparias.

En este dominio aparecen con frecuencia comunidades arbustivas y herbáceas relacionadas con las estepas alto-andinas y con las formaciones esteparias patagónicas. Las más representativas son las de zarcilla-maillico, con arbustos bajos y a menudo pulvinados, y vautro-coirón, frecuente en las grandes extensiones llanas. En la Cordillera de la Costa, aparte de las comunidades típicas de araucaria y lenga, se observan agrupaciones de ñire, en el nivel altitudinal superior y en los sectores más expuestos; coihue-avellano, en piso altitudinal intermedio y en laderas húmedas y sombrías; raulí-coihue, en las laderas occidentales con alta precipitación, y roble-raulí, en posiciones intermedias.
(Para más información véase el artículo La Araucanía).

Subregión de las cordilleras patagónicas

Se extiende por los Andes australes, en condiciones ambientales con cierto grado de continentalidad y precipitaciones reducidas, a menudo en forma de nieve. Con frecuencia limitada a cordones montañosos con presencia de glaciares, su distribución principal se halla en las vertientes de las cordilleras, cubriendo las laderas y los grandes valles. El paisaje vegetal es homogéneo, de fisonomía boscosa, formada por masas puras, de lenga o coihue de Magallanes, con un sotobosque ralo y un estrato herbáceo pobre en especies. Las comunidades más típicas de los bosques caducifolios micrófilos son las de lenga-canelillo, en laderas altas y medias, con distribución geográfica muy amplia, y lenga-maitén chico, frecuente en toda formación pero especialmente en su área austral. Posiciones ambientales más húmedas muestran una comunidad mixta heterogénea, con coihue de Magallanes-lenga. En niveles altitudinales superiores y laderas expuestas al viento, la comunidad característica es de lenga-parrillita, con aspecto de monte achaparrado. Otra comunidad similar en su fisonomía de arbustos intricados y tortuosos, es la de ñire (Nothofagus antarctica), distribuida en los límites altitudinales. Una agrupación boscosa rara es la de ciprés de la cordillera-radal, típica por su dosel arbóreo ralo. Un matorral alto, denso, propio de las laderas rocosas de las montañas, es el de notro-vautro, característico de los valles abrigados de la XI Región de Aisén del General Carlos Ibáñez del Campo.

En los sectores más áridos, en el límite con las estepas patagónicas, se encuentran agrupaciones típicas de ñire-calafate, con aspecto boscoso y a menudo de matorral alto; ñire-vautro patagónico, que conforma pequeños bosquetes de dosel superior ralo, y chaura-mata verde, conjunto arbustivo ampliamente distribuido, especialmente en el territorio más austral. Un conjunto boscoso de distribución local, pero frecuente en lugares húmedos, es coihue de Magallanes-canelo y, finalmente, las omunidades características de los sustratos pantanosos y turbosos son la de brecillo-esfagno y la de bolax-chaurilla.

Región del bosque siempreverde y de las turberas

Es un territorio con altas precipitaciones y temperaturas bajas y estables a la par que presenta un relieve complejo y diversificado ya que incluye sectores montañosos de las cordilleras patagónicas, campos de hielo y archipiélagos ubicados desde el S de la isla de Chiloé (X Región de Los Lagos) hasta el cabo de Hornos (XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena). En ella se pueden distinguir tres subregiones.

Subregión del bosque siempreverde con coníferas

Son bosques pobremente diversificados con un dosel relativamente abierto y un estrato arbustivo denso. Los árboles característicos son las coníferas, como el alerce o el ciprés de Guaytecas, acompañados por especies de coihue, de hojas pequeñas y perennes, y mañíos. En la parte más boreal, en laderas bajas y valles occidentales de la cordillera de los Andes, y en las islas y fiordos próximos, destacan especies de coihue, acompañando a alerces, en las partes altas, y a los cipreses de Guaytecas, en las partes bajas más húmedas. Las comunidades boscosas más comunes son las de alerce-coihue de Magallanes; coihue de Magallanes-colihue, típica en las altitudes mayores; coihue de Magallanes-mañío macho, de amplia repartición geográfica, especialmente en lugares altos; y, finalmente, coihue de Chiloé-mañío macho, en sectores bajos y más próximos al mar.

En las áreas costeras al sur de Valdivia, en las islas y en los archipiélagos más boreales, el paisaje vegetal es de carácter boscoso y denso; son frecuentes las comunidades arbóreas y arbustivas pantanosas que a menudo llegan a constituir turberas. Entre las agrupaciones más típicas están las de alerce-tepú, en las laderas bajas y planos húmedos; alerce-oreobulos, que es una formación turbosa; y coihue de Chiloé-mañío macho, un bosque alto ubicado en lugares bien drenados de laderas superiores. Otra comunidad característica es la de ciprés de Guaytecas-tepú, ampliamente distribuida en pendientes suaves y en sectores planos inundados.

Subregión del bosque siempreverde micrófilo

Dominan los bosques de coihue de Magallanes, un árbol perennifolio micrófilo que constituye el elemento principal del paisaje. En su sector septentrional la comunidad típica es el coihue de Magallanes-tepa, a veces acompañado de mañíu hembra. En localidades bajas se encuentra el coihue de Magallanes-colihue, un bosque de altura menos específico en el dosel superior y con un sotobosque poco denso, aunque de amplia distribución geográfica. Más al sur el bosque se vuelve más simple y está representado por la agrupación de coihue de Magallanes-michay, que se trata de un bosque abierto y de amplia distribución.

