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Definición de Clima

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 (Del lat. clima, y éste del gr. ); sust. m.

1. Conjunto de condiciones atmosféricas características de determinada región o país: en primavera cuando estoy en una región de clima húmedo, me afecta menos la alergia.
2. Ambiente, conjunto de condiciones o circunstancias que caracterizan una situación o que rodean a una persona: el conflictivo clima familiar en que vivió los primeros años de su vida puede ser el causante de su psicosis.
3. País, región: cuando llega el invierno, prefiero trasladarme a climas más cálidos.
4. Medida agraria de superficie equivalente a 290 metros cuadrados aproximadamente: posee una hacienda de ochenta climas en una de las zonas más fértiles de la región.
5. [Geografía] Espacio del globo terráqueo, comprendido entre dos paralelos en los cuales la duración del día más largo del año difiere en determinada cantidad: antiguamente, el mundo conocido se dividía en siete climas.

Sinónimos
Tiempo, atmósfera, temperatura, temperie, climatología, meteorología, ambiente, estado, situación, circunstancia, país, región, zona, tierra, franja.

Modismos
Clima artificial. El que se obtiene en un espacio cerrado por procedimientos técnicos de acondicionamiento.

 (1) [Climatología]

Estado medio de la atmósfera sobre un lugar determinado, es decir, es la valoración media del conjunto de factores atmosféricos y fenómenos meteorológicos que funcionan e influyen en un dominio geográfico concreto, como son las temperaturas, las precipitaciones o los vientos, entre otros. Para determinar los diversos climas existentes sobre la superficie terrestre, hay que hacer observaciones de los distintos factores atmosféricos (temperatura, humedad y presión atmosférica) y fenómenos meteorológicos (vientos, lluvias, nevadas…) durante un largo período de tiempo, como mínimo treinta años, y calcular a partir de éstos el valor medio de cada uno de dichos factores; es una síntesis de tiempos.

El clima conlleva todo un conjunto de rasgos distintivos que le diferencian frente a otros componentes del medio natural; se trata de los siguientes:

- abstracción: se dice que el clima destaca por su grado de abstracción ya que no se materializa en el paisaje.
- elemento y factor determinante del medio natural: tanto la distribución de la vegetación como la del hombre aparecen estrechamente vinculados a las condiciones climáticas.
- condicionante de las actividades humanas: tales como el turismo y la agricultura. La dependencia es muy clara en los países subdesarrollados como consecuencia de su escasa eficacia a la hora de prever y controlar sequías, inundaciones o hasta huracanes.
- recurrencia de los desastres climáticos: éstos se suceden con más frecuencia que los desastres naturales.
- planificación: cualquier estudio climático debe tomar en consideración que el clima es algo más que condiciones normales o medias sino que también funciona en base a “valores extremos” gracias a la gran variabilidad de sus elementos.

Factores climáticos

Aquéllos que influyen de manera determinante en la configuración del clima de un lugar, pero que son independientes de él; entre ellos se incluyen tanto a los cósmicos, los meteorológicos y los geográficos.

Factores cósmicos o astronómicos

Aparecen derivados de la posición latitudinal y de los movimientos de la Tierra (rotación y traslación). La latitud geográfica es el fenómeno que determina la existencia de estaciones y dicho fenómeno de las estaciones se debe a la inclinación del plano ecuatorial respecto al plano de la eclíptica. Dos veces al año, en los equinoccios, el Sol se encuentra en el plano del Ecuador, de manera que en todos los puntos de esta línea el día iguala a la noche. En los periodos que median entre los equinoccios, el Sol se encuentra desplazado hacia uno de los hemisferios hasta un máximo en la vertical del paralelo 23 (23º 27´); de esta manera se definen los trópicos, en los cuales se halla el sol en el momento de los solsticios. Durante la mitad del año -en verano- un hemisferio está mejor iluminado que el otro y cada día dura más tiempo; el verano es, por tanto, una estación cálida. Durante la otra mitad del año -el invierno-, en el mismo hemisferio, el sol está bajo y los días son cortos; el invierno es una estación fría. Queda claro que el invierno y el verano se invierten de un hemisferio al otro. De todo ello depende el grado de calentamiento de la superficie de la Tierra, y con arreglo a ello pueden establecerse los grandes grupos climáticos: climas sin invierno en latitudes bajas, con temperaturas superiores a los 18 ºC, climas con verano e invierno en latitudes medias, y climas sin verano en latitudes altas con temperaturas inferiores a los 10 ºC.

Dichos factores cósmicos son los responsables del carácter rítmico del tiempo y de la ya mencionada sucesión de estaciones. El primer factor que controla la llegada de energía a la superficie terrestre es el ángulo de incidencia. Éste varía con la latitud, con la estación del año y con la hora del día. Es el ángulo que forman los rayos solares con el plano tangente a la superficie terrestre en un punto de observación. Dicha energía calorífica tiende a concentrarse más fuertemente en el Ecuador y va decreciendo hacia los polos. El punto en el que los rayos solares inciden verticalmente o en ángulo recto se denomina punto subsolar. Dicho punto se desplaza continuamente entre el trópico de Cáncer y el de Capricornio. Sin duda alguna, el factor astronómico o cósmico más importante e influyente es la inclinación de los rayos solares.

Factores meteorológicos

Aparecen condicionados y relacionados con el movimiento atmosférico; son los siguientes:

Tipo de circulación

Se trata del sistema de vientos dominantes (véase viento). Dicho sistema de vientos se conforma a partir de la distribución a escala planetaria de los sistemas de presión. Así en la denominada zona templada nos encontramos con el vientos de oeste, del poniente o westerlies y en el amplio dominio intertropical con los alisios.

Masas de aire

Volumen de aire de gran extensión cuyas características físicas, es decir, de temperatura y humedad, son idénticas a lo largo de su plano horizontal y las diferencian a la vez del entorno o del aire que las rodea. Estas masas de aire son las auténticas responsables del intercambio de calor y humedad entre las distintas latitudes. Se clasifican atendiendo a su grado de humedad en secas (o continentales) y húmedas (o marítimas).

