Atlas & Maps

Definición de Griego clásico

0

 [Lingüística] Historia de la lengua griega.

La llegada de los griegos a Grecia

La llegada de los primeros griegos, esto es, un pueblo de lengua indoeuropea con unas características dialectales específicas, se produjo seguramente a principios del segundo milenio antes de Cristo. Muy posiblemente los pueblos que penetraron en la Hélade en este momento ya hablaban una lengua que podemos definir como griego, que posiblemente había cristalizado en el sur de los Balcanes o en el Épiro. Esta lengua presentaba ya características bien definidas que la permiten conceptuar como “griego”: conservación de los timbres heredados del indoeuropeo, resultados /e/a/o/ de las antiguas tres laringales en posición vocálica, ensordecimiento de las antiguas sonoras aspiradas indoeuropeas, aspiración de /y/ en posición inicial y de /s/ en posición inicial e intervocálica, diversas palatalizaciones de consonantes más /y/, dativo plural en -si, perfecto en /-k-/, pasiva en -qh-, etc. Habitualmente se fecha la penetración de los griegos en la Hélade entre el 1900 a.C. y el 1600 a.C., pero recientes descubrimientos arqueológicos parecen demostrar una implantación de la lengua griega y su primera manifestación escrita, el micénico, ya en torno al siglo XVI a.C., por lo que la fecha de la penetración de los griegos ha de ser adelantada un tanto.

El sustrato pre-griego

Los griegos se superpusieron a otros estratos de población ya asentados en Grecia. De uno de ellos tenemos una buena constancia arqueológica. Entre los siglos XVIII-XV a.C. hubo un imperio talasocrático centrado en la isla de Creta, pero con importantes asentamientos en Grecia continental. Es la llamada civilización minoica, que ha dejado diversos testimonios escritos (escritura jeroglífica y lineal A), que permanecen sin leer ni descifrar y cuya lengua no podemos, por tanto, adscribir a ninguna familia lingüística conocida. Pero, además, hay determinados rasgos del léxico griego que nos indican la presencia, llamada por los lingüistas de sustrato, de otras lenguas no griegas. Han sido identificadas tres o cuatro lenguas de sustrato, también indoeuropeas. Una de ellas, responsable de topónimos y palabras del vocabulario pertenecientes a nombres de plantas, frutos y de la cultura material, se caracteriza por la presencia de los sufijos -nth- y -(s)s-: ParnassÕj “Parnaso”, KnossÕj “Cnoso”, L§rissa “Larisa”, KÕrinqoj “Corinto”, Tˆrunqoj “Tirinto”, ržbinqoj “garbanzo”, kup§rissoj “ciprés”, etc. Como ese mismo sufijo se encuentra en otras lenguas indoeuropeas de Asia Menor, hitita y luvita, principalmente, dicha lengua de sustrato se atribuye a una influencia anatolia en Grecia (P. Kretschmer). Otra lengua de sustrato es responsable de dobletes presentes en griego desde antiguo como t§foj / tÝmboj “tumba”, piarÕj / fiarÕj “gordo”, äj / sãj “hijo”, etc. Esta lengua no distinguiría entre /a/o/ de origen indoeuropeo, tendría una rotación consonántica y registraría asibilación de las antiguas velares. A este sustrato se le denomina convencionalmente “pelásgico” (V. Georgiev). Cabría identificar además otras manifestaciones de sustrato con una peculiar rotación consonántica y cerramiento de vocales, responsables de dobletes como ©nqrwpoj / ¦ndrÕj, o de la etimología de palabras inexplicables desde la fonética histórica del griego, como qeÕj “dios”. A esta lengua se le llamó “griego-psi” (Merlingen).

El griego micénico

La primera manifestación del griego por escrito, lo que conocemos como griego del segundo milenio, son las tablillas micénicas y al nivel de lengua que nos transmiten lo denominamos griego micénico. El conocimiento del micénico ha cambiado considerablemente nuestra valoración del griego y de la dialectalización del griego del primer milenio. Las tablillas procedentes del palacio de Cnosos, en Creta, se conocían desde las excavaciones de Arthur Evans a principios del siglo XX. En dichas excavaciones, se pudo comprobar la existencia de tres tipos distintos de escritura. Una de tipo jeroglífico, y otras dos que Evans llamó lineales, el lineal A y el lineal B. Esta última escritura apareció también en otros puntos de Grecia continental, como Pilos, Micenas (que da nombre al griego micénico), Tebas y Tirinto. Hoy en día parece demostrado que tanto lineal A como lineal B proceden de una anterior escritura, protolineal. En 1953, tras diversos trabajos de aproximación, un arquitecto inglés que anteriormente había trabajado en el servicio de criptología (desciframiento de códigos secretos) del Servicio de Inteligencia británico, declaró, para sorpresa del mundo científico, que la lengua que contenía la escritura calificada por Evans como lineal B era griego. En este primer momento Ventris fue apoyado por un destacado helenista, J. Chadwick. Tras unos años de algún rechazo por parte de la comunidad científica internacional, la propuesta de VentrisChadwick fue aceptada. Las otras escrituras de la Grecia del segundo milenio permanecen sin descrifrar y desconocemos a qué tipo de lengua se corresponden. Gracias a estos documentos podemos conocer un imperio talasocrático cuyos dominadores, de lengua griega, se habían impuesto ya a los antiguos pobladores no griegos. En este momento, Grecia parece estar dominada por una aristocracia guerrera, de caracteres típicamente indoeuropeos, que utilizan en carro de guerra, organizadas en ciudades estado que, si bien combatían frecuentemente entre sí, también se organizaban en importantes confederaciones con una clara intención expansiva. Sabemos que en esta época, siglos XIV y XIII a.C., los griegos heredaron de la época anterior, el imperio minoico, posibleme ni griego ni indoeuropeo, el control marítimo de todo el Egeo, hasta el punto de que el Imperio Hitita les reconocía, bajo el nombre de Ahhiyawa (seguramente relacionable con gr. 9Acaˆoi), el carácter de Gran Reino. Todo este imperio comercial estaba controlado burocráticamente desde los palacios de las más importantes ciudades a las que ya hemos hecho mención, y es precisamente de este control burocrático de donde nos proviene el conocimiento del griego micénico, pues las tablillas en las que se nos ha conservado dicho nivel lingüístico son los documentos de contabilidad palaciega de la época. Esto quiere decir que en ningún caso se nos ha conservado ningún texto literario en griego micénico, si bien podemos deducir que existía un épica oral de la que tenemos todavía importantes restos en Homero, que testimonia realidades culturales y materiales inexistentes en su época (probablemente siglo VIII a.C.) pero que la arqueología nos revela como propias de la época de la aristocracia micénica.