Existen componentes caducifolios micrófilos que ocupan situaciones ambientales específicas y entre ellos están el matorral de ñire-calafate, agrupación de arbustos altos ubicada en sectores más fríos y sobre cauces pedregosos, y el bosque de lenga-maiten chico, que alcanza a veces gran desarrollo en las laderas de las montañas. En el sector más austral, especialmente en la XII Región de Magallanes y la Antártica Chilena, los bosques siempreverdes micrófilos adquieren un carácter más hidrófilo y se ubican en las laderas orientales de las cordilleras y en los sectores más favorecidos de los archipiélagos, formando un paisaje complejo, ya que se distribuyen en mosaico con los bosques caducifolios y las turberas. Entre las comunidades más características están los bosques de coihue de Magallanes-mata verde, en relación directa con la estepa patagónica, y coihue de Magallanes-chaura, una formación local y muy frecuente en el piso altitudinal superior.

En los archipiélagos magallánicos se distribuye ampliamente una comunidad boscosa de dosel bajo, intrincado y subarbóreo, de coihue de Magallanes casi puro. Otras comunidades de interés son las de canelo-leña dura, matorrales arborescentes propios de la Tierra del Fuego y ñire-pangue, matorral abierto y frecuente. Entre las comunidades turbosas presentes están brecillo-bolax, bolax-chaurilla y astelia-donatia.

Subregión de las turberas y la estepa pantanosa

Se caracteriza por ser una vegetación de ambientes casi subantárticos y cubre las islas de los archipiélagos situados en el extremo austral del país. El paisaje está constituido por formaciones de plantas pulvinadas, cespitosas, arbustos bajos y matorrales. En condiciones muy favorables es posible encontrar comunidades boscosas. En su parte boreal son frecuentes las agrupaciones de carácter boscoso en laderas bajas protegidas y en los sectores de mejor drenaje. Entre ellas están las de coihue de Chiloé-mañíu macho, poco frecuente y siempre cerca del litoral; coihue de Chiloé-tepú, con fisonomía de matorral alto y denso; coihue de Magallanes-mañíu macho, a veces abundantes en condiciones locales, y ciprés de Guaytecas-tepú, frecuente en sectores planos y de poca pendiente. Hacia la parte austral, las condiciones ambientales más severas limitan el desarrollo arbóreo. En condiciones favorables, sin embargo, existen formaciones arbustivas y boscosas. Entre ellas están el coihue de Magallanes, con carácter sucesional y a menudo sobre morrenas glaciares, y el coihue de Magallanes-chaura, quizás representando un estado más avanzado en la sucesión ecológica.

En su distribución sur, y donde las condiciones son más limitantes, predominan las turbas musgosas y de ciperáceas, junto a matorrales bajos y estepas pantanosas. La vegetación leñosa alta es excepcional y existen extensas superficies de vida vegetal. Las comunidades más frecuentes son las de brecillo-orebolus, comunidad turbosa de condiciones ambientales muy húmedas y frías, y bolax-chaurilla, con aspecto de estepa turbosa con plantas pulvinadas similar en fisonomía al brecillo-bolax, que tiene una amplia distribución en los archipiélagos. La comunidad turbosa más representativa de este ambiente es la de astelia-donatia, que forma las turberas más extensas en las regiones australes. Estrechamente imbricadas con ellas están las agrupaciones de brecillo-esfagno, una comunidad compleja que alterna turba musgosa con matorral arbustivo bajo y abundante, y brecillo-marsipospermo, una estepa pantanosa con arbustos bajos.

Región de la estepa patagónica

Se encuentra en el extremo árido-frío del gradiente climático de la zona austral del país. Muestra la fisonomía esteparia característica, con gramíneas en mechón o coirones y arbustos bajos de hojas reducidas. En su margen occidental ocurren con frecuencia elementos florísticos de los bosques andino-patagónicos y se distinguen dos subregiones:

Subregión del matorral y de la estepa patagónica de Aisén.

Esta representada por una estrecha franja de territorio situado en los macizos montañosos patagónicos, donde el gradiente ambiental muestra sus características más limitantes. Destaca la presencia del neneo y del duraznillo, además de la participación de diferentes especies de coirón y de cadillos (Xanthium strumarium, L.).

Las agrupaciones donde predominan las gramíneas son las de coirón-cadillo, abundante en situaciones favorables, y coirón-neneo, frecuentes sobre suelos con algún grado de erosión. Una estepa de arbustos bajos, casi rastreros, y gramíneas en mechón muy frecuentes, es la de vautro-coirón, una unidad vegetacional denominada coironal que se encuentra sobre todo en grandes extensiones llanas y arenosas. Otra comunidad arbustiva frecuente es la de vautro-cadillo, que corresponde a estados de degradación del medio. En situaciones ecológicas especialmente favorables se encuentran comunidades arbustivas de desarrollo variable. Entre ellas están el duraznillo-neneo, que forma un matorral abierto; notro-vautro, un matorral subarbóreo, y ñire-vautro, agrupación propia de cursos de agua o lugares bajos húmedos.