Centros de acción

Son los sistemas de presión que canalizan las masas de aire y que también adquieren una típica distribución a escala planetaria: las altas presiones (estabilidad atmosférica) son habituales en los ámbitos subtropicales y en los polos y las bajas presiones (inestabilidad atmosférica) en el ecuador y en los ámbitos subpolares. Se habla en este específico caso de los “climas astronómicos”.

Factores geográficos

Son muy variados los factores geográficos que influyen en las características del clima. Dichos factores modifican a los mencionados anteriormente y son los responsables de la gran diversidad de las características climáticas. Destacan los siguientes:

Disposición de las barreras montañosas respecto a los vientos

Se trata de un factor que adquiere una gran importancia puesto que establece una clara y contundente oposición entre la vertiente de barlovento (expuesta al viento) y la de sotavento (protegida o resguardada del viento); oposición que se traduce en unas marcadas disimetrías pluviométricas entre ambas vertientes y en la aparición de un fenómeno que se conoce con el nombre de Foehn. Foehn se ha aplicado también por extensión al tipo de viento que genera, de aire cálido y seco a sotavento de una barrera montañosa. Dicho viento favorece la presencia de una sombra pluviométrica, es decir, de ausencia de precipitaciones en esta vertiente puesto que favorece climas desérticos no muy extremos como sucede en la Patagonia argentina.

Posición respecto a mares y continentes

La posición o ubicación de un lugar respecto a estas masas es un fenómeno de primer orden pues determina la naturaleza de las masas de aire. Las masas de agua tienen una mayor capacidad calorífica, es decir, se enfrían y se calientan más lentamente, porque almacena mucho mejor el calor. Ello hace que el agua se comporte como un importante moderador térmico y regule así las temperaturas de las tierras vecinas o próximas, evitando las máximas estivales y las mínimas invernales. En definitiva, favorece la reducción de las oscilaciones térmicas. El efecto contrario se encuentra en los grandes dominios continentales: la tierra se calienta y se enfría con mayor rapidez y como consecuencia extrema las características térmicas del clima. Por tanto, la amplitud térmica u oscilación será mayor en los dominios continentales que en los oceánicos.

Naturaleza de las corrientes oceánicas

Este factor genera la oposición entre las fachadas orientales (generalmente bañadas por las corrientes marinas cálidas), y las occidentales de los continentes (bañadas por corrientes marinas frías) aunque ésto también varía en función de la latitud: en la zona subtropical la fachada oriental es más cálida que la occidental, en la zona templada esta situación se invierte al igual que sucede en los dominios de los polos.

La relación entre las corrientes oceánicas y el clima se manifiesta claramente por el intercambio calorífico que se produce entre éstas y el aire presente en contacto con ellas. Después de la circulación general de la atmósfera, estas corrientes son los agentes más efectivos para la redistribución de la energía por el planeta en las diversas latitudes. A una escala inferior, son las responsables de las características y diversidad de los climas costeros

Altura

La influencia de la altura en el clima se manifiesta en tres puntos: en un descenso de la presión, en un descenso también de la temperatura y en un aumento de las precipitaciones. El decrecimiento de la temperatura con la altura se efectúa según el gradiente térmico vertical (véase gradiente atmosférico) cifrado en torno a los 0,65 ºC por cada 100 m de ascenso. Sin embargo esta cifra no es estática, varía de manera importante y puede llegar a no darse (fenómenos de inversión térmica). La causa que condiciona el incremento de las precipitaciones se encuentra en el enfriamiento en altura de las masa de aire al verse obligada a ascender para evitar, por ejemplo, un obstáculo montañoso.

Exposición a la radiación solar

La exposición de las vertientes a los rayos solares tiene una importancia especial en los dominios de las latitudes medias porque es en estos dominios donde favorece grandes diferencias térmicas entre la solana y la umbría. Ésta última se presenta más fresca y húmeda que la solana como consecuencia de una menor radiación y una menor evaporación.

Todos los factores climáticos mencionados anteriormente funcionan de manera conjunta e interrelacionada por lo que son todos ellos, en conjunto, los que determinan la distribución y las características de los climas. Inicialmente, son los factores meteorológicos los que establecen el dominio zonal y sobre ellos inciden y se superponen los geográficos, favoreciendo la aparición de los denominados climas regionales y locales.

Elementos del clima

Son los componentes principales que definen al clima y las variables a través de las cuales se manifiesta cómo influye éste en el resto de los componentes del medio natural. Los más significativos e importantes son:

La temperatura

La temperatura, en conjunto, tiende a disminuir desde el Ecuador hacia los Polos: los rayos solares, subperpendiculares a la superficie del suelo en el Ecuador, se inclinan progresivamente para pasar a ser subparalelos a nivel de ambos polos. En detalle, la temperatura varía irregularmente en función de los siguientes factores:

– Inclinación del plano de la eclíptica sobre el del Ecuador, de tal manera que el máximo flujo térmico recibido por la superficie terrestre se desplaza entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio del solsticio de junio al solsticio de diciembre, e inversamente de diciembre a junio.

– Duración relativa del día y la noche. La duración del día es casi la misma que la de la noche en el Ecuador, pero la diferencia entre ambas va creciendo a medida que se avanza hacia los polos, en donde es de día durante la mitad del año y de noche durante la otra mitad. Por ello, la diferencia de temperatura entre una estación y otra es cada vez más marcada a medida que se avanza desde el Ecuador hasta los polos.

– Nubosidad, factor éste que depende a su vez de las estaciones atmosféricas, de tal manera que los máximos de variación de la temperatura entre el día y la noche se encuentran en regiones sin nubes; es decir, en los desiertos tropicales a escala del día y en los desiertos árticos a escala del año.

Las precipitaciones

La pluviosidad depende de las circulaciones atmosféricas:

– De la circulación meridiana, que determina una repartición latitudinal de los climas, de las zonas lluviosas y de las lluvias según las estaciones.
– De la circulación zonal, que determina una disimetría en cada una de las zonas climáticas.
– De la circulación térmica, que motiva inversiones de los vientos en la periferia de las masas continentales.

