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Geografía e Historia de Cuéllar [España]

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 Municipio de España, perteneciente a la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en la provincia de Segovia, situado al NO de la misma, en Tierra de Pinares, a 857 m de altitud, y a unos 60 km de la capital provincial.

Cuenta con una población de 9.071 habitantes (4.064, según censo de 1900), cuyo gentilicio es cuellarano, y su término municipal ocupa una extensión de 182,01 km². Está bañado por el río Cega.

Historia

El núcleo urbano de Cuéllar se asienta en un centro de vías de comunicación naturales, sobre una colina, hecho que ha determinado la existencia de poblamiento antiguo y que, a lo largo de los siglos, el núcleo urbano se haya distinguido por su carácter defensivo.

Pese a esta situación privilegiada, nada concreto se sabe de sus orígenes; en el ámbito del territorio de Cuéllar se ha constatado la presencia de tribus vacceas, el asentamiento de celtíberos y la posterior romanización general y, aunque desde antiguo se la ha identificado con la Colenda romana, fundada tras el paso del cónsul Tito Didio por estas tierras, no existe una certeza histórica plena al respecto. Sin embargo, determinadas excavaciones arqueológicas permiten asegurar la existencia de un poblamiento visigodo en el lugar de la actual Cuéllar, identificado con el que el rey Don Rodrigo nombró Colar, de donde se deriva directamente el nombre de Cuéllar.

La ocupación de la Península Ibérica por los árabes en el primer tercio del siglo VIII produjo el abandono de las tierras de Cuéllar, debido a la huida de sus antiguos habitantes al norte. La situación de desertización se mantuvo durante largo tiempo, hasta que la zona fue colonizada mediante un pequeño asentamiento musulmán de carácter defensivo. Posible testimonio de esta ocupación es la existencia de una puerta de estilo árabe en el lado meridional del actual castillo que podría corresponder a una primera fortaleza árabe.

Presumiblemente los cristianos del norte realizaron una primera reconquista y una tímida repoblación del territorio de Cuéllar, en torno al año 939, tras la batalla de Simancas y el avance de la frontera cristiana. Poco después, este primer asentamiento sería arrasado por los árabes en las expediciones realizadas en mayo del año 977 por Almanzor.

La definitiva incorporación de Cuéllar al reino castellano se produjo tras la conquista de Toledo, en el año 1085, por Alfonso VI. A partir de este momento la pacificación general del territorio permitió la repoblación de numerosos núcleos; en este momento fue cuando apareció el nombre de Cuéllar por primera vez.

La repoblación se realizó por orden de Alfonso VI, junto a lugares como Íscar, Coca y Olmedo, y probablemente fue encomendada a los Ansúrez, que ostentaron el señorío de Cuéllar durante algún tiempo. De esta forma Cuéllar quedó constituida como cabeza de una “Comunidad de Villa y Tierra” antes del año 1112, cuando se constató el funcionamiento de su Concejo. De amplios límites, los monarcas tuvieron que intervenir en varias ocasiones para definir sus fronteras con los concejos vecinos ya que se producían constantes fricciones sobre el uso de las tierras de pastos y bosques.

A mediados del XIII, el 21 de julio de 1256, en Segovia, el castellano Alfonso X otorgó su Fuero Real a la población y comarca de Cuéllar. Con esta concesión se inició un momento de prosperidad económica para la población. Se mejoró la agricultura y la ganadería, y el comercio de la lana produjo importantes beneficios. Se concedieron, asimismo, privilegios a nuevos pobladores que acudieron a instalarse en la ciudad. Con ello se logró doblar la población que llegó a ocupar gran parte del interior del recinto amurallado.

El núcleo urbano, en esta época, estaba protegido por un fuerte sistema de doble fortificación, la muralla que rodeaba la fortaleza y una segunda línea de muralla que rodeaba la villa; dentro de ella se organizaban las diversas collaciones o parroquias. Este sistema defensivo fue mejorado en 1306 por Fernando VI.

Jurisdiccionalmente, desde el conde Pedro Ansúrez, a principios del siglo XII, Cuéllar estuvo sujeta al constante cambio de señorío, y soportó luchas de las distintas familias que se lo disputaban. La familia de los Castro fue la que controló en más ocasiones el poder señorial de la villa.

