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Definición de Guaraní

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{adj.} | of or relating to the Guarani or their language

 (Del guaraní [abá] guariní ‘hombre de guerra’); adj. de una sola terminación para m. y f. [Nota: El plural es guaraníes.]

1. Relativo a un grupo étnico amerindio que, con anterioridad a la llegada de los españoles, se extendía desde la zona amazónica hasta el Río de la Plata. (Ú. t. c. sust.: individuo perteneciente a este pueblo).
2. (sust. m.) [Lingüística] Lengua amerindia perteneciente a la familia andino-ecuatorial hablada en distintos dialectos por este grupo étnico: el guaraní es idioma oficial en Paraguay, junto con el español.
3. (sust. m.) Unidad monetaria de la República del Paraguay. (Véase guaraní)

 (1)[Antropología] Guaraníes.

Grupo étnico hablante del guaraní que habita en territorios de los actuales Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay. Pertenecerían a la última gran corriente migratoria, la de los proto-malayos o proto-indonesios (conocidos también como amazónidos o brasílidos), que llegaron a América del Sur en canoa procedentes del sudeste asiático. De los proto-malayos nacerían las grandes familias lingüísticas sudamericanas: arawak, caribe y tupi-guaraní. Migliazza (1982) establece el lugar de origen del tronco tupí (al que pertenecen los guaraní) entre los ríos Ji-Paraná y Aripuana, en la margen derecha del Madeira. Este tronco pudo haber tenido su origen hace unos 5.000 años (Schmitz, 1991).

Los tupí-guaraní se extendieron por todo el continente recorriendo la extensa red fluvial de los ríos Amazonas, Orinoco, Paraná y el Paraguay. En un intervalo de aproximadamente tres mil años se diferenciaron las características socioculturales de los guaraníes y de los tupí. A mediados del primer milenio, se produjo su migración en busca de tierra virgen donde practicar la horticultura, al agotarse la tierra por el empleo del sistema de roza; aquéllos que quedaron en la región amazónica fueron llamados tupí o tupinambá, mientras que los desplazados hacia el sur se establecieron en las tierras fértiles de las cuencas del Paraná, del Uruguay y en la margen izquierda del Paraguay, y se denominaron guaraníes. La formación de la identidad guaraní puede considerarse consolidada a partir del siglo VII, y llegaron a lo que sería considerado su periodo Clásico en torno al siglo IX.

Etimológicamente, el término “guaraní” parece derivar del vocablo guarini, que significa ‘guerra frontal’ y, por extensión, ‘guerrero’. Probablemente se autodenominaban avá, que significa ‘ser humano’ y, por extensión, ‘persona’, o también mbyá, que significa ‘gente’.

El idioma guaraní es rico y amplio, aunque desconocían la escritura. El tronco tupí se ramifica en 10 familias, y constituye un grupo de unas cuarenta lenguas diferentes, excluyendo los dialectos. Dentro de la familia tupí-guaraní, los lingüistas distinguen 21 lenguas, entre las cuales se encuentra el guaraní. A pesar de su enorme dispersión geográfica, las lenguas de la familia tupí-guaraní muestran muy pocas diferencias. Por tanto, no es difícil encontrar semejanzas entre los wayampí de la Guayana Francesa, los asuriní y araweté, kamayurá y kayabí, tapirapé y tenetebara de la cuenca amazónica, los kokama y omagua peruanos, los pausernas, guarayos y chiriguanos de Bolivia y los guaraní de las cuencas del Paraguay y Paraná (Meliá, 1995). En su diáspora, el lenguaje fue adquiriendo variedades dialectales, pero se mantuvo un sistema de costumbres comunes y una experiencia religiosa con fundamentos míticos parecidos que permiten hablar de una cultura guaraní. El lenguaje es palinsintético, basado en una invariable y justa combinación de sonidos primordiales, onomatopéyico y aglutinante. En ocasiones adquiere la cualidad de un idioma secreto o queda limitado al ámbito religioso.