Según las precipitaciones anuales, se establece la siguiente clasificación:

Clima árido: precipitación escasa, entre 0 y 25 cm3.
Clima semiárido: precipitación ligera, entre 25 y 50 cm3.
Clima subhúmedo: precipitación abundante, entre 50 y 100 cm3.
Clima húmedo: precipitación abundante, entre 100 y 200 cm3.
Clima muy húmedo: precipitación muy abundante, más de 200cm3.

En esta clasificación no se tiene en cuenta la evaporación, la cual depende de la temperatura y determina la cantidad de agua que permanece en el suelo. La misma cantidad de precipitación puede dar lugar a desiertos en regiones cálidas y a climas húmedos en regiones frías, en las que no se produce tanta evaporación.

Habría que añadir además la insolación (o radiación), la presión y humedad atmosférica, el viento y la nubosidad.

Del mismo modo se entiende por degradación climática cualquier tendencia, ya sea natural o inducida, de los elementos del clima hacia situaciones complejas para la vida humana, vegetal o de la fauna; ya sea por fenómenos de aridez extrema o de enfriamiento intensivo. Ambos factores conllevan hacia la desertización.

Distribución a escala planetaria de los climas

Atendiendo a estos factores como criterio de clasificación, se define un número determinado de climas diferentes, que se clasifican, en una primera aproximación, por su distribución en zonas respecto a los paralelos entre los que se encuentran.

Zona intertropical o ecuatorial

Esta zona, que se encuentra entre los 0º y 20º, se caracteriza por sus bajas presiones, su pluviosidad abundante (2.000 mm/año), constante, aunque algo más marcada en verano, y sus temperaturas relativamente elevadas (25 ºC de media), que varían poco entre el día y la noche a lo largo del año. Durante el verano hay dos máximos de pluviosidad y de temperatura, al principio y al final del mismo, salvo en los límites de la zona intertropical, donde únicamente hay una estación de lluvias centrada en el solsticio de verano. A estas características hay que añadir la presencia de los monzones que, en su conjunto, refuerzan la pluviosidad y modifican su ritmo. La zona intertropical es la mayor zona forestal del mundo: es el dominio de la selva ecuatorial o selva virgen.

Zona tropical o subtropical

Se extiende entre los 20º y los 40º, y sus características son: las altas presiones, divididas en distintos anticiclones permanentes (Azores); su escasísima pluviosidad (250 mm), con un mínimo en invierno en el borde ecuatorial y en verano en el borde polar, frecuentemente nula en el mismo núcleo de la zona; y sus elevadas temperaturas, que varían mucho entre el día y la noche; es la zona de los desiertos cálidos.

Este clima puede estar marcado por la abundante pluviosidad, característica del clima tropical húmedo, debido a distintos factores:

– Por el fenómeno de los monzones, que establece una potente alternancia de la estación seca y de la estación húmeda.

– Por las lluvias aportadas por las perturbaciones ecuatoriales, que remontan a lo largo de las costas hasta la zona tropical y más allá, para ser posteriormente desviadas en sentido anticiclónico por las altas presiones tropicales.

– Por el fenómeno topográfico del relieve, que por efecto de la altura aumenta las condensaciones y, por tanto, la pluviosidad.

En sus bordes, la zona tropical desértica pasa gradualmente a las zonas vecinas a través de climas subdesérticos (o subáridos):

– En su margen ecuatorial (o tropical húmedo), a través de climas subdesérticos cálidos, con lluvias de verano y sequía invernal; es el dominio de sabana.

– En su margen polar, a través de climas subdesérticos templados, con lluvias de invierno y sequía estival; es el dominio de estepa.

Estas dos zonas se reparten simétricamente a una y otra parte del cinturón desértico tropical en cada hemisferio.

Zona templada

Se extiende entre los 40º y los 60º, y se caracteriza por sus bajas presiones, divididas en depresiones distintas, y por su pluviosidad abundante repartida a lo largo del año. Es un clima muy variable, marcado por el paso irregular de las perturbaciones lluviosas, con una alternancia de las estaciones bien marcada. Los climas templados se escalonan latitudinalmente, longitudinalmente y en altura.

Latitudinalmente, en función de la circulación meridiana, se pueden reconocer:

– Climas templados cálidos, con lluvias de invierno y sequía estival, y con transición hacia los climas subdesérticos tropicales; el clima mediterráneo es una de sus variantes.

– Climas templados frescos, con lluvias de verano y con sequía invernal, con transición a los climas subpolares.

– Climas templados medios, entre los dos anteriores, con una pluviosidad más repartida a lo largo del año, con dos máximos: uno en primavera y otro en otoño.

Longitudinalmente, en función de la circulación zonal de oeste a este, pueden reconocerse:

– Climas marítimos, en la parte oeste de los continentes, con escasas diferencias extremas de temperatura de una estación a otra respecto del valor medio (hasta 20 ºC y 0 ºC), y con pluviosidad abundante repartida a lo largo de todo el año.

– Climas continentales, en el centro y el este de los continentes, con temperaturas que se separan fuertemente del valor medio de una estación a otra, y con pluviosidad reducida.

– Climas desérticos, en el interior de las masas continentales más grandes o al abrigo de las altas barreras montañosas (Patagonia), con oposición creciente de las temperaturas entre el invierno y el verano en razón de la débil nubosidad.

En altura aparecen importantes modificaciones, entre las cuales destacan la disminución de la temperatura y el aumento de las precipitaciones (2.000 mm) al oeste de los continentes. También se producen importantes perturbaciones a causa de la circulación térmica; por ejemplo, el anticiclón de Siberia, que a pesar de no ser un verdadero monzón, interrumpe la pluviosidad con vientos fríos y secos.

