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Definición de Gramática generativa-transformativa

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 A finales de los años 50, como consecuencia de los escritos y enseñanzas de Zellig Harris y de su discípulo Noam A. Chomsky, fundamentalmente, se produjo un drástico cambio de modelo en lingüística, con la pretensión de dar a nuestro conocimiento de la lengua y las estructuras lingüísticas bases filosóficas y epistemológicas distintas. Lo destacable es la pretensión de construir una ciencia lingüística que explique la capacidad humana de lenguaje y, en la parte proporcional, al hombre como ‘ser con lenguaje’. No faltan antecedentes a este planteamiento “mentalista” (término lanzado como injuria por unos y recogido como grito de guerra por otros, que así llegaron a ponerse las cosas, sobre todo en los años 1966 a 1978), y se han señalado entre ellos las gramáticas de los modalistas o de los racionalistas (véase gramática racionalista), hasta von Humboldt, de quien podemos añadir textos como éste:

“La lengua debe … ser considerada, según mi convencimiento más firme, como algo puesto en los hombres de manera inmediata, pues es totalmente inexplicable, a la luz de su conciencia, como obra de su entendimiento. Sería inútil acordar a su invención milenios y milenios. La lengua no se hubiese podido inventar si su prototipo no hubiese existido ya en la inteligencia humana. Solamente para que el hombre entienda verdaderamente una única palabra, no como mero estímulo sensible, sino como sonido articulado capaz de expresar un concepto, el lenguaje tiene que estar entero en él y en conexión con él”.

De origen judeo-ruso, aunque nacido en los Estados Unidos, en la formación de Noam A. Chomsky se aúnan la influencia de su padre y la de dos maestros del estructuralismo, en sentido amplio, Roman Jakobson y Zellig Harris. De su padre, profesor de hebreo, aprendió, sobre este idioma, las nociones básicas de la lingüística histórica y comparada. De Jakobson oyó los fundamentos del estructuralismo y las lecciones del Círculo de Praga, o los formalistas rusos. Por su parte Harris, también de origen judío, desarrolló un potente formalismo transformacional en la década de los cincuenta, al que nos hemos referido con excesiva brevedad. Filosóficamente, Chomsky encaja en un liberalismo extremo, tal como se ve en un Bertrand Russell, continuación, en su contexto, del liberalismo americano de Jefferson, lo que explica su constante participación en la escena política, con actitudes de protesta que han llevado a hablar de un socialismo con un tinte anarquizante y que han contribuido a su conocimiento por el gran público. Aunque este aspecto de su carrera sea inseparable de su condición de intelectual norteamericano, nos fijaremos aquí especialmente en otras facetas, como la influencia de la metodología general de la lógica de la investigación científica, aunque no directamente de Popper, lo que explica sus numerosas páginas en defensa de la metodología deductiva y su crítica del empirismo, herencia también de profesores como Nelson Goodman (Harvard), autor de un libro sobre La estructura de la apariencia. Si añadimos, además, que en Harvard también enseñaba otro destacado filósofo, Quine, no cabe duda de que la orientación lógica axiomática de la tesis doctoral de Chomsky, The Logical Structure of Linguistic Theory, era una consecuencia natural. Esta tesis, muy voluminosa, no vio la luz hasta fines de los 70, lo que fue determinante de la influencia de sus ideas, aunque pueda parecer paradójico.

En efecto, inicialmente, en 1957, sólo publicó un resumen basado en uno de los capítulos, con el título de Estructuras Sintácticas. Se trata de un libro muy breve, condensado y lúcido, que inmediatamente se convirtió en la obra de Lingüística más influyente de la gramática occidental, al menos. Su brevedad y concisión, sin duda, facilitaron su acceso inmediato a muchos estudiosos, iniciándose así el camino de la gramática generativa y transformacional o transformatoria.

Ya que vamos a encontrarnos con varios términos básicos que se reiteran, parece buena idea, con un criterio pedagógico, deslindar lo que la gramática generativa (en adelante G.G.) no es de lo que es. El empleo de términos como device ‘mecanismo’ o machine, o el uso de generate, procedentes de la matemática o la cibernética, han llevado a algunos críticos a asimilarla a la lingüística matemática, como uno de sus tipos. Esto es inexacto: la formalización es simple y no exige conocimientos profundos en lo que concierne a los conceptos básicos. Otra cosa es que sus conceptos puedan ser aplicados en el campo de la lingüística matemática; pero, en cierto sentido, lo que ocurre, más bien, es que Chomsky ha llevado al análisis de una lengua natural, el inglés, problemas que los matemáticos y lógicos sólo habían tratado hasta entonces en lenguajes formales. Así ocurre con los de la teoría de autómatas finitos o de la función recursiva.

Prescindiendo, por tanto, de estas interpretaciones inadecuadas, conviene decir pronto que generativa, en la frase “gramática generativa”, quiere decir “explícita y proyectiva”, pues estos son los valores de generar. Es explícita porque las reglas de la gramática y las condiciones en que éstas operan deben especificarse rigurosamente y a esto es a lo que se llama explicitarse. Es proyectiva porque proyecta un conjunto dado de oraciones sobre el conjunto, posiblemente infinito, de oraciones que constituyen la lengua que se explica.