La lengua micénica se nos ha transmitido en un signario silábico o silabario. A diferencia de una escritura alfabética, en un silabario los signos representan una secuencia de sonidos que siempre incluyen una vocal. En concreto el silabario micénico es del tipo llamado abierto, es decir, en el que predominan las estructuras Consonante-Vocal, que se adapta muy mal a las características de la lengua griega, por lo que se puede deducir que dicho signario es adaptación de otro anterior creado para una lengua de estructura muy diferente a la del griego. El silabario micénico incluye signos para las siguientes secuencias silábicas:

Micénico Equivalencia fonética
a e i o u /a/a:/e/e:/i/i:/o/o:/u/u:/
ja je — jo — /j/ más vocal
wa we wi wo — /w/
pa pe pi po pu /p/ph/b/
ta te ti to tu /t/th/
da de di do du /d/
ka ke ki ko ku /k/kh/g/
qa qe qi qo — /kw/gw/kwh/
ma me mi mo mu /m/
na ne ni no nu /n/
ra re ri ro ru /r/l/
sa se si so su /s/
za ze — zo — /ts/
a2 /h/

Otros signos sirven para la expresión de diptongos y de grupos con palatalización de /y/; todavía hay algunos signos que no han sido identificados. Como en griego son frecuentísimas las sílabas trabadas, es decir, de estructura (Consonante)-Vocal-Consonante, y dicha posibilidad no se compadece bien con el silabario abierto representado por el lineal A, las posibilidades de representación gráfica de dicha realidad fonética pasan por dos posibles recursos. 1. Representar la consonante implosiva (la que se halla al final de la sílaba) mediante una falsa vocal (sin valor fonético real): po-ti-ni-ja /potniya/ “señora de la casa”, te-ko-to-ne /tektones/ “carpinteros”. Normalmente esta vocal falsa toma el timbre de la anterior, como se puede ver en los ejemplos, aunque hay excepciones. 2. Una o más de las consonantes implosivas no se transcribe. Esto es sistemático para /-s/-r/-n/ en posición final de palabra: ki-to /khiton/, pa-te /patdr/. Es fácil ver los problemas de interpretación que una escritura de este tipo aporta a la interpretación de los datos micénicos a partir de nuestro conocimiento del griego del primer milenio a.C.

La lengua de los textos micénicos refleja notables arcaismos, como la conservación de las labiovelares indoeuropeas /kª/gª/kª™/, perdidas en el griego del primer milenio a.C., ausencia de contracciones, conservación de /y/ en posiciones posteriormente perdidas, Genitivo temático en /-oyo/, desinencia /-phi/ para el Instrumental de plural. La lengua de las tablillas micénicas también manifiesta una temprana diferencia dialectal, sobre todo en el tratamiento de la sílaba /ti/, conservada unas veces, asibilada en /si/ en otras. Este doble tratamiento ha sido explicado como una diferencia diatópica: el dialecto meridional asibila y el septentrional no. Pero también se ha querido ver una diferencia diastrática: los escribas de origen popular o menos aristocrático conservarían dicha sílaba sin asibilar. Esto llevó a Chadwick a postular una teoría algo arriesgada: este dialecto popular era en realidad protodorio y por tanto los dorios ya habían entrado en Grecia en la época micénica y una especie de revolución popular del estrato lingüístico dominado, los protodorios, fue precisamente lo que acabó con el régimen palacial micénico.

Las migraciones griegas

Hasta el descubrimiento y desciframiento de los textos micénicos y debido al predominio de las teorías arqueológicas que identificaban sistemáticamente cambio cultural con cambio de población y, por tanto, cambio lingüístico, se consideraba que la diferenciación dialectal que el griego presentaba desde los testimonios escritos del primer milenio a.C. era debida a una entrada escalonada (P. Kretschmer): primero habrían entrado en la Hélade los jonios (20001900 a.C.), luego los eolios (junto con los antecesores del grupo arcado-chipriota) en torno a 1600 a.C. y finalmente los dorios (1200 a.C.). El análisis del material micénico ha venido a desmontar la teoría de las tres migraciones: parece concluyente que el jonio y el eolio se forman con posterioridad a época micénica, que el micénico no es el antecesor directo de ninguno de los grandes grupos dialectales del primer milenio y que la penetración doria se debió de producir antes de la fecha propuesta por Kretschmer. Lo que ya no está tan claro es si la destrucción del sistema palacial micénico se produjo por una revolución, como postula Chadwick, o por una auténtica invasión. Lo cierto es que a partir del siglo XII a.C. Grecia cae en una terrible depresión económica que motiva su escasa actividad cultural y su abandono de la escritura. Son los llamados “siglos oscuros”, que durarían hasta los siglos IX-VIII a.C.

Los dialectos griegos del primer milenio

Es presumible que durante estas fechas se produjera una importante estructuración lingüística que diera lugar a los distintos grandes grupos dialectales tal como los conocemos a partir de las inscripciones más antiguas (desde el siglo VIII a.C.). Hay que notar, que cada uno de los grupos dialectales que abstraemos desde un punto de vista lingüístico está fragmentado en distintas realidades locales, coincidentes normalmente con las pequeñas unidades políticas, o ciudades-estado, en las que aparece organizada todo el territorio griego hasta el siglo IV a.C. De acuerdo con esto, el griego del primer milenio a.C. aparece distribuido geográficamente de la siguiente manera: Los eolios aparecen instalados en Tesalia, Beocia y en la isla de Lesbos y la costa vecina de Asia Menor. Los jonios aparecen desde antiguo instalados en Ática y Eubea y se desplazaron, posiblemente como resultado de la invasión doria, a gran parte de la costa occidental de Anatolia y las islas de Paros, Naxos, Delos y Samos. Un grupo dialectal que convencionalmente conocemos como aqueos quedó arrinconado en la región montañosa del centro del Peloponeso, Arcadia, y se desplazó a la isla de Chipre y a la costa de Panfilia. Los dorios ocuparon todo el noroeste de Grecia, fragmentado en numerosos dialectos locales, la mayor parte del Peloponeso y las islas de Creta, Rodas y el Dodecaneso. Pero el resurgimiento económico de la Hélade que pone fin a los siglos oscuros coincide con un importante fenómeno: las colonizaciones griegas. Entre los siglos IX y VI a.C. importantes movimientos de población difundieron y helenizaron completamente partes extensas del Mediterráneo, como parte de Sicilia, toda la costa de Italia meridional, llamada por su importancia económica y cultural “Magna Grecia”, la costa sur de la Galia, la costa dálmata, la costa del Mar Negro, llamado por los griegos Ponto Euxino (“mar hospitalario”), y la costa de Libia. Cada ciudadestado o pólis (gr. pÕlij) que fundaba una colonia mantenía con ella vínculos importantes, que iban desde lo meramente político a lo cultural y religioso y, como no, lo lingüístico: la división dialectal de la Hélade se importó a las colonias del Mediterráneo y del Mar Negro.

El alfabeto griego

En esta época hay que datar la adaptación por parte de los griegos de la escritura alfabética, indiscutiblemente de origen fenicio. El alfabeto resulta una innovación gráfica portentosa, en la que cada signo se corresponde a una sola unidad fonética. La adaptación del alfabeto fenicio al griego, si bien no del todo perfecta, ha de salvar un inconveniente fonético excepcional. El fenicio, como todas las lenguas semíticas no necesita representar las vocales (al menos las breves), debido a una característica intrínseca de todo este grupo de lenguas. En cambio, en griego es imprescindible tal representación, por lo que la adaptación del signario fenicio al griego pasaba por dotar a signos fenicios de carácter consonático de un valor vocálico.

