Atlas & Maps

Definición de Husita

0

 {m.} Partidario de las doctrinas de Juan Hus, teólogo checo del s. XV.

 [Religión] Husismo

Movimiento de disidencia religiosa, surgido en el reino de Bohemia a principios del siglo XV. En sus inicios, el movimiento husita fue una vigorosa reacción contra la corrupción eclesiástica y un clamoroso deseo de reforma. En su desarrollo posterior, la línea de la ortodoxia doctrinal fue superada por varios de los grupos que surgieron del primitivo movimiento. Durante los dos décadas que duró el movimiento (1415-1436), la antigua unidad de la doctrina y del derecho canónico bajo la férula pontificia se quebró en Bohemia. Los husitas fueron mucho más lejos que cualquier otro movimiento de disidencia popular anterior en conmover los cimientos de la Iglesia católica antes de la Reforma protestante, que en buena medida acusaría la influencia del movimiento checo. Como ha señalado J. Macek, su principal estudioso, el husismo fue el primer movimiento de la Europa medieval que produjo ecos revolucionarios poderosos, particularmente entre el pueblo de los campos y las ciudades. El aspecto más destacado del husismo fue su rechazo al control férreo del papado en cuestiones doctrinales y el establecimiento, si bien de forma limitada y breve, de un espacio de tolerancia religiosa en el reino de Bohemia.

El estallido de la revuelta husita fue precedido por una época de esplendor de Bohemia bajo el reinado de Carlos IV de Luxemburgo (1346-1378), cuando el reino consiguió una amplia autonomía religiosa al convertirse en sede metropolitana Praga (1344) y crearse su Universidad en 1348. La explotación de las minas de Plata de Bohemia -en especial las de Kutna Hora- había producido una inusitada estabilidad económica. Esta súbita riqueza tuvo su reverso en el fortalecimiento de la clase de los mercaderes alemanes de las ciudades, el enriquecimiento de la Iglesia, el encarecimiento de la vida, sentido sobre todo por los más humildes, y probablemente también un recrudecimiento de la explotación del campesinado. Con la subida al trono de Wenceslao IV en 1378, se inició un período de crisis económica que afectó sobre todo a las capas más desfavorecidas de la población.

A lo largo del siglo XIV se habían producido disturbios sociales en el reino de Bohemia contra el endurecimiento del régimen señorial. Estos disturbios habían derivado hacia disidencias religiosas, como en 1339 cuando estalló una revuelta campesina en el sur de Bohemia, duramente reprimida por la autoridad señorial, cuyos supervivientes se declararon valdenses. En el ámbito artesanal se había producido una fractura durante XIV -estallaron insurrecciones en diversas ciudades por la carestía de la vida y la falta de participación política de los artesanos-. Sin embargo, todos estos conflictos se encuentran dentro de la gran oleada revolucionaria que aquejó a Europa durante el siglo XIV. Para que estallara el movimiento husita era necesario que se creara un clima moral e intelectual revolucionario y que la crisis social y religiosa se intensificara.

La Iglesia de Bohemia había dado muestras de su celo reformador desde mediados del siglo XIV. A comienzos de la siguiente centuria, a tenor de la introducción del reformismo agustino y del creciente nacionalismo checo, el reformismo desembocó en una explosión revolucionaria de clara inspiración religiosa. El principal artífice de ese singular estallido fue el teólogo checo Jan Hus (1369-1415). Hus, profesor de gran elocuencia y militancia reformadora, fue nombrado en 1409 rector de la joven universidad de Praga.