La lengua se concibe como un sistema axiomático y la idea general, inicialmente, es que se trata de un sistema bien definido, computable, aunque esta concepción es compatible con el carácter empírico del análisis lingüístico: se opera sobre datos; pero el fin último es la construcción de una teoría universal. El concepto que se tiene de la gramática es amplio, analítico y sintético, pese al empleo poco afortunado del verbo produce ‘producir’. No se toma el punto de vista del hablante, sino que se repite con frecuencia que la gramática está en el punto medio, entre hablante y oyente.

Esta preocupación metodológica permite distinguir continuamente entre niveles concretos y abstractos. En el plano oracional, por ejemplo, distingue entre oraciones, generadas por la gramática mediante reglas, y expresiones emitidas por el hablante. En un plano general se distingue entre la competencia lingüística del hablante-oyente, que es su capacidad de generar oraciones correctas y sólo correctas, mediante el empleo de los mecanismos gramaticales, y la actuación (performance) o aplicación concreta de esa competencia en la producción de un hecho lingüístico concreto. Con ello se puede intentar una definición provisional de la gramática, a partir del hecho de que los hablantes poseen, de modo implícito, unos conocimientos de la gramática de su lengua, ésta es su competencia lingüística, y actualizan estos conocimientos en su producción, en sus actuaciones lingüísticas. El fin de la Gramática será hacer explícito ese conocimiento implícito de los hablantes. Estos conceptos de competencia y actuación, precisamente por lo que comportan de empleo de las reglas de la gramática, no son parangonables (y mucho menos deben confundirse) con los saussureanos de lengua y habla.

Este rigor de construcción permite decir que la G.G. es estructural, puesto que habla de estructuras; pero no es estructuralista. En sus patrones metodológicos precisos, en los que es imprescindible la sujeción a una argumentación rigurosa, no sólo cuenta el concepto de regla, sino también el orden de las mismas. En esto sigue el modelo de la Matemática, donde, por ejemplo, (x * y) + z no es lo mismo que x(y + z). La concepción de la lengua va más allá de la descripción sintagmática: a partir del papel central que desempeña la Sintaxis, se estipula que la oración es una combinatoria y de ahí arranca la concepción concatenatoria de la lengua, que vendría a ser una combinación de columnas paradigmáticas.

La formulación de esta fase de la gramática generativo-transformatoria se limita, por tanto, a la aplicación de dos algoritmos consecutivos, que relacionan una representación más abstracta, primitiva o profunda y una estructura de la realización concreta o superficial, que, expresados en la terminología luego generalizada, serían:

1) Indicador sintagmático primitivo o profundo, expresable por un algoritmo de ramificaciones (en el que puede haber incrustaciones recursivas) y del que se deriva la cadena o secuencia terminal, sobre la cual se construye la expresión correspondiente en estructura de superficie.

2) Las transformaciones, obligatorias u opcionales, que permiten el paso de la estructura profunda, expresada por el indicador sintagmático y la secuencia terminal, a la estructura de superficie, expresable en términos fonéticos o gráficos (mediante la emisión oral o la escritura, respectivamente.)

El desarrollo de esta corriente, hasta la segunda etapa, de 1965, se caracteriza por las discusiones en torno al papel de la semántica y la creciente complicación del esquema.

En 1963, Katz y Fodor, en un artículo titulado “La estructura de la teoría semántica”, intentaron incorporar la semántica a la descripción lingüística sistemática: no se puede determinar el conocimiento del mundo que un hablante posee; pero sí el conocimiento de su lengua, que es diferente. La Semántica tiene un papel auxiliar, secundario; pero es necesaria a la hora de establecer, dentro de la teoría, unos límites de selección, por medio de dos elementos, un diccionario o inventario léxico y unas reglas de proyección, que combinan los significados de las palabras individuales en los significados posibles para toda la oración: en el uso corriente, el gato, en el gato sujeta el coche, es el gato mecánico.

Tras una fuerte reacción negativa, cuyo más destacado exponente fue Uriel Weinreich, Katz, esta vez en colaboración con Postal, publicó en 1964 su Teoría integrada de las descripciones lingüísticas, en la que se postula que las transformaciones singulares no cambian el significado (reflexión semántica sobre la sintaxis), así como la existencia de una Estructura Profunda de la que depende el carácter imperativo, interrogativo o afirmativo de una oración, que deja de obtenerse, por tanto, a partir de reglas transformacionales, como antes.

Todo este movimiento intelectual llevó a la teoría a una nueva fase, la teoría estándar, en la cual la semántica forma parte de la descripción lingüística, si bien la forma (sintaxis) es independiente del significado (semántica). El papel de la Semántica no es generativo, no hay una Semántica proyectiva y explícita, sino sólo interpretativa: asigna una interpretación a la estructura profunda, la representación semántica. Esta estructura profunda es un nivel sintáctico independiente y es la base exclusiva de la que arranca la interpretación semántica.