El patrimonio cultural que más aprecian los pueblos nativos guaraníes es su lengua, que actualmente es diferente del guaraní paraguayo o jopará, que abunda en hispanismos. Con los misioneros de los siglos XVII y XVIII nació el guaraní “clásico”, diferente del de los pueblos silvícolas. A mediados del siglo XVIII, tres de cada cuatro brasileños hablaban tupí o alguna variedad dialectal y su influencia sobre el portugués de Brasil y la toponimia es muy importante (Iguazu, Curitiba, Paranagua, etc.). A principios del siglo XXI, el guaraní era lengua oficial en Paraguay, junto con el español, mientras que los tupí brasileños habían asimilado la cultura europea. El caso paraguayo es insólito en la historia, ya que el idioma de los vencidos fue adquirido por los vencedores. Según la U. S. English Foundation, el guaraní es una de las 329 lenguas habladas en Estados Unidos.

Localización y población

Como consecuencia de un gran desastre medioambiental en la cuenca amazónica, se produjo la primera gran migración proto-malaya, que fue la de los arawak, de quienes descienden los chané y los guaná o tereno. Su hábitat natural estaba en la Cuenca amazónica y ocuparon territorios de Brasil, este de Bolivia, Paraguay, Argentina, la selva peruana y ecuatoriana, Colombia y Venezuela. En el interior de las regiones selváticas se encontraban diseminados desde el área caribeña hasta el delta del Río de la Plata. Más tarde, llegaron a Centroamérica, las Antillas y el sudeste de Estados Unidos, fundamentalmente desde la península de Florida. Los guaraníes emigraron al sur de Brasil y Paraguay y se establecieron en climas húmedos, con una temperatura media de entre 18 y 22 ºC, cerca de ríos y lagunas, preferiblemente en selvas subtropicales. En sus continuos desplazamientos se dividieron en muy diversos grupos, y se enfrentaron con las tribus enemigas del Gran Chaco, Abipón, Chiriguano, M’bayá, Payaguá, Mocobí y con los feroces guaycurús. A la llegada de los españoles, algunos grupos emigraron hacia los Andes y formaron los chiriguanos y guarayos-itatines, los cuales llegaron hasta la frontera del reino incaico. En sus contactos con otras etnias, las guaranizaron, aparecieron variaciones raciales y socioculturales, se mestizaron con ellas o establecieron fronteras más o menos hostiles.

El territorio que ocupaba cada grupo lo denominaban guára y solía estar delimitado por accidentes naturales. Llegaron a existir más de quince de estos territorios, con buenas relaciones de alianzas entre algunos de ellos.

Los datos sobre la población previa a la conquista son inciertos y varían sustancialmente según las fuentes, de forma que resulta casi imposible concretar una cifra debido a la enorme dispersión geográfica que ocupaban. Algunas fuentes cifran en más de un millón el número de guaraníes en la época de la colonia, mientras que otras llegarían hasta los diez millones. A finales del siglo XX existían unos 130.000 indígenas dispersos en cuatro países: 80.000 en Paraguay, 31.000 en Argentina, 16.000 en Bolivia y 5.500 en Brasil.

Organización social

Los guaraníes alcanzaron un desarrollo social y económico considerable; la guerra era un elemento importante de su cultura. Debido a la belicosidad de sus vecinos, los guaraníes eran a la vez agricultores y guerreros. Se agrupaban en aldeas de entre 4 y 8 casas comunales, de madera, caña y barro, con planta circular, que a veces se rodeaban de una empalizada. La estructura social era patrilineal hereditaria, orientada a tener la mayor cantidad de miembros. La sociedad estaba organizada en linajes, los cuales definían las aldeas. Las relaciones sociales se basaban en los lazos de parentesco establecidos entre los “padres” de los linajes o los jefes aldeanos; la poligamia era común, ya que favorecía los lazos de unión y la reciprocidad social. En algunos casos, algunos jefes gozaban de prestigio agrícola, guerrero o chamánico e imponían su autoridad a varios linajes de su aldea, aunque en estos casos no constituían unidades sociopolíticas definidas. El parentesco regulaba también los derechos de producción de las estructuras de obediencia y autoridad. Las aldeas estaban formadas por el mburuvicha (jefe de familia) y sus mujeres, los parientes paternales y los hermanos más jóvenes que aún no habían constituido un linaje; su número podía oscilar entre 40 y 200 guerreros.