Zona polar

Se extiende entre los 60º y los 90º; se caracteriza por sus altas presiones permanentes, su débil pluviosidad (250 mm/año), y sus bajas temperaturas (media 0 ºC), con extremos muy separados entre el invierno y el verano; es la zona de los desiertos helados.

Pueden distinguirse en ella:

– Climas polares propiamente dichos, sin deshielo a lo largo de todo el año; es la zona de los casquetes glaciales antártico y groelandés.

– Climas subpolares, con condiciones periglaciales (véase periglaciar): el suelo está helado durante toda una parte del año y después se deshiela superficialmente, aunque queda helado en profundidad durante la otra parte, tal y como sucede en la tundra siberiana o en el Gran Norte canadiense.

Estas características están modificadas por la circulación zonal, que desarrolla climas polares marítimos en el oeste de los continentes, con temperatura media más elevada, un poco superior a los 0º, y débiles separaciones de las temperaturas extremas entre el invierno y el verano. Otros climas polares continentales se acentúan hacia el este, exhibiendo una temperatura media más baja y grandes diferencias entre invierno y verano.

Clasificación de los climas

A la hora de estudiar cualquier fenómeno natural de este estilo, el primer paso es la construcción de esquemas de clasificación que permitan incluir todas las posibles variantes del fenómeno de que se trate; en este caso, se trata de determinar cuáles son las variantes climáticas y de dividir los distintos climas en grupos claramente definidos y fácilmente distinguibles. Los mapas climáticos inducen frecuentemente a error, porque las líneas que separan dos zonas climáticas de coloración uniforme no reflejan el hecho de que la transición de un clima a otro no es brusca sino gradual, es decir, que aparecen climas intermedios.

Principales clasificaciones

Las primeras clasificaciones las realizaron los griegos; éstos dividían la Tierra en “mundo habitable” y “mundo habitado”. El mundo habitado, oikumene, a su vez se dividía en bandas o zonas (llamadas klimata) a partir del grado de iluminación solar que impone la latitud. El siglo XIX supuso el asentamiento de la Climatología como ciencia y un avance claro en cuanto a la sistemática de los climas. Desde entonces dos han sido las tendencias principales a la hora de establecer una clasificación: las denominadas clasificaciones genéticas (determinadas a partir de los factores que inducen a la variabilidad climática, tales como las masas de aire o los tipos de tiempo) y las empíricas (que se basan en los diversos elementos del clima agrupados y combinados en índices, tales como las precipitaciones, las temperaturas o el grado de aridez). Destacan las clasificaciones de Flohn, de Thornthwaite y de Köppen.

Clasificación de Köppen

Se trata de la clasificación empírica propuesta en 1918 por el climatólogo-botánico alemán de origen ruso Vladimir Köppen, muy destacable por su conexión con la Geobotánica. Dicha clasificación fue varias veces revisada por los propios discípulos de Köppen hasta llegar a la década de los 60. Destaca por sus objetivos fisionómicos, siempre ajenos a tener en cuenta los mecanismos puramente climáticos; sólo emplea valores de temperaturas y de precipitaciones.

En este caso emplea letras mayúsculas para hacer una primera clasificación zonal de los climas a escala planetaria. Habla así de los climas cálidos o tropicales lluviosos (A), secos (B), templados (C), fríos (D) y polares (E), a los que añade otros dos más (G, de montaña y H, de alta montaña) como consecuencia de la influencia de la orografía.

- climas A, se trata del conjunto de climas cálidos caracterizados por la ausencia de estación invernal ya que sus temperaturas no descienden en ningún mes del año de los 18 ºC. Dentro de este grupo se distinguen otros dos subgrupos muy bien definidos: el Af para los climas hipertropicales o ecuatoriales, el Aw para los tropicales o de sabana tropical y, finalmente, el Am para aquellos sobre los que se desarrolla la pluvisilva.
- climas B, son los climas secos en donde la evaporación siempre es superior a las precipitaciones recibidas por lo que no hay excedente hídrico ni cursos fluviales permanentes. Dichos climas secos aparecen subdivididos entre clima de estepa (Bs) y clima de desierto (Bw).
- climas C, conjunto de climas de características templadas definidos por unas temperaturas en el mes más frío inferiores a 18 ºC y siempre superiores a -3 ºC.
- climas D, se trata también de climas templados pero ahora ya con inviernos de características más extremas ya que las temperaturas sí que llegan a descender de los -3. Durante los periodos estivales se logran superar los 10 ºC.
- climas E, son los climas polares, es decir, caracterizados por la ausencia de la estación estival. Las temperaturas medias mensuales se encuentran a lo largo de todo el año por debajo de los 10 ºC; Köppen introduce aquí una nueva subdivisión al distinguir entre los climas de tundra (Et) y los de hielos perpetuos (Ef). En el primer caso alguna media mensual supera los 0 ºC pero en el segundo caso ninguna logra superar ese umbral.
- climas G, climas de montaña.
- climas H, climas de alta montaña, donde se llegan a superar los 3.000 m.

Posteriormente introduce todo un conjunto de letras minúsculas para delimitar los diferentes regímenes pluviométricos; aparecen así:

- f: falta de una estación seca.
- s: verano seco.
- w: invierno seco.
- m: régimen pluviométrico de características monzónicas.

Posteriormente, y para matizar el régimen térmico, se emplea una tercera letra minúscula:

- a: media del mes más cálido por encima de 22 ºC.
- b: media del mes más cálido inferior a 22 ºC.
- c: los meses con temperaturas medias mensuales superiores a 10 ºC son inferiores a cuatro y la media del mes más frío se encuentra por encima de -38 ºC.
- d: la media del mes más frío se sitúa por debajo de los -38 ºC.
- g: máximo térmico mensual anterior siempre al solsticio de verano.
- g’: máximo térmico mensual siempre posterior al solsticio de verano.
- i: régimen isotérmico, donde la amplitud térmica anual nunca supera los 15 ºC.
- l: símbolo de templanza, es decir, de temperaturas siempre comprendidas entre los 10 y los 22 ºC.
- h: temperaturas medias anuales superiores a 18 ºC.
- k: temperaturas medias anuales inferiores a 18 ºC (aunque el más cálido tienda a superar dicho umbral).
- k’: temperatura media del mes más cálido inferior a 18 ºC.

