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Definición de Generación del Medio Siglo

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 La dificultad de fijar las sucesivas generaciones en las que la crítica ha gustado de dividir nuestro siglo se hace tanto mayor conforme nos acercamos a nuestros días. De esta manera, si nos encontramos problemas con el desarrollo de la Generación del 27 por lo que a la obra posterior a la guerra civil se refiere, ¿qué diremos de la de unos poetas que, salvo en los llorados casos de Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma, siguen vivos y en plena actividad. El primer problema a la hora de definir a esta generación ha sido el de encontrarle un punto de partida. Ninguno de los acontecimientos generacionales señalados es lo suficientemente englobador como para dar nombre y entidad a la tendencia poética de estos autores. A tal efecto se ha señalado el año de 1954 como el de la primera publicación de varios de ellos, fecha que, a fin de englobar a más autores, se ha ampliado al período que va del dicho 1954 a 1959, aunque ello hace preciso recordar que Caballero Bonald, miembro tanto del sector poético como del novelístico de la generación, había comenzado a publicar durante la década de los cuarenta. La fecha de 1959 supone, además, el homenaje tributado a Machado, maestro indiscutible de todos estos poetas, en Coillure, en el que, sin embargo, tampoco participaron todos los nombres que se incluyen bajo este epígrafe. La nómina de la Generación del Medio Siglo, término con el que se les viene conociendo precisamente por lo insuficiente de todas las fechas que se iban señalando, se ha venido conformando a partir del grupo conocido como “Escuela de Barcelona” en el que participan Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo, al que se añaden, desde la antología Veinte años de poesía española de Castellet, los de Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Ángel Crespo, Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, y Jesús López Pacheco, a pesar de las diferencias de formación y de punto de vista de muchos de ellos. Posteriores estudios amplían la nómina con los nombres de Gloria Fuertes, Mª. Victoria Atencia, Carlos Sahagún, Francisco Brines y José Mª. Valverde, a pesar de que su diferencia con el núcleo inicial es todavía mayor.

Como características de estos autores se vienen señalando la no ruptura con la generación anterior (representada fundamentalmente por Garciasol, Otero, Hierro y Celaya), sino la intensificación de sus rasgos poéticos (antiesteticismo y antiformalismo, principalmente), por la consideración de la poesía como un instrumento en favor de los demás, lo que no obsta para que, al mismo tiempo, exista otra manera de entender la poesía, que será la que se plasme en la llamada “Promoción del 60″ o “Novísimos”. En relación con este aspecto de la solidaridad, hay que recordar el contacto que, en mayor o menor medida, tienen todos estos poetas con el partido Comunista clandestino a lo largo de estos años. No obstante, no será la preocupación social la única de estos autores, ni supondrá tampoco su vocación solidaria el abandono del cuidado estilístico, bien que se caractericen por una poesía conversacional y llana. Asimismo, junto al magisterio machadiano, será preciso señalar cúanto puede la huella de Cernuda en Valverde, Gil de Biedma y Valente.

Otra característica generacional señalada ha sido el origen burgués de casi todos ellos, así como su paso por la universidad. Es frecuente también que dicho origen social sea criticado en la propia poesía, dando lugar a lo que el propio Gil de Biedma llamó señoritos de nacimiento por mala conciencia escritores de poesía social. Junto con ello, encontramos con frecuencia el tema de la infancia, así como de las condiciones de la postguerra, que marcaron la de todos ellos. Destaca, asimismo, la ausencia de temas religiosos o cómicos, en franco contraste con el humorismo de los poetas del 27 y el optimismo de la etapa “reivindicativa” de un Jorge Guillén que, no en balde, había escapado a las condiciones de la España de los cincuenta.