Su privilegiada situación hizo que también fuera codiciada por los miembros de la familia real. Sancho IV, hijo de Alfonso X, heredó de doña Urraca Díaz, en 1283, siendo aún infante, el señorío de Cuéllar; a su muerte se produjeron las luchas para ocupar el trono, su viuda, doña María de Molina, se vio obligada a refugiarse en Cuéllar en compañía de su hijo el príncipe heredero Fernando, menor de edad; allí convocó Cortes en 1297. Fueron años de luchas entre los distintos pretendientes a la Corona de Castilla, en los que María de Molina estableció su residencia y la de sus seguidores en Cuéllar.

Posteriormente, Pedro I celebró su boda con Juana de Castro en Cuéllar, en el palacio popularmente llamado de Pedro el Cruel, y en esta villa falleció de parto Doña Leonor , esposa de Juan I, en el año 1382.

En 1307 fue entregada a Doña María, hija del Señor de Vizcaya Don Lope de Haro; en 1319 consta como perteneciente a Juan el Tuerto; en 1390 se encontraba en manos de Fernando de Antequera, segundo hijo de Juan I, Duque de Peñafiel. Igualmente perteneció al Infante de Aragón, Juan, en 1416 y en 1439; a Don Fadrique, Conde de Luna, hijo natural del monarca Martín de Sicilia, en 1430; a Don Álvaro de Luna, en 1433 y en 1444; y a la Infanta Isabel, hija de Juan II y futura Isabel la Católica, en 1453.

Este continuo cambio de señores se detuvo cuando, en el año 1464, Enrique IV entregó la villa en señorío a Don Beltrán de la Cueva, su valido, en cuyo linaje permaneció hasta la desaparición de los señoríos.
Durante todos los años de la Edad Media, la economía de Cuéllar se desarrolló desde una inicial y primaria dedicación a la ganadería y a la agricultura hacia una pujante industria textil, que hizo progresar el pastoreo en detrimento de la agricultura, dedicación fortalecida tras la puesta en marcha del proteccionismo desarrollado por la Mesta. La prosperidad se mantuvo hasta la segunda mitad del siglo XVI, cuando se inició un largo período de decadencia.

Hasta la llegada de Beltrán de la Cueva, la villa, que pasaba de señor en señor, estuvo controlada por la clase de los denominados caballeros, que dominaban el funcionamiento del Concejo, y por el clero, cuyo poder real fue equiparable al del propio Concejo.

A mediados del siglo XIII, existían en la villa tres dignidades eclesiásticas, el arcipreste, representante del obispo de Segovia, el abad, que presidía el cabildo de Cuéllar, y el arcediano, representante de Cuéllar en el cabildo catedralicio de Segovia.

Igualmente se constata la existencia de una importante judería a lo largo de toda la Edad Media, y la presencia de musulmanes conversos.

En 1464, de manera poco ortodoxa, Enrique IV nombró señor de Cuéllar a su valido Don Beltrán de la Cueva, I Duque de Alburquerque; a partir de este momento Cuéllar tiene unida su historia a la de sus señores.

La vida de la villa se transformó en todos los órdenes. En primer lugar, el nuevo señor ejerció un importante control sobre los cargos del Concejo. En segundo lugar, inició importantes obras de transformación el núcleo medieval, que se centraron en la antigua fortaleza de Cuéllar, de la que se tienen datos de su existencia desde 1306, y que entre 1465 y 1475 se reedificó y se amplió. Además, durante el reinado de Isabel I, el duque se preocupó de ser confirmado en su cargo por la reina castellana y consiguió de Fernando el Católico que su padre Juan II de Aragón le cediera los derechos que tenía sobre el señorío de Cuéllar. Esta renuncia del rey de Aragón se efectuó mediante un documento en 1476. En el ejercicio de sus poderes como señor de la Villa, don Beltrán confirmó los privilegios que gozaban los hijosdalgo de su población.

La transformación en señorío y el próspero reinado de los Reyes Católicos determinaron una época de expansión económica y de dominio de la Mesta, fundamental en la vida de Cuéllar. El número de habitantes creció hasta 2.000 en el primer tercio del siglo XVI.

Desde 1546 la vida social quedó regulada por las Ordenanzas emitidas por el III Duque, donde se otorgó todo un minucioso cuerpo legislativo en el que se determinaron, fundamentalmente, los derechos y obligaciones del mundo agrícola y ganadero, y se regularizó con precisión el funcionamiento de las instituciones concejiles.