Las iniciativas de reforma dentro de la Iglesia checa contaron con una serie de precedentes a la obra de Hus, como Ernesto Pardubice, arzobispo de Praga, a mediados del siglo XIV, y el agustino austriaco Conrad Waldhauser. A fines del siglo XIV serían los reformadores Milic de Kromeric, clérigo moravo, y su discípulo Matías de Janov quienes, al poner el énfasis de su doctrina en la importancia de la Eucaristía forjaron uno de los signos de identidad fundamentales del movimiento husita. La riqueza de Praga durante el reinado de Carlos IV amenazaba con crear una religiosidad vacua, ritualista, concentrada en la adoración a las reliquias. Por otra parte, el clero hacía gala de todos los vicios: simonía, concubinato, no residencia, negligencia en el ejercicio del culto e ignorancia. En 1391, Matías de Janov y el predicador Voytech Rankuv, junto con un grupo de burgueses y caballeros de Praga, fundaron la capilla de Belén, dedicada a la predicación popular en lengua checa. El foro creado por la capilla hizo que las ideas reformistas dejaran de ser patrimonio de la elite universitaria para difundirse entre el pueblo de Praga. Los sermones de Belén tenían un alcance netamente moral. La simplicidad de vida, el retorno a los ideales de vida evangélica, la devoción hacia la Eucaristía, constituían el ideal recomendado por los reformadores praguenses. Sin embargo, el éxito de esta prédica se debió a las implicaciones concretas que la exigencia de una nueva moralidad tenía en la realidad de la Bohemia contemporánea. Hus se convirtió en rector de la capilla de Belén en 1402, y agrupó a su alrededor a un nutrido grupo de pensadores reformistas, como Jerónimo de Praga (quien desde fines de 1390 difundía en Bohemia las enseñanzas de Wycliff), Pedro de Dresde o Jakoubek de Stribro. Los devotos reunidos en Praga en torno a la capilla de Belén, la universidad de esta misma ciudad y especialmente los maestros y estudiantes checos, formaron la base social del movimiento.

Considerado habitualmente como un discípulo del teólogo reformador inglés John Wicliff (1330-1384), cuyas doctrinas llegaron a Bohemia en la década de 1390, la posición teológica de Hus, a diferencia de la del inglés, no traspasó la linea de la ortodoxia romana. Las enseñanzas de Wicliff penetraron en Bohemia a través de la Universidad, muchos de cuyos maestros checos se habían educado en Francia o Inglaterra. Hus no suscribió muchas de las afirmaciones dogmáticas de Wicliff, que fueron condenadas como heréticas en 1409. Tanto Hus como sus seguidores posteriores se separaron en varios puntos esenciales de Wicliff, pero, en el reino de Bohemia, las ideas del inglés pudieron ser utilizadas en sentido auténticamente revolucionario. En particular, la doctrina del dominium ex gratia, según la cual el señorío procede de la gracia, conllevaba la reivindicación del derecho de resistencia del pueblo frente al poder corrupto y tenía profundas implicaciones sociales y religiosas.

Las tesis de Wicliff suscitaron tumultuosos debates en la Universidad de Praga y la línea de fisura se produjo, en general, en virtud de la nacionalidad de sus maestros. Los checos se apasionaron por Wicliff y sus exigencias morales, mientras los alemanes seguían fieles al nominalismo escolástico. Los decretos de Kutná Hora de 1409 por los que Wenceslao IV impuso la preeminencia de los maestros checos sobre los alemanes en la organización de la Universidad determinó el abandonó de Bohemia de gran cantidad de intelectuales germanos. La universidad tomó un carácter nacional que no había poseído hasta entonces. Desde ese momento se convirtió en núcleo de decisión de la nación checa y de su reforma religiosa.

No cabe, sin embargo, atribuir el movimiento husita a una reacción nacionalista contra la dominación germánica. Algunos de sus más influyentes pensadores, como Nicolás de Dresde, fueron alemanes, y las ciudades de Bohemia se colocaron frente al husismo de manera independiente de su composición étnica (o al menos de la de su clase dirigente). Más relevantes fueron los aspectos sociales de la prédica husita, de forma que la cuestión religiosa dentro del husismo no puede separarse de la convulsión social. No obstante, tampoco es posible reducir este movimiento a la mera lucha de clases, ya que las categorías sociales más variadas -aristocracia, burguesía, artesanado, proletariado urbano, pequeños propietarios agrícolas, etc.- se alinearon en el bando husita, en cuyo seno a menudo se enfrentaron sus diversos intereses.