El alfabeto, tal como lo conocemos en época clásica en ático y presentando las grafías minúsculas que no surgirán hasta época bizantina (siglo IX d.C.), quedó fijado como sigue (con caracteres mayúsculos y minúsculos separados por una barra oblicua):

Carácter (nombre) Valor fonético (valor numérico)
A / a (alfa) /a/a:/ 1
B / b (beta) /b/ 2
G / g (gamma) /g/ 3
D / d (delta) /d/ 4
E / e (epsilon) /ë/ 5
Z / z (zeta) /dz/ /ts/ 7
H / h (eta) /e:/ 8
Q / q (theta) /th/ 9
I / i (iota) /ï/i:/ 10
K / k (kappa) /k/ 20
L / l (lambda) /l/ 30
M / m (mi) /m/ 40
N / n (ni) /n/ 50
X / x (xi) /ks/ 60
O / o (omicron) /o:/ 70
P / p (pi) /p/ 80
R / r (ro) /r/ 100
S / s, , j (sigma) /s/ 200
T / t (tau) /t/ 300
U / u (ipsilon) /u/u:/ /y/ 400
F / f (phi) /ph/ 500
C / c (khi) /kh/ 600
Y / y (psi) /ps/ 700
W / w (omega) /o:/ 800

La adaptación del alfabeto fenicio al griego pasó por importantes innovaciones. La más importante de ellas es la creación de signos vocálicos, en principio indiferentes a la oposición de cantidad vocálica existente en griego, de modo que en un primer momento y en todos los dialectos los signos vocálicos eran A E I O U con los valores respectivos /ã/a/ /ä/d/ /å/ì/ /æ/o/ /ç/u/, respectivamente. En el área jonia, coincidiendo con determinados cambios fonéticos (creación de nuevas vocales largas, principalmente) se crea un signo vocálico nuevo: W para /]C/ y la pérdida de la aspiración (psilosis) deja libre el antiguo signo que representaba la aspiración: H para reflejar /eC/, aunque este proceso fue vacilante y en algunos momentos este mismo signo pudo reflejar /eC/. Posteriormente, este último fonema se representó mediante el dígrafo EI, y el fonema largo cerrado /oC/ se transcribió mediante OU. Otro ámbito importante de innovaciones lo constituyen la representación de los fonemas oclusivos sordos aspirados del griego /p™/ /t™/ /k™/. Sólo sería de origen fenicio el correspondiente a /t™/ = Q. Los otros fonemas se podían representar, bien mediante la sorda correspondiente: P, K, bien mediante la combinación de la sorda y la aspiración: PH, KH. Hay que hacer una observación respecto a los valores originarios de C, Y, X. En todo el ámbito dialectal occidental, C aparece usado para la combinación de fonemas /k+s/, lo cual explica el uso que este signo tendrá posteriormente en los alfabetos itálicos. En esta misma zona, el grafema Y representará la aspirada gutural /k™/. En cambio, en jonio, C representa la aspirada /k™/, mientras que el signo Y se utiliza para la combinación de fonemas /p+s/ y se crea un signo nuevo X para la combinación /k+s/.

Otros signos antiguos de origen fenicio se siguieron empleando con carácter dialectal, como wau o digamma F (minúscula ù) con valor /w/ (numérico 6) en los dialectos que no perdieron dicho fonema. Otros grafemas se conservaron sólo con su valor numérico: koppa: % = 90 y sampi: ” = 900.

En época alejandrina se crea un sistema de acentuación, debido al gramático Aristarco (c. 217-145 a.C.) quien lo creó para poder leer a Homero; tal como ha llegado a nosotros comprende tres diacríticos: acento agudo {´}, acento grave {`} y acento circunflejo {˜}. Los dos primeros pueden recaer sobre vocales breves y largas, mientras que el último sólo puede recaer sobre vocales largas. Sabemos por los gramáticos alejandrinos que el acento griego era del tipo llamado musical. El acento agudo representaba una elevación del tono de la vocal sobre la que recae. Cuando el acento agudo recae sobre una vocal larga, dicha elevación de tono afecta sólo a la segunda parte o mora de la vocal larga. En cambio, el acento circunflejo representa una elevación de tono en la primera mora de la vocal larga sobre la que recae. El acento grave aparece siempre condicionado a la presencia de una vocal acentuada en el decurso inmediato. Además, se crearon otros diacríticos: los espíritus, colocados sistemáticamente sobre las vocales iniciales de palabras, el espíritu áspero {8} representa el fonema aspirado /h/, el suave {9} no tiene ningún valor fonético. Otro signo reseñable es la diéresis {¨} que indica hiato. Los signos de puntuación diferentes de los habituales en los textos escritos en alfabeto latino son {;} que indica entonación interrogativa y el llamado punto alto {:} equivalente a nuestro punto y coma y a los dos puntos.

El sistema del ático

De todos los dialectos griegos, el nivel lingüístico mejor conocido en todas sus manifestaciones es el dialecto jonio de la ciudad de Atenas, capital de la región del Ática, debido a la importancia cultural que adquirirá a partir del siglo V a.C. Conviene partir de una descripción sincrónica de dicho nivel de lengua para poderlo confrontar con los demás dialectos y lenguas literarias.

El sistema vocálico del ático del siglo V a.C. es notablemente desequilibrado. EN las vocales breves porque el antiguo fonema /u/ ha pasado a caracterizarse como [+ redondeado] y ha ocupado una posición central dentro del sistema. En cuanto a las vocales largas, en todo el jonio se han creado nuevas vocales largas cerradas como fruto de los alargamientos compensatorios, representadas mediante los dígrafos ei, ou. El sistema quedaría representado de la siguiente manera:

breves: /i/, /y/, /e/, /a/, /o/
largas: /iC/, /yC/, /eC/, /eC/, /aC/, /oC/, /]C/

El sistema consonántico resulta algo más equilibrado:

oclusivas: /p/, /b/, /t/, /d/, /k/, /g/
oclusivas aspiradas: /p™/, /t™/, /k™/
fricativas: /s/, /h/
nasales: /m/, /n/
vibrante: /r/
lateral: /l/

El sistema morfológico del griego es notablemente complejo. Dentro del sistema nominal, la declinación tiene un número menor de casos que la mayoría de las lenguas indoeuropeas: Nominativo, Vocativo, Acusativo, Genitivo y Dativo. Presenta tres géneros, masculino, femenino y neutro, cuya vinculación con el referente no está semánticamente motivada. El ático del siglo V a.C. todavía mantiene tres números gramaticales, singular, plural y dual, pero este último está ya en vías de extinción. Lo que realmente complica el sistema nominal son los tipos flexivos. En principio, hay tres grandes declinaciones: los temas en -a (-ã), los temas temáticos (la vocal temática que da el nombre a esta declinación era la antigua vocal alternante indoeuropea *-o/-e), y los temas atemáticos. En la designación tradicional, estos temas reciben la designación de primera, segunda y tercera declinación. La declinación temática genera desinencias específicas, como el genitivo singular en -o (-ou), el dativo singular en -oi (-w), el nominativo plural en -oi (-oi). Esta declinación influye notablemente en los temas en -a, debido a que la mayoría de los adjetivos pertenecen a los llamados adjetivos de tres terminaciones, siendo los masculinos declinados por la declinación temática, los neutros por la declinación temática neutra y los femeninos por los temas en -a. La declinación atemática conserva desinencias de mayor antigüedad desde el punto de vista de su origen indoeuropeo, como el genitivo singular en -os, el dativo singular en -i; sin embargo, existe una importante variedad de tipos dentro de la declinación temática, motivada por la gran cantidad de cambios fonéticos registrados a lo largo de la historia del griego. En principo hay que distinguir entre temas consonánticos y temas vocálico, en -i, -u y vocal larga. Estos últimos conservan todavía el acusativo singular en -n, mientras que en los temas consonánticos la -n, al encontrarse en posición de centro silábico, ha vocalizado en -a. Por otra parte, la declinación temática conserva en una parte importante de sus tipos una antigua alternancia indoeuropea entre sílabas en grado pleno y en grado cero, es decir, entre sílabas con vocal o sin ella, por ejemplo, nominativo kÝwn, genitivo kunÕj “perro”.