Durante todo el siglo XVI los Duques de Alburquerque fueron sucediéndose en el señorío de Cuéllar y compartieron los cargos políticos y militares encomendados por la Corona, con el dominio de la villa de Cuéllar. Pero a partir del siglo XVII la Casa Ducal se instaló en Madrid, siguiendo la tónica general de la nobleza de organizarse en torno a la Corte. Con el alejamiento de los señores, la villa de Cuéllar se resintió económicamente; los impuestos que la población estaba obligada a tributarles iban a parar a la capital, en vez de repercutir en la villa como había ocurrido hasta el momento, mediante la realización de obras que de una forma u otra daban vida a la población.

A partir del siglo XVII el alejamiento de la familia ducal de su villa de Cuéllar hizo que ésta se gobernara mediante delegados ducales, que establecieron férreas condiciones en el señorío. Por otra parte, los impuestos que se recaudaban en la población emigraron hacia la Corte, sin que revirtieran en riqueza para los estados de Cuéllar, como había ocurrido en siglos anteriores. Esta situación determinó el nacimiento de un sentimiento antiseñorial que se manifestó en el enfrentamiento en diversas ocasiones con la casa ducal. Esta misma situación se puede constatar en varias villas ducales, por ejemplo en Gandía, donde se sucedieron importantes movimientos antiseñoriales, o en Montoro, donde el abuso de la Casa de Alba llevó a la interposición de un pleito por parte del Concejo que no se resolvió hasta la disolución de los señoríos.

El próspero panorama económico de Cuéllar, heredado de la Baja Edad Media, cambió sensiblemente durante los largos siglos de la Edad Moderna. El soporte económico principal basado durante todo el siglo XV casi exclusivamente en la ganadería, ayudado por una tímida industria textil y una pequeña agricultura, inició un sustancial cambio en el siglo XVI, siguiendo la evolución general de Castilla; la decadencia se desarrolló a partir de la segunda mitad del mismo siglo y continuó con una profunda crisis durante todo el XVII, situación que se trató de superar en el siglo XVIII.

La crisis económica, unida al espíritu aventurero de los castellanos, generó una nueva clase social, los emigrantes a América, que llevaron a la villa nueva riqueza plasmada en los palacios que se mandaron construir.

En el contexto de la política general, durante los siglos XVII y XVIII, Cuéllar dejó de ser partícipe de los grandes acontecimientos, situación que había ostentado durante los siglos XV y XVI, quedando relegada a un estado de marginación prácticamente absoluto, que se agravó en el siglo XIX. Si a finales del XVI Cuéllar contaba con una población aproximada de 2.900 habitantes, en 1750 la cifra era inferior a 2.100. Este fue un proceso general desarrollado en todas las villas ducales, sobre todo en las que se encontraban en Castilla la Vieja, que pasaron de ser núcleos de gran importancia económica y política a un estado de marginación: perdieron el protagonismo que habían tenido durante los siglos de la Baja Edad Media y parte de la Edad Moderna, ruralizaron su economía y funcionamiento social, y quedaron sometidas al poder central sin ningún tipo de autonomía.

A lo largo del siglo XIX la economía, que había comenzado a resurgir después de la segunda mitad del siglo XVIII, sufrió un importante parón durante los años de las guerras de la Independencia y Carlistas, para, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, reavivarse nuevamente. Con un matiz totalmente diferenciado de siglos anteriores, la ganadería siguió ocupando un papel preferente aunque no exclusivo, si bien, perdió su tradicional dimensión industrial y comercial característica; su actividad industrial sería la propia de estas economías ruralizadas, contó con seis molinos para la fabricación de la harina, doce telares de lienzo y cuatro fábricas de curtidos. La industria principal consistía en la pulverización de la rubia, que se exportaba a Cataluña e Inglaterra.

La guerra de la Independencia produjo importantes destrozos en el castillo, ya que fue utilizado como cuartel de las tropas francesas.

Durante este siglo, la falta de donaciones hizo imposible mantener abiertas tantas parroquias por lo que éstas se fusionaron entre sí, hecho que produjo la ruina de muchos antiguos templos y la venta de objetos ornamentales. La Desamortización agravó aún más situación: los conventos fueron exclaustrados, muchos bienes desaparecieron, y los edificios fueron vendidos a civiles y se transformaron en locales de otros usos.