Subregión de la estepa patagónica de Magallanes

Se encuentra hacia el E de los bosques caducifolios y su fisonomía es homogénea, con gran predominio de arbustos bajos aislados, hierbas cespitosas y gramíneas en mechón. Una de las comunidades esteparias más frecuente, donde predominan las gramíneas en mechón, es la de coirón dulce-coironcillo, que tiene una amplia distribución. Otra agrupación con predominio de las formas arbustivas, es la de la mata verde. La comunidad de pichi-coirón dulce, esta conformada por arbustos bajos, y se presenta localmente en suelos arenosos y pedregosos. Entre la vegetación arbustiva alta y subarbórea está el canelo-leña dura, matorrales arborescentes cuya distribución ha disminuido por influencia humana.

Espacios protegidos

El territorio chileno incluye más de una treintena de espacios protegidos y todos ellos se pueden clasificar atendiendo a su localización. Así, en el sector más septentrional del país, es decir, en las regiones de Antofagasta, Atacama, Coquimbo y Tarapacá, se encuentran los espacios protegidos de Lauca, Pampa del Tamarugal, Pan de Azúcar e Isluga, entre otros.

En es sector central, por su parte, se encuentra el mayor número de parques y reservas; destacan Río Simpson, Queulat, Radal Siete Tazas, La Campana, Laguna de San Rafael, Bosque Fray Jorge, Conguillio, Laguna del Laja, Nahuelbuta, Tolhuaca, Río Clarillo, Río de los Cipreses, Villarrica, Laguna Torca, Lago Peñuelas y Coyaique.

En el extremo meridional del país, es decir, en los dominios de las regiones de Los Lagos, Magallanes y la Antártica Chilena se localizan los parques del Alerce Andino, el Cabo de Hornos, Alberto de Agostini, Bernardo O’Higgins, Magallanes, Torres del Paine, Puyehue y Vicente Pérez Rosales.

Finalmente, los dominios insulares de Chile también poseen zonas protegidas por su riqueza y biodiversidad natural y paisajística, el archipiélago de Juan Fernández, Rapa Nui y Chiloé son los más destacados.

Geografía humana: población y actividades

Orígenes de la población chilena

La composición actual de la población chilena es fruto de una larga historia cuya característica esencial es el mestizaje. A la llegada de los españoles a Chile, en el siglo XVI, el país estaba poblado por numerosos grupos indígenas que habían logrado distintos niveles en su desarrollo cultural. Algunos, como los tehuelche y los ona, nómadas que vivían de la pesca y de la caza; otros, realizaban una vida más sedentaria, como los diaguita, mapuche, los picunche y los huilliche, trabajaban la tierra. Estos últimos grupos eran los más numerosos y, naturalmente, tuvieron mayor importancia en el proceso de mestizaje.

El elemento español, que, junto al indígena, originó la base del mestizaje durante la Colonia, provenía principalmente de Castilla y Andalucía. Posteriormente, en el siglo XVIII, se produciría una importante inmigración vasca que llegó a jugar un rol preponderante dentro de los grupos dirigentes. Otros grupos de inmigrantes, como ingleses y franceses, llegados en el periodo colonial, fueron poco numerosos, aunque tuvieron alguna influencia en la formación de la población actual. A mediados del siglo XIX, el proceso de colonización fue organizado por el gobierno chileno, que favoreció la llegada de colonos alemanes a las zonas rurales del sur: Osorno, Valdivia y Llanquihue, tarea que se vio complementada en las últimas décadas con la llegada de nuevos colonos europeos que se instalaron en la región de La Araucanía.

Desde fines del siglo pasado hasta las primeras décadas del siglo XX, la inmigración espontánea ha sido heterogénea, y los descendientes se han asimilado a la población existente, como ha sucedido con yugoslavos, que se asentaron en Antofagasta y en Magallanes. En síntesis, la población chilena es mestiza y en una gran mayoría blanca, lo que permite hablar de una cierta homogeneidad racial y cultural, que es notoria si se le compara con otros países latinoamericanos.

Volumen, densidad y distribución

La población de Chile es de 15.598.500 habitantes (2001) y presenta una densidad media de 18 hab/km2, la cual resulta baja en relación a los otros países latinoamericanos. Esto se debe principalmente a que casi un 80% del territorio chileno no tiene condiciones de habitabilidad, debido a la existencia de importantes montañas, hielos y desiertos. Por otra parte, si comparamos las densidades regionales encontramos grandes diferencias en la distribución de la población y dicha irregularidad es achacable a factores tanto culturales como naturales.

Factores naturales

El clima ha favorecido el poblamiento en la zona centro-sur y ha obstaculizado el asentamiento en las regiones de los extremos norte (árido) y austral (frío). Los recursos naturales y las actividades que se originan de ellos, como la minería y la agricultura, también influyen en el poblamiento. El relieve es otro factor importante, ya que la población vive preferentemente en las áreas bajas de la Depresión Intermedia así como en las planicies litorales. La zona andina, salvo el altiplano y algunas laderas cordilleranas, está prácticamente deshabitada, y en la cordillera de la Costa vive una población escasa. La presencia del agua es un elemento digno de tener en cuenta, ya se hable de ríos, lagos, oasis y quebradas, pues siempre constituye un factor de atracción para el asentamiento humano.

Factores culturales

A partir de la conquista, los núcleos de población tendieron a ubicarse en la zona central, y sólo a fines del siglo XIX se empezaron a poblar los extremos del territorio nacional. La excesiva centralización política, administrativa y económica del país ha propiciado un gran desequilibrio poblacional y el crecimiento desmedido de la capital. Esta realidad se ha tratado de revertir con el proceso de regionalización iniciado en 1974, pero los resultados son muy limitados todavía debido a la falta de mayores incentivos y autonomía en el desarrollo de las regiones.