Todas las actividades masculinas de la aldea eran dirigidas por el mburuvicha, quien sin tener ningún derecho de propiedad sobre la tierra, mantenía sobre ella un control absoluto. Su mayor o menor autoridad descansaba en su generosidad y su capacidad de servicio a toda la comunidad. La acumulación de bienes conseguida por toda la comunidad le otorgaba la capacidad de tener un linaje numeroso, para lo cual era imprescindible tener el mayor número de mujeres. Además de su papel productor y reproductor, la mujer estaba considerada como patrimonio del hombre, y era una herramienta excelente para iniciar o mantener vínculos con las comunidades vecinas, obteniendo de esta forma alianzas y permitiendo aumentar la capacidad productiva de la aldea. De aquí que la poligamia fuera considerada como un privilegio casi exclusivo de los jefes. El poder religioso era ejercido por el chamán o karaí y el paje, este último de categoría inferior, y frecuentemente estaba subordinado al poder político. Al chamán se le atribuían poderes sobrenaturales como la expulsión de espíritus o la cura de enfermedades.

Con la llegada de los españoles se modificaron las estructuras sociales: la mujer con frecuencia era empleada para el servicio, como elemento de canje, rehén o garantía para los aliados; los nuevos ornamentos permitían individualizaciones sociales y la ausencia de hombres por su incorporación a las fuerzas expedicionarias motivó que el tradicional sistema comunal fuera sustituido por intereses familiares o individuales a la manera occidental.

Economía

El desarrollo económico de los guaraníes corresponde a lo que algunos etnólogos denominan “abundancia”, sin que ésta signifique acumulación. Aunque selváticos, dependían principalmente de la agricultura intensiva y practicaban con carácter secundario la caza, la pesca y la recolección; los cultivos básicos eran el maíz, la mandioca y la yerba mate, pero también tenían zapallo, poroto, algodón, batata y caña de azúcar. Empleaban la técnica del rozado o coivara, que les proporcionaba mejores rendimientos de sus cultivos. Cuando se agotaba la tierra migraban en busca de mejores campos. Para designar el Paraíso o Cielo empleaban el término Yvága, que significa “lugar de abundantes árboles frutales”.

El trabajo se realizaba en el interior de cada grupo doméstico y estaba dividido socialmente: los hombres se dedicaban a la limpieza de los campos, la caza y la pesca, mientras la mujer realizaba la siembra y las actividades relacionadas con el consumo alimentario, incluyendo la elaboración de cuencos, vasijas, etc. Toda la producción se hacía en común (potyrõ), salvo ciertas actividades de las mujeres como el tejido, los cestos, etc. Los bienes se distribuían de acuerdo a normas de reciprocidad (jopói). Su mitología les confirió un fuerte sentimiento religioso y un profundo respeto por la naturaleza, pues de ella dependía su supervivencia.

Utilizaban las redes fluviales para los desplazamientos y el intercambio comercial con grupos étnicos distintos, ya que era inexistente entre los propios. Con los intercambios comerciales de tribus andinas o del altiplano boliviano incorporaron los materiales de piedra, y con los españoles, la cuña de hierro desplazó al hacha de piedra.

Características culturales

Las migraciones forman parte de la esencia guaraní. Aunque tradicionalmente se ha considerado que éstas se producían por causas ecológicas o económicas, la moderna etnología les atribuye un sentido religioso. La “búsqueda de la tierra sin mal”, yvy maraney o yvy marâ´eÿ, se constituyó en rasgo cultural que sigue teniendo lugar aún en nuestros días. La “tierra” en el sentido guaraní se identifica con el tekohá, el lugar donde se da el teko, el modo de ser propio, la costumbre y la cultura (Meliá, 1992). El tekohá conforma el espacio cultural, económico, social, político y religioso de los guaraní, el lugar “donde vivimos según nuestras costumbres”. Se suele componer de un monte apartado y poco trabajado, reservado para la caza y la pesca y la recolección de miel y frutas silvestres, algunos claros para la agricultura y un lugar atractivo donde levantan la casa comunal o un grupo de casas, con un gran patio como centro social donde celebran sus ceremonias religiosas. Todos los recursos naturales, como el lenguaje, las normas sociales y las prácticas religiosas, tenían carácter comunitario.