A partir de la agrupación en símbolos de estas mayúsculas y minúsculas se establecen y se definen la mayor parte de los climas mundiales. Por ejemplo, un clima Csa vendría a indicar la presencia de un clima templado con veranos secos y calurosos e inviernos suaves y húmedos, es decir, un clima marcadamente mediterráneo. Este ha sido uno de los esquemas más utilizados y aplicados por botánicos y geógrafos. Parte del hecho de que la vegetación natural se constituye como un indicador esencial del clima; así, algunas de las categorías climáticas mencionadas anteriormente se basan en unos límites que se han establecido a partir de los umbrales climáticos de ciertas especies vegetales. De esta forma surgen los siguientes climas principales:

- Clima Af: clima propio de selva tropical, sin estación seca y con precipitaciones mínimas en los meses más secos siempre superiores a 60 mm.
- Clima Aw: clima de sabana tropical con invierno seco. La precipitación media en el mes más seco llega a superar los 100 mm.
- Clima Am: clima monzónico; una transición entre el clima tropical y el desértico; posee dos estaciones claras: un invierno seco y frío, y un verano húmedo y cálido (tal y como sucede en la jungla de India a Malasia).
- Clima Bs: característico de los dominios de estepa. Las características climáticas son esencialmente semiáridas.
- Clima Bw: característico de los ámbitos desérticos (véase desierto) ya que las condiciones climáticas son extremadamente áridas.
- Clima Cf: tipo de clima templado húmedo con ausencia de estación seca; el régimen de precipitación es especialmente uniforme.
- Clima Cw: tipo de clima templado pero con valores pluviométricos reducidos en los meses invernales.
- Clima Cs: templado con verano seco; dentro de este grupo se incluiría al subgrupo Csa (clima propiamente mediterráneo).
- Clima Df: propio de los bosques fríos sin estación seca. En cuanto a la vegetación más abundante sería la del tipo taiga ya que el régimen de las precipitaciones también es bastante uniforme.
- Clima Dw: dominio de características climáticas favorables para el asentamiento de un bosque frío con invierno seco. Desarrollo de la taiga.
- Clima Et: dominios polares donde algunos meses se logran superar los 0 ºC. Sería el dominio de la tundra.
- Clima Ef: dominio absolutamente glacial puesto que en ningún mes del año se logra llegar o superar los 0 ºC. Se trata de los ámbitos geográficos de “hielos perpetuos” ya que al no superarse dicho umbral el deshielo es imposible.

Clasificación de Thornthwaite

La clasificación de este climatólogo americano, cuya primera versión data de 1933, centra su atención en el balance hídrico anual y el elemento o concepto básico utilizado a la hora de establecer ésta fue el de la evapotranspiración potencial o ETP. Ésta se determina a partir de la temperatura media mensual (corregida según la duración del día o de la insolación) y el exceso o déficit de humedad se estima a partir del balance de vapor de agua. También utiliza el índice global de humedad, la variación que dicha humedad efectiva sufre con los cambios estacionales, el índice de eficiencia térmica y, finalmente, la concentración en los meses estivales de dicha eficacia térmica.

Así pues, establece dos grupos climáticos en función de la humedad y de la eficacia térmica.

Clasificación en función de la humedad

- clima perhúmedo, caracterizado por la letra A y por contener áreas cuyo índice de humedad es superior a 100.
- clima húmedo, caracterizado por el símbolo B4 y por un índice de humedad cuyos valores oscilan entre 80 y 100.
- clima húmedo, definido por el símbolo B3 y por un índice de menor valor respecto al anterior ya que éste oscila en este caso entre 60 y 80.
- clima húmedo, definido por el símbolo B2 y por un índice de humedad entre 40 y 60.
- clima húmedo, definido ya por el símbolo B1 y por un índice de humedad aún menor, es decir, entre 20 y 40.
- clima subhúmedo húmedo, caracterizado por el símbolo C2 y cuyo valor o índice de humedad se encuentra entre 0 y 20.
- clima subhúmedo seco, definido por el símbolo C1 y por poseer un índice de humedad negativo (usualmente entre 0 y -33).
- clima semiárido, caracterizado por la letra D y por unos valores de humedad entre -33 y -67.
- clima árido, caracterizado por la letra E y por unos valores de humedad siempre superiores a -67 y capaces de llegar al umbral -100.

Clasificación en función de la eficacia térmica

- clima perhúmedo, aparece caracterizado por el símbolo A’ y determina a todos aquellos dominios geográficos cuyo valor de ETP sea superior a 114.
- clima húmedo (B4′), caracteriza a las regiones cuyos valores de ETP oscilen entre 99,7 y 114.
- clima húmedo (B3′), para todos aquellos ámbitos con valores de ETP entre 88,5 y 99,7.
- clima húmedo (B2′), para todas las regiones con ETP entre 71,2 y 88,5.
- clima húmedo (B1′), tipo de clima que viene a determinar y aglutinar a todos aquellos dominios geográficos cuya ETP oscile entre 57 y 71,2.
- clima subhúmedo húmedo (C2′), para dominios con valores de ETP entre 42,7 y 57.
- clima subhúmedo seco (C1′), determina a aquellos espacios con valores de ETP entre 28,5 y 42,7.
- clima semiárido (D’), que viene a aglutinar a todos aquellos espacios geográficos cuyos valores de ETP oscilen entre 14,2 y 28,5.
- clima árido (E’), para todas aquellas regiones con valores de ETP extremadamente reducidos, es decir, siempre inferiores a 14.

Como puede apreciarse se trata de un tipo de clasificación esencialmente empírica puesto que se basa en índices y tuvo un especial desarrollo e interés por parte de importantes grupos de botánicos y agrícolas.

