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Definición de Evangelio

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 (Del lat. evangelium, y éste del gr. , ‘buena nueva’); sust. m.

1. Historia de la vida y credo de Jesucristo, narrada por los cuatro evangelistas en el libro que la contiene: parece ser que el evangelio según san Juan es el de autoría más fidedigna.
2. Fragmento escogido de uno de los libros de los evangelistas que se lee en la misa después de la epístola: fue muy certero el evangelio que eligió el párroco.
3. [Por extensión] Religión cristiana: el rey francés Enrique IV se convirtió al evangelio.
4. [Uso figurado y familiar] Verdad indudable, que no admite desacuerdo: los consejos de su madre son el evangelio para él.
5. Pequeño libro con el comienzo del evangelio de san Juan y tres capítulos más del resto de los evangelistas, y que solían llevar los niños colgado de la cintura: a Pedrito le regalaron un evangelio en el día de su primera comunión.

Sinónimos
Doctrina, Nuevo Testamento, vida de Cristo, fe, verdad, evidencia, certidumbre, axioma.

Antónimos
Error, mentira.

Modismos
Evangelios abreviados, o chicos. [Uso figurado y familiar] Los refranes y proverbios, por su tono sentencioso y categórico.
Evangelios sinópticos. Los de Marcos, Lucas y Mateo, por las coincidencias que presentan en su cotejo visual.
Ordenar a uno de evangelio. Ordenar de diácono.

 [Religión]

En la literatura griega,  es un adjetivo sustantivado que significa algo que pertenece a un  (‘el portador de una noticia alegre’). Es un término técnico para anunciar una victoria o un triunfo. Una buena noticia es un don de los dioses y, por eso, se les agradece con un sacrificio cultual y con una fiesta religiosa. De esta manera, el término empieza a adquirir un sentido religioso; pero será después, con el culto a César, que reúne en su persona todas las cosas divinas y humanas, cuando se llena de significación, aunque se queda en el ámbito profano.

En el Antiguo Testamento, en la Biblia hebrea, evangelio se dice besôráh -se utiliza siempre para referirse a una noticia alegre: el evangelista que anuncia a David la muerte de Saúl creía anunciar una noticia alegre; sin embargo, es una desgracia y por eso es castigado con la muerte-. Sólo aparece seis veces y todas ellas en sentido profano. El tránsito del uso profano al religioso se produce ya en 1 Sam 31,9: los filisteos han vencido y Saúl ha muerto, la cabeza de su enemigo y sus espadas son llevadas como signos de su victoria, esta alegre noticia es “evangelizada” a los dioses y al pueblo, y así tiene carácter de una celebración cúltica. Los textos principales para entender el concepto de evangelio son los de Isaías, en los que se habla de unos hechos concretos de Yahvé que han de ser anunciados.

El Nuevo Testamento tomará del Antiguo Testamento el sentido del término evangelio, no ya sólo de un contenido determinado, sino también de la “actividad” de anunciar que era extraña a los griegos. Evangelizar se entiende como transmitir una buena noticia: Dios, el Espíritu de Dios, las voces celestes, los ángeles… anuncian un alegre mensaje a los hombres, consistente en el perdón de los pecados, en la participación en la vida y en el mundo futuro.

Jesús al terminar el curso de su vida terrestre, otorga a sus Apóstoles la misión de predicar el Evangelio a toda criatura, cosa que ellos cumplieron. En los escritos de los Apóstoles, la palabra evangelio designa siempre el mensaje vivo que ellos proclaman con su predicación oral, pero llega un momento en el que el Evangelio se diversifica en su presentación de tipo verbal: San Pedro no habla igual el día de Pentecostés y en la casa del centurión Cornelio, ni San Pablo en Antioquía que en Atenas. Como la predicación es un testimonio sobre Cristo, sobre sus dichos y sobre sus hechos, el nombre de Evangelio pasa fácilmente a los documentos escritos en que esos dichos y esos hechos están consignados, que en un principio se llamaron Memorias de los Apóstoles. La determinación del género literario de los Evangelios no puede hacerse según los criterios establecidos comúnmente; la mezcla de historia, doctrina, testimonio, religión, oralidad y documento escrito hace que sea un caso único dentro de la literatura universal.

La religión en los cuatro evangelios

En el siglo III, Orígenes distinguía los cuatro evangelios de otros muchos “compuestos por quienes se lanzaron a escribir sin estar investidos de la gracia del Espíritu Santo”. Estos documentos, llamados evangelios apócrifos para distinguirlos de los evangelios canónicos, no han sido aceptados por la Iglesia debido a varias razones, como son: su origen tardío, la carencia de contenido teológico, atentos sobre todo a llenar los vacíos que quedan en la vida de Jesús, especialmente en su infancia, la cantidad de incongruencias y contradicciones, etc.