En este momento también se produjo la desaparición de importantes restos de murallas, entre ellos puertas como las de Carchena, San Pedro y la Trinidad; la continua ruina de las mismas determinó que el Ayuntamiento solicitara la propiedad de las murallas de Cuéllar, hasta el momento pertenecientes al Duque de Alburquerque. Se cerró el estudio de Gramática que venía funcionando desde el siglo XVI, y las diferentes obras sociales se abandonaron. Finalmente, y como símbolo de este abandono, los magníficos sepulcros de mármol de los Duques de Alburquerque fueron vendidos (en la actualidad se encuentran en un museo de Nueva York), y el púlpito en mármol policromado del convento de San Francisco pasó a la catedral de Segovia.

Del siglo XIX fueron algunas obras públicas de mejora como el empedrado de calles como la de San Julián, Santa María y la del Colegio, la urbanización del paseo de San Francisco, la construcción de la fuente de la plazuela del Salvador, en 1879, o a partir de 1868, el establecimiento de una red de carreteras que unía Cuéllar con los puntos más cercanos. Ya en el siglo XX se realizaron obras como la sustitución del edificio del Ayuntamiento en 1930. En 1931 fueron declarados Monumento y Conjunto histórico artístico las murallas y el castillo.

Patrimonio artístico

Cuéllar fue un núcleo amurallado con doble recinto, el que rodeaba el castillo y el que protegía la villa, estructura que se mantuvo prácticamente intacta hasta el siglo XIX, momento en el que se constata la desaparición de varios lienzos de muralla y de un importante número de puertas. De su arquitectura destaca el castillo que preside la población, aunque se encuentra un tanto separado de la misma, lo que mantiene la idea de dos recintos diferenciados.

Actualmente, el núcleo urbano cuenta con una Plaza Mayor y cinco plazuelas; de las diecisiete iglesias que llegó a tener en la época medieval, se conserva un número escaso. Dentro de la estructura principal del núcleo de Cuéllar, definido con la construcción de las murallas en la Edad Media, la ciudad sufrió una transformación lentísima, las obras públicas son escasas; destaca la construcción de la Alhóndiga, en 1536, con la apertura de la plaza del Pan, la definición de la Plaza Mayor, y las obras de transformación del castillo en palacio, que en realidad no alteran en absoluto la estructura urbana.

Otro aspecto que se ha de destacar es la realización de una arquitectura civil de calidad en los siglos XVI y XVII como consecuencia de la construcción de casas señoriales que realizaron para sí los naturales de la Villa, conquistadores de América, a su vuelta al lugar de origen.

En el siglo XVIII se produjeron cambios que determinaron el aspecto del actual núcleo urbano. Durante el reinado de Carlos III, los duques abordaron un ciclo de construcciones importantes, en este momento se levantaron el palacio, casona de aspecto palacial, la panera y las cuadras de la familia Alburquerque, todo ello emplazado en la calle que sube hacia el castillo, calle que apenas estaba ocupada por edificaciones.

De esta época —finales del siglo XVII— son también los edificios populares que actualmente se conservan y que se caracterizan por ser de tres plantas, sin patio interior y con corral en la parte posterior.

Durante el siglo XIX se produjeron importantes transformaciones. Mientras el castillo se arruinó, se abandonaron iglesias y monasterios, y se alteró el uso de estos edificios. La arquitectura de este período tiene sus ejemplos más notables en la Plaza, que sigue moldes miméticos de la que se realiza en Valladolid, si bien con variantes provincianas. Igualmente se constata la venta de solares para la apertura de nuevas calles; fueron empedradas la plaza Mayor y la del Mercado del Pan, y se colocaron varias fuentes.

En relación con la construcción de las casas populares existe una ordenanza, promulgada ante la petición formulada por la villa, por la que se decretaba que no se edificaran casas con voladizos sobre las calles y que si alguien derribaba alguno de los ya existentes podía hacerlo incluso a costa de las rentas municipales.

Los monumentos más representativos de la arquitectura civil de la villa de Cuéllar son los siguientes:

Castillo

Está situado en la parte más alta de la ciudad, sobre la llamada ciudadela, de la que parten murallas que enlazan con las del núcleo y de las que se conservan algunos lienzos y accesos con escudos heráldicos de la villa y de los Alburquerque. La construcción fundamental fue realizada entre 1465 y 1474 por don Beltrán de la Cueva, I Duque de Alburquerque.

