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Definición de Etimología

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 (Del lat. etymologia ‘origen de una palabra’, y éste del gr. tumologˆa ‘sentido verdadero de una palabra’); sust. f.

1. [Lingüística] Estudio del origen y desarrollo histórico de las palabras de una lengua, que trata de determinar las causas y circunstancias del proceso evolutivo: la etimología de dos formas como “regla” y “reja” remite al latín “regula”.
2. [Lingüística, por extensión] Estudio del origen de la forma y el significado de las palabras, dentro de una misma lengua o entre varias relacionadas: el adjetivo “gitano” y su correlato inglés “gypsy” poseen una etimología común (“egiptano” y “Egyptian”), por la creencia medieval de que este pueblo de origen indoario procedía de Egipto.
3. [Lingüística, uso anticuado] Hasta el siglo XIX, parte de la gramática cuyos límites coinciden a grandes rasgos con los de la moderna morfología: la etimología, también llamada analogía, debía enseñar a remitir una forma dada a su correspondiente categoría, y, si ésta admitía flexión, a su forma “original”: el nominativo en el caso de los nombres y el infinitivo en el caso de los verbos.

Modismos
Etimología popular. [Lingüística] Creación léxica espontánea de los hablantes de una lengua por asociación incorrecta de un término con otros de distinto origen: por etimología popular, la voz “vagabundo” se ha transformado en “vagamundo”, ya que éste es el que vaga por el “mundo”.

Sinónimos
Procedencia, fuente, origen, derivación, raíz, cuna, génesis, principio, paretimología, atracción paronímica.

 (1, 2 y 3)[Lingüística] Etimología.

Introducción histórica

“Etimología” es una voz de origen griego que remite en última instancia al adjetivo étymos ‘verdadero, auténtico’. Este sentido está presente ya en la definición que del ejercicio etimológico proporcionan algunos filósofos desde el siglo III a.C., según los cuales el estudio de las palabras en su origen permitía buscar la verdad o esencia de las cosas. Desde esas mismas fechas, se encuentran el adjetivo etymologikós ‘etimológico’, el sustantivo etymologikón ‘diccionario etimológico’ y el verbo etymologéo ‘estudiar el origen de una palabra’. Aunque son los estoicos quienes ofrecen por vez primera este rico léxico de las pesquisas etimológicas, la ciencia contaba ya con bases desde varios siglos atrás (de acuerdo con el testimonio de Platón, éstas se remontan a la época de Sócrates); en Aristóteles y en sus contemporáneos, posteriormente, hay una constante preocupación por lo que él llama el étymon o ‘valor verdadero’ de las palabras.

Con el término español etimología (con voces equivalentes en otras lenguas que no se despegan del término griego, como el francés étymologie, el inglés etymology y el alemán Etymologie) se identifica la ciencia o conocimiento que estudia el origen de las palabras y que las relaciona con otras anteriores —en la misma lengua o en otras distintas— de las que aquéllas procederían. En el pasado helénico, en el que se hallan las primeras pesquisas etimológicas, los estudios de esta índole buscaban mucho más que satisfacer una mera curiosidad científica y filológica; en realidad, se pretendía explicar la naturaleza de las cosas por medio de un conocimiento previo de las palabras que las denotaban. Con el paso de los siglos, la etimología abandonó la pretensión de determinar esa relación intrínseca entre las palabras y las cosas y, poco a poco, se fue constituyendo en una disciplina erudita que permitiese investigar la raíz histórica de las palabras.

Los rudimentos de los modernos estudios etimológicos se encuentran ya en los filósofos griegos; posteriormente, eruditos romanos como Verrio Flaco en De significatu (gramático augústeo que se conoce gracias a un epítome de Festo hecho por Paulo Diácono en el siglo VIII), Varrón en De lingua latina o Aulo Gelio en sus Atticae noctes aportaron explicaciones etimológicas a una cantidad considerable de términos. El Medievo contará, sobre todo, con los materiales de san Isidoro, cuyas Etimologías serán la fuente de información primordial desde el siglo VII hasta la revolución cultural de los humanistas; en éstos se ha de ver, en último término, a los verdaderos antecesores de la erudición histórico-filológica del siglo XIX, a los creadores de los modernos estudios de la etimología.

