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Definición de Drácula

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 Personaje novelesco creado por el escritor irlandés Bram Stoker, quien se inspiró, por un lado, en la figura de Vlad Tepes, príncipe valaco del siglo XV que por su crueldad fue conocido con el apelativo de “El Empalador”, y por otro lado, en las viejas leyendas acerca del vampirismo, el mal que vuelve, a quienes lo padecen, en seres inmortales, condenados a vivir de noche y dormitar durante el día. El vampiro ha de beber sangre humana para sobrevivir, lo cual lo convierte en un asesino despiadado. El Conde Drácula, tras su apariencia de viejo aristócrata, oculta una personalidad diabólica que, al no perecer, no está sometida al juicio divino; quizá por eso le repugnan los crucifijos.

Drácula en la literatura

Existen tradiciones acerca de vampiros en diversos lugares del mundo, si bien se entremezclan, en gran medida, con la licantropía, maldición que convierte al hombre en lobo cuando se alza la luna llena. Ya en el siglo XVIII había estudiosos que daban importancia a la leyenda y la trataban en sus escritos, a veces para rebatirla, otras para acreditar su verdad científica. El Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires (1751), de Dom Agustín Calmet es uno de esos clásicos tratados de vampirología que, releídos por los escritores románticos, iban a dar consistencia a uno de los mitos más longevos y universales de la cultura moderna. Folletines de calidad como Melmoth el errabundo (1820), de Charles Robert Maturin, y escritos tan inspirados como El vampiro (1819), de John Polidori son tan sólo una muestra de un tipo de literatura cada vez habitual.

Sin embargo, hay dos obras fundamentales: Varney the vampire, or the feast of blood (1847), de James Malcolm Rymer, y Carmilla (1871), de Sheridan Le Fanu. Ambas formaban parte de las lecturas predilectas de Bram Stoker, el gerente del famoso actor Henry Irving. En su tiempo libre, Stoker cultivó su vocación de literato, y el tema escogido no fue otro que el sugerido por las obras de Rymer y Le Fanu: el vampirismo. Leyó numerosos libros acerca del folklore de Transilvania y la Valaquia y también estudió la figura de Vlad Tepes, que le sirvió de disculpa histórica para documentar lo que más tarde fue su novela Drácula (1897), donde fijó las convenciones del vampiro: un aristócrata que no respeta la virtud, dominador de las mentes, capaz de las mayores brutalidades y, pese a ello, atrayente.

Sorprende que Stoker escribiera una novela tan brillante y luego su talento desapareciera, dada la mediocridad del resto de su obra. Recientes investigadores han demostrado que un segundo escritor revisó y modificó en profundidad el manuscrito original. Lo más probable es que el encargado de convertir Drácula en una obra de primer nivel fuera el escritor Hall Caine. En el fondo, es éste un tema secundario, pues si Stoker no fue un genio de las letras, parece que sí lo fue de las finanzas, y la explotación comercial del personaje así lo demuestra. El escritor irlandés y luego su viuda vigilaron los derechos de autor hasta unos extremos inauditos en aquellas fechas.

De Drácula se realizó una adaptación escénica que fue leída por Henry Irving en el escenario del Royal Lyceum Theatre, de Londres, el 18 de mayo de 1897. Tras otras representaciones, la pieza teatral llegó al Fulton Theatre, de Nueva York, el 4 de octubre de 1927. Drácula fue encarnado por Bela Lugosi. Intérpretes como el español Enrique Rambal y el argentino Pepe Cibrián también dieron vida al Conde en los teatros. Desde entonces, la obra teatral Drácula ha contado con protagonistas como Raúl Julia, Terence Stamp, Daniel Day Lewis, Martin Landau y Tom Savini.

Por lo que concierne a las novelas sobre vampiros, su evolución a partir de la edición de la obra de Stoker y su posterior adaptación al cine ha sido constante. Escritores como Richard Matheson y Stephen King han escrito sobre el tema relatos y novelas de mérito, pero fue la novelista norteamericana Anne Rice quien, con más originalidad que verdadero talento para la escritura, inició su saga sobre el vampiro Lestat en 1976, con la novela Entrevista con un vampiro, continuada con gran éxito a mediados de los ochenta. Siendo como era Lestat un modernizado imitador de Drácula, no debe sorprender que llegase a la fama durante el periodo de mayor apogeo de los vampiros literarios, coincidente además con el cambio sociológico debido al avance de la enfermedad del SIDA, contagiada, como el vampirismo, a través de la sangre.

