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Definición de Etnología

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 (De etno- ‘pueblo, raza’ y -logía); sust. f.

1. Ciencia que estudia, desde un punto de vista comparativo, los comportamientos, relaciones y demás características propias de las distintas razas, pueblos y culturas: recorrió gran parte del mundo llevado por su pasión por la etnología.

Sinónimos
Antropología, antropología cultural, etnografía.

 [Antropología]

La etnología, muy relacionada con la denominada antropología cultural, es la ciencia que estudia los diversos pueblos y culturas. La etnología como ciencia deriva de una disciplina troncal, la antropología, cuyo fin es el estudio del hombre desde una perspectiva biológica y cultural, y que adopta como objeto de atención preferente las diferencias existentes entre los diversos colectivos humanos. Por ello, los conceptos de raza y cultura poseyeron una particular importancia en la inicial definición de esta ciencia, aunque el enfoque racial, con el paso del tiempo, se vio en gran medida atenuado. La antropología en general, y la etnología en particular, se vieron impulsadas de forma muy significativa a través de los viajes de exploración y comercio de los países europeos alrededor del globo. Los intercambios comerciales y el descubrimiento de nuevas culturas impulsaron a ciertas mentes curiosas no necesariamente vinculadas al mundo intelectual de la época a describir tradiciones, costumbres y formas de organización política y social de los pueblos sometidos. Las descripciones y valoraciones en la mayoría de las ocasiones estaban realizadas desde una perspectiva fundamentada en la superioridad cultural y en ocasiones racial, por lo que en las descripciones se prodigaban numerosos prejuicios de carácter peyorativo para los colectivos estudiados. La oportunidad que ofrecieron los viajes a otras áreas culturales diferenciadas provocó el surgimiento en Europa de un pensamiento reflexivo acerca de la variedad de los tipos y costumbres humanas, aunque inicialmente no poseía una determinada estructura de conocimiento ni de recolección de datos, limitándose en la mayoría de las ocasiones a la construcción de pintorescos relatos de viajes.

En la actualidad, la antropología en sus más distintos enfoques y variantes no centra su atención únicamente en el estudio de las sociedades denominadas “primitivas”, sino que intenta interpretar y ofrecer soluciones a los problemas planteados hoy en día por las complejas sociedades modernas, donde los patrones de relación interpersonales e intergrupales, así como el carácter de la organización de las minorías, constituyen un desafío de difícil análisis, si no se dispusiera de la experiencia acumulada a lo largo de décadas en el estudio de esas sociedades denominadas “primitivas” cuyos niveles de complejidad y organización (y también desorganización) eran sensiblemente menores. La complejidad de la naturaleza humana en todas sus dimensiones ha provocado que las ciencias antropológicas se dividan y subdividan, estableciéndose simultáneamente estrechos vínculos con diversas ciencias con las que comparte similares inquietudes. De esta manera, surgirá una antropología de carácter eminentemente biológico, mientras que otra se centrará en la dimensión cultural del ser humano: la etnología. Esta división de carácter práctico se vio acelerada por importantes diferencias en el ámbito teórico, puesto que la vinculación que se establecía entre cultura y raza tendía a deformar la perspectiva estrictamente científica que se pretendía otorgar a esta nueva ciencia, ya que la introducción de la raza como una variable significativa contribuía a favorecer interpretaciones racistas. El surgimiento de la etnología como variante diferenciada estimuló asimismo el surgimiento de otras subdisciplinas sensiblemente especializadas, como la etnología prehistórica y la lingüística. La tradición anglosajona por su parte desarrolló un esquema básico similar, si bien en ésta la antropología cultural se subdivide en disciplinas más diferenciadas y específicas que la etnología europea, y nacen de esta manera la etnografía de carácter eminentemente descriptivo, la etnología comparada y una antropología social con manifiesta vocación generalista.

La etnología prehistórica ha establecido unos estrechos vínculos con la arqueología. La interrelación entre ambas disciplinas les reporta amplios beneficios. Los descubrimientos arqueológicos han facilitado información significativa acerca de los modos de vida y la organización sociopolítica de las colectividades humanas en unos momentos del devenir humano en los que la cultura poseía un valor ámpliamente debatido por los etnólogos modernos. Por otro lado, la experiencia de los etnólogos en el estudio de las sociedades denominadas primitivas permite a los arqueólogos reconstruir las formas de vida y las motivaciones por las cuales antiguos pobladores adoptaban un determinado tipo de organización o desarrollaron determinadas estrategias de producción. También han sido abundantes las relaciones entre etnología y lingüística, y también mutuamente provechosas, puesto que la organización del entorno físico y simbólico se encuentra estrechamente vinculado a la organización de la mente que, en gran medida, se exterioriza a través de la comunicación oral y escrita (si bien no exclusivamente). Por otro lado, el discurso y la terminología empleada por los lingüistas ha sido adoptada en ocasiones por los propios etnólogos, puesto que definían conceptos muy útiles relacionados principalmente con procesos de carácter psicocultural y para cuya definición los etnólogos no habían desarrollado un discurso específico.