Clasificación de la población por regiones

Zona norte

Las regiones de Tarapacá, Antofagasta, Atacama y Coquimbo, que conforman esta zona, tienen una población de 1.782.283 habitantes aproximadamente (2001) y ésta se ubica en una superficie que constituye, a su vez, el 40% del territorio nacional continental. Debido a la escasez del agua y a la aridez del clima, hay poca actividad agropecuaria y la población se concentra casi exclusivamente en los centros urbanos y portuarios del litoral. La excepción son las ciudades mineras del sector cordillerano, como Chuquicamata, Calama y el poblamiento altiplánico de origen aymara. Hay también un poblamiento lineal en torno a algunas quebradas y oasis que se aprovechan para la agricultura, como Azapa, por ejemplo y lo mismo ocurre en los valles de Copiapó y Huasco. La Región de Coquimbo cuenta con una densidad de 12,4 hab/km2, y su centro es la conurbación La Serena-Coquimbo. En una posición E-O, la población ocupa los valles de Elqui, Limarí y Choapa, con tierras fértiles muy ricas para la agricultura.

Zona centro-sur

La zona centro-sur se ubica entre la Región de Valparaíso y la Región de Los Lagos; en este espacio, que corresponde al 28,3% del territorio continental, se concentra el 87,5% de la población chilena. los centros urbanos de estas zonas se encuentran en la Depresión Intermedia, exceptuando Viña del Mar, Valparaíso, Concepción y Valdivia, que se ubican en la costa. Con la Región de Valparaíso se inicia un sector de alta concentración poblacional: su densidad de población es de 83,8 hab/km2, predominando la población urbana costera en la conurbación Valparaíso-Viña del Mar.

La población de la Región Metropolitana alcanza la impresionante cantidad de 6.297.000 habitantes (2001): el 39,6% de la población total. La densidad de población es altísima con respecto al resto del país: 333,8 hab/km2, y se concentra principalmente en el gran Santiago, la ciudad capital, que reúne, además, gran parte del poder político, administrativo y económico de la nación. En sus alrededores hay ejes de poblamiento con centros urbanos menores que representan una posibilidad de desarrollo para descongestionar el gran Santiago, como Melipilla y Curacaví. En las regiones de O’Higgins y del Maule el asentamiento humano tiende a concentrarse en la Depresión Intermedia, que posee condiciones óptimas para la agricultura, así se suceden ciudades como Rancagua, Curicó y Talca. La VI Región tiene una densidad poblacional de 42,1 hab/km2, y la VII Región, 27,5 hab/km2.

En la Región del Biobío, cuya densidad poblacional es de 46,8 hab/km2, se vuelve a presentar el máximo de concentración en el sector urbano costero de Concepción y Talcahuano, y se mantiene en la Depresión Intermedia una concentración de población rural y urbana en ciudades como Chillán y Los Ángeles. La Región de la Araucanía sigue concentrando su población en la Depresión Intermedia, en ciudades como Victoria, Temuco y Loncoche, mientras la población rural se extiende en las laderas cordilleranas y sectores costeros, representada principalmente por la población mapuche. La densidad de población de la región es de 24,3 h/km2. La Región de Los Lagos tiene gran parte de sus centros urbanos localizados en la Depresión Intermedia: Los Lagos, La Unión, Osorno y Puerto Montt, y en la costa, Valdivia. La isla de Chiloé también tiene centros urbanos, ya que en la costa se ubican Ancud y Castro. La densidad de población de la Región es de 14,2 h/km2.

Zona austral

Esta zona comprende las regiones de Aisén y Magallanes y a pesar de que su superficie alcanza casi el 32% del territorio nacional, excluyendo la Antártida, tiene una población muy reducida (258.000 habitantes, 2001) y las densidades más bajas del país: Aisén 0,8 hab/km2 y Magallanes 1,08 hab/km2. Esto puede explicarse, en parte, por las condiciones naturales de inaccesibilidad y por el tardío poblamiento de esta zona. En ambas regiones predomina el asentamiento interior en las mesetas y estepas trasandinas. La población urbana es la de mayor importancia, y se concentra en Aisén, Coihaique, Punta Arenas y Puerto Natales.

Dinámica del crecimiento de la población

El crecimiento poblacional chileno ha sido permanente a partir de la primera mitad del siglo XIX, aunque no de manera homogénea, según consta en los datos censales; gracias a éstos se observan dos momentos importantes: a mitad del siglo XIX, coincidiendo con un periodo de prosperidad económica, y posteriormente en el siglo XX. Este segundo momento es la consecuencia exclusiva de una alta tasa de natalidad y de una baja tasa en la mortalidad, alcanzando gracias a los avances de la medicina y salubridad pública, ya que la inmigración al país ha sido muy reducida.

Crecimiento de la población en el siglo XX

Entre 1900 y 1940, la escasa diferencia entre la alta tasa de natalidad y la alta tasa de mortalidad es la causa del bajo crecimiento poblacional. La alta mortalidad se explica principalmente por las condiciones de higiene y los deficientes servicios de salud pública. En este período, la esperanza de vida era baja. Entre 1919 y 1922, por ejemplo, el promedio de vida era de 32 años, y una década más tarde alcanzaba sólo los 40 años. La mortalidad infantil también era muy alta, llegando a registrarse en el año 1935 una tasa de 257‰, una de las más altas del mundo en cuanto a mortalidad en niños menores de un año.

