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El Imperio Sasánida [Sassanid Empire]

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La dinastía Sasanida reinó en Persia durante más de cuatrocientos años, entre principios del siglo III d.C. (224), cuando sustituyó a la dinastía parta de los arsácidas, y mediados del siglo VII (651), en que fue derribada por los árabes musulmanes. Fue un importante rival del Imperio Romano entre los siglos III y V, y luego del Imperio Bizantino desde entonces hasta su desaparición, no sólo por razones de hegemonía política, sino también económicas (control de las rutas comerciales hacia Arabia e India) y religiosas (persecuciones de los sasánidas, de religión mazdea, sobre los cristianos de su imperio). Su territorio se extendía entre los ríos Oxus (hoy Amu Daria) e Indo, por el este, y el Éufrates por el oeste (en la actualidad, Irán y parte de Armenia, Georgia, Irak, Siria, Turquía, Pakistán, Afganistán, Turkmenistán y Uzbekistán). En algunos momentos de especial pujanza se incorporó también Yemen y gran parte de la costa oriental de Arabia, Asia Menor, Siria y Egipto.

Algunos de los reyes sasánidas más importantes fueron: Ardashir I, el fundador de la dinastía, que en 224 d.C. derrotó al último rey parto y se coronó en su lugar; su hijo y sucesor Sapor I, que consolidó y extendió el nuevo imperio hacia Asia Central y Siria y capturó en el 260 al emperador romano Valeriano; Sapor II, de larguísimo reinado (setenta años), que resistió el ataque de Juliano (muerto en combate en el 363) y recuperó Armenia y el norte de Mesopotamia; Bahram V (Varanes V), que persiguió a los cristianos; Kavad I (Cabades I), que apoyó durante la mayoría de su reinado (dividido en dos etapas, a finales del s. V y principios del VI) el mazdakismo, una variante del mazdeísmo; Cosroes I, que a mediados del s. VI derrotó varias veces al bizantino Justiniano I, acabó con los hunos heftalíes y extendió su dominio a Yemen, y Cosroes II, gran rival de Heraclio I, que sitió Constantinopla, tomó Damasco y Jerusalén (614) y luego hizo lo propio con Egipto, conquistando así Mesopotamia, Siria, Palestina, Asia Menor y Egipto.

La dinastía tomó su nombre de un sacerdote mazdeo de Istaqr (muy cerca de las ruinas de Persépolis, la antigua capital de la Persia de los aqueménidas) llamado Sasán. Dos de sus hijos adquieron pronto preeminencia política en la región: Papak (o Pabhagh) fue rey de Jir (al sur de Istaqr, no muy lejos de esta) y de allí extendió sus dominios por las comarcas circundantes. Por su parte, Ardasir (o Artajerjes), que fue el verdadero fundador de la dinastía, era inicialmente gobernador de la plaza fuerte de Darabgird (al SE de Istaqr). Tras vencer a varios príncipes conquistó la provincia de Kirman, que se añadió a su dominio sobre la de Fars, una de las más fervientemente mazdeas, y como rey-sacerdote se levantó un palacio en Gur (hoy Firuzabad).

Rebelándose contra el rey parto Artaban IV venció, con la ayuda del clero mazdeo, a las tropas de aquel y mató al propio rey en la batalla de Homizdagan (Susiana) en 224; dos años después entraba en la capital parta, Ctesifonte (junto al río Tigris). Es posible que entonces se coronase shahanshah (‘rey de reyes’, el título de los monarcas aqueménidas y partos) y se casase con una princesa parta. A aquellas conquistas siguieron otras muchas, extendiéndose su reino finalmente desde Beluchistán, con límite en el río Indo (este), hasta Armenia (oeste). En las fronteras occidentales Ardasir recuperó incluso algunas ciudades hasta entonces en manos de su poderoso vecino el Imperio Romano (Nisibis, Harran, Hatra). Esta expansión suponía la reconstrucción del imperio persa aqueménida derribado hacía cinco siglos y medio (en el IV a.C.) por el macedonio Alejandro Magno (Ardasir se consideraba descendiente de esa dinastía). Su coronación supuso también la revitalización del mazdeísmo.