Drácula en el cine

Evitando pagar los derechos de adaptación a la viuda de Stoker se rodó Nosferatu, el vampiro (1922), de Friedrich Wilhelm Murnau, película expresionista, de un bello esteticismo e intenso sentido del horror sobrenatural, muy distinta a Drácula (1931), de Tod Browning, film norteamericano que define al Conde (Bela Lugosi) como un noble de gustos mundanos que, de noche, embozado tras su capa, hipnotiza y muerde a sus víctimas. El encanto de esa presentación se fue volviendo más irónica en productos menos rigurosos de la compañía Universal, caso de La zíngara y los monstruos (1944), de Erle C. Kenton.

Tras una etapa en que el Conde Drácula parecía condenado a ser un personaje invitado en comedias de bajo presupuesto, se recuperó su auténtica dimensión en Drácula (1958), de Terence Fisher, donde el actor Christopher Lee proporcionó al personaje una elegancia y un poderío sobrecogedores. En México El vampiro (1959), de Fernando Méndez, inauguró la saga del Conde Duval (Germán Robles), un Drácula hispano de gran éxito.

Incorporado al cine comercial europeo, el vampiro se relacionó con el peplum en Maciste contro il vampiro, de Giacomo Gentilomo (1961), aunque fue la firma británica Hammer la que mejor aprovechó su figura a través de películas como Drácula vuelve de la tumba (1968), de Freddie Francis. Asimismo, empezaron a surgir versiones originales, como la versión afroamericana Blácula: Drácula negro (1972), de William Crain; y un divertida combinación con el cine de artes marciales, Kung-Fú contra los siete vampiros de oro (1974), de Roy Ward Baker.

En la década de los ochenta, los vampiros abandonaron la elegancia y se distinguieron por una crueldad propia de pandilleros juveniles, como sucedió en dos films de 1987: Los viajeros de la noche, de Kathryn Bigelow; y Jóvenes ocultos, de Joel Schumacher. En 1992 se estrenaron dos películas que definen dos modos extremos de entender el vampirismo y el mito de Drácula. Una de ellas es Drácula de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola, estilizada y esteticista adaptación de la novela original, que procuró entender al Conde desde una perspectiva romántica. La otra, Buffy, cazavampiros, de Fran Rubel Kuzui, combinó los vampiros, las artes marciales y la comedia juvenil en una fórmula de buenos resultados en televisión. Una versión del ciclo de Anne Rice, Entrevista con el vampiro (1994), de Neil Jordan, asimiló los vampiros al concepto de galán joven y atormentado, de raíz neorromántica. Proyectos posteriores demuestran el carácter ambivalente del estereotipo vampírico, que se corresponde con la creciente indefinición del género de terror.

Drácula en la televisión

Cuando en marzo de 1954 los espectadores de la cadena estadounidense KABC-TV encendieron sus receptores, tuvieron la oportunidad de advertir los modales sofisticados de “Vampira”, una singular presentadora que luce ropajes negros y cuyo rostro, muy pálido, recuerda el de Drácula. “Vampira” era en realidad la actriz Maila Nurmi, y su programa era una sesión de cine terrorífico al viejo estilo. Pero a pesar de intentos como el suyo, todo parecía indicar que el vampiro había pasado a ser un personaje cómico, como sucedió en la teleserie La familia Munster (1964-1966). Sin embargo, la evolución de este personaje en el formato televisivo no se limitó a lo humorístico o a la emisión de películas antiguas. Las imitaciones de Drácula también hallaron acomodo en teleseries. Dark shadows (1966-1971), de Dan Curtis, es un buen ejemplo al respecto.

Inspirándose en la novela de Stephen King, El misterio de Salem’s Lot (1979), de Tobe Hooper, recuperó el mito en su dimensión más inquietante, con el añadido de unas dosis de aventura que los espectadores agradecieron, y que derivó luego en personajes como el detective de largos colmillos que protagonizó El señor de las tinieblas (1992-1993), o la estudiante que acaba con estos maléficos seres en Buffy, cazavampiros (1997-1998).

Drácula en el cómic

Apenas estrenada la película de Tod Browning, la empresa española Ediciones Marco publicó en su revista Don Tito la historieta El vampiro invisible (1931). Ya en los años 40, figuró en el catálogo de cuadernos de la Editorial Rialto el titulado La vuelta del vampiro “Drácula”, cuya cubierta, ilustrada por M. Cuesta, retrató al actor Bela Lugosi. El tebeo humorístico de esas fechas se contaba entre los favoritos del público español, que disfrutaba las aventuras de El vampiro Draculín (1948), de Ayné, publicadas en la revista Chispa (1948-1949).