El Concilio Tridentino describió el Canon de las Sagradas Escrituras en el año 1546 y enumeró los “cuatro evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan”. Tradicionalmente se ha considerado que hay una afinidad especial entre los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, por lo que reciben el nombre de Evangelios Sinópticos. Mucho se ha escrito acerca de la fecha en que fueron escritos. Algunos aseguran que son posteriores al siglo III d.C., mientras otros aseguran que los tres primeros lo fueron antes del año 63, y que el de san Juan lo fue hacia los años 95-100. Todos los originales se escribieron en griego, a excepción del de san Mateo que lo fue en arameo.

El simbolismo de las cuatro figuras para representar a los evangelistas se debe a San Jerónimo: hombre-Mateo, león-Marcos, toro-Lucas y águila-Juan. Hace relación al principio de cada Evangelio: la genealogía de Jesús, el Bautista en el desierto, el sacrificio de Zacarías y la divinidad del Verbo.

Evangelio de San Mateo

El pensamiento está enteramente centrado en Jesús, de tal forma que es, en esencia, una cristología. A Mateo no le interesa sólo contar una historia, sino poner de relieve que Jesucristo es el Kyrios, el Señor y Salvador. Esto explica por qué muchas veces rompe el marco cronológico de la vida de Jesús para hacer secciones sistemáticas y por qué resume las circunstancias y detalles para hacer hincapié en el significado que estos hechos pueden tener para la Iglesia.

Evangelio de San Marcos

En Marcos intenta conscientemente establecer un cierto orden, no sólo cronológico, sino también temático. La primera línea contiene cuatro grupos que se enmarcan en un plano geográfico: Juan Bautista, bautismo, desierto; predicación en Galilea; viaje a Jerusalén; Pasión, Muerte y Resurrección. La parte teológica tiene tres momentos claramente diferenciados: actividad de Jesús en Galilea, tiempo de su predicación a los judíos, que alcanza tales repercusiones que llevan a la pregunta “¿quién es Jesús?”, contestada al final con la frase “es el Mesías”, núcleo de toda la predicación apostólica.

Evangelio de San Lucas

En el prólogo anuncia que “quiere escribir ordenadamente”, pero ese orden no es tampoco meramente cronológico. Lucas recoge el texto de Mateo y de otras fuentes, de ordinario sin producir un dislocamiento literario de los temas. Se produce una profunda unidad entre su Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, que vienen a ser como dos partes de una misma obra: en la primera la geografía va desde Galilea a Jerusalén y, en la segunda, desde Jerusalén hasta los confines de la tierra, ambas coincidentes con el proceso de la salvación hecha por Dios en Jesús.

Evangelio de San Juan

En él se juntan dos experiencias vitales: la de Jesús durante su existencia terrena, compartida por Juan, y la del Jesucristo glorificado que vio Juan. Es la obra de un testigo ocular, testigo directo de una historia en el tiempo y en el espacio, por eso su Evangelio revela a alguien que ha vivido en lugares bien conocidos e identificados -llega a citar hasta veinte localidades palestinenses-, y da testimonio de Jesús tal y como vivió históricamente, después de haber meditado sobre Él a lo largo de cincuenta años.

Libros de los Evangelios

Libros en los que se recogen noticias sobre los hechos y las enseñanzas de Jesús de Nazaret, según la distinta perspectiva de varios de sus discípulos. El nombre, griego, aparece ya al comienzo del evangelio más antiguo, el de Marcos, y significa «buena nueva». No son relatos fríos de los sucesos históricos, sino reelaboraciones teológicas del sentido que esos hechos y palabras tenían para las comunidades cristianas del siglo I. Cuatro fueron los escritos de este género aceptados por la Iglesia cristiana como «inspirados», mientras que otros de temática más o menos similar que no fueron considerados canónicos, recibieron el calificativo de «apócrifos».

En el Nuevo Testamento se han incluido cuatro evangelios: los tres llamados «sinópticos», esto es, los atribuidos a los evangelistas Marcos, Mateo y Lucas, que tienen bastantes paralelos y elementos comunes, y el de Juan, que sigue un esquema bastante distinto.

