Atlas & Maps

Definición de Huascarán, Parque Nacional

0

 Espacio natural protegido de Perú, situado a la altura de los paralelos 8º 30´y 10º 00´de latitud sur, y 77º 55´ y 77º 05´ de longitud oeste, que abarca la totalidad de la Cordillera Blanca, la cadena montañosa tropical más alta del mundo. Se ubica en la región de Sierra de la parte sur del departamento de Ancash (Perú), 400 km al sur de Lima, e incluye las provincias de Sihuias, Corongo, Pomabamba, Huaylas, Luzurriaga, Yungay, Carhuás, Huaraz, Recuay, y Bolognesi.

A inicios de la década de los 60 se presentó un proyecto de ley al senado para la protección de esta cordillera, pero no prosperó. Ya en 1966 se prohibió la tala y la caza en el interior del futuro parque nacional, categoría que alcanzó definitivamente en 1975, bajo el dispositivo legal de creación número 0622-75-AG, que cubría un total de 340.000 ha, 180 km de norte a sur y un promedio de 20 km de este a oeste. Este parque forma también parte de las redes supranacionales de protección, y fue declarado en 1977 Reserva de la Biosfera y en 1985 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las tierras son de propiedad estatal y dejan una parte de los pastos para el pastoreo transitorio, en aquellas zonas donde se venía realizando tradicionalmente.

El Parque Nacional Huascarán varía en altura entre los 2.500 m de sus quebradas, profundamente encajonadas de origen fluvio-glaciar, y los 6.780 m del Huascarán Norte, techo del Perú. Se trata básicamente de un parque de alta montaña, con la particularidad de hallarse en el trópico. La Cordillera más alta de los Andes peruanos está compuesta de inmensos cerros cubiertos de nieve perpetua, con 30 picos de mas de 6.000 metros de altura, centenares de lagunas glaciares, ríos y caídas de agua, así como una rica y abundante fauna y flora, que junto con un clima benigno le hacen inigualable. De todos los nevados el que mas cautiva al visitante es el Alpamayo (6.120 m), declarada la montaña más bella del mundo en la encuesta mundial de belleza escénica realizada en Munich, en 1966.

El Callejón de Huaylas delimita naturalmente al parque, encerrado al oeste por la Cordillera Negra, nombre dado por la ausencia de nevados y el color y erosión de su tierra sin apenas vegetación, y al este por su opuesta, la cordillera blanca, de majestuosos picos cubiertos de nieve.

Este callejón natural es una importante zona agrícola densamente poblada, siendo Huaraz su principal ciudad. El Río Santa riega esta zona; nace en el Nevado de Tuco y Laguna Conococha, donde ya se transforma en un río de caudal regular que lleva sus aguas hasta el océano Pacifico, cerca de Chimbote. Otra parte de las aguas de la cordillera, las de la vertiente oriental, van a desembocar al río Marañón, afluente del Amazonas, que nace en la Cordillera de Huayuash en una serie de lagunas que se reúnen en la laguna de Lauricocha.

El relieve del parque es muy accidentado, presentándose cumbres de más de 6.500 m y quebradas a 2.500 m, en general formando un paisaje con una mezcla de terrazas intermedias y altas, prevaleciendo unos declives muy empinados. Los altos picos y glaciares que se suceden dan a la cordillera un aspecto grandioso, junto con los ibones (lagunas glaciares), que van a dar nacimiento a multitud de riachuelos que llevarán el nombre de las quebradas, por donde discurren, y que conforman la cuenca del río Santa y el Marañón. Solo en la cuenca del río Santa existen 188 ibones, de los que 36 tienen una capacidad de más de un millón de metros cúbicos. Estos ibones tienen tanto de dique morrénico, dique de roca o dique de escombros. Los más conocidos son las Lagunas de Llanganuco (de dique de escombros), tanto por su fácil acceso como por su espectacular paisaje, rodeado de bosques de queñoa (Polylepis sp.), y desde donde se divisa el Huascarán.