En Francia se publicó, tiempo después, la serie cómica Le petit vampire (1968), de Jean Pierre Desclozeaux. En los años setenta, gracias, en parte, al éxito de las producciones Hammer, volvió con fuerza el horror en la historieta. En Brasil triunfaron los cómics del Conde Von Boros, de Gedeone Malagola y Nico Rosso. No obstante, fueron revistas de la compañía norteamericana Warren Publishing, tales como Creepy y Eerie, las que más protagonismo concedieron a Drácula y sus derivados. Los contenidos de esas publicaciones, en gran medida obra de artistas españoles, fueron de nuevo publicados en Europa a través de otras cabeceras.

La proliferación de revistas de terror en España es bien significativa al respecto, editándose, entre otras, Historias para no dormir (1966), Dossier Negro (1968), Drácula (1971), Vampus (1971), Terror Gráfico (1972), Rufus (1973), Escalofrío (1973), Horror (1973), Vampirella (1974), Creepy (1979), y Escalofrío presenta: La tumba de Drácula (1980). Todas ellas contaban con historietas dedicadas a Drácula y vampiros semejantes. El tratamiento oscilaba entre la fidelidad al mito demostrada en Drácula (1971), dibujado por Alfonso Figueras en la revista homónima, y la caricatura de El último vampiro (1971), de Juan López “Jan”, editado en Trinca, y Draculino (1971), de Peñarroya, que aparecía en Terror Fantastic.

La revista española Creepy fue una de las que mejor abordó el mito del vampirismo durante los años ochenta. La cuidada serie Drácula (1984), de Fernando Fernández, apareció en los números que van del 36 al 48. También apareció en las páginas de Creepy, la serie Vampirella, escrita por Jerry Boudreau y Rich Margopoulos y dibujada por Pepe González. Su protagonista, una escultural vampira nacida en el planeta Drakulon, nació de una idea concebida por Forrest J. Ackerman y Archie Goodwin en 1969, puesta inicialmente en imágenes por Frank Frazetta, Trina Robbins y Tom Sutton.

Haciendo uso de una técnica de calidad magistral, el argentino Alberto Breccia desarrolló ¿Dracul-Drácula Vlad? ¡Bah…! (1984), obra humorística muy alejada de la versión juvenil que proponía desde Estados Unidos la Editorial Marvel: Dracula Lives! (1973), de Marv Wolfman, Steve Gerber y Roy Thomas. La citada historieta se asemejaba un tanto a Count Dracula (1983), del norteamericano Neal Adams, que ofrecía un parecido dinamismo en la acción. En 1988 nació una edición de la obra de Stoker, Conde Drácula, ilustrada por el italiano Guido Crepax, y coincidiendo con el estreno de la película dirigida por Francis Ford Coppola, salió a la venta una versión en cómic, Drácula, el cómic (1992), con guión de Roy Thomas y dibujos de Mike Mignola.

Combinando las figuras de Drácula y Batman, se editó un curioso tebeo, Batman Drácula. Lluvia roja (1991), de Doug Moench, Kelley Jones y Malcolm Jones III. Lo que, hablando de comics, pueden tener de común entre sí los superhéroes y los vampiros es la doble personalidad, el hecho de enmascararse tras una apariencia inofensiva que oculta al peor de los villanos o a un paladín de la justicia. Era por ello lógico que un vampiro no quedara fuera de lugar en los rocambolescos argumentos que compañías como Marvel o DC dedicaban a sus habituales mutantes con superpoderes. Y fue a esa galería de personajes de Marvel a la que fue a unirse en 1990 un curioso grupo que surge en las páginas de la serie El Motorista Fantasma, que realizaron Howard Mackie y Javier Saltares.

El equipo de los Cazadores de Vampiros (los Night-Stalkers) lo formaron: un descendiente del Conde Drácula, Frank Drake, enemigo de los de su mismo linaje; Hannibal King, un vampiro que lucha por escapar a su maldición; y el violento Blade, armado con todo tipo de armas blancas que utiliza para eliminar sin piedad a los bebedores de sangre. La serie de los Night-Stalkers (1994), con guión de D.G. Chichester y dibujos de Ron Garney, fue un rotundo éxito en los Estados Unidos, dando incluso lugar a un largometraje: Blade (1998).