Clasificación climática de Flohn

Flohn realizó esta clasificación de los climas hacia 1950 y para ello utilizó como criterios fundamentales el sistema de grandes vientos planetarios y las precipitaciones. Habla de clima homogéneo para todos aquellos ámbitos afectados todo el año por el mismo sistema de vientos y de clima heterogéneo para todas aquellas regiones que aparecen sometidas e influenciadas por variaciones estacionales del movimiento del aire. A partir de todo esto estima y establece siete dominios climáticos:

- Zona ecuatorial de vientos del Oeste, aparece caracterizada por precipitaciones continuas, es decir, por su permanente humedad.
- Zona tropical de vientos alisios durante los meses de estío, caracterizada por la concentración de las precipitaciones en verano.
- Zona subtropical seca de vientos alisios, en donde el cinturón de altas presiones subtropicales conlleva unas condiciones secas durante casi todo el año.
- Zona subtropical de lluvias invernales, se trata de toda aquella región donde las precipitaciones se concentran en los meses del invierno (tal como sucede en el Mediterráneo).
- Zona templada de vientos del Oeste, la presencia de estos vientos durante todo el año hace que las precipitaciones aparezcan de igual modo repartidas. Éstas son, durante todo el año, de características moderadas.
- Zona subpolar, ésta aparece separada en dos subgrupos: el caracterizado por la llegada de vientos del Este en verano (con precipitaciones importantes durante todo el año) y el otro subgrupo que aparece definido por las variantes que induce la continentalidad, es decir, las lluvias tienden a aglutinarse en los meses invernales y la aparición de la nieve de manera temprana favorecida, sin duda, por los relieves montañosos importantes.
- Zona polar de vientos del Este, estos dominios polares destacan por las débiles precipitaciones que caen durante todo el año.

Clasificación climática zonal (en función de temperaturas y precipitaciones)

Se trata de la delimitación de todo un conjunto de climas a escala planetaria en función de los valores medios registrados de temperaturas y precipitaciones.

Clima desértico

Clima con una oscilación de temperatura alrededor de 25 ºC, con pluviosidad por debajo de los 35 mm anuales, sin vientos, con una variante de desierto frío característica de lugares como Turkestán, Mongolia e Irán. Se distingue entre dos variantes importantes: el clima desértico cálido y el clima desértico costero; éste último con una menor amplitud térmica, usualmente por debajo de los 10 ºC y con unas precipitaciones aún menores (100 mm/año). Los fenómenos de continentalidad acentúan la sequía y la oscilación térmica diaria.

Clima ecuatorial

Propio de latitudes bajas, entre los 10 º de latitud N y S. Clima con una temperatura media que en el mes más frío supera los 18 ºC; se caracteriza por la ausencia de vientos, con lluvias abundantes (generalmente superan los 1.500 mm aunque pueden alcanzar los 3.000) y muy continuas en el tiempo. La duración del día y de la noche es prácticamente la misma.

Clima frío

Clima con una temperatura media ligeramente superior a 10 ºC aunque sólo durante cuatro meses. Es propio de zonas como Alaska, Canadá, Rusia central y Siberia; poco lluvioso en los dominios de la taiga.

Clima intertropical de montaña

Existen dos subtipos de este clima, cada uno con sus respectivas características. El subtipo mexicano presenta grandes oscilaciones de temperatura, una estación seca y vegetación xerófila. El subtipo colombiano se caracteriza por presentar dos máximos lluviosos, carece de estación seca y permite la existencia de abundantes vegetales herbáceos.

Clima monzónico

Es una transición entre el clima tropical y el desértico; posee dos estaciones: un invierno seco y frío, y un verano húmedo y cálido (jungla de India a Malasia).

Clima polar

Clima propio de la tundra como consecuencias de las bajísimas temperaturas y de las casi ausentes precipitaciones. Las amplitudes térmicas pueden llegar a alcanzar los 30 ºC y las casi insignificantes precipitaciones caen en forma de nieve.

Clima templado

Se localiza entre los 45 y los 60º de latitud. Existen dos subtipos: el continental, que presenta inviernos con temperaturas bajas y veranos húmedos, cálidos y lluviosos, característico de Europa central; y el Oceánico, que, con una temperatura media anual de 10 ºC, tiene una estación fría de menos de cuatro meses y lluvia regular durante todo el año. Dentro de este tipo se incluye también al chino y al mediterráneo (Clima templado con cuatro estaciones en el que destaca el invierno templado y lluvioso y la primavera también lluviosa. El clima mediterráneo aún siendo propio de los países que bordean al Mediterráneo, abarca hasta las costas de África del Sur, Australia y California).

Clima tropical

Clima cuya oscilación térmica se encuentra entre los 7 y los 9 ºC; posee dos estaciones secas y dos lluviosas al año en el subtipo sudanés, y una de cada en el senegalés. Las temperaturas medias son muy elevadas y uniformes a lo largo de todo el año, siendo la media anual superior a los 20 ºC.

El clima y el paisaje: sistemas morfoclimáticos

Por Sistema morfoclimático se entiende todo aquel conjunto de procesos que dependen directamente del clima y que actúan modelando el paisaje hasta darle su forma actual en una región determinada (véase modelado terrestre). Así, la erosión glaciar se produce únicamente en climas fríos, la acción del viento es preponderante particularmente en las zonas desérticas, mientras que la acción de las aguas de escorrentía domina, en forma canalizada (cursos fluviales), en los países templados o en las regiones subdesérticas.

La importancia de la influencia del clima sobre el modelado del paisaje es muy significativa, de tal forma que los geomorfólogos Tricart y Cilleux desarrollaron modelos morfogenéticos para cada una de las zonas climáticas existentes en la Tierra. El comportamiento de las rocas varía también dependiendo del tipo de clima; la disolución de las calizas es proporcional a la importancia de las precipitaciones en forma de lluvia y a la cantidad de gas carbónico contenido en el agua de lluvia. Las rocas carbonatadas como calizas y dolomías se disuelven lentamente. La reacción química de disolución de una roca carbonatada es la siguiente:

CaCO3 + CO3= + 2H+ —– 2HCO3- + Ca2+;

en ella, el ión carbónico procede de las reacciones del CO2 atmosférico con el agua, según el equilibrio

CO2 + H2O —- CO3= + 2H+.