Por su parte, en la cuenca del Marañón se localizan 71 ibones, 13 de ellos con más de un millón de metros cúbicos. La geología de la zona se caracteriza por las sucesivas deformaciones que ha sufrido, tanto por el emplazamiento de los plutones de magnitud batolítica, como por movimientos orogénicos y epirogénicos del levantamiento de los Andes y por el desarrollo de estructuras geológicas diversas. Las diferentes formaciones líticas están integradas por rocas metamórficas e ígneas, y en menor proporción por rocas sedimentarias. La presencia de fallas es insignificante, a excepción de la falla regional que cruza el parque de norte a sur. Los depósitos cuaternarios están constituidos por clastos de diferente composición, en una matriz areno-arcillosa simple, formando superficies fuertemente modeladas con relieves suaves entre los 3.000-4.500 m de altura.

Como parte del denominado batolito de la cordillera Blanca, aparece en el lado oriental un gran emplazamiento de esta roca correspondiente al Terciario inferior. Los suelos, a partir del material morrénico y hasta las partes bajas, son en su mayoría litosólicos muy superficiales y ácidos.

El clima típico de la región de la sierra se caracteriza por una época seca o verano, que va de abril a noviembre, y una época de lluvias, desde diciembre a marzo, con un pico en febrero y marzo. Debido a las diferencias de altitud que se dan en el parque, se distinguen varios pisos altitudinales, cada uno con un régimen de pluviosidad y temperatura distintos. En el piso montano (2.500-3.500 m), se registra una pluviosidad media de 884 mm anuales y una temperatura de 7,8 ºC, mientras que en el piso subalpino (3.500-5.000 m) las lluvias son más intensas y la temperatura media es de 4,5 ºC; por su parte, en el piso nival (mas de 5.000 m) las temperaturas llegan fácilmente a los -30 ºC. Precisamente, estas variaciones en los regímenes de precipitación y temperatura, unidos a las características del suelo, hacen que se den en el parque, ubicado en la biorregión de Puna y Altos Andes, tres pisos altitudinales con diferente flora y fauna: el páramo muy húmedo subalpino tropical, tundra pluvial alpino tropical y nival.

El páramo muy húmedo subalpino tropical se extiende hasta los 4.000 m, y está caracterizado por una mezcla de gramíneas y otras hierbas perennes, con bosquecillos aislados y rodales de cactáceas de diferentes especies. Los zacatales de gramíneas se dividen en dos tipos, según la vegetación predominante: son la grama dulce y la grama salada (véase Grama) compuestos de los géneros Festuca, Calamagrostis, Poa, Stipa, Agrostis, etc, cuyas especies más comunes son Festuca dolicophylla, F.heterophylla, Calmagrostis antoniana, C.vicugnarum, C.intermedia, Stipa brachyphyla, S.ichu y otras herbáceas de los géneros Distichilus, Bromus y Trifolium.

Los bosques se caracterizan por ser reliquias de otros más extendidos en otra época. Los mejor adaptados a estas alturas son el quinual o queñoa (gro. Polylepis), de escaso porte y figura retorcida. También son comunes los usuch (gro. Buddleia). En cuanto a los cactus, la especie dominante es el huacoro (genero Opuntia), pero también son abundantes la cabeza de chocho (genero Echinocactus) y la tuna silvestre (genero Mamillaria). Pero la joya botánica del páramo es una bromelacea gigante que tiene la mayor inflorescencia del reino vegetal, con una altura de 6 a 8 m, la puya (Puya raimondii), distribuida solo en las punas de Chile, Perú y Bolivia (Véase Puya).