La existencia de conflictos sociales y religiosos, la presión demográfica o problemas ecológicos o económicos provocaban nuevas migraciones, en las que desempeñaban un papel importante los chamanes o karaí.

El teko se caracteriza por su elevado nivel de espiritualidad y el carácter sagrado de la palabra. Para el guaraní, la palabra lo es todo, y es equivalente a “alma”. Ésta no se da completamente hecha, sino que se hace con la vida de la persona y se manifiesta en su decirse. La profunda religiosidad, además de contar con conceptos míticos, abundaba en cantos y danzas que podían durar semanas, y que, todavía hoy, forman un rico y variado folclore. La consideración social no se realizaba por cualidades físicas o riquezas, sino por los cantos rituales que cada uno “poseía”. Su mitología les permitía vivir en armonía con las plantas y los animales de su entorno.

Disfrutaban de las festividades, para las que preparaban la chicha kagui en grandes ollas bellamente trabajadas. En ellas se manifestaba la elocuencia de los poseedores del don de la palabra inspirada. La fiesta era el acto en el que se entregaban “palabras” recíprocamente, por eso no se podía danzar en solitario ni fuera de la fiesta. Una vieja tradición recoge que los guaicurúes eran guaraníes que danzaron desnudos en una fiesta y por eso perdieron su identidad guaraní. La palabra es la historia de la vida y está íntimamente relacionada con la de los bienes. Canto, danza y fiesta no sólo expresan un tipo de sociedad, sino una forma de relación económica.

Los guaraníes desconocían la rueda y el arado, y carecían de animales de carga o metales. Todos los utensilios empleados tanto en la agricultura como en la caza y en la guerra eran de madera y espina. A diferencia de otros pueblos de la zona, no utilizaban el hueso. Trabajaron la cestería y la alfarería, con la que realizaban vasijas grandes y medianas que tenían uso doméstico o eran empleadas como recipientes funerarios, al colocarse sus muertos en el interior en posición fetal o en cuclillas.

Tenían grandes conocimientos de botánica: conocían más de 1.100 especies de plantas y sus propiedades medicinales, y practicaban la antropofagia con carácter ritual, en respuesta a un esquema de reciprocidad negativa y de consolidación de las relaciones recíprocas internas.

Etnohistoria

Un nuevo periodo de la historia guaraní se abrió con la llegada de los españoles, a quienes denominaron karaí, término que pasó a significar “blanco”, “cristiano”, “español” o “señor”. Los guaraníes respondieron de muy diversas maneras a la conquista; el encuentro les puso en una situación muy diferente a la que habían experimentado en los siglos anteriores, pero mantuvieron un modo de ser que les era propio, ñande reko, “nuestro modo de ser, nuestras costumbres, nuestra ley y sistema”.

La primera reacción fue la de alianza y mestizaje. Del encuentro nacerían relaciones amistosas debido a intereses mutuos: la defensa común como aliados frente a los ataques de los guaycurú chaqueños y de los agace y la búsqueda del hierro. Se estableció un sistema de reciprocidad económica, incluidas las mujeres, y se acompañaron las expediciones guerreras. A este proceso, iniciado con los kario, se incorporaron pronto otros grupos guaraníes del norte, como los itatín y los tobatin. Se crearon lazos de parentesco según los cuales los karaí pasaron a ser “cuñados” e incorporados al sistema cultural guaraní. Cuando se descubrió que los “cuñados” no se portaban como tales y que las expediciones no se correspondían con la “búsqueda de la tierra sin mal” comenzaron las hostilidades, que fueron agravadas con la implantación del sistema de la encomienda en 1556. Los nativos respondieron con repetidas rebeliones armadas, la mayoría de ellas de carácter chamánico, en las que no sólo se defendían de las cargas del trabajo personal, sino también de la amenaza extranjera hacia el teko. Entre ellas destacó el levantamiento de Obera en 1556, realizado con danzas y cantos religiosos que pretendían revivir la religión tradicional.