Donde la complejidad morfológica característica del griego se manifiesta de un modo más notable es en el sistema verbal. El verbo griego está estructurado en tres temas verbales, es decir, tres manifestaciones, a veces muy diferentes entre sí, de la misma raíz verbal, que es la portadora del significado último. Estos tres temas sirven para desarrollar tres valores aspectuales diferentes. El tema de presente tiene valor aspectual durativo, el tema de aoristo (=indefinido) tiene valor puntual y el tema de perfecto valor de estado. La relación formativa entre los distintos temas del verbo griego no está determinada por ninguna regla, de modo que a un tipo determinado de presente le puede corresponder cualquier tipo de aoristo o de perfecto. El verbo griego marca también tiempo verbal, dentro del que opone presente, pretérito y futuro. Los dos pretéritos posibles, imperfecto y aoristo, se oponen por los valores aspectuales correspondientes: el imperfecto es el pretérito del tema de presente, por lo que tiene valor durativo, y el aoristo tiene valor aspectual puntual. Ambos tiempos van hipercaracterizados en el modo Indicativo mediante un prefijo llamado aumento: e- (existe también el llamado aumento temporal, cuando los verbos comienzan por vocal, consistente en un alargamiento de la misma). El tema de aoristo queda incapacitado para desarrollar un tiempo presente. El perfecto no tiene un valor temporal definido. En ático acaba desarrollando un tiempo relativo, un pretérito anterior o pluscuamperfecto. El tiempo verbal estaba marcado mediante las desinencias: desinencias primarias, que marcaban tiempo presente y desinencias secundarias que marcaban tiempo pretérito. El perfecto dispone de unas desinencias especiales y además está caracterizado por un procedimiento prefijal llamado reduplicación, consistente en la repetición de la consonante inicial del verbo más la vocal -e-; los verbos comenzados por vocal sustituyen la reduplicación por el llamado aumento temporal; algunos de estos verbos presentan la llamada reduplicación ática, que consiste en la repetición de la vocal inicial, la consonante siguiente y el alargamiento de la vocal radical: ¦koÝw — ¦k¿koa. El futuro va marcado mediante un sufijo sigmático. Otra categoría marcada mediante juegos de desinencias es la diátesis o voz. En griego hay una oposición tripartita de voz: activa / media / pasiva. Esta última está poco desarrollada en griego, pues solo se han creado de modo secundario aoristos y futuros de la voz pasiva. La oposición diatética realmente antigua es activa / media. La voz media expresa la afección genérica del sujeto en la acción verbal, definición que encubre un número bastante amplio de significados, lo que dificulta siempre la traducción. También se marca mediante el juego de desinencias la categoría de persona, que en griego se estructura en tres personas, hablante o primera persona, interlocutor o segunda persona y no persona o tercera persona. Las desinencias sirven para expresar la categoría de número verbal, que en ático del siglo V a.C. conserva todavía una oposición tripartita, singular, plural y dual, aunque este último no afecta a todas las personas (no hay dual de primera persona) y, al igual que sucede en la flexión nominal, está en vías de extinción. Otras categorías se expresan mediante sufijos o mediante combinación de sufijos y desinencias, como la categoría de modo. Hay cuatro modos en el verbo griego: Indicativo, Subjuntivo, Optativo e Imperativo. Este último se expresa mediante desinencias especiales. El Optativo recoge los llamados valores lógicos (potencial, irreal), mientras que el Subjuntivo expresa valores impresivos. Estos dos últimos modos están marcados mediante sufijos característicos: el subjuntivo mediante un alargamiento vocálico y el optativo atemático mediante un sufijo alternante -id- / -ì- y el temático mediante un sufijo -oi-. Pero ambos reutilizan las desinencias para oponerse entre sí, de modo que las desinencias primarias caracterizan el subjuntivo y las secundarias el optativo. Todavía más complejos son los procedimientos formativos del verbo griego, dada la ausencia de mecanimos vinculativos entre los tres temas que componen el verbo. En primer lugar cabe hacer una distinción elemental entre formaciones temáticas, que son las que presentan la vocal alternante -o-/-e- entre el tema y las desinencias, y las formaciones atemáticas, que carecen de ella. Estas últimas se han convertido en residuales dentro del verbo griego de la época y se han convertido en formaciones irregulares, pero que caracterizan a verbos de gran productividad semántica: son los llamados verbos en -mi, como e‡mˆ “ser”, emi “ir”, dˆdwmi “dar”, tˆqhmi “colocar”, ‰hmi “lanzar”, ‰sthmi “estar de pie”. Todos estos verbos presentan desinencias características, de origen más arcaico que las de los verbos regulares, y conservan una alternancia antigua, en virtud de la cual las personas del singular de la voz activa están en grado vocálico pleno y las personas del plural y toda la voz media está en grado vocálico cero. En cambio, a los verbos temáticos, los más numerosos, se les conoce como verbos en -w, pues presentan unas desinencias primarias más recientes. Hay numerosísimas formaciones de presente, presentes radicales, esto es, formados sin la adición de ningún sufijo, presentes con reduplicación, en concreto repetición de la primera consonante más la vocal -i-, presentes con infijo nasal, presentes con sufijo -y-, presentes contractos (que son producto de un antiguo sufijo -y-), presentes con sufijo -sk-, etc. Los aoristos se dividen en radicales, atemáticos y temáticos, siendo este el tipo más frecuente, aunque compitiendo con un aoristo sufijal sigmático. La mayoría de los perfectos se forman mediante un sufijo en -k-, pero la formación antigua está caracterizada solamente por las desinencias especiales del perfecto.

El griego desarrolla abundantísimas formas personales, infinitivos, en -ein, -sqai, -nai, etc., transpositores del verbo en sustantivo, y participios, en -nt-, -meno-, -(ù)ot-, etc., que transponen el verbo en adjetivo y desempeñan numerosísimas funciones sintácticas de subordinación.

Los pronombres personales están estructurados de acuerdo con la categoría de persona en el verbo, de modo que el hablante tiene como designación gë y su declinación supletiva de tema me-, el interlocutor tiene una declinación Nominativo sÝ, Acusativo sž, etc. El pronombre personal del primera de plural es ½meŽj y el de segunda persona de plural es uJmei`j. La no persona queda recogida sistemáticamente mediante pronombres fóricos, como por ejemplo aÜtÕj. La deixis se estructura de modo tripartito de acuerdo con la cercanía o lejanía de lo mostrado respecto al hablante: Öde – oätoj – keŽnoj, una distribución similar al del esp. “este – ese – aquel”. Un antiguo fórico de tema *so- ha dado lugar al artículo: Ó ½ tÕ, con importantes funciones de sustantivador. El relativo se forma sobre un antiguo tema *yo-: Öj À Ö.