Podemos recordar ahora que, para los lingüistas americanos, ajenos a la división de forma y sustancia de la expresión y del contenido, la lengua es simplemente la unión entre un sonido y un sentido.

El componente semántico interpreta estructuras profundas gracias a un diccionario y unas reglas de proyección. El componente sintáctico es el único generativo. Además de las reglas categoriales o de reescritura incluye dos tipos de reglas del léxico, las de inserción léxica y las de subcategorización, que describen cada elemento léxico como un conjunto de rasgos, siguiendo el modelo del análisis fonológico o semántico. Sobre las estructuras profundas así obtenidas (interpretables semánticamente, como acabamos de decir) operan las transformaciones para obtener estructuras superficiales que, por la aplicación de las reglas fonológicas que constituyen el componente fonológico, dan lugar a las representaciones fonéticas.

El componente sintáctico, por tanto, se desdobla en un componente de base, que genera estructuras profundas, y un componente transformatorio que convierte las estructuras profundas en superficiales. Las estructuras profundas proporcionan la entrada para el componente de semántica interpretativa, restringido por ello a la única posibilidad de dar una interpretación semántica, mientras que las superficiales dan la entrada al otro componente interpretativo, el fonológico, que ha de asignar una interpretación fonológica.

El concepto de transformación también ha cambiado. No hay transformaciones obligatorias, sustituidas por rasgos en el análisis de componentes. Las estructuras sintagmáticas terminan en unos símbolos comodín donde se insertan los elementos léxicos por medio de transformaciones de sustitución. En las oraciones complejas las reglas transformatorias se representan por su orden, de “baja” a “alta”, en cada indicador sintagmático.

El hecho de que la única entrada para obtener la representación semántica fuera la de la estructura profunda resultó un error, que hubo de solucionarse en 1966, en un trabajo titulado “Topics in the Theory of Generative Grammar”, en el que Chomsky modificó el esquema de la teoría estándar de modo que las inserciones léxicas pudieran ser previas a las transformaciones y que también las estructuras superficiales sirvieran de entrada al componente semántico para obtener la representación semántica. Es la corriente llamada teoría estándar ampliada.

Se entra entonces en un período extremadamente complejo, en el que las diferencias básicas se dan entre interpretativistas, para quienes se mantiene el nivel independiente de estructura profunda, la sintaxis está en un nivel independiente y la semántica es sólo interpretativa, frente a los llamados semantistas generativos, grupo que como tal no existe y que no se puede homogeneizar de casi ningún modo; pero que, en lo más general, coinciden en que, al negar la autonomía a la Sintaxis, hacen inútil la postulación de un nivel independiente de estructura profunda, exigen inserciones léxicas después de ciertas transformaciones y tienden hacia una estructura semanto-sintáctica, más o menos clara, según los autores de cada planteamiento.

Las discusiones y discrepancias entre los gramáticos generativistas a partir de 1965 y durante los 70 no se resolvieron con la teoría estándar ampliada (llamada también “extendida”, con una deplorable traducción del inglés extended). A lo largo de los años 70 se va perfilando una serie de criterios y principios que culminarán al iniciarse los 80 en la nueva versión, una gramática transformatoria; pero a la que se le puede discutir el adjetivo de “generativa”, llamada en inglés Government-Binding Theory (abreviaremos, como es usual, GB) y en español Teoría de la rección y el ligamiento, nombre poco estético, pero ya establecido. El nombre, en todo caso, es aquí lo de menos. Uno de los puntos de partida es la necesidad de que la gramática imponga una serie de restricciones (constraints) para limitar una capacidad generativa excesiva de las reglas, especialmente las transformacionales (es decir, para evitar una potencia excesiva). Las restricciones son así partes de la gramática que impiden o desautorizan algunas posibilidades lógicas de los datos. No queremos decir con lo anterior que la preocupación acerca de la capacidad generativa sea lo que provoque la reducción de la riqueza y variedad de las reglas transformacionales, pues Chomsky aclara que no es así. Para el modelo de GB, la gramática como tal consta de una serie de módulos en los que se encuentran los principios muy restringidos que rigen la buena formación del producto. No hay reglas para construcciones específicas, como la pasiva o la interrogación. En realidad, sólo hay una regla, la regla de movimiento de .

Es preciso tener en cuenta la evolución de la terminología. La GG defendió dos niveles de análisis, la estructura profunda y la estructura de superficie. Como en el modelo de GB los papeles de las dos estructuras no son idénticos a los que tenían antes, aunque sí similares, pasan a llamarse d-structure y s-structure. Hubiéramos preferido traducir como estructura-d, estructura-s, respectivamente, puesto que la relación con deep ‘profundo’ y surface ‘superficie’ ya no es esencial; pero traduciremos la primera por estructura-p para acomodarnos al uso de los especialistas españoles. A estos dos niveles de análisis se añaden dos niveles de representación, la forma fonética (FF) y la forma lógica (FL). INFL o FLEX es la etiqueta para los rasgos de flexión, concordancia, verbos modales, tiempo. La descripción estructural sintagmática sigue un modelo de constituyentes, en el que representamos por FN el sintagma o la frase nominal y por FV el sintagma o frase verbal.