Muerto Ardasir en 241, su hijo Sapor I (241-272) le sucedió; para entonces ya había sido corregente durante varios años. Del mismo talante conquistador que Ardasir, ocupó las regiones centroasiáticas de Peshawar, Samarcanda y Tashkent; asimismo, fundó Nisapur (en la provincia de Jurasan) allí donde había vencido en una batalla. Luego se dirigió a las fronteras occidentales de su reino y atacó la Siria romana. El emperador romano Gordiano III contraatacó pero murió en 244; su sucesor Filipo el Árabe tuvo que firmar una paz desventajosa. Sin embargo, no mucho después (256) Sapor tomó la ciudad de Antioquia, Dura Europos y otros lugares, y en el 260, en las cercanías de Edesa, apresó a miles de soldados romanos y al propio emperador Valeriano. Mientras que el emperador moría poco después sin haber sido liberado, los prisioneros fueron llevados a la ciudad de Gund-e Sahpur y empleados en duros trabajos de construcción. Esta gran victoria sasánida fue conmemorada en piedra en las tumbas de Naqs-i Rustam, cerca de Persépolis, como ya había hecho Ardasir con su coronación.

El único rival importante que encontró Sapor fue Odenat (Septimio Odenato), el rey de Palmira, en los bordes septentriones de la península arábiga. Fue bajo su reinado que Manes predicó su doctrina dualista, variante del mazdeísmo tradicional; aunque inicialmente la familia real le protegió, finalmente los magos mazdeos lograron su condena a muerte en 273. Ni la extensión del maniqueísmo, ni la reacción del mazdeísmo pudieron evitar la conversión de Armenia al cristianismo.

Transcurridos los cortos reinados de Hormizd I (Hormisdas I, 272-273) y Bahram I (Varanes, 273-276), con el nuevo rey Bahram II (Varanes II, 276-293) llegó la reacción romana. El emperador Caro penetró en 283 en territorio persa hacia Ctesifonte, pero murió durante la marcha; aunque sus ejércitos se detuvieron y retrocedieron, obtuvieron del emperador persa la cesión de las provincias de Mesopotamia y Armenia. Luego, el sucesor de Bahram II (Bahram III apenas reinó en 293), Narsés (293-303), fue derrotado por Galerio (298), quien además de llegar hasta Georgia (en el Cáucaso) capturó a la familia real.

Hormizd II (Hormisdas II, 303-309) se mantuvo en paz con los romanos, y también, inicialmente, Sapor II (309-372), más administrador que guerrero. Después de varios años de guerra se dedicó a reconstruir el país (nuevos canales, impuestos justos, fortalezas, etc.). Realzó la figura del rey, se construyó un nuevo palacio en Ctesifonte y convirtió su corte en foco cultural y artístico; mandó traducir obras latinas, griegas e indias. Declaró al mazdeísmo religión oficial del imperio, aunque fue tolerante con otras creencias. Tuvo que afrontar graves intrigas palaciegas durante su largo reinado y, finalmente, también él luchó contra Roma, enfrentándose al emperador Juliano. Éste entró profundamente en territorio persa, pero murió en campaña (363) y pronto llegó la paz. Armenia y el norte de Mesopotamia fueron recuperadas por los persas. Pero Roma no renunció por el momento a ellas; ni Ardasir III (Artajerjes III, 379-383) ni Sapor III (383-388) lograron terminar con sus presiones. Por fin, en tiempos de Bahram IV (Varanes IV, 388-399) se llegó a un acuerdo sobre Armenia, disputada desde hacía ya un siglo: el país fue partido en dos y cada uno de los rivales se quedó con una porción.