Las preposiciones, bastante numerosas, originadas en antiguos adverbios, pueden modificar a los nombres, pero también el significado del verbo, en cuyo caso terminan por univerbarse con éste, convirtiendose en preverbios.

Los otros dialectos

Nuestro conocimiento de las otras variantes del griego nos viene fundamentalmente de la epigrafía, aunque algunos de estos dialectos han generado dialectos literarios.

Jonio

El ático es una variante del jonio, entendiendo éste como la variante dialectal de las doce ciudades jonias de la costa del Asia Menor. Mantiene algunas diferencia con el ático. El cambio -a -d se mantiene en todas las posiciones, mientras que en ático se ha producido una retroversión (Rückverwandlung), detrás de -e, -i, -r. Se ha producido una metátesis de cantidad vocálica ante -a-, -o-: laÕj leëj. Las contracciones vocálicas son más tempranas y características que en otros dialectos. El jonio pierde el fonema aspirado /h/, que en ático se conserva.

Arcado-chipriota

Se trata de dialectos muy arcaizantes, como demuestra el rasgo de conservación de las desinencias medias primarias -(s)oi, -toi, -ntoi, rasgo que comparte con el micénico. También comparte con el micénico la vocalización de las sonantes antiguas *¹, *» mediante timbre /o/: chipriota korzˆa (ático kardˆa) “corazón”. El arcadio quedó recluido en la zona agreste del centro del Peloponeso. El chipriota parece haber sido llevado a la isla de Chipre durante los movimientos de población acaecidos después del 1200 a.C. Entre los siglos VIII – III a.C. aparece escrito mediante un silabario de 56 signos que parece relacionable con las escrituras lineales del segundo milenio a.C. El panfilio, hablado en la costa sur de Anatolio, también debe ser integrado en este grupo dialectal, con el que comparte el cierre de -o -u en las sílabas finales.

Eolio

El eolio se distribuye entre Tesalia, Beocia, la isla de Lesbos y la costa de Asia Menor adyacente. Presenta algunos rasgos muy característicos, como la ausencia de la última oleada de alargamientos compensatorios: tesalio p§nsa (ático p­sa) “toda”, y asimilación de los grupos de nasal y líquida más silbante: mmˆ (ático e‡mˆ) “soy”; resultado labial de las labiovelares indoeuropeas ante vocal de timbre /e/: pžmpe *penkªe (ático pžnte) “cinco”, vocalización de las sonantes en -o-: kÕrteroj (ático karterÕj) “fuerte”. El Dativo de plural se caracteriza mediante una desinencia -essi. En tesalio se conserva el antiguo Genitivo singular temático en -oio, abreviado en -oi.

Dorio

Adquiere una notable extensión geográfica como consecuencia de los cambios de población acaecidos al final de la etapa micénica. En época clásica ocupaban Argólide, Lacedemonia, Mesenia, Mégara, Corinto, Rodas, Cos, las islas del Dodecaneso y Creta. También eran de lengua doria las colonias fundadas por estas ciudades, por lo que este dialecto se testimonia en muchísimas ciudades de Sicilia y la Magna Grecia, colonias del Mar Negro y de la Cirenaica. Por otra parte, los dialectos del Epiro, Acarnania, Etolia, Lócride, Fócide y Delfos, conocidos como “griego del Noroeste”, pueden ser etiquetados sin problemas como dorios. Una de las características más llamativas del dorio es su carácter conservador, testimoniado en rasgos como el mantenimiento de -a en todas las posiciones: dorio m§thr (ático m¿thr) “madre”; la conservación del fonema /w/, transcrito mediante la letra llamada digamma: dorio ù§nax (ático ©nax) “rey”; la sílaba /ti/ se mantiene sin asibilar: dorio dˆdwti (ático dˆdwsi) “él da”. Otros rasgos no son estrictamente arcaicos, como el Nominativo plural del artículo toˆ (ático o†), la desinencia de primera persona de plural -mej (ático -men), la partícula modal ka (ático y arcadio ©n, eolio y chipriota ke).

Los dialectos literarios

Son dialectos regionales o arcaicos que pasan a ser característicos de un género literario determinado. Normalmente esta vinculación viene determinada por el dialecto de los primeros autores que desarrollaron tal género. Una vez que su papel pasa a estar establecido, la elección de determinada variante dialectal, o, al menos, de rasgos muy característicos de dicha variante, depende de la elección del género literario y no del dialecto originario del escritor.

Una de las lenguas literarias más confusas desde el punto de vista diatópico es la lengua homérica, que presenta rasgos eolios y jonios antiguos. También se puede detectar un antiguo estrato “aqueo”, correspondiente a los momentos más antiguos de su composición. Lo más característico de la lengua homérica es que hay una permanente coexistencia de rasgos dialectales sin que sea posible eliminar o sustituir unos en beneficio de otros. A finales del siglo pasado se consideraba que los poemas homéricos había pasado por una etapa inicial eolia que luego se había “jonizado”; hoy sabemos que el proceso no fue tan simple y que ambos niveles están absolutamente imbricados en el proceso de composición oral del poema, en el que fórmulas y epítetos de ambos orígenes dialectales coexisten. La transmisión del texto pasa además por una fuerte influencia ática, pues la primera fijación por escrito del texto homérico se hizo en Atenas por orden del tirano Pisístrato, en el siglo VI a.C. Arcaísmos notables sería la metátesis de sonantes, como tžtartoj que coexiste con tžtratoj “cuarto”; las dentales no asibilan ante /m/: Šdmen – Šsmen “vemos”; la digamma, si bien no se ha conservado gráficamente por influencia de la recensión ática, ha dejado su huella haciendo posición prosódica como cualquier otra consonante, por ejemplo: tÂn d¡ polà prñtoj Šde, en donde la sílaba toj, en principio breve por contener una vocal breve, es larga por estar trabada por dos consonantes: -toj ùi-. Arcaismo es la conservación de los Genitivos temáticos en -oio, -oo, del dual y del instrumental en -fi (micénico -pi). El aumento es de uso optativo, de modo que coexisten formas con aumento: bhn y sin él: bÅ. Por regla general predominan formas verbales atemáticas que en estadios de lenguas posteriores se sustituyen por formas temáticas. Otras formas netamente eolias coexisten con jonismos, como el Dativo plural eolio paˆdessi = jonio paisˆ “a los niños”, o el Genitivo singular masculino de los temas en -a eolio 9Atreˆdao = jonio 9Atreˆdew “del Atrida”. Específicamente jonios son los alargamientos compensatorios provocados por la resolución del grupo sonante más digamma: moãnoj *mÕnùoj (ático mÕnoj) “solo”. Está claro que la lengua homérica no se corresponde con ningún nivel de lengua hablado en ninguna parte de Grecia en ningún momento de la historia y sólo se puede entender como una sucesiva acumulación de aportes orales que contribuyeron a su forma definitiva. La lengua homérica fue la primera forma literaria del griego y es verosímil que los poemas, en la forma en la que los recogió Pisístrato, estaban “cerrados” en el siglo VIII a.C.