En este contexto, con la aparición de los religiosos franciscanos y jesuitas, se estableció la reducción misionera a finales del siglo XVI. Los pobladores descubrieron un nuevo karaí al que denominaron pa’í, identificado esta vez con el padre de la comunidad indígena; providente y elocuente. Los guaraníes vieron en las reducciones una forma de salvaguardar su identidad. En el Guairá se establecieron las Reducciones Jesuíticas en las que, a cambio de “reducirse” en pueblos grandes, los indígenas serían instruidos en la fe católica, dotados de hachas de hierro para la agricultura y, aunque vasallos del rey español, exentos del servicio personal a los encomenderos. Los misioneros tenían interés en que los indios mantuviesen su lengua, y los sacerdotes aprendieron el idioma recogiendo gramáticas y catecismos en las lenguas de los nativos. Con las misiones estalló una autentica “guerra de mesías” (Metraux, 1967) entre los chamanes, que defendían su modo de ser tradicional, y los jesuitas, que traían una religión extranjera que amenazaba su organización económica y social. Con los ataques paulistas entre 1628 y 1631 se intensificaron las hostilidades, que terminaron con la primera fase de las misiones y que las llevaron a su período de esplendor a mediados del siglo XVIII, cuando alcanzaron las 141.182 “personas” (unos 600.000 individuos). Con la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles en 1767, los guaraníes fueron asimilados por la sociedad colonial rápidamente.

Una tercera respuesta fue la de aquéllos que evitaron todo contacto con los foráneos, que perduró hasta mediados del siglo XX. Estos grupos fueron denominados kaagua o kaynguá por los colonos y los misioneros. Su hábitat silvícola les ha permitido mantenerse alejados de influencias externas y son los más fieles conservadores de las tradiciones guaraníes.

Problemas actuales

Debido a su dispersión, los guaraníes siempre han tenido dificultades con los Estados en los que habitan. Su identidad no corresponde al concepto de boliviano, paraguayo, argentino o brasileño, creados durante las fases de independencias respectivas, sino que va más allá de los límites territoriales establecidos. Además, su sentido migratorio los hace prácticamente incomprensibles para los karai actuales, quienes en algunos casos consideran una amenaza la existencia de un “Estado” guaraní regido por un derecho consuetudinario propio dentro de otro, a pesar de que todas las constituciones sudamericanas contemplan los derechos indígenas.

A finales del siglo XX, los guaraníes rechazaban la denominación genérica peyorativa de kaynguá; ni siquiera aceptaban la originaria de avá, y prefirían sus autodenominaciones. Así encontramos, dentro del tronco guaraní, grupos de mby’a guaraní, emigrados mayormente a Misiones (Argentina), paî tavyterã, avá guaraní y chiriguano (sobre todo en Bolivia). En territorio paraguayo, encontramos a las siguientes parcialidades guaraníes que aún hablan esta lengua en la región Oriental: Paî Tavyterã, Avá Katuete o Avá Chiripa, Mbya-guaraní y Ache Guayaki. En la Región Occidental o Chaco habitan trece etnias pertenecientes a cinco familias lingüísticas: maskoy, mataguayo, zamuco, tupí guaraní y guaicurú, ésta última la más importante. Las poblaciones indígenas chaqueñas han tenido un contacto mínimo con otras culturas debido a las inhóspitas condiciones de este territorio, colonizado a principios del siglo XX. Por ello, en muchas ocasiones se ha propiciado la violación sistemática de cualquier normativa legal. Tradicionalmente, se ha delegado en instituciones religiosas la atención a estos grupos y su supervivencia es un reto, sobre todo para algunas parcialidades que apenas llegan a los 100 miembros. Los mby’a son los más influidos por la cultura externa. En palabras de un dirigente chiriguano de la Asamblea del Pueblo Guaraní en Bolivia, sólo tienen una única opción para mantener su teko: “Soy guaraní. Quiero ser guaraní, pero moderno”

Temas relacionados

Mitología guaraní.