Por entonces el cristianismo se había convertido en la religión oficial del Imperio Romano, por lo que los cristianos persas pasaron por considerables dificultades en este tiempo. Yadgard I (399-420) los toleró y así la Iglesia de los territorios sasánidas pudo reorganizarse, teniendo como sedes principales Seleucia y Ctesifonte. Pero Bahram V (Varanes V, 420-438) volvió a perseguirlos, por lo que muchos de ellos se refugiaron en el Imperio Romano. Ello fue origen de una nueva guerra persa-romana que terminó con la derrota de Bahram por el emperador Teodosio II (422) y la imposición romana de libertad para los cristianos. Yadgard II (438-457), sin embargo, reprimió por la fuerza en la batalla de Avaraiz (451) a los armenios, que se negaban a convertirse al mazdeísmo. En su reinado aparecieron desde las estepas asiáticas los primeros hunos heftalíes (o hunos blancos). Precisamente el rey Peroz I (Firutz I, 459-484), sucesor de Hormizd III (Hormisdas III, 457-459), murió en lucha contra ellos, que ocuparon todo el este del imperio (la parte que hoy corresponde a Afganistán y Pakistán). Este mismo rey persiguió, no a los cristianos (que al ser nestorianos se oponían a los cristianos bizantinos, monofisitas o católicos), sino a los judíos, muy numerosos sobre todo en Isfahán. Tras él reinó Balash (Valkas, 484-488).

El rey Kavad I (Cabades I, 488-496 y 498-530), en estos tiempos de luchas religiosas, se declaró partidario de un reformador llamado Mazdak, que proponía la desaparición de privilegios y la comunidad de bienes. Sin embargo, los nobles se opusieron, encarcelaron al rey en 496 y los sustituyeron por un usurpador llamado Zamasp (496-498/499). Huyó y se refugió entre los hunos, quienes le ayudaron con un ejército para poder regresar a Persia. Ya recuperado en el trono (498), prosiguió la implantación del mazdakismo, pero este adquirió un tono muy violento al hacerse frecuente el saqueo de las propiedades nobiliarias. Finalmente, el propio rey organizó una especie de conferencia religiosa con mazdakitas, mazdeos e incluso cristianos, que acabó por condenar el mazdakismo; luego, los soldados mataron a los jefes de aquel movimiento (528-529).

Cosroes I (531-579) fue otro gran rey, hasta el punto de ser llamado Anusarvan (‘De alma inmortal’). Completó la eliminación del mazdakismo, devolviendo a los nobles despojados sus bienes, y luego reorganizó su ejército con el propósito de atacar al emperador bizantino Justiniano. Así, en el año 540 tomó y saqueó Antioquía (Siria), y luego, firmada la paz en 562, se volvió contra los hunos heftalitas y los derrotó completamente, extendiendo el reino hasta el río Oxus (hoy Amu Daria). En este territorio, en prevención de ataques turcos, construyó numerosas fortificaciones. En torno al 570 (probable fecha del nacimiento de Mahoma) extendió su influencia sobre el sur de Arabia, el Yemen, colonizado por soldados persas. Bajo dominio sasánida estaba ya gran parte de la costa oriental de Arabia, correspondiente al reino árabe vasallo de los lajmíes. Por último, en 579, el año de su muerte, fue derrotado por los bizantinos en Melitene (Malatya, en Capadocia). Le sucedió Hormizd IV (Hormisdas IV, 579-590). Tras él varios pretendientes al trono sasánida lucharon entre sí y que reinaron en algún momento por corto espacio de tiempo: Bahram VI (Varanes VI, 590-591); Bistam (591/592-597); Hormizd V (Hormisdas V, quizá alrededor de 593) y Cosroes II (590-628).

Éste, apodado Abharvez Parviz (‘El victorioso’), fue el que se impuso definitivamente, entronizado con ayuda del emperador bizantino Mauricio, a cambio de parte de Armenia. Residió durante algún tiempo en el propio Imperio Bizantino, donde adquirió costumbres poco acordes con el mazdeísmo. Al morir Mauricio en 602, aprovechando los ataques de eslavos, lombardos y visigodos sobre los bizantinos, atacó a sus antiguos aliados con decisión: primero alcanzó el corazón de Bizancio, el Bósforo, luego tomó Damasco y Jerusalén (614, mató a cristianos y robó reliquias, como la Vera Cruz), y finalmente envió una expedición a Egipto (619), que además de entrar en Alejandría y El Cairo llegó hasta Etiopía. Parecía que iba a reconstruirse el imperio aqueménida, pero estas victorias de Cosroes II fueron efímeras, pues muy pronto el emperador Heraclio I recuperó Asia Menor, entró en la ciudad de Dastgard y se dirigió hacia Ctesifonte (627). Cosroes II fue capturado y muerto (628). Este rey, además de sus victorias militares, había levantado numerosos monumentos y reunido grandes riquezas.

