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Geografía e Historia de Asia [Geografía histórica]

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 Territorio histórico equivalente a la provincia más occidental de Roma en Asia Menor. Las fronteras de Asia siguen siendo un tanto dudosas, aunque en líneas generales la región se extendía desde la costa del Egeo en el O, a un punto situado más allá de Philomelion (moderna Akçehir) en el E, y desde el mar de Mármara, en el N, al estrecho entre Rodas y la tierra interior en el S. Comprendía, además, las grandes islas próximas a la costa, como Lemos, Lesbos, Samos y Quíos. Su capital era Éfeso, y otras ciudades importantes eran Pérgamo, Mileto, Afrodisias y Sardes.

Historia.

La provincia fue constituida cuando el rey de Pérgamo, Atalo III, donó sus tierras a Roma en 133 a.C. La provincia en sus orígenes estaba lejos de cubrir la totalidad del reino atálida. Ciudades como Pérgamo, Éfeso y Sardes mantuvieron su libertad. La provincia fue puesta bajo el mando de un antiguo pretor, que ejercía el cargo por espacio de un año. La región con la que se encontraron los romanos contenía diversas comunidades que se encontraban en diferentes etapas de desarrollo. En el año 130 a.C., el tesoro de Atalo II fue enviado a Roma. Para ganarse el favor de las ciudades griegas, los romanos las excusaron en los primeros años del pago de impuestos. La recaudación fue reanudada en 123 a.C., cuando la Lex Sempronia de Asia fijó una nueva organización fiscal de la provincia. Sociedades de publicanos se hicieron con el control de la recaudación; estas sociedades adelantaban el tributo al estado romano y luego se encargaban de recaudar el dinero sobre el terreno. Las cantidades que tenían que aportar a Roma las ciudades y las comunidades de la provincia de Asia eran fijas, y su cuantía se establecía cada cinco años.

Todos los antiguos dominios reales se convirtieron en ager publicus romano, y se impuso una nueva delimitación de los territorios de las ciudades. Durante la República, su prosperidad comercial se vio dañada por el aumento de los impuestos, ya que el sistema de recaudación se mostró desastroso para la ciudad. Los efectos de la crisis se vieron agravados como consecuencia de las guerras mitridáticas, por lo que no se pudo finalizar el proceso de urbanización iniciado durante el helenismo. Con el fin de paliar la crisis económica que vivía la provincia, el gobernador del año 97 a.C., Quinto Mucis Scaevola, y su legado, Rutilius Rufus, tomaron medidas para reducir la cuantía de las deudas.

Asia durante las guerras Mitridáticas.

En el año 88 a.C., Mitrídates VI ofreció a las ciudades su ayuda para liberarse de la presencia romana, la cual consideraban perjudicial para sus intereses. Sila fue el encargado de restablecer el orden en el año 84 a.C. Mitrídates volvió a ocupar Asia en el 83 a.C., lo que provocó la segunda y la tercera guerra mitridática. Lúculo, el gobernador de Cilicia, obligó a Mitrídates a evacuar Asia en el invierno del año 71 a.C. Para evitar nuevas sublevaciones, Lúculo revisó el sistema impositivo y anuló la esclavitud por deudas. La derrota de Pompeyo en Farsalia en agosto de 48 a.C. hizo que Asia pasase a estar bajo la autoridad de César. Éste desembarcó en Éfeso y efectuó una reorganización de la provincia. No recaudó impuestos durante los años 49 y 48 a.C. e impuso una disminución de los tributos a pagar por la tierra.

La muerte de César, en el 44 a.C., trajo de nuevo la guerra a Asia. Casio y Bruto exigieron a las ciudades asiáticas el pago por adelantado de los impuestos de diez años, lo que causó el malestar entre la población. Tras la muerte de ambos generales romanos se cernió sobre la provincia la amenaza de la invasión de los partos, los cuales fueron frenados por el legado Ventidio Basso. Desde el año 39 al 31 a.C., Marco Antonio fue el dueño de la provincia.

La reforma provincial de Augusto.

Augusto, al efectuar la reforma provincial del 27 a.C., la puso bajo la autoridad del Senado, quien otorgó el mando a un procónsul de rango consular. Hasta el año 8 de nuestra era, se encontraban en el territorio de la provincia la VII Legión y la V Macedónica, pero cuando la abandonaron ese mismo año ya no hubo presencia militar permanente en Asia. El gobernador tenía su sede en la localidad de Éfeso y ejercía el cargo por el período de un año, aunque el mandato podía ser prorrogado. Hubo casos, como el de Paulo Petronio, que ocupó el puesto durante más de un año, del 29 al 36. Desde los primeros tiempos del Imperio, hombres procedentes de Asia ocuparon puestos destacados en la administración y en el ejército, sobre todo a partir del gobierno del emperador Vespasiano.

Asia recobró su antigua prosperidad durante el Imperio, cuando se convirtió en una provincia pacífica. El comercio impulsó el bienestar de los habitantes de las ciudades asiáticas. Las ciudades vivieron un gran florecimiento y nuevos centros se incorporaron a los ya existentes. Los emperadores potenciaron la construcción de nuevas vías de comunicación, sobre todo en época de Vespasiano. La primera vía romana construida fue la que unía Tiatira y Sardes, bajo el auspicio del procónsul Anfidio Marcelo. Asinio Sabiniano fue el responsable de la calzada que iba de Éfeso a Pérgamo. Septimio Severo, en los últimos años del siglo II, creó una serie de calzadas secundarias cuyo centro era Cibyra. Una vía militar partía de Éfeso y, tras dirigirse a Apamea, llegaba hasta el este. Esta calzada tenía una vía paralela que unía Esmirna y Armonia. En el año 218, Asia se convirtió en escenario de una parte de la guerra civil que enfrentó a Macrino y Heliogábalo. Gracias al edicto de Caracalla, todos los habitantes de Asia alcanzaron la ciudadanía romana a comienzos del siglo III.