Bibliografía

DALL’IGNA RODRIGUES, A.: Línguas brasileras. Para o conhecimento das línguas indígenas, São Paulo: Loyola, 1986.
MELIA, B.: Elogio de la Lengua Guaraní, Asunción: CEPAG, 1995.
APARICIO, F. de: “The Coastal and Amazonian Tupi-The Archaeology of the Paraná River”, en Handbook of South American Indians, vol. III, Washington: Government Printing Office, 1948.
CEZAR MELATTI, J.:: Índios do Brasil, São Paulo: Hucitec, 1989.
MORÍNIGO, M. A.: Raíz y Destino del Guaraní, Asunción: Biblioteca Paraguaya de Antropología de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”, 1989.

Aníbal Escribano Arbona

 (2)[Lingüística] Guaraní.

(Guaraní paraguayo, Abañéem, Karani) Lengua amerindia de la familia tupí-guaraní hablada en el interior de Paraguay y en la provincia argentina de Corrientes. Junto con el español, el guaraní (cuya denominación original es abañéem ‘lengua de los hombres del campo’) representa uno de los idiomas oficiales de Paraguay, donde cerca del 90% de la población (4,7 millones aproximadamente) lo hablan o lo conocen. En la provincia limítrofe de Argentina hay varios cientos de milles de hablantes más. Según un censo de 1992, casi la mitad de los paraguayos mayores de 5 años (48,8%) son bilingües en español y guaraní, el 39,2% sólo hablan esta segunda lengua y únicamente el 6,4% de la población de Paraguay no domina más que el español. Las diferencias entre el campo y la ciudad son evidentes: mientras que en el ámbito rural hay un 60,2% de monolingües en guaraní y un 31,2% de bilingües, en las ciudades estas proporciones son del 14,5% y 70,8%, respectivamente. A pesar de su amplia difusión, el guaraní aún se encuentra relegado frente al español en el ámbito oficial y burocrático de carácter nacional, aunque en el ámbito local existen varias emisoras y publicaciones.

El guaraní paraguayo posee un dialecto conocido como jopara (o yopará), que es una forma coloquial de la lengua con palabras tomadas del español usada mayoritariamente en el ámbito rural y por el 90% de la población de Asunción. El jopara (término que en guaraní significa ‘mezcla, abigarramiento, confusión’) es una habla entremezclada de guaraní y español que, a pesar de ser usada por gran parte de los paraguayos, desde el punto de vista social se halla muy desprestigiada por su carencia de normas y su carácter espurio.

Evolución histórica

La situación actual de la lengua guaraní en Paraguay es el producto de dos tipos de procesos: uno de carácter colonial, que establece un contacto entre éste y el castellano, y otro de carácter indígena, que resulta de su propia evolución interna. Esto dio lugar a dos variedades de guaraní: el guaraní jesuítico, lengua más homogeneizada y adaptada a reglas gramaticales (cuyos primeros testimonios escritos datan del siglo XVII), y el guaraní criollo, de carácter popular. A finales del siglo XVIII, las diferencias entre estas dos variantes se habían hecho muy marcadas, aunque a partir de la salida de los jesuitas de Paraguay, en 1768, se inicia una fuerte migración de la población indígena misionera fuera de sus reducciones, que se mezcla con la población criolla e indígena.

Tras la independencia de Paraguay en 1811, el proceso de uniformización lingüística se acelera, y ya a mediados del siglo XIX la lengua guaraní es la más adecuada para la expresión popular paraguaya. Únicamente a partir del siglo XX, con una considerable migración europea a Paraguay (no sólo de españoles), el español se institucionaliza en el país como lengua de cultura y comunicación. A partir de ese momento, el guaraní se ve invadido por hispanismos y comienza a quedar reservado a un ámbito rural y familiar (se estima que el 75% de la población rural de Paraguay es monolingüe en guaraní). En la actualidad, y tras la Reforma Educativa bilingüe en Paraguay, la lengua guaraní se enseña en las escuelas del país junto con el español.

Ortografía y pronunciación

El repertorio de sonidos consonantes del guaraní paraguayo es el siguiente (véase Alfabeto Fonético Internacional):
oclusivos: [p], [t], [k], [§]
africados: [mb], [nd], [®]
fricativos: [v], [s], [•], [‘], [h]
nasales: [m], [n], [ˆ], [õ]
líquidos: [r]
semivocales: [w], [j]
Llama la atención la ausencia de oclusivas sonoras, que se fricativizan en función del contexto fonético.