Los estudios etimológicos, desde entonces, están estrechamente ligados a las investigaciones lingüísticas en general, en materia ortográfica, fonética, léxica o semántica; no obstante, la relación más estrecha es la que esta rama de los estudios histórico-filológicos guarda con la gramática histórica, ciencia nacida también propiamente al amparo del positivismo y el historicismo comparatista decimonónicos. Al adentrarse en el siglo XX, los estudios de etimología se beneficiaron de la madurez alcanzada por la lingüística y del desarrollo experimentado por los diversos métodos histórico-comparativos, particularmente en el ámbito del indoeuropeo; al mismo tiempo, para el conocimiento etimológico, fue determinante la evolución en la investigación de los hechos históricos, desde el mundo antiguo hasta la Edad Media. Por ello, los modernos estudiosos de la etimología manejan por lo común al mismo tiempo la información lingüística e histórica, como se aprecia en los estudios de lexemática de un Benveniste, un Malkiel o un Baldinger.

El término y el concepto

Dentro del campo de la lingüística, la etimología es la disciplina que estudia el origen de las palabras y la evolución de su significado y forma. El étimo de una palabra es aquella otra de la cual desciende de forma próxima (un término castellano actual puede derivar, por ejemplo, de otro medieval), lejana (la voz latina de la que nace) o remota (los sustratos prerromanos o la raíz indoeuropea de la que parte, sin ir más lejos). La palabra “etimología” proviene precisamente del étimo griego tumologˆa, que es un término compuesto por tumoj ‘verdadero, real’ y lÕgoj ‘palabra'; por otra parte, “étimo” proviene del griego tumon ‘sentido verdadero’. La introducción histórica de la palabra “etimología” se remonta a 1438, mientras que “étimo” es un término de la lingüística moderna acuñado en 1910. Algunos otros derivados importantes son etimológico (1705), etimologista o etimólogo (1705) y etimologizar (1832).

Antigüedad greco-latina

Dentro del mundo griego, Platón, en el Cratilo, expone por primera vez una teoría completa sobre el lenguaje; a la pregunta de si éste se adecua a la realidad o es más bien fruto de la convención, responde, por boca de Sócrates, que existe una relación de necesidad entre el concepto de la realidad externa (designatum) y el significado de la palabra (significatum). De acuerdo con este principio, Platón alude a la existencia de una especie de lengua natural y universal, a la que hay que retrotraer las palabras de las distintas lenguas históricas. En este diálogo, se incluyen también algunas consideraciones sobre el origen de las palabras primeras que algunos estudiosos identificaron con una concepción de la etimología basada en la estrecha relación que existe entre sentido y sonido, es decir, fundamentada en la onomatopeya.

Esta interpretación ha sido rechazada por críticos como Belardi, quien señala que Sócrates no alude en ningún momento a la posible creación de palabras y significados apoyados en los valores fónicos; por el contrario, se ha de interpretar el pasaje platónico como un análisis articulatorio de los distintos fonemas: la rho evoca un movimiento y un correr agitado; la lambda podría evocar lo líquido y resbaladizo (leîos, liparós); la iota, las cosa sutiles y delgadas (iénai). Estas concepciones se acercan muchísimo a las intuiciones fonosimbólicas o a lo que Leroy llama, aludiendo a dicho texto platónico, “fonética impresiva” (imágenes acústicas imitadoras de algunos aspectos de lo real).

En realidad, son los estoicos los elaboradores de la teoría de las palabras expresivas, en las que hay una motivación según su naturaleza, y los creadores del término ethimologia como método de búsqueda de lo verdadero (étymos) “en las palabras” o “a través de las palabras”. Ellos fueron, a su vez, los primeros en estudiar la naturaleza del signo lingüístico, que constaba de un significante (semaînon), un significado (semainómenon) y, como tercer elemento, la realidad externa o el accidente (prágma, tynchanón); aunque la lengua es una convención, no se puede negar, en opinión de estos filósofos, la necesidad de una conexión natural entre los sonidos y las cosas significadas. Estas teorías son recogidas por Dionisio de Halicarnaso, quien habla realmente del valor de la onomatopeya como principio formador de palabras.

Pero la etimología no sólo es objeto de discusión por parte de los filósofos, sino que también, al ser una ars (método que sirve para explicar y ordenar y, como tal, opuesto a empeiría y a epistéme), es usada por los poetas y retóricos que se complacen con los juegos etimológicos; así, Aristóteles la sitúa entre los veintiocho tópicos de la demostración y la coloca en último lugar. En el mundo latino, Cicerón TULIO adopta la doctrina aristotélica y emplea la palabra notatio para referirse a etimología:

“Multa etiam ex notatione sumuntur. Ea est autem, cum ex vi nominis argumentum elicitur; quam Græeci etymologían appellant, id est verbum ex verbo veriloquium […] Itaque hoc quidem Aristoteles sýmbolon appellat, quod Latine est nota.” (Topica, 35)

