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Definición de Homeopatía

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 (De homeo- ‘parecido’ y -patía ‘dolencia’); sust. f.

1. Procedimiento curativo que consiste en administrar al enfermo, en pequeñas cantidades, las mismas sustancias que producen su enfermedad: las vacunas son aplicaciones comunes de la homeopatía.

Sinónimos
Vacuna.

Antónimos
Alopatía.

 Sistema médico y terapéutico ideado por Samuel Christian Hahnemann (1755-1843), que consiste en administrar al paciente sustancias (llamadas remedios) en dosis infinitesimales, que en un sujeto sano producirían los mismos síntomas que la enfermedad tratada. Es una doctrina integradora que considera que la totalidad del organismo es la causa de todos los cambios que en él se producen.

Se funda en los siguientes principios: 1) la ley de los semejantes (similia similibus curantur): las enfermedades se curan por sustancias que producen efectos semejantes a los síntomas específicos de las mismas; 2) dinamismo de las dosis infinitesimales: las drogas producen tanto más efecto cuanto más diluidas se administren.

Estos dos principios o axiomas de la medicina homeopática fueron expuestos por Hahnemann en 1805 en un pequeño opúsculo, y fueron ampliados y sistematizados en 1810 en su obra Exposición de la doctrina médica homeopática: Organon del arte de curar. Años antes, en 1790, cuando estaba traduciendo la Materia Médica del escocés Cullen (1710-1790), descubrió el valor terapéutico de la corteza de la quina (Chinchona, sp) -por su contenido en quinina- para el tratamiento de las fiebres intermitentes (paludismo). Cullen atribuía la bondad terapéutica de la planta a la acción de la misma sobre el estómago, pero Hahnemann dudó de esta interpretación y optó por llevar a cabo una serie de experimentos en su propia persona, que le llevaron a ingerir dosis elevadas de la corteza y que le produjeron síntomas correspondientes a lo que entonces se denominaba genéricamente “fiebres”. La consecuencia que el médico alemán extrajo de esta experiencia fue la siguiente: si la corteza de quina, que cura la fiebre, la produce también, debe deducirse que una sustancia medicinal cualquiera podría producir un estado patológico idéntico a la enfermedad de presentación natural sobre la que actúa como fármaco. Inversamente, si la corteza provoca una fiebre, a la par que cura la fiebre natural, es posible que cualquier sustancia medicinal que produzca un estado patológico artificial pueda curar la enfermedad natural correspondiente.

Quedaba de esta manera formulado el primer axioma de la doctrina homeopática: para curar una enfermedad cualquiera, es preciso utilizar el medicamento susceptible de producir una dolencia similar (similia similibus curantur). Dicho principio, que da nombre a la medicina “homeopática”, se oponía a la medicina oficial o “alopática”, acostumbrada a curar no a través de “similares” sino a través de “contrarios”.

Posteriormente, durante una epidemia de escarlatina, Hahnemann advirtió que un niño enfermo presentaba síntomas similares a los que la belladona podía provocar. Según su idea de los similares, decidió tratarle con belladona, suponiendo que al intentar producir la misma enfermedad tendía realmente a curarla. Al recordar que en una epidemia previa había tratado con éxito la escarlatina con dosis pequeñísimas de tintura de opio, administró ahora la belladona en cantidades ínfimas, con resultados positivos. Surge así el segundo principio de la homeopatía: en la enfermedad, el organismo puede ser extremadamente sensible a sustancias que en estado de salud no producen en él ningún efecto; por lo tanto, dichas sustancias poseen efectividad terapéutica administradas a dosis mínimas.

Cuando la medicina oficial o alopática se debatía entre las sangrías, los enemas, las sanguijuelas, los eméticos y purgantes, junto a una polifarmacia inoperante, cuando no perjudicial, la homeopatía vino a significar un toque de atención sobre la necesidad de conocer la acción de los medicamentos y de buscar sus efectos específicos.

La homeopatía adquirió muy pronto una gran difusión por Europa y América, y fue entonces cuando se inició un movimiento que desde el principio estuvo en pugna con la medicina “antigua”, “clásica” o “alopática”, y que dio lugar a grandes polémicas y debates en el seno de sociedades científicas y academias médicas. Además, dentro del propio movimiento homeopático surgieron corrientes “ortodoxas” -más rígidas e irreconciliables con la medicina alopática- y “heterodoxas”, que en cierto modo intentaron compaginar ambas prácticas médicas e incorporar la homeopatía a la clínica habitual.

Incorporando elementos del vitalismo médico, Hahnemann creyó en la existencia de una “fuerza vital” que gobierna el organismo material, tanto en estado de salud como de enfermedad, y pensó que los síntomas que el paciente presentaba eran la expresión del desarreglo de esa “fuerza vital” (fuerza directiva de las funciones vitales).

Puesto que la “fuerza vital” es inaccesible por sí misma a los sentidos y sólo pueden apreciarse los efectos que produce en el organismo, su disarmonía sólo se expresará a través de las manifestaciones anómalas -que sí son accesibles a la explicación médica- que llamamos “síntomas”. En definitiva, para la doctrina homeopática, enfermedad y síntomas son superponibles. Esta concepción de la enfermedad y del acercamiento científico a la misma es la que marca la diferencia fundamental entre la medicina homeopática y la medicina alopática.

La expresión “fuerza vital” sigue siendo utilizada por los homeópatas actuales para referirse a los procesos energéticos y defensivos interconectados en el organismo, esto es, la capacidad innata del cuerpo de protegerse y curarse por sí mismo. La homeopatía reconoce, en efecto, la capacidad del organismo para mantenerse sano gracias a su “fuerza vital”, que regula sus funciones y reacciona de manera automática ante las agresiones externas con el fin de restaurar la salud. Sin embargo, esta capacidad curativa de la propia naturaleza es limitada, de tal forma que el medicamento homeopático interviene en ese esfuerzo natural organizándolo y estimulándolo.