El sistema vocálico está formado por las seis vocales [a], [e], [i], [o], [u], [t] (esta última es la vocal alta central que suele transcribirse como ü) y sus correlatos nasales. La nasalidad es un fenómeno fonológico que se extiende por armonía a todas las vocales de una misma palabra. El acento prosódico suele recaer en la última sílaba, por lo que sólo se representa ortográficamente cuando hay una desviación de esta regla (como en ajapóta ‘voy a hacer’ o aichejáranga ‘pobre de mí’).

Morfología y sintaxis

De forma similar a las lenguas andinas de su entorno, el guaraní es un idioma aglutinante y polisintético. Las raíces léxicas son elementos estables y no se alteran morfológicamente al recibir los distintos sufijos, que se añaden de forma ordenada y jerárquica, los cuales indican de forma aislada las categorías gramaticales además de distintos matices.

El elemento central de la flexión nominal es el lexema nominal, que puede aparecer solo (ej.: kure ‘el cerdo’), venir precedido por uno o varios determinantes (ej.: ko kure ‘este cerdo’, xe kure ‘mi cerdo’, petdi kure ‘un cerdo’) o ir seguido de modificadores (ej.: jagua morotì ‘el perro blanco’). La relación de genitivo se establece hacia la derecha del elemento nominal determinado (ej.: oga jara jagua [casa-dueño-perro] ‘el perro del dueño de la casa’). No existen marcas gramaticales de género en guaraní, aunque por su propio significado se establece en los nombres una oposición “humano-no humano” y, dentro de la segunda categoría, “animado-inanimado”. Siempre que sea necesario, se puede hacer referencia al sexo de los nombres animados mediante la adición de los conceptos “macho” y “hembra” (ej.: jagua kuimba’e ‘perro’ / jagua kuña ‘perra’). La categoría de número es facultativa y basta con marcarla en un solo elemento del grupo nominal (ej.: mokõi kure ‘dos cerdos’, heta jagua ‘muchos perros’, oga-kuera ‘las casas’). En guaraní existen posposiciones que podrían interpretarse como marcas de caso añadidas al final del grupo nominal y que expresan alguno de los llamados “casos indirectos”: dativo, locativo, directivo, instrumental, etc. (ej.: ko karai-kuera-pe [este señor-plural-a] ‘a estos señores’). Por contra, los llamados “casos directos” (nominativo y acusativo) son las formas no marcadas del nombre y dependen de su posición dentro de la oración (el orden Sujeto-Verbo-Objeto es el más habitual en guaraní) y el sentido de la frase.

Al igual que la mayoría de lenguas andinas, el guaraní establece una distinción entre el pronombre de primera persona plural “inclusivo” ñande (incluye al hablante y al oyente) y el exclusivo ore (excluye al oyente):

xe (yo)
nde (tú)
ha’e (él, ella)
ñande (nosotros,-as incl.)
ore (nosotros,-as excl.)
peê (vosotros,-as)
ha’ekuera (ellos,-as)

El sistema numeral originario del guaraní no pasa de cinco (petei, mokõi, mbohapü, irundü, po), aunque para el resto ha tomado prestados los numerales del español. Algunas variantes del grupo guaraní, como el chiriguano, poseen un sistema decimal completo.

El elemento central de la flexión verbal es el lexema verbal, que va necesariamente precedido por una marca personal activa (ej.: a-guata ‘and-o’), hecho en el que el guaraní se diferencia de las lenguas andinas, que añaden las desinencias a continuación de la raíz. Según su significado intrínseco, estos lexemas pueden ser intransitivos (ej.: -guata ‘andar’), transitivos (ej.: -ñotü ‘sembrar’) o ditransitivos (ej.: -me’d ‘dar’). La conjugación de presente de un verbo intransitivo activo como -po ‘saltar’ es la siguiente:

a-po (salto)
re-po (saltas)
o-po (salta)
ja-po (saltamos incl.)
ro-po (saltamos excl.)
pe-po (saltáis)
o-po (saltan)