Con todo, no fue la estética de estos poetas la única que se practicó durante la década de los cincuenta. Muy al contrario, el debate sobre la función social de la poesía frente a un sentido más estrictamente “literario” de la poesía, que se plasmará especialmente en los poetas andaluces, será fundamental a lo largo de la década y será, asimismo, fundamental en el cambio poético acontecido a mitad de la década de los sesenta y que no se explica, en las condiciones culturales de la España del momento, sin esta “disidencia” poética interna. No hubiera sido posible tan brusco cambio como el que se produjo entre las llamadas, siempre con afán crítico, escuelas “de la berza” y “del sándalo” sin la existencia de una serie de poetas que, al margen de la estética dominante, realizaran un quehacer poético personal que servirá como alternativa cuando la temática social se agote. Entre estos poetas habría que citar a Manuel Mantero, Fernando Quiñones, Miguel Fernández, Rafael Guillén, Ángel García López o los miembros del grupo “Cántico” de Córdoba que se convertirán, en buena medida, en el blanco de la crítica que de esteticistas y superficiales se hace a todos ellos en general. Tampoco es de desdeñar el contacto establecido por parte de la crítica entre Caballero Bonald -incluido generalmente dentro de la Generación- y los autores de este llamado (con el título de un poemario de García López) “Mester Andalusí”. Así, se ha señalado tanto lo breve de su etapa comprometida como su constante utilización de un estilo barroco y de resonancias literarias mucho más hondas que las de los restantes miembros de la Generación que nos ocupa.

No es posible dejar este tema sin mencionar, siquiera de pasada, la presencia de novelistas dentro de esta generación, ya desde el propio Caballero Bonald, al que ya hemos citado como poeta y que pertenecerá a esta estética social sólo en una etapa de una actividad literaria que sigue en marcha. De este modo, se incluyen en la Generación del Medio Siglo novelistas como Ana Mª. Matute, Carmen Martín Gaite, Jesús Fernández Santos; Ignacio Aldecoa, Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo y Alfonso Grosso. También hombres de teatro como Alfonso Sastre o Lauro Olmo formarán parte de esta generación, sobre todo en lo que al aspecto social se refiere, bien que en el caso del teatro los condicionamientos económicos e ideológicos fueran mucho mayores que en el de la prosa o, sobre todo, en el de la poesía. La fecha de 1954 es paradigmática en ambos casos, prosa y teatro, toda vez que coinciden en ella el estreno de La mordaza y el triunfo de Ana Mª. Matute en el Premio Nadal con Pequeño Teatro.

En el caso de la novela, la influencia del neorrealismo del cine italiano, que llega a España con la mínima apertura que se produce tras el retorno del cuerpo diplomático que había abandonado el país en 1939, así como la llegada de literatura extranjera a través de editoriales argentinas. Especialmente destacadas en este campo serán las influencias de la llamada “generación perdida” norteamericana (John Dos Passos, William Faulkner, Erksine Cadwell, etc) y, en menor medida y algo más tarde, del “noveau roman” francés. Como características de su novela se han señalado el respeto por la tradición realista española (que, no lo olvidemos, todavía supondrá enfrentarse al régimen) y un afán ético en la presentación de problemas reales de la sociedad española contemporánea a los que acompaña, contra lo que se ha repetido insistentemente en manuales al uso, un cuidado estilístico sin el que es imposible explicar la renovación experimental de los años sesenta (que viene dada, en buena medida, por estos mismos autores) y que no está reñido con cuestiones técnicas como son la búsqueda del objetivismo y la utilización de técnicas cinematográficas con las que se busca anular al narrador omnisciente de la novela tradicional.

Órgano de la generación será la Revista Española fundada por Antonio Rodríguez Moñino en 1953 y que contaba entre sus redactores con Aldecoa, Sánchez Ferlosio y Sastre.

G. Fernández San Emeterio.

Temas relacionados
España: Literatura.
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Generación del 36.
Generación del 98.

Bibliografía
RIERA, Carmen: La escuela de Barcelona, Barral, Gil de Biedma, Goytisolo: el núcleo poético de la generación de los cincuenta . Barcelona, Tusquets, 1968.
PALOMO, Mª. del Pilar; La poesía en el siglo XX (desde 1939) ; Madrid, Taurus, 1988.
VILLANUEVA, Darío; “El Jarama” de Sánchez Ferlosio. Su estructura y significado , Santiago de Compostela, 1973.

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GENERACIÓN DEL MEDIO SIGLO

Fuente: Britannica

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