Un esquema mínimo es, por tanto:

Este esquema debe integrarse en el nivel de estructuras sintácticas en el esquema general de relación de tres estructuras autónomas: fonológicas, sintácticas y semántico-conceptuales.

Entre las estructuras sintácticas y las semántico-conceptuales hay un procesamiento activo. El papel de intermediario entre la estructura-s y el significado corresponde precisamente a uno de los nuevos niveles, la forma lógica (FL), compuesto de primitivos sintácticos y principios de combinación. La estructura-p “es una abstracción de ciertas regularidades de forma que no se pueden expresar directamente en la estructura superficial”.

El punto metateorético de partida es la tesis innatista. Los seres humanos tenemos una capacidad de lenguaje que es un rasgo constituyente, diferencial y privativo de la especie humana. Aunque no hay pruebas concluyentes de este postulado (ni de su negación) y la investigación que se concentra en teorías del aprendizaje de la lengua materna y las lenguas segundas no llega a resultados definitivos, la creencia en la capacidad innata de lenguaje es un axioma para los gramáticos generativos y transformacionales.

La versión transformatoria desarrollada por Chomsky y los gramáticos de su escuela, en los años 80, es la teoría de la rección y el ligamiento, (en adelante GB). Hemos apuntado también el arranque de la posición innatista, a la que, antes de entrar en una visión más pormenorizada, hemos de añadir otro principio previo, el de la gramática universal.

Puesto que la mente humana ya tiene esa orientación lingüística específica, hay una gramática universal, que no es sino esa dotación de una facultad lingüística. Ahora bien, aunque el postulado de la gramática universal sea aceptable para diversas teorías, no sólo las generativas, cada una de ellas lo expone e interpreta según sus fines y planteamientos. No hace falta entrar en la discusión de lo obvio, como que todos los seres humanos podemos entender cómo otro ser humano expresa su conocimiento del mundo en otra lengua; o que las lenguas se pueden traducir unas a otras, o que, incluso, puede programarse un ordenador para que realice esa tarea, al menos —por ahora— parcialmente. Más allá de eso, hay nociones de gramática universal, como la de restricción, que las distintas teorías pueden exponer de modo diverso; pero que no es más que un medio de limitar el poder de las reglas, otro concepto de gramática universal. La búsqueda de la generalidad es un fin en la orientación del modelo de GB: no sólo interesan los hechos concretos de una lengua, sino también (y quizás más) la extracción de principios generales que formen parte de la gramática universal.

Las propiedades de la gramática universal funcionan interactivamente; pero no se dirigen hacia un resultado concreto, al que llegan las lenguas particulares, sino a los principios generales. Así, por ejemplo, la pasiva no es una propiedad de la gramática universal, ni siquiera lo es el hecho aparente de que en las lenguas que tienen esa construcción llamada pasiva el objeto de la activa se mueva a la posición de sujeto. Aunque cada teoría lingüística lo explique según su criterio, parece más ajustado estar de acuerdo con la teoría de la rección y el ligamiento y explicar el fenómeno diciendo que el movimiento se produce desde el objeto a otra posición (ésta es la regla del movimiento de ) y que son otros principios y restricciones de la gramática universal los que especifican que hay una serie de posiciones a las que no puede moverse, en vez de decir que se mueve a la de sujeto: cada vez que intenta moverse a otra, hay unos principios que se lo impiden.

Dentro de la estructura del lenguaje, por consiguiente, la gramática universal está incluida en la parte innata, opuesta a la aprendida, a la que corresponden las diferencias periféricas entre las lenguas. Se explica así que un niño pueda aprender cualquier lengua, por su capacidad innata traducida en su posesión de una gramática universal. También pueden explicarse de este modo los aspectos del aprendizaje del lenguaje para los que no hay explicación dentro del aprendizaje, o sea, los que no nos explicamos cómo pueden aprenderse, considerando el tipo de datos que el niño puede manejar.