En el caso de los verbos transitivos activos, se añade la marca de complemento entre el prefijo personal y el lexema verbal. Véase el siguiente ejemplo con el verbo -su’u ‘morder’:

a-i-su’u (lo muerdo)
re-i-su’u (lo muerdes)
o-i-su’u (lo muerde)
ja-i-su’u (lo mordemos incl.)
ro-i-su’u (lo mordemos excl.)
pe-i-su’u (lo mordéis)
o-i-su’u (lo muerden)

El guaraní carece de verbos copulativos, aunque en su lugar emplea prefijos posesivos junto con lexemas nominales o adjetivos para indicar el sujeto de la oración atributiva correspondiente (por ejemplo, xe-tuja ‘mi-vejez/viejo’ puede traducirse como ‘mi vejez’ o ‘soy viejo’).

Existen distintas desinencias en guaraní para indicar la modalidad verbal. El causativo -mbo se inserta entre la marca de persona y la raíz verbal para formar verbos transitivos a partir de lexemas nominales (ej.: pu ‘sonido’  o-mbo-pu ‘[él] toca, hace sonar’) o verbos intransitivos (ej.: -guata ‘andar’  a-mbo-guata ‘muevo, hago andar’). El factitivo -uka se añade a continuación de los grupos verbales transitivos (lexemas transitivos o causativos) para indicar el concepto de “hacer que alguien haga algo” (ej.: -jokua ‘atar’  o-jokua-uka guei ‘hace atar el buey’). El volitivo -se es el último sufijo que se añade a un grupo verbal activo y expresa el concepto de “querer, desear” (ej.: -karu ‘comer’  ja-karu-se avati ‘queremos comer maíz’).

La negación en guaraní se expresa mediante las dobles marcas n-…-i (con variaciones formales para adaptarse a las reglas morfonológicas de la lengua), que encierran un grupo verbal (ej.: ko küse xe mba’e [este cuchillo mi cosa] ‘este cuchillo es mío’ vs. ko küse naxemba’ei ‘este cuchillo no es mío’). La interrogación se marca mediante las partículas -pa / -piko pospuestas al elemento por el que se desea preguntar (ej.: re-karu-se-piko ‘¿quieres comer?’; mba’e-pa ‘¿qué?’; araka’e-pa ‘¿cuándo?’).

Texto ilustrativo

Tekove Yvypora Kuera Maymayva Derecho Kuaaukaha

Art. 1
Mayma yvypóra ou ko yvy ári iñapytl’yre ha eteîcha dignidad ha derecho jeguerekópe; ha ikatu rupi oikuaa añetéva ha añete’yva, iporâva ha ivaíva, tekotevê pehenguéicha oiko oñondivekuéra.

Art. 2
Mayma yuypóra oguereko derecho ha libertad kuéra ko Declaraciónpe oîva, oñemaña’yre mba’eichaguapa i-ráza, ipire color; kiñápa terâpa kuimba’e, iñe’ê, i-religión, iñopinión política, hetâ, ha’épa mba’ rerekoha, oîpa yvate terâpa nahániri sociedad ryepype, hamba’e.

Mba’eveichagua jeporavo avei ndoiók va’erâ oñemañanguévo hetâ situación rehe, legalmentepa mba’éicha oî, ha’épa isâsopyre, oguatáva ojeheguiete, térâpa oî ambue tetâ ndiv térâ ipoguype.

Art. 3
Mayma tapicha oguereko derecho oikovévo, piporúvo ilibertad ha ojerrespetávo ipersona.

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Declaración Universal de Derechos Humanos

Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2
Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Bibliografía

KRIVOSHEIN DE CANESE, Natalia: Gramática de la lengua guaraní. Colección Ñemity: Asunción, 1983.
KRIVOSHEIN DE CANESE, Natalia: Diccionario guaraní-español. Asunción, 1990.
MELIÁ, Bartomeu: La lengua guaraní del Paraguay. MAPFRE: Madrid, 1992. (Historia de la lengua y la literatura guaraníes)
http://www.uni-mainz.de/~lustig/guarani: Guarani Ñanduti Rogue (página en español sobre la cultura y la lengua guaraní del Paraguay)

S. Velasco Sol

d

GUARANÍ

Fuente: Britannica

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