Esta lengua literaria fue imitada muy de cerca por toda la poesía épica posterior. Además fue el modelo lingüístico para Hesíodo y para los poetas yámbicos y elegíacos, como el jonio Arquíloco, el ateniense Solón o el megarense (dorio) Teognis. Realmente toda la poesía griega va a estar perennemente influida en mayor o menor medida por la lengua homérica, por el caracter de primacía temporal y de superioridad estética que se le atribuyó siempre.

Alceo y Safo emplearon su dialecto lesbio (eolio) nativo para su poesía lírica monódica, aun conservando ciertos rasgos de lengua épica. Su lengua fue imitada por Teócrito en tres de sus idilios y algunas de sus formas lesbias fueron usadas por otros poetas líricos. La poetisa Corina usa su dialecto local beocio.

El dorio fue de carácter obligado para la lírica coral, ya estuviera compuesta por un beocio como Píndaro o por jonios como Simónides o Baquílides. Este dorio no se ajusta a ninguna variante local de este dialecto, sino que se trata de una lengua convencional, que deja penetrar algunas formas homéricas, lesbias y algunas de creación específica. La lengua de Alcmán, por el contrario, es más próxima a la variante local doria de Esparta, el laconio. Un dorio literario originario de Sicilia aparece en los escasos fragmentos de Epicarmo y de Sofrón y posteriormente en Teócrito. Restos de una prosa doria la encontramos en los fragmentos de los pitagóricos, originarios de la Magna Grecia.

Los primeros escritores en prosa fueron los filósofos y los historiadores jonios del siglo VI a.C., lo que va a marcar con una impronta irreversiblemente jonia toda la prosa posterior. En el siglo V a.C. Herodoto de Halicarnaso e Hipócrates de Cos, ambos originarios de ciudades de lengua doria, escribían en jonio. En este momento comienza el ascenso político de Atenas y la eclosión de esta ciudad como centro cultural de primer orden. Típicamente áticos es el desarrollo del drama, tanto la tragedia como la comedia, cuya lengua es fundamentalmente el ático, con algunas excepciones: las partes corales de las tragedias se expresan en un dorio muy convencional; por su parte la comedia de Aristófanes recoge variantes dialectales (beocio, megarense, laconio) con propósitos caricaturescos. La prosa, originariamente escrita en jonio, se desplaza hacia el ático con Tucídides. Los primeros escritores en ático evitaron algunas características excesivamente áticas, como los grupos -tt- como pr§ttw “hago” y -rr- como ©rrhn “macho” por -ss- y -rs- (jonio pr¿ssw, ©rshn). Posteriormente, como se puede ver en Jenofonte o en Platón, estos grupos se normalizan en la prosa ática, que experimenta un enorme desarrollo con el auge de la retórica, la historia y la filosofía.

La formación de la koiné o “lengua común”

Un importante cambio político vendría a significar una revolución considerable en la situación lingüística de Grecia. La batalla de Queronea (338 a.C.) marcó la pérdida de independencia de las ciudades-estado griegas, incluida Atenas, en beneficio del reino de Macedonia, cuya lengua originaria no debía de ser griega, aunque sí una lengua indoeuropea relativamente cercana. El empuje del reino de Macedonia tendría una culminación espectacular cuando Alejandro Magno derrotó y absorbió al Imperio Persa de los Aqueménidas, que se extendía desde Egipto hasta la India. Aunque el Imperio como tal permaneció unido durante la corta vida de Alejandro, a su muerte surgieron diversos reinos helenísticos (siglos IV-I a.C.), cuya voluntad de mantener la lengua y la cultura griega era patente. La influencia griega se sintió hasta la India, donde el arte figurativo comenzó en esta época a imitación del estilo griego, y un fuerte impacto helenístico se sintió también en Irán; pero ambas zonas permanecieron impermeables a la helenización lingüística. Esta, en cambio, profundizó de modo prodigioso en toda la cuenca oriental del Mediterráneo: Anatolia, Siria, Palestina, Egipto, en donde el griego pasó a ser la segunda o la primera lengua de todos los hablantes y desde luego la lengua de prestigio, la destinada a cualquier manifestación de carácter oficial, comercial y cultural. El griego no eliminó las lenguas de sustrato, el arameo palestino, el siriaco o el copto en Egipto, pero sí las barrió del ámbito público y en gran medida del privado.

Esta expansión política y cultural estaba necesitada de un medio cómodo y unificado de expresión, que tuvo como referente la variante que, sin lugar a dudas, había servido como expresión de uno de los momentos culturales más gloriosos: el ático del siglo V a.C. La necesidad de una superación de las barreras dialectales ya se había empezado a manifestar durante la expansión ática subsiguiente a la derrota de los persas en las Guerras Médicas, y el ático comenzó a convertirse en el modo de expresión oficial de la Liga Marítima. De modo que progresivamente, a partir del siglo III a.C. todas las zonas de Grecia empezaron a adoptar una variante próxima (pero no idéntica) al ático, primero para el nivel lingüístico más elevado y oficial y posteriormente para todos los niveles, incluido el familiar y local. Esta lengua unificada y común (de donde viene el nombre koiné) fue la que se difundió por todo el Mediterráneo oriental como instrumento vivo de la helenización de la zona. En el siglo I a. C. se pueden dar por desaparecidos todos los antiguos dialectos en Grecia. De hecho, los dialectos actuales de Grecia proceden todos de la koiné, excepto el tsaconio, dialecto de Laconia que conserva algunos rasgos herederos directos del dialecto laconio (una variante más del dorio). Nuestra mejor comprobación de la profundidad de la penetración social del griego en zonas helenizadas nos viene por documentos como los papiros o los óstraca (fragmentos de teja o de cerámica que servían para una breve anotación) hallados en Egipto, principalmente, que nos informan de niveles de lengua muy diferentes entre sí, pero que se remiten en todos los casos a una lengua común ideal, que es la koiné.

Por otra parte, el abandono de las lenguas originarias en las zonas urbanas era total en el siglo II a.C. Los judíos establecidos en Alejandría ya no entendía la lengua de la Biblia y se vieron precisados a hacer una traducción que conocemos como Septuaginta (abreviado LXX), a partir de la información recogida por Aristeas de que fueron setenta sabios los que la tradujeron. Pero hay textos del Antiguo Testamento (los llamados libros deuterocanónicos, aceptados sólo como revelados por la Iglesia Católica) que se redactaron originariamente en griego, lo que revela la incardinación del griego dentro de la comundidad judía dentro y fuera de Palestina. También se compusieron directamente en griego los Evangelios, aunque con una fuerte influencia lingüística del arameo que era todavía la lengua más habitual (pero no la única) de los judios de Palestina. Hoy se descarta la hipótesis tradicional de que alguno de los Evangelios (en concreto Mateo) se compusiera originariamente en arameo y que lo que nos ha llegado sea una traducción. Otras partes del Nuevo Testamento testimonian un nivel lingüístico más elevado de la koiné griega, como Lucas o las epístolas paulinas, lo que sirve de indicativo de la incardinación de sus autores dentro del mundo cultural griego.