El pensamiento de Hus se fue radicalizando a tenor de la coyuntura política tanto del reino bohemio como del papado de principios del siglo XV. Cuando en 1412 el papa Juan XXIII hizo predicar en Praga las indulgencias con cuyo producto pensaba financiar la guerra contra el rey de Nápoles, la protesta fue violenta no sólo en la Universidad sino también en las calles. Hus atacó violentamente al papado cismático y lanzó una vigorosa diatriba contra Juan XXIII. Tres de sus jóvenes discípulos fueron ejecutados y la población se apoderó de sus cadáveres, llevándolos en solemne procesión hasta la capilla de Bethlehem.

Esto tuvo fatales consecuencias para Hus al ponerle en el punto de mira de la Iglesia. Excomulgado, Hus tuvo que abandonar Praga en 1412 y pasar al sur de Bohemia, donde continuó con éxito su predicación. El exilio, lejos de aplacarlo, hizo más incendiario su discurso, que alcanzó gran eco entre la población rural de lengua checa. Los sectores populares le seguían con entusiasmo, al tiempo que un prístino sentido nacional de la comunidad checa se iba desarrollando en un tono marcadamente antigermano. Hus y sus doctrinas se convirtieron de esta forma en estandartes de la causa checa frente a la dominación germana del reino bohemio. Lo que fue en principio tan sólo la enseñanza de un reformador moral y religioso adquirió así una coloración de profundas implicaciones revolucionarias.

Jan Hus fue convocado al concilio de Constanza para responder de sus doctrinas. Condenado por hereje, fue quemado en la hoguera en julio de 1415. Pocos meses después corría la misma suerte su compañero Jerónimo de Praga. La sociedad bohemia se sintió profundamente conmovida por la condena implacable del concilio. La muerte del fundador no supuso la desaparición de sus ideas sino, por el contrario, su radicalización. En Bohemia estalló una verdadera revolución, que iba a durar dos décadas. Aunque posteriormente se produjo una división en el seno del husismo, entre los “calixtinos” o moderados y los “taboritas” o radicales, todos ellos coincidían en una serie de cuestiones básicas: la primacía de la palabra de Dios como fuente principal de la enseñanza cristiana, la libertad de predicación para todos los fieles, la comunión bajo las dos especias (pan y vino), la secularización de los bienes de la rica Iglesia y la necesidad perentoria de una reforma moral del clero. La secularización de la propiedad eclesiástica dio pie a una amplio proceso de secularización de los bienes eclesiásticos en beneficio de la nobleza reformadora.

Surgió un programa nacional en el cual nacionalismo y reforma religiosa iban de la mano. El “utraquismo” (la exigencia de la comunión bajo las dos especies, reservada normalmente a los sacerdotes) se convirtió en símbolo del movimiento. Los husitas consideraron el utraquismo como la única forma de comunión acorde con las enseñanzas evangélicas e hicieron del cáliz su estandarte. El utraquismo, al colocar a los laicos en el mismo plano que los sacerdotes en el acceso a la Eucaristía, exaltaba la dignidad moral del hombre sobre su cargo. Suscitó entusiasmos fanáticos entre los checos, tanto entre los campesinos y el proletariado urbano, como entre la burguesía y la nobleza. Estos dos últimos grupos representaron, sin embargo, en el seno del husismo un elemento moderador, siempre pronto a reconciliarse con el Papa y el Emperador.

Praga fue escenario de una lucha muy intensa entre el clero husita y el católico. La condena del concilio y la resistencia de los checos habían obligado al emperador Segismundo a admitir la existencia en Praga de tres iglesias donde se administraba la comunión bajo las dos especias. El radicalismo husita encontró allí su portavoz en el predicador Juan de Zéliv, apoyado por los elementos pobres de la ciudad. Su elocuencia incendiaria y su ascendiente sobre las multitudes le convirtieron en la autoridad más influyente de Praga.