Sus numerosos sucesores, a veces rivales y sin apenas autoridad (en manos de generales y nobles locales), no supieron mantener el orden en el imperio persa: Kavad II (Cabades II, 628); Ardasir IV (Artajerjes IV, 628-630); Sharbaraz (629); Cosroes III (629-631); Buran (629-631); Azarmedukht (631); Hormizd VI (Hormisdas VI, 631-632) y Cosroes IV (631-637). El último de ellos fue Yadgard III (632-651, entronizado el año de la muerte de Mahoma), que sufrió el ataque de los árabes musulmanes. La derrota de Qadisiya (637) significó la pérdida de Ctesifonte, que fue saqueada e incendiada, y las de Nehavend (642) y Rayy (643) la del núcleo del imperio. Tras estas batallas se refugió en el este, en la ciudad de Merv (hoy Turkmenistán), donde unos años después, en 651, sería asesinado. No sólo desaparecía la dinastía sasánida (algunos de sus últimos miembros se refugiaron en China), sino que Persia desaparecía como estado e incluso su religión nacional, el mazdeísmo, era casi completamente sustituido por el islamismo. Por el contrario, la rica cultura persa fue uno de los fundamentos de la cultura musulmana, y el recuerdo de los sasánidas alimentaría más adelante el nacionalismo iraní.

El estado persa sasánida era más centralizado que su predecesor parto. Las divisiones administrativas no eran principados (salvo alguna excepción, como el reino vasallo de los árabes lajmíes, en la frontera con el Imperio Bizantino), sino provincias (satrapías), a su vez subdivididas en otras unidades menores. Importantísimo en el gobierno de estas provincias fueron las comunicaciones: la Persia sasánida desarrolló una importante burocracia. También los impuestos (de los que estaban exentos la nobleza, los militares profesionales y los sacerdotes mazdeos) fueron unificados: los más importantes fueron dos, uno territorial y otro personal, y se pagaban tres veces al año. Se rebajaban cuando se sufría algún desastre natural. Parece que los miembros de religiones minoritarias tenían que pagar un impuesto especial, con seguridad al menos en el caso de los cristianos.

En la cúspide de la sociedad sasánida estaba el rey, rodeado de lujo y objeto de grandes muestras de respeto, casi veneración (los visitantes estaban obligados a postrarse en su presencia). Se ayudaba en el gobierno de un consejo consultivo, que hacía aprobar las medidas adoptadas por el monarca. Las clases eran varias: magos, guerreros, funcionarios y clase baja de artesanos y agricultores. Los primeros eran muy poderosos, y aparte de su función religiosa tenían a veces competencias judiciales, de recaudación de impuestos y de enseñanza. Entre la nobleza de guerreros había diferentes grados, los más importantes los reyezuelos y gobernadores de provincias. De los funcionarios el de más rango era el gran visir, uno de los principales consejeros de los reyes, en quien estos solían delegar bastantes tareas de gobierno. Los artesanos, gracias al comercio, vivían en mejores condiciones que los campesinos.

De gran importancia para la constitución y mantenimiento del imperio fue el ejército sasánida. Era básica la caballería pesada, que se distribuía en dos alas y que gracias a su movilidad hostigaba a la infantería enemiga. Esta caballería poseía como armamento arcos (de tradición parta), jabalinas y espadas. La infantería estaba constituida por levas de campesinos armadas con lanzas y grandes escudos de mimbre, pero no tenían apenas organización. Como tropas de reserva se empleaba la caballería de élite (varios miles, a imitación de los Inmortales de los reyes aqueménidas) y los elefantes, cuyo efecto psicológico sobre el enemigo era muy fuerte. También había arqueros a pie y honderos. Un centenar de arqueros a pie conformaban la guardia real, los cuales rodeaban el trono. En ocasiones se emplearon mercenarios hunos o árabes en el ejército sasánida, y regularmente se incorporaban cautivos (armenios, georgianos, alanos y otros) al mismo.