La relación entre la etnología y la sociología también ha sido muy estrecha; las únicas diferencias importantes entre ambas ciencias derivan de su ámbito de estudio, puesto que si la etnología ha centrado su atención en los colectivos humanos denominados “primitivos”, la sociología se ha dedicado principalmente al estudio de las sociedades modernas y contemporáneas. Con respecto a la ciencia política, se puede afirmar también que los etnólogos han colaborado con ésta de distintas formas, por ejemplo, ofreciendo datos de gran valor sobre la organización política de las sociedades estudiadas, lo que ha permitido a los politólogos elaborar teorías sobre la relación entre las características de las sociedades y los sistemas políticos. Similares vinculaciones, por lo general de mutuo aunque desigual provecho, se han establecido con la psicología, la economía y la historia.

El desarrollo histórico de la etnología.

Si bien la curiosidad antropológica ha existido en la mayoría de las antiguas civilizaciones desarrolladas que poseían bajo su dominio extensos territorios en los que se encontraban asentados pueblos de diversas culturas, no será hasta que Occidente inicie su expansión colonial cuando el conocimiento sobre otros pueblos comience a ser acumulado en una primera fase de forma relativamente sistemática.

En el siglo XIX, tras los numerosos viajes de exploración que se habían realizado durante el siglo anterior, se sentaron las bases para la observación de las culturas denominadas “primitivas” desde una perspectiva menos imbuida por los prejuicios culturales y religiosos que en el pasado. El descenso de la influencia de la religión cristiana en la configuración de la imagen del mundo y el empuje residual de un racionalismo convertido progresivamente en pensamiento científico impulsará de forma definitiva a la antropología y a la etnología dentro del campo de la ciencia. A ello contribuirá de forma destacada la aplicación de diversas teorías científicas procedentes de distintos ámbitos, pero que serán adoptadas y aplicadas con éxito a la investigación etnológica. El evolucionismo desarrollado por Charles Darwin para su inicial aplicación a las ciencias naturales influyó sobremanera en otros ámbitos científicos, entre ellos la etnología. Esta perspectiva propugnaba la existencia de una línea de progreso único en la evolución del hombre, y sostenía que las diferentes culturas constituían distintas fases de un destino manifiesto encarnado en la cultura occidental. La influencia de esta corriente dejó una profunda huella en la etnología a finales del siglo XIX y se prolongó hasta bien entrado el presente siglo. Sin embargo, la existencia de sensibles alteraciones en la evolución de las comunidades estudiadas planteó la necesidad de reformar esta perspectiva e incorporar ciertos cambios en la concepción única del ser humano y de su evolución. Las teorías marxistas, que ofrecerán una perspectiva eminentemente materialista de la historia humana, inciden también en esta forma lineal de ver la evolución de la humanidad desde las sociedades agrarias primitivas hasta la sociedad socialista, que representa el final del camino en la evolución de las sociedades humanas.

El comienzo del nuevo siglo traerá consigo una aproximación metodológica más plural y amplia a la etnología. La gran cantidad de material acumulado y científicamente clasificado sobre las más diversas sociedades humanas, en muy diferentes estados de evolución desde una perspectiva evolucionista, pero que no se adaptaban a los cánones evolutivos previstos por la teoría, favorecerá el desarrollo de una interpretación más amplia del concepto de cultura. Esta nueva perspectiva supondrá el punto de partida de un creciente relativismo. El norteamericano Franz Boas fue el primer antropólogo que rechazó de forma efectiva el evolucionismo, entre otras razones porque había impedido una aproximación práctica al objeto de estudio; Boas proponía por el contrario realizar exhaustivos y cuidadosos trabajos de campo con el fin de recopilar la mayor información posible para posteriormente elaborar las correspondientes teorías. La estrategia empleada por Boas para interpretar los datos recogidos impulsó una visión antropológica distinta de las anteriormente expuestas. Este cambio parcial de modelo dio origen a las teorías funcionalistas procedentes del ámbito de la sociología, las cuales afirman que el cuerpo social es similar a un ser vivo y que cada una de las partes desempeña una función que permite la subsistencia del todo, otorgándose asimismo al ser humano una importancia prevalente. Este autor influirá de forma decisiva en la configuración de la moderna antropología social norteamericana.