Los sermones de Zéliv tomaron un cariz social del que hasta entonces había carecido la prédica husita. Eran continuos sus ataques a los maestros universitarios y a los prelados, corrompidos por su riqueza. Zéliv no sólo denunció a los católicos sino también a los husitas conservadores: a los señores, a los burgueses, a los magistrados municipales. Uno de sus procedimientos de agitación popular consistía en convocar procesiones masivas que recorrían las calles de Praga en los días festivos. El 30 de julio de 1419, en el momento álgido de la reacción católica, Zéliv convocó una de estas procesiones. Éstas habían sido prohibidas y las parroquias utraquistas cerradas. La multitud, armada, forzó las puertas de una de ellas y celebró a la fuerza el oficio utraquista. Después se dirigió al palacio municipal donde se hallaban los consejeros católicos nombrados por el rey. Trece consejeros y burgueses fueron defenestrados y rematados por la multitud. Se formó una milicia husita y tuvieron lugar elecciones para nombrar nuevos consejeros municipales. El rey Wenceslao tuvo que doblegarse. Murió unos días más tarde.

Desde entonces Juan Zéliv se convirtió en dueño de la ciudad. No fue, sin embargo, un reformador social ni abrió un período de revolución democrática. La situación política en Praga era muy fluctuante. El 13 de abril de 1420 una asamblea general proclamó los Cuatro Artículos, como base de unión de todos los husitas. Este programa ilustra bien el carácter complejo, nacional, social y religioso, culto y popular, de su movimiento; se encontraban en él, al mismo tiempo, algunas ideas ya formuladas por Wicliff acerca el sacerdocio universal (rechazo de las mediaciones eclesiásticas, crítica del poder político de la Iglesia, papel reconocido al estado nacional como garante del orden cristiano), y temas procedentes de un evangelismo mucho más tradicional. Los artículos se referían a la secularización de los bienes de la Iglesia, a la exigencia de la comunión bajo las dos especies, a la libertad de predicación y al derecho de resistencia ante el poder corrupto.

La tensión entre el husismo radical de Zéliv y el moderado de los llamados calixtinos se ilustraba en el enfrentamiento entre las dos partes de la ciudad: la Ciudad Nueva, habitada por el proletariado urbano y el artesanado, apoyaba a Zéliv, mientras que la Ciudad Vieja se convertía en reducto de los burgueses partidarios de una vuelta a la normalidad política. Finalmente, tras muchos meses de inestabilidad, Juan Zéliv fue asesinado por los burgueses conservadores (9 de marzo de 1422). El golpe provocó una revuelta popular. Los calixtinos consiguieron vencer la resistencia de la Ciudad Nueva con la intervención del príncipe polaco Segismundo Korybut, al que querían entregar la corona de Bohemia. Desde ese momento el núcleo revolucionario del movimiento husita se encontró entre el grupo de los radicales taboritas, dirigidos por Jan Zizka.

El movimiento taborita tuvo su origen en la reacción antihusita llevada a cabo por Wenceslao IV en toda Bohemia. El movimiento de resistencia tomó gran amplitud en el sur del reino, donde había predicado Hus y donde a mediados del siglo XIV se habían hallado focos valdenses. La celebración del oficio divino bajo las dos especies se producía en asambleas masivas formadas por gentes de lugares muy alejados. Como centro del movimiento se eligió una colina a la que se llamó Monte Tabor en recuerdo del lugar donde, según la tradición, se produjo la transfiguración de Cristo. En Tabor se dio un poderoso espíritu de fraternidad comunitaria a imitación de la Iglesia primitiva. Las reuniones pronto adquirieron un carácter permanente, al tiempo que la represión del movimiento husita en las provincias se hacía cada vez más violenta. Por otra parte, los taboritas no podían contar con los calixtinos de Praga, que trataban de aproximarse al imperio. En estas condiciones de aislamiento y peligro inminente se extendieron entre los taboritas las ideas milenaristas y escatológicas. Sus predicadores anunciaron el fin del mundo y la segunda venida de Cristo. Gran cantidad de personas abandonaron sus hogares y corrieron a refugiarse en las montañas a las que los taboritas salvaban de la destrucción.