Filmografía

La siguiente lista incluye las principales películas y espacios de televisión sobre el Conde Drácula, así como algunas producciones que, aun no citando de forma explícita al personaje creado por Bram Stoker, se inspiran en él, presentando vampiros que se le asemejan.

En cine:
1922: Nosferatu, el vampiro, de Friedrich Wilhelm Murnau.
1931: Drácula, de Tod Browning; La bruja vampiro, de Carl Theodor Dreyer.
1933: Sombras trágicas, de Frank Strayer.
1935: La marca del vampiro, de Tod Browning; Condemned to live, de Frank Strayer.
1936: La hija de Drácula, de Lambert Hillyer.
1943: El hijo de Drácula, de Robert Siodmak; The return of the vampire, de Lew Landers.
1944: La zíngara y los monstruos, de Erle C. Kenton.
1945: La mansión de Drácula, de Erle C. Kenton; The vampire’s ghost, de Lesley Selander.
1952: Old Mother Riley meets the vampire, de John Gilling.
1957: La sangre de Drácula, de Herbert L. Strock; The vampire, de Paul Landers; I vampiri, de Riccardo Freda.
1958: Drácula, de Terence Fisher; El regreso de Drácula, de Paul Landers; La sangre del vampiro, de Henry Cass.
1959: El vampiro, de Fernando Méndez; Plan nine from outer space, de Ed Wood Jr.; Onna kyuketsuki, de Nobuo Nagakawa; Curse of the undead, de Edward Dein
1960: Las novias de Drácula, de Terence Fisher; El mundo de los vampiros, de Alfonso Corona Blake; El ataúd del vampiro, de Fernando Méndez; L’ultima preda del vampiro, de Piero Regnoli.
1961: Maciste contro il vampiro, de Giacomo Gentilomo; Frankenstein, el vampiro y compañía, de Benito Alazraki; Il vampiro dell’opera, de Renato Poselli; El vampiro sangriento, de Miguel Morayta.
1962: La maldición de los Karnstein, de Thomas Miller.
1965: Drácula, príncipe de las tinieblas, de Terence Fisher; Un vampiro para dos, de Pedro Lazaga.
1967: El imperio de Drácula, de Federico Curiel; El baile de los vampiros, de Roman Polanski.
1966: Billy the kid vs. Dracula, de William Beaudine; La galería del terror, de David L. Hewitt; La herencia de los Munster, de Earl Bellamy.
1967: A taste of blood, de Herschell Gordon Lewis; Batman fights Dracula, de Leody M. Díaz; Le viol du vampire, de Jean Rollin.
1968: Drácula vuelve de la tumba, de Freddie Francis; Santo en El tesoro de Drácula, de René Cardona.
1969: El poder de la sangre de Drácula, de Peter Sasdy; El conde Drácula, de Jesús Franco; Sangre en el castillo de Drácula, de Al Adamson; Los monstruos del terror, de Tulio Demichelli; Santo y Blue Demon contra los monstruos, de Gilberto Martínez Solares.
1970: Las cicatrices de Drácula, de Roy Ward Baker; Los amantes vampiros, de Roy Ward Baker; Condesa Drácula, de Peter Sasdy; Sombras en la oscuridad, de Dan Curtis; Le frisson des vampires, de Jean Rollin; Las vampiras, de Jesús Franco.
1971: Revenge of Dracula, de Al Adamson; Drácula y las mellizas, de John Hough; El último hombre… vivo, de Boris Sagal; Requiem pour un vampire, de Jean Rollin.
1972: El gran amor del conde Drácula, de Javier Aguirre; La novia ensangrentada, de Vicente Aranda; Drácula contra Frankenstein, de Jesús Franco; Drácula 73, de Alan Gibson; Kronos, cazador de vampiros, de Brian Clemens; Blacula: Drácula negro, de William Crain; La tumba del vampiro, de John Hayes; La saga de los Drácula, de León Klimovsky; Santo y Blue Demon contra Drácula y el hombre lobo, de Miguel María Delgado; Son of Dracula, de Freddie Francis; El circo de los vampiros, de Robert Young.
1973: Los ritos satánicos de Drácula, de Alan Gibson; Los vampiros de Coyoacán, de Arturo Martínez.
1974: Vampira, de Clive Donner; Kung-Fú contra los siete vampiros de oro, de Roy Ward Baker; Dracula vuole vivere: cerca sangue di vergine, de Antonio Margheriti.
1975: Lady Drácula, de Franz-Joseph Gottlieb; Drácula, padre e hijos, de Edouard Molinaro; Tiempos duros para Drácula, de Jorge Mauceri Darnell; Muérdame, señor Conde, de Lucio Fulci.
1976: El pobrecito Draculín, de Juan Fortuny; El jovencito Drácula, de Carlos Benpar.
1977: Doctor Dracula, de Al Adamson y Paul Aratow; El perro de Satán, de Albert Band.
1978: Nosferatu, el vampiro de la noche, de Werner Herzog; Drácula chupa, de Jamie Gillis.
1979: Phantasma II, de Tobe Hooper; Amor al primer mordisco, de Stan Dragoti; Drácula, de John Badham; Mamá Drácula, de Boris Szulzinger; Nocturna, nieta del conde Drácula, de Harry Tampa; Vampire hookers, de Cirio H. Santiago.
1982: Buenas noches, señor monstruo, de Antonio Mercero.
1983: Vampiros en La Habana, de Juan Padrón; El ansia, de Tony Scott.
1985: Noche de miedo, de Tom Holland; Lifeforce, fuerza vital, de Tobe Hooper; Transilvania 6-5000, de Ruddy de Luca.
1986: As sete vampiras, de Ivan Cardoso.
1987: Los viajeros de la noche, de Kathryn Bigelow; Jóvenes ocultos, de Joel Schumacher.
1988: My best friend is a vampire, de Jimmy Houston; Una pandilla alucinante, de Fred Dekker; Nosferatu en Venecia, de Augusto Caminito; Museo de cera, de Anthony Hickox; Vampiros en la sombra, de Anthony Hickox.
1990: Aquí huele a muerto… ¡Pues yo no he sido!, de Álvaro Sáenz de Heredia; Rockula, de Luca Bercovici.
1991: Museo de cera II, de Anthony Hickox.
1992: Drácula de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola; Cronos, de Guillermo del Toro; Sangre fresca, de John Landis; Buffy, cazavampiros, de Fran Rubel Kuzui.
1994: Entrevista con el vampiro, de Neil Jordan.
1995: Un vampiro suelto en Brooklyn, de Wes Craven
1996: Drácula, un muerto muy contento y feliz, de Mel Brooks; Vampirella, de Jim Wynorski; Abierto hasta el amanecer, de Robert Rodríguez.
1997: Brácula. Condemor II, de Álvaro Sáenz de Heredia.
1998: Vampirates, de Tom Savini; Vampires, de John Carpenter.