Las escuelas europeas seguirán modelos claramente diferenciados del anterior. Así, el antropólogo francés Marcel Mauss, inspirador de reconocidos etnólogos europeos posteriores como Claude Levi-Strauss, si bien aceptó la idea de interpretar la realidad social como un sistema, propugnó un estructuralismo alejado del individualismo funcionalista y adoptó la idea del sistema social como un todo indivisible. Esta orientación fue una de las más influyentes en las posteriores generaciones de etnólogos. Otras escuelas de origen europeo fueron surgiendo con posterioridad. Entre ellas destaca la de los difusionistas, que defienden la idea de la preeminencia de las principales civilizaciones, las cuales habían diseminado su cultura en diversos entornos desplazando a las autóctonas, incapaces de mantenerse y por tanto más débiles. Las tendencias funcionalistas y estructuralistas que habían surgido con anterioridad se irán reforzando, y sus principales postulados y renovadas perspectivas se irán también perfilando progresivamente con mayor precisión. Los funcionalistas rechazaban la variable histórica como condicionante significativo, y mantenían que un contexto cultural donde cada uno de los elementos que configura el sistema interactúa con los demás es único, por lo que cualquier comparación con otros sistemas carece de sentido. Por otro lado, la escuela estructuralista representada por Radcliffe-Brown plantea la incapacidad de las partes para percibirse como tales, y que por lo tanto el estudio de las culturas requiere una aproximación global, integrada y omnicomprensiva. Diversas tradiciones académicas han ido aportando nuevas perspectivas a la interpretación de las culturas; de esta manera, los estudios sobre cultura y personalidad enfatizan el carácter psicológico de la cultura. De otra parte, las escuelas neomarxistas influyeron de manera importante en la etnología que se realizó durante el período soviético, en el que se desarrolló una renovada perspectiva neoevolucionista carente de originalidad.

El estado actual de la etnología.

La etnología actual tiene que enfrentarse a un importante desafío directamente relacionado con lo que son sus objetos de estudio, y es en este ámbito en lo que centra habitualmente su atención. La progresiva desaparición de las sociedades tradicionales como consecuencia de los acelerados procesos de modernización está limitando en gran medida la continuidad de esta ciencia tal y como la hemos conocido hasta el presente. Sin embargo, el incremento de fenómenos y procesos sociales en las sociedades modernas, en las que tienen lugar dinámicas de cambio aceleradas y novedosas, difíciles de analizar e interpretar, ha movido a diversos etnólogos a centrar su atención en la evolución que se registra en nuestros sistemas sociales desde la modernidad a la posmodernidad. Por otro lado, sin embargo, las antiguas sociedades coloniales, que en la actualidad constituyen Estados independientes, continúan conformando el campo de estudio preferente de numerosos etnólogos y antropólogos en general, puesto que los conflictos provocados por el choque entre las estructuras sociales tradicionales y las influencias culturales de Occidente han provocado importantes fracturas y alteraciones culturales en la estructura social. Otro problema relevante al que se ha enfrentado el etnólogo moderno es el derivado de las aplicaciones de sus estudios. Tradicionalmente, estos estudios se han caracterizado por la gran dificultad que planteaban a la hora de transmitir y ofrecer posteriormente soluciones a los problemas suscitados. El desencuentro entre funcionarios de la administración y los científicos sociales se ha debido en ocasiones a la forma en que los segundos exponían sus trabajos, sin ofrecer soluciones concretas al uso, así como a las expectativas creadas en ciertos ámbitos de la administración que confiaban en recibir orientaciones precisas sobre la forma apropiada de actuar. Esta frustración, unida al tradicional recelo que las instancias administrativas sienten hacia los etnólogos por percibirse su actividad como un intento de limitar la influencia de la modernidad en las culturas tradicionales, explican en buena medida las razones de por qué los desencuentros entre ambas partes se han producido y se mantienen en buena medida todavía en la actualidad.