Varios rodales de esta magnífica planta están protegidos en el interior del parque, siendo el más importante el situado en las quebradas de Puma pampa, huicso y raria en el sector de Carpa, al sur del parque. Este rodal tiene un área de dispersión que supera las 1.000 ha, y existen no menos de 34.000 pies de puyas, algunos de más de 11 m de altura. Los ejemplares más desarrollados ocupan terrenos rocosos, de fuerte pendiente, con un buen drenaje y en solanas. La puya, como otras plantas, ha desarrollado estrategias para asegurar su polinización; en este caso, se trata de unas ramas estériles desarrolladas al final de sus inflorescencias, y que parecen tener la función exclusiva de servir de perchas a los pájaros polinizadores.

Alrededor de las puyas se dan cita diferentes especies de vertebrados que están asociados a estas bromelaceas; en las inflorescencias maduras hacen sus nidos los akakas o pico carpintero (Colaptes rupicola), mientras que en las flores liban al menos dos especies de colibríes (Metallura phoebe y Patagona gigas). Al pie de las puyas buscan refugio y alimento la perdiz o pisacca (Nothoprocta ornata) y el janavico o ibis de las alturas (Plegadis ridgwayi). Los predadores también van a merodear en busca de comida a los rodales, como la comadreja (Mustela frenata), el aguilucho cordillerano (Buteo poecilochrous) y el dominico (Phalcobaenus albogularis).

Por encima del páramo muy húmedo subalpino tropical, y hasta los 5.000 m, se encuentra la tundra pluvial alpino tropical, zona de flora muy diversa. Sobre las rocas crecen líquenes de diferentes colores, en tanto el suelo aparece tachonado de champas (Distichia muscoides), una juncácea que forma almohadillas convexas en continuo crecimiento por su parte superior, mientras que la inferior se va transformando en turba.

Hay árboles y arbustos diseminados, y si bien las queñoas y usuchs son menos abundantes que en el piso inferior, aparecen nuevas especies de los géneros Gynoxis y Chuquiraga. Pese a todo predominan las herbáceas, entre las que destaca por su abundancia e importancia ecológica la gramínea Calamagrostis vicugnarum, consumida habitualmente por las vicuñas (Vicugna vicugna).

En el piso nival, por encima de los 5.000 m, la vegetación y la vida son casi nulas; solo algunas algas que viven sobre la propia nieve y pequeñísimos líquenes y crustáceos están presentes en áreas cercanas a la tundra. El cóndor (Vultur gryphus), con sus tres metros de envergadura, es el rey del cielo andino y forma parte de la mitología y rituales de los pueblos andinos. Su papel necrófago le convierte en un animal beneficioso, eliminando en su dominio los focos de infección y posibles enfermedades. Vive en pequeños grupos familiares y construye voluminosos nidos en las partes más inaccesibles de la montaña. Al amparo de los ibones viven gran cantidad de anátidas, entre las que destaca una especie de malvasía llamada pato rana (Oxyura ferruginea) y diversas ánades como el pato sutro (Anas flavirostris), el pato jerga (Anas georgica), el pato cordillerano (Lophoneta specularoides) o el cada vez más raro pato de los torrentes (Merganetta armata). También vive aquí el ganso andino o huallata (Chloephaga melanoptera), así como martinetes o huaucos (Nycticorax nycticorax), fochas gigantes o chocas (Fulica gigantea), gaviotas andinas (Larus serranus), etc.