No siempre se pone el mismo énfasis en los principios anteriores que en el siguiente, el tipológico, que se vincula a otro concepto esencial, el de parámetro. Los parámetros son elementos que flexibilizan los principios, al determinar la fijación de esos principios en función de los datos de la comunidad lingüística de que se trate. Así, el español está caracterizado, fonológicamente, porque no admite ciertos grupos consonánticos en posición final de sílaba, grupos, como /xr/, por ejemplo, que otras lenguas (el árabe, por ejemplo) admiten. Son parámetros sintácticos los que determinan la fijación del orden de los elementos de la frase de modo distinto en lenguas diferentes, o la necesidad de la presencia del sujeto, entre otros rasgos. Mientras el innatismo y la gramática universal son generales, el principio tipológico es particular y, seguramente, podría enriquecerse con la aplicación de algunos de los resultados de la investigación expuesta en nuestras páginas sobre tipología. Así, la pertenencia a un cierto tipo lingüístico puede llevar consigo la presencia o ausencia de ciertas restricciones. Hemos de recordar aquí, naturalmente, los universales implicativos de Greenberg. Nótese que cuando hablamos de la pertenencia a un tipo no hablamos necesariamente de un tipo morfológico (flexivo, aislante, aglutinante) o sintáctico (SVO, VSO, SOV). El chino y el japonés difieren en los dos tipos (aislante, SVO y aglutinante, SOV, respectivamente) y, sin embargo, comparten el rasgo de que no invierten los elementos estructurales en la interrogación, sino que la marcan con una partícula específica que, al menos en chino, puede omitirse en ciertas situaciones de la lengua hablada. Esta partícula, ma en chino, ka en japonés, se coloca al final de la oración. El cazajo (lengua noroccidental del Xinjiang chino, de la familia turca), morfológicamente aglutinante y sintácticamente SOV, como el japonés, sin relación genética, ofrece la misma construcción, a la que añade la variación debida a la armonía vocálica. Esta partícula, que tiene las variantes ba, be, ma, me, pa, pe, no es siempre obligatoria.

En la estructura de las oraciones simples interrogativas, cazajo, chino y japonés comparten el mismo tipo. No es éste el lugar de investigar los paralelismos o las divergencias que se puedan producir en otras interrogativas, de estructura-p más compleja y si esa complejidad se refleja en la estructura-s: el chino, por ejemplo, tiene la posibilidad de preguntar simplemente mediante la fórmula de repetir el verbo, primero en forma afirmativa y luego en negativa. Así, lo que traduciríamos literalmente por “¿vienes no vienes?” equivale a ¿vienes?

El módulo jerárquico de la estructura-p

No nos detendremos en lo relacionado con la FF, menos atendida que las estructuras -p y -s y la FL, aunque volveremos a ella más adelante. Como la teoría- está más relacionada con el criterio-, que no sólo afecta a la estructura-p, nos referiremos en primer lugar a la teoría de la x’.

Se trata de una teoría desarrollada ya en los años 70 por Jackendoff. En principio se trataba del conjunto de reglas encargadas de restringir las estructuras que pueden ser generadas por la base, en el esquema de la Teoría Estándar Ampliada. Sin embargo, en GB las estructuras sintagmáticas, o frasales, ya no son generadas por reglas de reescritura o medios similares, sino que se originan por la interacción compleja de principios distintos.

La base de esta teoría o módulo se halla en el concepto de núcleo, (head) de las unidades lingüísticas. El núcleo de una unidad es lo que caracteriza a esa unidad. Por ejemplo, el núcleo de una FN es un N, de una FV un V, de una FA (frase adjetiva) un A (adjetivo), de una FP (frase prepositiva) una P (preposición). Cada núcleo se proyecta en niveles jerárquicos superiores, hasta el nivel máximo en una frase o sintagma. El nivel máximo se representa como x” y se llama proyección máxima.

Las categorías que pueden ser núcleos son A, N, V y P (preposición) y se definen por la presencia o ausencia de los rasgos [±N], categoría nominal, [±V], categoría verbal, en esta tabla:

Un esquema teórico completo del módulo, entre varios posibles, sería:

X”
|
—————————————-
Especificador X’ Modificador
|
|
————————-
X Complemento

El complemento puede ser un argumento o un conjunto de argumentos. El argumento es una categoría hermana de X y se dice de X que está subcategorizado para (subcategorizes for) ese argumento. El grado y los determinantes son especificadores. Las frases adjetivas son modificadores, aunque, en ciertas construcciones, es difícil distinguir esta categoría de los argumentos. En todo caso, se pueden distinguir categorías léxicas, que se proyectan hasta X’ y categorías funcionales, que no seleccionan argumentos y “tienen todas una posición de especificador, que se llena en la estructura-S tras el desplazamiento de un constituyente, y admiten sólo un complemento, que es obligatorio”.

En cuanto a las categorías no léxicas, como la oración, la teoría incluye las reglas

a) O’  COMP O

b) O  FN INFL FV

Las equivalencias de X’, X” con las etiquetas categoriales son:

Categorización y papeles temáticos

El segundo módulo que afecta a la estructura-p es la teoría- o de las relaciones temáticas. Debe verse en relación con la subcategorización. Este segundo concepto denota el proceso que expresa el marco sintáctico de un núcleo y sirve de filtro que excluye las estructuras agramaticales que se pueden generar al azar (por ejemplo, excluye mesa como núcleo de una FN argumento de leer). Los papeles temáticos, en cambio, proporcionan información semántica, básicamente. La teoría de los papeles temáticos está en relación con la teoría de la valencia de las gramáticas de relaciones o dependencias. Cada verbo asigna, por ejemplo, papeles temáticos. La diferencia (que nos ayuda también a entender la que existe entre subcategorización y papeles-) radica en que en el modelo de GB el verbo no está subcategorizado para un sujeto, porque el dominio de la subcategorización no puede exceder la proyección máxima que, para el verbo, es FV (véase la tabla de equivalencias de X’, X” y compruébese que FV equivale a X”). La teoría-, en cambio, permite, mediante dos procesos distintos, asignar realizaciones argumentales a un papel temático: se asigna composicionalmente (por la FV entera) un papel temático al argumento externo, en un proceso en el que la proyección máxima es intermediaria; en cambio, se asignan bajo rección los papeles temáticos a los argumentos internos: Así, AGUA tiene el mismo papel temático, pero distinta realización argumental, en el agua hierve (sujeto sintáctico, argumento externo) y el médico hierve el agua (objeto sintáctico, argumento interno).

La teoría- complementa el abarque de la subcategorización, donde los núcleos c-seleccionan (c- por “categoría”) sólo algunos subconjuntos dentro de los incluidos en sus proyecciones máximas. (Somos conscientes de que existe un uso terminológico bastante generalizado; pero, dado que estas investigaciones todavía no llegan al público estudioso general —no ya al público de la calle—, no hemos cedido a este uso cuando va en contra del general en español, o de los parámetros de nuestra lengua: así, hemos aceptado de muy buen grado “nudo linde” y, con peor humor, “complementante”; pero hemos usado “coindexar”, de larga tradición matemática, en vez de “coindizar”. Usamos “c-selecciona”, “c-manda”, etc., porque en español es imposible componer verbos si el segundo elemento no es o pasa a ser verbal, con marcas verbales formales: la solución, por tanto, es usar c- como prefijo, que es un parámetro admisible para verbos en la morfología composicional española.)

Todo lo que hemos venido exponiendo nos lleva a la estructura-s y a la FL, para lo cual hemos de ocuparnos de los dos principios que afectan a los tres niveles de representación, el principio de proyección y el criterio-.

Restricción de la representación sintáctica

Nos hemos referido a la selección del léxico en un marco sintáctico proporcionado por la subcategorización de los núcleos. La representación sintáctica está restringida por el principio de proyección: “Al proyectar desde el léxico las representaciones en cada nivel sintáctico se tienen en cuenta las propiedades subcategorizadoras de las unidades léxicas”.

Esto se traduce, simplificado, como que un objeto presente en un nivel de la derivación (estructura-p, -s o FL) tiene que estar presente en los otros dos y también en que cada vez que un elemento léxico requiera una posición en la estructura sintáctica, dicha posición debe existir. Las transformaciones que llevaban un sujeto profundo a sujeto superficial, por ejemplo, ya no tienen razón de ser y desaparecen, puesto que contradicen el principio de proyección. Claro está que éste exige que haya posiciones que pueden estar ocupadas por una categoría vacía; pero de determinar el tipo de estas categorías vacías se ocupa otro módulo, la teoría del ligamiento (binding). Lo esencial es que, una vez que existe una posición sintáctica, ha existido y existirá siempre.

Al ser la sintaxis una proyección de propiedades léxicas, todo núcleo tiene los argumentos que se han especificado léxicamente para él. Cada argumento tiene un papel-, es decir, una función única en una estructura sintáctica determinada. La exigencia de una correspondencia biunívoca entre argumento y papel temático es la forma más simple de expresar el criterio-. Puesto que, en párrafos anteriores, hemos visto que la subcategorización y la marca-, o asignación de papeles temáticos, están interrelacionadas, es necesario un principio que diga: “Si  subcategoriza la posición ocupada por , entonces  -marca a ”. Todas las configuraciones relevantes han de estar presentes en la estructura-p. Lo que se -marca es el contenido dominado por una posición subcategorizada.

La subcategorización y la marca- interna están sujetas al principio del gobierno o la rección, que es interactivo y que obliga a que tanto la subcategorización como la marca- interna se realicen en el interior de un dominio. Para ello se parte de la noción previa de mando-c (c-command) o mando de constituyente. Mando-c puede decirse de una categoría  y una categoría  si y sólo si todas las proyecciones máximas que dominan  dominan  (definición revisada). Así V c-manda FN y FP en la estructura

FV
|
—————————
V’ FP
|
————-
V FN

pero no FN sujeto en la estructura
O
|
—————————–
FN INFL FV
sujeto |
———————
V’ FP
|
—————-
V FN

porque la proyección máxima de V, FV (V”=X” según la tabla) no domina a FN sujeto.

La rección es un caso de mando-c mutuo, en términos generales.

 rige  ssi

(a)  c-manda  y

(b)  es un elemento del conjunto de categorías rectoras {N, V, P, A, INFL, COMP} y toda proyección máxima que domine a  domina a .

Entre regente, que ha de ser una de las seis categorías nucleares, y regido no puede haber ninguna proyección máxima.

