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Definición de Gran Paradiso, Parque Nacional del

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 Espacio natural protegido de Italia, situado en el NO del país, en el Valle de Aosta. Ostenta desde 1922 la categoría de Parque Nacional y tiene una extensión de 700 km2 (70.000 ha); su territorio forma parte de los Alpes Grayos, que se alzan entre el Piamonte y el mencionado valle, y limita por el O con el Parque Nacional de La Vanoise, ya en territorio francés, con el cual existe un convenio de colaboración permanente.

Ya en el siglo XX, el rey Víctor Manuel III en el trono de Italia decide donar su Reserva Real de Caza al estado italiano, con la condición de que debe instaurar allí un Parque Nacional que asegurase el porvenir de las cabras montesas. Deseo que ve materializado en 1922 con la creación de este Parque Nacional, el primero en la historia de Italia.

Relieve

El parque, que recibe su nombre de la mayor cumbre alpina de la zona, el Gran Paradiso (4.061 m de altitud), alberga varios glaciares de montaña y algunos lagos. Sus lugares de mayor atractivo turístico son los valles del Cogne, Servanche y Rhêmes, tapizados de espesos bosques de alerces, abetos rojos y plateados, así como pinos siberianos y blancos.

Los valles son muy profundos (algunos descienden hasta rozar los 500 m de altitud), y los arroyos -casi todos originados por el deshielo primaveral- son abundantes y limpios. En la vertiente norte del Gran Paradiso existen seis arroyos, muy notorios y permanentes, que contribuyen a engrosar el cauce de la cabecera del Dora Baltea, amén de otros numerosísimos de régimen temporal; y en la vertiente sur, de corte mucho más vertical, el Orce, que dada su posterior magnitud, puede ser calificado de verdadero río.

Clima

El clima es muy duro, sobre todo en invierno, cuando las temperaturas descienden muchos grados por debajo de cero. Estas elevaciones alpinas suponen auténticos islotes climáticos en los que se generan ambientes muy diferentes a los de las tierras bajas circundantes.

El blanco y uniforme manto de la nieve suele cubrir todo el paisaje durante un buen número de meses al año, mientras que en los restantes, son los variados y propios colores de las flores los que dominan el paisaje.

Vegetación

En una cota superior a los 800 ó 1.000 m, y pese a no encontrarse todavía en lo que denominaremos primer estrato de la montaña, la vegetación se distribuye según la orientación de las laderas, denotando su ostensible sensibilidad a la humedad y al frío como condicionantes principales. De este modo, en las zonas más benignas de estos pisos prealpinos podemos encontrar importantes masas de bosques caducifolios, sobre todo en la vertiente orientada al S, llegando incluso a rebasar los 1.500 m en algunas gargantas muy localizadas.

Pero es en esta última cota y hasta los 1.700 m donde llama la atención la curiosa asociación del haya (Fagus sylvatica) con dos especies de abetos: el abeto blanco (Abies alba) y el abeto rojo (Picea abies), entremezclándose con pastizales artificiales o dejando su lugar a pinares, integrados a su vez por el pino de montaña (Pinus mugo). En este enclave se conservan algunos de los bosques de abetos mejor conservados de todo el conjunto alpino.
Sin embargo, en las zonas más humanizadas, a lo largo de los caminos, sólo se encuentran pastizales artificiales de corta altura.

En el piso subalpino se encuentran bellísimos prados de césped, que alcanzan alturas considerables en ausencia de ganado doméstico o reses salvajes, salpicados por exiguos bosques de coníferas, algunos de ellos sólo presentes y característicos de esta parte de Los Alpes.

El siguiente estrato en altitud es el piso alpino, caracterizado por la ausencia de árboles y arbustos, los cuales desaparecen cuando caen heladas durante más de trescientas noches al año (sobre los 2.400 m de altitud).

La vegetación se presenta en forma de césped en las partes propicias. Abundan las gencianas, con sus flores moradas (Gentiana acaulis), púrpuras (Gentiana purpurea), azuladas (Gentiana alpina, Gentiana nivalis, etc.) o amarillas (Gentiana lutea); destacan los grandes calderones (Trollius europaeus), también de flores amarillas; se ocultan los rosados pies de gato (Antennaria dioica) y sobresalen las altivas siemprevivas (Sempervivum grandiflorum, Sempervivum arachnoideum, Sempervivum montanum y Sempervivum tectorum). Los bosques, en cambio, no son tan exuberantes, pero prestan su nota de color generosamente, sobre todo con las rosadas flores femeninas de los alerces (Larix decidua), bastante más grandes y vistosas que sus oponentes masculinas, más alargadas y amarillas.

En las partes más inhóspitas, como rocas o laderas cubiertas de nieve durante unos 10 meses al año, sólo prosperan los líquenes, algunas briófitas y algas, respectivamente. Los líquenes pueden ser de diferente color según sea la naturaleza de la roca que lo sustenta. Así, sobre las peñas calizas son blancos y anaranjados, y sobre las silíceas, negros o amarillos, ocupándose todos ellos -sin distinción de papeles- de disgregar las rocas e iniciar el importante ciclo de formación del suelo.