En la zona de Acococha vive una de las joyas faunísticas del parque, la vicuña, que tiene aquí el límite norte de su distribución. En los andes viven cuatro especies de camélidos, las domesticadas llama (Lama glama) y alpaca (Lama pacos), y las salvajes guanaco (Lama guanicone) y la vicuña, que vive a mayor altitud. Ésta está dotada de una lana extraordinariamente fina, por lo que ha sido muy perseguida, hasta llevarla al borde de la extinción. Vive en grupos familiares mixtos que defienden un territorio común, aunque también hay grupos únicamente de machos y, más raramente, machos solitarios. Un grupo familiar tiene un área de pastoreo y un área de descanso, delimitados por depósitos de excrementos y orina bien visibles, que defienden ante intrusos de otros grupos. Existen otros grupos familiares semimóviles que ocupan áreas de pastoreo mas pobres que los grupos sedentarios citados anteriormente. Los grupos de machos pueden ser de hasta 150 individuos, pero no disponen de parcela propia, y son rechazados por los machos territoriales. Parece ser que la vicuña ocupó en el pasado hábitats más favorables, situados a menor altitud, pero la ocupación de estas tierras y la caza por parte del hombre forzaron a estos camélidos a emigrar, lo que puede explicar la alta mortandad que se da entre las crías debido a las condiciones climáticas.

Otros mamíferos que destacan en el interior del parque son el amenazado ciervo andino o taruca (Hippocamelus antisensis), el venado (Odocoileus virginianus), el puma (Felis concolor), gatos silvestres (Felis colocolo y F.jacobita), el zorro (Dusicyon culpaeus), la vizcacha (Lagidium peruanum), roedor de un género exclusivo de los andes y el único úrsido neotropical, el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), que vive en las quebradas del parque.

El callejón de Huaylas ha sido ocupado por diferentes culturas a lo largo de los siglos, entre las que destaca la cultura Chavín, la más antigua de las culturas del Perú preincaico, perteneciente al período formativo. Tuvo su centro en un pequeño caserío al este de la cordillera blanca, Chavín de Huantar. Hoy se pueden admirar sus ruinas, entre las que destaca El Castillo, construcción piramidal con diversas plataformas y un sinnúmero de galerías, conservándose en una de ellas un monolito maravillosamente labrado, de unos 5 metros de alto, conocido como El Lanzón y que representa una deidad superior. Los muros de piedra de esta construcción están adornados con cabezas calvas de formas humanas y felinas, provistas de garras curvas y ojos protuberantes, y que podrían haber servido como instrumentos de tortura.

Esta cultura tuvo su apogeo entre los siglos IX y II a.C.; sus gentes practicaban una agricultura basada en el cultivo del maíz y conocían los tejidos, la metalurgia y la cerámica. La cultura Chavín fue sustituida por otras culturas precolombinas, hasta llegar el gran imperio inca, a los que ofrecieron una feroz resistencia los Huaylas. Los actuales habitantes practican una agricultura mixta de riego y secano y pastoreo de ganado vacuno, herencia de la conquista española. Estas montañas son un polo de atracción para el montañismo y el andinismo, escalándose el Huascarán por primera vez en 1932 por una expedición alemana. En las cercanías del parque se pueden contratar guías experimentados, algunos de ellos campesinos de la zona que así pueden mejorar su nivel de vida, a la vez que colaboran en la protección del parque.

Actualmente existen 2 refugios de montaña, uno en la laguna del Parón (4.300 m) y otro en el sector de Llanganuco (4.200 m). Existen numerosos puntos de interés que visitar en el interior del parque, como las Lagunas de Llanganuco, Chavín de Huantar, Carpac, etc, según el tiempo que se tenga y las actividades que se quieran realizar, como trekking, escalada o visitas a lugares arqueológicos.

Para una buena información del parque existe un centro de interpretación en la quebrada de Llanganuco y una oficina del Parque Nacional en Huaraz, donde se le proporciona al visitante orientación y conocimiento del parque, así como las normativas vigentes para ingresar a este área reservada. El alojamiento varía desde hoteles de 1 a 3 estrellas en Huaraz, Yungay, y Caraz, a campings y refugios de montaña en el interior del parque. Para acceder a estos espectaculares paisajes andinos existen autobuses diarios a Huaraz y Yungay desde Lima (400 Km, 7 horas) y Trujillo (570 Km 10 horas).

J. Cervantes Sánchez.

HUASCARÁN, PARQUE NACIONAL

Fuente: Britannica

So, what do you think ?