El movimiento

La única regla transformatoria que permanece en GB es muy simple y potente. Se trata de la regla de movimiento de , es decir, “muevase cualquier cosa a cualquier posición”. Como vimos al principio, lo característico de la Gramática Universal es el concepto de restricción, por lo que la regla tendría como límite “a menos que una restricción lo impida”. El movimiento se realiza entre los distintos niveles de una derivación (estructura-p — estructura-s — FL). Según el principio de proyección, como hemos visto, las posiciones sintácticas no desaparecen, sino que pueden estar ocupadas por categorías vacías. El caso más típico es que una regla de movimiento de lleve a una categoría de la posición 1 a 2. Entonces 1 es ocupado por una categoría vacía, que es una huella de la categoría que estaba en esa posición previamente. Hay dos clases de huellas, a las que deben añadirse otras dos categorías vacías, de tipo pronominal. Para indicar que se ha producido movimiento, la categoría movida y su huella llevan el mismo subíndice, están coindexadas, como vimos en el ejemplo el soldado fue convencido.

Una de las limitaciones o restricciones fundamentales de la regla muévase- es la subyacencia, relacionada con el concepto de nudo linde (bounding node), porque sólo se puede cruzar uno de estos nudos en una aplicación de muévase-. Es posible que los nudos lindes no correspondan a las mismas categorías en distintas lenguas. En todo caso, para cruzar varios de estos nudos puede aplicarse muévase- en sucesivas ocasiones, siempre si no hay restricciones que impidan ese movimiento. Esto es lo que permitiría cruzar los nudos lindes O en

el hombre quei [O pienso [O’ que [O dijiste [O’ que [O habías visto ei]]]]]

para mover que desde la posición de objeto de habías visto, ahora ocupada por la categoría vacía e (inglés empty), hasta la de modificador de hombre. O no es nudo linde en español y sí lo es O’.

Sobre la estructura-s

Nos hemos ocupado de reglas y principios que afectan a la estructura-p o a más de un nivel de la derivación, la teoría del caso y el filtro casual afectan a la estructura-s. El caso está vinculado a las FN especialmente y debe asignarse necesariamente si la FN en la estructura-s va a tener contenido fonético, es decir, se expresará, no es una categoría vacía. Puede incluirse el filtro de caso en el criterio-, puesto que una cadena que comience por una FN tiene que tener un caso y no más de uno, del mismo modo que una categoría tiene un papel- y no más. La asignación de caso supone rección y se vincula por ello con el principio de rección. Además, fuerza el movimiento, así la pasiva, en la que un objeto se mueve a otra posición, requiere que el verbo no asigne caso, porque, de no ser así, un objeto (acusativo) no podría pasar a sujeto (nominativo). El morfema de pasiva suspende la capacidad verbal de asignar caso, al igual que la de asignar un papel- externo. Si se trata de la pasiva, cuando el verbo deja de asignar caso al objeto, éste ha de moverse para ir a una posición en la que tenga caso y no tenga papel temático, esto es, la de sujeto. Deja vacía la posición previa, que es ocupada por su huella, una categoría vacía, que recibe como tal un papel-.

Las denominaciones de los casos también han sido objeto de controversia. En GB se ha producido un acercamiento entre el planteamiento formal o morfológico más tradicional y la teoría profunda de los casos, de la que nos ocupamos al referirnos a la gramática de dependencias y que señalamos en la referencia a la semántica generativa. Coexisten terminologías que incluyen “agente, objeto, dativo, instrumento, meta”, de clara referencia al valor semántico, con otras tradicionales de “nominativo, genitivo, dativo”, etc. Para simplificar, usamos las segundas.

Es más sencillo observar la asignación de caso en una lengua en la que el caso implica variaciones morfológicas, como el latín:

• El verbo legit rige:

Un sujeto, que debe ir en nominativo (-us): Petrus legit
Un objeto, que debe ir en acusativo (-um): Petrus librum legit

• Una preposición rige un argumento en acusativo (-os) o ablativo (-o):
Petrus librum inter multos legit (Ac.)
Petrus librum cum amico legit (Abl.)

• Un nombre rige a otro en genitivo (-i): amicus Petri librum legit

La asignación de caso está sujeta al principio tipológico: en griego la preposición asigna caso al dativo, en inglés el genitivo no se asigna bajo rección. Lo esencial es que es necesario asignar un caso, cualquiera que éste sea. En algunas lenguas, como el inglés, se restringe la asignación por la adyacencia; en latín el caso regido y el regente pueden ir separados por otros elementos léxicos. (No olvidemos que estamos en la estructura-s, en la que el orden lineal es imprescindible.)

El movimiento hace que se creen categorías vacías, sujetas al ECP o principio de categorías vacías (Empty Category Principle), que es un principio de buena rección: una huella debe estar regida adecuadamente, lo cual se logra cuando el regente es una categoría léxica (N, V, A, P) o cuando hay un tipo de ligamiento, dentro de la misma O’.

La teoría del control se ocupa de la relación de PRO con su antecedente, debido a su doble carácter contradictorio (relación anafórica, que exige ese antecedente, a diferencia de la pronominal, de antecedente sólo posible).