La base de la formación de la koiné es, sin duda, alguna el ático, pero no se puede hacer una ecuación sistemática koiné = ático. Hay importantes elementos jonios en la koiné, incluso hay algunas incorporaciones léxicas provenientes del dorio, explicables si tenemos en cuenta la enorme difusión geográfica que tuvo el dorio antes de su sustitución por la koiné. Incluso determinadas expresiones que originariamente eran privativas del lenguaje poético se incorporan al lenguaje común. Esto nos indicaría hasta qué punto la lengua homérica, de donde en última instancia arrancan estas expresiones, era conocida por amplios estratos de la población y estaba, por decirlo de alguna manera, “socializada”. La koiné reduce los rasgos exclusivamente áticos. Así por ejemplo, usa -ss- en vez de -tt-: ful§ssw por ful§ttw “vigilar”. Cuando los rasgos son comunes entre jonio y ático, éstos prevalecen siempre, como el cambio no condicionado de a en d, el cambio de /u/ en /y/, etc. Sin embargo, prevalece el ático sobre el jonio en la Rückverwandlung o retrocesión de d en a tras /e/i/r/: la koiné prefiere sistemáticamente leuqerˆa “libertad” sobre jonio leuqerˆh.

El griego común penetró también en el Mediterráneo occidental. La costa marsellesa estaba colonizada por griegos desde fecha muy temprana, pero sabemos por César que el griego (obviamente la koiné) era la lengua culta de la que se servían los druidas de su época. Es llamativa la penetración del griego en Roma. El sur de la Península Itálica estaba profundamente helenizado desde el siglo VIII a.C. y el influjo cultural griego y el conocimiento de la lengua era patente entre los pueblos itálicos, sobre todo etruscos y umbros desde esa fecha. La puesta por escrito del etrusco, dialectos itálicos y latín se hace por influencia del griego. En latín incluso se pueden detectar algunas influencias que pueden llegar a época de una posible colonización micénica, aunque es algo sujeto a debate. Sin embargo, la influencia lingüística y cultural griega se acentua en Roma a partir del siglo II a.C. A partir de este momento, aunque Roma terminará por controlar políticamente todos los antiguos reinos helenísticos de la cuenca mediterránea oriental, los romanos se rinden a la superioridad cultural griega. La creación de una literatura latina sólo puede ser entendida teniendo como punto de referencia la literatura griega, exceptuando algunos géneros exclusivamente latinos, como la sátira. El bilingüismo era generalizado en la sociedad romana (y posteriormente en la provincial) a partir del siglo I a.C. Obviamente, aquí eran más patentes las diferencias diastráticas, y no era igual el griego que hablaba la alta sociedad que el griego de los esclavos, pero sabemos que en todos los niveles se conocía y se usaba, incluso en la intimidad familiar. El latín no sucumbió al empuje cultural del griego por una voluntad nacionalista de conservación, por su obligatoriedad en el uso forense y político, y por su expansión hacia las provincias occidentales del Imperio, donde no entraba en competencia con el griego, sino ante lenguas de insignificante relevancia cultural. En Oriente los romanos fueron pragmáticos con respecto a la situación lingüística de las provincias creadas sobre los antiguos reinos helenísticos y se sistematizó el bilingüismo en todos los documentos oficiales de época imperial.

Griego imperial, aticismo, griego bizantino

Dentro del griego literario es de notar una importante corriente que surge a partir del siglo II d.C., el aticismo. Frente a la evolución del griego popular, que podemos comprobar a partir de papiros y ostraca, los autores de esta época se esforzarán por recuperar el vocabulario y la sintaxis propia de la lengua de Atenas en su máximo esplendor. Esta corriente y este afán de pureza ática se mantendrá, dentro del griego culto, a lo largo de todo el Imperio Bizantino, que desaparece en el siglo XV.

Sin embargo, la lengua popular había comenzado a evolucionar con la creación de la koiné. Determinados cambios fonéticos, además, habían sido anticipados por el dialecto beocio ya antes del siglo III a.C. Los cambios más importantes son los siguientes:

• Pérdida de la correlación de cantidad vocálica, esto es, desaparece la oposición entre vocales breves y largas.

• El llamado “itacismo” consiste en que los fonemas representados previamente mediante i, h, oi, ei, u se cierran en /i/.

• Desaparecen los diptongos históricos, bien mediante monoptongaciones: ai se convierte en /e/, ou monoptonga en /u/, bien por la fricativización del segundo elemento: eu, au se articulan /ev/, /av/, respectivamente.

• El antiguo fonema /dz/, representado mediante la grafía z, se convierte en silbante sonora /z/.

• Dentro de las oclusivas se produce un cambio importante: desaparecen los antiguos fonemas sordos aspirados, que se convierten en fricativos: f q c, con una pronunciación similar a la de las consonantes fricativas del castellano “f, z, j”, respectivamente. Simultáneamente, el fonema representado por la grafía b se convierte en labiodental /v/.

• La morfología nominal y verbal comienza un proceso notable de simplificación y de nivelaciones analógicas. Dentro de la declinación, el cambio más importante es la desaparición progresiva del caso Dativo. Dentro del verbo, desaparecen las formas sentidas como irregulares, el perfecto tiende a fusionarse con el aoristo y desaparece el optativo.

Todos estos cambios, que son los que todavía definen el griego moderno respecto al clásico, conforman una nueva lengua que cristaliza en torno al año 1000 d.C. Sin embargo, la lengua oficial, fuertemente centralizada por el sistema educativo y administrativo configurado por el Imperio Bizantino, apenas se manifiesta en la lengua escrita, que sigue dominada por el afán de pureza ática. Esta aparente ocultación de la realidad lingüística tuvo como contrapartida el inmenso papel que el Imperio Bizantino jugó en la transmisión del legado clásico.

La normalización de los textos literarios comenzó en época alejandrina (s. III a.C.), cuando la recién fundada ciudad de Alejandría en Egipto se convirtió en la capital cultural del mundo helenístico, siendo su epicentro la Biblioteca de dicha ciudad, potenciada por la dinastía de los Lágidas (Ptolomeos), que gobernaron Egipto hasta el siglo I a.C. Los gramáticos alejandrinos fueron los auténticos inventores de la filología en el sentido que todavía entendemos hoy en día, es decir, se dedicaron a la fijación y la edición de los textos que ya por aquel entonces se sentían como clásicos, a la conservación del mayor número de textos y a la preservación en los mismos de las formas gramaticales sentidas ya como anómalas, pero que ellos sabían que eran originarias. Esta situación mantuvo todo el caudal del conocimiento de la Antigüedad clásica y postclásica asegurado hasta la crisis económica del siglo III d.C. En ese momento, la interconexión entre los centros del saber deja de estar garantizada, debido al derrumbamiento de las vias comerciales y a la desaparición de la seguridad que previamente proporcionaba el Imperio Romano, y se produce además un cambio muy importante, que es la sustitucuón del soporte previo, el papiro, por otro nuevo, el pergamino. El papiro fue el material escriptorio de toda la Antigüedad Clásica. Tenía la ventaja de ser económico y dúctil, pero obraba una gran desventaja en su contra, que era que, en condiciones normales de humedad, tenía una perdurabilidad muy limitada, por lo que los textos tenían que ser permanentemente recopiados, lo que sólo se podía llevar a cabo en un sistema esclavista muy desarrollado, como era el caso de los reinos helenísticos o el Imperio romano. La ruina de las vías comerciales del siglo III d.C. hizo que Egipto no pudiera exportar papiros como venía haciendo hasta la fecha, y en otro centro cultural importante, Pérgamo, surgió un nuevo soporte para la escritura, el pergamino, que se crea a partir de la pulimentación de la piel de cordero. Este material es infinitamente más perdurable que el papiro (es casi eterno), pero proporcionalmente más escaso y caro. Irremediablemente hubo que hacer una selección de los textos a recopiar y en este cambio de soporte se perdieron irremisiblemente un número importantísimo de obras de la Antigüedad, de las que solo se nos han conservado noticias indirectas, es decir, citas que otros autores hacen de estas obras perdidas. Como estos cambios se produjeron en un momento en el que el auge y difusión del cristianismo era notable, la selección de textos estuvo fuertemente ideologizada y hubo preferencia en copiar y salvar textos cristianos, o acordes con la estética y la moral cristiana, antes que otras obras de la Antigüedad pagana.