Por otro lado, el célebre orador incluye también en sus tratados la utilidad de la etimología del nombre propio como claro reflejo de un atributo de la persona:

“Ac personis has res attributas putamus: nomen, naturam, victum, fortunam, habitum, affectionem, studia, consilia, facta, casus, orationes. Nomen est quod uni cuique personæ datur quo suo quæque propio et certo vocabulo appellatur.” (De inventione, 1, 24, 35)

En época más tardía, Quintiliano se hace eco de estas doctrinas:

“Etymologia, quæ verborum originem inquirit, a Cicerone dicta est notatio, quia nomen eius apud Aristotelem invenitur sýmbolov, quod est nota; nam verbum ex verbo ductum, id est veriloquium, ipse Cicero, qui finxit, reformidat. Sunt qui vim potius intuiti originationem vocent.” (Institutio oratoria, 1, 6, 28)

“Ponunt in persona et nomen; quod quidem ei accidere necesse est, sed in argumentum raro cadit, nisi cum aut ex causa datum est, ut Sapiens, Magnus, Pius; aut et ipsum alicuius cogitationis attulit causam, ut Lentulo coniurationis, quod libris Sybillinis aruspicumque responsis dominatio dari tribus Corneliis dicebatur, seque eum tertium esse credebat post Sullam Cinnamque, quia et ipse Cornelius erat.” (Institutio oratoria, 5, 10, 30)

Pero, dentro del mundo romano, es Varrón el autor que mejor recoge el espíritu de la etimología, con una concepción claramente estoica, en su obra De lingua latina; esa continuidad metódica se pone de manifiesto al referirse a dicho método lingüístico (Lingua, 5, 2) “illam partem, ubi cur et unde sint verba scrutantur, Græci vocant etymologían”. En esta obra, Varrón reúne explicaciones semánticas sobre distintos términos y los agrupa, según los casos, en familias de palabras; por lo que se refiere a la búsqueda del étimo, de acuerdo con los gramáticos estoicos, establece cuatro grados:

“Nunc singulorum verborum origines expediam, quorum quattor explanandi gradus. Infimus quo populus etiam venit: quis enim non videt unde argentifodinæ et viocurus? Secundus quo grammatica escendit antiqua, quæ ostendit, quemadmodum quodque poeta finxerit verbum, quod confixerit, quod declinarit […] Tertius gradus, quo philosophia ascendens pervenit atque ea quæ in consuetudine communi essent aperire coepit, ut a quo dictum esset oppidum, vicus, via. Quartus, ubi est adytum et initia regis: quo si non perveniam ad scientiam, at opinionem aucupabor, quod etiam in salute nostra nonnunquam facit cum ægrotamus medicus.” (De lingua latina, 5, 7-8)

Al mismo tiempo, este autor pasa a hablar de conceptos que hoy se consideran como pilares de cualquier estudio etimológico: el préstamo, las palabras olvidadas y la derivación:

“Igitur quoniam in hæc sunt tripertita verba, quæ sunt aut nostra aut aliena aut oblivia, de nostris dicam cur sint, de alienis unde sint, de obliviis reliquam.” (De lingua latina, 5, 10.)

Aparte de una influencia estoica en la teoría gramática, en el mundo romano se observa una leve penetración de las teorías epicúreas, cuya concepción atomista del lenguaje aparece recogida en la obra de Lucrecio:

“[…] Quo pacto verba quoque ipsa / inter se paulo mutatis sunt elementis, / cum ligna atque ignes distincta voce notemus.” (De rerum natura, 1, 912 y ss.)

Por lo que respecta al uso de la etimología por parte de los poetas, se pueden encontrar numerosos ejemplos en Virgilio y en Ovidio; con este último, comienzan las interpretaciones disparatadas, como mero artificio poético-erudito, basadas muy a menudo en las llamadas “etimologías populares” (véase más abajo); en otras ocasiones, de acuerdo con el gusto varroniano (es decir, el propio de gramáticos y profesores de retórica), abunda la etimología con base histórica o arqueológica —falsa a menudo—, que se basa en la búsqueda del étimo ex contrariis:

“at puer Ascanius, cui nunc nomen Iulo
additur (Ilus erat, dum res stetit Ilia regno).” (Eneida, 1, 267)

“Romulus excipiet gentem et Mavortia condet
mœnia Romanosque suo de nomine dicet.” (Eneida, 1, 276.)