La teoría del ligamiento: se ocupa de la distribución de las categorías vacías, relaciones interpretativas entre FFNN y distribución de pronombres (con antecedente posible) y reflexivos (que exigen antecedente).

1.  liga  ssi

2.  c-manda  y

3.  y  están coindexadas.

El ligamiento se produce en un dominio, en el cual algo, o bien está ligado a una categoría rectora (Governing Category), que debe incluir a lo que se rige y también a su regente, o bien queda libre. Por ello hay tres posibilidades y, consecuentemente, tres principios:

• Principio A: Una anáfora ([+a]) está ligada en su categoría rectora.

• Principio B: Un pronominal ([+p]) está libre en su categoría rectora.

• Principio C: Una expresión-R ([-a, -p]) es libre (nunca puede ligarse).

Según el principio A en

María quiso comer

es necesario analizar

Maríai quiso PROi comer

puesto que sólo puede decirse cuando el sujeto de comer y el de quiso están coindexados (tienen el mismo referido).

Según B, PRO (que es [+p]) tiene que estar libre en su categoría rectora, no tiene categoría rectora. La solución, en este caso, es que PRO debe ser a la vez ligado y libre, lo que coincide con una característica del español: el infinitivo cuyo sujeto es PRO es una forma no personal y por ello no hay un rasgo de CONCORDANCIA en la categoría INFL, es decir, no se requiere un PRO coindexado con el infinitivo.

También según B analizamos la ausencia de sujeto expreso en español y otras lenguas, p.ej. el chino, como

pro habla inglés

mientras que la posposición del sujeto requiere un pro coindexado para explicar la estructura-s de

proi llegó Juani ayer

con Juan como parte de FV.

Según A es posible

Juan se lava

sólo si Juan y se están coindexados:

Juani sei lava

del mismo modo que

volver en sí

exige que pro y sí estén coindexados

proi vuelve en síi,

lo que (correctamente) hace imposible

*yoi volví en síi

*túi volviste en síi

La mejor solución parece ser

proi v*lv* en ei

y así en todas las personas, donde en asigna caso oblicuo a ei (reflexivo, huella de FN [+a, -p]) que explica

volví en mí

volviste en ti

volvió en sí

(Naturalmente, no ignoramos el uso vulgar extendido volví en sí, vuelve (tú) en sí, que se explica sencillamente como una nominalización de en sí como “a recobrar el sentido”, o como lexicalización de volver en sí con el valor de “reponerse”, “recuperarse”; pero nos referimos ahora al uso en el que cada elemento conserva su propio valor.)

PRO está sujeto a los principios A y B; debe aparecer en estructuras en las que si postuláramos una huella violaríamos el criterio-, y no puede ser regido (para evitar la contradicción de los principios del ligamiento). Por ello ocupa la posición de ‘sujeto’ en la cláusula de infinitivo. Esta decisión está vinculada, al igual que la relación de PRO con su antecedente, a una teoría menos homogénea que las anteriores, la de control, que afecta, como las del ligamiento y la categoría vacía, a la estructura-s y la FL. Necesitamos, en efecto, una teoría que controle la regla de movimiento y los principios que conducen a la construcción de la estructura que se realiza, la estructura-s, y a su interpretación.

Aunque con las transformaciones reducidas al mínimo de la regla de movimiento de , la teoría de la rección y el ligamiento es una gramática transformatoria. En una de las corrientes más interesantes de los años 80, la léxico-funcional, desaparecen las transformaciones y se propone un nivel adicional de estructura funcional que se situaría entre la estructura sintáctica y el significado y mediaría entre ambos. Esta estructura funcional es un nivel distinto de la sintáctica, puesto que tiene sus propios primitivos y principios de combinación, lo que impide considerarla como un nivel subordinado o dependiente de la estructura sintáctica. Se deriva en el proceso activo; pero no existe una estructura sintáctica subyacente que se recupere.

Hacia un nuevo modelo sintáctico

Podemos resumir la posición de las teorías sintácticas actuales, según Jackendoff, como un conjunto de reglas sintagmáticas o de estructura de frase y reglas transformatorias, que pueden reducirse al mínimo, es decir, a cero, en uno de los dos subconjuntos. Estas reglas sintácticas describen estructuras relacionadas con la estructura fonológica, de un lado, y la estructura semántico conceptual de otro, en este esquema:

Bibliografía

MARCOS MARÍN, Francisco: Lingüística y Lengua Española. Introducción, historia y métodos. Madrid: Cincel, 1975).
MARCOS MARÍN, Francisco: Reforma y modernización del español. Ensayo de Sociolingüística Histórica (Madrid: Cátedra, 1979).
MARCOS MARÍN, Francisco: Introducción a la Lingüística, historia y modelos (Madrid: Síntesis, 1990).

Temas relacionados

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Francisco A. Marcos Marín

GRAMÁTICA GENERATIVA-TRANSFORMATIVA

Fuente: Britannica

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