En televisión:
1956: Dracula.
1964-1966: La familia Munster.
1966-1971: Dark shadows, de Dan Curtis y otros.
1971-1972: Galeria nocturna, de Rod Serling (varios episodios).
1973: Drácula, de Dan Curtis. Drácula, de Jack Nixon Browne.
1976: El conde Drácula, de Philip Saville.
1979: El misterio de Salem’s Lot, de Tobe Hooper.
1988-1991: La familia Munster, hoy.
1991: Vampiros, de Dan Curtis y otros; Cine por un tubo: Que me quiten lo chupao, de Manuel Summers.
1992-1993: El señor de las tinieblas, de Geraint Wyn Davies y otros.
1997-1998: Buffy, cazavampiros, de David Semel y otros.

Temas relacionados

Buffy cazavampiros.
Hammer Films.
Vampiro.
Licantropía.
Hombre lobo.
Literatura fantástica.
Cine fantástico.
Cine de terror.

Bibliografía

COPPER, D. The vampire in legend, fact and art. (Nueva York: Carol Communications, 1989).
CUETO, R. y DÍAZ MAROTO, C. Drácula: De Transilvania a Hollywood. (Madrid: Nuer Ediciones, 1997).
FLYNN, J. L. Cinematic vampires: The living dead on film and television. (Jefferson -Estados Unidos-: McFarland Co., 1992).
GELDER, K. Reading the vampire. (Nueva York: Routledge, 1994).
LLOPIS, R. Historia natural de los cuentos de miedo. (Madrid: Júcar, 1974).
MÄRTIN, R.-P. Conde Drácula: Historia y leyenda de Vlad el Empalador. (Barcelona: Tusquets Editores, 1983).
MOLINA FOIX, J.A. Horrorscope: Mitos básicos del cine de terror (2 vol.). (Madrid: Nostromo. 1974).
SKAL, D. J. The Monster Show: A cultural history of horror. (Londres: Plexus, 1994).
SUMMERS, M. The vampire. (Londres: Studio Editions, 1995).

Emilio García Fernández/Guzmán Urrero Peña.

DRÁCULA

Fuente: Britannica

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