“mercatique solum, facti de nomine Byrsam.
taurino quantum possent circundare tergo.” (Eneida, 1, 367.)

Un ejemplo de las interpretaciones ovidianas, a todas luces falsas, se halla en los Fasti de Ovidio (cf. 1, 317 y ss., y comienzos de los libros V y VI), donde el autor ofrece cinco etimologías diferentes para el término Agonalia.

Edad Media

A lo largo de la Edad Media, la etimología, entendida como medio de interpretación de la realidad, jugó un papel de extraordinaria importancia; por esta razón, Ernst Robert Curtius la definió como la “forma de pensamiento” medieval por excelencia. De entre los autores tardíos, destaca San Agustín por su afición a esta disciplina, sobre todo a causa de sus constantes indagaciones etimológicas acerca de los nombres propios: Paulus, Felicitas, Primus, Perpetua, etc.

No obstante, el máximo exponente de esta tradición medieval será San Isidoro, quien, para realizar su compilación de todo el saber humano en su obra Etymologiarum libri u Origines, parte de la etimología, a la que considera fundamento de la retórica y de la gramática. Su obra enseñaba, pues, el “origen” (origo) y la “fuerza” (vis) de las cosas. Dentro de este esquema, es muy importante la intuición histórica; por ello, San Isidoro habla de la existencia de varios estratos cronológicos en la latinidad, que parte de un estadio antiguo para desembocar en lo que se denomina estadio “mixto”: éste habría surgido tras la caída del Imperio Romano y se habría propagado por medio de las gentes bárbaras, encargadas de contaminar la prístina pureza de la lengua. Los tipos fundamentales de etimología que establece son: 1) ex causa (reges a regendo et recte agendo); 2) ex origine (homo de humus); 3) ex contrariis (lucus, quia umbra opacus parum luceat); 4) la derivación (prudens de prudentia); 5) el venero griego; asimismo, se incluye una interpretación de los principales nombres del Antiguo Testamento, tal y como había hecho antes San Jerónimo.

De acuerdo con Alberto Zamboni, hay dos maneras distintas de acercarse a la etimología en la Edad Media: por un lado, San Isidoro —a cuya concepción de esta disciplina gramatical ya se ha aludido— y Hugo de San Víctor son los representantes de la llamada “etimología tradicionalista”; por otro, destaca la figura de Pedro Elías, seguidor de la antigua doctrina helenística, en la que el significado, por un lado, y el origen de las palabras, por otro, desempeñan un papel relevante. En el siglo XII, con la aparición de los modistæ (véase modalista), se descubre una interpretación errónea del término etymologia; así, sus obras gramaticales, intituladas De modis significandi, contienen dos partes, a la manera de los tratados de Prisciano: Ethymologia (breve tratado de morfología) y Diasynthetica (sintaxis); además de esta división, en la introducción a sus trabajos incluían unos breves tratados filosófico-lingüísticos (modi essendi, modi intelligendi y modi significandi), que hoy en día asombran por su extraordinaria modernidad al interpretar que la lengua forma una estructura en la que el significado de las palabras viene determinado por su relación con las demás. También en París, en el siglo XII, se configura el sistema analítico de las distinctiones, que analizaba el significado último de las palabras a través de una consideración exhaustiva de sus partes constituyentes con el propósito de captar mejor su esencia; en ellas, se unían distintos tipos de información: gramática, retórica o metafórica, junto a diferentes formas de exégesis.

Del Humanismo a la Ilustración

Los humanistas desarrollaron sus investigaciones etimológicas dentro de su ambicioso proyecto de recuperación del griego, depuración del latín, profundización en el hebreo y reivindicación de las lenguas vernáculas. Si las pesquisas de estos intelectuales fueron cada vez más frecuentes y sólidas desde el Quattrocento, el verdadero terminus a quo lo marca Giulio Cesare Escaligero con su tratado De causis linguae latinae libri XIII (1540). Aunque el desarrollo de unas pautas o leyes en la evolución y transformación de las palabras sólo se dio al llegar a las medianías del siglo XIX, la obra de Étienne Guichard y, sobre todo, los Principes de l’art des étymologies de Gilles Ménage (1613-1692), supusieron un extraordinario avance en este sentido. En esta centuria, hay algunas personalidades y corrientes de análisis que fortalecieron extraordinariamente los estudios de lingüística en general y, de pasada, los de materia etimológica; entre todos, hay que destacar el nombre de Descartes y la corriente lingüística que desemboca en la gramática de Port Royal (véase gramática racionalista). En Inglaterra, el pensamiento filosófico de Francis Bacon culminará en la gramática filosófica del siglo XVII.