Ctesifonte y Firuzaban eran las principales ciudades sasánidas. La primera era la capital, y llegó a tener gran magnificencia. Se conservan aún restos del palacio de Cosroes I en esta ciudad, con una bóveda elíptica. El comercio, aparte de la agricultura, era una actividad económica fundamental para el imperio. Los sasánidas dominaban las rutas entre el Extremo Oriente y Europa, ya fuesen por tierra o ya por el Mar Rojo; por ellas llegaban sedas y se exportaban alfombras y otros productos. El arte persa no fue especialmente original, pero alcanzó gran calidad en la arquitectura (bóvedas y otras técnicas), escultura (relieves de mayor viveza que los aqueménidas), orfebrería y dibujos en piezas textiles, por ejemplo medallones de animales.

La religión mayoritaria de la Persia sasánida era el mazdeísmo. Durante el gobierno de los partos había quedado confinado en la región de Fars, pero al ser entronizados los sasánidas obtuvo, como en tiempos de los aqueménidas, carácter oficial. Sin embargo, respecto a las creencias de la época de estos, el mazdeísmo sasánida tenía algunas peculiaridades, como el dualismo, que limitaba considerablemente su monoteísmo al equiparar a Ahura-Mazda, el Principio del Bien, con Ahrimán, el Principio del Mal, en lucha entre sí. En esta creencia tuvo importante papel Manes (s. III d.C.), un artista que trató de reformar el mazdeísmo y acabó por ser crucificado. Más tarde ocurrió algo parecido con Mazdak, reformador del s. VI. Fue en época de Cosroes II (s. VII) cuando se fijó el canon del Avesta, el libro sagrado mazdeo. Había minorías cristianas, judías (estas dos especialmente numerosas en Mesopotamia) y budistas (en Bactria).

El cristianismo fue tolerado hasta que a finales del s. IV se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano, el enemigo político por excelencia de los sasánidas. A partir de entonces fueron perseguidos (y deportados) como posibles traidores. Pero finalmente muchos de los cristianos se adhirieron al nestorianismo, doctrina herética contraria a la también herejía monofisita, de la que eran partidaria gran parte de la población bizantina, incluidos a veces los propios emperadores. Por ello, no habiendo ya motivos para que mostrasen simpatía hacia los rivales de los sasánidas, fueron dejados en paz.

Ardasir I o Artajerjes I (224-241). Hijo de Sasán
Sapor I (241-272). Hijo
Hormizd I u Hormisdas I (Ardasir II o Artajerejes II, 272-273). Hijo
Bahram I o Varanes I (273-276). Hermano
Bahram II o Varanes II (276-293). Hijo
Bahram III o Varanes III (293). Hijo
Narsés (293-303). Hijo de Sapor I
Hormizd II u Hormisdas II (303-309). Hijo
Sapor II (309-379). Hijo
Ardasir III o Artajerjes III (379-383). Sobrino
Sapor III (383-388). Primo (hijo de Sapor II)
Bahram IV o Varanes IV (388-399). Hijo
Yadgard I (399-420). Hijo
Bahram V o Varanes V (420-438). Hijo
Yadgard II (438-457). Hijo
Hormizd III u Hormisdas III (457-459). Hijo
Peroz I o Firutz I (459-484). Hermano
Balash o Valkas (484-488). Hermano
Kavad I o Cabades I (488-496 y 498-530). Sobrino (hijo de Peroz I)
Zamasp (496-498/499). Hermano
Cosroes I (531-579). Hijo de Kavad I
Hormizd IV u Hormisdas IV (579-590). Hijo
Bahram VI o Varanes VI (590-591)
Bistam (591/592-597)
Hormizd V u Hormisdas V (¿593?)
Cosroes II (590-628). Hijo de Hormizd IV
Kavad II o Cabades II (628). Hijo
Ardasir IV o Artajerjes IV (628-630). Hijo
Sharbaraz (629)
Peroz II o Firutz II (629)
Cosroes III (629-631)
Buran (629-631). Hija de Cosroes II
Azarmedukht (631). Hermana
Hormizd VI u Hormisdas VI (631-632)
Cosroes IV (631-637)
Yadgard III (632-651). Sobrino de Azarmedukht

Fuente: Wikipedia, Larousse

One Comment

  1. camilo

    Sinceramente, es uno de los post mas impresionante que he tenido la dicha de leer y disfrutar … sin duda la historia de la humanidad esta conformada por culturas que muy poca gente conoce. Muchas gracias por tan maravilloso post. Saludos desde Venezuela

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