Su construcción debió de realizarse sobre la base de otro castillo anterior. De esta primera construcción se desconocen época y características, aunque se conservan algunos restos que delatan su existencia, un arco realizado con materiales y líneas propias del estilo árabe que se encuentra en el ángulo suroeste de la edificación actual, e importantes estructuras mudéjares.

Sin embargo, el origen primitivo de la actual construcción debe atribuirse a Fernando IV, que ordenó la fortificación de todo el enclave de Cuéllar: con fecha 2 de octubre de 1306, en Valladolid, se menciona la fortaleza en un documento en el que se dispone que el producto de determinadas multas fuese empleado en mejoras del castillo.

Pero la ampliación fundamental que convirtió la simple fortaleza defensiva en un lugar habitable, y que más tarde tomó aspecto palaciego, fue la realizada por el I Duque de Alburquerque, Don Beltrán de la Cueva. Para ello tuvo que demoler la cercana iglesia de San Nicolás, de la que se conserva la traza de uno de sus ábsides; obtuvo el permiso del obispo de Segovia el 1 de mayo de 1461. En la puerta principal colocó el escudo real y debajo de éste, a ambos lados, los suyos propios y los de su primera esposa, Doña Mencía de Mendoza.

En esta misma línea, durante el siglo XVI, el III Duque realizó nuevas e importantes obras en el castillo, obras con las que se pretendía la renovación del mismo dentro de un estilo palaciego; para ello se construyó el patio central dentro del más riguroso estilo renacentista, una magnífica doble galería, con columnas y arcos ornamentados con escudos en las enjutas, y se reformaron todas la estancias interiores; en el ala oeste sus dependencias se cubrieron con yeserías decoradas, mientras que en el ala sur se abrieron salones de notable dimensión, coronados por una galería de piedra, abierta al paisaje.

El ala Este fue realizada en la primera década del siglo XIX, entre 1800 y 1808. Pero al estallar la guerra de la Independencia el castillo quedó convertido en cuartel de las tropas francesas en España, que saquearon la rica armería que poseía el castillo. Igualmente fue residencia ocasional del Duque de Wellington y del Conde Hugo, padre del poeta francés Víctor Hugo. En el siglo XX se utilizó como cárcel. Sufrió una decadencia y destrucción continúa hasta el 3 de junio de 1931, cuando fue declarado monumento artístico. En la actualidad han sido restauradas algunas de sus dependencias como aulas de Instituto de Formación Profesional, tras su cesión por parte del Duque de Alburquerque al Ministerio de Educación.

El castillo, mezcla de edificio militar y mansión de lujo, tiene planta trapezoidal y tres torreones circulares en sus esquinas. Una de ellas, la de la fachada noreste, posee una escalera interior de caracol que comunica con sus dos estancias, ambas abovedadas: la inferior, con un pozo en el fondo, y la superior, con bóveda ojival con seis nervios radiales y con salida volada sobre ménsulas alrededor del torreón que comunica con el adarve. En la fachada sureste se encuentra otro de los cubos incrustado en una posterior torre rectangular donde se abre una primitiva puerta de ingreso bajo varios arcos sucesivos de ladrillo. El gran torreón circular de la fachada suroeste, con más de tres metros de espesor, presenta bóveda apuntada con ocho nervios radiales y un óculo de comunicación con el piso superior. En el interior de la cámara existen una chimenea, ventanas-aspilleras con derrame progresivo hacia el interior, dos vanos para comunicar con el exterior y en el suelo una trampilla por la que se accede a un pasadizo subterráneo. Encima de esta cámara se disponía una plataforma recientemente restaurada a la que se han incorporado ventanas y un remate de ménsulas triples que la han completado en altura.

La fachada sur, de mampostería recubierta con revoco con esgrafiados de anillos, exhibe en su parte más alta una espléndida balconada sobre ménsulas que daba a los aposentos regios y nobles.

En su interior se conserva el ya descrito patio de armas con doble galería renacentista en piedra, de dos pisos de columnas con nueve arcos rebajados, del siglo XVI, y salas con interesante artesonado.

El castillo tuvo un completo sistema de defensa de sus puertas, con repetidos cercados y barbacana. Parte de él y de la muralla que lo cerca es lo que Madoz denominó la Ciudadela de Cuéllar.