La homeopatía carece de una teoría fisiopatológica y no aplica los principios de la medicina clásica (alopática) de definir primero el proceso patológico y seleccionar luego un medicamento por su capacidad de contrarrestar o de influir sobre dicho proceso. Evita hipótesis sobre causa-efecto e interpreta la acción del “remedio” -o agente terapéutico- en función de la mencionada ley de semejanza. El homeópata selecciona el remedio adecuado basándose en que éste sea capaz de reproducir los síntomas en el individuo sano (patogenesia); esto se realiza mediante la “repertorización” o el estudio de los síntomas homeopáticos sistematizados que aparecen en unos libros de recopilación de síntomas que se llaman repertorios, actualmente informatizados.

La llamada “patogenesia” se convierte así en el método homeopático fundamental. Consiste en la recopilación de síntomas obtenidos por experimentación de las sustancias homeopáticas en individuos sanos (dosis infinitesimales), o por confirmación de curaciones clínicas con dichos remedios (usando igualmente dosis infinitesimales), a los que hay que añadir la información sobre los síntomas producidos por diversas sustancias a dosis tóxicas.

En definitiva, la homeopatía practica la experimentación humana en sujetos sanos. Utiliza sustancias tanto vegetales como minerales en cantidades mínimas, para luego, según su similitud, aplicarlas en enfermos con los síntomas producidos en la experimentación con personas sanas.

Desde el punto de vista práctico, las experimentaciones homeopáticas permiten acumular una gran cantidad de información acerca de los susodichos “remedios” y aplicarlos directamente a las necesidades de cada paciente “en particular”. En este sentido, una característica fundamental de la práctica homeopática es la individualización del enfermo (existen enfermos, no enfermedades), ya que en la respuesta a los medicamentos se contempla la influencia de múltiples factores (estación del año, clima, altitud, temperatura, hora del día, estado nutricional del sujeto, constitución, temperamento, personalidad, edad, presencia de enfermedad, antecedentes, etc.).

Otras bases científicas de la homeopatía son las leyes de Hering o leyes de curación, a saber: 1) el proceso de curación avanza desde las partes más profundas del organismo (mental, emocional y órganos vitales) hacia las externas, como la piel y las extremidades; 2) la curación progresa en orden inverso a su aparición original (visible en enfermedades crónicas); 3) la curación evoluciona desde la parte superior del cuerpo hacia la inferior.

En la actualidad, la homeopatía, aun siendo minoritaria si la comparamos con la medicina dominante, tiene una presencia innegable en el panorama médico. No se trata de una práctica popular, más o menos empírica o folclórica, pues sus fundamentos científicos son innegables para muchos. La ley de semejanza, ya descrita, puede encontrarse en aplicaciones muy conocidas de la medicina alopática: existen medicamentos como la colchicina, utilizada en el tratamiento de la gota, que administrados a personas sanas reproducen los síntomas de la enfermedad gotosa. Lo mismo ocurre con la digital, la belladona o la nitroglicerina. Las vacunas, los extractos de polen, polvo, etc. utilizados en alergología se relacionan también con la ley de semejanza. Por extensión, puede suponerse que la terapia homeopática (con sus dosis infinitesimales) estimula el sistema inmunológico, las defensas internas del individuo, consiguiendo elevar el nivel de salud y controlar y recuperar el equilibrio orgánico de una manera global.

Se han realizado múltiples estudios de investigación para evidenciar los efectos de la homeopatía; los resultados de diversos ensayos clínicos concluyen que los efectos de la homeopatía son distintos a los del placebo, de una manera inexplicable pero reproducible. Sin embargo, investigaciones actuales consideran que no se cumplen en estos estudios las condiciones metodológicas y el rigor científico necesarios para establecer la eficacia de la homeopatía para cada proceso clínico específico.

En 1994 se creó la Liga Medicorum Homoeopathica Internationalis que agrupa a cuarenta y seis países. Los productos homeopáticos son considerados en dichos países de utilidad terapéutica. La Unión Europea ha dictado normas para su fabricación y control de calidad y en algunos países, como España, dichos remedios homeopáticos se dispensan sólo en farmacias y bajo prescripción médica. Determinados seguros médicos en algunos países europeos como Alemania incluyen a la homeopatía.

Bibliografía

ALBARRACÍN, A.: “La enfermedad y la homeopatía”, en ALBARRACÍN, A. (coord.): Historia de la enfermedad, Madrid: Saned, 1987, pp. 255-265.
BALLESTER, A.-SANZ, M. J.-GALÁN, E.: “Homeopatía fundamentos científicos” en FMC, 1999. 6: pp. 71-78.
REILLY, D.-TAYLOR, M. A.-BEATTIE, N. G. M.-CAMPBELL, J. H.-McSHARRY, C.-AITCHINSON, T. C. (et al.): “Is evidence for homeopathy reproducible?”, en The Lancet, 1994; 34: pp. 1601-1606.

Enlaces en Internet

http://www.homeopathic.org; página web en inglés del Centro norteamericano para la homeopatía.
http://www.homeopathic.com; página web en inglés del Centro Hahnemann para la homeopatía con información sobre cursos.
http://www.lyghtforce.com; página web en inglés con una sección de homeopatía donde se puede consultar la revista Homeopathy Online.

Jorge Rojas-Marcos / Rafael Huertas
Consejo Superior de Investigaciones Científicas

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HOMEOPATÍA

Fuente: Britannica

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