En el siglo XVIII vieron la luz los dos volúmenes de Traité de la formation méchanique des langues et des principes physiques de l’étymologie (1765), del francés Charles de Brosses, una historia de la palabra sorprendentemente avanzada que sirvió de base a numerosas entradas de la Encyclopédie française. Otros tantas obras impresas durante esa centuria desarrollaban esa misma labor sobre las lenguas vernáculas o el latín, como las de Giambattista Vico o Johann Heinrich Voss, con su Etymologicum linguae latinae. Todos estos trabajos aportan pinceladas curiosas y, con frecuencia, atinadísimas, pero carecen de la coherencia global que aportará el siglo XIX, al brindar una visión ordenada de las lenguas en familias por medio de un árbol como el de la genealogía, la herencia genética o los stemmata de la crítica textual de corte lachmanniano. Todo ello fue posible, no obstante, gracias al descubrimiento del sánscrito y la percepción de los puntos de unión con las lenguas europeas, magno acontecimiento que tuvo lugar al cierre del siglo XVIII.

La etimología moderna

La aportación de la lingüística decimonónica fue sensacional en gramática diacrónica (o histórica), con el desarrollo de unas leyes de cambio lingüístico de las que los estudios etimológicos supieron sacar un enorme provecho. La etimología convivió con los principales cambios de la teoría gramatical y pasó por una etapa de transición desde el método comparatista decimonónico hasta el desarrollo de la neogramática. El primer gran nombre de un erudito moderno en este campo de trabajo es el de Hugo Schuchardt (1842-1927), gran especialista en latín, sabires y lenguas criollas; por encima en sus resultados, al plasmarse en un diccionario que se tiene por modélico, queda Wilhelm Meyer-Lübke, con su Romanisches Etymologisches Wörterbuch (editado y revisado entre 1911 y 1935).

Con el idealismo de Croce y Vossler de las primeras décadas del siglo XX, surgieron otras investigaciones en clara sintonía con los cambios de trayectoria, como las de Leo Spitzer (1887-1960); por esos mismos años, el desarrollo de la geografía lingüística y del método Wörter und Sachen ‘palabras y cosas’, en unión con las nuevas corrientes de estudio sincrónico y diacrónico, harán posible la constitución del modelo del suizo Walther von Wartburg (1888-1971), en su Französisches etymologisches Wörterbuch. Otros nombres de gran talla que han cambiado radicalmente el panorama son los de Coseriu, Guiraud, Baldinger o Malkiel.

Más allá de cualquier investigación limitada a un término o a un manojo de palabras, el propósito último de la etimología es la creación de diccionarios etimológicos, tras los mencionados modelos de Meyer-Lübke y Wartburg; por ello, en la actualidad existen magníficas herramientas de trabajo, diccionarios históricos o etimológicos propiamente dichos, para las principales lenguas modernas y clásicas. De la enorme producción desarrollada a lo largo de varios siglos da buena cuenta Alberto Zamboni en La etimología (Madrid, 1988), obra de referencia obligada y que desarrolla cumplidamente los aspectos aquí considerados.

Etimología popular

La etimología popular (también llamada etimología cruzada) es una interpretación espontánea que en el lenguaje corriente o vulgar se da a una palabra, relacionándola con otra de distinto origen. La razón por la que se llama a este fenómeno etimología popular (en inglés, folk etymology) se debe a que esta reinterpretación de las palabras puede causar tanto cambios semánticos como formales. Un ejemplo de lo primero lo constituye el término artístico “miniatura”, que proviene del italiano miniatura y significa literalmente ‘pintura de pequeñas dimensiones, realizada generalmente sobre vitela u otra superficie delicada’, aunque, por etimología popular, ha generalizado su significado, y hoy día designa cualquier objeto de reducidas dimensiones. Como ejemplos de etimología popular en que se produce un cambio formal puede citarse el caso del término vulgar “vagamundo”, que constituye una alteración fonética a partir de vagabundo (ya que vagabundo es aquél que anda errante por el mundo, y este significado ha contaminado la forma original); tales cambios existen desde la Antigüedad clásica, como se observa en el paso que lleva de la magia de los muertos (en griego, necros es el término para ‘muerto’) a la magia negra (nigromancia), al haberse convertido previamente en la latina nigromantia. Los ejemplos son numerosísimos en cualquier diccionario o gramática histórica.

Temas relacionados

Lenguaje.
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Lexicología.
Ilustración.

T. Jiménez Calvente.

ETIMOLOGÍA

Fuente: Britannica

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