Palacio de Don Pedro I el Cruel

Situado en la calle del Duque de Alburquerque, tradicionalmente se ha considerado que ocupa el lugar de una antigua sinagoga. Edificación del siglo XV, en él se alojó Pedro I durante su boda con Doña Juana de Castro. Es de estilo románico y está calificado como uno de los mejores palacios civiles construidos en España en este estilo. Actualmente es de propiedad particular. Su fachada se resuelve con una portada de arquivoltas y ventanas geminadas. Como todos los palacios de esta época está coronado con un torreón fuerte.

Palacio del siglo XV

Casa situada en la calle Duque de Alburquerque 19. Su interior se encuentra muy compartimentado y alterado; sin embargo, presenta una interesantísima fachada en mampostería y sillería caliza, cuyo diseño revela un gótico muy arcaico, de fuerte influencia mudéjar. Como la mayor parte de los edificios palaciegos de esta época y sucesivas, tiene una estructura arquitectónica sin patio interior y servido por un gran espacio libre posterior.

Cárcel Vieja

Edificio gótico, construido tardíamente (1520) por el Concejo previa petición de fecha 9 de septiembre al Duque. Situado junto a la Plaza Mayor, los restos que se conservan formaban parte del primitivo conjunto gótico constituido por la cárcel y por el antiguo Ayuntamiento (derribado en 1930 para la construcción del actual). Presenta planta centrada en torno a un patio porticado de columnas góticas.

También quedan en la villa portales góticos en casas de la calle San Pedro y Morería, así como muros y ventanales en otros edificios de la calle del Duque de Alburquerque.

Durante los siglos XVI y XVII, emigrantes de América construyeron sus casas palaciegas con portadas blasonadas, de entre las que se conservan, en la calle de San Pedro, las casas de los Daza-Herrera y los Velázquez del Puerco-Herreruelo; en la plaza del Campo la Casa de los Bazán y la Casa de Rojas, también conocida popularmente como de Casa de las bolas, por sus particularidades ornamentales. Igualmente se conserva el palacio de Santa Cruz de los Bazanes.

Murallas

Del estudio de restos existentes puede definirse con bastante claridad el trazado de dos líneas de muralla en Cuéllar. Las reparaciones continuas de la muralla y el carácter uniforme de sus fábricas a lo largo de extensos períodos históricos hace difícil valorar la evolución histórica de la misma. Solamente las puertas, la composición de algunos torreones y los remates de adarves y merlones permiten hacer algunas suposiciones.

Tradicionalmente viene considerándose la muralla de la Ciudadela, la que rodeaba el castillo, como la más antigua, aunque los sucesivos cercados que defienden el castillo en su zona más llana se completaban con otro hoy desaparecido, que partiendo del propio castillo conectaba con la puerta de San Basilio. Esta puerta tiene construcción y diseño mudéjar y fuerte relación con las fábricas más antiguas del castillo.

La primera vez que aparece una referencia documental sobre la muralla es el 29 de abril de 1264 cuando, reinando Alfonso X, el Concejo acudió al Rey para solicitar ayuda para la reparación de muros. También en 1374 el Concejo se dirigió a Enrique II con el mismo propósito.

Sin embargo, como en el castillo, la construcción más importante se realiza durante la vida del primer Duque de Alburquerque, por lo que la coronación de la muralla de la Ciudadela es claramente gótica; en ella están presentes permanentemente las Armas de los Alburquerque. Sus conexiones con el exterior se establecen a través de la denominada puerta de los Cueva, nombre que alude directamente a los señores del castillo. De ella sólo se conservan los restos de un torreón de construcción relacionada con la puerta de San Basilio.

La muralla tenía numerosas puertas, algunas de las cuales hoy han desaparecido:

Puerta de los Cueva. Daba paso al recinto amurallado del castillo; hoy ha desaparecido, salvo una torre de construcción mudéjar en el flanco exterior izquierdo.

Puerta de la Trinidad. Ha desaparecido, salvo restos de un torreón. Era el acceso hacia las áreas agrícolas exteriores. Junto a ella se encontraba uno de los numerosos conventos extramuros de Cuéllar, el convento de la Trinidad, hoy en ruinas y del que recibió el nombre.

Puerta de San Pedro. Ha desaparecido, salvo algunos restos que se mantienen en el ábside de la iglesia del mismo nombre. Se apoyaba en la iglesia de San Pedro, y era el cierre del segundo recinto amurallado en su flanco norte. En torno a esta puerta se conformó el barrio donde se fue asentando la nobleza y burguesía de la Villa, además de en la plaza Mayor. Cerca de ella se encontraban la Casa de Rojas o de las bolas, y la desaparecida Casa de los Velázquez.