De esta forma, todo proceso que tienda a incrementar la proporción de CO2 disuelto en el agua favorecerá la disolución de la roca. Por ello, las aguas que se infiltran a través de los suelos con vegetación se hacen más agresivas, al enriquecerse con el anhídrido carbónico procedente de la descomposición de los restos orgánicos.

Las temperaturas elevadas favorecen la reacción de disolución, aunque por otro lado provocan una disminución de la cantidad de CO2 disuelto en el agua. Sin embargo, la presión actúa en sentido contrario al favorecer la disolución de dicho gas. Por ello, las oquedades y grietas sumergidas bajo el nivel freático de un macizo kárstico, donde la presión hidrostática puede alcanzar varias atmósferas, son ampliadas por la disolución de la roca a una velocidad superior a la de las fisuras próximas a la superficie. En las regiones templadas frías u oceánicas, el agua de la abundante lluvia está cargada de gas carbónico, por lo que las calizas se disuelven fácilmente originando relieves medios. En regiones áridas y subáridas, la caliza se disuelve poco y forma relieves notables. En los países cálidos y húmedos (ecuatoriales o tropicales con monzones), la disolución de las calizas es muy importante y los karst son residuales.

La sílice, insoluble en clima templado, es soluble en clima ecuatorial, mientras que la alteración de las rocas cristalinas es distinta: evolución sialítica en el segundo y ferralítica con formación de coraza (véase costra) en el primero; esto da una idea de lo distinta que será la morfología.

Dada la importancia de las alternancias climáticas del Cuaternario, la morfología de las regiones se estudia en función del clima actual y del clima que conocieron en el transcurso del Cuaternario (paleoclima). A veces, es este último periodo el que determina lo esencial de la morfología actualmente visible, mientras que los agentes erosivos actuales sólo aportan retoques de detalle.

Hay que tener en cuenta que el clima de una región extensa no es igual en todos sus puntos: existen variaciones graduales debidas a la posición geográfica. Las altas montañas presentan características propias, puesto que la temperatura y la presión disminuyen con la altitud y durante el día sufren una fuerte insolación. Por esta causa, en las montañas de latitudes medias existe gran oscilación de temperatura entre el día y la noche, y también a lo largo del año (invierno-verano). En las montañas de latitudes bajas, estas oscilaciones son menores. Las precipitaciones aumentan hasta los 3.000 m, pero disminuyen por encima de esta altitud; no obstante, el deshielo permite que el suelo se mantenga húmedo. En general, los climas de alta montaña son húmedos, entre frescos y fríos. La vegetación aparece zonada según la altitud y, a grandes rasgos, reproduce las zonaciones de vegetación latitudinales.

Cambios climáticos

El clima ha experimentado constantemente en el pasado variaciones naturales de diferente duración. Estas variaciones resultan más ostensibles cuanto mayores son los periodos de tiempo que se estudian. En efecto, hubo épocas en las que la superficie de la Tierra permaneció cubierta por una amplia y espesa capa de hielo, mientras que en otras, la mayor parte de esa superficie, incluidas las regiones polares, aparecía exenta de masas heladas. Actualmente llamamos “glaciaciones” a las primeras y “períodos de invernadero” a las segundas. Tradicionalmente, las épocas de glaciaciones se consideran una anomalía climática, puesto que lo regular es una temperatura planetaria cálida. Así, se datan aproximadamente siete glaciaciones:

1.- Glaciación cenozoica (también llamada neógena o Edad del Hielo): hace 40-35 millones de años.
2.- Glaciación permocarbonífera: hace 350-250 millones de años.
3.- Glaciación silúrico-ordovícica: hace 450-430 millones de años.
4.- Glaciación eocámbrica: hace 680-560 millones de años. (Se trata del período más frío de la historia de la Tierra).
5.- Glaciación infracámbrica I: hace 825-740 millones de años. (Únicamente hay indicios claros en Australia).
6.- Glaciación infracámbrica II: hace 950±50 millones de años.
7.-Glaciación Gowganda: hace aproximadamente 2.300 millones de años aunque sólo existen indicadores seguros en ciertos dominios de Canadá.

No hay indicios fidedignos de glaciaciones anteriores al arcaico (2500 millones de años), pero de los datos anteriores se puede deducir que la duración de las glaciaciones oscila entre los 20 y los 150 millones de años aproximadamente; por ello suponemos que la glaciación neógena no ha terminado aún. Es sencillo obtener esta conclusión si tenemos en cuenta las variaciones climáticas que pueden darse dentro de una glaciación: pueden alternarse períodos glaciales con períodos interglaciares de unos 100.000 años de duración. Además, dentro de los períodos glaciales e interglaciares se producen crisis climáticas regionales cuya duración oscila entre algunos miles de años y algunas décadas de duración, en las que la temperatura media puede bajar hasta 6 ºC y el contenido en CO2 hasta un 20%.

Para explicar estos períodos de aumento y disminución del calor de la Tierra se han enunciado variadísimas hipótesis, que se pueden agrupar en hipótesis solares (afirman que los cambios son debidos a la disminución del calor del Sol) e hipótesis geológicas (los cambios se deben al aumento del calor emitido por la Tierra).

Entenderemos mejor las hipótesis si consideramos la Tierra como un gran almacén de energía solar. La Tierra almacena únicamente un parte de la energía que recibe del Sol, reflejándose el resto en función del tipo de superficie tal que: A = G – E y G = Q (1 – a), siendo A el calor almacenado, G el recibido, E el emitido, Q el emitido por el Sol (constante solar) y “a” el albedo que varía entre 0 (absorbente total) y 1 (reflector total). La Tierra se enfría cuando disminuye A, y esto es posible cuando disminuye G, porque disminuye a su vez Q, o por aumento del albedo. También puede deberse la disminución de A a un aumento del calor emitido por la Tierra.