A partir de la década de 1940 esta situación ha ido variando de manera notable; se han dado importantes pasos en materia de salud e higiene y se han mejorado las redes de agua potable y alcantarillado. Con estas condiciones favorables aumenta progresivamente la esperanza de vida (1940: 41,8 años; 1960: 57,1 años). El consiguiente resultado de este proceso se observa en el alto proceso experimentado por la población chilena, que alcanzo su nivel máximo en 1960, con una tasa de crecimiento de 2,5% anual. Desde 1965 en adelante, la tasa de natalidad decreció, en parte respondiendo a un mayor desarrollo económico y social que favoreció acciones de planificación familiar establecidas a partir de 1962 por el Servicio Nacional de Salud. En 1991, la tasa de natalidad era de 21,3‰ y la de mortalidad general era de 5,6‰, lo cual ofrece un crecimiento vegetativo de 1,57% para este año. La tasa media de crecimiento intercensal 1982-1992 es de 1,55% anual. Así, el crecimiento de la población chilena puede estimarse lento y moderado en relación a Latinoamérica y moderado-alto con respecto a Europa, cuyas tasas de crecimiento no sobrepasan el 1% anual. Si se mantiene el ritmo de crecimiento, se espera que para el año 2025 Chile tenga entre 19 y 20 millones de habitantes.

Composición de la población según sexo y edad

La población de Chile se compone de un 51% de mujeres y un 49% de hombres, proporción que se ha mantenido sin una variación significativa en los últimos censos y que tiene relación con una mayor mortalidad masculina. Este porcentaje equivale a un índice de masculinidad de 96,6: en promedio, por cada 100 mujeres del país hay 96,6 hombres.

El índice de masculinidad varía a nivel regional: un índice sobre 100, de predominio de población masculina, se encuentra en las regiones I, II, III, VI, VII, X, XI y XII, y bajo 100, con predominio de población femenina, en el resto de las regiones, especialmente Valparaíso y Santiago. Una de las principales causas de las diferencias de los índices de masculinidad en las distintas regiones se debe a las migraciones. La zona central, especialmente Valparaíso y Santiago, son polos de atracción para la población femenina, que encuentra fuentes de trabajo en el sector servicios. En los sectores rurales, en cambio, predomina la población masculina, lo mismo que en las regiones extremas del país donde los varones son mayoría. Esto se debe fundamentalmente a la importancia geopolítica de ambas zonas y al tipo de actividades económicas que se desarrollan: minería en el norte y ganadería en el sur.

En un lapso de 30 años, la estructura de la población por edades ha variado notablemente: disminuye la población infantil-juvenil menor de 19 años y aumenta enormemente la población adulta y de la tercera edad. Por la reducción de la natalidad se ha contraído la base de la pirámide, en tanto que por la disminución de la mortalidad y la extensión de la esperanza de vida, que para la población chilena es de 72 años, ha aumentado considerablemente el grupo de adultos y el de la tercera edad. La población chilena está en una etapa de transición en la que la población de 0-10 años es el 39,2%, la de la 20-64 el 54,6% y la que tiene 65 años y más un 6,2%. Por lo tanto, la población joven mantiene su importancia.

Composición de la población según sus características económicas

En Chile más de la mitad de la población puede desarrollar actividades económicas, aunque la población económicamente activa es, según los datos de octubre-diciembre de 1992, de 4.990.430 personas, cifra equivalente a un 37,5% de la población total. Esta proporción ha ido aumentando si la comparamos con periodos anteriores: en 1970 la población económicamente activa era de un 30% y en 1982 de un 32,5%. El aumento experimentado se debe a un mayor desarrollo económico, a la creciente incorporación de la mujer al campo del trabajo y a una disminución de la tasa de paro (4,4%), aunque todavía se mantiene la relación por la cual de cada persona activa dependen dos inactivas.

En las estructuras de actividades de Chile predominan las terciarias, es decir el peso de su economía está en la producción de servicios y no en la producción de bienes, razón por la cual cabe incluirlo entre los países en vías de desarrollo.

- Sector primario (extracción de materias primas). La población que trabaja en la agricultura ha crecido levemente en la última década: en 1982 era de un 16,2% y en 1992 de un 18%. La minería sólo ocupa un 1,8% de la fuerza de trabajo, lo cual se debe a su alto nivel de mecanización. En conjunto, la actividad primaria ocupa un total del 19,8% de la población económicamente activa.

- Sector secundario (elaboración y manufactura de materias primas). Este sector abarca un 24,13% de la fuerza de trabajo, que es un 4,7% superior al año 1980. Este aumento se debe, en gran medida, a la expansión del área de la construcción, que en 1980 era inferior al 5% y en 1992 sobrepasa el 7%.

- Sector terciario (comercio y servicios). En 1984 contaba con un 54% de la población económicamente activa y en 1992 aumentó a un 56,4%; por lo tanto, los servicios y el comercio siguen siendo las actividades que ocupan a la mayor parte de los trabajadores del país.