El desarrollo del aticismo, a partir del siglo II a.C., que impregna estéticamente toda la vida cultural del Imperio Bizantino, fue un factor atenuante de dicha pérdida, pues no solo ponía como referencia lingüística y literaria de la lengua culta el ático del siglo V a.C., sino que manifiestaba un notable amor por los arcaismos y las variantes dialectales.

El Imperio Bizantino sucumbe al empuje de los turcos en el siglo XV. Previamente ya había quedado muy maltrecho, en lo económico y lo cultural, por el saqueo de Constantinopla (1204), impulsado por los cruzados, y la creación de los reinos francos en el ámbito lingüístico griego. A esta época pertenecen manifestaciones escritas muy cercanas al griego hablado, que hasta entonces habían estado encubiertas por el griego purista oficial: La crónica de Morea, escrita por un franco de lengua griega y la obra poética de Digenis Akritis.

La creación del griego moderno

La caida de Constantinopla en 1453 significó la desaparición del máximo referente cultural griego, pero no la extinción de la actividad literaria. Eso sí, desapareció el mantenimiento de la lengua clásica inmutada como punto de referencia único, y las variantes habladas, ya dialectalizdas, entraron en la vida literaria. No obstante, el peso de la tradición bizantina, mantenida firmemente por la Iglesia Ortodoxa Griega, era muy fuerte todavía, y hasta el siglo XX se puede decir que ha existido una notable tensión entre la lengua coloquial y la lengua culta, que en ocasiones han llegado a estar muy separadas entre si.

La caida de Constantinopla llevó a cientos de eruditos bizantinos a un exilo italiano que contribuyó notablemente al desarrollo del incipiente Renacimiento y a la creación del Humanismo occidental. Otros literatos se refugiaron en zonas no controladas políticamente por los turcos, como Chipre o Creta, ambas bajo el dominio veneciano. En este ámbito se desarrolla la producción literaria de Georgios Chortatzis y Vitsentzos Kornaros. En la Grecia continental los turcos no eliminaron radicalmente ni la lengua ni la cultura griegas, pero ambas pasaron a estar directamente controladas por la Iglesia Ortodoxa. Por otra parte, se creó una clase intermedia entre el poder otomano y el pueblo griego, los fanariotas, que no solo desempeñaron cargos administrativos en Grecia sino también en Moldavia y Valaquia y sirvieron como impulso expansor de la lengua y la cultura griega en todo el ámbito balcánico y del Mar Negro. A partir del siglo XVIII el control administrativo otomano languidece y se origina una notable anarquía en el territorio continental griego, que pasa a estar sometido a grupos de bandidos, entre los que destacan los Klephtes y los Armatoli (originariamente un cuerpo creado por los turcos para combatir a los ladrones, pero que acabó convirtiéndose en grupo organizado de bandidos), enfrentados entre sí. A partir de esta fecha comenzamos a tener testimonio de la existencia, que sin duda debe de ser anterior, de una épica popular, originariamente de transmisión oral, cuya referencia principal es la exaltación de la libertad y de la identidad nacional griega frente al invasor turco. El testimonio más importante de esta tradición son las Canciones demóticas.

A finales del siglo XVIII comienza la lucha de los griegos por su independencia, favorecida por el hecho de que los fanariotas griegos controlan todo el aparato administrativo otomano en todos los Balcanes. Precisamente un fanariota exiliado, Rhigas Pheraios (1757-1798) es el primer formulador de la idea de la creación de un macro estado balcánico bajo la hegemonía cultural griega. Realmente, parte del resentimiento nacionalista que algunos de los vecinos de los griegos sienten todavía hoy en dia hacia ellos arranca del control fanariota de esta época y del sentimiento nacionalista formulado por Pheraios.

Los nacionalistas griegos crean sociedades secretas para luchar por su independencia, como la Filik 9Etaireˆa y se aprovecha la crisis que sobreviene a todo el ámbito mediterráneo con la caida del Antiguo Régimen y las guerras napoleónicas para comenzar crear la infraestructura para la rebelión. La revuelta más seria comienza en 1821, seguida de terribles represiones por parte de los turcos y, con el apoyo occidental, se logra la creación de un reino helénico con un monarca bávaro, Otón I, en 1833.

En ese momento parece que la lengua popular se revela como insuficiente para crear una lengua oficial y administrativa para el nuevo reino. Un intelectual, Adamantios Korais, basándose en la tradición ideológica bizantina de tener como referencia el ático clásico, crea una lengua culta de carácter netamente conservador, que se convierte en la lengua oficial, pero que está muy alejada de la lengua popular. Se crea a partir de ese momento una fuerte dinámica, a veces muy tensa, entre la lengua culta o katharévousa (lengua “purificada”) y la lengua popular o dimotiki. Dicha tensión no se resolverá hasta nuestros días. Durante todo el siglo XIX y buena parte del XX se produce una auténtica situación diglósica, según la cual la lengua de la creación literaria, sobre todo a partir de literatos que reivindicaron el demótico como Ionnis Psicharis (1854-1929) o Nikos Kazantzakis (1883-1957), y la lengua de los periódicos era el demótico o lengua popular, mientras que la lengua de toda la documentación oficial y la lengua en la que obligatoriamente se impartía la enseñanza, era la lengua katharévousa o purificada. Esta lengua culta y arcaizante no se ha abandonado de un modo definitivo hasta el año 1976 en el que se impuso el demótico en todos los niveles de la enseñanza.

Por otra parte el demótico presentaba el problema de su dialectalización, dialectos todos ellos nacidos de la koiné del siglo III a.C. La fuerte dialectalización del griego estaba acentuada por su enorme difusión geográfica, pues en el siglo XIX había grecoparlantes en todos los Balcanes, Anatolia y toda la costa del Mar Negro. Esta dispersión terminó de un modo trágico después de la Primera Guerra Mundial, cuando el Tratado de Lausana consagró el exilio forzoso a territorio nacional griego de todos los grecoparlantes que vivían en territorio turco. De este modo, un millón y medio de refugiados llegaron a un pais que no llegaba en ese momento a los cinco millones de habitantes. La concentración de grecoparlantes en el estado de Grecia, aparte de ser una tragedia étnica, constituyó evidentemente un factor de nivelación de las diferencias dialectales previamente existentes.

Temas relacionados
Grecia Antigua: Literatura
Griego.

J. A. Álvarez-Pedrosa Núñez

d

GRIEGO CLÁSICO

Fuente: Britannica

So, what do you think ?