El piso alpino finaliza en el límite mismo de las nieves perpetuas, cota muy variable según sea la vertiente norte o la sur. En cualquier caso, en el nuevo piso nival la vegetación no encuentra facilidades para subsistir, reduciendo su presencia a algunas algas microscópicas -que en circunstancias especiales llegan a teñir de color rojo la nieve-, líquenes incrustantes, principalmente sobre rocas emergentes, y algunas extrañas fanerógamas, como el cantarillo (Soldanella alpina) o la famosa Ranunculus glacialis, que florece de julio a octubre, situándose por encima de los 4.000 m.

Fauna

Si existe una especie animal en Los Alpes, y más concretamente en este Parque Nacional Gran Paradiso, que puede ser considerada como auténticamente genuina, esa es la cabra montés o íbice alpino (Capra ibex). Véase Íbice.

Además de las 3.500 cabras monteses que habitan hoy día en el Parque Nacional Gran Paradiso, es muy importante tener en cuenta a los 7.000 rebecos o gamuzas (Rupicapra rupicapra), a las cerca de 10.000 marmotas (Marmota marmota) y un número incalculable de ratillas nivales (Microtus nivalis).

Los carnívoros han sufrido peor suerte y fueron extinguidos por decreto. En 1912 fueron el lobo (Canis lupus) y el oso pardo (Ursus arctos), en 1918 el lince (Lynx lynx), y en 1940 la nutria (Lutra lutra).

El lince fue introducido en 1975, y se soltaron dos individuos adultos provistos de collares transmisores, con los que los científicos y los guardas encargados de la conservación del Parque podían seguir sus evoluciones.

Además del lince, actualmente podemos encontrar en Gran Paradiso otros carnívoros de talla mediana y pequeña, entre los que destacan el zorro (Vulpes vulpes), el tejón (Meles meles) y el armiño (Mustela erminea).

Por lo que a las aves respecta, lo más característico es la variedad de especies: lógico resultado de una notable diversidad de biotopos.

En los bosques prosperan sobre todo los pícidos, representados por el pito real (Picus viridis), el pico picapinos (Dendrocopus major) y el pico menor (Dendrocopus minor) (ver pájaro carpintero), además de infinidad de pequeños pajarillos, entre los que conviene citar a los páridos: herrerillo capuchino (Parus cristatus), carbonero común (Parus major), carbonero palustre (Parus palustris) y mito (Aegithalos caudatus); y a los fringílidos: pinzón vulgar (Fringilla coelebs), verderón serrano (Serinus citrinella), lúgano (Carduelis spinus) y pardillo sizerín (Acanthis flammea).

En los arroyos y riachuelos, sean estacionales o perennes, son el mirlo acuático (Cinclus cinclus) y el martín pescador (Alcedo atthis) las especies que atestiguan, con su patente e importante densidad, la todavía aceptable pureza del medio en que se desenvuelven.

Ya en contacto directo con las rocas, pero sin rebasar en ningún caso el límite de las nieves perpetuas, fijan su residencia los córvidos, chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) en su mayoría, y las cada día más escasas águilas reales (Aquila chrysaetos).

A todas estas especies aladas autóctonas, habría que añadir otras introducidas, como la perdiz pardilla (Perdix perdix) y el faisán (Phasianus colchicus), que según parece han traído consigo enfermedades propias de las aves domésticas, sembrando la indignación entre los numerosos grupos conservacionistas existentes dentro del territorio italiano.

Leyendas del parque

Una de las leyendas de la zona que casi acaba con las poblaciones de cabras monteses es que se creía que la mezcla de hierba, sales y pigmentos biliares condensados en los estómagos de las cabras monteses curaban milagrosamente las más graves enfermedades hepáticas. Además de esto, se pensaba que un huesecillo en forma de cruz -llamado “cruz del corazón”- que existe en el corazón de esta especie era el mejor de los amuletos para evitar todo tipo de muertes violentas.

De tal forma se extendió esta última superstición que, en el siglo XVIII, el Príncipe Obispo de Salzburgo dictaminó que ese talismán era incompatible con el cristianismo, y prohibió su caza bajo severísimas penas: medida que no dio el resultado previsto, por lo que el citado obispo decidió ordenar su total exterminio. De este modo, al poco tiempo de llevarse la orden a la práctica, la población de las cabras monteses alpinas quedaba reducida a un triste centenar, aisladas en torno a la cumbre del Gran Paradiso: su último refugio.

Ante tan dramática situación, cuando todo hacía presagiar una extinción segura, el Reino de Cerdeña -que devendría en Reino de Italia en 1861 después de la Guerra de la Independencia- prohíbe en 1821 la caza de la cabra montés en la zona del Gran Páradiso, que por aquel entonces se encontraba todavía bajo su total jurisdicción.

Sin embargo, el impulso hacia la creación del Parque no llegó hasta 1856, año en que el rey Víctor Manuel II -artífice de la unidad italiana- instaura una reserva real de caza en aquella conflictiva región. Sus leyes eran herméticas y la vigilancia, en la que trabajaban casi todos los cazadores furtivos que años antes asolaban la comarca, inmejorable; motivo por el cual en tan sólo 25 años la cifra de cabras se situó en torno a las 2.000.

A. Garmendia

GRAN PARADISO, PARQUE NACIONAL DEL

Fuente: Britannica

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