La cuestión del derecho a la resistencia frente a los ataques del ejército real planteó un duro debate entre los medios husitas. Algunos, como el predicador laico Pedro Chelcicky, defendían un pacifismo radical y deploraban el cariz violento que empezaba a surgir en las comunidades taboritas. Éstas empezaron a armarse y organizarse. Atacaron iglesias y monasterios y tomaron fortalezas. En una de ellas, en la localidad de Hradiste, también rebautizada como Tabor, organizaron su cuartel general. En esta comunidad se implantó un comunismo estricto y se pusieron en práctica los ideales religiosos husitas, según una imitación estricta de las costumbres de la Iglesia primitiva.

Dentro del movimiento taborita se desarrolló entonces una corriente, la chiliasta, según la cual la venida de Cristo se había producido ya de forma secreta y había llegado el momento de exterminar a todos aquellos que no pertenecieran a la comunidad elegida de los taboritas, legítima representante de la Iglesia de Dios. Después de la destrucción de sus enemigos, empezaría una Edad Nueva en la que Cristo reinaría sobre el mundo eliminando todos los pecados y completando el mensaje evangélico. Estas ideas eran extremadamente originales por el papel activo que atribuían a los fieles en la redención y por el carácter terrenal del paraíso venidero. Este movimiento se apartaba tanto del husismo originario como del taborismo porque superaba sus exigencias primitivas y la cuestión de la Eucaristía.

Por otra parte, la perduración de las comunidades taboritas produjo el debilitamiento del comunismo de sus comienzos. La sociedad taborita comenzó a organizarse según parámetros tradicionales de jerarquización. En estas circunstancias la ruptura entre taboritas y chiliastas se hizo inevitable. Los taboritas intentaron acercarse a los calixtinos praguenses. Los chiliastas fueron expulsados de Tabor y se establecieron en la fortaleza de Pribenice. Allí sus ideas alcanzaron un punto extremo. Este grupo, llamado de los adamitas, fue exterminado por los taboritas en 1421.

Entre 1421 y 1431 el papado y el imperio lanzaron cinco cruzadas contra los husitas, que éstos consiguieron rechazar. Bajo la dirección de Jan Zizka y, a su muerte, de Procopio el Grande, los taboritas fueron el elemento principal de la resistencia armada e incluso llegaron a lanzar expediciones armadas contra territorio alemán. Sus ejércitos populares, animados por el celo religioso y muy disciplinados, triunfaron sobre la caballería feudal que les amenazaba. La guerra, sin embargo, no tenía salida visible. La muerte del caudillo taborita Procopio en 1434 encaminó el conflicto hacia la paz. Los calixtinos de Praga, tras haber aplastado al ejército taborita en 1434, negociaron dos años después con el concilio de Basilea el acuerdo de Jihlava que les concedía lo esencial de los Cuatro Artículos de 1420, excepto la abolición de la propiedad eclesiástica. Este acuerdo, conocido como Compactata, puso fin a la revolución husita, aunque la resistencia de los últimos focos taboritas se mantuvo hasta 1452.

Tuvo el husismo un final decepcionante en cuanto a sus logros religiosos y sociales. Sin embargo, Lutero se consideró heredero de Hus, cuyas ideas y predicación habían dado origen, por primera vez, a un movimiento de protesta religiosa capaz de sublevar a una nación entera y, en definitiva, parcialmente triunfante.

Temas relacionados.

Albigense.
Herejía.
Cristianismo.
Calvinismo.
Religión.
Cátaro.
Valdismo.

Bibliografía

LAMBERT, M.D. La herejía medieval. De los bogomilos a los husitas. Madrid, 1986.
RAPP, F. La Iglesia y la vida religiosa en Occidente a fines de la Edad Media. Barcelona, 1973.
MACEK, J. La revolución husita; orígenes, desarrollo y consecuencias. Madrid, 1975.

V. Horrillo

HUSITA

Fuente: Britannica

So, what do you think ?