Puerta de San Francisco o Charcena. También desaparecida, sólo se conservan algunos restos entre edificaciones. Esta puerta, junto a la de San Pedro y a la de San Andrés, eran el nexo de comunicación con los principales caminos que unían Cuéllar con los núcleos urbanos de su territorio.

Puerta de San Andrés. Todavía permanecen un arco y diversas estructuras de sus flancos enmascaradas por edificios. Era una modesta puerta gótico mudéjar.

Puerta de la Judería. Es un pequeño y conservado postigo gótico del siglo XV, situado cerca de lo que fue el barrio judío de donde deriva su nombre.

Puerta de San Martín. De factura gótica, se conserva muy desarrollada y completa. Es la conexión con la ciudadela sobre el eje básico del recinto amurallado que une San Pedro con el castillo a través de la plaza Mayor.

Puerta de Santiago. Se conservan importantes restos, entre ellos un torreón gótico con elementos mudéjares.

Puerta de San Basilio. Se conserva y tiene importantes restos de la primera construcción del castillo.

Hospital de Santa Magdalena

Es una de las fundaciones del arcediano Gómez González, construido en estilo gótico en la primera mitad del siglo XV. Existe un documento fechado el 15 de agosto de 1427 por el que el rey Don Juan de Navarra, en su condición de Señor de Cuéllar en aquellos años, se dirige al Concejo de la Villa para que ésta dé su autorización para que la fábrica del edificio pudiera apoyarse en la muralla dejando libres la ronda y defensa. El edificio constaba de dos naves para albergar por separado a los enfermos de distinto sexo, dependencias para servicios y capilla. En la portada de piedra de la capilla figuran los escudos de Gómez González y los de la Cueva. De su interior procede un interesante díptico de Juan Fernández, que actualmente se encuentra en el Ayuntamiento. La capilla gótica, de una nave cubierta con bóvedas de crucería, hoy está rehabilitada como sala de actos culturales.

El patronato del hospital fue asumido por los Duques de Alburquerque por lo que su escudo también se encuentra en la fachada de la capilla.

Hospital de Convalecientes

Tan sólo se conserva un dintel con una inscripción: “…reinando Carlos IV se reedificó este hospital de Convalecientes fundado por Don Francisco Velázquez de Bazán…”. No se puede precisar desde cuándo se encontraba en funcionamiento. El proyecto de obra de reconstrucción del Hospital está firmado por Manuel Cachorro.

Alhóndiga

Fue mandada construir en 1536, para almacén del trigo, por el Concejo. En torno a ella se conformó la Plaza del Pan. En el siglo XIX fue abandonada y se construyó un Pósito. La actual casa del médico recuerda el lugar donde estuvo emplazada.

Palacio, Panera y Cuadras del Duque

Fue un conjunto edificado en el siglo XVIII, en la calle de la Solana Alta, la que sube hacia el castillo. El palacio es una casona palaciega, con portada blasonada. En la Panera se conserva la siguiente inscripción: “…Reinando los Sres. Carlos III y IV y siendo duque de Alburquerque, marqués de la Mina y de esta Villa excmo S. D. Miguel María de Cueva se hizo esta obra a expensas de S. E. desde 28 de abril de 1788 hasta 22 de (…) de 1790…”.

Hospital de San Francisco. Apenas se tiene un leve recuerdo en algunos documentos que lo nombran. Empezó a funcionar en 1573.

Asimismo, la arquitectura religiosa tuvo una gran importancia en la ciudad durante la Edad media; se construyeron hasta diecisiete templos y, por los indicios que se tienen, todos fueron construidos en estilo románico-mudéjar y gótico-mudéjar, señalando en ello la influencia de las iglesias de Sahagún, inspiradas a su vez en las obras de mozárabes de León.

Las iglesias mudéjares documentadas a finales del siglo XII principios del XIV son las siguientes: Santiago (1244), San Esteban (1247), San Sebastián y Santo Tomás (1272), Santa Marina (1273), San Andrés (1277), San Salvador (1299), San Pedro (1302), Santa María (1308), San Miguel (1313), San Martín y Santísima Trinidad (1322), San Juan (1325), San Bartolomé (1332), Santo Domingo y San Gil (1363). Probablemente su existencia es anterior a las fechas que se mencionan pero no se conserva documentación concreta sobre construcciones o consagraciones.