La provincia durante el Bajo Imperio.

Durante los siglos III y IV, la provincia perdió su importancia económica debido al desarrollo de las provincias balcánicas y a las continuas incursiones de los pueblos vecinos. La fundación de Constantinopla hizo que las principales vías de comunicación se trasladaran al norte. Bajo Diocleciano, Asia fue dividida en siete pequeñas provincias: Helesponto, Asia, Lidia, Caria, Frigia Catiana, Frigia Salutaris y Pisidia.

Administración de la provincia.

La mayor parte de la provincia de Asia está formada por terrenos volcánicos, de gran fertilidad. La provincia era rica en recursos naturales. Sus industrias textiles y de la lana eran muy apreciadas en todo el Imperio. La agricultura constituía la fuente principal de la economía y la dedicación primordial de la población. Los principales cultivos eran el trigo y la vid. Los emperadores distribuían periódicamente tierras entre los pequeños agricultores, para poner freno al poder de los grandes latifundistas. Su intención era crear una nueva clase rural de semipropietarios, quienes gozarían de una protección especial del emperador. El comercio se concentraba fundamentalmente en la exportación de mineral de hierro y en artículos de lujo. En la provincia de Asia existía la figura del irenarca, funcionario encargado de procurar la seguridad de los comerciantes y perseguir a los ladrones y delincuentes.

Los movimientos sísmicos constituían un peligro constante en la región e, incluso, algunos terremotos llegaron a devastar la zona: las fuentes han proporcionado noticias de varias ciudades que fueron redimidas de impuestos por los emperadores al encontrarse devastadas por un terremoto. El procónsul era el gran juez para toda la provincia: tenía derecho de vida y muerte sobre los ciudadanos romanos de Asia, pero éstos podían alegar el ius provocationis, el derecho de apelación ante el emperador. Con el paso del tiempo, la administración de la justicia pasó a ser competencia de los municipios. Las inscripciones encontradas por los arqueólogos han demostrado que la mayoría de los procónsules de Asia era de origen itálico.
El emperador nombraba un procurador de finanzas que se encargaba de cobrar los impuestos que debían ingresar en el tesoro imperial. Se encargaba, además, de informar al emperador de la actuación del procónsul. Al principio del Imperio había un sólo procurador para toda la provincia, pero el crecimiento de la administración obligó a aumentar su número. El gobernador tenía a sus ordenes un cuestor, elegido por sorteo, y tres legados elegidos por él, pero que debían contar con la aprobación del emperador. La provincia romana de Asia, al estar considerada como pacífica, no tenía ningún contingente militar. Bajo el nuevo régimen instituido por Augusto, los griegos de la provincia de Asia mantuvieron la fidelidad al emperador.

Los romanos respetaron la existencia de la koinon de Asia, una especie de asamblea provincial, a la cual las ciudades mandaban sus representantes. Se celebraba una vez al año en una ciudad diferente, y en ella se elaboraban propuestas al gobierno romano sobre la situación de la provincia. También tenía la misión de elegir a los asiarcas, magistrados responsables de la relación con la administración romana. La provincia de Asia estaba formada especialmente de un gran número de ciudades. Estas comunidades tenían una especie de distrito que dependía jurídica e institucionalmente del centro urbano.

Las ciudades se dividían en tres grupos: libres, federadas y estipendiarias. Los magistrados, que presidían las asambleas locales, conservaron los nombres tradicionales: pritanos, arcontes, estrategos, etc. El procónsul podía negar o conceder el permiso para la celebración de las asambleas locales. En un primer momento, la nobleza provincial de Asia se educaba en Roma. Poco a poco se fue implantando un prestigioso sistema educativo, el cual alcanzó su máximo esplendor en el siglo III.

Religión.

La provincia de Asia se vio muy influida por la religión. Además de los cultos de las grandes divinidades clásicas griegas, estaban muy extendidos por toda la provincia los cultos de Isis y Serapis. La gran aportación romana fue la personificación de Roma como una divinidad. Los templos dejaron de vincularse al ámbito municipal para ir pasando poco a poco a la jurisdicción imperial. De esta forma, Roma imponía su criterio religioso. Dos fueron los apoyos fundamentales del culto imperial en Asia: la tradición de los reyes y el parentesco que veían los habitantes de Asia entre los emperadores y los monarcas griegos. En la provincia de Asia existían importantes comunidades judías, lo que permitió la extensión rápida del cristianismo. Tras el edicto de Constantino en el año 311, se construyeron numerosas iglesias cristianas.

Bibliografía.

CHAPOT, V.: La province proconsulaire d´Asie, París, 1914.
MAGIE, D. S.: Roman Rule in Asia Minor, Princeton, 1950.
SARTRE, M.: L´ Asie Mineure et lÁnatilie d´Alexandre à Dioclétien, París: Armand Colin, 1995.

JLGC

Asia [Geografía histórica]

Fuente: Britannica

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