En la actualidad, la etnología se suele considerar una disciplina englobada dentro de la antropología, como estadio intermedio entre la investigación etnográfica y la propiamente antropológica. En este marco, la etnografía es contemplada como la disciplina descriptiva e inductiva que se ocupa de la recogida de datos culturales acerca de una sociedad determinada, en un marco sincrónico y diacrónico concretos. La etnología es la disciplina comparativa y deductiva que contrasta los datos etnográficos de unas sociedades con repecto a otras y establece una serie de conclusiones y síntesis a partir de ello. Y la antropología es, finalmente, la ciencia que engloba ambas disciplinas, las inserta dentro de un marco tanto sincrónico como diacrónico, y las orienta hacia la construcción de conclusiones globales y la formulación de leyes generales del comportamiento cultural de las sociedades humanas.

Bibliografía.

BOAS, F.: Anthropology and modern life, Westport, Conneticut: Greenwood Press, 1984.
—: Cuestiones fundamentales de la antropología cultural, Barcelona: Círculo de Lectores, 1990.
LEVI-STRAUSS, C.: Antropolgía estructural, Barcelona: Atalaya, 1994.
MAUSS, M.: Sociología y antropología, Madrid: Tecnos, 1971.
HARRIS, M.: Antropología cultural, Madrid: Alianza Editorial, 1990.
—: El desarrollo de la teoría antropológica: historia de las teorías de la cultura, Madrid: Siglo XXI, 1987.
LUQUE, E.: Del conocimiento antropológico, Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas / Siglo Veintiuno, 1990.
RADCLIFFE-BROWN, A. R.: Esructura y función en la sociedad primitiva, Barcelona: Ediciones 62: Península.

Óscar Jaime-Jiménez .

La etnología española.

La etnología española, como el resto de las ciencias centradas en el estudio del comportamiento sociocultural del hombre, fue prácticamente creada y decisivamente impulsada por Antonio Machado y Álvarez, conocido como Demófilo, fundador de la Sociedad de El Folk-Lore Español (1881) y de numerosas iniciativas de recuperación y estudio de las tradiciones populares a finales del siglo XIX. Machado fue un experto etnógrafo (es decir, recolector de información cultural), pero también un gran etnólogo, con capacidad e intuición para situar los datos recogidos dentro de un sistema comparativo y teórico más amplio y general. Fue además traductor e introductor en España de las teorías de William G. Black y de Edward Burnett Tylor (1832-1917), este último el máximo exponente de la etnología y de la antropología cultural de su época. Por desgracia, su muerte prematura frustró sus esfuerzos por institucionalizar estas disciplinas en España.

En el terreno físico-biológico y técnico-material, la etnología española de finales del siglo XIX y comienzos del XX estuvo dominada por las figuras de Manuel Antón y Ferrándiz (1849-1929), Telesforo de Aranzadi (1860-1945) y Luis de Hoyos Sáinz (1868-1951), profundos conocedores de los avances que las disciplinas humanas estaban experimentando en la Europa de su tiempo. Pero, seguramente, la síntesis de los estudios socioculturales, físicos y materiales en el campo etnológico no se produciría, en nuestro país, hasta la época en que hicieron su aparición títulos de Julio Caro Baroja como Los pueblos del Norte de la península ibérica (Análisis histórico-cultural) (1943), Los pueblos de España. Ensayo de Etnología (1946), Los vascos. Etnología (1949), Análisis de la cultura (Etnología-Historia-Folklore) (1949), La ciudad y el campo (1966), El mito del carácter nacional. Meditaciones a contrapelo (1970), Estudios ibéricos (1985), De etnología andaluza (1993), etc. A Caro Baroja, que con frecuencia ha sido considerado mucho más etnólogo que etnógrafo y antropólogo, no le sucedieron demasiados investigadores cuyo perfil pueda considerarse propiamente de etnólogo, aunque sí hay determinadas obras de algunos antropólogos importantes, como sucede con Carmelo Lisón Tolosana (1929), que tienen una orientación particularmente etnológica, como es el caso de Perfiles simbólico-morales de la cultura gallega (1974).

J. M. Pedrosa.

Bibliografía.

CARO BAROJA, J.: Los pueblos de España. Ensayo de Etnología, 1946.
—: Análisis de la cultura (Etnología-Historia-Folklore), Barcelona, 1949.
—: Los vascos. Etnología, San Sebastián, 1949.
BUENO, G.: Etnología y Utopía: respuesta a la pregunta ¿Qué es la Etnología?, Valencia, 1971.
ALVAR, J.: Etnología (Método práctico), Zaragoza, 1981.
AGUIRRE, Á.: “Etnología”, en Diccionario temático de antropología, Barcelona, 1988, pp. 337-342.
FERNÁNDEZ MONTES, M. (ed.): Etnología de las comunidades autónomas, Madrid, 1996.

ETNOLOGÍA

Fuente: Britannica

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