Características educacionales de la población

La variable más importante es el nivel de alfabetización, que en Chile se ha elevado en un plazo relativamente corto. A partir de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, dictada en 1920 y promulgada con el texto definitivo en 1929, se impulsó la alfabetización y la escolaridad en el país. A comienzos de siglo, sólo la mitad de la población de 15 años sabía leer y escribir, y a partir de 1950 llegaba a un 80% y en los últimos censos sobrepasaba el 90%. El nivel educacional de un país se conoce también por el número de personas matriculadas en escuelas y centros de estudios superiores. En Chile, el número total de alumnos matriculados en 1993 corresponde a 3.242.316 alumnos, que representan un 24% de la población total de Chile. El aumento de matriculados en la Enseñanza Preescolar está en relación directa con la mayor participación de la mujer en el campo laboral; y el aumento de matrículas en la Educación Superior se explica por el numero de universidades que han proliferado a partir de la promulgación de la Ley de Universidades en 1981.

La población según su área de residencia urbana o rural

Hasta 1930 predominó la población rural; a partir de la década de 1950 se produjo el fenómeno inverso y actualmente el 83,5% de la población chilena reside en áreas urbanas, mientras que sólo un 16,5% vive en medios rurales, aunque esta proporción varía en función de las regiones. Hay altas tasas de urbanización en los extremos N y S, por sus condiciones naturales y la escasez de actividades agropecuarias, que hacen que la población se concentre en las ciudades. Las regiones del centro del país son altamente urbanizadas, como en los casos de Valparaíso (90,2%) y Santiago (96,5%). Las demás regiones presentan tasas inferiores a la tasa nacional, pero siempre sobre el 50%. Respondiendo a su vocación agrícola, las tasas más bajas de urbanización se encuentran en la región del Maule, La Araucanía y Los Lagos.

Ciudades chilenas

El sistema urbano chileno es desequilibrado, lo mismo que sucede en la mayor parte de los países en vías de desarrollo. La gran ciudad capital, Santiago, tiene un volumen de población muy elevado, más de un tercio del total de la población; las ciudades que la siguen, en cuanto al monto de población, corresponden a conurbaciones. Es el caso del gran Valparaíso, conurbación conformada por Valparaíso-Viña del Mar a las que se agregan Villa Alemana y Quilué. En conjunto suman 803.300 habitantes y ocupan el segundo lugar en el rango poblacional urbano, lo cual representa el 5,8% de la población total del país. El tercer lugar del volumen poblacional lo ocupa la conurbación Concepción-Talcahuano-Coronel, con 618.390 habitantes que corresponden a un 4,5% de la población chilena.

Migraciones internas

En el gran aumento poblacional de las ciudades en el último medio siglo ha influido mucho la migración rural-urbana, que reduce la población rural y aumenta la concentración urbana. El movimiento migratorio de la población rural se realiza por etapas: primeramente los migrantes se dirigen a los centros urbanos más pequeños y cercanos a su lugar de origen; posteriormente se desplazan a ciudades más grandes, que suelen ser las capitales regionales desde donde es fácil para muchos emigrar después a la capital del país.

Según el censo de 1992, el total de migrantes en el país, en el periodo 1987-1992, fue de 800.940 personas, de las cuales un 49% eran mujeres y un 51% hombres. Sólo predomina el elemento femenino en la Región Metropolitana, con un 53%. Ésta sigue manteniéndose como el gran polo de atracción y entre 1987 y 1992 inmigraron a la capital unas 113.691 personas. En resumen, la población de las áreas rurales sigue mirando hacia los grandes centros, como la meta de aspiración de surgimiento; los grandes y pequeños centros urbanos se convierten en focos de inmigración que reciben el flujo del éxodo rural. La Región Metropolitana sigue siendo atractiva para todos los habitantes del país, aunque en menor medida que en periodos anteriores, y su población sigue manteniendo, desde hace treinta años, un porcentaje similar al de la población total del país, lo cual significa que hay ciertos avances en el proceso de regionalización.

Actividades económicas

Minería

La actividad minera en Chile se remonta al periodo prehispánico. Pueblos como los atacameño y los diaguita aplicaron la metalurgia del cobre y el oro en la confección de utensilios y adornos; sin embargo, el auge de la producción minera en Chile comenzó en el siglo XIX con la explotación de la mina de cobre de Tamaya y posteriormente con la extracción del salitre a partir de la segunda mitad del siglo XIX y hasta las primeras décadas del XX. El cobre en la actualidad representa una de las riquezas más importantes de Chile y en el año 1992, el ingreso por venta de cobre, considerando solamente la producción de CODELCO, empresa estatal que es la principal productora de cobre en Chile, fue superior a los 2.700 millones de dólares.

La actividad minera en Chile se divide en tres grandes grupos: recursos mineros metálicos, recursos mineros no metálicos y recursos combustibles. La riqueza minera de Chile es la base de una de las actividades económicas más importantes, debido al empleo que genera y a los ingresos por divisas que tiene el país con la exportación. De todas las actividades mineras de Chile, la más importante es la del cobre, producto del cual Chile es el principal productor mundial. Además, el cobre es importante debido a que trae consigo grandes cantidades de otros minerales de gran rentabilidad, como el oro y la plata.

En Chile hay también grandes yacimientos de otros minerales metálicos y no metálicos. Muchos de ellos no se explotan en la actualidad por problemas de costo de producción, aunque se perfilan como opción para el futuro cuando el desarrollo tecnológico pueda ofrecer nuevos procesos de extracción y producción que transformen en rentables recursos que ahora aparecen como no rentables. Con respecto a los recursos combustibles, existen en Chile dos regiones claramente vinculadas a la extracción de dichos recursos: la Región del Biobío a la producción de carbón y la Región de Magallanes a la extracción de gas y petróleo.