Las hipótesis solares se basan en el supuesto de que el Sol experimenta altibajos en su emisión de energía como consecuencia de una acumulación de helio en su núcleo. Otras afirman que el Sol podría tener una combustión uniforme, pero que su radiación disminuiría al atravesar nubes de polvo en su giro a través de la galaxia, o podría verse alterada por variaciones en el campo gravitatorio estelar.

Las hipótesis geológicas se pueden resumir en cinco tendencias, de las cuales las tres primeras no son excluyentes:

– Distribución de los continentes: ya que éstos tienen mayor albedo que los océanos, y las rocas son mejores conductoras de calor que el agua, por lo que se enfrían antes. Así, un continente sobre un polo será un punto de partida favorable para una glaciación.

– Circulación oceánica global: en el momento en que los continentes lleguen a bloquear las corrientes ecuatoriales y fuercen la aparición de corrientes circumpolares, los continentes polares quedarán aislados de las corrientes cálidas, y se podrá originar una glaciación entre estos.

– Las épocas orogénicas: una mayor altitud de los continentes favorecerá la formación de glaciares, que enfriarán más la atmósfera por su elevado albedo. Por otro lado, la elevación de cadenas montañosas interrumpirá corrientes oceánicas ecuatoriales. Además, la formación por colisión de grandes continentes podrá acarrear un clima más estacional, con inviernos más fríos y acumulaciones importantes de nieve.

– Un vulcanismo continental explosivo: podría inyectar en la atmósfera grandes cantidades de polvo, reduciendo la radiación solar en la superficie.

– La hipótesis del antiinvernadero: explica una glaciación por un descenso importante del CO2 en la atmósfera. Así pudo ocurrir en la glaciación eocámbrica, cuando acaso apareció la ozonosfera y quizá el fitoplancton se desarrolló de forma explosiva, absorbiendo gran cantidad de CO2; de cualquier modo, ésta sería la única glaciación explicable por este proceso, ya que actualmente la biosfera posee sistemas de amortiguación contra las grandes variaciones del CO2.

Milankovitch explicó la sucesión de períodos glaciales e interglaciares proponiendo que las tres variaciones de detalle de la órbita de la Tierra tienen periodicidades que, sumadas, daban una curva análoga a la de las variaciones de temperatura que definen los períodos glaciales e interglaciares.

En conclusión, el clima puede variar a tres escalas: una alternancia de centenas de millones de años entre glaciaciones y períodos de invernadero, causadas por variaciones solares o paleogeográficas y tectónicas; otra alternancia de centenas de miles de años entre períodos glaciales e interglaciares, como consecuencia de las oscilaciones periódicas de la órbita terrestre alrededor del Sol; unas crisis climáticas bruscas, de escala comprendida entre centenas y millares de años, causadas por erupciones volcánicas explosivas y otros factores desconocidos.

Equilibrio térmico de la Tierra

La temperatura del aire es simplemente una indicación de la cantidad de energía calorífica existente en el mismo. Este calor existe a causa de la energía cinética de las moléculas. A medida que aumenta la temperatura, se incrementa la energía.

Existe un ritmo diario, así como estacional, de ascensos y descensos de la temperatura. También tienen lugar variaciones sistemáticas en las temperaturas del aire desde las latitudes ecuatoriales a las polares, así como de las superficies oceánicas a las continentales.

A pesar de la existencia de ciclos térmicos y contrastes latitudinales de temperatura, parece que la tierra mantiene como planeta un equilibrio térmico. Para todos los cálculos prácticos, la única fuente de energía de la superficie terrestre es el sol. Las diminutas cantidades de calor que fluyen hacia la superficie de la tierra procedentes de las fuentes internas radiactivas y volcánicas pueden dejarse de lado como intrascendentes. El calor solar es interceptado por nuestro planeta, y el nivel de energía calorífica tiende a elevarse. Al mismo tiempo, la Tierra irradia calor hacia el espacio exterior, proceso que tiende a disminuir el nivel de energía calorífica. Estos procesos de entrada y salida de energía están continuamente en acción. En un mismo lugar y tiempo, se gana más calor del que se pierde; en otro, se pierde más del que se gana.

Todo ello nos conduce al concepto de “balance global de calor”. Durante un periodo de tiempo largo, el nivel medio de energía calorífica del sistema en conjunto permanece absolutamente constante. Todas las variaciones del valor medio, sean en ciclos cortos o largos de tiempo, están compensadas por desviaciones opuestas de igual magnitud. Además, como las regiones ecuatoriales reciben mucho más calor del que pierden directamente en el espacio, y las polares pierden mucho más calor del que reciben, deben incluirse en el sistema mecanismos de transferencia calorífica adecuados para explotar el exceso de calor de una región y conducirlo hasta otra deficitaria de él. En nuestro planeta, los movimientos de la atmósfera y los océanos actúan como mecanismos de transferencia calorífica.

Una parte importante del balance terrestre de calor está constituida por el almacenamiento de energía calorífica en forma latente. El agua, en sus tres estados, absorbe y libera calor cuando pasa de un estado a otro. Al considerar este hecho, parece claro que el movimiento del agua a través de la atmósfera, océanos y sobre los continentes constituye un sistema de igual importancia que el flujo calorífico, y que las actividades de ambos sistemas están íntimamente relacionadas. El concepto de balance hídrico puede desarrollarse junto con el de equilibrio hídrico, y esto se lleva a cabo al lado del balance calorífico. El balance calorífico puede considerarse relacionado con la energía, y el hídrico con la materia. Conjuntamente, estos dos grandes sistemas de energía y materia constituyen un único y enorme sistema planetario que nos permite relacionar y explicar numerosos fenómenos ambientales dentro de un único sistema global.

Temas relacionados

Climatología.
Meteorología.

Enlaces de Internet

http://www.inm.es/ : Instituto Nacional de Meteorología de España
http://www.weather.com/twc/homepage.twc ; El tiempo en Estados Unidos

Clima

Fuente: Britannica

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