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Definición de Filosofía analítica

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 [Filosofía] La corriente denominada “filosofía analítica” —también llamada análisis, análisis lógico, análisis filosófico, etc.— es un movimiento que engloba diversos modos de hacer filosofía y que, desde un punto de vista histórico, ha caracterizado a distintos autores y ha atravesado varias fases desde que se originó a principios del siglo XX. El nexo de tanta diversidad es sin duda el calificativo “analítica”, que anuncia que dicho movimiento implica una tendencia a usar métodos relacionados con el análisis clásico; sin embargo, conviene distinguir la filosofía analítica de este último, ya que “análisis” es un término que puede entenderse de distintas formas y, por otra parte, hay en esta filosofía características que sólo pueden comprenderse en el seno del contexto histórico en que se originó y desarrolló.

La filosofía analítica surgió en Inglaterra de la mano de G. E. Moore y B. Russell, y se relacionó, sobre todo en el caso de Russell, con los avances que experimentó la lógica con Boole y Frege. Esto último ha propiciado que sea frecuente la identificación entre lógica y filosofía analítica, pero si bien es cierto que ambas guardan estrecha relación, también lo es que en numerosos casos la lógica se proclama independiente de cualquier orientación filosófica, y que es posible igualmente hacer análisis del lenguaje ordinario sin que ello implique hacerlo desde un punto de vista lógico o formal. De hecho, ya desde sus orígenes, la corriente denominada “filosofía analítica” se bifurcó en dos subcorrientes, representadas cada una de ellas por los dos filósofos anteriormente mencionados: Moore se inclinó hacia el análisis del lenguaje ordinario, mientras que Russell se ocupó del tratamiento de los lenguajes formales y de la búsqueda de un lenguaje lógico “perfecto”.

Otras fuentes que alimentaron el surgimiento de la filosofía analítica fueron los trabajos del Círculo de Viena y del positivismo lógico en general, aunque es difícil detallar cuáles de estos trabajos en concreto y en qué sentido se produjo tal influjo. De hecho, es en general difícil aportar una lista cerrada y detallada de características de la filosofía analítica; suele caracterizarse mediante la mención de ciertas tendencias generales, como su anti-idealismo, su rechazo de la especulación metafísica, su atención a cuestiones relacionadas con el lenguaje, su preferencia por ciertos problemas, cierto vocabulario, ciertos “ejemplos”, etc. En base a estas “semejanzas de familia”, es posible esbozar una clasificación de las distintas corrientes y de los distintos pensadores que se han distinguido tradicionalmente con el distintivo de “analíticos”.

En primer lugar, se incluyen dentro de la filosofía analítica los trabajos de análisis lógico de B. Russell, su desarrollo del atomismo lógico y su énfasis en el uso de los recursos de la lógica formal para posibilitar la construcción de un lenguaje llamado “ideal”. En segundo lugar, y simultáneamente en el tiempo, el análisis del lenguaje corriente llevado a cabo por Moore y sus discípulos, quienes trataron de eliminar las incorrecciones de que adolecía el lenguaje ordinario sin recurrir al uso de lenguajes formalizados y desde el seno del lenguaje mismo. En tercer lugar, Mach y el fenomenismo austriaco, con su especial atención al estudio del lenguaje científico. De esta tendencia deriva en parte la concepción filosófica del positivismo lógico, con su rechazo a toda metafísica, su división de los enunciados en fácticos y tautológicos, su polémica con respecto al principio de verificación y su atención a la estructura lógica del lenguaje científico. Esta corriente se identifica con lo que se ha llamado “filosofía clásica de la ciencia”. En cuarto lugar, pertenecen también a la rama de la filosofía analítica las doctrinas de Popper, algunos de cuyos temas recurrentes derivan igualmente de los planteamientos del positivismo lógico, y que dieron lugar con posterioridad a la llamada “nueva filosofía de la ciencia”. En quinto lugar, la filosofía del lenguaje expuesta en el Tractatus lógico-philosophicus de Wittgenstein y, en general, toda la doctrina filosófica derivada de la influencia de esta obra. En sexto lugar, los planteamientos del “segundo Wittgenstein”, tal y como él mismo los expone en sus Investigaciones filosóficas, cuya dilatada influencia dio lugar a diversas corrientes dentro de la filosofía analítica, todas ellas relacionadas con el análisis del lenguaje ordinario. De aquí derivará la formación del llamado “grupo de Oxford”, en el que se incluyen el análisis informal de Ryle, el análisis conceptual de Strawson y la fenomenología lingüística de Austin. Por último, las tendencias más recientes en filosofía analítica incluyen el holismo de Quine y el creciente interés por el papel de los marcos conceptuales en las teorías científicas, por el peso teórico de los hechos en éstas y por la importancia de otro tipo de contextos distintos del de justificación.

De cualquier forma, aunque las clasificaciones de la filosofía analítica que se han propuesto a lo largo de la historia son diversas, hay algunas de ellas que se repiten de forma más o menos constante; la más recurrente es la que divide la filosofía analítica en las dos ramas fundamentales ya mencionadas: la primera de ellas, la que se centra en el análisis del lenguaje lógico, está representada básicamente por Russell y el “primer Wittgenstein”, el Wittgenstein del Tractatus, y también ha sido llamada “filosofía del lenguaje ideal”. La segunda, la que se centra en el análisis del lenguaje ordinario, está representada por Moore y por el “segundo Wittgenstein”, el de las Investigaciones filosóficas; y ha sido también llamada “filosofía del lenguaje corriente”.

FILOSOFÍA ANALÍTICA

Fuente: Britannica

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