Agricultura, ganadería y silvicultura

La agricultura en Chile, que fue tradicionalmente un sector de crecimiento lento, ha dejado de serlo al entrar en una dinámica más ágil como consecuencia de la organización empresarial que ha penetrado en la actividad agropecuaria y forestal a partir de 1980. El impulso en la producción, generado por la apertura a las exportaciones y la valorización de la tierra, ha producido un superávit en la balanza comercial agrícola y un notorio aumento en las fuentes de trabajo.

Las consecuencias derivadas de este proceso de modernización agrícola han influido en varios aspectos de la vida nacional, destacando algunos efectos inmediatos, como los cambios en el uso del suelo, las técnicas de cultivo y una verdadera revolución en lo referido a infraestructura agroindustrial. La infraestructura vinculada a la actividad hortofrutícola ha cambiado el paisaje rural de Chile central: aparecieron múltiples estructuras, como empacadoras, plantas de frío y una considerable cantidad de agroindustrias destinadas al procesamiento de los productos, tanto con destino externo como interno. Al mismo tiempo se aprecia un considerable aumento en la red viaria. Esta situación enfrenta al mundo rural, necesariamente, con el inevitable problema de cambio social en la situación laboral y cultural del campesino. Para algunos estudiosos del tema, la modernización agrícola ha significado una clara diferenciación entre el sector dinámico, que produce y se proyecta al mercado externo, y el llamado sector agrícola tradicional de los pequeños productores, que trabajan los cultivos tradicionales básicos, como los de los cereales.

La agricultura tradicional representa alrededor del 70% de la población rural, y los pequeños propietarios de este sector han quedado al margen de los beneficios y sufren todo un conjunto de limitaciones, como su vulnerabilidad frente al mercado, la pequeña escala de sus operaciones, la carencia de créditos, el uso de técnicas obsoletas y la falta de capacitación, problemas que necesitan de la implementación de políticas adecuadas. El sector dinámico, en cambio, tiene una gran potencialidad productiva y comercial, dada las situaciones ventajosas de la ubicación geográfica que posee Chile, las cuales permiten contrarrestar los altos costos de transporte; algunas de dichas ventajas son: localización del país en el hemisferio sur, lo que le permite entregar cosechas fuera de temporada en los principales mercados consumidores del hemisferio norte (EE.UU., Comunidad Económica Europea, países del Sudeste Asiático). La gran diversidad de climas de Chile permite también diversidad de cultivos, con amplios periodos de tiempos de producción, desde los más tempranos hasta los más tardíos, para un mismo producto. Así, por ejemplo, la fruta chilena llega a los mercados internacionales con un adelanto de entre 15 y 45 días respecto a la que proviene de otros países competidores.

Los tipos de suelo en Chile constituyen también una ventaja que ha permitido diversificar la estructura productiva. Por último, merecen destacarse las condiciones ventajosas del recurso forestal. El pino insignis, por ejemplo, tiene un crecimiento anual superior al de su propia región de origen (la taiga del hemisferio norte). El valor de las exportaciones forestales de Chile constituye hoy más del 10% del ingreso por divisas del país. De esta manera, las plantaciones de bosques se han implementado en más de 1.000.000 ha en el último decenio y el Estado promueve planes de desarrollo forestal y dicta normas para proteger el bosque, uno de los recursos que sufre mayores daños ecológicos. Chile posee una superficie arable levemente superior al 5% de territorio; sin embargo, aún existen terrenos arables subaprovechados en los valles del Norte Chico, el valle longitudinal y las planicies costeras.

Atendiendo a los factores geográficos y a la potencialidad del suelo se pueden diferenciar las zonas agropecuarias de Chile:

- Norte Grande, destaca la presencia de una importante escasez de agua, hecho que aparece como el factor más limitante para la agricultura. Por esta razón la agricultura se concentra en oasis y quebradas donde se cultivan cereales, hortalizas y frutales. En la tenencia de la tierra predomina el minifundio, íntimamente asociado a la crianza de auquénidos, es decir, de llamas, alpacas, guanacos y vicuñas.

- Norte Chico, en este sector persiste el problema de la falta de agua, y los cultivos dominantes son los frutales, las hortalizas así como diversas especies forrajeras. Actualmente progresa la empresa agrícola relacionada con la producción de uva de mesa, gracias a los proyectos de regadío que se han implementado. Coexiste la gran propiedad con el minifundio, ambos asociados a la ganadería menor.

- Zona sur, se prolonga desde Biobío hasta Chiloé y predomina el cultivo de los cereales, particularmente el trigo junto con forrajes y cultivos industriales. Coexisten la gran propiedad cerealera, asociada a la ganadería mayor, con el minifundio y las comunidades indígenas dedicadas a hortalizas y cría de ganado mayor.

- Zona austral, incluye las regiones de Aisén y Magallanes y destaca porque mientras en Chiloé la gran propiedad casi no existe y los campos de cultivos dedicados a papas, cereales y huertos corresponden a la mediana y pequeña propiedad, en esta zona dominan las grandes estancias dedicadas a la crianza de ovejas.

- Patrimonio forestal de Chile, aparece constituido por el bosque nativo y los bosques de plantación. Los bosques naturales se localizan desde el Maule hasta Magallanes, y los de plantación se concentran entre los ríos Maule y Biobío, con predominio del pino insigne (o insignis), materia prima de una floreciente industria de celulosa y papel.