Se conservan:

Iglesia parroquial de San Martín

Emplazada en la parte más alta de la Villa, es la más antigua y la mejor conservada. De estilo románico-mudéjar, posee tres naves, ábsides poligonales y una torre con arquivolta de medio punto. Está documentada desde 1322.

Iglesia parroquial de San Esteban

Documentada desde 1247, está situada en el primer recinto amurallado o ciudadela. También mudéjar, posee un ábside construido en ladrillo de gran belleza. En su interior destacan los sepulcros, a ambos lados del presbiterio, ornamentados con rica yesería, así como dos retablos del siglo XVI. Pertenecía a los nobles de la Villa. Actualmente se encuentra cerrada al culto. Junto con las iglesias de Santiago y la de San Pedro, situadas en los límites más débiles de las murallas, realizaba la doble función de asistencia espiritual y de defensa.

Iglesia de San Andrés

Mudéjar, de tres naves, con ábsides poligonales y dos pórticos románicos con arcadas de medio punto. Es la iglesia parroquial.

Iglesia de San Miguel

Documentada a partir de 1313, su arquitectura ha sufrido innumerables transformaciones a través de los estilos de las distintas épocas, hasta llegar al estado actual. La construcción básica es del siglo XIV, y estilo gótico, sobre restos del XIII y estructura arquitectónica románica. Se cubre con bóvedas góticas decoradas con elementos barrocos; su portada es de estilo renacentista.

Iglesia de San Pedro

Documentada a partir de 1302, su construcción es fundamentalmente gótica, con importantes restos del siglo XII y estructura románica. Fue muy modificada en el XV cuando se convirtió en bastión de la muralla; de este momento es la estructura defensiva de su ábside. Conserva una portada románica.

No se conservan:

Del mismo estilo que las anteriores era la iglesia de Santa Marina, desaparecida a causa de la Desamortización de Mendizábal. Conocida mediante un grabado del XIX, tuvo estructura románica-mudéjar, con ábside de ladrillo. Debió de ser una de las primeras iglesias en construirse, posiblemente dentro del siglo XII. Se conserva en pie la torre mudéjar.

La iglesia de Santiago pertenecía a los caballeros de dicha Orden. Estaba situada en el primer recinto amurallado. Construida a mediados del siglo XIII, está documentada desde 1244, en estilo románico-mudéjar.

Iglesia de Santa María de la Cuesta, documentada en 1273.

Santuario de Nuestra Señora del Henar

Emplazado según la tradición en el lugar donde se les apareció la Virgen a unos pastores, el edificio data del año 1642 y destacan en su interior las pinturas que decoran la cúpula y las bóvedas, así como varios retablos barrocos.

Convento de Franciscanos

Construido en el siglo XIII, fue reconstruido en los siglos posteriores. Adoptado por la familia de la Cueva como panteón familiar, en él se hallaban sepulcros de varios Duques, aunque algunos de ellos, de mármol, fueron vendidos.

Convento de la Iglesia de la Trinidad. Documentado ya en 1322.

Colegio de Niñas Huérfanas

Fundado por Don Francisco Ovejaro en su testamento otorgado en Cuéllar el 14 de agosto de 1768, actualmente lo regentan Religiosas Terciarias Franciscanas de la Divina Pastora.

Extramuros hay otros conventos de trinitarios y basilios, y algunos de monjas.

Personajes Célebres

Diego de Velázquez de Cuéllar (1465-1524), conquistador de la isla de Cuba.
Juan de Grijalba (1490-1527), conquistador que desde Cuba alcanzó la isla de Cozumel y recorrió la costa yucateca hasta el río Pánuco.

Flora y Fauna

Importante masa forestal de pinares que lo definen como “Cuéllar, la isla mudéjar en el mar de pinares”.

Economía

Agricultura, con cultivos de cereales, remolacha, patata y achicoria. Ganado lanar y avicultura. Industria del mueble.

Fiestas y Folclore

Encierros, el último domingo de agosto.
Nuestra Señora del Henar, el domingo anterior a San Mateo. Romería al Santuario de la Virgen.

Gastronomía

Es típico el lechazo asado, así como las ancas de rana. En repostería, rosquillas ciegas.
Endibias y níscalos (en temporada).

Bibliografía

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E. Alegre Carvajal.

CUÉLLAR [ESPAÑA]

Fuente: Britannica

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