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Definición de Consumo de energía

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 La energía es imprescindible para la vida. Consumir energía se ha convertido en sinónimo de actividad, de transformación y de progreso, hasta tal punto de que la tasa de consumo energético es hoy en día un indicador del grado de desarrollo económico de un estado.

El consumo de energías provenientes de combustibles fósiles (carbón y petróleo principalmente) durante el siglo XX se ha incrementado tanto que se corre el riesgo de agotar estos recursos, y ha mostrado la necesidad de adecuar el consumo a las necesidades. Por otra parte, durante su transformación se producen muchas sustancias contaminantes que ponen en peligro el equilibrio ecológico. Todo ello ha hecho crecer la insistencia en el ahorro energético, la disminución de las emisiones contaminantes y la búsqueda de fuentes alternativas de energía, cuya importancia va ganando terreno en los países desarrollados.

Consumo mundial de energía.

El consumo de energía en el mundo depende actualmente de fuentes o recursos que en su mayor parte tienen carácter limitado, y se calcula que el conjunto de las reservas mundiales de carbón, petróleo y gas tienen una duración de 150 años al ritmo actual de crecimiento del consumo. En el grupo de 24 países que integran la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) (sin incluir China o la antigua Unión Soviética) la dependencia de este tipo de energías de carácter limitado es superior al 85% del total de las necesidades impuestas por el consumo actual, mientras que la energía radiante solar percibida es unas 2.000 veces mayor al consumo medio mundial de energía.

Por otra parte, el consumo de energía mundial se distribuye geográficamente de una forma irregular, es mucho mayor en Europa y en América del norte que en el resto de los países.

La estructura del consumo mundial de energía ha ido evolucionando de una forma diferente a lo largo del tiempo. Desde 1960, el crecimiento del consumo de petróleo aumentó considerablemente y alcanzó su máximo en 1973. Después de la crisis del petróleo, los países comenzaron a investigar nuevos recursos para evitar la dependencia tan fuerte que había de esta fuente y entonces se produjo un auge de la producción de energía nuclear. La evolución del gas natural ha sido diferente, su producción y consumo aumentan progresivamente a medida que se van solucionando los problemas de transporte y distribución. Esto es debido a que existen grandes reservas de gas natural (en EEUU y el territorio de la antigua URSS) y a que es una energía limpia, puesto que su proceso de transformación y consumo no implica la emisión de sustancias altamente contaminantes.

El carbón fue el recurso energético que impulsó la revolución industrial a principios de siglo. Sin embargo, hoy su importancia ha descendido debido al desarrollo espectacular de la petroquímica, aunque presenta todavía grandes posibilidades como materia prima de gran número de compuestos químicos. La energía hidroeléctrica y la nuclear han aumentado su consumo desde 1960, aunque en muchos países se ha paralizado la construcción de centrales nucleares debido a la oposición social. Sin embargo, en los países más desarrollados se está intentando rentabilizar al máximo los recursos hidráulicos existentes.

El consumo mundial por fuentes en 1990 se encontraba repartido entre petróleo (39,6%), carbón (22%), gas natural (18,4 %), energía nuclear (15,2%) e hidroeléctrica y geotérmica (4,5%).

Los países que poseen más potencial de energía hidroeléctrica son los de América del Sur, África y Sureste Asiático, aunque se da la paradoja de que no son los que la tienen más explotada. Los países que la utilizan más intensivamente son, sin embargo, los europeos. Aunque es difícilmente estimable, se cree que únicamente se utiliza un 20% de la capacidad hidráulica mundial.

En cuanto a la energía nuclear, empezó a proliferar hacia los años 70. Las reservas de uranio más importantes se encuentran en África, América del norte y Oceanía. Existen más de 400 centrales nucleares en unos 25 países; de ellos, los que la utilizan de una manera más intensiva son Francia y Bélgica. Italia, por ejemplo, no tiene instalada ninguna central nuclear.

Las mayores reservas de petróleo se encuentran en Oriente Medio, la antigua URSS y América del Norte. Se estima que al ritmo actual de consumo, las reservas se agotarán en 40 años. Los países de la OPEP exportan el petróleo sobre todo a Europa, y esto ha dado lugar a la creación de una gran infraestructura de transporte. Su comercialización implica numerosas pérdidas (gas quemado en la licuefacción y regasificación y gas perdido en las estaciones de compresión de los gaseoductos). Los principales consumidores son los países de la CEE.

El carbón es la fuente energética más antigua. Las reservas alcanzan el 50% del total mundial de fuentes de energía no renovables. Los países con más reservas y explotación de este recurso son EEUU y la antigua URSS. Su consumo es importante en las industrias químicas y siderúrgicas. Existen diferentes tipos de carbón dependiendo de sus potenciales caloríficos, lo que hace difícil la estimación de las reservas.

Consumo de energía en España.

El consumo de energía en España comienza a seguir una evolución parecida al de los países de la CEE a raíz de la crisis de 1973, aunque un estudio comparativo demuestra que España tiene más dependencia del petróleo y de la energía nuclear.

La dependencia de la energía hidráulica es muy grande y, por ello, la producción de energía está expuesta a las condiciones climáticas. España posee recursos energéticos de carbón abundantes, sin embargo, la extracción es costosa y el carbón es en gran parte lignito de baja calidad.

La producción de petróleo (recurso más consumido) es baja, aunque posee instalaciones con una capacidad de refino del 70%.

El 50% de los gases se utilizan en el consumo doméstico. El gas natural se importa en un 75% de Argelia y Libia. España posee una red de gaseoductos de 1.500 km. Se han encontrado yacimientos en Cádiz, pero son de difícil extracción. Los gases manufacturados procedentes del petróleo son de producción propia.

En España, más de la cuarta parte del consumo total de energía corresponde a las viviendas (12,2%) y al uso de los vehículos privados (15%), lo que indica que los consumidores particulares requieren para sus necesidades una cantidad de energía al año superior a 17 millones de toneladas (una flota de 340 buques de 50.000 tm) a la que corresponde una factura energética de más de dos billones de pesetas anuales. Los porcentajes señalados sobre el consumo total no son muy distintos de los otros países europeos, si bien presentan algunas características sobre las que conviene detenerse.

Por un lado, la media del consumo nacional de energía por habitante se sitúa en un 64% del consumo medio de los países comunitarios, pero en el caso de la vivienda dicho consumo apenas alcanza el 40%. Esto es debido en parte a las condiciones favorables de la climatología y en cierta medida al escaso equipamiento energético (de electrodomésticos, de equipos para agua caliente, calefacción o refrigeración) de muchos de nuestros hogares. Sin embargo, la tendencia expresa una exigencia creciente de mejora de calidad de vida. En los países europeos el consumo se mantiene constante desde hace 20 años mientras que en España se ha duplicado en este mismo período y ha crecido casi en un 30% entre los años 1985 y 1992, que corresponden a una fase de fuerte crecimiento económico.

El consumo eléctrico de las viviendas españolas absorbe un 70% de toda la electricidad que produce anualmente el parque de las nueve centrales nucleares españolas o el parque de centrales térmicas basadas en el carbón. Véase España: economía.

Temas relacionados.

Ahorro energético.
Desarrollo.
Desarrollo sostenible.
Energía.

Bibliografía.

FARRINGTON, D., Uso directo de la energía solar, H. Blume Ediciones.
Mundo Científico. nº 85 y 97, Ed. Fintanbla.

Consumo de energía

Fuente: Britannica

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