Pesca

Chile goza de un extenso litoral en el océano Pacífico y de una gran diversidad de climas, condiciones que, unidas a la presencia de la corriente de Humboldt, rica en oxígeno y en nutrientes, y a las corrientes cálidas próximas al archipiélago de Juan Fernández, islas Sala y Gómez e isla de Pascua, posibilitan la existencia de una variada e importante cantidad de especies, lo que convierte al dominio marítimo de Chile en una fuente inapreciable de recursos pesqueros.

De las numerosas especies de pescados y mariscos que existen en las 200 millas del mar chileno, el 25% tiene interés comercial. Además, explotan comercialmente mamíferos y algunas especies de algas. El mar de Chile proporciona una variada gama de recursos renovables, como son los peces, moluscos, crustáceos, mamíferos y algas, y recursos no renovables como los minerales que están en el fondo en forma de yacimientos o nódulos polimetálicos, formaciones rocosas que contienen minerales.

Industria

La actividad industrial es un factor importante en el desarrollo económico de un país ya que gracias a la industria se hacen necesarias las actividades primarias o de extracción de materias primas, lo cual genera riquezas y empleos, satisface necesidades y estimula el comercio externo e interno. Por ello, hoy se considera la industria como un indicador de desarrollo a nivel mundial.

En Chile comenzó a tener una real importancia la actividad industrial a partir del año 1939 con la creación de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). Esta institución estatal nació con el propósito de incrementar y fomentar la creación de industrias básicas dirigidas a producir bienes para satisfacer las necesidades de la población (hasta ese momento no se fabricaban en Chile esos bienes y debían ser importados). Gracias a la iniciativa de la CORFO hubo una gran expansión industrial en la primera etapa, con acontecimientos que marcaron un hito en la economía chilena. Así, se instalo la industria siderúrgica de Huachipato en 1950 y luego la refinería de Concon en 1954, mientras que, por último, se implemento un plan de electrificación nacional que corrió a cargo de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDESA). Posteriormente, en una segunda etapa que se extendió hasta la década de 1970, la actividad industrial en Chile se diversificó para cumplir el objetivo de sustituir las importaciones. En esta etapa tuvo gran importancia la industria automotriz y la producción de electrodomésticos. Por último, a partir de 1974 se inició una nueva etapa caracterizada por la política de libre comercio, prácticamente sin protección estatal. En esta etapa se fomentaron las exportaciones de los productos llamados no tradicionales, como los derivados de la industria pesquera, alimentaria, textil y las exportaciones frutícolas, que compitieron con las exportaciones de cobre. Estos productos permitieron que Chile abandonara su tradicional papel monoproductor y se transformara en un país con grandes perspectivas en lo referente al comercio exterior. En la última década del siglo XX, la actividad industrial del país ha tenido un gran desarrollo debido a la inversión en nuevas industrias, a la mejora de la infraestructura, a la modernización de los sistemas de producción y, finalmente, a la capacitación de las personas involucradas en el proceso productivo. Como resultado se ha logrado que las exportaciones industriales compitan con las del cobre, que durante décadas habían sido prácticamente la única fuente de ingreso para el país.

En 1993, la actividad industrial en Chile tuvo una tasa de crecimiento del 3,2% sobre el nivel de producción de 1992. Esta cifra es una de las más altas que se han registrado en el país, fruto del dinamismo de las inversiones, que en 1993 aumentaron en un 25,8% respecto a las de 1992. Por otra parte, ha sido importante la creación de nuevos empleos (57.000) y el aumento de las exportaciones del sector, que representan un 43,7% del total de las exportaciones del país.

La actividad industrial adquiere cada día más importancia, ya que constituye un camino de desarrollo para los países que actúan sólo como productores de materias primas. Esta actividad genera nuevas fuentes de trabajo, aumenta el consumo interno y produce mayores divisas, ya que los países industrializados ofrecen a los mercados externos productos con mayor valor agregado. Chile aceptó el desafío que planteaba la industrialización en aras a conseguir un mayor desarrollo, lo cual le ha permitido en la actualidad disponer de una gran variedad de industrias. Éstas se ubican en las regiones con abundantes materias primas y recursos que son necesarios para su funcionamiento; sin embargo, es posible distinguir tres regiones que cuentan con el mayor grado de industrias instaladas: Región Metropolitana, V Región de Valparaíso y VIII Región del Biobío. La actividad industrial tiene una estrecha relación con los recursos energéticos y Chile posee un gran potencial tanto en recursos convencionales como en los no convencionales. Entre estos últimos destaca la energía solar, que es aprovechada especialmente en el Norte Grande. Los recursos energéticos no convencionales significan una solución esperanzadora en la búsqueda de una fuente de energía no contaminante que permita conservar de mejor forma el medio ambiente.

Bibliografía

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“Fundamentos Geográficos del Territorio” en Geografía de Chile. (Tomo I, primera edición), Santiago de Chile, Instituto Geográfico Militar.
LENKA, DOMINIC KUSCEVIC et al. “Geografía de Chile” en Educación Media. Santiago de Chile, Editorial Santillana, 1994.

Enlaces en internet

http://www.gochile.cl/Parks/; Información sobre los Espacios Protegidos de Chile (en inglés).

CLAUDIO PÉREZ.

Chile: Geografía

Fuente: Britannica

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