La formación de los evangelios fue el resultado de un largo proceso. Hubo una primera etapa de transmisión oral de pequeñas unidades, en cuyo origen último pueden buscarse sin duda testigos oculares de los hechos y enseñanzas de Jesús. Entre esas unidades había algunas referidas a las palabras de Jesús (como dichos proféticos, jurídicos, sapienciales, comparaciones y parábolas, etc.) y otras relativas a sus hechos (narraciones breves llamadas paradigmas, diálogos o disputas, relatos de milagros, etc.). Esas unidades (cada una originada y desarrollada en un entorno sociológico) se fueron agrupando en unidades de mayor extensión (relatos de la infancia, historias de la pasión, sermones como el de las bienaventuranzas, etc.). Fueron reelaboradas por distintos redactores, los evangelistas, quienes seleccionaron, ordenaron y reestructuraron los diversos elementos de las tradiciones llegadas hasta ellos de acuerdo con la idea teológica que ellos y sus comunidades tenían acerca de Jesús y el mensaje cristiano.

El Evangelio más antiguo es el que la tradición cristiana atribuye a Marcos, discípulo de Pedro. También está muy difundida la tradición de que fue escrito en Roma, para la comunidad de la ciudad, de origen no judío, y seguramente antes del año 70 (esto es, antes de la destrucción de Jerusalén y su Templo). Este evangelio tiene interés ante todo en destacar que Jesús es el «Cristo» o «Mesías» esperado, el «Hijo de Dios», como lo irán reconociendo sus discípulos, si bien tiene que pasar por la pasión para llegar a su gloria definitiva tras la resurrección.

Parecen haber empleado una fuente común de dichos de Jesús, cuyo núcleo originario pudo ser una colección de palabras en lengua aramea (o hebrea), traducida más tarde al griego, lo que explica los pasajes que tienen en común los tres evangelistas. El evangelio atribuido por las tradiciones más antiguas a Mateo (uno de los doce apóstoles directamente llamados por Jesús) fue en realidad escrito a fines del siglo I, después de la destrucción del Templo. A pesar de que la lengua griega en la que está compuesto tiene numerosos semitismos, no hay base suficiente para sostener que este evangelio se escribiera originariamente en arameo. Se redactó directamente en griego para una comunidad de judíos convertidos al cristianismo de habla griega, que algunos piensan puede ser la de Antioquía de Siria. El autor de este evangelio, seguramente un judeo-cristiano, insiste en que el verdadero Israel es la Iglesia cristiana, nuevo pueblo de Dios abierto a todas las gentes, para el que Jesús, nuevo Moisés, ha hecho una nueva interpretación de la Ley del Antiguo Testamento.

El tercer evangelio se atribuye al médico y colaborador de Pablo, Lucas, de origen no judío, que continuaría su relato en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Utiliza el evangelio de Marcos, además de la fuente de dichos de Jesús también empleada por Mateo, y materiales propios. Destaca para los judíos que en Jesús se han cumplido las Escrituras, e insiste en la apertura del mensaje de salvación para todos los gentiles. Junto a los materiales comunes con Marcos y Mateo dedica especial atención a la infancia de Jesús, e incluye las parábolas de la misericordia. Concede importancia especial al viaje de Jesús a Jerusalén. La fecha de composición puede situarse también en las últimas décadas del siglo I de nuestra era.

El cuarto evangelio se atribuye a Juan el Zebedeo, uno de los doce apóstoles elegidos por Jesús, si bien el carácter del libro y sus ideas teológicas apuntan a una fecha considerablemente más tardía, posiblemente muy a finales del siglo I. El autor es un judío helenista, sumergido en el revuelto ambiente cultural y filosófico de la época. Las diferencias de estilo y contenido en relación con los otros tres evangelios son muy notables, destacando en particular su insistencia en los símbolos y su profundización teológica sobre el significado de Jesús. La «hora de Jesús» y la «Pascua del Mesías» son, para algunos, las secciones culminantes del evangelio. «Vida», «luz» y «verdad», además del «Logos» son algunos de los términos clave que aparecen en este libro. Las «señales» realizadas por Jesús deben servir para hacer ver a todos que es el Mesías, Hijo de Dios.

Temas relacionados.

Biblia.
Cristianismo.
Evangelios apócrifos.
Nuevo Testamento.
Religión.

Bibliografía.

MARXEN, W. Introducción al Nuevo Testamento. Una iniciación a sus problemas. (Salamanca: Sígueme, 1983).
PIÑERO, A., PELÁEZ, J. El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos. (Córdoba: El Almendro, 1995).
PIÑERO, A. (ed.). Fuentes del cristianismo. Tradiciones primitivas sobre Jesús. (Córdoba: El Almendro, 1993).
ZIMMERMANN, H. Los métodos histórico-críticos en el Nuevo Testamento. (Madrid: BAC, 1969).

A. Sáenz Badillos.

EVANGELIO

Fuente: Britannica

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